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06 agosto, 2017 | 20:18

¿Después de Usain Bolt? El desierto dentro y fuera de las pistas

BOLT BOLTLa derrota de Usain Bolt en los 100 metros de los Mundiales de Londres, este sábado, cierra una etapa de la velocidad y abre un periodo de incógnitas difíciles de despejar. En primer lugar, y sinceramente, he de decir que la victoria de Justin Gatlin no es una buena noticia para mí y creo que no lo es para millones de aficionados al atletismo. Porque al hombre que ha iluminado el atletismo mundial en la última década le ha batido en su última carrera individual un atleta que tiene un turbio historial de dopaje, con dos sanciones, una de ellas de cuatro años. No, no me parece una buena noticia que el nuevo rey de la prueba estelar de nuestro deporte sea un velocista con un pasado manchado por la excesiva y dopante testosterona.

 
 

El público que abarrotaba el Estadio Olímpico londinense abucheó al nuevo campeón y él les ordenó silencio con el índice vertical sobre los labios. Amainó la bronca, pero creo que más por el gesto que hizo cuando Bolt se acercó a él (se arrodilló y le hizo un acto que era mitad de sumisión y mitad de homenaje) y por el abrazo que le dio el monarca destronado, que, a su vez, miró a la grada con un gesto que me pareció de reprobación.

Supo perder Usain Bolt, supo engrandecer aún más su carrera acercándose al hombre que le arrebataba su ilusión: retirarse de los 100 metros con una victoria en Londres, en el estadio en el que ganó hace cinco años tres de sus casi innumerables medallas de oro. Bolt nunca ha reprochado nada a Gatlin, nunca habló del pasado del chico de Brooklyn.

Sabíamos que Usain Bolt sabía ganar. Ahora sabemos que también sabe perder. Sí, su figura se agigantó ayer, no empequeñeció. Perdió, pero ganó. Cerró, y nos cerró, una página dorada de la historia del atletismo. Todos debemos estarle agradecidos a este hombre de 30 años (cumplirá 31 el día 21 de este mes) que ha llevado los horizontes de la velocidad más allá de lo que nadie hubiera podido nunca imaginar.

¿Y tras la Era de Usain Bolt?

Pues entramos en un periodo de transición, porque se supone, por razones de edad (tiene 35 años), que Justin Gatlin debe ser un monarca breve. Hay que reconocerle una capacidad de lucha inmensa, porque se ha levantado de esas sanciones impuestas en su momento y regresó, presuntamente limpio, más rápido que cuando oficialmente estaba dopado. Recordemos que ya fue campeón mundial en Gotemburgo 2005, tanto en 100 como en 200 metros.

La plata fue el hombre que, junto al lesionado Andre de Grasse, representa el futuro: el estadounidense Christian Coleman, de 21 años. Nació el 6 de marzo de 1996, en Atlanta, pocos meses antes de que su ciudad natal acogiera unos Juegos Olímpicos en los que el canadiense de origen jamaicano Donovan Bailey iba a batir, precisamente, el récord mundial de 100 metros, con 9.84. Un registro, por cierto, bastante superior en calidad al que se necesitó ayer para vencer en Londres (9.92).

Coleman es la antítesis de Bolt: más de veinte centímetros más bajo (1,96 por 1,75), mejor en los tacos de salida, pero lejos de la capacidad de Usain para mantener su velocidad punta hasta los 80 metros. Capacidad, por cierto, única en el mundo y probablemente en la historia. No se conocen marcas oficiales del jamaicano en los 60 metros, mientras que el velocista de Georgia está acreditado nada menos que en 6.45, un registro de alta calidad. En la final londinense fue el más rápido en abandonar los tacos: 123.

El estudiante de la Universidad de Tennessee (por cierto, por allí pasó también, curiosamente, Justin Gatlin) ha progresado de forma espectacular en los últimos dos años: 10.18 en 2015, 9.95 en 2016 y 9.82 en esta temporada, registro que le coloca en lo más alto de las listas mundiales. Es un magnífico atleta, pero no le veo capaz de atentar contra los récords que deja El Relámpago: 9.58 y 19.19. A decir verdad: no veo a ningún atleta actual capacitado para desbancarle.

Andre de Grasse, el ausente

¿Y Andre de Grasse? Tiene 22 años, estudia Sociología en la Universidad del Sur de California, su padre es de Barbados y su madre de Trinidad. Quiere esto decir que, como otros canadienses del sprint (Donovan Bailey, Bruny Surin…), en sus venas fluye sangre caribeña. Tiene una marca personal de sólo 9.91, pero es muy competitivo: fue bronce en los Mundiales de Pekín 2015 y repitió ese metal en los Juegos de Río 2016. En Londres no ha competido a causa de una lesión.

No hay que olvidarse de Wayde van Niekerk, el sudafricano que es el único hombre en la historia que ha bajado de los diez segundos en los 100 metros, de los veinte en los 200 y de 44 en los 400 metros. Pero le veo más como velocista largo, de 200-400. No me lo imagino en 9.58 en el hectómetro y me cuesta pensar, también, que vaya a hacer 19.19 en la media vuelta a la pista. Sin embargo, es un portento colosal en 400 y en Londres no descarto un récord mundial… pero esa es otra historia.

El desierto

Sí, creo que después de Bolt vamos a atravesar el desierto, y no sólo en cuanto a marcas se refiere, sino a esa capacidad de asombrar y divertir que tenía Bolt, a esa capacidad de deslumbrar incluso a los que sólo se acercan al atletismo cuando él compite. Ese carisma no se entrena. Es un don especial que el hombre de Sherwood Content (en la parroquia de Trelawny, Jamaica) tenía ya con quince años, cuando se proclamó campeón mundial júnior en Kingston, la capital de la isla caribeña.

Tenemos un consuelo: dentro de unos días le veremos de nuevo en busca de otra medalla, aunque sea en el relevo. Y aunque nos sepa a muy poco.

04 agosto, 2017 | 14:19

Mundiales de Londres: Bolt, sí, pero Van Niekerk, Manyonga, Taylor, Wlodarczyk...

BOLT DE GRASSEComienzan los Campeonatos Mundiales de Londres en los que veremos competir por última vez a Usain Bolt, el mejor atleta de todos los tiempos, en mi opinión, e insisto en lo de mejor atleta, más allá de la velocidad. Marcas de ensueño, que parecían imposibles hace nada, acumulación de medallas olímpicas y mundialistas... Lo que ha hecho Usain no lo ha hecho nadie y no sé si alguna vez alguien más lo hará.

Londres está impregnada de Usain Bolt, pero hay mucho más, como siempre, porque, salvo las excepciones habituales en estos casos, por baja forma o por lesión, en la capital británica estarán los mejores. Incluso habrá un buen grupo de rusos, con autorización para competir como independientes aunque su federación siga en el ostracismo. 

En 200 y 400 metros veremos a Wayde van Niekerk (junto a Bolt en la fotografía), del que yo espero un récord mundial apoteósico en la vuelta a la pista, ya por debajo de los 43 segundos, con lo que disfrutaríamos de uno de los momentos culminantes en la historia del atletismo. El sudafricano (43.63 este año) se está dosificando, pero se encuentra en gran forma. Además, tendrá el acicate del estadounidense Fred Kerley (44.70) y del botsuano Isaac Makwala (43.84). La carrera será extraordinaria, sin duda. 

En 5.000 y 10.000 metros Mo Farah intentará su tercer doblete mundial consecutivo en la que también será su despedida de las pistas, aunque no del atletismo: ahora le espera una segunda etapa sobre el asfalto, que estoy seguro de que va a ser fructífera. Farah es una de las grandísimas estrellas del atletismo actual y uno de los más grandes fondistas de todos los tiempos, aunque le ha faltado siempre hacer marcas extraordinarias (más extraordinarias de las que hace, quiero decir) para convertirle en el mejor de todos los tiempos. Porque lo ha ganado absolutamente todo, pero no ha batido ningún récord del mundo y, en pista, ya no lo batirá. 

En longitud tengo curiosidad por ver de nuevo a Luvo Manyonga, otro de los representantes de este nuevo y poderoso atletismo sudafricano que ha explotado en los últimos tiempos. Hombre capaz de saltar más allá de 8,60 metros, habrá que comprobar si está capacitado para aproximarse a los registros que hace algunos años conseguían Carl Lewis, Mike Powell, Iván Pedroso...

El estadounidense Christian Taylor creo que puede ofrecernos, quizá, un récord mundial en triple. Amenaza insistentemente al británico Jonathan Edwards, que le faltan unos pocos centímetros para desbancarle. Como Van Niekerk con Makwala, tiene un gran acicate en su compatriota Bill Claye, rivales en la pista, pero amigos desde hace muchos años. 

En lanzamientos, creo que el espectáculo principal (aunque en unos Mundiales, todo es un puro deleite) estará en peso, con cuatro hombres más allá de los 22 metros, y en la jabalina, con un gran duelo alemán. En el primer caso, lideran la lista de participantes los estadounidenses Ryan Crouser (22,65) y Joe Kovacs (22,57), claramente superiores al resto, entre los que destacan, y de qué manera, el neozelandés Tomas Walsh (22,04) y el checo Tomas Stanek (22,01). 

En jabalina, los germanos Johannes Vetter (94,44 metros este año) y Thomas Röhler (93,90) harán volar muy lejos sus dardos, aunque la plusmarca del checo Jan Zelezny (98,48) se me antoja todavía lejana. 

En categoría femenina siempre son un espectáculo las velocistas Elaine Thompson, la jamaicana que ha tomado el relevo de su compatriota Selly-Ann Fraser-Pryse, actualmente embarazada, y, por parte europea, de Dafne Schippers, que ha declarado, por cierto, que está harta de que la acusen de dopaje porque tiene algo de acné. Es lógico que le moleste. 

En mediofondo y fondo veremos sucesivas oleadas africanas, quizá con alguna excepción europea, y en salto de altura tengo mucho interés por ver si la rusa Mariya Lasitskene es capaz de superar los viejos 2,09 metros de Stefka Kostadinova y de comprobar si Ruth Beitia está más fuerte de lo que parece, según comentan en su entorno. Y otro récord que podría caer es el de la polaca Anita Wlodarczyk en lanzamiento de martillo, que ella misma acarició hace unos días. 

¿Y por parte española? Creo que este no será un equipo de medallas e incluso no me sorprendería nada el hecho de que volviéramos de vacío en este aspecto. A Ruth no me la imagino (y ya lo siento) en el podio, y Orlando Ortega tendrá que luch
ar mucho para subir a él, porque hay varios hombres muy igualados y cualquier mínimo error se pagará carísimo en una prueba de absoluta precisión como los 110 metros vallas. 

Bolt, sí. Pero mucho más. En unos Mundiales siempre hay mucho más que una estrella, aunque los focos estén ahora más que nunca sobre el jamaicano por aquello de que lo deja. ¿Quién será su sustituto en el fervor popular? Quizá Van Niekert. Calidad atlética tiene para ello, pero tendremos que comprobar si también tiene el carisma necesario. 

 

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