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Deporte y vida

José Luis López

Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.

SOBRE EL AUTOR

José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.

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29 septiembre 2016

Por José luis López

Martín Fiz y las “Six Majors”

Tengo una grandísima admiración por Martín Fiz. Es un ejemplo clarísimo de lo que yo llamaría “ATLETA”. Nadie mejor que él para conectar con el atletismo popular, con los corredores que día a día, zancada a zancada, cimentan una forma de vivir. Él es un campeón del mundo de los que comparten la medalla a ras de suelo, con humildad, y también vivencias, dolores, miedos, dudas  y situaciones cotidianas de entrenamiento, de los que no se creen mejores que nadie y simplemente pretende ser cada día lo mejor de sí mismo. Correr es su vida, y eso solo lo puedes entender si, por lo menos, alguna vez  has decidido ponerte a correr. Entonces entiendes de sensaciones, emociones, retos y sueños. Entonces comprendes la razón por la cual Martín Fiz sigue devorando maratones a los 53 años.

El pasado domingo logró la victoria en el Maratón de Berlín, en la categoría de más de 50 años. Anteriormente había ganado en Nueva York, Tokio y Boston. Le queda vencer también en Londres y Chicago en 2017 para conseguir su gran reto, algo que nadie en el mundo ha conseguido antes: vencer en los 6 más prestigiosos maratones del mundo de forma consecutiva, como atleta veterano de su categoría.

Hablo con él y leo su blog en Runner’s World. Allí lo explica todo detalladamente.  Estuvo 25 días parado por una lesión, una rotura de fibras en el soleo. El 1 de julio comenzó su desafío hacia Berlín. 86 días de entrenamientos, 1.360 kilómetros (15,8 km al día de media), tres tiradas de 28 a 30 km, 94.600 kcal. quemadas en entrenamientos, una frecuencia cardiaca en reposo de 40 ppm y máxima de 172, una dieta basada en un 45 % de hidratos, un 40 de proteínas y un 15 % de grasas, más de 100 litros de agua… y una cervecita o un vaso de buen vino cada día.

Analizo uno a uno sus entrenamientos y me sorprenden la exigencia y los resultados. Martín se conoce tan bien, que fue capaz de pronosticar que haría 2.26.30 en Berlín, a 3.28 el km y ha llegado a la meta en 2.26.32, su mejor carrera en esta categoría. Prácticamente lo ha clavado (1.13.12 en el medio maratón y 1.13.20 en la segunda mitad), ritmos estables, de cabeza fría y piernas voladoras.

Me comenta Martín que si logra su gran reto de vencer en las “Six Majors” lo celebrará a  lo grande. ¿Cómo? Por supuesto, al estilo Martín: con su gente, con los corredores populares, a ras de suelo, corriendo. Y compartiendo. Así es Martín Fiz: puro maratón. 

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26 agosto 2016

Por José luis López

El valor de una medalla

¿Cuánto vale una medalla olímpica en Rio? Os lo voy a decir: una vida. Eso es lo que se desprende de uno de los gestos más bonitos y conmovedores que han acontecido tras los pasados Juegos Olímpicos.

El lanzador de disco polaco,  Piotr Malachowski, puso a la venta su recientemente conseguida medalla olímpica de plata a partir de la petición angustiosa y desesperada de una madre, que solicitaba ayuda para que su niño de 3 años pudiera ser operado de un cáncer en el ojo.

El niño se llama Olek. Lleva dos años luchando contra un tumor maligno en la retina.  La delicada intervención quirúrgica en Nueva York cuesta 126.000 dólares, cantidad imposible de reunir por la modesta familia del pequeño Olek. Les faltan 84.000 dólares, y ese es el precio exactamente de la medalla olímpica de Malachowski, que ha comprado una adinerada familia polaca.

Malachowski es uno de los mejores lanzadores de disco internacionales. Es el actual campeón del mundo (Pequín 2015), y ha sido dos veces subcampeón olímpico y otras dos subcampeón del mundo. Su corazón es tan grande como su gigantesco cuerpo. Ha sido bombero voluntario y ha colaborado en numerosas causas benéficas y de promoción cultural.

El lanzador polaco ha dicho que ahora su medalla de plata le hace mucha más ilusión que cuando subió al podio a recogerla en Rio. Efectivamente, ahora ya no son 500 gramos de metal plateado abrazado a una cinta de seda multicolor. Ahora esa medalla es vida.       

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23 agosto 2016

Por José luis López

Al regreso de los Juegos Olímpicos de Rio

Un día alguien me preguntó qué me fascinaba en la vida. Respondí que la belleza. ¿Y qué es la belleza? Pues por ejemplo los ejercicios del equipo español de gimnasia rítmica en los Juegos Olímpicos de Rio. Excelentes. Se trata simplemente de que esas actuaciones te provoquen una emoción positiva, que te pellizquen el alma. Ahí es donde quedas fascinado.


He vuelto hoy de los Juegos Olímpicos precisamente así, fascinado por tantas cosas vividas en estos Juegos, que en mi caso son los octavos, desde mi debut en Seúl 1988. Para los amigos de las estadísticas están los resultados, las marcas, el medallero. Es lógico. Durante mucho tiempo el número de medallas ha sido el mejor escaparate de los diferentes sistemas políticos del mundo.


Pero a mí me interesa ir mucho más allá. Lo que más me gusta es la intrahistoria, es decir, lo que hay detrás de cada medalla, de cada victoria o derrota, de cada deportista. Los sueños perseguidos, los entrenadores y las entrenadoras, las familias, el tiempo de silencio. En eso, los Juegos Olímpicos son la mejor fuente de inspiración para cualquier guionista o escritor atraído por los sentimientos humanos. Y, especialmente, por descubrir las historia que no se conocen.


Apenas dos ejemplos. Recuerdo a la brasileña Rafael Silva, medallista de oro en judo. Una mujer que creció en una de las peores favelas de Brasil, Ciudad de Dios, que inspiró la película homónima de Fernando Meirelles. La violencia era para aquella niña sinónimo de supervivencia. Y apareció su descubridor, Geraldo Bernardes, quien enseñó a Rafaela otro camino, el del deporte. Ahí cambia todo. Los valores y la visión de la vida de tornan radicalmente. Por eso, el viejo entrenador dijo tras la victoria de la judoca brasileña que era una medalla con gran valor social. No obstante, y aunque os he recordado el origen de esta deportista, me gustaría que no fuera recordada como la judoca de una de las más de 700 favelas de Rio, ni la campeona de raza negra, a quien algunos descerebrados racistas dijeron, tras su derrota cuatro años antes en los Juegos de Londres, que volviera a la jaula, pues ahí es donde debería estar la mona. No. Nada de eso. Ha de ser, sobre todo, la gran campeona olímpica de judo en la categoría de menos de 57 kg.


También recuerdo al nadador sudafricano Chad Le Clos. No pudo derrotar esta vez a Michael Phelps, pero antes de competir recibió la visita de sus padres: él, con cáncer de próstata; ella, con una doble mastectomía. Le Clos llegó también a Rio con muchos problemas personales y físicos en forma de lesiones. Pero me impresionó cuando dijo que sus padres iban a luchar y ganar sus respectivas batallas contra la enfermedad. Y que él haría lo mismo en la piscina por ellos.


Hace pocos días, Alfredo Relaño resumía magistralmente lo que son los deportistas olímpicos: “trabajan en el anonimato, un día y otro, con la fatiga y el dolor como compañía, acumulando una potencia y una destreza que tendrán que poner en juego en día y hora fija, en un lapso de tiempo generalmente muy breve, a veces ni un minuto, a veces poco más, en el que se juegan todo el esfuerzo de esos cuatro años (…) Luego, otro túnel de otros cuatro años, y eso el que esté en edad de seguir. De nuevo silencio, fatiga y dolor. Pero les quedará el orgullo de haber sido olímpicos (…), que es un privilegio superior (…) La verdad profunda del deporte está en los Juegos”.


Seguro que os habéis fijado en la cara de los deportistas estos días. Las emociones son siempre las mismas, las lágrimas no distinguen de países ni de razas, los sentimientos aquí son un lenguaje universal. Con eso me quedo. Con la expresividad de los olímpicos, con la explosión de humanidad, desnuda de todo artificio, que se ha vivido, en cada gesto, en cada detalle, en cada esfuerzo. Es el lenguaje del corazón.


Y me comprometo a no olvidarme en estos cuatro años de las gimnastas de rítmica, ni de los piragüistas, ni de los judocas, ni de los tiradores de esgrima, ni de los halterófilos, ni de los jugadores de voleibol, ni de los nadadores… Y tantos y tantos otros llamados deportistas minoritarios, que apenas pueden tener un minuto de gloria cada cuatro años (y solo si ganan una medalla). Ni, por supuesto me olvidaré de los atletas, de quienes me acuerdo cada día y que inspiran mi profesión. Todos ellos y ellas, inmersos en su injusto tiempo de silencio, el túnel del que habla Alfredo Relaño, son mucho más importantes que el nuevo peinado de Messi o el enésimo tatuaje de Sergio Ramos.


Felicidades a todos los olímpicos del mundo, hayan ganado o perdido. Porque en Rio han sido arquitectos del esfuerzo, fabricantes de emociones, conquistadores de sueños y poetas de los sentimientos humanos.

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08 agosto 2016

Por José luis López

Noche mágica en la piscina

Una de las mejores cosas de los Juegos Olímpicos es la posibilidad de acercarte a otros deportes que no son el tuyo. Es una experiencia muy enriquecedora. Coinciden ilusiones, esfuerzo, dedicación, el deporte como filosofía de vida, pero los matices son muy diferentes.

 

Anoche viví unos momentos mágicos en la natación. Tres récords del mundo casi consecutivos, que se unen a los otros tres que pude narrar en la primera jornada. Una impfresionante explosión de potencia. Nunca había visto nadar a Michael Phelps, ni a Katinka Hosszu, ni a Katie Ledecky. Ni siquiera a Mireia Belmonte. Te sumerges en su mundo y acabas fascinado. Ya el lema de la FINA (Federación Internacional de Natación) es sugerente: “el agua es nuestro mundo”. Efectivamente, es otro mundo, envuelto en cloro y silencio, monotonía y repetición. Y se me antoja que también mucha soledad. ¿Qué pasará por la mente de un nadador en esas interminables series diarias?

 

Me cuentan muchas cosas de Mireia Belmonte. Y sobre todo de la Mireia que no vemos, la que no está ante una cámara de televisión. La segunda es la consecuencia de la primera, y casi me interesa más la desconocida. Es la Mireia que entrena 7 horas al día, que nada hasta 18.000 m diarios y un total de unos 100 kilómetros a la semana. Porque Mireia basa su éxito, especialmente, en acumular un grandísimo volumen de trabajo, y eso significa horas y más horas, series y más series, a veces hasta la extenuación, ya sea en altitud o al nivel del mar.

 

Otro estilo es Katinka Hosszu, empeñada en convertirse en la reina de estos Juegos. Su lucha por tal cetro con Katie Ledecky es uno de los grandes alicientes en Rio. La húngara, conocida como la mujer de acero, es intensidad, calidad, especificidad. Compite casi cada semana, en más pruebas que nadie, haciendo bueno aquel dicho de que el mejor entrenamiento es la competición. Estudió psicología y hace gala de ello, pues incluso es autora de un libro motivacional donde explica cómo manejar emocionalmente las competiciones.

 

Y aparte está Katie Ledecky. El prestigioso técnico estadounidense Frank Bush afirma que ella tiene un nado semejante al de los hombres, y por eso parece galopar en el agua. Para mi colega Tiago Barbosa, profesor de Ciencias del Deporte en la Nanyang Technological University, y que estudia a Ledecky desde 2012, hay tres puntos técnicos de su nado que marcan la diferencia. Ledecky hace un ciclo completo de brazada en 1”36. Utiliza 0”56 para entrar con el brazo derecho en el agua y, cuando lo hace, el izquierdo todavía está bajo su cuerpo. Esa diferencia con respecto a las adversarias permite que la americana produzca mayor propulsión.

 

La segunda gran diferencia es el movimiento de piernas. Sus adversarias hacen dos por ciclo de brazada; Ledecky hace seis, y consigue mantener ese ritmo en diferentes pruebas. Nuevamente, eso significa mayor propulsión.

 

Y en el viraje, Ledecky también es mejor que las demás. Es capaz de deslizarse más tiempo por debajo del agua, entre 2 y 3 metros más. Precisamente, ahí está una de las claves de futuros progresos en los registros de natación, ser capaz de mantener en la fase subacuática más tiempo, especialmente en mariposa y espalda, hasta el máximo permitido de 15 m, y no solo en la salida sino tras cada viraje. De eso, el gran maestro es Phelps.   

 

Un último apunte. He conocido a muchos jóvenes nadadores y nadadoras, dedicados de forma estricta y espartana a la natación. Chavales que se levantan de madrugada para realizar su primera sesión de entrenamiento antes de entrar en el instituto, para luego hacer una nueva y larga sesión por la tarde. El objetivo, para muchos es apenas poder hacer la mínima para un campeonato autonómico o de España junior. Y ahí quedará todo su tremendo esfuerzo de varios años. Probablemente ni siquiera ganarán una medalla. ¿Vale la pena? Solo ellos y ellas lo pueden decir. Pero intuyo que, aunque muchos acaban quemados y habrán vivido momentos amargos, una visión más amplia, serena y distante en el tiempo les llevará a la conclusión de que sí valió la pena, porque la natación propició unos pilares específicos y característicos de su formación como personas que difícilmente hubieran encontrado en otros ámbitos de la vida.

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05 agosto 2016

Por José luis López

En Rio, un nuevo sueño olímpico

En la madrugada española comienza la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Rio 2016. Y aquí estoy, en mis octavos Juegos Olímpicos, desde mi debut en Seúl 1988. Pasan los años pero sigue la misma ilusión, supongo que en buena medida gracias a mantener intacto mi compromiso y mi identificación con los valores olímpicos. En realidad, es creer en el deporte, como motor de la sociedad. Y en los Juegos Olímpicos, como mejor ejemplo de universalidad.

Nació este blog, precisamente, hace ahora cuatro años en el estadio olímpico de Londres. En esta olimpiada (periodo de cuatro años entre Juegos) os he hablado de deporte y vida, de valores y emociones, de historias y sentimientos humanos. Y el mejor elogio que he podido recibir es el de tantos docentes, desde primaria hasta nivel universitario, que me decís que habéis utilizado en vuestras aulas bastantes de mis artículos como material didáctico y de estudio.

Eso me recuerda lo que hoy mismo me decía Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español. El deporte no es solo la competición en el recinto deportivo. Es mucho más. Probablemente es la única actividad que debería estar conectada con prácticamente todos los ministerios de un país: educación, sanidad, cultura, industria, economía, turismo, exteriores… Incluso tal vez, añado yo, con más valores del deporte en la sociedad no haría falta tanto presupuesto en Defensa. El día que en España se tome más en serio el deporte, en el sentido de que no solo sea una actividad recreativa o competitiva, sino una forma de estructurar y diseñar el país, creo que todo irá mejor. Empezando por los valores del deporte limpio y la filosofía de la cultura del esfuerzo.

A Rio he venido sin prejuicios. Quiero disfrutar una vez más de los Juegos. Eso me permitirá acercarme a deportes que no son el mío, deportes injustamente olvidados, que me sorprenden muy gratamente cada vez que los descubro. Y en unos días, el atletismo, mi deporte, dispuesto a coronar a nuevos dioses y diosas del estadio.

No importan tanto las distancias, los problemas de organización, la inseguridad ni la amenaza del zika. Todo eso se supera y se olvida. Lo que importa aquí es empaparte de olimpismo y beber las emociones gota a gota. Seguro que a través de la tele, la radio y, desde luego, el As disfrutaréis de estos Juegos.

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23 julio 2016

Por José luis López

Lo que pienso del caso del dopaje ruso

Para los que llevamos tanto tiempo en el atletismo y hemos narrado y vivido en directo un tercio de siglo de su historia, el escándalo del dopaje ruso no es ninguna sorpresa. En realidad es la continuación, versión siglo XXI, del dopaje de Estado de la segunda mitas del siglo XX en la Unión Soviética y otros tantos países del Este, especialmente la República Democrática Alemana. Y también desde luego en otros países, que no eran precisamente comunistas. Más de lo mismo, solo que ahora de forma más sofisticada.

Muchos me preguntáis qué opino de la actual situación y si Rusia debería competir o no en los Juegos de Rio. Intentaré ser lo más claro posible.

Todos estamos de acuerdo en que el deporte (yo añadiría, la vida en general) ha de estar lleno de valores éticos positivos. Ello implica un rechazo total a las trampas, y el dopaje, con todas las imperfecciones que pueda tener un listado a veces subjetivo de productos prohibidos, es hacer trampas. Mi NO al dopaje es evidente y rotundo y no aporto nada especial u original diciendo eso.

Pero junto a ello ha de prevalecer también la justicia. La tolerancia cero al dopaje no puede llevar implícitos los daños colaterales, si estos provocan injusticias. Sería igualmente pervertir los valores del deporte.

Las sanciones al presunto dopaje de Estado ruso (mantengo el término presunto por corrección jurídica aunque me parece que es un escándalo ya perfectamente probado) han de comenzar por el Estado ruso, por sus dirigentes deportivos y políticos. Que dimitan o se les procese, con todas las garantías de la Ley. Y que sean apartados del deporte entrenadores, médicos, científicos, etc. que ha perpetrado o colaborado en este dopaje masivo. También que no se permita a Rusia organizar eventos deportivos internacionales me parece una buena sanción, pero en cambio no veo que nadie se vaya a atrever a quitarles el Mundial de fútbol. Ahí hay demasiados intereses, demasiado dinero, demasiada hipocresía y todos miran a otro lado, empezando por la FIFA, que no es precisamente ejemplo de limpieza ni honestidad, por lo menos en la época de Blatter.

¿Y los deportistas? Por supuesto, todos los dopados fuera de las competiciones. Incluso aquellos que dirán que fueron obligados. Pero luego están los deportistas que no se doparon nunca. Porque Rusia, con tantos millones de habitantes, también tiene, por lógica, grandes talentos del deporte, que con su genialidad y sus entrenamientos se sitúan entre los mejores del mundo. Seguro que hay atletas rusos a los que no les ha hecho falta recurrir al dopaje jamás.

Me centro en el caso de Yelena Isinbayeva. Si un día resulta que da positivo en un control, perderá todo mi crédito, pero de momento mantengo una grandísima admiración hacia ella. Lleva 15 años en el alto nivel. Ha pasado cientos de controles de garantía y nunca ha dado positivo. Ahora aparecen, con las nuevas y avanzadas técnicas de detección de productos dopantes, decenas de nuevos casos de deportistas tramposos, muchos de ellos medallistas, en los Juegos de Pequín 2008 y Londres 2012. Isinbayeva, de momento, no está en esa lista. Se destapan cientos de casos de dopaje ocultados y falsificados en la trama rusa, más de 100 de atletismo. Isinbayeva tampoco forma parte de esa relación de deportistas. ¿Dónde está su culpa o delito? ¿En ser rusa? ¿En haber vuelto a vivir en su país hace unos años, dejando Mónaco, donde residió durante bastante tiempo y si hubiera seguido allí estaría libre de sanciones? ¿Es justo que no esté en Rio? Creo que no. Por lo menos hasta que no se demuestre lo contrario. Y lo podría hacer extensivo a muchos otros atletas o deportistas. Parece ser que no hay ningún caso de dopaje oculto en la gimnasia artística rusa. ¿Por qué se les debería prohibir acudir a los Juegos?

Os pongo un ejemplo de lo injusto que son los daños colaterales. Durante muchos años en Sudáfrica hubo una política de apartheid criminal, repugnante, inhumana y todos los calificativos negativos que se os ocurran. A partir de ahí, la comunidad internacional apartó al deporte sudafricano de las competiciones, incluidos los Juegos Olímpicos (hasta Barcelona 1992). Pero la injusticia era doble: los deportistas de raza negra no podían competir en su país (de hecho, a duras penas podían sobrevivir), pero todos los deportistas sudafricanos, de cualquier raza, tampoco podían competir en el mundo. Es decir, a los de raza negra se les castigaba dos veces. ¿Qué culpa tenían aquellos deportistas, fueran blancos o negros, del criminal régimen político de su país? Como paréntesis, os diré que aquella situación me inspiró hace muchos años para escribir una novela, “La niña de los pies desnudos”, premiada en un certamen literario, e inspirada en la atleta Zola Budd. Allí reflejé aquella frustración de todos los deportistas sudafricanos, encerrados en un cárcel, para unos física y para otros también deportiva.

Este es un caso que tiene similitudes. Hay que defender a los deportistas limpios. Los castigos colectivos ejemplificadores suelen ser injustos, por lo que os decía de los daños colaterales. Que Rusia no compita como Comité Olímpico me parece bien, o como país. En Barcelona, por razones políticas diferentes, se presentó como el Equipo Unificado.  Y no pasó nada.

Es posible que el IOC deje en manos de cada Federación internacional la decisión de que puedan competir deportistas rusos de manera independiente. Otra cosa es que Rusia permita a sus deportistas acudir en esas condiciones.

Y solo un pero a Isinbayeva. No se ha dado cuenta que ella es también víctima de su Gobierno y su mezquina política deportiva. Es íntima amiga y gran defensora del presidente Putin. Y probablemente esa sea la razón por la que no he oído ninguna declaración suya condenando este dopaje de Estado. Eso hace que pierda credibilidad. Pero como deportista, y hasta que no se demuestre lo contrario, cero que debería estar en Rio.

En cualquier caso, lo primero la justicia. Y siempre los derechos individuales y las personas antes que los países, las banderas y los comités olímpicos de todo el mundo. 

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07 julio 2016

Por José luis López

Lo que más me gusta de Ruth Beitia

Siento una profunda admiración por Ruth Beitia. Evidentemente, porque es la mejor atleta española de la historia, y su palmarés, con 13 medallas internacionales, la convierte en una de las saltadoras más laureadas del mundo.


Pero hay muchas más características que hacen a Ruth única, especial, extraordinaria. Para algunos, detalles que van más allá de los resultados deportivos; para mí, valores fundamentales y exclusivos que la convierten en la mejor.


Ruth es una apasionada del atletismo, de su prueba, de sus rivales. Disfruta de cada momento en la pista, bebe las emociones gota a gota. Afronta cada competición desbordando una energía positiva contagiosa. Salta a la pista, repartiendo simpatía, sonrisas y besos. Abraza a la mascota, a sus rivales, a quienes anima, aplaude y ayuda en competición. Muchas la veneran, como por ejemplo la italiana Alessia Trost. Es tal su empatía que más de una saltadora internacional me ha confesado que sin Ruth en la pista la competición no sería igual. Probablemente, digo yo, más triste, más automatizada, más distante, menos humana.  


Ruth Beitia hace, a mi juicio, el mejor calentamiento específico de todas las participantes. Su salto con estilo tijera y solo cinco zancadas de aproximación es como un espectacular homenaje a aquellas pioneras del salto de altura, como Iolanda Balas y otras anteriores. Es metódica. No deja nada a la improvisación. Cualquier pequeño detalle técnico está profundamente trabajado, con una gran profesionalidad.


A Ruth le gusta entrenar y, sobre todo, competir. Lleva más de 10 años por todo el mundo. No le asustan los viajes ni las distancias. En una pista es feliz y hace felices a los demás. No se esconde nunca. Realiza más de 300 saltos competitivos al año, una media de casi uno por día. Y cada salto es una celebración del atletismo limpio.
Otra característica a su favor es la fidelidad a su entrenador, algo no muy frecuente entre los atletas. Lleva 26 años con Ramón Torralbo, a quien llama su otra mitad. Cada medalla la comparte con él. Y es exquisitamente generosa y agradecida.


Hoy, en Ámsterdam, salta a la primera 1,84 m, se tapa, hace con la ropa una especie de almohada y se tumba en el suelo para concentrarse. Las demás, están sentadas en el banco de las atletas. Ella sabe que tan importante como el momento del salto es lo que haga entre salto y salto. Ese es el entrenamiento psicológico, donde Ruth marca diferencias y es muy superior a casi todas las demás.


Se me haría muy difícil concebir el atletismo español sin Ruth Beitia. Ella es la gran capitana, la que hace equipo, genera entusiasmo y desborda naturalidad. Es más, creo que de una u otra forma, seguirá siempre en este deporte. Por eso, no entendería que, en un año electoral como éste, hubiera un solo candidato a la presidencia de la RFEA que no quisiera ficharla. Ruth debe ser un pilar fundamental del futuro de nuestro atletismo, desde la experiencia, la ilusión, la inteligencia y el amor por el atletismo.

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27 junio 2016

Por José luis López

Elogio de la normalidad

Dicen que con la derrota ante Italia finaliza un ciclo en la Selección Española de fútbol. Y más concretamente, el de Vicente del Bosque. Los periodistas deportivos son muy dados a hablar de fin de ciclo, tanto como del partido del siglo, que se repite varias veces cada año.

Por eso, hoy me quiero centrar en Vicente del Bosque, haya sido o no su último partido como seleccionador nacional. Para mí, es un maestro, en el sentido más pedagógico, humano, trascendente y paternalista del término. Recuerdo las sabias palabras del filósofo Rubem Alves: “Enseñar es un ejercicio de inmortalidad. De alguna forma seguimos viviendo en aquellos cuyos ojos aprendieron a ver el mundo a través de la magia de nuestra palabra. Así, el profesor no muere nunca…”. Eso es Vicente del Bosque. El que a través de su palabra, de su actitud, de su saber estar y hacer, ha enseñado no solo a muchos futbolistas, sino también a miles de seguidores. Nos ha enseñado que se puede ser, al mismo tiempo, normal y excepcional, educado y valiente, nada estridente y hombre del fútbol.

Solo una vez he tenido la ocasión de conocerle personalmente. Se trataba de la presentación de un libro que editamos desde nuestra Fundación, “La retransmisión del fútbol en la radio”, de Alberto Pérez, por cierto, un excepcional narrador. Aquel día encontré al ser humano que me esperaba. El Vicente del Bosque cordial, afable, educado del que nadie puede hablar mal. Una de esas personas con las que me iría a tomar café, a charlar reposadamente y a aprender. Sobre todo, a aprender.

Y cuando algunos dicen que es demasiado blando y bonachón, me revelo. Como cantaban mis admirados Víctor Manuel y Ana Belén, para la ternura siempre hay tiempo. Y para la educación, la coherencia, los valores del deporte y el saber comportarse en cualquier situación, con una elegancia natural y nada fingida. A veces la gente se empeña en ser alguien diferente a lo que en realidad es. Sobre todo, las personas públicas. Y especialmente en el fútbol. Vicente del Bosque es, en todo momento, él mismo.

Que te recuerden por ser una gran persona es de lo mejor que le puede pasar a cualquiera. Probablemente, lo que de verdad importa. Y si esa buena persona ha llevado al fútbol español a sus mejores éxitos, entonces hay detrás también un excelente profesional, con grandes conocimientos futbolísticos y resultados contrastados y evidentes. Haber sido tan grande en las victorias como en las derrotas, en los aciertos como en los errores, eso es coherencia.

Sería injusto infravalorar a Vicente del Bosque por ser alguien normal. Porque tal vez ahí está la excepcionalidad. Haber conseguido desde la vertiente menos frívola, colorista, estridente y canalla del fútbol, alcanzar la gloria. Y por eso, nunca hay fin de ciclo. El ciclo del maestro es eterno. La historia nunca se borra.

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30 mayo 2016

Por José luis López

Soria y el duatlón

La pasada semana, en Lisboa, Soria fue designada por la European Triathlon Union (ETU) sede del próximo Campeonato de Europa de Duatlón, en 2017. La otra ciudad que optaba a la organización del evento era Bucarest.

No es una noticia cualquiera. Para los que seguimos con interés, en el día a día, los latidos sorianos, esta designación tiene un gran significado. Soria es una ciudad con un potencial deportivo impresionante. No conozco ciudad con más y mejores instalaciones deportivas por habitante y metro cuadrado. Tampoco, otra ciudad española que esté preparándose para acoger una específica universidad del deporte, con vocación internacional. O que aspira a ser Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO, lo que se relaciona muy bien con un estilo de vida saludable y una pasión por el deporte popular.
 
Frente a la Soria marginada, olvidada, excluida o menospreciada de forma permanente durante tantas generaciones (incluso desde la propia administración regional), la de la despoblación alarmante o la resignación por el progreso inalcanzable, está la Soria del “ni te la imaginas”, la numantina, la luchadora, la que no confunde humildad con pobreza, ni modestia con carencia de ambiciones. Esa es la Soria que ha derrotado a Bucarest, la que sabe hacer bien las cosas, la que piensa en Europa, la que cree en el deporte.
 
El turismo deportivo es un fenómeno en auge interesantísimo, y especialmente para localidades pequeñas y modestas como Soria. Yo animo a ciudades de estas características a organizar eventos deportivos nacionales e internacionales. Representan progreso, visibilidad, interculturalidad. Y también una excelente manera de mostrar hospitalidad, cultura propia, tradiciones, paisajes… Y generan ingresos para la ciudad (deberían ser también para la gente trabajadora). Hace pocas semanas Soria organizó con gran éxito el Campeonato de España de duatlón, una modalidad deportiva que casa muy bien con esta tierra, de la que han salido también grandes atletas. La ciudad se echó a la calle para animar a los deportistas. Tal vez, en una gran capital el acontecimiento, al tratarse de un deporte de los llamados minoritarios, hubiera pasado más desapercibido. Si Soria ha podido derrotar a Bucarest, que presentaba un proyecto con más dinero, eso quiere decir que, como pasa en el deporte en más de una ocasión, los modestos, con ilusión y trabajo, pueden derrotar a los grandes. Ya conocéis mi lema: “Si no crees en tu propia victoria, empiezas a no merecerla”. Y Soria ha creído en este triunfo. Lo mismo, en este caso, que la Federación Española de Triatlón, la autonómica y el duatlón soriano.

Como también lo hizo Avilés, otra ciudad ejemplar volcada con el deporte. Allí se disputarán el próximo fin de semana los Mundiales de Duatlón, con más de 1.400 participantes y un retorno económico para la ciudad de más de un millón y medio de euros. Será un éxito y los asturianos y las asturianas se volcarán con el evento. Ojalá tenga también la cobertura mediática que se merece este campeonato.
 
En definitiva, quitarse de encima complejos, creer en su tierra y en su gente, en las enormes posibilidades de Soria, y apostar por proyectos reales, ilusionantes y de calidad. Eso es lo que abandera el joven alcalde de Soria, Carlos Martínez, uno de los principales pilares del éxito de la capital soriana en Lisboa. Por cierto, el único alcalde de todas las capitales de provincia españolas reelegido por mayoría absoluta en las pasadas elecciones municipales.          

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26 mayo 2016

Por José luis López

Stop insultos

A caballo entre las mediáticas y multitudinarias final de Copa del Rey y final de la Champions League, donde el interés deportivo está puesto exclusivamente en el terreno de juego, me interesa también mucho la grada, que creo que es una de las grandes asignaturas pendientes del fútbol a nivel mundial. El deporte es, entre otras cosas, valores, y éstos se han de reflejar también entre quienes acuden a un partido. Por ello, quiero comentar acerca de una reciente noticia que ha pasado un tanto desapercibida. Hace referencia al fútbol catalán, pero me consta que tiene paralelismos en otras comunidades: la Federación Catalana de Fútbol incorporará definitivamente en su reglamento, en la asamblea del próximo 25 de junio, la prohibición y la sanción por insultar con gravedad desde la grada.

Algunos diréis que ya existe algo de eso con la Ley antiviolencia en el deporte y la labor de los informadores de la Liga de Fútbol Profesional. El problema es la efectividad que tales informes tengan. Creo que, por desgracia, no mucha. Pero en el caso de la noticia que nos ocupa me parece algo realmente novedoso y relativo al fútbol no profesional, el que no suele salir en los medios. Parte de la prueba piloto que se ha hecho en los últimos meses en todas las categorías que dependen de la Federación Catalana de Fútbol, que gestiona 5.000 partidos cada fin de semana.

En este tiempo de prueba se han detenido 30 partidos y se han suspendido un par cada semana. Ahora el reglamento fijará definitivamente que el partido se podrá detener hasta un máximo de tres veces si hay insultos graves desde la grada y se podrá suspender si tales insultos no finalizan.

Se trata, en este caso, del fútbol modesto, aficionado o de categorías de promoción de ámbito catalán. Es decir, esos campos de tierra o de pequeñas localidades en los que semanalmente se insulta a los árbitros o a los jugadores del equipo rival, y parece que tal actitud formara parte de la salsa del juego. Esos insultos, amenazas, comentarios despectivos, de odio, de racismo, de machismo y, en definitiva, de mala educación y que atentan a la dignidad de las personas, producidos en un partido de categoría regional o de categorías inferiores, no serán noticia en los medios, a no ser que ocurra una brutal agresión.

Aquello que no dirías a una persona con la que te cruzas por la calle, parece “normal” si estás en un campo de fútbol y cerca de ti está un árbitro a quien no conoces de nada o un jugador del equipo contrario. Sabes que el árbitro no te devolverá el insulto y que los jugadores rivales no te abuchearán como les abucheas y menosprecias tú. De esa forma, parece que la modesta entrada que has comprado (muchas veces es incluso gratuita) incluye el derecho a una terapia de choque, a modo de desahogo semanal, en la que podrás expulsar tus rabias, fobias, frustraciones, complejos… Y lo peor es cuando esos lamentables comportamientos se dan en partidos de niños y niñas y están protagonizados por los padres.   

Por eso, me parece magnífica la nueva reglamentación catalana, que creo que también se aplica en otros lugares. Ante insultos sistemáticos y reiterados, se suspende el partido. Punto. Pero hay que ir a más. Se ha de señalar e identificar delante de todos a quienes han propiciado tal suspensión. Que los que insultan, y especialmente si son padres de jóvenes jugadores, sientan la vergüenza, ante sus hijos, de ser los responsables de que el partido no se siga jugando. Y tal identificación es relativamente sencilla en partidos de categoría regional o de niños y niñas. En un gran estadio, lógicamente es más complicado.

Y estas medidas deberían ampliarse también a lo que Javier Tebas, presidente de la LFP, llama gritos intolerantes, y que diferencia de los insultos. Para mí, todo está en contra de los valores del deporte, de la educación y de la dignidad de las personas. No concibo una competición de atletismo (mi deporte) donde se insulte a nadie, ni a un atleta, ni a un juez ni a un entrenador. Creo que no lo he vivido nunca. ¿Por qué, entonces, en el fútbol insultar parece que va implícito en las características del juego?

Por todo ello, “stop insultos”, definitivamente, en el fútbol y en todas partes. Y un deseo: que en la final de Milán los aficionados del Atlético y del Madrid tengan un comportamiento ejemplar, como me cuentan que ocurrió en la final de Lisboa.

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