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miércoles, 30 junio 2010

Por Carlos Miquel

Que te den ya el trofeo, Lewis

Hola a todos, perdonad por la tardanza. En Canadá un amigo de las carreras me lesionó jugando al fútbol el dedo gordo del pie (doble fisura) y pasé mal la carrera entre dolores. Fue un gran premio en el que Alonso rozó el milagro de ganar a unos McLaren más poderosos. Dos semanas después se ha producido el escándalo de Valencia, una de esas ocasiones en las que un periodista se pregunta si de verdad merece la pena informar de un deporte tan manipulado e intervenido como la Fórmula 1.

Nailton

Con los años, aunque me costó, he aprendido a interpretar la obsesión de los equipos por intervenir en la lucha de sus pilotos y, por tanto, en el resultado de las carreras. Si una escudería quiere, uno de sus pilotos nunca será campeón. Y eso es algo que a veces ha decidido títulos mundiales o ha servido para que perdiéramos en el camino a estrellas como, por ejemplo, Juan Pablo Montoya.  Pero por lo que no paso y aún me sigo rebelando es por los errores arbitrales, la, en mi opinión, manipulación del director de carrera Charlie Whiting en favor de McLaren. Está bien, si quieren que el Mundial lo gane Lewis Hamilton, que se lo den ya y me ahorrarán un montón de trabajo y de sinsabores para mi familia. Que sonría, se abrace a su discreta novia que no aparece nunca en pantalla, y nos dé unos meses de tranquilidad sin escuchar sus mentiras: “Aceleré al llegar a la recta no pude evitar pasar al coche de seguridad”. Los vídeos demuestran que frenó para que Alonso se quedara detrás de él.

Es inadmisible que el afán de un piloto por hacer bandazos en una recta, segar los tobillos de los mecánicos en boxes (por suerte no lo logró, pero ya lo ha hecho dos veces), no llevar su coche al pit lane por lograr la pole con menos gasolina que sus rivales, y frenar deliberadamente a un rival para aprovecharse de un coche de seguridad (sin contar con que lo adelantó) se quede siempre sin castigo. En los primeros casos porque se resolvió con una advertencia y una multa al equipo (y se aseguró que sería castigado con drive through a la siguiente), y en el último porque debería haber sido excluido de la carrera por conducción antideportiva. Así lo valoraron los comisarios en 2006 cuando le excluyeron de la primera carrera de GP2 por adelantar a un coche de seguridad.  

Es mentira que sólo se le pudiera sancionar con un drive through (el reglamento permite echar mano del código deportivo internacional para sanciones mayores)  y es absolutamente falso que los procesos de decisión deban ser tan largos. En el GP de China tardaron ¡tres vueltas! En notificarle a Alonso que se había saltado la salida. El asturiano salió dos décimas antes de lo habitual respecto a otras carreras, pero la vulneración del reglamento fue sólo por 35 milésimas. En realidad, lo justo es eso, y no lo que pasó el pasado fin de semana en el GP de Europa. Whiting y los comisarios tardaron quince largas vueltas en tomar su decisión. Estuvieron midiendo lo que se ve a la primera, que cuando lo adelanta, el Mercedes ya está en pista (ya ha pasado la última línea de salida de boxes o segunda línea del SC). Tanto, que llegaron a la conclusión de que fue sólo por 77 centímetros. Así le daban tiempo al simpático niño mimado a subir al podio. Un Hamilton, por cierto, al que, como bien dice Javier Rubio, dan ganas de mandarle callar al estilo del Rey a Chavez. Después de la que ha caído se ríe de todo: “La FIA está haciendo un trabajo increíble, porque nos deja correr”.

Por primera vez en mucho tiempo, toda la prensa internacional excepto la inglesa ha sido unánime con la injusticia del domingo. También Carlos Sainz, o los aficionados en las gradas, que no se creían cómo los dos Ferrari podían estar escoltados por dos coches FIA mientras Vettel y Hamilton iban a una buena velocidad. Ahí llegó el error táctico de Ferrari, que debería haber mantenido a sus dos coches en pista y así no le hubieran pasado los seis pilotos que pararon antes en boxes (cuatro de ellos, incluido Button, a más velocidad de la permitida).

En suma, Alonso se quedó momentáneamente el once y Massa el 18 en un gol a Ferrari que no se hubiera producido en otros tiempos. Con el robo ya consumado y a la espera de otras sanciones, remontaron menos de lo que hubiera querido la afición en una pista, todo sea dicho, en la que se han producido seis adelantamientos en tres temporadas.

Ferrari

La pérdida de poder de la escudería italiana en la F-1 en estos últimos años es sangrante. Domenicali, al que aprecio personalmente, debería haber sido más duro. Y, cuando es Montezemolo el que ataca, al día siguiente le hacen suavizar sus declaraciones al asturiano. Esperemos que sea fruto de un acuerdo que sirva para relevar a Charlie Whiting de la dirección de carrera. Que se haga en un Consejo Mundial y se vaya a su casa para depurar este deporte.

Esperemos que Alonso siga luchando por el título. Si no es así, quiero que gane Vettel, Webber o Button. Cualquiera antes que un piloto rapidísimo, pero antirreglamentario y al que le gusta ganar a cualquier precio.

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miércoles, 02 junio 2010

Por Carlos Miquel

Pues sí, había que apostar por Vettel para Turquía

Las órdenes de equipo existen, aunque estén prohibidas (a mi juicio hipócritamente) por el reglamento. También existe, aunque esté prohibido por el reglamento, la posibilidad de bajar las revoluciones de un motor desde el muro. Si un equipo quiere, puede quitarle treinta caballos a un motor sin que un piloto se entere. Sólo con jugar con el encendido. Un sistema de salida peor tarado que el de tu compañero de equipo puede hacer perder a un piloto la batalla en la salida. Y, como vimos en Turquía, Red Bull y McLaren pueden apostar descaradamente por Vettel y Hamilton, respectivamente, en la séptima carrera del Mundial. Y el que no lo ve, es que no quiere hacerlo. O vive en un mundo irreal, o, simplemente, los colores del póster de su ídolo le nublan el entendimiento.

  Vettel1


A Webber le pidieron que bajara el rendimiento de su motor (“ahorra gasolina”) para que le pasara su compañero de equipo, el nervioso aspirante a grande de la Fórmula 1. Sin el talento y ultravelocidad pura de Raikkonen. Ni la agresividad y habilidad en el cuerpo a cuerpo de Hamilton que, por cierto, le pasó por fuera en la primera vuelta, y al que nunca habría superado de no fallar los mecánicos de McLaren en boxes. Tampoco es un martillo en su ritmo de carrera como Alonso. Y sabe menos de poner un coche a punto que un reconocido ‘campeón’ como su compañero australiano.


A mí me encanta Vettel, pero el de antes, el que ganó con un Toro Rosso en mojado en Monza, y no el que penó unos malos reglajes en la pista cambiante de China. El chico de oro se ha desgastado por la presión (salida de pista de Barcelona cuando volaba para que no se le escapara Hamilton, estabilizadora rota contra un piano en Turquía, cafrada contra su compañero en Estambul…). Y este es su año de todo o nada. Si no gana el título, se quedará en el escalón que ahora ocupa, el de los estupendos pilotos que no rematan la faena.

  Vettel2


El equipo está con él, como demostró el doctor Marko al justificar su exceso de vista al cerrar demasiado pronto el coche con un “buscaba el lado limpio”. Y también al poner en jaque las aspiraciones al título del otro monoplaza, camino de su tercera victoria consecutiva. Tenían que desempatar la igualdad en la clasificación a favor de su niño. Ya empezó en la parada en boxes, donde, según Webber, “mis mecánicos tardaron demasiado”. Y después, entre las vueltas que van de la 38 a la 40. Mark, 33 años, en el que muchos hace tiempo que habíamos dejado de creer, también tiene su orgullo, y le dejó el hueco justo, y por lo sucio, para que pasara. Su compañero lo hizo, pero se puso demasiado nervioso una vez más.


Podría haber cerrado medio segundo más tarde. Pero, en mi opinión, quería asustarle por no dejarse pasar más cortésmente. Hizo los gestos de si estaba loco porque era un adelantamiento pactado y aceptado a regañadientes por su rival. Horner ha salido cinco veces a hablar en los últimos días para evitar una investigación FIA, y con milongas porteñas como la del consumo, y la vuelta extra que había ganado el alemán. Como expliqué en el post anterior, el jaque al australiano ya empezó cuando anunciaron públicamente lo del chasis tocado de su compañero en las dos últimas carreras.


El paddock de Estambul fue un clamor, y el escándalo de la bronca del equipo de la bebida energética se fue extendiendo de motorhome en motorhome. Así me enteré yo, aunque yo no estoy en mi casa viendo internet, que así sabría más cosas (perdón por el sarcasmo). En McLaren sometieron la insurrección de Button, pero pronto habrá alguien que intentará desmentir esto que digo con una declaración oficial de la escudería. Resulta cuando menos irritante que al vigente campeón Jenson lo pararan frente a su compañero desde la vuelta 30. Pero, por lo menos, ahora ya no presumen, como en 2007, de ser el equipo de la igualdad.


Y luego están los ‘expertos’ que pisan un circuito una vez al año. Y que hablan como si fueran ellos mismos la Fórmula 1. Esos que niegan las órdenes de equipo porque piensan que es un delito decirlo, o que no hablan porque así creen que quitan la magia a las carreras. Yo siempre les digo lo mismo, la F-1 es como Ben-Hur, los coches tienen trampas (que debe descubrir la FIA, cada uno tiene su papel), y la mentalidad de todas las escuderías es ganar a cualquier precio. O manipular las cosas para conseguir sus objetivos. No es que yo defienda que sea así. Sería mejor más limpia. Lo único que creo que se debe hacer es sentarse ante el televisor, relajarse y disfrutar con el espectáculo. La misión de los que lo seguimos carrera a carrera será contarles por qué se producen todas esas cosas.  

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