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Deporte y vida

José Luis López

Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.

SOBRE EL AUTOR

José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.

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04 julio 2015

Por José luis López

Hoy salta “Air” Lavillenie

Hoy salta Reunaud Lavillenie en la Diamond Leagur de París. Es el plusmarquista mundial de salto con pértiga (6,16 m), el actual campeón olímpico y, en 2014, fue elegido mejor atleta del mundo. La semana pasada tuve la oportunidad (mejor diría, el lujo y privilegio) de poder estar personalmente en sus entrenamientos, en la localidad francesa de Clermont Ferrand, analizando cada detalle de las espectaculares acciones del saltador galo.

En otras ocasiones he tenido ya la oportunidad de poder trabajar directamente con grandes campeones olímpicos, campeones del mundo y plusmarquistas mundiales. Es algo que me apasiona. Y nunca dejo de sorprenderme cuando tengo la posibilidad de acercarme a una nueva estrella. Lavillenie tampoco te deja indiferente. Es espectacular y sorprendente.
De entrada os diré que la instalación deportiva de Clermont Ferrand, especialmente en lo que se refiere a la pista cubierta, es un verdadero paraíso del entrenamiento. Además del anillo de 200 m y la recta de 60 m habituales, cuenta con pista de calentamiento de casi 400 m, varias rectas de calentamiento, cuatro fosos de saltos horizontales, dos saltómetros de pértiga (uno de ellos bautizado precisamente con el nombre de Renaud Lavillenie) y otros dos de altura, así como todo el material complementario de entrenamiento que podáis imaginar. Por ejemplo, alrededor de 500 pértigas, de las cuales 87 son de Lavillenie. E incluso tiene una plataforma de rayos infrarrojos de 40 m para analizar a la milésima de segundo la carrera de aproximación.

En el entrenamiento de calidad, 30 saltos. 10 con 12 pasos de carrera sobre 5,50 m. Sin problemas. Los otros 20, con 16 pasos (su carrera completa es de 20), agarre a 5,10 m, una velocidad de entrada de 10,1 m/s y con el listón directamente en 5,90 m. Y me explicó que en algunos entrenamientos ha pasado de 6 metros. Así es Renaud Lavillenie. No especula. No le sirve lo de “partido a partido”. Él va directamente a por algo grande. Por eso, cuando logró el salto récord de 6,16 m, quiso continuar y puso el listón en 6,21 m. Una locura.

Me interesaron también los ejercicios de técnica y de trabajo de pies del segundo día. Fundamentalmente, no tanto por lo novedoso de los ejercicios sino por la perfección en la ejecución. Ya lo decía el gran Santiago Antúnez, entrenador de Dayron Robles, los buenos atletas no se diferencian tanto por los ejercicios que realizan sino por cómo los hacen.

Otras curiosidades de Lavillenie. Ya sabéis que tiene un saltómetro y colchoneta de pértiga en el jardín de su casa. “Ahí he batido el récord del mundo de jardines”, me cuenta divertido. Por cierto, está en 5,76 m, por si alguien quiere probarlo en su casa, junto a la piscina.
Vamos a cenar a un club de sus amigos del  rugby (también es un apasionado de este deporte), y ahí surge el Renaud más humano, sencillo, amable, humilde. Un lujo departir con él, con su entrenador, Philippe d’Encause, con su manager, con su novia o con su fisioterapeuta.

Y otra sorpresa. Tras el entrenamiento de la mañana, por la tarde su otra gran pasión, las motos. Nos trasladamos al circuito de Issoire, y ahí le espera su equipo. Agarra su Suzuki 1000 (Mela Chércoles, disculpa mi desconocimiento motero) y se lanza a dar vueltas a 287 km/h. Incluso en 2013 llegó a participar en las 24 horas de Le Mans, y cinco meses después batió el récord del mundo. “Necesito pilotar, sentir la adrenalina, es fundamental para mi equilibrio emocional”. Creo que a ningún otro atleta del mundo de alto nivel le dejarían arriesgar así.

Por cierto, Lavillenie es fan de Marc Márquez. Le he prometido un encuentro entre ambos… pero a cambio, quiero que venga unos días a Barcelona el año que viene. Para seguir transmitiéndome su pasión por la pértiga, que comenzó en su abuelo, continuó en su padre y tiene un buen futuro en su hermano pequeño Valentin.

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25 abril 2015

Por José luis López

El ejemplo del atletismo francés

Este mes ha estado entrenando en Barcelona un grupo de atletas franceses, entre los que se encontraban las estrellas Teddy Tamgho, Pascal Martinot-Lagarde y Cindy Billaud, entre otros. Ello ha servido para que pudiéramos tener reuniones con sus entrenadores, para contrastar experiencias y, en realidad, aprender de sus conocimientos técnicos y su forma de trabajar.


Siempre he dicho que soy un gran admirador de la escuela francesa de atletismo, de su tradición y su sistema. Desde que estudiaba, el INSEP de París era una de mis referencias imprescindibles, y el Miroir de l'Athlétisme, la revista AEFA  o los suplementos de atletismo de l'Equipe, unas de esas joyas que intentaba conseguir y leía con entusiasmo.


Y es innegable, que en los últimos años los éxitos del atletismo francés han sido espectaculares: récords del mundo, campeones del mundo, campeones olímpicos, campeones de Europa, medallas y más medallas. Algún indocumentado dice que tienen suerte de contar con los atletas de las colonias. No es cierto. No es una cuestión de suerte. Es, simplemente, que trabajan muy bien, muchísimo mejor que en España. Y eso no quiere decir que sus entrenadores sean mejores que los nuestros. Los franceses han tenido siempre tradición de contar con excelentes técnicos, pero aquí también los hay, aunque se ven obligados a trabajar en unas condiciones mucho peores, y los presupuestos son bastante menores.


En Francia hay una cultura del atletismo. En España, no. En Francia se llena el estadio de Saint Dennis con miles y miles de espectadores cada año para ver un meeting de la Diamond League. Aquí vamos cuatro amigos a ver el atletismo en pista. En Francia, hay también una cultura polideportiva en los medios de comunicación. Aquí, como mucho, tendrás tu minuto de gloria en unos Juegos Olímpicos o unos Mundiales, si ganas una medalla. En Francia, trabajan infinitamente mejor con la iniciación y la captación de talentos. Aquí eso casi ni existe, aunque, también hay que decirlo, hay heroicos clubes que hacen una labor magnífica con los chavales, pero nadie les ayuda. En Francia, nos contaban, los entrenadores son profesionales. Hay casi 100 contratados por todo el país, que son funcionarios al servicio del Estado. Su profesión es ser entrenador o entrenadora de atletismo, y se dedican con todo tipo de facilidades a trabajar para los mejores atletas, de forma bastante coordinada y muy bien estructurada. En España, el 99 % de los entrenadores de nuestros atletas internacionales no puede vivir del atletismo. Ni siquiera los del Centro de Alto Rendimiento.  Hace mucho que ya propuse esa iniciativa: que los entrenadores de atletismo de alto nivel, que así lo deseen, sean profesionales, por ejemplo funcionarios del Estado. Y los mismo con otros deportes básicos como la natación y la gimnasia. Si un profesor presta un servicio al Estado en una escuela pública, también un entrenador lo hace al conseguir una medalla olímpica, de la cual por cierto bien presumen luego los presidentes de federaciones y los políticos. Pero nadie me hizo caso. Aquí cobran mucho más algunos directivos ejecutivos de la Federación que nuestros mejores entrenadores y atletas.


Tal vez el año que viene nacionalicemos al joven vallista cubano Orlando Ortega, gane una medalla en los Juegos de Río, y entonces se hablará de los grandes éxitos del atletismo español y de nuestro magnífico sector de vallas. No es cierto. Será un gran éxito, si lo consigue, del atleta y de sus entrenadores, en este caso Antúnez padre e hijo.


En fin, seamos humildes y aprendamos de las mejores cosas del sistema del atletismo francés.

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08 marzo 2015

Por José luis López

En el país de Zátopek

Estoy en Praga, la ciudad en la que falleció en 2000 el que muchos consideran como mejor fondista de todos los tiempos, el gran Emil Zátopek. Ha pasado más de medio siglo desde que “la locomotora humana”, como así se le conoce, lograra una gesta nunca más igualada: ganar en los mismos Juegos Olímpicos (los de Helsinki 1952) la medalla de oro en 5.000 m, 10.000 m y maratón. Pero a pesar de lo lejano del acontecimiento, en Praga, en cualquiera de sus numerosas librerías (qué gozada de ciudad donde se respira cultura por todas partes) todavía se encuentran publicaciones sobre su héroe deportivo nacional.

 

Tuve la fortuna de poder cenar privadamente una noche en Barcelona con Zatopek y su mujer, Dana Zatopova, lanzadora de jabalina y campeona olímpica en 1952. Fue una delicia y un privilegio poder escuchar tantas historias, tantas anécdotas, tantas gestas. Zátopek y su mujer eran extremadamente amables y muy buenos conversadores.

 

Me encantó su historia de amor, que probablemente estaba predestinada desde que ambos nacieran el mismo día. La entrada triunfal de Zátopek en la meta casi al mismo tiempo que Dana lanzaba la jabalina y ganaba la medalla de oro. El beso histórico en el estadio olímpico de Helsinki ante miles de personas. Y otras muchas historias y frases que me parecían encantadoras, como que si quieres ganar, corre los 100 m; si quieres experimentar la vida, corre una maratón. Eso era Zátopek, una gran lección para la vida.

 

Pero de Zátopek, además de sus medallas olímpicas, sus numerosos récords del mundo, su protagonismo como uno de los pioneros en el sistema de entrenamiento por intervalos de alta intensidad, y su correr agónico, me interesa mucho la persona. De origen muy humilde, pasó de obrero en una fábrica a coronel del ejército checoslovaco y héroe nacional por sus gestas deportivas. Pero en la “primavera de Praga”, en 1968, se enfrentó a la invasión comunista soviética y cayó en desgracia. Fue degradado de coronel a barrendero. Pero el pueblo estaba con su héroe. Por ello, para que no tuviera que barrer, a primera hora de la mañana, antes de que Zátopek iniciara su nuevo y duro trabajo, cada vecino barría su espacio de calle, para que así, cuando llegara Zátopek, ya estuviera todo limpio.

 

Admiro a los grandes atletas. Pero más todavía a los valientes que se oponen a las dictaduras y se enfrentan a los tanques. Todo ello se reunía en Emil Zátopek. Y, hoy, paseando por las calles que él tantas veces recorrió, vuelvo a recordar al gran atleta de la mano de Pablo Neruda, otro gran luchador por las libertades: “podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera”. 

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15 febrero 2015

Por José luis López

Gana Gasol

Del histórico partido de All Star de la NBA  que esta madrugada se disputa en Nueva York con la participación inédita de los hermanos Gasol os lo están contando todo los grandes expertos en baloncesto de esta casa. Disfrutaré del encuentro, como un enamorado más del deporte. Y desde el salto inicial, cargado de gran simbolismo al enfrentar a Pau y Marc, entrelazaré jugadas, mates, triples, defensas y rebotes, todo ello a un ritmo frenético, con una reflexión mucho más pausada de lo que significan estos dos hermanos desde el punto de vista humano.

Siempre he dicho que el deporte es una fuente inagotable de valores. Y los deportistas han de ser los principales transmisores. No me sirve una gran estrella carente de la humanidad que requiere alguien a quien podamos considerar realmente grande. El deportista sin humildad, el prepotente, el que no es solidario, el endiosado... no es más que una máquina asombrosa que no conecta con mis sentimientos.

Pues bien, Pau y Marc Gasol son principalmente dos excelentes seres humanos. Y ahí es donde encuentro a los verdaderos grandes del deporte, los que seguirán en lo más alto de la memoria colectiva incluso después de haberse retirado, porque en realidad las grandes personas no se retiran nunca. Conocí a Pau en un "Larguero" de la SER en Barcelona. Me impactó. Poco después se publicó su libro "Vida", de sugerente título. Se trata de una cuidada edición con fotografías de la premiada Lori Shepler, donde Pau explica cómo es, cómo vive, cómo siente. Ahí encontramos al ser humano normal.

Decía Lori Shepler, quien trabajó durante más de 25 años en Los Ángeles Times y acredita varios premios Pulitzer de fotografía, que Pau Gasol es el deportista más terrenal que había conocido en su vida. Cuando repaso una vez más su libro "Vida", me vuelvo a dar cuenta de ello. En el epicentro de su vida Pau pone a su familia, y todo lo que ha aprendido de ella. "La educación que he recibido me ayuda a gestionar el éxito que he alcanzado", dice Pau, lo cual, añado yo, no debe ser nada fácil. Luego, el baloncesto, ese deporte que le ha abierto tantas puertas y que le permite tener un impacto positivo en la vida de los demás. Y a partir de ahí, se genera todo el fenómeno humano de Pau. Esa es la base de la Gasol Foundation, de Pau y Marc, que realiza una labor magnífica para niños desfavorecidos de todo el mundo, para que tengan opciones en la vida para alcanzar su máximo potencial. Ese es el Pau que más me impresiona, el que también es embajador de buena voluntad de UNICEF desde 2003, el que visita frecuentemente hospitales infantiles, el que dice que ayudar es lo que más llena su vida. Y también me interesa el "hombre del Renacimiento", como le definió el mítico Phil Jackson. Un Pau culto, amante de la lectura y la música, apasionado de la medicina (como su madre), que defiende los valores de la educación para todos y en todo el mundo.

Esta noche, Pau contra Marc. Marc contra Pau. Gana Gasol. Gana el baloncesto.      

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07 febrero 2015

Por José luis López

Récords: patrimonio inmaterial de la Humanidad

Mis compañeros de la prestigiosa Asociación Española de Estadísticos de Atletismo presentaron ayer en Madrid un libro excepcional: "Cronología de los récords y mejores marcas españolas de atletismo". Se trata de una obra de compilación histórica de gran valor, cuidadosamente editada por unos apasionados del rigor y la precisión de cada dato. Así son los estadísticos de atletismo.


Sirvió esta presentación para reunir alrededor de un centenar de plusmarquistas de diferentes épocas, que ya son parte imborrable de la historia de nuestro atletismo. Diría que nunca antes se había conseguido reunir a un elenco tan destacado de atletas. No citaré nombres, porque parecería que diera más importancia a unos que a otros. En realidad todos forman parte de una historia que demuestra por qué atletismo proviene del griego "aethlos", que significa esfuerzo. Millones de latidos, de zancadas, de saltos, de lanzamientos, de horas de entrenamiento, en ya casi un siglo de historia del atletismo federado español. Mucho más tiempo de silencio y de incomprensiones, que luces deslumbrantes. Porque el atletismo es eso: luchar y sufrir para, tal vez solo un día en la vida, saborear un momento de gloria irrepetible. Pero por el camino quedan también las emociones, la superación personal, las pequeñas y grandes alegrías que no aparecen en los medios de comunicación, pero te hacen un poco más feliz. Y eso ya te compensa.


Siempre he pensado que los récords son patrimonio inmaterial de la Humanidad. Por supuesto, los del mundo, pero también, en nuestro ámbito, los de España. Cuando alguien consigue una plusmarca, significa que ha realizado lo que nunca nadie en la historia de su país, su continente e incluso el planeta había podido hacer. Es algo tan excepcional y mágico como cada vez más difícil. Dicen que los récords pasan y las medallas quedan. Pero yo creo que queda todo. Si bates un récord, ya para siempre serás el primero o la primera que consiguió esa marca. Y de esa manera se reivindica un poco más, gracias a ti, plusmarquista, lo mejor de la condición humana, su espíritu de superación y progreso. Con cada récord, parece que los seres humanos sean un poco mejores. 

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31 diciembre 2014

Por José luis López

El reto de las mujeres deportistas

Aunque tengamos la sensación de que el tiempo pasa cada vez más deprisa y se nos escapa de las manos, lo cierto es que si miramos con detenimiento al pasado más cercano comprobaremos que en un año ocurren muchos acontecimientos destacables. Y en el mundo del deporte, cuya actualidad galopa a la par que el vértigo que provocan algunas de las hazañas de las grandes estrellas, los acontecimientos reseñables de 2014 han sido muchos. Pero si tuviera que elegir lo que considero más destacable, en nuestro país, es el imparable éxito del deporte femenino español a nivel internacional.


Desde el punto de vista sociológico es interesantísimo. Viniendo de un pasado relativamente reciente de exclusión de la mujer deportista, con discriminaciones que ahora nos sonrojan y pioneras que lo tuvieron incluso más difícil por sobresalir en el deporte que en otros aspectos de la vida, cuando aún hoy en nuestro país hay 18 puntos de diferencia entre la práctica deportiva masculina y la femenina, cuando los patrocinadores y las becas se reducen a mínimos, cuando la crisis machaca a los más débiles (y en el deporte por desgracia son los deportes minoritarios y el tantas veces olvidado deporte femenino), emergen radiantes nuestras chicas con éxitos mundiales de altísimo nivel.  


No hay excepción. No son casos aislados ni milagros. Han ganado en deportes individuales y colectivos, o de prestación y situación. Incluso en especialidades donde las ligas nacionales apenas sobreviven, o en deportes con presupuestos ridículos, escasas licencias, e incluso algunos casi inaccesibles para una europea.


Mireia Belmonte, Laia Sanz, Carolina Marín, Ruth Beitia, Ona Carbonell, Lidia Valentín, Marina Alabau, Vero Boquete, las chicas del balonmano, el baloncesto, el waterpolo, el fútbol, el golf, la gimnasia rítmica, la natación sincronizada... y otras muchas desde las juveniles hasta las que pasan con creces de los 30 años, han competido con talento, sin complejos, y han obtenido éxitos históricos.


Pero detrás de todo esto, me asaltan algunas preguntas inquietantes. ¿Se ha conseguido ya la equidad entre deporte masculino y femenino? ¿Se valoran igual todos los éxitos? ¿Los medios de comunicación dan el mismo protagonismo a hombres y mujeres? Por desgracia, no. Solo un 6 % de las informaciones deportivas en España se refieren a las mujeres, la mitad que en muchos países de la Unión Europea. Tiene que ser algo descomunal, como las hazañas de Mireia Belmonte, sus 53 medallas en un año y sus 3 plusmarcas mundiales, lo que la aúpe a una portada. Pero parece que solo interesan cuando ganan algo muy importante. Como aquellos medallistas olímpicos de deportes minoritarios que apenas tienen su minuto de gloria en los medios una vez cada cuatro años... y si ganan algo, claro.


Un director de un periódico deportivo me decía hace años que lo que vende es el deporte masculino. Le respondí: "no es lo que vende, es lo que tú vendes". Efectivamente, el deporte femenino simplemente espera a que se sepa y se quiera difundir como se hace con todo lujo de detalles en el caso masculino.


Llevo más de 30 años defendiendo los derechos del deporte femenino, de la mujer deportista. Soy un apasionado de su emancipación deportiva y sobre ello he impartido conferencias, escrito artículos, organizado exposiciones y congresos, y he entrenado a muchas más mujeres que a hombres, narrado hazañas inolvidables de las mejores mujeres deportistas... y sigo pensando que el deporte no debe ser cosa de géneros sino de justicia y realidades objetivas, pero que los estereotipos, los prejuicios, los tópicos y la falta de criterios objetivos siguen levantando barreras. Cada vez menos, pero no es suficiente.


Elite, medalla, estrella y plusmarca se escriben en femenino, y en 2014 mucho más. Nuestras chicas deportistas nos han lanzado un reto. Ahora somos nosotros, la sociedad en general y los medios de comunicación en particular, quienes hemos de responder. Ningún récord, medalla, gol o punto masculino ha de valer más que su correspondiente en la categoría femenina. Comencemos el año 2015 con ese propósito.

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30 noviembre 2014

Por José luis López

No a la violencia. Sí a la educación en valores

Odio la violencia. Todo tipo de violencia. Y, por supuesto, también la que se genera alrededor del fútbol. Por eso, en un blog que pretende reflexionar mayoritariamente acerca de la relación entre el deporte y la vida, que reivindica constantemente los valores más positivos que deberían ser el epicentro de la existencia humana, no puedo ser ajeno al violento fallecimiento de Francisco José Romero Taboada, conocido por sus amigos como Jimmy, en una pelea entre radicales en Madrid. Dos hijos se quedan sin padre, un niño de 4 años y un chaval de 19 que probablemente nunca podrán entender por qué ocurrió esta tragedia. Por eso, además de lamentar este terrible acto violento, sea quien sea la víctima, con un fatal desenlace, sobre todo hay que condenar toda la vandálica pelea que se originó, de forma premeditada, entre grupos radicales.


Me dicen mis compañeros futboleros que el Frente atlético, como los Ultra Sur y algunos más, son extrema derecha. Y que los Riazor Blues (incluidos Los suaves), así como los grupos más radicales del Rayo, el Alcorcón, el Celta, y otros más, son extrema izquierda. ¡Qué equivocación! No son nada de eso. Son simplemente extrema violencia. Sin más etiquetas. Exactamente lo mismo. Una forma de entender la vida basada en el odio, en la creencia de que la violencia les reafirma como seres superiores, donde el grupo, la tribu o la banda se convierten en destructivos, con la falsa excusa de la supervivencia. O machacamos o nos machacan. ¡Qué error!


Dicen que el fútbol es un reflejo de la sociedad. Y en la sociedad hay violencia. Pero yo creo que el fútbol, como deporte, no tiene ninguna culpa. La culpa está en la falta de educación y de valores. El fútbol, al ser el deporte que genera más expectación, pasión, dinero, interés mediático... se ha convertido en el escenario más propicio para concentrar el mayor número de acciones violentas en el deporte. Es entonces cuando las rivalidades se convierten en odio. Y eso, se va generando poco a poco cuando cada semana, en cientos de campos se insulta al árbitro o al rival, casi por sistema o costumbre, cuando se realizan declaraciones incendiarias, cuando un padre amenaza a un entrenador de niños porque no juega su hijo, cuando se aviva la polémica desde los medios, sin la objetividad necesaria. Me cuentan que en algunos países incluso hasta los jugadores pagan una especie de impuesto a los grupos ultras de su equipo, para poder sobrevivir en paz. Es el precio del miedo, algo muy triste, porque significa que ese miedo al que es más fuerte que tú, porque es más violento, atenta directamente a la dignidad y los derechos humanos.


¿Por qué hay grupos ultras, radicales y violentos en el fútbol, y no existen en el atletismo, la gimnasia, la natación y tantos otros deportes? ¿Porque estos últimos son minoritarios en comparación con el fútbol? Creo que no.  


Sí a los sentimientos por unos colores, sí a las pasiones bien entendidas, sí a poder ir al fútbol en familia, sí a aplaudir al equipo contrario de la forma más natural del mundo, sí a esa mayoría de espectadores y aficionados que son tan entusiastas como pacíficos. Sí a la educación en valores, sin la cual una sociedad no tiene ningún futuro. Porque no es solo el fútbol quien tiene un problema con la violencia. Es toda la sociedad. Toda la buena gente.             

 


Y no rotundo a los clubes y a los gobiernos que miran hacia otro lado ante los violentos, en cualquier parte del mundo. Porque tal vez creen que enfrentándose decididamente a ellos van a tener más problemas que buenas noticias. Y es exactamente al revés. 

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16 noviembre 2014

Por José luis López

Valencia: la Ciudad del Running

No me cabe ninguna duda de que Valencia es la Ciudad del Running. O simplemente de correr. Aceptando la evidencia de que el auge exponencial de las carreras populares y la pasión por correr es un fenómeno global, y que Barcelona, Madrid, Sevilla, Málaga, Vitoria y otras muchas ciudades organizan maratones de prestigio que han crecido espectacularmente en participación y calidad organizativa en los últimos años, creo que lo de Valencia es algo tan singular como espectacular.

Hoy el Maratón de Valencia Trinidad Alfonso ha vuelto a ser un gran éxito, aunque no hubiera récord de maratón más rápida de España. Evidentemente, en un maratón internacional de estas características, los registros de los atletas de elite son una referencia muy importante. Y sigo pensando que no hay más que 3 o 4 ciudades en el mundo que podrían objetivamente ser el escenario de una nueva plusmarca mundial. La primera, lógicamente, es Berlín. También, Chicago. Y en esa lista ha de figurar Valencia. Se tendrán que dar muchas circunstancias, especialmente que los grandes aspirantes al récord, acompañados por las mejores liebres del planeta, apuesten por competir en Valencia como objetivo principal del año, y eso no es fácil, pero en cualquier caso Valencia reúne condiciones favorables que poquísimas ciudades tienen.

Pero cuando veo una maratón me quedo especialmente con las emociones, las caras, los abrazos, las lágrimas y cada gesto de los miles de atletas que cruzan la meta. En tres, cuatro o cinco horas. Da igual. Es el gran reto personal. Es la cultura del esfuerzo. Es probablemente haberte convertido en alguien un tanto diferente a aquél que eras unas horas antes, en la línea de salida. Porque ahora te conoces un poco mejor a ti mismo y sabes que lo has conseguido porque has creído en tu propia victoria.

Y también me parece muy significativo que la mayoría de las carreras populares que actualmente se organizan sean solidarias. Es evidente que hay un sufrimiento en la preparación de un maratón y en el reto de afrontar y cubrir esos 42.195 metros. Y ahí encuentro un paralelismo con otro tipo de sufrimiento, el de tanta y tanta gente que lo está pasando muy mal, a quienes parece que la vida les ha dado la espalda. Y es entonces cuando surge, regalando esperanzas, la solidaridad de los atletas populares. Este año, en Valencia, a favor de los servicios sociales de San Juan de Dios. Pero cada fin de semana, en cualquier otra carrera, a favor de otras muchas causas justas y emocionantes.

Una ciudad y miles de latidos y zancadas. Una pasión compartida. Es el lenguaje universal de los corredores.

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11 noviembre 2014

Por José luis López

Aprendiendo en Colombia

Acabo de regresar de Colombia. Me invitaron a participar como ponente en el prestigioso Congreso internacional de ciencias aplicadas al deporte de la Institución Universitaria Escuela Nacional del Deporte, en Cali, que concluyó con una gran éxito de participación (más de 600 alumnos y alumnas) y organización. Se supone que cuando vas como docente a un evento así, lo haces para enseñar. Pero en realidad, cuando regresas te das cuenta que lo que más has hecho es aprender.

Porque de la Escuela Nacional del Deporte, que cumple ahora 30 años, sobre todo puedes empaparte de la filosofía de la institución, de una manera de trabajar basada en la eficiencia y la eficacia, de un reconocimiento del deporte como pilar fundamental en el desarrollo de una sociedad. De entrada, se trata de una universidad del deporte, con sus diferentes facultades, que abarcan las diversas ciencias relacionadas con la actividad física y el deporte. Esta concepción, que he conocido en algún otro país del mundo, no existe en España. Y debería existir, porque las universidades deberían ser cada vez más especializadas y poder ofrecer servicios que incluso van más allá de la docencia, la investigación y la transferencia de conocimiento. Así trabajan en Cali. Por eso, con una concepción más integral, pueden convertirse en agentes de salud, formadores de los mejores profesionales del deporte del país, organizadores de eventos deportivos del máximo nivel o proyectar la creación de un centro de alto rendimiento internacional.

El deporte tiene el suficiente peso como para ser el eje central de una universidad propia. No simplemente una facultad  o incluso un departamento de una facultad. Los países que apuesten por ello estarán apostando por un futuro de progreso.

Y por otra parte, aunque frecuentemente imparto ponencias o másteres en América, no dejo de sorprenderme, con agrado, del magnífico trato que recibo en estos países. Te encuentras con un agradecimiento tan profundo, que te sientes a la vez reconfortado y reconocido. Cuando ves que cientos de alumnos, al acabar la conferencia, vienen a darte la mano y decirte "muchas gracias por lo que nos ha enseñado, profesor", piensas que vale la pena participar, aunque modestamente, en la transferencia del conocimiento. E insisto que, mientras yo aporto teoría del entrenamiento, biomecánica, atletismo o cualquier otro aspecto de las ciencias de la actividad física y el deporte, a su vez recibo educación, interés, atención, humanidad, agradecimiento, además de interesantísimas aportaciones técnicas. En definitiva, me regalan valores. Y por eso creo que salgo ganando.

Y mientras sobrevuelo el Atlántico, me vienen a la memoria las palabras de Rubem Alves: "Enseñar es un ejercicio de inmortalidad. De alguna forma seguimos viviendo en aquéllos cuyos ojos aprendieron a ver el mundo a través de la magia de nuestra palabra. Así, el profesor no muere nunca...". Ojalá algún día llegue a conseguir eso. Todavía me falta mucho. Pero en países como Colombia, Chile o Uruguay, donde he trabajado este año, te allanan el camino.   

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13 octubre 2014

Por José luis López

Finishers

Este fin de semana se ha disputado el Ironman de Hawaii, en Kailua-Kona, a su vez Campeonato del Mundo. Me cuentan que ha sido trending topic a nivel mundial. Y he podido comprobar cómo desde nuestro país se seguía en directo el acontecimiento hasta altas horas de la madrugada.

Reflexiono acerca de esta durísima prueba, que deja pequeños otros retos que antes nos parecían insuperables, como correr una maratón. Pero es que un Ironman se compone, de forma continuada, de 3,8 km nadando, 180 km en bicicleta y 42,195 km corriendo.  En Hawaii se impusieron el alemán Sebastian Kienle, con un tiempo total de 8 horas, 14 minutos y 18 segundos, y la australiana Mirinda Carfrae, con 9 horas y 55 segundos, realizando mejor marca en la parte de maratón que el ganador masculino, exactamente 2.50 26.

Y la mejor manera para conocer los componentes humanos y estéticos de un Ironman la he encontrado en un espectacular libro de la fotógrafa Silvia  Domínguez, titulado precisamente así: "Finishers" (www.finishersbook.com), que tiene como escenario el Ironman de Lanzarote. Os recomiendo que entréis en esta página y colaboréis en la difusión de la obra.  Porque en ella se capta en toda su máximo significado el término "finisher", es decir, quien ha llegado a la meta. Aunque sea un anglicismo, me parece una palabra maravillosa, que deja de ser vocablo para convertirse en filosofía de vida. Esa es la esencia de todo, llegar a la meta, a tu meta personal, a conocerte mucho mejor a ti mismo, a desafiar los límites, a experimentar una sensación única que los demás mortales (yo por lo menos) nunca podremos sentir. Seré "finisher" en otros terrenos, en otros retos de la vida también apasionantes, pero nunca en un ironman.

Reflexionas sobre lo que significa entrar en el agua a las 7 de la mañana y llegar a la meta poco antes de las 12 de la noche. Y es entonces cuando aparece la figura del otro: un ser querido, una causa justa, el atleta que tienes al lado, incluso el que ya no está. Esa puede ser la gran motivación para seguir adelante, ese grito de ánimo o ese pensamiento puesto, kilómetro a kilómetro, en alguien.

Me cuenta Silvia Domínguez que "aquel que logra ser "finisher" sabe dos cosas: que puede conseguir lo que se proponga si su motivación es lo bastante fuerte, y que en ese camino una simple palabra de ánimo puede marcar la diferencia. Aquel que logre su primera medalla de "finisher" no volverá a ser el mismo. Esa es la verdadera magia del Ironman".

Y me sorprendo cuando Gordon Haller (el primer "finisher" de Ironman de la historia, en Hawaii 1978) escribe que "rendirse solo porque es duro, me avergonzaría". Lo dice ahora, con más de 62 años, y todavía compitiendo. Fue él quien, tras ganar aquel año, esperó en la meta uno a uno a todos los "finishers" que iban llegando, hasta bien entrada la noche. Como este año, en Kailua-Kona, donde el último en llegar a la meta ha sido Clintyn Barnes, con 16 horas, 56 minutos y 37 segundos. Tardó más de 7 horas y media en acabar la maratón, pero llegó a la meta, en medio de la noche, con miles de persones esperándole, recibiendo un abrazo cálido y un beso eterno. Siendo un triunfador.

Es, una vez más, el deporte y la vida. Las historias de superación que nos asombran al mismo tiempo que nos reconcilian con nuestra condición de seres humanos.

  

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