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29/01/2014

Por Juan Jiménez

¿Por qué no tiró Matthaus el penalti de la final del 90?

Lothar Herbert Matthaus (Erlangen, Baviera, 1961) fue, sin duda, el futbolista del Mundial de Italia 1990. Hubo jugadores de momentos. El primero, Salvatore Totó Schillaci, ese delantero que celebraba hasta el éxtasis sus goles y fue decisivo en los difíciles cruces ante Uruguay e Irlanda. Italia soñó que Schillaci interpretase el mismo papel que Rossi jugó en el Mundial de España (1982). No fue posible. También despuntó Baggio, con su fabuloso e inolvidable gol en slalom a Checoslovaquia en la primera fase. O Roger Milla, que jugó con 38 años (también iría a Estados Unidos ya en un papel más marginal con 42…) con la fascinante Camerún, gran sensación del torneo. O Paul Gascoigne con Inglaterra (inolvidables sus lágrimas en la semifinal ante Alemania que le habrían impedido jugar una hipotética final que luego no fue tal). El parapenaltis Sergio Goycoechea del que igual otro día contamos una historia y, cómo no, Maradona.

 

Pero el hombre del Mundial, decíamos fue Matthaus. Era el abanderado de una Alemania engrasada liderada por la armada del Inter (además de Matthaus, Brehme y Klinsmann habían llegado al club neroazzurro para acabar con el dominio del Milán de los holandeses en el Scudetto). El once tipo de Alemania no tenía fisuras. Dos carrileros (Berthold y Brehme), dos centrales de rompe y rasga (Buchwald y Kohler), el monstruoso Augenthaler para librar, la magia de dos pequeños clones: Haessler (incipiente) y Littbarski (en retirada). Y además del liderazgo de Matthaus, una delantera que jugaba de memoria y era difícilmente descifrable para las defensas rivales: Klinsmann-Voeller. Alemania jugó una primera fase maravillosa, con un partido memorable en la jornada inaugural ante Yugoslavia en el que expresó todas las cualidades que mejor la definían. Una puesta en escena que intimidó a los rivales.

 

Luego Alemania sufrió. En octavos eliminó a Holanda (campeona en la Eurocopa de 1988 con Koeman, Gullit, Van Basten… y una de las grandes favoritas) el día de los famosos escupitajos de Rijkaard a Vöeller. Pero fue perdiendo fuerza en el trascurso de la competición. Sólo ganó 1-0 a Checoslovaquia en cuartos y la suerte le acompañó en los penaltis de la semifinal. La selección de Lineker, que había eliminado injustamente a Camerún, estuvo a punto de tumbar a Alemania, que sin embargo tuvo buen pulso en el momento cumbre. Matthaus también fue de más a menos, pero aun así le llegó para conducir a su selección hacia la final de Roma.

 

Lothar8

 

 

A Alemania le favoreció el desenlace de la otra semifinal. El rival de la final iba a ser Argentina, sorprendente ganador de la semi ante Italia, que llegaba sin el único socio que estaba a la altura del talento de Maradona. Caniggia, goleador en octavos ante Brasil y verdugo en semifinales de Italia con otro partido de categoría que jamás le perdonó Nápoles ni Italia (por aquellos años jugó en Atalanta y Roma) no jugó por sanción. La sociedad Maradona-Caniggia fue el único argumento ofensivo de Argentina en aquel Mundial, pero los desmarques del delantero (gol ante Brasil en octavos) eran deliciosos. El único plan de aquella selección recibida pésimamente en Roma (pitos para el himno y los labios de Maradona silabeando nítidamente “hijos de puta” como respuesta) era el 0-0. Dezotti, un delantero fuerte físicamente pero poco dotado técnicamente, no era un socio a la altura de Maradona.

 


 Pero vamos a nuestra historia. Cerca del final, el expresivo colegiado mexicano Edgardo Codesal señaló un penalti de Sensini sobre Voeller que Argentina reclamó cuerpo con cuerpo al mexicano. La decisión, desde luego, fue más que discutible. Todos los ojos miraron entonces a Matthaus, especialista consumado en la suerte, pero quien apareció para lanzar el penalti fue Brehme, que lo transformó con sangre fría y su pierna derecha. Brehme era zurdo de pie pero golpeaba bien con las dos piernas y aseguró luego sentirse más seguro así. Alemania levantó la Copa y nadie echó de menos que Matthaus lanzase el penalti, pero la memoria del fútbol lo conservó hasta que en alguna de esas entrevistas conmemorativas alguien se lo volvió a recordar. Las peores lenguas periodísticas (su relación con el gremio no era bueno) dejaban caer que se escondió y no quiso lanzar el penalti. Algo así como hizo Bebeto en el penalti de Djukic que definió la Liga de la temporada 1993-94.

 

Matthaus tenía una explicación más fácil que esa: “Se me rompió la suela y en esa época no teníamos un segundo par de botas. No éramos muy profesionales. Me las cambié al descanso, pero no eran mi modelo. Seguí jugando pero cuando llegó el penalti no me sentía suficientemente seguro como para asumir la responsabilidad de lanzarlo.”

 

En la foto, Matthaus está justo detrás de Brehme cuando éste va a lanzar. Muy a pesar de las botas, ¿quería Matthaus tirar aquel penalti?

 


 

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14/01/2014

Por Juan Jiménez

Cuando Cruyff tumbó a Adidas

Sí. Aunque en estos tiempos que corren podría parecer un auténtico disparate, Hendrik Johannes Cruyff jugó con una camiseta distinta a la del resto de sus compañeros de la selección holandesa durante el Mundial de Alemania en 1974, nada menos que el de la aparición de la Naranja Mecánica, seguramente la selección más recordada de la historia de los Mundiales junto a la Hungría de 1954. Las dos reinas sin corona.

 

Era imposible que el detalle pasase desapercibido. Holanda tenía firmado un contrato firmado con Adidas, la marca de las tres rayas y Cruyff apareció en el debut del Mundial, ante Uruguay, con una camiseta a la que le había sido arrancada una de las tiras. Para que no haya dudas, el mismo Cruyff explicaba hace poquísimos días en Icon, revista de El País, la situación. Como siempre, a su manera: “Bueno, nosotros, por ejemplo, jugamos el Mundial de 1974, y hacía justamente dos años que el fútbol era profesional. Las empresas venían, había promociones… Y la Federación, en esa época, negoció con Adidas. Querían que lleváramos su camiseta, y yo pedí mi parte. Me la negaron diciendo que la camiseta era suya, y yo les dije que la cabeza era mía. Entonces en todo el Mundial jugué con una camiseta diferente del resto”.

 

 

Cruyff4

 

 

La realidad es que Cruyff no sólo había pedido su parte, sino que no hacía tanto que había firmado un contrato con Puma, la firma que le suministraba las botas. Que la federación holandesa hubiese firmado con Adidas no le hizo ninguna gracia a Puma. Primero, porque era otra empresa. Segundo, porque no era cualquier otra empresa. Puma surgió de las divergencias entre dos hermanos Adolf y Rudolph Dassler. El primero, Adi, diminutivo de Adolf había creado Adidas (AdiDassler). El segundo, que primero colaboró con su hermano en la idea pero luego se alistó para combatir en la segunda Guerra Mundial (estaba afiliado al partido nazi), empezó a hacer fama con las históricas Dassler Puma. El caso es que Cruyff se saltó a la torera las tres rayas de Adidas, que accedió a suministrarle una equipación, véase en imágenes, diferente al resto.

 

En eso, como en tantas otras cosas (el Ajax del nuevo tiempo que lideró, el Barça del nuevo tiempo que inventó), Cruyff fue distinto. Empezó a explorar en el mundo de la representación, el marketing, las firmas con patrocinadores. Para eso siempre tiró de Cor Coster, padre de su mujer Danny, que con 17 años se ofreció para echarle un cable. Desde entonces, Cruyff se remitió a Coster en cualquier negociación con el Ajax. Y desde entonces Cruyff siguió cobrando…, hasta hoy. Su fama en esa faceta, hasta para conceder entrevistas, no le ha abandonado.

 

Cruyff también faltó al Mundial 78 de Argentina. Algunas voces dijeron que fue un boicot a la dictadura militar argentina. Otros, sin embargo, hablan de un intento de secuestro meses antes de Barcelona que afectó a Johann y a su mujer Danny que les hizo replantearse las cosas. Otros, simplemente de divergencias con la Federación. Nadie habló del contrato de Adidas. El caso es que los gemelos Van der Kerkhof, René y Willy, vistieron equipaciones Adidas con dos rayas…

 

 

Cruyff5

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07/01/2014

Por Juan Jiménez

Canta Gardel..., pierde Argentina

Quién no recuerda a Sandro Pertini en pie aplaudiendo en el palco del Bernabéu junto al joven Rey Juan Carlos los goles de Italia en la final del Mundial 82 o el Mundial del 78 rodeado de un ambiente sombrío y amenazas de boicot de futbolistas (Cruyff entre ellos) por la horrible dictadura militar de Videla. El famoso telegrama (“o vincere o morire”) de Benito Mussolini a la selección italiana antes de la final de la edición de 1938. El Mundial, evento de dimensión mundial, acerca siempre fútbol y política, esfera garrapata donde las haya.

 

Pero…, ¿y los artistas?

 

Uno de los primeros precedentes del fútbol que acerca artistas y futbolistas es Carlos Gardel (1890-1935). Uruguay (Tacuarembó) y Francia (Toulouse) se atribuyen el nacimiento de ‘la voz’ del tango. Lo que nadie discute es que Gardel se crió en Buenos Aires (se nacionalizó argentino en 1923), lo que le acercó a dos equipos: Racing de Avellaneda. De hecho, dedicó un tango, “Patadura”, a Pedro Ochoa (“ser como Ochoíta, el crack de la afición”). A Gardel también se le conoce su apego al Nacional de Montevideo y al Barça por su amistad con Samitier y Zamora (es conocida una foto de Gardel en el hospital con Samitier y Platko después de un durísimo partido contra el Real Madrid a principios de los 30). Barcelona y París fueron dos de las ciudades de Gardel. Fútbol, turf y boxeo fueron las pasiones deportivas de Gardel, que ya decidió acompañar a la selección olímpica argentina para los Juegos de Amsterdam en 1928. Días antes de la final (ante Uruguay…), Gardel cantó el tango “Dandy” para la expedición argentina en el hotel Moderne de París en medio de la emoción general. La final, sin embargo, la ganó Uruguay (2-1) después de un replay.

 

 

Samitier2

 

Dos años después, 1930, se celebró la primera edición del Mundial. Fue en Uruguay. Argentina fue finalista de nuevo y, en la previa, Gardel decidió volver al hotel de concentración de la albiceleste. Allí le querían y nadie consideró la experiencia de dos años antes. “Canta de nuevo dandy”, le pidieron los argentinos. Gardel volvió a cantar…, y Argentina volvió a perder a pesar de un gol de Guillermo Stabile, amigo personal del actor, cantante y compositor. Dandy no volvió a cantarse nunca jamás en una concentración argentina. Uruguay decidió sacarle tajada a la historia. Cuenta la leyenda que Gardel también estuvo en el hotel de concentración charrúa en la previa de la final y que cantó todo el repertorio. Todo…, menos el tango “dandy". El gafe tango "Dandy".

 

 

Aquella final del estadio Centenario (4-2) dejó secuelas y abrió una fenomenal rivalidad entre Uruguay y Argentina, el ya histórico clásico del Río de la Plata. Gardel, con sangre uruguaya y nacionalidad argentino, quiso mediar en la rivalidad y organizó un recital en París para las dos selecciones. La ‘convención de paz’ acabó como el rosario de la aurora. El uruguayo Andrada atacó al argentino Orsi, que decidió defenderse nada menos que con un Stradivarius de uno de los miembros de la orquesta de Gardel

 

A Gardel no le dio tiempo a arreglar aquellas rencillas. Falleció en accidente aéreo en Medellín en 1935. Argentina fue campeona del mundo 43 años después.

Pero en la oscuridad de la dictadura. Sin música.

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