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25 noviembre, 2015 | 23:54

Por Juan Jiménez

Iniesta-Messi, retrato de época

De entre todas las fotos del Clásico, hubo una superior. Mundo Deportivo, periódico cercano al Barcelona, la escogió como portada por motivos obvios. En AS, ilustró con muy buen criterio la contracrónica de Juan Cruz, página apegada de nuestro diario al entorno culé. La imagen es el grito a una época. Iniesta, feliz tras el 0-3, abraza a Messi, a quien había encontrado en la banda mientras corría desatado en la celebración. El argentino le esperaba allí mientras calentaba con una sudadera amarilla y un peto verde, una situación inédita en el Bernabéu desde que es líder del Barça.

 

 

Epoca3

 

Sin duda, era un buen día también para apostar en las cabeceras por Neymar, en su condición de jugador más influyente del mundo del momento, o Luis Suárez, matador en el Bernabéu con sus dos goles y jugador de raza y expresivo, muy fotogénico por tanto. Esas instantáneas, sin embargo, tenían mucho más de fugaz. Lo de Iniesta y Messi, tan espontáneo, trascendía el Clásico del sábado. Primero, por la novedad que suponía ver a Messi como suplente en el Bernabéu, frito a fotos en sus carreritas. Pocas veces un jugador ha sido tantas veces protagonista en el campo del Madrid antes de ver el partido desde el banquillo. En la temporada 2008-09, el día del 2-6, hizo dos goles y se reinventó su posición. Guardiola, aconsejado por Tito Vilanova, llegó a llamarlo entre semana una noche para anunciarle el cambio de puesto. Jugaría de falso delantero y aprovecharía el espacio entre Lass y Gago y los centrales, Cannavaro y Metzelder. En la temporada 2009-10 también marcó tras una pared de libro con Xavi, su otro gran socio de siempre. En la 2010-11, de penalti.

 

 

Sus últimos dos hitos en el Bernabéu fueron superiores. Primero, liquidó la semifinal de Champions en medio de la terrible tormenta de Clásicos de 2011 con dos goles. Uno tras pase de Afellay. Otro después de una conducción memorable. Uno de los goles de su carrera. Y algo más. En la temporada 2013-14, su hat-trick en Chamartín le permitió adelantar a Alfredo Di Stéfano como máximo goleador de la historia de los Clásicos. De ahí lo distinto de la foto. Habitualmente taciturno en sus suplencias, o volcánico como el día de Anoeta cuando estuvo a punto de poner patas arriba al club, sorprendió verle con esa placidez para aceptarla en el Bernabéu y con esa fiereza para celebrar los goles. Primero apretando los puños para festejar los goles de Suárez y Neymar, como señal de admiración. De Messi se airearon problemas de relación con Tello, Pedro, Villa, Ibrahimovic… Qué hubo de cierto es difícil de conocer. Lo que sí es una certeza es que su afinidad con los dos actuales es superior. Extremadamente emocionado. Abrazando a Iniesta, de quien luego recogería el brazalete de capitán cuando fue sustituido.

 

 

Epoca4

 

Y luego está lo de Iniesta, que jugó su Clásico número 32 (14 victorias, 8 empates y 10 derrotas), el primero como capitán del Barça a todos los efectos. Lo hizo con una exhibición de fútbol total. Iniesta fue el primer jugador en la presión azulgrana, el que mandó las líneas adelantar y predicó con el ejemplo. Luego, con el balón, marcó los tiempos, dirigió la orquesta, aceleró y paró, pareció jugar levitando. Sólo pegó una voz cuando, después de buscar a Neymar en la frontal, le gritó para advertirle de que acompañaba la jugada. La pared de fútbol sala acabó con un golpeo violento en medio de dos piernas rivales. La mejor señal de un futbolista con confianza plena. Resulta paradójica la coletilla que se ha escuchado durante meses: que ya no volvería el mejor Iniesta. Es posible que, voluntariamente, se haya querido obviar una de las mejores jugadas en la carrera del manchego, su espectacular conducción en el partido de vuelta de cuartos de final ante el PSG. O tal vez, que la UEFA le eligió mejor jugador de la final de la última Champions. Palabras mayores. El Bernabéu quitó todas las caretas. Luis Enrique, por cierto, ha tenido que ver en el asunto. El asturiano, en esto, ha mejorado a Guardiola. Ha mimado los minutos de Iniesta matemáticamente y ha enriquecido su rendimiento hasta una nueva plenitud. 

Finalmente, la imagen. Iniesta y Messi como retrato de una época. Diez años en los que el Barça ha conquistado a menudo el Bernabéu, tres de ellas con extraordinaria grandeza. Con o sin Guardiola, con o sin Luis Enrique, hasta con o sin su socio Xavi, Iniesta y Messi han estado siempre. Es la foto de la época más gloriosa del Barça.

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Comentarios

Luciérnaga

Gracias Juan. Me ha emocionado leer esta contribución al blog; humildemente, es el mejor elogio que puedo darte ahora mismo. Saludos.

Sofia Emmanuels

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