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30 septiembre, 2011 | 20:05

La ilusión de la camiseta también cuenta

Empieza la Champions, la competición europea más española de la última década, y si no lo distorsiona el bombo en Viena, me da que el Barcelona y el Atlético de Madrid van a estar otra vez en Colonia, en la Final Four, que en Alemania se ha demostrado que es un éxito aunque a la final no accedan los equipos de la Bundesliga.  Da un poco de envidia de que los germanos vayan a la cancha a disfrutar del juego más que a sufrirlo, y que no renieguen de sus colores cuando pierden, lo asuman con deportividad, y a otra cosa. Sin más.


También empieza la Champions femenina, con el Itxako representando a España en la élite de una manera más que digna como demostró la pasada campaña, en la que todos (es una metáfora, porque habrá muchos novios que lo tengan prohibido) nos hicimos del equipo navarro por la manera de encarar el juego su plantel, sin complejos, luchando todos los partidos y demostrando que la confianza en sus posibilidades dotó al equipo de una marcha de ilusión que se notó en sus éxitos para concluir con el subcampeonato en la máxima competición femenina. Por eso es una pena que el Mar Sagunto declare que saldrá a no pasar en la segunda ronda de la Recopa, porque carece de medios para seguir adelante.


Nadie le echará en cara a Cristina Mayo que coja el rábano por las hojas y diga que hasta aquí llegamos. Se entenderá. Parece lo lógico, que si no se puede se haga lo imposible por mantener el club, pese a la pérdida de jugadoras.

 

Me centro en esto porque noto, presiento, sospecho, que hay un grupo de aficionados del Ciudad Real indignados por la suerte de su equipo, que haya recalado en Madrid, y que diga que el Atlético a golpe de talonario se ha hecho con un equipo campeón. Desde luego, y en lo que pueda, me solidarizo con ese grupo de aficionados dolidos, pero tengo otra perspectiva: el Ciudad Real también se forjó a golpe de talonario, y por más que repaso no encuentro ningún jugador del primer equipo formado en su cantera; todos llegaron de fuera, más o menos contrastados, aunque sí, todos internacionales. Con lo que zaherir al Atlético por fichar a golpe de talonario, no tiene mucho sentido, salvo que se crea que por hacerlo poco a poco se tiene más fuerza moral que si se hace de golpe.


Además, no ha comprado un equipo el Atlético. De momento, ha hecho el generoso esfuerzo de poner un dinero como patrocinador, lo que en tiempos de crisis parece ser que debería tener el reconocimiento público y notorio de la afición española y europea. Y ese esfuerzo permite que la Liga Asobal tenga interés, que el Barcelona se sienta esforzado en cada cancha porque no hay posibilidad de un paseo si cede puntos, y que aún España tenga la posibilidad de volver a Colonia con dos equipos de primer orden y candidatos al título.


Tengo un amigo que me dice que a lo mejor la opción era vender a Abalo, o a Sterbik, o alguno de los mejores, para poder mantener el equipo en Ciudad Real. Y me temo que tampoco: vender para hacer caja sería lo mismo que enviar un mensaje de abatimiento al resto de los jugadores, casi como anunciar hasta aquí hemos llegado, y ver la descomposición de un plantel que ahora es enorme porque tiene el aliciente de luchar por ser campeón. Por otra parte, no creo que nadie pagase lo que valen las estrellas del Ciudad Real, porque a sabiendas de que tiene que vender, la demanda rebaja la oferta. Vamos, es la ley del mercado.


Por otra parte, que Madrid tenga un equipo patrocinado por el Atlético de Madrid es lo mejor que le ha pasado al balonmano español en años, mucho mejor incluso de aquellas temporadas de Urdangarín en el Barcelona y su matrimonio con la Infanta. Como decía Garralda entonces, que a él no le habían subido el contrato con Iñaqui, porque en realidad los “circunstanciales” que iban a ver a Urdangarín era más por su presencia en el Semana, Lecturas y Hola, que por su relevancia en los medios deportivos.


Digamos que el Atlético, además de dinero, presta una afición entera, que no sólo va a la pista, sino que se interesa por la suerte del equipo. Potencialmente, el interés ha crecido, porque en España el nombre cuenta, y las posibilidades de presencia de seguidores también. A lo largo de la temporada, con todos los problemas que tiene sobrevivir en Madrid tras el fútbol (cuatro equipos en Primera) y el baloncesto (tres en la ACB), se demostrará si el balonmano tiene tirón en esta Comunidad, aunque parece que los otros equipos están encantados porque el Atlético llama más afición a sus canchas que el Ciudad Real, siendo los mismos jugadores y el mismo equipo. Pero eso es imposible de cambiar: el nombre y la camiseta tienen influencia en España.

13 septiembre, 2011 | 19:12

EL ATLÉTICO Y SU RIESGO EN VISTALEGRE

Existe un pequeño debate alimentado por el disgusto, seguro, entre aficionados del Ciudad Real y del nuevo Atlético de Madrid, más contentos. Aquellos, los que se sienten heridos, y a lo mejor con razón, avisan que ya veremos cómo será la respuesta rojiblanca a lo largo de la temporada, y que ellos en el Quijote Arena eran más. Ese debate se extenderá mucho tiempo, sin duda, y cada semana se pondrá en cuestión cuántos estuvieron, cuántos pagaron, cuántos entienden de balonmano, como si entender del juego fuese un plus de algo, cuando la realidad es que la mayor parte de los aficionados nunca leyeron siquiera las reglas del juego para poder criticar a los árbitros, que este es un juego complicado y en cada mes de enero, en europeos o mundiales, asisto a más de una larga velada obligado por el frío acerca de la filosofía del pasivo, a la diferencia entre el 6-0 de ahora y el 6-0 de los suecos cuando eran intratables, por ejemplo.

 

Sin entrar en el debate, y menos en arrojar petróleo a ese fuego que se irá apagando solo, queda por poner sobre la mesa los números. En los dos partidos oficiales que han disputado hasta ahora los rojiblancos, han metido en Vistalegre 16.000 personas. No son muchos para el fútbol, pero no sé cuántos equipos van a conseguir una media de mil personas por partido para igualar los que lleva ya el Atlético. El Barcelona, ante el Naturhouse La Rioja, sólo anunció medio millar, y eso que era el primer encuentro de la temporada, y avisaba que iba a pasear su último título como ofrenda a la afición.

 
Es cierto que cinco mil personas en Vistalegre son pocas, y que parece vacío el Pabellón. Pero es una apuesta arriesgada que merece el reconocimiento, porque exige a la directiva de este equipo esforzarse, dar con ideas imaginativas, buscar seguidores o cazarlos a lazo por la calle. Me parece, sin duda, más interesante y moderna esta medida de encarar el problema que la del Cuatro Rayas Valladolid, que ha vuelto al Pabellón Huerta del Rey porque allí se encuentra más cómodo que en el Pisuerga, se entrena en un ambiente más recogido y recoleto, y se siente más apoyando en los partidos que juega. Y entre ambas posturas, pues me parece tan conservadora la castellana que es normal que no crezca y se le escapen los mejores jugadores al conformarse con ser un equipo para 3.000 personas.


Hace años que mantengo que en la Asobal faltan ideas sencillas para mejorar el producto. No se trata de ejercer de catedrático, que para eso ni tengo talante ni título, pero para mostrar algunas deficiencias que se notan vale cualquiera. Por ejemplo:


1)      En los partidos televisados los equipos tienen que llenar, como sea, pero llenar. No hay nada más deprimente que ir pasando canales, y dar con un partido sin público. ¿Quién se engancha a algo que no tiene emoción? O eres un seguidor de ese deporte, o te vas a otro.

2)      En la foto de equipo, por favor, que los jugadores no se metan en la portería con un fondo de ladrillo, que parece una instantánea de otra época, y si es un equipo de élite, pues que se vea que está arropado. Hasta lo hacen los políticos, que ahora se suben a los estrados con sus correligionarios detrás apoyando y dando calor humano a su líder.

 

Y tengo la sensación de que estas dos cosas las sabe el Atlético de Madrid, que además tiene seis millones potenciales de aficionados, a lo que nunca pudo llegar Ciudad Real, aunque con sus limitaciones ha albergado durante una década al mejor equipo del Mundo. Pero, por desgracia, la crisis capitalista que sufrimos en Europa impone ciudades grandes y coliseos con mega aforos para optar a seguir en la cima, y esa es la puesta, me parece, de los rojiblancos.

De momento, sólo el Ademar León y el Aragón parecen capacitado para competir con el madrileño para ser el que más público lleve a sus partidos. Esto acaba de empezar, y ya veremos cómo se desarrollan los acontecimientos.

05 septiembre, 2011 | 21:14

El domingo de Domingo

Adiós a las vacaciones y a tanto reflexionar. Toca escribir. La Liga empieza este fin de semana, pero lo de la Supercopa era un test para una temporada que sin el Atlético de Madrid para animarla se hubiese presentado con un desinterés meridiano para los aficionados y para los medios de comunicación. La crisis económica está haciendo mella en la mayoría de los clubes españoles de balonmano, que en general se habían acostumbrado a esa vida de medio de letargo subvencionado con dinero público, escudados en las funciones sociales que cumplen, y ahí se habían quedado a vegetar.

 

Y claro, cuando los ayuntamientos, diputaciones y comunidades han dicho que la vaca no da leche, que hay que tomar medidas, que la sanidad y la educación es intocable, pero también se toca, que a los proveedores se les paga a los 300 días, pues no hay manera de protestar, porque quien más y quien menos prefiere que si hay que ahorrar, que la escuela de los hijos o las medicinas de los padres se salven de tanto ahorro.

 

Apena, sin embargo, la defunción del Ciudad Real, aunque en realidad queda en una situación ambigua, como crionizado hasta que se descubra una vacuna para hacerlo rentable si vuelve al Quijote Arena, aunque por ahora da lustre al Atlético de Madrid. Y apena, también, que el Arrate del inefable Bolinaga eche el cierre a una historia exitosa como representante vasco en la élite. Que, por cierto, sabido con tiempo que no iba a poder hacer frente a su futuro, no se entiende que la Asobal y la Federación hayan andado con tanto tiento para admitir su eliminación de la Liga, y buscar un recambio de manera expedita a última hora, y menos mal que el Anaitasuna recogió el testigo, tras fallar las intentonas con un Toledo que hubiese aceptado con más tiempo, y con un Alcobendas que ya la campaña anterior había arrojado la toalla a mitad de temporada, en el parón de diciembre, cuando dejó marchar a su plantilla profesional.

 

También apena que el Granollers no haya podido mantener a su bloque, porque Manolo Cadenas había conseguido ser la revelación de la Liga, y con un año más el equipo hubiese estado para sorprender a los mejores. Pero, por el contrario, es digno de admirar el esfuerzo que han hecho la directiva y la ciudad por salvar a su club deportivo más representativo en España. La deuda se irá pagando, y con unos esfuerzos casi a la griega, e intentará salir adelante para volver a la cima. Lo veremos.

 

 

Pero la noticia del verano ha sido, es, la vuelta del Atlético de Madrid a la Liga dentro de un proyecto singular, revolucionario e imaginativo. Tan simple como que un promotor contrata a unos jugadores, de la élite mundial, y se los pone a las órdenes de un patrocinador que en este caso es un club de fútbol, y que tiene una afición de miles de seguidores, muchos de ellos añorando los años en los que tenían una sección con la que entretenerse y superar sus frustraciones del fútbol, porque se sabe que en la hierba ahora es imposible competir con el Real Madrid o el Barcelona, por ejemplo.

 

Es un caso único: un equipo de jugadores de élite que vive en una población (Ciudad Real), se entrena en ella, y viaja a jugar a su casa de los domingos. Estas situaciones yo las he visto en el fútbol y el en baloncesto modestos de categorías inferiores, de ciudades cercanas a Madrid que contratan el bloque en esta ciudad, donde se entrenan y hacen vida, y luego el viernes se dejan caer allá por donde defienden los colores, pero son jugadores semi profesionales, universitarios o con trabajos u oficios de las que viven, y que el deporte es secundario, o una ayuda. En esta caso, no; es gente bien pagada que vive en exclusiva del deporte, que se entrena dos veces al día, y que al cabo de una temporada viene a jugar más de ochenta partidos, por ejemplo.

 

Para mí, el domingo fue la tarde de Domingo, porque su idea, la que sacó adelante convenciendo a Cerezo de que la posibilidad de que funcionase el proyecto era más que real, parece que triunfo en primera instancia. Los miles de atléticos uniformados de rojiblanco en las gradas de Vistalegre son el refrendo de la visión del directivo manchego, y está claro que Dìaz de Mera es, por lo menos, un innovador aunque ahora esté denostado entre sus paisanos manchegos.

 

Es evidente que para Ciudad Real ya no era posible sostener un equipo de súper élite, porque al final la economía es la que manda en el deporte profesional. Y es la publicidad uno de los motores de la tesorería de los clubes, y ahí las ciudades grandes son más interesante que las pequeñas. Ciudad Real es una apuesta romántica; Madrid, sin duda, lo es profesional. Pero si el modelo se consolida y se restañan las heridas de la salida del club, es posible que Ciudad Real encuentre la manera de aprovecharse de la presencia de esos jugadores, quienes pueden multiplicar su carisma gracias a un apoyo mediático nacional más intenso que del que disfrutaban hasta ahora. Y, a lo mejor, en un futuro no muy lejano se pone de moda que ciudades pequeñas pero de cierta calidad quieran albergar a equipos de élite para promocionar sus nuevas urbanizaciones, y vender pisos y chalés, ahora que no se vende nada. Vamos, se trata maquillar con glamour cuando no se puede mantener a un ramillete de estrellas, y a lo mejor es un nuevo camino a otra vía de ingresos para los clubes. Por ejemplo, y como pregunta, ¿pagaría alguna ciudad para que el Barcelona o el Real Madrid se entrenasen en ella una vez a la semana o sus jugadores tengan su residencia en ellas? La idea me la puso sobre el tapete, y de manera un tanto inconexa y en la barra de un bar, y con el concejal de deportes de testigo, Ángel María Villar cuando se iba a instalar con la Federación Española de fútbol en Las Rozas…

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