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sábado, 17 abril 2010

Por Carlos Miquel

Pesadilla en furgoneta alrededor del circuito de Shanghai

Shanghai 

Después de las emociones malayas, de nuevo otro viajecito, esta vez de quince horas, camino de Shanghai. Para mí el circuito de China es el más impresionante del planeta (ojo, no he estado en Abu Dhabi). Sólo la vista desde la novena planta en la que se encuentra la sala de prensa, justo sobre la pista, es realmente espectacular. Se ve todo el circuito y se siente un cosquilleo especial al presenciarlo. Su coste de construcción fue de 250 millones de euros y tiene dos características singulares, el gancho de la primera curva (muy técnico, se llega a 250 km/h y hay que ir bajando marchas progresivamente), y que permite adelantamientos. Antes de la carrera hay todo un desfile típico, como si fueran unos mini Juegos Olímpicos y recuerdo que en 2005 el himno lo cantó Jackie Chan, sí, el de las películas.


También es destacable el paddock, un parque con un laguito y unas casitas a modo de hospitality de los equipos. Alonso casi se carga la puerta de una de ellas del cabreo con el que se fue al box a revisar sus presiones en 2007, después de que los mecánicos de McLaren se las pusieran mal para la Q3. Sin embargo, las distancias con la sala de prensa son kilométricas. Este es el último año de contrato que tienen con la Fórmula 1, nunca han logrado llenar sus 200.000 asientos (ni acercarse) y en el momento de escribir estas líneas aún no se sabe si seguirán.


La ciudad me han dicho que este año muestra su mejor cara para la Expo que comienza en mayo, y que está más limpia (uno de sus grandes problemas), pero este año he optado por la versión de periodista eremita y estoy en un hotel junto al circuito. Es aburrido, sí, pero no pienso estar otro año más sometido a una hora en autobús desde la populosa y animada ciudad. O, lo que es peor, en furgoneta. Un año vivimos en una de esas tartanas blancas una auténtica tortura (china, perdón por el chiste). Eran las once y media de la noche y un grupo se siete periodistas íbamos a la ciudad. Tardó más de media hora en salir. Y entonces el chófer, que no hablaba ni por asomo inglés, comenzó a dar vueltas en redondo al circuito. Estuvimos más de una hora en un viaje de la marmota infernal rodeando el trazado. No sabía salir de allí. A voces le pedimos que nos llevara de vuelta al parking. Lo hizo y se llevó la bronca de su jefe, que nos explicó que el chico no podía más, llevaba 24 horas sin dormir. Un peligro. Finalmente llegamos al hotel a las dos y cuarto de la mañana hora local y aún me quedaban un par de cosas que escribir para el AS. La vida parece sencilla para un enviado especial, pero, salvo aquellos que van en manadas, son bastantes las ocasiones en las que se sortea el abismo.


Sepang ha dejado claras varias cosas. La primera, sólo Alonso es capaz de batallar con todos con un coche tan mermado. En la línea del hombre al que está dedicado este blog, Gilles Villeneuve, un luchador incansable. Con un cambio tan tocado los equipos suelen optar porque su piloto se retire, y éste lo suele aceptar. Por el secretismo rojo nunca sabremos si también se lo llegaron a pedir en carrera, pero lo que hizo el asturiano fue de piloto de los de antes. Lástima que no arañara un par de puntitos y tuviera que abandonar.


Dos, Alguersuari. Me emocioné con su fiereza y así lo canté en la SER. Excelente su adelantamiento a Hulkenberg, bastante bueno el de Petrov y estupendos primeros puntos. Esa es la agresividad que yo le reclamaba y ya la está sacando, sin salirse. En carrera Jaime va francamente bien y sólo le queda mejorar algo la calificación. Y tiene un coche para optar más veces a los puntos. Su compañero Buemi tuvo el morro dañado toda la carrera y, cuando al final le pusieron la pieza bien y los neumáticos blandos, marcó la tercera vuelta rápida. A seis décimas de Webber. Bien es cierto que en unas circunstancias muy propicias. En China estrenarán las primeras mejoras sobre su coche, que es un Red Bull de 2009.


Tres, De la Rosa. Son indecentes las palabras de Peter Sauber poniendo en duda su capacidad de adaptación en su vuelta. Aunque ahora las haya matizado. El catalán comenzó el año con dos buenas carreras. En la primera de Bahrain fue de los pocos que adelantó, y más con su tortuga de caparazón blanco. Y después en Australia su resistencia en los puntos con un difusor roto fue heroica. Le sobraron varias vueltas, pero le habría dado un noveno al otrora moderado Sauber de no mediar esos problemas. Espero y deseo que no se esté subastando al mejor postor el puesto de Pedro. O que alguien está haciendo una campaña contra él. Sería una injusticia mayúscula y nadie de los que pulula alrededor de la F-1 puede hacerlo mejor que él. Además, su aportación técnica y su rapidez les está metiendo en ocasiones por delante de un Renault, el de Petrov. Y les permite luchar con Toro Rosso.


Cuatro, Hispania. No hay que caer en la euforia desmedida porque acaben carreras, creo que se debe ser más exigente. Pero sí tiene mérito que finalizaran en Malaisia. En Bahrain pensaban que ni siquiera saldrían. Ahora viene lo más difícil, conseguir que el coche vaya más deprisa que los Virgin. Y Chandhok, sorpresa, está batiendo a Bruno Senna.


Alonso 

China

Estas líneas las escribí en el avión de camino a China, así que os actualizo con lo que he visto en la calificación. Fernando Alonso ha hecho de nuevo un gran trabajo porque el coche no daba más de sí a una vuelta. Y ha terminado tercero la calificación. Sin embargo, su ritmo de carrera es altísimo. Lo malo es que se espera lluvia y en esa especialidad los Red Bull son imbatibles.
Alguersuari superó por segunda vez en calificación a su compañero Buemi, y estaba muy contento con una de sus mejores calificacione. Pero su coche está reglado para seco (por los reglajes de agua de su compañero) y eso le puede perjudicar si se cumplen las previsiones de carrera en mojado. Sale duodécimo dispuesto a dar guerra hasta a Schumacher.


Y a De la Rosa no le ha funcionado el alerón mágico y ha tenido que salir con el viejo. El catalán ha optado por esa decisión pensando también en que llueva, da algo más de carga aerodinámica. Saldrá en la carrera a por todas.

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viernes, 02 abril 2010

Por Carlos Miquel

Llueve en Sepang, y siempre a la hora de la carrera

Llueve en Sepang, y siempre a la hora de la carrera

Os escribo estas líneas después de la primera jornada de entrenamientos en Sepang y llueve, vuelve a llover. Desde que llegué aquí el martes siempre ha caído agua a la hora de la carrera. Primero a las cinco de la tarde, después a las cinco y media y hoy viernes ha llovido a la hora de inicio del gran premio. Llueve fuerte y se para. Puede ser un caos, pero mejor si lo hace al principio de la carrera, porque si cae entre las cinco y las seis se puede volver a anular. Este año no es el más duro de calor que hemos vivido en Sepang, pero reconozco que el clima de este país, con elevadísima humedad, alta temperatura y alta presión atmosférica no es precisamente el más agradable del planeta. Ha sido un cambio brutal, de pasear descalzo y con veinte grados de temperatura por la playa de Santa Kilda en Melbourne con los compañeros de La Sexta, a torrarnos al sol inmisericorde que castiga el trazado malayo.

Si la historia tiende a repetirse, Alonso no debería bajarse del podio en este regreso con un buen monoplaza en Malaisia. Ya ha ganado en este circuito con dos coches distintos y podría hacerlo este año con un tercero, su flamante Ferrari. Siempre que vuelvo a esta pista es como un viaje en el túnel del tiempo. A la primera pole de Fernando con su Renault número ocho (el mismo que lleva en la actualidad), el día que se puso de pie y levantó el dedo con el signo del uno delante del mismísimo Schumacher. Y también el fin de semana por la tensión sobre su estado físico. Pasó toda la noche con 40 grados de fiebre por una infección. La mañana del domingo, en la habitación de los pilotos en el box, con olor a reflex y linimento me dijo que estaba mejor mientras le ponían paños fríos para bajar la temperatura. Tenía 38,5 grados de fiebre, y en ese estado logró marcarse un tercer puesto el día que Raikkonen sumó su primera victoria.

Esta vez por primera vez estoy en el hotel de los pilotos, el Pan Pacific y es cierto que se trata de una prolongación del paddock. Sólo McLaren y Virgin no están allí y puedo ver de cerca la tranquilidad con la que vive Fernando Alonso el fin de semana. Cuida este año tanto los detalles que evita todos los días bañarse en la piscina del hotel. Cuando lo ha hecho, los cambios de temperatura de estar al sol y de ahí al aire acondicionado generan problemas. A mí me molesta el oído y aquí el horario es peor porque cada día tengo que levantarme a las siete de la mañana para entrar en El Larguero. Claro que peor fue en 2003. Trabajé hasta las cinco de la madrugada el día de la carrera para preparar la primera historia por capítulos en un diario nacional sobre Fernando Alonso. Yo era joven y delgado, sólo estábamos tres periodistas en el circuito, y asistí al nacimiento de un mito. Ahora venimos del carrerón de Australia, de la remontada truncada por Massa, la exhibición de Hamilton (aunque castigando sus ruedas), la solidez e inteligencia de Button (que pidió pasar a seco), la increíble velocidad de Kubica y el triunfo del espectáculo de la F-1.
Esta temporada tenemos otros dos españoles en pista. Uno con la ilusión de su debut en un trazado apasionante para los pilotos, Jaime Alguersuari, y otro, Pedro de la Rosa, con el permanente brillo en la mirada desde que regresó a las carreras. Para ambos, el circuito malayo también puede ser un punto de giro hacia los puestos en los puntos. La lluvia y el calor suelen dejarnos buenas carreras.

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