« septiembre 2012 |
Inicio
| noviembre 2012 »
domingo, 28 octubre 2012
Jonny Wilkinson conoció muy de cerca la depresión. El medio apertura de la selección inglesa de rugby, uno de los más grandes de la historia del deporte del balón ovalado, cuenta en su autobiografía cómo su mente fue cayendo en picado en el año 2006. "Sufrí varias lesiones ese año y me obsesioné con la imposibilidad de entrenarme, aquello me fue hundiendo. Tuve una depresión grave". Wilkinson pidió ayuda con rapidez y, gracias a su psiquiatra y a sesiones inspiradas en el budismo, logró curarse.
La depresión es un gran tabú en el mundo del deporte. Nadie habla de ello pero está ahí. El deportista profesional sufre enormes presiones, como la batalla semanal para ser elegido y tener éxito, la fugacidad de las victorias y los estados de forma, el infierno de las lesiones, la abrupta desaparición de la gloria y la adrenalina cuando llega la retirada... Las grandes figuras del deporte no son ajenas al monstruo de esta enfermedad mental. Al fín y al cabo, los psiquiatras siempre explican que la depresión y la ansiedad son dos caras de la misma moneda.
El deporte español no ha sido ajeno a la depresión, y a su peor aliado, el suicidio. El waterpolo, el atletismo, el boxeo, el ciclismo... son muchos los deportes que han sido golpeados con dureza por esta patología y es hora de que este asunto vaya saliendo de debajo de las alfombras. En Irlanda lo han conseguido.
El próximo mes de marzo se celebrará en Dublín un evento diferente, original, con mucha creatividad y mucha generosidad. Ocho exjugadores de rugby boxearán en una velada solidaria. El objetivo es recaudar fondos para ayudar a jugadores de rugby con problemas de depresión. Freddie Tuilagi, ex-internacional con Samoa, será uno de los púgiles novatos. "No sé si tuve depresión o no -explica Tuilagi-, quizá no llegué a eso. Pero perdí mi camino totalmente. Me dediqué a la bebida y gané mucho peso. Ahora quiero que mi ejemplo ayude a otros". Tuilagi se ha tomado muy en serio la velada de Dublín y ya se prepara a conciencia. Ha perdido ocho kilos.
Archivado en
lunes, 22 octubre 2012

A Lance Armstrong lo han tumbado entre todos. 15 ciclistas
son muchos, demasiados testimonios, coincidentes en muchos aspectos acerca de
sus prácticas dopantes. Ha sido la cantidad de testimonios la que ha convencido
a la Agencia Antidopaje Estadounidense (USADA) de la culpabilidad del tejano.
Pero no la calidad de esos testimonios y ni siquiera la identidad de los
testigos. Muchos de ellos son auténticos tramposos, dopados y cazados por el
sistema. Gente difícil de creer.
Los escándalos de dopaje (lo vimos en el ‘caso Marta
Domínguez’, que cambiaba de un lado a otro casi a diario) se comportan igual
que un péndulo. Cuando se escora mucho hacia un lado, regresa con fuerza hacia
el contrario. Cuando un deportista parece muy culpable, de pronto sus abogados
comienzan a mover indicios de lo contrario y cuando un dopado parecía comenzar
a escurrirse, enseguida aparecían evidencias de más peso que lo volvían a
inculpar.
En realidad, la UCI (a la que no conviene nada airear sus
propios errores del pasado) no podía hacer otra cosa. Se ha visto obligada a
retirar todos los Tours a Armstrong porque el péndulo, como si de un gigantesco
botafumeiro se tratase, se le venía encima con toda su violencia. Armstrong ha
caído y la UCI también ha estado a punto de caer.
El ciclismo vivió sin mirarse al espejo, en medio de una
realidad falsa, con doble moral. Sucedió en los años noventa, en realidad hasta
2003, cuando los tests de EPO por sorpresa comenzaron a ser eficaces. Y la
terrible paradoja es que este deporte está viviendo y sufriendo su catarsis en
un momento absurdo: precisamente cuando más limpio está.
Archivado en
domingo, 21 octubre 2012
En Dinamarca se han tomado en serio el tratamiento de la hipertensión. Más allá de los fármacos que reducen la presión arterial, los investigadores están profundizando en la forma de que estos pacientes realicen ejercicio físico, una parte esencial del tratamiento. El Hospital Gentofte de Copenhague, en colaboración con la Universidad de Exeter (Inglaterra) han estudiado a un grupo de 33 varones, con hipertensión moderada o grave, con edades comprendidas entre los 33 y los 51 años. Ninguno de ellos realizaba ejercicio físico de forma habitual.
El grupo fue dividido en dos. Unos realizaban sesiones de entrenamiento de fútbol de una hora de duración, dos veces a la semana (en las que alcanzaron 155 pulsaciones por minuto como frecuencia cardiaca media). Los otros se limitaban a seguir recomendaciones médicas con vistas a modificar los factores de riesgo cardiovascular.
Las conclusiones no dejaron lugar a dudas: el entrenamiento de fútbol disminuyó los factores de riesgo cardiovasculares y mejoró la forma física. En concreto, después de seis meses, los integrantes del grupo de fútbol vieron reducida su presión arterial máxima de 15,1 a 13,9 en promedio y la mínima de 9,2 a 8,4. Estas reducciones fueron mejores que las del otro grupo.
El consumo máximo de oxígeno, uno de los mejores medidores de resistencia aeróbica (capacidad para aguantar esfuerzos de larga duración) se elevó de 32,6 a 35,4 en el grupo que entrenó fútbol. A su vez, este grupo presentó una disminución de 8 latidos por minuto en su frecuencia cardiaca de reposo (otro indicador de forma física) y vio además rebajados los índices de rigidez arterial. El otro grupo no experimentó mejorías.
El doctor Krustrup, investigador principal del estudio, concluye que seis meses de entrenamiento de fútbol consiguen mejorar la capacidad aeróbica, la forma física y disminuyen la presión arterial. "Para los hipertensos de entre 30 y 50 años, el fútbol supone un entrenamiento muy beneficioso y una intervención más eficaz que limitarse a seguir los consejos médicos sobre la mejora de los factores de riesgo cardiovascular", concluye Krustrup.
Archivado en
viernes, 12 octubre 2012

“I have never doped!”. “¡Nunca me he dopado!”. El
vídeo es de 2005. En un impresionante primer plano, Lance Armstrong mira a la
cámara de la CNN y lo dice, enojado, y con toda firmeza. “Lo puedo decir otra
vez, lo he dicho durante años, pero no sirve”, añade el tejano, como
denunciando una injusticia, sin dejar de mirar fijamente. Ahora sabemos que no
decía la verdad, que todo era impostado. Armstrong se dopó con testosterona,
con EPO, con transfusiones de sangre, con cortisona, rebajaba su hematocrito
con sueros salinos. Incluso era el gran capo del sistema de dopaje organizado
de su equipo, el que ordenaba a los compañeros que se doparan más. Y son
precisamente ahora sus compañeros los que han sepultado todos sus triunfos.
El mundo del dopaje ha vivido siempre en una realidad
paralela. Se autojustifica en la mentira de que todos los rivales se dopan y sus
protagonistas se van viendo arrastrados a una espiral sin fin, un remolino del
que sólo es posible salir con sacudidas que rompen de golpe la lógica de la
trampa. En España, por desgracia, ni la ‘operación Puerto’ ni la ‘operación
Galgo’ llegaron hasta el final. Ambas quedaron en un extraño limbo, el peor
escenario posible, un escenario que dejó a Madrid sin Juegos Olímpicos en dos
ocasiones consecutivas. En el atletismo español hace no mucho escuchábamos una
frase terrible, que sacudió a todo nuestro deporte: “¿Tú con cuanto tiempo
limpias la casa por dentro?”.
Estados Unidos acaba de darnos un ejemplo de seriedad, de
rigor. La investigación llevada a cabo por la agencia estadounidense de lucha
contra el dopaje ha sido modélica, exhaustiva. En ningún momento tuvieron reparos
en terminar para siempre con la credibilidad de uno de sus grandes héroes
deportivos: Lance Armstrong.
Fueron muchas las ocasiones en que Armstrong negó su dopaje.
Y eso no es nuevo. De hecho lo más frecuente es que los deportistas de alto
nivel que se han dopado de forma continuada, nieguen todas las acusaciones. Cuando
son cazados, la gran mayoría de los que se adentraron en las tinieblas del
dopaje, lo niegan al instante. Ben Johnson siempre dijo que no se dopaba… hasta
que lo obligaron a plantarse delante del juez Dubin y cambió de versión. Otra
velocista, Marion Jones, fue a la cárcel precisamente por mentir. No ingresó en
prisión por dopaje sino por perjurio. Pero reconoció su error y pidió perdón al
pueblo americano entre lágrimas. Justamente ése es el siguiente y difícil trance
que deberá afrontar Lance Armstrong. Porque es su única posibilidad de redención.
Archivado en
jueves, 11 octubre 2012
Están transformando el mundo de los corredores de fondo. Son los hombres que entrena Alberto Salazar, un excorredor de maratón estadounidense que creó el 'Proyecto Oregon' y ha conseguido plantar cara a los atletas 'imbatibles' de Kenia y Etiopía. Mo Farah, inglés, es uno de ellos, el actual campeón olímpico de 10.000 metros. Galen Rupp, estadounidense, subcampeón olímpico, es otro miembro del grupo. El tercero, de moda esta semana, es otro americano, Ritzenhein, que ha corrió el domingo el Maratón de Chicago en 2h07'.
¿Dónde está el secreto de estos atletas? Según el propio Salazar, "en correr bajo el agua". El técnico ha declarado que esto le permite aumentar volúmenes de entrenamiento sin que se lesionen. "Si les hago correr 220 kilómetros a la semana pueden tener problemas. Pero si corren 170 y les suman 50 bajo el agua, están a salvo".
Salazar, el entrenador de moda, el hombre que ganó tres veces el Maratón de Nueva York en los años ochenta y ahora guía la resurrección de los corredores de fondo americanos, defiende “el uso de la ciencia al servicio del deporte y extraer el máximo de las innovaciones tecnológicas aplicadas al entrenamiento”. En 2010 hizo público que sus atletas utilizaban la máquina Alter-G, que consiste en correr suspendido, sin notar los efectos de la gravedad. Su último invento tiene que ver con el agua.
Mo Farah, Galen Rupp y Ritzenhein se entrenan con regularidad en la piscina. La última innovación aplicada por el gurú Salazar se llama Hydroworx, quizá más una idea brillante que un avance tecnológico espectacular. Si los corredores ya utilizan con frecuencia las cintas rodantes en el gimnasio, ¿por qué no sumergirlas en el agua para suavizar los impactos?
“Intento que mis atletas corran el máximo número de millas semanales, pero de forma segura. Es el único secreto. El máximo kilometraje que puedan hacer sin lesionarse. Y ya está. Y para ello utilizo todo lo que me aporta la ciencia”. Las palabras de Salazar resumen su filosofía: acumular el máximo de kilómetros, pero sin cometer el error en el que él mismo cayó como atleta y que lo acabó retirando antes de tiempo. Salazar llegó a correr la brutalidad de 45 kilómetros diarios pero iba de lesión en lesión. Su obsesión es que sus atletas no se lesionen.
La cinta rodante subacuática ha tenido un efecto muy positivo en todos sus atletas. Además les permite sumar kilómetros adicionales trabajando de forma diferente la musculatura. Bajo el agua impulsan de otra forma y los impactos son muy suaves. Recibe además un chorro frontal de agua para mantener la posición.
Farah corrió en 2010 los 10.000 metros en 27:28. Después de tres meses con Salazar, el británico (que emigró de Somalia a los 8 años) batió el récord europeo y recortó 42 segundos a su récord personal.
“La clave de esta cinta bajo el agua –según señala Farah en un video tomado en un entrenamiento– está en que te permite entrenar pero protegiendo las piernas, casi sin desgaste. Si al día siguiente tengo un entrenamiento de muchos kilómetros, la tarde anterior me entreno en el agua. Así sumo más kilómetros y sin riesgo de lesión”.
El británico ya ha anunciado la fecha de su primer maratón. Será en 2014. Apuesto que su debut tendrá lugar en Londres
Adjunto el vídeo:
Archivado en
domingo, 07 octubre 2012
Hay una frase del entrenador de Amy Pejkovic que pone el vello de punta. "Me siento muy culpable porque cuando ella me decía que le dolía la cabeza en los entrenamientos realmente yo no la creía. Pensaba que estaba poniendo excusas para trabajar menos".
La protagonista de esta historia es una jovencísima saltadora de altura australiana que se proclamó subcampeona mundial juvenil a los 16 años. Fue en 2009. Amy, una chica cuya belleza la ha llevado a realizar algunos trabajos como modelo, superó el listón situado a 1,85 metros sobre el suelo y se colgó una medalla de plata llena de futuro para el atletismo australiano.
La saltadora de Sidney comenzó a tener dolores de cabeza a los 18 años. En muchos casos la obligaban a dejar los entrenamientos. De pronto, el pasado 1 de febrero, precisamente la mañana de su decimonoveno cumpleaños, los dolores de cabeza la dejaron ciega durante unos instantes y le produjeron vómitos. Una hora después estaba en Urgencias.
"Infección en el oido medio". Fue el diagnóstico que recibió después de ser examinada por vez primera. Pero más tarde llegaría el dictamen de la Resonancia Magnética, esa maravilla que la Física ha cedido a la Medicina y que ha salvado ya miles de vidas, un herramienta diagnóstica casi perfecta.
Tumor cerebral. Cinco centímetros de tamaño. Esa fue la terrible conclusión del informe de los radiólogos. Una noticia devastadora para Amy y su familia. "A veces yo también pensé que mi hija exageraba los dolores de cabeza. Pensé que quizá quería dejar el atletismo para dedicarse a ser modelo", confiesa, también culpable, Leanne, madre de la saltadora. Amy había aparecido el año pasado en un reportaje fotográfico de la revista 'Vogue'.
Pejkovic, quien había soñado con competir en los Mundiales Junior del pasado mes de julio en Barcelona, entraba en los quirófanos de Neurocirugía del Hospital Adventista de Sidney el pasado mes de mayo. Por fortuna, la operación fue un éxito y la recuperación ha sido muy satisfactoria, según revela el diario 'The Sydney Morning Herald'.
"Amy ha pasado por el infierno y eso ha sido una lección para todos. Ahora sabemos que será capaz de conseguir lo que ella quiera", confiesa Hayden Knowles, su entrenador. La semana pasada volvió a los entrenamientos con la seguridad de que ya nadie volverá a dudar de ella. Los grandes atletas no mienten.
Archivado en
miércoles, 03 octubre 2012
Sigo teniendo una imagen imborrable en la memoria. Cuando Chema Martínez ganó el Maratón de Madrid, creo que hace dos o tres años, me impactó la fuerza con la que el de Las Rozas
subió la cuesta de Menéndez Pelayo y la forma de pisar, de puntillas, con mucha potencia, a pesar de estar ya en el kilómetro 41.
Twitter tiene una gran ventaja. La interacción con los lectores es inmediata. Hace unos días publiqué un tuit en el que recogía los resultados de un estudio sobre la pisada de los corredores de maratón. El trabajo, publicado en el 'International Journal of Sports Physiology' había analizado a los 2.000 corredores que tomaron parte en el Maratón de Milwaukee de 2011. ¿Qué analizaron? Simplemente la pisada, el primer contacto con el suelo. El primer contacto con el suelo, ¿era con el talón? ¿o impactaban con los dedos de los pies? me gustan mucho estos estudios: originales pero sencillos.
El caso es que las conclusiones fueron muy claras: el 94% de los corredores, en su mayoría de nivel popular, contactaban con el talón. Así de contundentes fueron las cifras.
Los investigadores, del Medical College of Wisconsin, llevaron a cabo el análisis en el kilómetro ocho de la carrera: no querían atletas fatigados. A nivel estadístico, no se hallaron diferencias entre los dos sexos, los porcentajes fueron muy similares. Pero sí encontraron diferencias significativas en otro apartado.
El estudio mostró que, cuanto mejores eran los atletas, mayor era el porcentaje de los que pisaban de puntillas. Es decir, al frente del pelotón de corredores había menos atletas que impactaban el suelo con el talón. Hace años hubo un estudio similar en el Maratón de Manchester que mostró otro dato interesante: en el kilómetro 10 había un 89% de corredores 'de talón' pero en el Km.30 el porcentaje había subido al 96. Cuando la fatiga aparece, cuesta más correr de puntillas: ésa era la conclusión.
Estos estudios dan alas a los partidarios de la corriente de 'correr descalzo', que avanza con fuerza en Estados Unidos y que preconiza que este método ayuda a prevenir lesiones. Pero éste es otro debate.
Archivado en