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Deporte y vida

José Luis López

Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.

SOBRE EL AUTOR

José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.

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14 junio 2014

Por José luis López

La hora de la psicología deportiva

¿Qué hay que hacer en el deporte cuando se sufre una aplastante derrota como la de España ante Holanda en el Mundial de Brasil? De entrada hay que decir que no es una situación nada novedosa. Constantemente, hay deportistas que pierden, incluso que fracasan (aunque es una palabra que no me gusta utilizar). Y también les ocurre a los mejores, a los que están acostumbrados a ganar. ¿Cómo se debe reaccionar?


De entrada, la selección española de fútbol tiene una ventaja con respecto a un atleta: puede reaccionar inmediatamente. Siempre decimos que no hay una próxima semana en los Juegos Olímpicos. Pero en este Mundial de fútbol, sí. Todavía se puede arreglar el desastre, aunque no se borre del todo. Es decir, hay una segunda oportunidad. Físicamente, no se puede cambiar casi nada. Tan solo pequeños ajustes: que entren en el once inicial otros jugadores que tal vez estén mejor desde el punto de vista físico, que tanto por el planteamiento de juego como por el nuevo rival el desgaste físico sea menor, o que las condiciones de temperatura y humedad sean más favorables. Pero son pequeños detalles que no cambian mucho las cosas, y desde luego se comprobó que físicamente España ante Holanda estuvo muy mal. Otro tema sería valorar en qué medida la mente acrecentó ese bajón físico.


Podría haber cambios tácticos, pero lo dudo. Un sistema de juego no se cambia radicalmente de la noche a la mañana. Eso sí, se pueden hacer ajustes importantes que den mejores resultados.


Entonces, ¿dónde está la clave para arreglar lo que ya se ha titulado “humillación”? Lo he dicho muchas veces, en la mente. La terapia individual y de grupo es ahora fundamental. Hay que luchar contra la ansiedad, el pesimismo, la inseguridad, el miedo, la depresión. Los grandes atletas saben controlar las peores situaciones; los mejores futbolistas también han de conseguirlo. De entrada, todas las lecciones que hay que extraer del partido contra Holanda han de ser positivas: saber por qué ocurrió, saber qué hay que cambiar, saber que se puede conseguir. Lo mejor de saber perder es que esa derrota te fortalezca. Ahora Vicente del Bosque es fundamental. Ha de transmitir serenidad, optimismo, seguridad, confianza.


No sería bueno apelar a que somos los campeones del mundo. Eso no sirve ahora. Lo fueron hace 4 años. En unos días concretos. Y ya está. Ahora, es “otra carrera”, totalmente distinta. Además, sería una falta de humildad. Hay que mentalizarse positivamente. Analizar todas las posibles situaciones que se vayan a dar en el partido contra Chile y tener una respuesta preparada para cada una de ellas. Y sobre todo trabajar la mente, la parte psicológica. No hay que tener miedo, ni pensamientos negativos. Ni siquiera imaginar qué pasará si España cae a la primera en Brasil.


Olvídate de las primas, de las críticas, de los medios, de las vacaciones, del prestigio, de tu club, del público, del fin de ciclo, del agotamiento del sistema, de los que ya están acabados… Todo eso no existe. Has de ser tú mismo. Tan humilde como seguro. Tan frío como apasionado. Has de correr tu carrera; no la carrera del rival. Eres muy importante para el colectivo. Has de saber qué puedes hacer muy bien, individualmente y en equipo, desear hacerlo con todas tus fuerzas, pero sin ansiedad. Y hacerlo. Es psicología deportiva. Hoy puedes estar en la noche más oscura, pero mañana puedes hacer que vuelva a brillar el sol.

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21 mayo 2014

Por José luis López

Una ocasión única para madridistas y atléticos

La final de Champions de este sábado es histórica. Por primera vez, dos equipos de la misma ciudad disputándose el máximo título continental. El Real Madrid, ante el escenario inédito de luchar en una final por lograr la ansiada "décima". Y el Atlético de Madrid, ante una oportunidad única de conseguir la primera Copa de Europa o Champions League de su historia, el único trofeo que no tiene en sus vitrinas, en el que puede ser, si gana, el mejor año de sus más de 100 años de existencia.

Se enfrentan, sin duda, los dos equipos que esta temporada han hecho más merecimientos para ser los reyes de Europa. Todo histórico, único, emocionante, una gran fiesta.

Pero hay algo más. Y personalmente es uno de los aspectos que más me interesa. Estamos ante una ocasión tal vez irrepetible para que madridistas y atléticos, y me refiero en esta ocasión a las aficiones, lleven a su máxima expresión los verdaderos valores del deporte. Y también los de la ciudad de Madrid, eternamente abierta y acogedora.

Miles de madridistas y atléticos, con o sin entrada, inundarán Lisboa. Los portugueses serán unos perfectos anfitriones. Eso no me preocupa. Pero lo que más desearía es ver a seguidores colchoneros y blancos disfrutando juntos de Lisboa, sin divisiones, sin guetos, sin más rivalidad que la puramente deportiva. Están ambas aficiones ante una ocasión única de dar una gigantesca lección al mundo de educación, de valores, de ciudadanía, de madurez, incluso de "madrileñismo".

La Delegación del Gobierno ha prohibido una proyección de la final en el centro de Madrid abierta a las dos aficiones por razones de seguridad. Tal vez tenga razón, pero es muy triste. Cuando la pasión por el fútbol (que en realidad lo es solo por un equipo en concreto y no por este deporte) lleva al fanatismo, a la exclusión, a la violencia y al odio, entonces la sociedad está enferma.

Está muy bien hablar de normalidad democrática o normalidad lingüística. Pero no hay que olvidar la normalidad cívica. Y esa no existirá mientras todavía haya niños que sufren el acoso (ahora se llama  "bullying"), la marginación o las burlas de sus compañeros por el simple hecho de ser de un equipo equivocado en la ciudad equivocada. El único de la clase que es de aquellos colores tan odiados. O mientras atléticos y madridistas no puedan estar juntos, pacíficamente, viendo el partido más importante de sus vidas.

Me encantan las parejas en las que cada uno de ellos o de ellas son de un equipo "rival". Y los amigos de toda la vida que llevan en el corazón unos colores futbolísticos bien diversos, pero su amistad es inquebrantable, se respetan y se toman con humor las victorias y las derrotas.

Algunos pensaréis que todo eso es imposible, que debo vivir en Disneylandia o que tal vez provengo de un deporte tan noble como es el rugby. Nada de eso. Simplemente sueño con que el equipo perdedor en Lisboa haga un pasillo saludando al campeón, que ambas aficiones reconozcan con aplausos la justicia del resultado y el esfuerzo de los suyos, que inunden de civismo y complicidad las calles de Lisboa, que puedan salir al mismo tiempo del estadio, y que las pasiones, las emociones y los sentimientos se mezclen con el orgullo común de ser de un equipo de esa gran ciudad que es Madrid. Quiero ser optimista: este partido lo pueden ganar ambas aficiones. Está en vuestras manos. A disfrutarlo.    

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16 mayo 2014

Por José luis López

En el adiós a Carles Puyol

Un día, hace unos cuantos años, en un programa de televisión me preguntaron si me gustaría ser famoso. Respondí que no. En la vida no se trata de tener fama sino de tener prestigio. Esa es la clave. Fama es que te conozca mucha gente, pero probablemente no por tus buenas cualidades. Eso es mala fama. Prestigio es que reconozcan positivamente tu profesionalidad, tu trabajo, tu coherencia, tu trayectoria. Por poner un ejemplo, muchos personajes de la "telebasura" tienen mucha fama, pero, a mi juicio, muy poco prestigio. En cambio, Plácido Domingo, por citar a alguien, tiene un gran prestigio. Y además, os aseguro que en el mundo es mucho más conocido que esos personajes que venden sus miserias de plató en plató e inventan personajes surrealistas.


Y digo esto porque hoy quiero hablar de Carles Puyol, en el momento de su despedida como futbolista. Vaya por delante que no conozco personalmente a Puyol, aunque sí tengo amigos que han trabajado con él como preparadores físicos y tácticos personales. Y muy excepcionalmente hablo de aquellas personas a quienes no he conocido, práctica que en cambio está muy extendida entre el género periodístico y la sociedad en general, donde parece que todo el mundo habla de todo el mundo con una gran ligereza, cuando en realidad casi nadie conoce a nadie, y deberían ser más respetuosos.


Pero creo que Carles Puyol abandona el fútbol envuelto en un gran prestigio, lo que hace que se le respete en todas partes. Yo le respeto y le admiro. Me gustan los deportistas que lo han dado todo por su equipo y sus selecciones, durante tantos años. Carles Puyol es un ejemplo de pundonor, de lucha, de profesionalidad. Y por supuesto de personalidad. No es fácil ejercer de capitán como lo ha hecho él. Ni tampoco afrontar con la ilusión de un debutante tantas lesiones en los últimos años.


Todos recordamos algunas imágenes que hablan muy bien de Carles Puyol, como cuando ha afeado la conducta de algún compañero en el campo que celebraba un gol de forma que pudiera molestar a la afición rival o cuando ha preferido que la atención siguiera estando en el desarrollo del partido, sin maximizar que se había lanzado un objeto al campo por parte de una persona de la afición rival. Y siempre lo ha hecho con naturalidad, discretamente, sin escenas para la galería. O cuando cedió el honor de levantar la Champions a Abidal, en una escena que tenía un significado humano enorme.
Seas del equipo que seas, o aunque no seas de ninguno, creo que todos debemos reconocer a Carles Puyol haber sido un excelente trabajador del fútbol, un buen ejemplo para los jóvenes deportistas. Alguien coherente, honesto, con prestigio. Respetado por todos.     

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08 mayo 2014

Por José luis López

Yago Lamela: adiós al mayor talento

La noticia del fallecimiento de Yago Lamela, con tan solo 36 años, me ha dejado helado. Cuando te llega una noticia así, en apenas unos segundos te vienen a la memoria todos los momentos que has vivido con esa persona.


De Yago Lamela tengo imágenes imborrables. Fue una explosión de aire fresco y de ilusión cuando en 1999 se convirtió en subcampeón del mundo de salto de longitud en pista cubierta en Maebashi, con aquel sensacional récord de Europa de 8,56 m. Después de la época dorada de Fermín Cacho, hacía falta un nuevo nombre, alguien joven que pudiera despertar el interés por el atletismo en la gente que no era de este deporte, y Yago, con su melena al viento en saltos espectaculares, era esa nueva gran estrella que necesitábamos. Y le vi saltar también en  el Mundial de Sevilla del mismo año, donde confirmó con su medalla de plata que ya era una gran estrella mediática.


Más tarde llegó el Mundial de París, en 2003, donde creo que no se valoró suficientemente su actuación. Y también narré muchos de sus saltos por el mundo, a pesar de su carrera relativamente corta. Y puede hablar con él en varias ocasiones. Era tímido, pero en ningún caso arrogante ni prepotente. Al revés, buena gente. Simplemente, un chaval a quien nadie enseñó a gestionar emocionalmente toda la expectación que había generado.


Pero además, tengo otros recuerdos del avilesino. Aquellos recuerdos de cuando él era un atleta de las categorías inferiores, muy lejos de la fama. En un campeonato de España junior me fijé en él y le dije a una de mis atletas que había un saltador que sería una superestrella. Ese saltador era Yago. Luego tuve el honor de contar con él en la muestra de atletas que participaron en mi tesis doctoral, cuando Yago entrenaba en Valencia, y puede confirmar lo que ya intuía: es el mayor talento del atletismo español que he visto jamás, incluso por delante del otro super talento que he podido conocer, Reyes Estévez. Los valores que daba en los tests de potencia no los he encontrado ni siquiera en algunos campeones olímpicos con los que he trabajado. Y al talento se sumaba que entrenaba al 110 %. Y tal vez eso contribuyó a que las lesiones (más la mala suerte) hicieran que se retirara demasiado pronto.


Pero permitidme dos comentarios más al respecto. En primer lugar, destacar a dos de los entrenadores que tuvo Yago Lamela. El de su tierra, Juan Azpeitia, un entrenador vocacional a quien admiro muchísimo y que es el responsable de hacer de aquel niño que ya saltaba casi 4 m a los 8 años, que jugaba con su padre a saltar cada vez más lejos en la playa, se convirtiera en una estrella mundial. Juanjo Azpeitia inoculó el dulce veneno del atletismo a Yago. Y esos son los entrenadores que me gustan, aquellos que no solo te entrenan, sino que también te transmiten una pasión por el atletismo que para siempre irás bebiendo gota a gota en tu vida. Y también, Rafa Blanquer, el entrenador que recuperó a Yago Lamela en unos momentos muy difíciles y le llevó otra vez a estar entre los mejores en el Mundial de París. No es tan fácil como tener un gran talento y ya saltará. Hace falta mucho más. Por ejemplo, la profesionalidad de un entrenador como Rafa Blanquer.


Y la última reflexión. Me preocupa mucho lo que pasa a los deportistas de éxito cuando se acaba su vida deportiva. Ya no hay entrevistas. Ni contratos. Ni autógrafos. Ni te reconocen. Eras una marca, una medalla, un número... Pues no. Eras y siempre serás una persona. Ahí es cuando aparecen los amigos de verdad, probablemente pocos. Y por supuesto, la familia, que casi nunca falla. Los auténticos. Cuando la vida se hace más real. Y hay muchos deportistas que lo pasan muy mal en esas situaciones. Tal vez Yago haya sido uno de ellos. Y tal vez debamos volver a pensar en cómo se puede ayudar a tantos deportistas para continuar en el mundo laboral una vez que los focos del escenario deportivo se han apagado. Para normalizar una vida que nunca es normal para un deportista de elite. Esa también debería ser una prioridad de nuestro deporte.


Descanse en paz Yago Lamela. Y ojalá ahora pueda seguir volando por el cielo, como hizo tantas veces sobre un foso de longitud, suspendido en el aire durante tres pasos y medio, libre,  mágico, único. 

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15 abril 2014

Por José luis López

Colo-Colo, “camp30n”

Ha coincidido el triunfo liguero de Colo-Colo con mi estancia en Chile, donde continuo la gira americana impartiendo clases de máster en diferentes universidades. Por eso, he podido vivir muy de cerca el triunfo decisivo sobre Wanderers en el Estadio Monumental, y la posterior celebración en la plaza Italia. Hacía varios años que Colo-Colo no se imponía en el campeonato, y con éste suma ya 30 títulos (30 estrellas), lo que explica el título de esta columna.

En Macul, en la ciudad deportiva de Colo-Colo, los niños que forman la cantera ven cada día en su vestuario esta inscripción: “El néctar del triunfo se bebe en la copa del sacrificio”. He aquí una de las señas de identidad de esta institución: la cultura del esfuerzo, que tantas veces he defendido en este blog. Y también el seguidor de Colo-Colo hace suya esta sentencia: “de atrás pica el indio”, es decir, que aunque el equipo vaya segundo, tercero o incluso más atrás en la clasificación, nunca se rinde y, desde ahí, atacará al líder para hacerse con su privilegiada posición.

Me cuentan algunos incondicionales del equipo, que tiene a un indio mapuche en su escudo,  muchas anécdotas del club, a lo largo de tantos años de historia, desde que derivó del Magallanes. Y también su eterna rivalidad con la “U”, el equipo de la Universidad de Chile, con quien por cierto estuve trabajando en 2008, en la época de Marcelo Salas, haciendo con el primer equipo estudios biomecánicos y valoraciones funcionales.

Pero esta vez, el título de Colo-Colo, tuvo una característica especial. Antes del inicio del partido los “wanderinos” mostraban una pancarta en apoyo al dolor por la tragedia de Valparaíso. La hinchada alba de Colo-Colo se identificaba en una simbiosis perfecta de emoción y solidaridad con la V Región, y aplaudían en un “todos con Valpo”. Era como si llegara al estadio el olor a madera quemada por el fuego, el llanto de miles de familias que lo habían perdido todo, la imagen de aquellos abuelitos que murieron abrazados. Wanderers, que no tenía en sus filas a algunos jugadores cuyas familias habían vivido la tragedia y no pudieron viajar, hizo lo posible por dar una pequeña alegría a su gente, pero el destino parecía indicar que la trigésima estrella debía bajar este domingo para los colocolinos, y el solitario gol de Felipe Flores bastó para hacerse con el título más sufrido y esperado de los últimos años. Pero os aseguro que la solidaridad con el dolor porteño, la de todo un país, era la mayor de las emociones que se podía vivir el domingo en las calles de Santiago. Era como si entre todos se pudiera parar el viento, y convertir las devastadoras lenguas de fuego en un grito de esperanza. ¡Fuerza Valpo!     

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11 abril 2014

Por José luis López

El “maracanazo”

“Vo… ¡No sean giles! Saquen acá que están los Campeones del Mundo”. Estoy en Uruguay, impartiendo classes de máster en una universidad de Montevideo. Y aprovecho los días para empaparme de la cultura futbolística de este país. Una buena manera, leer el libro “Maracaná. La historia secreta”, de Atilio Garrido. Es un best seller, que recrea deliciosamente el “maracanazo”, y nos explica que Uruguay llegó a aquella mítica y legendaria Copa del Mundo de 1950 tras un camino tortuoso y caótico. Es apasionante descubrir lo qué realmente pasó los días antes y durante aquel grandioso éxito del fútbol uruguayo, y llegas a la conclusión de que se conjuraron el milagro con el inmenso talento y la garra tan propia de los futbolistas uruguayos. Y en realidad, como dijo Zizinho, la gran estrella de Brasil: “Nos ganaron bien. En realidad, el equipo uruguayo era superior al nuestro”. Obdulio Varela, Roque Máspoli, Ghiggia, Schiaffino, Julio Pérez…  Nombres de leyenda, que ahora, más de medio siglo después, y ante el cercano Mundial de Brasil, reviven en una película que está arrasando en los cines uruguayos.

Recorro Montevideo y me asombro de la gran cantidad de partidos de fútbol en campos casi improvisados que se asientan en el terreno, cerca de la Rambla y el Río de la Plata. Me cuentan que más de 60.000 niños juegan a fútbol cada fin de semana en la capital uruguaya en las ligas de menores de hasta 12 años. Eso es impresionante. Uruguay vive el fútbol, ama el fútbol, respira fútbol como si fuera la respiración del alma. Y están muy ilusionados con lo que pueda hacer su selección en el Mundial, porque el listón se puso muy alto hace cuatro años y piensan mejorarlo. Luis Suárez no puede fallar, me dicen unos. Somos un equipo incómodo para cualquiera, me apuntan otros. El poblema es si nos toca un equipo europeo, temen los menos optimistas. Y hasta algún escéptico me asegura que el Mundial ya está amañado para que gane Brasil. Es la discusión del fútbol, la de los apasionados, la que llena de vida cada día en un país admirable.

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19 marzo 2014

Por José luis López

La radio del fútbol

Esta mañana he tenido el gusto de presentar junto a Vicente del Bosque el excelente libro "La retransmisión del fútbol en la radio", del periodista salmantino Alberto Pérez y editado como libro solidario por la Fundación CIDIDA (todos los beneficios de la venta del libro se destinan a la organización de acciones humanitarias en el deporte). El libro es la consecuencia de la tesis doctoral de Alberto Pérez, a quien podéis escuchar cada semana narrando el fútbol inglés en Canal Plus.

 

Y digo que es un placer participar en actos así porque la radio y el fútbol tienen una consolidada relación, desde la de los heroicos comentaristas a pie de campo a las narraciones "en colores" de la actualidad. Todo ha evolucionado muchísimo, pero no se ha perdido la emoción, la pasión, la magia, el romanticismo. Creo que hablar de radio y fútbol nos evocará a todos recuerdos de la infancia, seguimiento de una quiniela que siempre nos ilusionaba pero nunca nos tocó, tardes de domingo llenas de sabor y sonidos inconfundibles. La radio compañera, íntima, que pronto se convertiría en una más de la familia. La radio de la gente humilde. La radio con la que imaginabas cada detalle de un partido, y te hacía viajar incluso a los lugares más remotos del planeta. La radio que nunca desaparecerá. 

 

En España siempre se ha hecho una gran radio deportiva. Y he tenido la suerte de aprender de gigantes de la comunicación, trabajando con ellos en la SER o escuchándoles en otras muchas emisoras. Ahora, como decía mi admirado Vicente del Bosque esta mañana, todo parece más teatral. Es una gran función. Un espectáculo coral. Y lo mejor es que cada emisora, cada narrador, cada comentarista, cada animador tienen su estilo. Cada "canción" suena diferente. Pero la mayoría me gusta. Nunca he entendido las guerras de los medios ni he participado en ellas. En cambio, sí entiendo cuando un programa deportivo bien hecho, desde cualquier emisora, me emociona, me divierte, me transmite la información que busco.  Cuando un periodista hace de la narración deportiva todo un arte de la comunicación. Radio y fútbol: qué gran combinación.

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09 marzo 2014

Por José luis López

Una situación nada novedosa

Hablar de Ruth Beitia y hacerlo también de la actuación del equipo español en el Mundial de atletismo en pista cubierta de Sopot es irse de un extremo a otro. De Ruth Beitia siempre hay que hablar bien, y lo hubiese hecho de la misma manera si se hubiera proclamado campeona del mundo (que estuvo muy cerca), como si al final hubiera quedado cuarta. Ruth es desde hace muchos años un ejemplo, y se lo dije ayer en la zona mixta del Ergo Arena. Y lo es por muchas cosas: excelente profesional, apasionada del atletismo, le encanta competir y sabe hacerlo muy bien en cualquier circunstancia, fomenta valores muy positivos especialmente entre los niños, ejerce de capitana, es buena compañera, y está eternamente agradecida a su entrenador de toda la vida, Ramón Torralbo, de quien siempre se acuerda y no deja de apuntar los “24 años que llevamos caminando juntos”.  Lo que acabo de enumerar parece sencillo, pero es justamente lo más necesario. Para que el atletismo español funcione, además de numerosos cambios estructurales y programáticos que habría que hacer desde la cúpula directiva, basta con que cada atleta haga autoevaluación y responda si cumple lo que he descrito como características de Ruth Beitia.

 

Dicho esto, es cierto que la actuación general de España en Sopot ha sido mala, una de las peores de la historia, pero no por ello sorprendente. Afortunadamente en el Europeo de Zurich de este verano las cosas serán diferentes, pues es un campeonato más accesible, contaremos con una numerosa actuación y, aunque no será nuestro mejor campeonato, seguro que se conseguirán unas cuantas medallas y bastantes finalistas.

 

Pero yo sigo analizando a los países que nos han superado aquí en Sopot. Concretamente España ha sido vigésimo sexta en el medallero y trigésima en la clasificación por finalistas, que según Odriozola es la que realmente debería de contar. Y veo que Francia viene sin sus grandes estrellas (Lavillenie, Thamgo y Lemaitre), pero consigue dos medallas, Polonia realiza un Mundial sensacional con 3 medallas y 15 finalistas, Grecia llega con solo 5 atletas y se lleva una medalla de oro, y así podíamos seguir con países de todos los continentes, con presupuestos muy modestos, que lo han hecho mucho mejor. Lo de Polonia es un ejemplo: han preparado el Mundial con una profesionalidad y planificación impresionantes. Me lo contaban sus entrenadores. Y ahí están los resultados, con un equipo por cierto bastante joven. Es uno de esos países que desde hace unos pocos años trabaja muy bien. Y los resultados llegan. Y no es simplemente porque competían en casa. Eso en el atletismo, donde el público anima a todos los participantes y no abuchea a nadie, no es tan determinante.

 

Lo ha descrito muy bien mi compañero Ignacio Romo en su blog: escasa selección de talentos + precaria situación de los entrenadores, a lo que yo añadiría falta de motivación a los atletas y los clubes y ausencia de ideas originales para captar recursos, es igual a confiar solo en que aparezca una estrella prodigiosa de vez en cuando que maquille la realidad. Pero yo soy de los que creen más en el trabajo bien hecho que en la suerte que, caprichosamente, a veces toca a la puerta.      

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23 febrero 2014

Por José luis López

Talento, trabajo, juventud y éxito

He salido de la pista cubierta de Sabadell, donde se ha disputado el Campeonato de España de atletismo bajo techo, con una sonrisa esperanzadora, juncal y riente. Porque junto al respeto profundo que me merecen los atletas con solera, como Ruth Beitia (a quien veo con muchas posibilidades de ser campeona del mundo dentro de dos semanas), siento como si se abriera una ventana por la que entra aire fresco, limpio y primaveral, al comprobar que emerge una nueva generación, especialmente de chicas, que atesora un enorme talento. Es el caso, por ejemplo, de Ana Peleteiro y Fátima Diame, grandísimas protagonistas de la jornada de hoy, atletas júniors que han obtenido sus primeros títulos absolutos.

 

Permitidme que otro día os hable de Ana Peleteiro, que merece una entrada para ella sola en este blog, y que me quede ahora con Fátima Diame. Tenía muchas ganas de verla en acción. Con la cámara de alta velocidad he grabado cada uno de sus movimientos, a 300 imágenes por segundo, en longitud y 60 m, donde ha hecho un doblete histórico, no solo porque desde los años 80, con la histórica Sandra Myers, no se lograba, sino porque tiene tan solo 17 años.

 

Fátima me parece un talento descomunal, con un margen, no obstante, todavía muy grande en el aspecto físico y sobre todo técnico. Una y otra vez he repasado los videos y no me canso. Es una atleta polivalente, capaz de batir con cualquiera de las dos piernas en longitud, que sabe luchar hasta el último metro en velocidad y que tiene una ilusión enorme por triunfar.

 

Pero me quedo de ella con algunos detalles que para mí resultan muy importantes. ¿Qué hay detrás de esta chica? Para empezar, una escuela de atletismo, la del València Terra i Mar, donde comenzó a los 9 años. Eso es lo que no se ve. La labor que hacen los clubes de atletismo, en muchos casos heroica, para que los niños y las niñas practiquen atletismo y vayan forjando su vida deportiva. Y el trabajo del València Terra i Mar es extraordinario. Cuando Fátima llegue muy lejos en el atletismo internacional, sería muy injusto si solo nos fijáramos en esa gran medalla que llegará, en ese día glorioso, y no recordáramos lo que, unos cuantos años antes, pasaba en la vida deportiva de Fátima: su formación como atleta, ese pequeño milagro que significa haber llegado a la elite internacional.

 

Un segundo aspecto importantísimo: Fátima Diame es entrenada por Rafa Blanquer. Siento una admiración enorme por el técnico valenciano. La pasión que pone por el atletismo de su tierra, su grandísimo talento como entrenador, el trabajo constante, la profesionalidad... Si tuviera que elegir a unas pocas personas a quienes los dioses del Olimpo deberían regalar varias vidas consecutivas para seguir trabajando por el atletismo, sin duda Rafa Blanquer estaría entre ellas. Que entrene a Fátima Diame es una gran garantía. Y también un reto muy difícil, porque tendrá que trabajar muy especialmente para neutralizar las lesiones y otros contratiempos, hacer de la paciencia una virtud, y encauzar una progresión que en la mayoría de los campeones precoces no llega nunca.

 

Y un último detalle. Un día Fátima dijo, en una entrevista, que "lo que más me motiva es ver la cara de emoción de Rafa Blanquer cuando consigo algún triunfo". Con esa frase ya me ha ganado. Y el atleta que no entienda eso, debería replantearse muchas cosas.     

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16 febrero 2014

Por José luis López

Un récord espectacular

La pista cubierta es como el hermano pobre del atletismo. Algo así como la piscina de 25 m en natación. Y es una lástima, porque las competiciones en pista cubierta tienen unos componentes de espectacularidad, emoción y proximidad que hacen de esta modalidad un escenario excelente para ver también un gran atletismo. Para muestra, el récord del mundo que consiguió ayer Renaud Lavillenie en salto con pértiga. Diría que estamos ante la gran plusmarca de una temporada invernal que está siendo espectacular, aunque en España no tenga apenas seguimiento mediático, entre otras cosas porque ya pasó la época de las grandes reuniones internacionales bajo techo en nuestro país. 

Tras ver el salto de Lavillenie sobre 6,16 m, estoy seguro que todavía tiene un cierto margen de mejora, aunque ya no en esta pista cubierta, por cuanto por desgracia el francés se lesionó al intentar 6,21 m y no competirá en el Mundial de Sopot.

Hay que valorar el récord de Lavillenie como algo a la altura de las mejores plusmarcas al aire libre, esos hitos tipo Mike Powell en longitud, El Guerrouj en 1.500 m o Usain Bolt en 100 m. De hecho, los 6,16 m de Lavillenie son mejores incluso que la plusmarca mundial al aire libre (6,14 m).

Los que seguís mis narraciones de la Diamond League en Canal Plus sabéis que soy un fan absoluto de Lavillenie. Creo que es uno de los atletas más espectaculares del mundo. Su velocidad de entrada a la batida y clavada, y en la ejecución de las posteriores fases que componen el salto, es asombrosa. Cuando salta Lavillenie sabes que algo diferente va a pasar. Algo que te atrapará mucho más que los demás pertiguistas actuales. Un atleta, eso sí, muy diferente al mítico Sergei Bubka, al que ahora, 21 años después, ha destronado. Bubka era muy regular, una máquina de precisión (solo recuerdo haberle visto fallar en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92), mientras que Lavillenie arriesga mucho más y por eso ha fallado en más ocasiones. A Bubka le bastaba ir subiendo el récord de centímetro en centímetro, hasta llegar a 35 plusmarcas, mientras que Lavillenie es atrevido, osado, audaz, y no tiene reparo en poner el listón directamente en alturas casi imposibles. Bubka era frío y calculador. Lavillenie salta con el corazón. Incluso físicamente son muy distintos.

Como el mismo Lavillenie dijo ayer, ha entrado en otra dimensión. Ojalá se valore este récord como algo histórico, grandioso, sin la rebaja de mérito que suele suponer la coletilla de "en pista cubierta".

El diario L'Equipe predice que, en función de la generación actual de atletas, nuevos récords históricos pueden llegar en muy poco tiempo destronando plusmarcas de hace algunas décadas: el récord de Jonathan Edwards en triple salto, el de Michael Johnson en 400 m, el de Yordanka Donkova en 100 m vallas, el de Javier Sotomayor en salto de altura, el de Usain Bolt en 200 m (batido por él mismo, por supuesto), y sin duda el de Sergei Bubka en pértiga al aire libre. En cambio, ven imposibles los de Mike Powell en longitud, Florence Griffith en 100 y 200 m, Jarmila Katrochvilova en 800 m, Galina Chystiakova en longitud y Jan Zelezny en jabalina. Habrá que esperar a nuevas generaciones. Yo añadiría algunos más, como el de Marita Koch en 400 m, pero también creo que puede caer el de Kostadinova en altura en poco tiempo.

En cualquier caso, seguirá siendo la lucha del ser humano por superar sus límites, lo cual es una de las esencias más bonitas del atletismo. Porque cada vez que un atleta corre más rápido, salta más alto o lanza más lejos, nos sentimos un poco más orgullosos de nuestra condición de seres humanos.

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