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18/11/2013

Por Juan Jiménez

Francia y su otoño negro del 93

Visto su último desastre en Ucrania, puede que un francés treintañero de a pie acepte con serenidad la ausencia de Francia en el Mundial de Brasil. Lo que jamás podrá alcanzar a comprender es lo que sucedió en 1993. Y bien que lo sabe Deschamps.

 

Camino al Mundial de Estados Unidos de 1994, Francia circula líder indiscutible del Grupo VI a sólo dos jornadas del final. Se clasifican la dos primeras de grupo y la selección que dirige Gerard Houllier es líder con 13 puntos, uno más que Suecia y tres más que Bulgaria. Le quedan dos partidos, ambos en su guarida del Parque de los Príncipes (Saint Denis, el campo donde se coronará en 1998 como campeón del mundo, aún no existe). Primero ante Israel y luego ante Bulgaria. Una victoria ante los israelitas le clasifica matemáticamente para Estados Unidos. Por entonces, la victoria todavía valía dos puntos). Hay ansiedad porque han faltado a la cita de Italia’90. La transición post-Platini ha sido dura pero parece enderezada.

 

Francia juega con Lama; Desailly, Roche, Blanc, Petit, Le Guen, Deschamps, Sauzee, Papin, Cantona y Ginola. Un equipo de jugadores de tremendo renombre que harán carrera grande. En el minuto 39 de partido, Francia en el Mundial. Sauzee y Ginola superan el susto del 0-1 de Harazi con dos goles que les definen. El primero, con un gol desde fuera del área. Ajustado, raso. Sauzee siempre fue un llegador. El de Ginola es otro golazo que enloquece el Parque de los Príncipes, porque en ese momento es el héroe del PSG.

 

2-1. Se supone que Francia va a completar una clasificación casi perfecta, con siete victorias y un empate, y va a llegar como selección pujante a USA (paradójicamente sus enemigas fueron semifinalistas...). Israel no parece una amenaza seria. Apenas tiene a Ronny Rosenthal, delantero que hace carrera en la Premier (Tottenham y Liverpool), y a Berkovich, suplente ese día, como nombres conocidos. Por ahí está también Nimni, que posteriormente jugaría en el Atlético de Madrid.

 

En el minuto 83, el accidente. Marca Berkovich el 2-2 y Francia se lanza al ataque porque quiere cerrar la clasificación sin esperar al último partido. Rosenthal aprovecha la confusión y avanza por la izquierda. Saca un buen centro y Atar engatilla a bote pronto. 2-3 en el minuto 93. Un resultado insospechado ante una selección debilísima que no ha ganado un solo partido en toda la fase de clasificación (el grupo, además de Suecia, Bulgaria y el mismo Israel, lo completan Austria y Finlandia) que hiela París. Israel es última incluso a final de la jornada con un goalaverage de -17 pero ha ganado en París y complica a Francia, que no quiere ni ponerse en lo peor. Suecia y Bulgaria ganan. Los suecos de Ravelli, Brolin y Larsson ya vuelan rumbo a Estados Unidos.

 

Francia aún tiene una gran ventaja. Juega la última jornada en su casa y le valen dos resultados. Pero ya no se siente tan segura. Bulgaria es imprevisible. Las leyendas sobre sus hábitos de concentración, entre alcohol y cigarrillos, darán la vuelta al mundo meses después y nombres como los de Balakov y Letchkov se volverán universales. De momento, es la selección de Stoichkov con dos escuderos de lujo: Penev y Kostadinov. Una selección con un dibujo táctico tan heterodoxo como su carácter. Dos delanteros centros (Penev y Kostadinov) y otro criado en esa posición en el Sredets hasta que Cruyff, que sólo respeta esa posición en la temporada 90-91 justo a su llegada a Barcelona, lo ha trasladado a la banda.

 

 

 

El 13 de octubre de 1993, Francia juega con el mismo equipo que ha perdido contra Israel pero con un retoque. Esta vez Houllier da marcha atrás y se carga a Ginola, el preferido del Parque de los Príncipes. Para asegurar en el centro del campo juega Pedros, zurdo de buen toque que estaría en el mejor Nantes (Ouedec, N’Doram. Loko, Karembeau, Makelele).

 

Pita el escocés Leslie Mottram. Bulgaria juega con Mikhailov, Kremenliev, Ivanov, Khubtchev, Tzvetanov, Yankov, Letchkov, Balakov, Kostadinov, Penev, Stoichkov. Hay miedo, pero el partido empieza bien para Francia. Papin asiste de cabeza con maestría a Cantona, que fusila y se sube encima de una valla publicitaria. Abre los brazos. Lo peor ha pasado. Pero la imprevisible Bulgaria no acusa el golpe. Cinco minutos después, en el 37’, Balakov saca un córner abierto desde la izquierda y remata Kostadinov. A la escuadra derecha de Lama.

 

 

Kostadinov

 

 

A Francia le entra el vértigo, pero sobrevive en la segunda parte. Parece mentira que un equipo que estaba a una victoria como local ante el colista de llegar al Mundial se vea ahora en el alambre. Su drama llega en el minuto 91 cuando los búlgaros, bohemios y distintos, se niegan a dar un pelotazo para hacer el gol heroico. Balakov agarra el balón pocos metros por delante de su área, Penev se retrasa, recibe y ve un desmarque de Kostadinov, que empalma el balón de su vida. Otra vez a la escuadra y otra vez lejos de Lama. La locura en Bulgaria, la incredulidad en Francia. Tanto que la realización recibe el gol de los búlgaros con el rótulo confundido (Francia 2-Bulgaria 1). La realidad era distinta. Mottram pita el final y Francia está fuera del Mundial. El estado de shock es general.

Llora Deschamps y se mesa los cabellos Aimé Jaquet, ayudante entonces de Houllier, responsable directo de aquel desastre. Aquella noche inconsolable, con Francia levantada en armas por el desastre.

 

Deschamps, hoy seleccionador y en el abismo otra vez, pudo levantar la Copa del mundo en Saint Denis y Jaquet, mandar al infierno a los periodistas que tanto y tan fuerte le golpearon. Él estuvo a los mandos de la campeona en 1998. Ellos tuvieron revancha. Cantona jamás jugó un Mundial.

 

Francia lo tiene en chino contra Ucrania, pero nada podrá ser futbolísticamente peor que aquel otoño negro de 1993.

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