01
junio,
2011 | 18:22
Los nuevos tiempos obligan a planes imaginativos
Colorín colorado, temporada conclusa. El Barcelona, seis años después, vuelve a dominar en España y en Europa, la crisis erosiona a sus rivales, y sólo el Ciudad Real se resiste. Vamos, que este podría ser el telegrama resumen de la campaña 2010-11, con el colofón en la Final Four de Colonia donde quedaron en evidencia los alemanes, con sus plantillas rutilantes en nombres, pero de poco valor táctico.
Me decía una periodista de Hamburgo, que cubre la información del balonmano, y que fue jugadora, Birgit Hasselbusch, que el nuevo campeón alemán una semana antes de la Final Four se había ido a celebrar el título a Palma de Mallorca; nada de entrenamientos, porque estaban todos los jugadores en la finca que tiene el presidente en la Isla, pero que a la afición del equipo le importaba un pimiento (omitió lo del pepino, porque estábamos en plena crisis de esta hortaliza) que el equipo cayese de esa manera ante el Ciudad Real, porque esta temporada por primera vez en su historia había ganado la Bundesliga y sólo se pensaba en la fiesta del último partido ante el Lemgo.
El otro semifinalista alemán, el Rhein-Neckar, es posible que se desintegre, según se comentaba en Colonia: su dueño también tiene un equipo en Dinamarca, y ha decidido que va a invertir en el equipo danés, porque el balonmano ya es un deporte de élite allí. De hecho, la final danesa se jugó en un campo de fútbol, y, al parecer, superó los 30.000 espectadores, lo que representa el récord histórico de aficionados en un encuentro de balonmano. Ya se sabía que Dinamarca pisaba fuerte: en el Mundial de Suecia había más aficionados daneses que suecos en las gradas de Malmoe, por ejemplo.
Ahora repaso las altas y bajas de los equipos españoles, y lo que se intuye es una diáspora notable de nacionales y extranjeros a otras ligas. Ya me lo decía Doder, el central sueco que juega en la Segunda alemana tras salir del Ademar: “He dejado la élite de España, pero ahora cobro todos los meses”. Por el mismo motivo muchos daneses no se marchan del país. Y es que ya no se valora tanto el contrato como la seguridad de cobrarlo, y a tiempo, para afrontar pagos.
Con esto quiero llegar a que el Barcelona está en su mejor momento para volver a ser el Rey de Europa, y a que los equipos españoles necesitan un cambio de mentalidad para subsistir: ya no vale la ayuda institucional, que es imposible, porque no hay dinero; se impone la imaginación, aunque es complicado cuando los hábitos son ancestrales. Por ejemplo, es imprescindible dotar a la competición del componente espectáculo por encima del sufrimiento actual. Que ir a un partido a pasar la tarde no se queden en los 90 minutos, que haya algo más, que los aficionados puedan disfrutar de un tercer tiempo cercano a los jugadores, que haya motivos para quedar con los amigos en los pabellones, que los patrocinadores tengan interés en el equipo que financian por encima del “atraco” que muchas veces sufren por parte de concejales o las fuerzas vivas de la localidad. Un club, si es medianamente astuto, debería permitir a sus patrocinadores que se relacionen entre ellos, y estén interesados en entrar en ese centro de negocios si está bien gestionado.
Estás ideas no son mías, que no soy un iluminado con una varita mágica y una bola de cristal, no. Esto lo he comprobado a lo largo de los años viendo cómo se trabaja en otros deportes, cómo se generan recursos en otros países, como se exprime hasta la última oportunidad de hacer rentable a un club. Y si hablamos del trato con la prensa…posiblemente sean los clubes de la Asobal los más alejados de los medios de comunicación, algo impensable en Alemania, Francia, Suecia, Hungría…Pero así nos va.

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