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El blog de Juanma Rubio

Un blog para tratar el pasado, presente y futuro del baloncesto tanto nacional como internacional: ACB, ULEB, Euroliga, Eurocup y la NBA.

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lunes, 12 noviembre 2012

Por Juanma Rubio

El hombre del 5%

1

El poder, más allá de rumores excéntricos, es el poco sutil hilo que ha hilvanado estos días de giros copernicanos y cuchillos largos en L.A. Una ópera bufa interpretada por un lado por la salud debilitada de Jerry Buss, 78 años y casi 35 en el gobierno de los Lakers, su hijísimo Jim y la pulsión shakesperiana que aporta entre bastidores, y Mitch Kupchak, perenne y excelente General Manager. Por otro por Mike Brown, un frágil tentetieso en mitad del oleaje, y Phil Jackson, mejor entrenador de la historia, ganador de once anillos, futuro entrenador de Lakers “al 95 % de posibilidades” y pareja sentimental de Jeanie, hija de Jerry y hermana de Jim. Y finalmente el otro 5%, un grupo de meritorios encabezado por Mike D'Antoni y animado por Mike Dunleavy, Nate McMillan o el rictus anti Hollywood: Jerry Sloan.

Ha sido una cuestión de poder pero finalmente no tanto de si Phil Jackson atemperaba su trasatlántico ego o solicitaba no dirigir partidos en las giras lejos del sol de California. No: el trasfondo en un estado mucho más esencial es el poder que Bertrand Russell definió como la capacidad de producir el efecto deseado en los demás y en los acontecimientos, el poder junto a la gloria como articulaciones de los deseos infinitos del ser humano, el poder como triunfo de quienes lo desean de forma excepcional: el poder y cómo lo ostenta la familia Buss.

En cuestión de 72 horas hemos pasado del asombro por la posible llegada de Phil Jackson a la perplejidad por el traspié de las negociaciones. Mi opinión y mi bendición a la tercera venida del Maestro Zen quedaron aquí escritas al lado del obituario del ya minúsculo Mike Brown, de cuya etapa de 71 partidos al frente de los Lakers ya nadie quiere hablar. Jackson era el 95 %, el mesías aclamado por el Staples, el clavo ardiendo de una plantilla a la que el calendario muerde los tobillos, el deseo inflamado de Kobe Bryant y hasta un intríngulis motivante para Nash y Howard. Así que conviene aclarar en primer lugar las razones de la llegada del capitán general del 5%, un Mike D'Antoni que fue favorito instantáneo tras la salida de Brown pero cuyo nombre se había perdido entre los cantos de sirena que emanaban desde el rancho de Montana donde el arquitecto de los últimos cinco anillos de los Lakers amasaba el momentum y preparaba, eso llegó a parece, la madre de todos los desembarcos.

Se ha escrito mucho de las escandalosas peticiones de Jackson, de ceros inacabables en el cheque, de pellas en partidos demasiado alejados de su mansión de Playa del Rey. Se ha hablado mucho pero parece que nada de eso llegó a cobrar cuerpo y que el propio Jackson esperaba este lunes 12 de noviembre como día X para desanudar el cordón umbilical de su regreso. Antes de todo eso, de la lima de asperezas y las concesiones al ego rugiente y súper alimentado por los acontecimientos del mejor entrenador de siempre, Kupchak cogió el teléfono y le comunicó personalmente que los Buss habían votado D'Antoni. Fin a la saga que nunca fue. Y puede que al menos por un instante el mismísimo Maestro Zen se quedara tan petrificado como todos nosotros.

El hecho es que todos, los que creíamos en la redención de Jackson tras una última temporada que no hizo justicia a su trayectoria y los que no percibían la energía necesaria en un entrenador de 67 años, ningún sueño por cumplir y problemas horripilantes en las rodillas y la cadera, nos quedaremos sin saber si aguardaba un éxito glorioso o un fracaso antológico. Sea como fuere, el baloncesto y los que lo contamos nos hemos quedado sin una historia de primera y los Lakers, y eso queda en el retrovisor (detrás pero a la vista), sin el que parecía el plan A de consenso. En la decisión final hay desde luego juegos de poder pero con más baile de salón que fangos del día a día (otra vez los partidos fuera de casa…). Jerry Buss ha vuelto a confiar en Jim y este a su vez ha guardado las espaldas de Kupchak. Jackson iba a pedir mucho dinero, jamás un problema en Hollywood, pero también una cuota de mando deportivo que equivalía a las llaves del castillo. Eso y un contrato renovable anualmente. Demasiado para un Jim Buss que de paso se evita el sonrojo de abrazar como si fuera un padre pródigo al entrenador con el que terminó a las bravas y cuya herencia decapitó en cuanto le vio salir por las puertas de El Segundo. Desde luego es un acierto no convertir a Kupchak en cadáver a cuenta de los daños colaterales pero la apuesta del hijísimo Jim es un órdago: elegir a Brown por delante de Adelman le ha provocado una seria cefalea, elegir a D'Antoni por encima de la sombra tan y tan alargada de Phil Jackson puede provocarle jaquecas en versión cadena perpetua.

Arbitro

Los Buss conservan la mano de la partida y reparten las cartas. Otra vez. Pero más allá trascienden motivos deportivos de primera magnitud porque es en la cancha, aunque a veces lo olvidemos, donde florecen o marchitan las Ardenas y Waterloos que se dirimen en los despachos. Los Lakers, eso venden, eligieron D'Antoni sin esperar a Phil Jackson porque le consideraron finalmente la mejor apuesta deportiva. Creyeron que el triángulo ofensivo requeriría un tiempo de aprendizaje para Nash y Howard y no sintieron tenerlo en esta plantilla en la que Nash tiene 38 años, Bryant  34, Gasol 32 y Dwight Howard sólo este año de contrato. Creen que D'Antoni aportará un estilo de entresijos más livianos, ni Princeton ni el triángulo, y en el que se podrán diagnosticar males y ejecutar medidas con más flexibilidad con el objetivo que es obsesión: ganar ahora o el próximo año antes de aligerar los libros de cuentas y en la última cabalgada de Kobe, Gasol y Nash. Y renovar por el camino a Howard.

D'Antoni es un buen tipo y cuenta con la bendición de los pesos pesados de la plantilla. Kobe creció en Milán cuando el ahora entrenador ejercía de base genial en Olimpia Milano y después ha coincidido con él en el staff olímpico tanto en Londres como antes en Pekín, donde también estuvo Howard. Y Nash gobernó, y dos MVP dan fe, a los Suns de D'Antoni en una cagalbada que va camino de cumplir una década y que se quedó a las puertas del anillo que seguramente mereció.

Los defensores del técnico de West Virginia (61 años y una rodilla recién operada) creen que su vigoroso estilo ofensivo alimentará rescoldos del showtime que vive en el subconsciente de L.A. y que su aprovechamiento optimizado del pick and roll será un arma de destrucción masiva en manos de la pareja Nash-Howard. Y aseguran que su fama de disoluto entrenador defensivo no es del todo justa y que sin ser desde luego un enorme estratega de stops sí es capaz de enhebrar una defensa lo suficientemente sana para acompañar al ataque que le gana los partidos. Sus Suns encajaban muchos puntos pero eso tenía que ver con el endiablado ritmo de juego y el descomunal intercambio de posesiones y sus Knicks se enderezaron hacia el top ten defensivo de la NBA en cuanto llegó un pívot aglutinador de esfuerzos como Chandler. Y flota la sensación de que si bien no sacó nada de la caldera excesivamente presurizada de Nueva York (ni un solo partido de playoff ganado en cuatro temporadas), aquellos Suns que por desgracia ya se pierden en el recuerdo tenían material de los campeones. Aunque nunca ganaron.

Dantoninash

D'Antoni tendrá que mejorar mucho su paso por la Gran Manzana: ataque caótico, defensa como mucho discreta, relación esquiva con Carmelo Anthony, su gran foco de ego, y nula competitividad. Y si mira a aquellos esplendorosos Suns (2003–2008) tendrá que adaptarse a otras exigencias, otros tiempos y sobre todo otros jugadores. Porque la filosofía de base de aquel equipo es imposible de trasladar a los actuales Lakers: el run and gun, correr y tirar, basado en acabar ataques con un lanzamiento en los primeros siete segundos de posesión; correr hasta reventar, jugar pick and rolls con Nash como alfa y omega y bombardear desde el exterior. Tendrá otra vez a Nash (casi una década más viejo) pero ni mucho menos una batería extensa de tiradores ni una plantilla joven  y larga con la que galopar de lado a lado de la pista durante 48 minutos cada dos noches.

Entre 2004 y 2006, los mejores años de D'Antoni en Arizona, los Suns jugaron dos finales del Oeste, en las que cayeron ante Spurs, con los que establecieron una rivalidad para los anales, y Mavericks. En la temporada 2004/2005 el equipo ganó 62 partidos y parecía en ruta hacia el título hasta que se estamparon contra la muralla tejana de Greg Popovich (que sigue allí y sigue jugando finales de Conferencia). En aquel curso los Suns atacaron mejor que nadie en toda la NBA (110.4 puntos por partido) pero también encajaron más que nadie (103.3). Los ratios de eficiencia le confirmaron como el mejor ataque y les elevaron hasta ser la decimoséptima mejor defensa. Era un equipo monstruoso en el rebote y letal en el tiro de tres (rondando el 40%), con cinco jugadores por encima de los diez puntos por partido y tres tirando triples con un 43% o más de eficacia. Era el equipo de Nash (más de 15 puntos y 11 asistencias por partido) pero también de Amare Stoudemire, Shawn Marion, Joe Johnson, Quentin Richardson, Jim Jackson, Leandrinho Barbosa…Nash tenía 30 años, ningún de los demás superaba los 26.

Ahora y con la excepción de Howard, D'Antoni toma un roster de estrellas con el cuentakilómetros sobrepasado y en el que tendrá que hacer correr la bola mucho más que las piernas: Nash, Kobe, Artest, Gasol, Jamison… Su batería de tiradores no es precisamente para presumir ni aunque Meeks adquiera la regularidad que nunca ha tenido y por encima de todo tendrá que inculcar a Kobe, que ha aprobado su llegada, las bondades de un sistema en el que Nash cocinará las posesiones y en el que la primera opción será el juego con los pívots, fundamentalmente con Howard. Kobe puede redefinir o llevar a la implosión una nueva era que llega al galope y en la que Gasol deberá resolver incógnitas que no se le habrían planteado con el triángulo ofensivo de Jackson.

Mike D'Antoni afronta el gran reto de su carrera con la obligación de convencer a los escépticos, a los que creemos que no lleva dentro un entrenador capaz de ganar anillos. Y tiene que hacerlo desde el equilibrio y con la sombra del mejor entrenador de la historia -uno de esos what if tan del gusto yanqui: que habría pasado si…- pisándole los talones cuando doble la esquina de cada derrota. Los Lakers no pueden entrar en un bucle de lateralidad infame: de un entrenador defensivo que acabó sin cimentar una buena defensa a uno ofensivo sobre el que pende el riesgo de no encajar en ataque las piezas de un quinteto lujoso pero compatible sólo en unas condiciones muy concretas. Mike D'Antoni es más barato (12 millones por los tres primeros años con un cuarto opcional) y desde luego más manejable que Jackson, una especie de Némesis redentora por la que ni jugadores expertos como los Buss se han atrevido a apostar.

Quizá  sólo tenga que simplificar las cosas y poner la bola en manos de sus estrellas, lo que no supo hacer Brown y algo de lo que está haciendo ahora Bickerstaff o por lo que siempre se ha desconfiado del propio D'Antoni y en cierto modo también de Jackson. Se trata de que los Lakers jueguen bien, de que compitan, de que Nash y Kobe disfruten jugando juntos y de que Howard se lo pase lo suficientemente bien para firmar contrato nuevo el próximo verano. Es muy difícil o muy fácil según como se mire. Más difícil que con Jackson pero, concedámosle eso al recién llegado, más fácil que con Dunleavy, otro de los entrevistados. Toca esperar y observar, los Lakers redoblan la apuesta pero esa mano la tiene la NBA y el repóker que amenaza desde South Florida. Nuevos tiempos, otra vez…

 

 

 

 

 

 

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Comentarios

Todo el mundo esperaba a Jackson y finalmente llegó D´Antoni, vamos a ver si es la solución o es un parche, de todas formas creo que o mejoran mucho o realmente va a ser difícil cumplir objetivos en una franquicia tan bien acostumbrada, realmente un reto, vamos a ver si losproblemas púrpura eran la falta de acoplamiento, el entrenador o el bajón de varias de sus estrelllas...saludos

Como dijo un compañero tuyo (Iñako) sólo había uno peor que Brown: D'Antoni!!

A los Angeles Lakers se les envejece el quinteto... pero por lo visto hasta ahora, estando los cuatro Gasol, Nash, Kobe y Howard parece que funcionan bastante bien.

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