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17/03/2014

Por Juan Jiménez

El mítico United-Barça: Old Trafford se agarra a otro 1984

No todo son las finales. Ni los títulos. El partido de vuelta de los cuartos de final de la Recopa de Europa de 1984 es, probablemente, uno de los mejores recuerdos que guardan en su imaginario los aficionados del Manchester United que llevan media vida acudiendo a Old Trafford.

 

La eliminatoria enfrenta a Barcelona y Manchester United y se jugará los días 7 y 21 de marzo. Primero, en el Camp Nou. Estamos ante el Barcelona de Menotti, Schuster y Maradona, un equipo concebido a golpe de talonario con la obsesión de conquistar la Liga (llevaba sin levantarla desde la 73-74 de Cruyff) y asaltar, al fin, el viejo sueño de la Copa de Europa. Mientras eso llegaba, el Barça había tenido que conformarse con la Recopa, a la que había accedido después de derrotar al Real Madrid en la final de Copa de La Romareda (el 2-1 de Marcos y el famoso corte de mangas de Schuster). El Barça había eliminado al Magdeburgo y al Nec Nimega en las dos primeras rondas mientras que el United había dejado en el camino al Dukla de Praga y al Spartak Varna.

 

El partido de ida  no fue transmitido en directo por TVE ni TV-3 (la polémica se arrastró durante años e incluso en parte del territorio español no se vio el 3-0 de Barça al Goteborg en la vuelta de la semifinal de Copa de Europa de 1986). A pesar de los pitos a Maradona, resuelve el Barça con triunfo de 2-0. Marcaron en propia puerta Hogg, defensa del United, y Rojo. Este último tanto, casi sobre la hora en un golpe de fortuna que se consideró decisivo para la eliminatoria. El Barça había jugado horrible tras el descanso.

 

Schuster2

 

 

El Barça era favorito para la vuelta, pero el ambiente fatalista del club en aquella época empezó a llenar de inquietud la atmósfera previa a la vuelta. Para empezar, el United le había metido cuatro goles al Arsenal y se había colocado líder. Estaba imparable, aunque aquella Liga terminaría siendo para el Liverpool.

 

Maradona, mientras, había enfermado en la previa. Empezaban a conocerse sus correrías nocturnas por la Ciudad Condal (“vox populi”, se decía en AS), más graves incluso advirtiendo que estaba recuperándose de una hepatitis y poniéndose aún a punto después de la gravísima lesión que le había producido Goikoetxea (septiembre de 1983). Finalmente, las ruedas de prensa antes del partido resultaron definitorias. Al United lo dirigía Ron Atkinson. Big Ron apenas ganó un par de Copas con el United y una Copa de la Liga con el Sheffield Wednesday durante su carrera. Además, fue subcampeón de la Premier con el Aston Villa (1993) y sufrió los rigores de Jesús Gil cuando firmó por el Atlético de Madrid. Pero Atkinson tenía carisma. Cuando le preguntaron por Casarin, el colegiado italiano que dirigiría la vuelta, se lo tomó a broma: “Jamás vi que un árbitro metiese un gol”.

 

 

Atkinson2

 

 

El Flaco Menotti, sin embargo, estaba tenso. Ya la había liado después del partido de ida: “El United juega un fútbol de hace 40 años”.

 

En su comparecencia el día anterior a la vuelta, primero pareció que iba a Trafalgar: “Jamás preparé equipos para la guerra, pero mis jugadores no renunciarán a la guerra si hay que guerrear”. Igual tenía una explicación. El conflicto de Las Malvinas, desarrollado entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, todavía estaba latente. Y en el césped iba a estar Maradona.

Luego su discurso derivó en una especie de reivindicación de valores políticos-deportivos: “Venimos representando al fútbol español. A Barcelona, a España y a Cataluña. Mi equipo será honesto y trabajará con señorío para ganar. Pero si, por las circunstancias del juego se plantea que para ganar hay que pelear al margen del reglamento, puedo asegurar que también estamos, preparados para eso”.

 

 

Flaquito2

 

 

Finalmente, una alusión, sin citarlo, al famoso marcaje de Gentile a Maradona en Sarriá con motivo del Italia-Argentina del Mundial 82 (en el que Maradona finalmente es expulsado). “Mi experiencia internacional me demuestra que mi equipo siempre intentó jugar a fútbol y no siempre lo logró, porque a veces el rival le ha hecho 35 faltas a uno de mis jugadores y, encima, su marcador ha salido en los periódicos al día siguiente como el gran héroe del encuentro”. Zas.

 

Bajo esos parámetros se presentó un partido que, finalmente, entró en los libros del United.

 

Están a punto de cumplirse 30 años. La alineación de los red devils aquella noche de 21 de marzo de 1984, la más memorable en Old Trafford según cuentan las crónicas de los mismos periodistas ingleses, fue la siguiente: Bailey; Duxbury, Hogg, Moran, Albinston; Moses, Muhren, Robson, Wilkins; Stapleton y Whiteside. Whiteside, por cierto es el jugador que todavía tiene el récord de precocidad en un Mundial. Jugó en España’82 con 17 años y 41 días. En la segunda parte salió Hugues (futuro culé). Por el Barça jugaron Urruti; Gerardo Alexanco, Moratalla, Julio Alberto; Víctor, Perico Alonso, Schuster, Rojo; Maradona y Marcos.

 

 

El Barça se derrumbó. Bryan Robson marca el primer gol a la salida de un córner peinado por Stapleton. Luego, en la segunda parte, dos goles en dos minutos. Robson de nuevo después de que Schuster y Víctor se hagan un lío en la salida del balón. Y al momento, el tercero. El gol de Whiteside es el mejor símbolo de una avalancha. Cae el Barça y los palos de la prensa no se hacen esperar: “El Barça tampoco es nadie en Europa”, “Eurodesastre”, “Qué debacle”, “No habrá segunda Basilea”. El Barça de toda la vida por entonces…

 

 

Manchester, mientras, vitorea a sus héroes. Estos fueron algunos de los más destacados. El goleador Bryan Robson, 90 internacionalidades con la selección inglesa, alcanzó el calificativo de Capitán Marvel, un superhéroe del cómic. Kevin Moran jugó diez años en el United y fue una leyenda (71 internacionalidades) en la selección de Irlanda. Pasó por España (Sporting de Gijón) y suele Arnold Muhren era el hermano menor de Gerrie Muhren, que ganó tres Copas de Europa con el Ajax. Arnold empezó en el Volendam pero emigró, extrañamente para la época, al Ipswich Town, con el que ganó una UEFA (1981). Luego jugó en el United pero le dio tiempo a regresar al Ajax y ganar una Recopa (1987) y estar en la lista de la Holanda campeona de la Eurocopa 88. Hay más, pero finalmente Remi Mark Moses fue uno de los más grandes afros de la Liga inglesa. Empezó a hacer fama en el West Brom, al que metió en Europa. Fue un pivote defensivo de calidad. Las lesiones le obligaron a abandonar el fútbol con unos 28 años.

 

Muy recientemente visité Old Trafford con un grupo de buenos amigos. En el Manchester United, por supuesto, la tragedia aérea de Múnich, su respeto a las víctimas y la obligación de honrarles ocupan un lugar exclusivo. Sus leyendas son Sir Matt Busby, Sir Bobby Charlton, Dennis Law y George Best. También sir Alex Ferguson o Ryan Giggs. Bryan Robson o Cantona. Y Cristiano Ronaldo, su cuarto Balón de Oro. No hay nada como sus tres Copas de Europa y sus 20 títulos de Liga. Pero si uno recorre los rincones de su museo y se detiene en los vídeos comprueba al segundo que aquella remontada ante el Barça está entre las páginas más brillantes de su historia.

 

 

Museo2

 

 

Una camiseta amarilla de Meyba, un banderín del Barça, un programa del partido y un vaso se diría que de pinta de cerveza (ver foto) en una vitrina del museo recuerdan aquel partido en un sitio modesto, pero exclusivo. Eso nos puso en la pista para informarnos de aquel partido. Periodistas como Joan Domenech, de El Periódico, nos refrescaron la memoria. Especialmente, nos hicieron entender la importancia de aquel partido para la gente de Manchester y cuánto significa ganar a ese nuevo Barça planetario que nunca llegó a triunfar.

 

A los jugadores del actual y deprimido United, Mata (aunque no pueda jugar este miércoles) y De Gea entre ellos, deberían pasarle el vídeo de aquella fabulosa noche en el Teatro de los Sueños antes de salir a jugar ante el Olympiacos.

Por cierto, a aquel United de la noche heroica ante el Barça lo tumbó la Juventus. Pero no todo son las finales. Ni los títulos.

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04/03/2014

Por Juan Jiménez

26 años de España-Italia: del duro fajador (perdedor) al fino estilista (ganador)

Hace casi 26 años de estas alineaciones. Estamos en el Waldstadion de Francfort, en la Eurocopa de 1988. Por España, Miguel Muñoz alinea a Zubizarreta; Tomás Reñones, Andrinúa, Sanchís, Gordillo; Míchel, Gallego, Víctor Muñoz, Soler; Bakero; y Butragueño. En Italia juegan Zenga; Ferri, Baresi, Bergomi, Maldini; De Napoli, Ancelotti, Giannini, Donadoni; Vialli y Mancini. El frustrante resultado final es 1-0, gol del inevitable Gianluca Vialli, que por entonces sembraba el terror por Europa con Mancini en la Sampdoria. España quedará fuera de la segunda fase. Alemania e Italia vuelven a ser, una vez más, superiores a una Selección a la que ni la final del 84 le ha quitado su estigma de perdedor. Será peor aún. Después de la caída de la Eurocopa de Alemania, España ni se clasificará para la Eurocopa del 92. Será el principio del fin de la Quinta del Buitre.

 

 

Vialli2

 

Antes de aquel partido, España e Italia sólo se habían enfrentado tres veces más en partido de gran competición. En la Eurocopa de 1980 (0-0) y dos veces en el Mundial de 1934. Después del 1-1 del primer partido, un gol de Meazza (que luego puso su nombre al estadio) había sentenciado el partido del desempate. Pero no eran los emparejamientos directos (igualados) los que habían alejado a Italia de España a lo largo de la historia, sino los tres títulos mundiales de la Nazionale.

 

La historia no cambió en 1994. Entre otras cosas, porque la Selección seguía empeñada, más aún con Clemente, en que el estilo se llamase La Furia. Es imposible no sorprenderse si uno revisa la cinta del Italia-España jugado en el Foxboro de Boston el 9 de julio de 1994. De aquel partido de cuartos de final quedaron unos cuantos flashes. El golazo de Dino Baggio en el que tal vez Zubizarreta reaccione tarde, el empate de Caminero (nuestro corazón en aquel Mundial), el error de Salinas y, finalmente, el gol de Roberto Baggio que no salva Abelardo y el codazo a Luis Enrique. Un segundo visionado al partido nos esconde qué era España en aquel tiempo. Un equipo que jugaba al límite, en unos umbrales de agresividad casi prohibidos. Revisemos la alineación de aquel día: Clemente, que había dividido por trincheras a la prensa entre partidarios y detractores por cuestiones que ahora no vienen al caso, alineó a Zubizarreta; Ferrer, Alkorta, Abelardo, Nadal, Otero; Goikoetxea, Caminero, Bakero, Sergi; y Luis Enrique. Excepto Bakero, el resto de jugadores habían actuado en algún momento de sus carreras como defensas (Caminero llegó a ser líbero en el Castilla y Luis Enrique y Goikoetxea jugaron de laterales, en el Madrid el asturiano y los dos, en el Barça).

 

 

Puhl2

 

La memoria colectiva considera que aquel partido fue una colección de injusticias, empezando por el codazo de Tassotti a Luis Enrique no sancionado por Puhl. También se vendió como el triunfo del catenaccio. Observemos, sin embargo, el once con el que jugó Italia: Pagliuca; Benarrivo, Costacurta, Tassotti, Maldini; Conte, Albertini, Dino Baggio, Donadoni; Baggio y Massaro. Al descanso, y ganando 1-0, Sacchi introdujo a Giuseppe Signori, otro delantero zurdo que triunfó en el Lazio. A Italia se le ha llegado a vulgarizar por su obsesión con el rigor táctico y su obsesión por la defensa. Pero sería injusto no reconocerle que siempre ha abierto espacio a jugadores únicos: la lista incluye a Del Piero, Totti, Baggio, Zola, Gianinni… No estaría de más reconocérselo algún día. La España que perdió ante Italia era más defensiva que esa Italia.

España e Italia no volvieron a jugar en partido oficial durante 14 años (con el paréntesis de los Juegos Olímpicos, en los que España ganó 1-0 con gol de Kiko en los cuartos de final, Luis Casanova, pero no era lo mismo). Es normal que, pese a su estado de optimismo, España afrontase el partido con cierto pánico los cuartos de la Eurocopa 2008. Para empezar, Italia había añadido un nuevo Mundial a su palmarés sólo dos años antes. El miedo no era al emparejamiento, sino al currículo… (4-0 en Mundiales) La nueva gesta italiana había animado a los azzurri a viajar así que ni la fiebre por la Roja de Luis permitió estar en mayoría a la afición española en Viena. En el Prater retumbó el himno de Italia y los cánticos a Toni, una pesadilla para Casillas.

 

 

 

Euro2

 

Cesc

 

España no fue mucho mejor que Italia aquel día. Tanto que muchos han olvidado que Luis tuvo que mover el árbol y sustituir a las dos banderas del tiqui-taca. Xavi dejó su sitio a Fábregas (59’) e Iniesta, a Cazorla (60’). A lo que sí que no renunció España fue a su estilo. El duro fajador del 94 se había transformado en fino estilista Y en contra del aspecto liviano, frágil y casi lúdico de la Selección, España no se arrugó en la tanda de penaltis: marcaron Villa, Cazorla, Senna y Fábregas, apenas un chaval. Fue el día en que le robamos el gen ganador a Italia.

Luego hemos vuelto a jugar contra Italia tres veces más en competición oficial. Y hasta le hemos goleado, así intenté expresarlo en esta crónica de la final que intenté resumir en un GRACIAS

 

Navas2

Pero también hemos empatado dos partidos. La diferencia, sin embargo, sigue sin estar en los resultados. Lo que al fin nos ha acercado a Italia es el día que le robamos la fórmula ganadora. Y los títulos.

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