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Deporte y vida

José Luis López

Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.

SOBRE EL AUTOR

José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.

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26 mayo 2016

Por José luis López

Stop insultos

A caballo entre las mediáticas y multitudinarias final de Copa del Rey y final de la Champions League, donde el interés deportivo está puesto exclusivamente en el terreno de juego, me interesa también mucho la grada, que creo que es una de las grandes asignaturas pendientes del fútbol a nivel mundial. El deporte es, entre otras cosas, valores, y éstos se han de reflejar también entre quienes acuden a un partido. Por ello, quiero comentar acerca de una reciente noticia que ha pasado un tanto desapercibida. Hace referencia al fútbol catalán, pero me consta que tiene paralelismos en otras comunidades: la Federación Catalana de Fútbol incorporará definitivamente en su reglamento, en la asamblea del próximo 25 de junio, la prohibición y la sanción por insultar con gravedad desde la grada.

Algunos diréis que ya existe algo de eso con la Ley antiviolencia en el deporte y la labor de los informadores de la Liga de Fútbol Profesional. El problema es la efectividad que tales informes tengan. Creo que, por desgracia, no mucha. Pero en el caso de la noticia que nos ocupa me parece algo realmente novedoso y relativo al fútbol no profesional, el que no suele salir en los medios. Parte de la prueba piloto que se ha hecho en los últimos meses en todas las categorías que dependen de la Federación Catalana de Fútbol, que gestiona 5.000 partidos cada fin de semana.

En este tiempo de prueba se han detenido 30 partidos y se han suspendido un par cada semana. Ahora el reglamento fijará definitivamente que el partido se podrá detener hasta un máximo de tres veces si hay insultos graves desde la grada y se podrá suspender si tales insultos no finalizan.

Se trata, en este caso, del fútbol modesto, aficionado o de categorías de promoción de ámbito catalán. Es decir, esos campos de tierra o de pequeñas localidades en los que semanalmente se insulta a los árbitros o a los jugadores del equipo rival, y parece que tal actitud formara parte de la salsa del juego. Esos insultos, amenazas, comentarios despectivos, de odio, de racismo, de machismo y, en definitiva, de mala educación y que atentan a la dignidad de las personas, producidos en un partido de categoría regional o de categorías inferiores, no serán noticia en los medios, a no ser que ocurra una brutal agresión.

Aquello que no dirías a una persona con la que te cruzas por la calle, parece “normal” si estás en un campo de fútbol y cerca de ti está un árbitro a quien no conoces de nada o un jugador del equipo contrario. Sabes que el árbitro no te devolverá el insulto y que los jugadores rivales no te abuchearán como les abucheas y menosprecias tú. De esa forma, parece que la modesta entrada que has comprado (muchas veces es incluso gratuita) incluye el derecho a una terapia de choque, a modo de desahogo semanal, en la que podrás expulsar tus rabias, fobias, frustraciones, complejos… Y lo peor es cuando esos lamentables comportamientos se dan en partidos de niños y niñas y están protagonizados por los padres.   

Por eso, me parece magnífica la nueva reglamentación catalana, que creo que también se aplica en otros lugares. Ante insultos sistemáticos y reiterados, se suspende el partido. Punto. Pero hay que ir a más. Se ha de señalar e identificar delante de todos a quienes han propiciado tal suspensión. Que los que insultan, y especialmente si son padres de jóvenes jugadores, sientan la vergüenza, ante sus hijos, de ser los responsables de que el partido no se siga jugando. Y tal identificación es relativamente sencilla en partidos de categoría regional o de niños y niñas. En un gran estadio, lógicamente es más complicado.

Y estas medidas deberían ampliarse también a lo que Javier Tebas, presidente de la LFP, llama gritos intolerantes, y que diferencia de los insultos. Para mí, todo está en contra de los valores del deporte, de la educación y de la dignidad de las personas. No concibo una competición de atletismo (mi deporte) donde se insulte a nadie, ni a un atleta, ni a un juez ni a un entrenador. Creo que no lo he vivido nunca. ¿Por qué, entonces, en el fútbol insultar parece que va implícito en las características del juego?

Por todo ello, “stop insultos”, definitivamente, en el fútbol y en todas partes. Y un deseo: que en la final de Milán los aficionados del Atlético y del Madrid tengan un comportamiento ejemplar, como me cuentan que ocurrió en la final de Lisboa.

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08 mayo 2016

Por José luis López

Correr con cabeza

Los recientes fallecimientos de atletas populares en carreras de nuestro país, más otras dos muertes súbitas de futbolistas internacionales, han vuelto a reabrir el debate de los peligros de realizar ciertas actividades deportivas, especialmente las carreras de larga distancia.

 

En este tema siempre he pensado que el sentido común, es decir, correr con cabeza, es lo más importante. El “boom” de las carreras populares o el “running” (yo prefiero decir correr) en los últimos años es imparable. Pero la característica más destacada de este fenómeno social no es que haya cada vez más participantes, lo cual desde luego es cierto. Lo más llamativo es que hace unos años un atleta popular se apuntaba a carreras de 5 o 10 km. Los términos “ultramaratón”, “trail”, “ironman”, eran prácticamente desconocidos. Y aquí está el problema. Quien antes corría una prueba popular de 5 o 10 km, ahora quiere hacer un medio maratón, un maratón, un ultratrail, un desafío extremo… Y probablemente siguen entrenando de forma parecida que cuando participaban en carreras mucho más cortas. Hay que saber dónde está el límite lógico de cada uno, y no es lo mismo prepararse para una carrera que para otra de muy diferentes características.

 

El problema no es apuntarse a correr un maratón, que me parece que puede ser una experiencia llena de valores personales y emocionales muy interesantes. El problema es cómo preparas y afrontas tal reto. Y ahí es donde entran la cabeza y el sentido común.

 

Por una parte, las revisiones de aptitud médica son fundamentales. Pueden costar unos 150 euros, con una completa prueba de esfuerzo, pero a buen seguro los corredores populares actuales se gastan mucho más en artilugios tecnológicos, zapatillas de primeras marcas, etc. No creo que haga falta la obligatoriedad de una certificación. Creo que es algo que ha de salir de los propios atletas, de forma natural. Las buenas ideas propuestas o sugeridas suelen ser mejores que las que se imponen por obligación. A mí nadie me pide un certificado de haberme vacunado de la gripe, pero en cambio lo hago cada año y creo que es bueno para mi salud y la de mi entorno.

 

Por otra parte, entramos en el eterno debate de si el deporte de elite es salud. Pues no, no lo es, lo cual no quiere decir que un deportista de alto nivel vaya a estar condenado a tener peor salud que el resto de personas. Simplemente, las altas cargas de entrenamiento no favorecen la salud. ¿Y el deporte popular? Pues todo depende de cómo se realice. El problema es llegar a situaciones límite. Es decir, no es malo correr un maratón (si estás preparado para ello, claro), pero sí contraproducente para un corredor popular llegar a un esfuerzo límite en esa carrera. Los atletas de elite no tienen más remedio que alcanzar esos límites, a veces sobrehumanos. Pero los corredores populares no deben hacerlo. Has de disfrutar corriendo, lo cual no quiere decir que no vayas a tener que esforzarte, por supuesto (yo soy un gran defensor de la cultura del esfuerzo), pero cada cual ha de instalarse en unos niveles de intensidad aceptables y lógicos. La actividad  deportiva orientada a la salud (tanto física como psicológica) es excelente y muy recomendable para todo el mundo. Ponerte a prueba de forma inconsciente puede llevar a fatales consecuencias.

 

También hay que recordar que la mayoría de los corredores populares no tiene  un entrenador o entrenadora. Creo que si pretendes participar en un medio maratón, un maratón u otras pruebas de resistencia populares, ponerse en manos de un técnico cualificado es fundamental. Ya sé que muchos corredores populares buscan la independencia, la libertad de horarios, ir a su aire… pero creo que aunque no pretendas hacer ninguna marca en concreto sino disfrutar corriendo, si lo haces bien, es decir, con la dirección técnica adecuada, disfrutarás todavía más, porque probablemente te lesionarás menos y conseguirás un mayor rendimiento, aunque éste no sea tu objetivo principal. Creo en los entrenamientos personalizados, en el día a día, y no en las fórmulas generalistas que parece que sirven a todo el mundo.

 

No obstante, como conclusión, y siempre lamentando profundamente los últimos fallecimientos producidos en el deporte (cada caso se habrá debido a circunstancias muy personales que desconocemos), creo que no hay que ser alarmistas. Se trata de casos muy aislados entre los miles y miles de corredores semanales que inundan nuestras calles. No hay que asustar. Correr no es malo ni peligroso. Es muy recomendable. Y también, simplemente andar. Solo hay que concienciar, educar, correr con cabeza. Y disfrutar.        

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17 abril 2016

Por José luis López

Los cambios en el fútbol

He leído esta semana en As a mi compañero Abascal informando sobre que el cuarto cambio en el fútbol puede ser realidad en dos años. Según parece, se refiere a la posibilidad de ese cambio extra en las prórrogas, y ya se llevará a la práctica como prueba piloto este año en los Juegos Olímpicos de Río, el Mundial de Clubes de Japón y el Mundial femenino Sub-20 de Papúa Nueva Guinea. El nuevo presidente de la FIFA, Infantino, se muestra a favor del cuarto cambio, especialmente por lo que conlleva de protección de la salud de los futbolistas.

Lo cierto es que las modificaciones reglamentarias en el fútbol son difíciles de llevar a cabo, y siempre han requerido de bastante tiempo para hacerse realidad. La International Board es excesivamente tradicional y conservadora. Por ejemplo, yo soy un gran defensor de la aplicación de la tecnología en el deporte. En nuestros entrenamientos ha habido un espectacular cambio en ese sentido, donde siempre el atletismo ha sido el precursor, como en todas las grandes teorías del entrenamiento moderno. Recuerdo por ejemplo cuando se comenzó a utilizar el GPS en los entrenamientos de fútbol. Tuve la ocasión de experimentarlo con el preparador físico Manu Lapuente, cuando trabajaba en el Recre, en Primera División. Rápidamente vi que se trataba de una herramienta muy poderosa para evaluar y analizar la carga de entrenamiento, combinando con pulsímetro. El paso adelante fundamental sería si se conseguían esos datos en tiempo real. Ahora eso ya es una realidad. Pero solo unos avanzados innovadores, como Manu Lapuente trabajando con Víctor Muñoz, lo utilizaban en el fútbol. Y hasta me consta que una vez jugaron un partido amistoso llevando los jugadores camuflados tal artilugio, porque estaba prohibido llevarlo en competición. Ahora bastantes equipos ya utilizan GPS en los partidos (sí, alojado en esa especie de top o sujetador que tanto llama la atención a la gente que no sabe de qué se trata). Pero no se pueden tener todavía los datos en tiempo real en el banquillo, lo cual sería una herramienta eficacísima. Tiempo al tiempo. Poco a poco, y muy lentamente, la tecnología se adentra en el fútbol, y otro ejemplo es su reciente utilización para discernir sobre goles fantasma. Yo también utilizaría el video de forma inmediata para discernir sobre jugadas conflictivas Pero queda mucho más por hacer en este deporte en el que, por ejemplo, no puedes llevar una inofensiva pulsera pero sí botas con tacos metálicos mucho más peligrosas en un contacto.

En este sentido, y a tenor de la noticia que ha publicado As, me gustaría hacer una propuesta. Las lesiones en el fútbol son muy numerosas, especialmente las músculo-tendinosas y ligamentosas. Dirigí una tesis doctoral sobre ello. Dejando aparte si se entrena mejor o peor para prevenir muchas lesiones, y teniendo en cuenta que la carga de partidos se ha multiplicado muy considerablemente en los últimos años, así como las grandes pérdidas económicas que resultan para los grandes clubes ante las largas o repetidas lesiones de sus estrellas, voy a ir mucho más allá de esa posibilidad apuntada del cuarto cambio en las prórrogas. Propongo que en el fútbol, parecido a como ocurre en baloncesto o balonmano, los cambios sean ilimitados y los jugadores puedan entrar y salir del terreno de juego a lo largo de un partido. Estoy convencido que eso reduciría muchas lesiones, elevaría el componente estratégico y haría mucho más emocionantes los encuentros. Eso sí, los cambios deberían ser muy rápidos, no tan lentos y ceremoniosos como en el fútbol actual. Y por supuesto, cualquier jugador del banquillo debería poder estar calentando en todo momento, a instancia de su técnico.

Ya sabéis: me gustan los cambios, la evolución, el progreso, las nuevas ideas en pro de un deporte mejor.

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11 febrero 2016

Por José luis López

Un viaje a la humildad con Abascal

El Panathlon homenajeó esta semana en Barcelona al mítico atleta José Manuel Abascal. Recordaréis que “Abas” fue medallista de bronce en 1.500 m en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, en una carrera que tuvo a muchos españoles frente al televisor a altas horas de la madrugada, lo que hasta entonces nunca había pasado en nuestro país en una competición de atletismo. Era la carrera soñada, con el campeón del mundo, el campeón olímpico y el plusmarquista mundial en liza. Coe, Cram, Ovett, Scott, Spivey…¡cuántas leyendas juntas en la misma carrera! Y qué inolvidable aquel ataque largo, tan estudiado, de Abascal a falta de unos 500 m.

Compartir esta cena con Abascal me trajo muchos recuerdos inolvidables. Al atleta cántabro le veía entrenar cada día en los años 80, cuando compartíamos las pistas universitarias de Barcelona. La ahora casi abandonada pista de seis calles, reunía entonces a unos impresionantes grupos de entrenamiento: Gregorio Rojo con Abascal y otros mediofondistas y fondistas; Jaime Enciso con Javier Moracho y otros vallistas; Jordi Campmany (mi entrenador) con Toni Corgos, Teresa Rioné, Charly Sala (alguno luego pasó a entrenar con Enciso)…, y yo allí en medio, simplemente un atleta aficionado, embobado muchas veces con los entrenamientos de las grandes estrellas. De Abascal recuerdo sobre todo su sencillez, cercanía y humildad. Han pasado más de 30 años, y acabo de comprobar que siguen siendo sus principales características.

José Manuel Abascal es el producto del trabajo y el esfuerzo. Dicen que no era un super talento, pero yo no estoy de acuerdo. Claro que tenía una clase extraordinaria, aunque tal vez no tanta como, por ejemplo, José Luis González (su gran rival de la época), por lo que tenía que complementar la genética con unos volúmenes de trabajo que actualmente no se ven entre nuestros atletas.

En la agradable velada, Abascal recordó anécdotas preciosas que le humanizan todavía más. Hijo de humildes trabajadores emigrantes en Holanda y Alemania, de niño jugaba en el colegio al fútbol, en Zaragoza, con el que luego fuera estrella del Barça Víctor Muñoz. Un día, para una competición de atletismo escolar, el maestro le pidió que participara. Corrió con las botas de fútbol… y ganó. Fue tal la sensación que causó, que el colegio contó con él para otras varias competiciones. Así ganó su primer trofeo, que muy disciplinadamente entregó a su escuela. Pero el maestro le dijo que no, que en el atletismo no pasaba como en el fútbol, que aquí lo que ganabas era para ti. Ahora Abascal confiesa que ese trofeo es el que guarda con más cariño de toda su carrera.

Destacó de tal manera que pronto recibió una carta de invitación para entrenar en la Residencia Blume, en Madrid o Barcelona. A sus padres no les hizo ninguna gracia la idea, pero una vez más la intervención del respetado maestro hizo que pudiera trasladarse a la Ciudad Condal. Llegaba en un viejo tren con asientos de madera un chaval de 15 años, sencillo e ilusionado, a quien le esperaba una vida muy distinta a la de su Cantabria natal. Su padre le dio 5.000 pesetas pero se las robaron en el viaje. Así, sin un duro en el bolsillo, tardó varias horas para poder llegar desde la estación a la Residencia Blume, en Esplugues, caminando, perdido y desorientado, con una enorme maleta, y después de más de un día sin comer.

Allí encontró dos nuevos “padres”. Su entrenador, el gran Gregorio Rojo, y el director de la Blume, Ricardo Sánchez. Gregorio Rojo dirigió de forma magistral a Abascal, sin prisas. Era tal su sabiduría atlética y su grandeza humana, que difícilmente aparecerá un entrenador de su categoría.

Abascal llevaba una vida sacrificada donde prácticamente solo cabía entrenar. A veces se “escapaba” por las noches de la Blume para ir a trabajar de camarero en un bar y ganarse unas pesetillas. Un día, a poco de llegar, vio las zapatillas de clavos de otro joven que poco antes había llegado a la Blume, el vallista Javier Moracho. Eran unas flamantes Adidas de color blanco, un lujo al alcance de muy pocos. Fue tal su impresión, que se las pidió para una de sus primeras carreras. Daba igual que Moracho calzara dos números menos. Por fin, Abascal iba a correr con unas buenas zapatillas de clavos. Corrió y ganó, aunque los dedos de los pies terminaran amoratados, comprimidos durante mucho tiempo en aquellas zapatillas.

También nos explicó Abascal cuando, tras ganar el Campeonato de Europa Junior, la Federación (por expreso deseo de su entonces presidente Juan Manuel de Hoz) le dio su primera beca, con carácter retroactivo. De la nada, pasó a reunir 200.000 pesetas, lo que él consideraba un dineral. Cuando llegó a casa con ese dinero, su padre se enfadó… porque pensaba que lo habría robado. No podía ser que aquel chaval pobre que salió camino de Barcelona casi sin nada en los bolsillos, ahora pudiera volver con aquella cantidad de dinero ganado por correr. Y quién iba a decir que unos años después, en el inolvidable año olímpico de Los Ángeles, Abascal sería el primer atleta español patrocinado, que se puso publicidad en la camiseta, concretamente de una marca de naranjas. Los demás atletas españoles alucinaban con esa posibilidad, y recuerdo el lío que se montó cuando subió al podio olímpico con la publicidad de las naranjas en el chándal.

Y también nos recordó Abascal algo que hace reflexionar. Un día llovía a mares en Barcelona, pero Abascal no dejó de entrenar por ello. Llegó empapado a la Blume. El director le dijo que vaya día tan malo para correr. Y Abascal contestó que todo lo contrario. Que era un día magnífico para entrenar, porque en un día así los demás no habrían entrenado y él sí lo había hecho. Esa es la generación de finales de los 50, la de los chavales pobres y humildes que venían de provincias a Madrid o Barcelona, dispuestos a luchar por salir adelante y hacer realidad sus sueños. Chavales que decían que sí sin ninguna duda a entrenar mañana y tarde los sábados y domingos, si Gregorio Rojo se lo pedía. Chavales que aprendieron a ser felices teniendo muy poco. Chavales que cambiaron el atletismo español, poniéndolo en el mapa mundial.

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18 enero 2016

Por José luis López

El ¿adiós? de Odriozola

Estuve ayer participando en la Asamblea de la Real Federación Española de Atletismo, en mi condición de miembro electo por el estamento de entrenadores. Y, una vez más, la sensación con la que sales es que necesitamos un cambio profundo, que hay formas de hacer y actitudes que no se corresponden con lo que debería ser un atletismo moderno, activo y progresista, del siglo XXI.

La noticia es que era la última Asamblea de José María Odriozola como Presidente de la RFEA, después de casi 30 años en el cargo, ya que se convocan elecciones en noviembre y él no se presentará. Pero esto no creo que sea del todo cierto. Odriozola sí se “presentará”, pero con otro nombre, es decir, con otro candidato promocionado por él. Ahora mismo hay ya cuatro candidatos oficiosos (y suenan otros), aunque ninguno ha presentado todavía su programa. De ellos, uno es claramente el candidato de Odriozola, aunque su primera opción era José Luis de Carlos, un hombre amable, correcto y educado, pero éste no aceptó. Esperaré a que todos los candidatos me presenten sus programas, sus ideas, su equipo. Alguno ya me ha contado algo por encima, y de entrada me parecen bien. Veo algún candidato con ganas de cambiar, de hacer las cosas mucho mejor, de forma diferente y más democrática y dialogante. ¿Y qué es lo que hay que cambiar? Muchísimas cosas. No caben en esta entrada del blog. Pero os explico alguna cosa de la pasada Asamblea que me entristece al mismo tiempo que me indigna.

Por ejemplo. Odriozola tiene un alto sueldo, por cuanto él se considera un presidente ejecutivo, profesional y con dedicación exclusiva a la Federación. Pero además, cobra casi 30.000 euros al año en concepto de gastos de representación. ¿Dónde está lo inadmisible del caso? Pues que no los debe justificar. Es decir, que se los puede gastar en lo quiera. No hace falta que diga que la gran mayoría de los españoles no cobra esa cantidad por su trabajo. Unos gastos de representación son precisamente para eso en concreto, y para nada más. Y deberían de estar justificados euro a euro presentándose facturas, tickets, etc. hasta llegar a la cifra asignada. Si no llega a esa cantidad, no cobra lo que falte. Si se pasa, no se le paga ni un euro más. Eso sería lo correcto y ético. No debería poder gastarse lo que es una partida estrictamente para gastos de representación en, por ejemplo, irse de vacaciones (es un ejemplo inventado). Porque entonces, una de dos, se está cometiendo un fraude o encubriendo lo que en realidad es un sobresueldo. En cierto modo, tiene una cierta similitud con una tarjeta black. Algunos miembros de la Asamblea (por desgracia, en minoría), protestaban indignados ante esta situación, mientras Odriozola abandonaba momentáneamente la sala y su hombre fuerte en finanzas, Manolo Villuendas, intentaba justificar de forma torpe lo injustificable. Ya veis que hay cosas que no cambian en este país.

Otro tema es que ahora es también tesorero de la IAAF. Es decir, otra dedicación. Odriozola no explica lo que percibe por ese trabajo (incluyendo dietas y otros privilegios de los muchos que tienen los que son importantes en la IAAF), ni tampoco dice los días que está trabajando en Mónaco en algo muy distinto a la presidencia de la RFEA y, por tanto, no está dedicándose a su teórica dedicación exclusiva.

Pero no todo son malas noticias. Hay esperanza, especialmente para los que llevamos tantos años luchando por un atletismo mejor. Durante mucho tiempo denuncié que Odriozola fuera además de presidente de la Federación también el equivalente a “director técnico”, cuando él no es entrenador. Eso, para mí, era una burla o menosprecio a todos los entrenadores y entrenadoras de España. Lo ha sido durante muchos años. Pero, por fin, a última hora, conseguimos que hubiera un director técnico de verdad, Ramón Cid, un experto entrenador, además de persona muy respetada y dialogante. Y se ha notado.

También he luchado mucho tiempo para que el censo electoral fuera público y esté al alcance de todos los candidatos, de todos los estamentos, en igualdad de condiciones. Luché por ello desde tiempos de Jaime Lissavetzky. Hasta ahora no era así, pero en cambio la RFEA sí lo tenía, y Odriozola lo utilizaba en sus calculadas estrategias electorales. Tenía una ventaja abismal, que ha sido clave en todas sus victorias electorales. Ganar al que está en el poder y maneja y controla todo en una Federación es muy difícil. Ahora, por fin, lo hemos conseguido. La Ley ha cambiado y obliga a la publicación del censo, para que todos los candidatos, en tiempo y forma igualitarios, puedan utilizarlos en sus campañas electorales. Por tanto, ahora serán unas elecciones más justas y democráticas, y el candidato “oficialista” no lo tendrá tan fácil como en otros años. Eso me hace pensar que puede perder, y que por fin se propiciará un cambio positivo.

Y otra de las vergüenzas de la Asamblea. Hay asambleístas, por ejemplo entrenadores y atletas, que vinieron un día en 2012 a votar a Odriozola y, después, no han ido a ni una sola Asamblea en todos estos años. Ni un día. Y por supuesto no han presentado ni una sola propuesta en toda la legislatura. Eso es un fraude a todos aquellos que les votaron. ¿Para qué se presentaron entonces? ¿Simplemente para cumplir con el voto a Odriozola y no hacer nada más? ¿Recuerdan que en teoría están representando a sus estamentos de atletas, entrenadores, clubes…? Porque hay otros candidatos que tal vez por un puesto no entraron en la Asamblea y, en cambio, sí hubieran venido y trabajado aportando ideas por nuestro atletismo. Y no vale la excusa de que tenían competiciones, porque ya sabes que la Asamblea siempre es en domingo, en época de competiciones semanales de cros y pista cubierta. Desde el punto de vista ético, esas personas no deberían volverse a presentar a las elecciones este año. E igual de mal me parece si hay algún caso de asambleístas que vinieron un solo día a votar a Vicente Añó (el otro candidato en 2012), y luego no han vuelto más en tres años. Lo que ocurre es que de éstos no conozco ningún caso, lo cual no quiere decir que probablemente también los habrá.

O muy triste también que casi nadie haga propuestas, aporte ideas, preguntas… Eso espero que cambie dentro de un año. Creo que hay por lo menos tres candidatos que llegarán con ese talante. “Yo soy odriozolista y siempre he votado a su favor en todo, pero ahora ya tendré libertad para votar otras cosas y otras personas”, me decía un representante de clubes. Qué triste no haber tenido libertad real para votar lo que uno quiera en todo momento, lo que piense en favor del atletismo. Qué triste la ciega veneración al líder.

El final de la Asamblea fue de lo más frío que he visto. Odriozola dio por acabada la sesión sin ni una sola referencia de su despedida. Como si fuera una Asamblea más, de las casi 30 que ha presidido. Un asambleísta tuvo una breve intervención final de despedida a Odriozola que parecía querer arrancar un aplauso para el presidente. Pero absolutamente nadie aplaudió tras la última palabra de Odriozola. 27 años y el silencio y la frialdad más profundas entre los representantes de nuestro atletismo.

Por último, que quede claro que denunciar lo que, a mi juicio, está mal, no es ser catastrofista. No todo se hace mal en la RFEA. Ni mucho menos. Hay cosas que se han hecho incluso muy bien, y hay decisiones acertadas. Incluso algunas de Odriozola con las que estoy totalmente de acuerdo. Y no olvidemos que también trabajan en la Federación buenos profesionales, especialmente los que están en la sombra. Hay futuro. Hay esperanza. El año electoral será apasionante.

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01 enero 2016

Por José luis López

Año olímpico

Vayan de entrada mis mejores deseos para todos vosotros en este 2016 que hoy comienza. Empezar un año es como iniciar una carrera de atletismo. Con ilusiones, con actitud positiva y determinación, probablemente con una táctica en la mente que se traduce en proyectos, y desde luego con la intención de dar lo mejor de nosotros mismos en la pista. Eso os deseo, que deis lo mejor de vosotros mismos a lo largo de estos 12 meses, y que os sintáis tan libres como un atleta corriendo en la pista, en la tierra o en el asfalto.

2016 es año olímpico. Debo confesar que eso para mí es algo muy especial, mágico. El atletismo, mi deporte, será por unos días el centro del universo en Rio de Janeiro. Volverán los dioses y las diosas del estadio, las gestas eternas, los momentos inolvidables, las emociones bebidas gota a gota. Se escribirá nuevamente la historia. Si todo va bien, serán mis octavos Juegos Olímpicos. Eso podrá hacer pensar a algún malintencionado que ya soy muy viejo. Yo prefiero decir que simplemente tengo unos cuantos años de juventud acumulada, y que soy un privilegiado de poder ver, vivir y narrar el espectáculo deportivo más bello del mundo, los Juegos Olímpicos, durante varios decenios en dos siglos diferentes.

Por eso, mientras espero impaciente que lleguen los Juegos, sueño con lo que me gustaría ver en Rio. Quiero que Usain Bolt consiga su tercer triplete consecutivo en los Juegos y que agigante su leyenda sin límites. E incluso que todavía, en el final de su carrera deportiva, consiga un récord del mundo más, aunque solo sea uno. Espero con más corazón que objetividad que se bata alguno de esos récords del mundo de los años 80, que no me creo y nunca me han entusiasmado, porque sospecho que eran producto del dopaje. Son récords casi inalcanzables, que siguen ahí y amenazan con perpetuarse durante una tercera generación. Pero hay una esperanza, y se llama Genzebe Dibaba. Si la etíope en 2015 batió el récord imposible de 1.500 m, el de las chinas que avergonzaban al atletismo, otra nueva gigantesca hazaña es posible.

También espero grandes éxitos de Lavillenie, Ibargüen, el retorno de Tamgho y su enfrentamiento con Taylor y Pichardo, las cabalgadas de Rudisha, la elegancia de Felix, la supremacía de Adams, la valentía de Luguelín, el asalto al récord de Sotomayor en altura, la explosión de Ortega, las hazañas de Eaton, y por supuesto la merecidísima medalla olímpica de Ruth Beitia… y miles de momentos mágicos más, entre los que incluyo los de los atletas rusos honestos.

Efectivamente, creo que sería injusto sancionar de forma colectiva sin poder participar en los Juegos a aquellos atletas rusos que nunca se han dopado. Pienso, por ejemplo, en mi admiradísima Yelena Isinbayeva, que quiere decir adiós al atletismo olímpico en Rio, ocho años después de su récord mundial en Pekín. Lo del dopaje masivo en Rusia, sus trampas de Estado y sus mafias internas no me sorprende. Estaba cantado. Es como lo de la corrupción en la FIFA, en el fútbol o allá donde haya poder y dinero. Tampoco me suena a nuevo lo que escuchamos recientemente de atletas kenianos o italianos. O el escándalo del antiguo presidente de la IAAF, Lamine Diack, alguien que nunca me gustó como presidente ni me inspiró confianza. Y os aseguro que aparecerán muchas más “sorpresas” de dopaje y corrupción en los próximos meses. Pero no olvidéis que España es uno de los países de Europa con más casos de dopaje en atletismo en los últimos años, y no por eso deberían excluirnos en bloque de los Juegos. Muchas veces he dicho que aquel atleta español que sea sancionado con más de 6 meses por casos de dopaje, nunca más vuelva a competir con la Selección Española, pero por desgracia los que deciden nunca me han hecho caso en esto.

Pero también hay mucho atletismo limpio, en el que creo. Decía Odriozola recientemente que él ya no pone la mano en el fuego por nadie, solo por él mismo. Grave error. Si ya no crees en nadie salvo en ti mismo, qué haces en el atletismo, qué haces en el deporte. Yo sigo creyendo en muchísimos atletas y en este deporte. Y en sus valores. Y en los Juegos Olímpicos. Aunque soy consciente de que demasiados hacen trampas, e incluso aunque intuya y por desgracia nunca podré demostrar, que muchos tramposos de ahora y de otras épocas oscuras, se escaparon sin ser cazados ni sancionados. Pero aunque me equivocaré en más de una ocasión y me llevaré decepciones, sigo pensando que el atletismo y la mayoría de los y las atletas valen la pena. Y seguiré apostando por ello. Por eso espero y deseo un gran 2016. Un año olímpico prohibido para los escépticos.                

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26 diciembre 2015

Por José luis López

En el adiós a “il professore”

En la pasada Nochebuena nos dejó a los 84 años Carlo Vittori, “il professore”, el gran maestro del entrenamiento de la velocidad. Para los que nos dedicamos a las ciencias de la actividad física y el deporte; para los que bebemos apasionadamente, gota a gota, del atletismo; para los que sentimos las carreras de velocidad como la respiración del alma, Vittori ha sido una de nuestras grandes referencias. Decía Martí Perarnau que no es que don Carlo lo supiera todo del sprint, es que él inventó la velocidad, el entrenamiento de la velocidad. Efectivamente, Vittori era el ABC del sprint, y Pietro Mennea (que falleció en 2013), su hijo más aventajado.

Carlo Vittori fue un destacado velocista italiano de los años 50 (olímpico en Helsinki 1952), pero sobre todo ha sido su faceta como entrenador la que le ha encumbrado a nivel mundial. Fue el gran responsable y artífice de la escuela italiana de la velocidad, entre 1969 y 1986, la edad de oro en la que los velocistas italianos consiguieron 47 grandes medallas internacionales, y el entrenador de Pietro Mennea (plusmarquista mundial de 200 m y campeón olímpico), así como de otras estrellas del atletismo italiano como Marcelo Fiasconaro, Donato Sabia o Pier Francecso Pavoni, y creó una metodología que, desde hace años, han seguido en el mundo cientos de entrenadores. E incluso Vittori fue el entrenador que recuperó para el fútbol, tras una grave lesión, a Roberto Baggio, en una de esas excepcionales dedicaciones a las que él llamaba “los otros deportes”.

Recuerdo cuando yo estudiaba teoría del entrenamiento en los años 80. Los soviéticos y los italianos eran nuestra gran referencia. Los primeros sentaban las bases; los segundos eran los que bajaban a la realidad de la pista, los que realmente más nos ayudaban e influían: Vittori, Bosco, Bonomi, Locatelli, Arcelli…

Siempre soñé con conocer el Centro de Preparación Olímpica de Formia, donde entrenaba Vittori. Debía ser como un paraíso. Poder estar en el día a día de Pietro Mennea a las órdenes de “il professore”, donde llegar 5 minutos tarde al entrenamiento era una gran descortesía. Disfrutar de aquellas agónicas series de Mennea luchando a muerte contra el ácido láctico y con Vittori siguiendo la carrera por la pista en una Vespa. De ahí partía todo en el entrenamiento de la velocidad. Luego, gracias a un aventajado colaborador y fiel amigo suyo, Rafa Martín Acero, nos llegaban esas teorías directamente a España. Y para mí resultaba una maravilla ver cómo era posible una medalla mundial en velocidad con cuatro relevistas blancos europeos técnicamente perfectos (Tilli, Simionato, Pavoni y Mennea), y me preguntaba por qué aquí no teníamos nada parecido.

Aún recuerdo cuando, por fin, conocí a Carlo Vittori. Fue en Barcelona, en 2010, cuando la Fundación CIDIDA, que me honro en presidir, organizó el World Congress on Science in Athletics y tributó un merecidísimo homenaje a Carlo Vittori, por su brillante trayectoria. Fue precisamente el Dr. Rafa Martín Acero quien presentó al maestro de la velocidad, loando de forma emocionante e impecable sus méritos. Conocí entonces al Vittori que siempre decía lo que pensaba, a quien se amaba o se odiaba (aunque en el fondo siempre supo perdonar, incluso al ingrato Mennea, porque nunca dejó de ser su hijo atlético predilecto, o a otros con los que tuvo una ondulante relación de amor-odio como Bosco, Nebiolo o Locatelli). Pero siempre se puede olvidar para renacer. También, al Vittori educado, un caballero a la vieja usanza, que me envió una entrañable nota de agradecimiento escrita a máquina unos días después del Congreso, que guardo con cariño. Vittori fue también un enemigo acérrimo del dopaje. Hace menos de un mes que decía que el 95 % de las marcas actuales le parecen cuanto menos inquietantes (y ponía como ejemplo al renacido Justin Gatlin), que solo cree en Usain Bolt, y que aquel que haya dado positivo debería estar sancionado de por vida. Por eso le dolió tanto cuando Pietro Mennea rompió con él y cayó en manos del perverso Dr. Kerr, en Estados Unidos. Sentía que era una traición a sus principios. Para Vittori el dopaje se da porque ya no se cree suficientemente en el trabajo y en la ciencia. Y también recuerdo cuando decía que él entrenaba a personas y no a caballos de carreras. Que el entrenamiento es un proceso educativo. O que del gesto atlético nace todo, aludiendo al atletismo como base de todos los deportes. Y tantas otras enseñanzas.

Hace un mes recibió la “Quercia al merito di terzo grado”, la máxima condecoración del atletismo italiano. Pero, lejos de pronunciar unas edulcoradas palabras de agradecimiento propias de un entrañable anciano dócil ya cercano al viaje final, “il professore” volvió a ser el indomable revolucionario que dice lo que piensa, cargó contra la desastrosa dirección actual del decrépito y sospechoso atletismo italiano, que según él ya prácticamente no existe, alertó de la falta de entrenadores, fustigó al dopaje que enrojece a Italia…

Vittori había sido un revolucionario del entrenamiento, alguien empeñado en demostrar que la motivación y el entusiasmo hacia el sacrificio que comportaban sus duros entrenamientos era la base de su metodología. De Vittori aprendimos que, en realidad, fuerza y velocidad son lo mismo; que la técnica es el cimiento de un atleta; que hay diferentes manifestaciones de la fuerza (explosiva, elástico-explosiva, reflejo-elástico-explosiva…); que la gran variedad en los contenidos del entrenamiento lleva a un mejor rendimiento… y tantas otras perpetuas enseñanzas. Su innovación metodológica y su rigor aplicativo tuvieron en Pietro Mennea al mejor intérprete posible. Se juntaron “Il professore” y la “Freccia del Sud”, dos obstinados testarudos, dos caracteres indomables, dos obsesionados por el trabajo y la perfección, dos enfermos del virus de la velocidad.

En 2014 se publicó en Italia la última gran obra del profesor Carlos Vittori, “Nervi e cuori saldi” (Calzetti e Mariucci editore), algo así como su gran testamento atlético y vital. Es un libro técnico pero también profundamente humano. Allí confiesa Vittori que, a pesar de las difilcutades de la convivencia con Pietro Mennea, de él aprendió la profesión más noble del deporte, la del educador-entrenador.

Repito unas sentidas palabras del profesor Rafa Martín Acero, refiriéndose a Carlo Vittori: “a veces creo que algunas personas deben ser eternas, y deben serlo porque enriquecen a la humanidad con sus conocimientos, su forma de ser y con sus hechos. Desgraciadamente la vida se acaba para todos, pero para algunos permanece en nuestro recuerdo y en nuestro corazón”.

Ciao Professore. E salutaci Pietro.

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04 julio 2015

Por José luis López

Hoy salta “Air” Lavillenie

Hoy salta Reunaud Lavillenie en la Diamond Leagur de París. Es el plusmarquista mundial de salto con pértiga (6,16 m), el actual campeón olímpico y, en 2014, fue elegido mejor atleta del mundo. La semana pasada tuve la oportunidad (mejor diría, el lujo y privilegio) de poder estar personalmente en sus entrenamientos, en la localidad francesa de Clermont Ferrand, analizando cada detalle de las espectaculares acciones del saltador galo.

En otras ocasiones he tenido ya la oportunidad de poder trabajar directamente con grandes campeones olímpicos, campeones del mundo y plusmarquistas mundiales. Es algo que me apasiona. Y nunca dejo de sorprenderme cuando tengo la posibilidad de acercarme a una nueva estrella. Lavillenie tampoco te deja indiferente. Es espectacular y sorprendente.
De entrada os diré que la instalación deportiva de Clermont Ferrand, especialmente en lo que se refiere a la pista cubierta, es un verdadero paraíso del entrenamiento. Además del anillo de 200 m y la recta de 60 m habituales, cuenta con pista de calentamiento de casi 400 m, varias rectas de calentamiento, cuatro fosos de saltos horizontales, dos saltómetros de pértiga (uno de ellos bautizado precisamente con el nombre de Renaud Lavillenie) y otros dos de altura, así como todo el material complementario de entrenamiento que podáis imaginar. Por ejemplo, alrededor de 500 pértigas, de las cuales 87 son de Lavillenie. E incluso tiene una plataforma de rayos infrarrojos de 40 m para analizar a la milésima de segundo la carrera de aproximación.

En el entrenamiento de calidad, 30 saltos. 10 con 12 pasos de carrera sobre 5,50 m. Sin problemas. Los otros 20, con 16 pasos (su carrera completa es de 20), agarre a 5,10 m, una velocidad de entrada de 10,1 m/s y con el listón directamente en 5,90 m. Y me explicó que en algunos entrenamientos ha pasado de 6 metros. Así es Renaud Lavillenie. No especula. No le sirve lo de “partido a partido”. Él va directamente a por algo grande. Por eso, cuando logró el salto récord de 6,16 m, quiso continuar y puso el listón en 6,21 m. Una locura.

Me interesaron también los ejercicios de técnica y de trabajo de pies del segundo día. Fundamentalmente, no tanto por lo novedoso de los ejercicios sino por la perfección en la ejecución. Ya lo decía el gran Santiago Antúnez, entrenador de Dayron Robles, los buenos atletas no se diferencian tanto por los ejercicios que realizan sino por cómo los hacen.

Otras curiosidades de Lavillenie. Ya sabéis que tiene un saltómetro y colchoneta de pértiga en el jardín de su casa. “Ahí he batido el récord del mundo de jardines”, me cuenta divertido. Por cierto, está en 5,76 m, por si alguien quiere probarlo en su casa, junto a la piscina.
Vamos a cenar a un club de sus amigos del  rugby (también es un apasionado de este deporte), y ahí surge el Renaud más humano, sencillo, amable, humilde. Un lujo departir con él, con su entrenador, Philippe d’Encause, con su manager, con su novia o con su fisioterapeuta.

Y otra sorpresa. Tras el entrenamiento de la mañana, por la tarde su otra gran pasión, las motos. Nos trasladamos al circuito de Issoire, y ahí le espera su equipo. Agarra su Suzuki 1000 (Mela Chércoles, disculpa mi desconocimiento motero) y se lanza a dar vueltas a 287 km/h. Incluso en 2013 llegó a participar en las 24 horas de Le Mans, y cinco meses después batió el récord del mundo. “Necesito pilotar, sentir la adrenalina, es fundamental para mi equilibrio emocional”. Creo que a ningún otro atleta del mundo de alto nivel le dejarían arriesgar así.

Por cierto, Lavillenie es fan de Marc Márquez. Le he prometido un encuentro entre ambos… pero a cambio, quiero que venga unos días a Barcelona el año que viene. Para seguir transmitiéndome su pasión por la pértiga, que comenzó en su abuelo, continuó en su padre y tiene un buen futuro en su hermano pequeño Valentin.

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25 abril 2015

Por José luis López

El ejemplo del atletismo francés

Este mes ha estado entrenando en Barcelona un grupo de atletas franceses, entre los que se encontraban las estrellas Teddy Tamgho, Pascal Martinot-Lagarde y Cindy Billaud, entre otros. Ello ha servido para que pudiéramos tener reuniones con sus entrenadores, para contrastar experiencias y, en realidad, aprender de sus conocimientos técnicos y su forma de trabajar.


Siempre he dicho que soy un gran admirador de la escuela francesa de atletismo, de su tradición y su sistema. Desde que estudiaba, el INSEP de París era una de mis referencias imprescindibles, y el Miroir de l'Athlétisme, la revista AEFA  o los suplementos de atletismo de l'Equipe, unas de esas joyas que intentaba conseguir y leía con entusiasmo.


Y es innegable, que en los últimos años los éxitos del atletismo francés han sido espectaculares: récords del mundo, campeones del mundo, campeones olímpicos, campeones de Europa, medallas y más medallas. Algún indocumentado dice que tienen suerte de contar con los atletas de las colonias. No es cierto. No es una cuestión de suerte. Es, simplemente, que trabajan muy bien, muchísimo mejor que en España. Y eso no quiere decir que sus entrenadores sean mejores que los nuestros. Los franceses han tenido siempre tradición de contar con excelentes técnicos, pero aquí también los hay, aunque se ven obligados a trabajar en unas condiciones mucho peores, y los presupuestos son bastante menores.


En Francia hay una cultura del atletismo. En España, no. En Francia se llena el estadio de Saint Dennis con miles y miles de espectadores cada año para ver un meeting de la Diamond League. Aquí vamos cuatro amigos a ver el atletismo en pista. En Francia, hay también una cultura polideportiva en los medios de comunicación. Aquí, como mucho, tendrás tu minuto de gloria en unos Juegos Olímpicos o unos Mundiales, si ganas una medalla. En Francia, trabajan infinitamente mejor con la iniciación y la captación de talentos. Aquí eso casi ni existe, aunque, también hay que decirlo, hay heroicos clubes que hacen una labor magnífica con los chavales, pero nadie les ayuda. En Francia, nos contaban, los entrenadores son profesionales. Hay casi 100 contratados por todo el país, que son funcionarios al servicio del Estado. Su profesión es ser entrenador o entrenadora de atletismo, y se dedican con todo tipo de facilidades a trabajar para los mejores atletas, de forma bastante coordinada y muy bien estructurada. En España, el 99 % de los entrenadores de nuestros atletas internacionales no puede vivir del atletismo. Ni siquiera los del Centro de Alto Rendimiento.  Hace mucho que ya propuse esa iniciativa: que los entrenadores de atletismo de alto nivel, que así lo deseen, sean profesionales, por ejemplo funcionarios del Estado. Y los mismo con otros deportes básicos como la natación y la gimnasia. Si un profesor presta un servicio al Estado en una escuela pública, también un entrenador lo hace al conseguir una medalla olímpica, de la cual por cierto bien presumen luego los presidentes de federaciones y los políticos. Pero nadie me hizo caso. Aquí cobran mucho más algunos directivos ejecutivos de la Federación que nuestros mejores entrenadores y atletas.


Tal vez el año que viene nacionalicemos al joven vallista cubano Orlando Ortega, gane una medalla en los Juegos de Río, y entonces se hablará de los grandes éxitos del atletismo español y de nuestro magnífico sector de vallas. No es cierto. Será un gran éxito, si lo consigue, del atleta y de sus entrenadores, en este caso Antúnez padre e hijo.


En fin, seamos humildes y aprendamos de las mejores cosas del sistema del atletismo francés.

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08 marzo 2015

Por José luis López

En el país de Zátopek

Estoy en Praga, la ciudad en la que falleció en 2000 el que muchos consideran como mejor fondista de todos los tiempos, el gran Emil Zátopek. Ha pasado más de medio siglo desde que “la locomotora humana”, como así se le conoce, lograra una gesta nunca más igualada: ganar en los mismos Juegos Olímpicos (los de Helsinki 1952) la medalla de oro en 5.000 m, 10.000 m y maratón. Pero a pesar de lo lejano del acontecimiento, en Praga, en cualquiera de sus numerosas librerías (qué gozada de ciudad donde se respira cultura por todas partes) todavía se encuentran publicaciones sobre su héroe deportivo nacional.

 

Tuve la fortuna de poder cenar privadamente una noche en Barcelona con Zatopek y su mujer, Dana Zatopova, lanzadora de jabalina y campeona olímpica en 1952. Fue una delicia y un privilegio poder escuchar tantas historias, tantas anécdotas, tantas gestas. Zátopek y su mujer eran extremadamente amables y muy buenos conversadores.

 

Me encantó su historia de amor, que probablemente estaba predestinada desde que ambos nacieran el mismo día. La entrada triunfal de Zátopek en la meta casi al mismo tiempo que Dana lanzaba la jabalina y ganaba la medalla de oro. El beso histórico en el estadio olímpico de Helsinki ante miles de personas. Y otras muchas historias y frases que me parecían encantadoras, como que si quieres ganar, corre los 100 m; si quieres experimentar la vida, corre una maratón. Eso era Zátopek, una gran lección para la vida.

 

Pero de Zátopek, además de sus medallas olímpicas, sus numerosos récords del mundo, su protagonismo como uno de los pioneros en el sistema de entrenamiento por intervalos de alta intensidad, y su correr agónico, me interesa mucho la persona. De origen muy humilde, pasó de obrero en una fábrica a coronel del ejército checoslovaco y héroe nacional por sus gestas deportivas. Pero en la “primavera de Praga”, en 1968, se enfrentó a la invasión comunista soviética y cayó en desgracia. Fue degradado de coronel a barrendero. Pero el pueblo estaba con su héroe. Por ello, para que no tuviera que barrer, a primera hora de la mañana, antes de que Zátopek iniciara su nuevo y duro trabajo, cada vecino barría su espacio de calle, para que así, cuando llegara Zátopek, ya estuviera todo limpio.

 

Admiro a los grandes atletas. Pero más todavía a los valientes que se oponen a las dictaduras y se enfrentan a los tanques. Todo ello se reunía en Emil Zátopek. Y, hoy, paseando por las calles que él tantas veces recorrió, vuelvo a recordar al gran atleta de la mano de Pablo Neruda, otro gran luchador por las libertades: “podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera”. 

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