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Deporte y vida

José Luis López

Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.

SOBRE EL AUTOR

José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.

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15 abril 2014

Por José luis López

Colo-Colo, “camp30n”

Ha coincidido el triunfo liguero de Colo-Colo con mi estancia en Chile, donde continuo la gira americana impartiendo clases de máster en diferentes universidades. Por eso, he podido vivir muy de cerca el triunfo decisivo sobre Wanderers en el Estadio Monumental, y la posterior celebración en la plaza Italia. Hacía varios años que Colo-Colo no se imponía en el campeonato, y con éste suma ya 30 títulos (30 estrellas), lo que explica el título de esta columna.

En Macul, en la ciudad deportiva de Colo-Colo, los niños que forman la cantera ven cada día en su vestuario esta inscripción: “El néctar del triunfo se bebe en la copa del sacrificio”. He aquí una de las señas de identidad de esta institución: la cultura del esfuerzo, que tantas veces he defendido en este blog. Y también el seguidor de Colo-Colo hace suya esta sentencia: “de atrás pica el indio”, es decir, que aunque el equipo vaya segundo, tercero o incluso más atrás en la clasificación, nunca se rinde y, desde ahí, atacará al líder para hacerse con su privilegiada posición.

Me cuentan algunos incondicionales del equipo, que tiene a un indio mapuche en su escudo,  muchas anécdotas del club, a lo largo de tantos años de historia, desde que derivó del Magallanes. Y también su eterna rivalidad con la “U”, el equipo de la Universidad de Chile, con quien por cierto estuve trabajando en 2008, en la época de Marcelo Salas, haciendo con el primer equipo estudios biomecánicos y valoraciones funcionales.

Pero esta vez, el título de Colo-Colo, tuvo una característica especial. Antes del inicio del partido los “wanderinos” mostraban una pancarta en apoyo al dolor por la tragedia de Valparaíso. La hinchada alba de Colo-Colo se identificaba en una simbiosis perfecta de emoción y solidaridad con la V Región, y aplaudían en un “todos con Valpo”. Era como si llegara al estadio el olor a madera quemada por el fuego, el llanto de miles de familias que lo habían perdido todo, la imagen de aquellos abuelitos que murieron abrazados. Wanderers, que no tenía en sus filas a algunos jugadores cuyas familias habían vivido la tragedia y no pudieron viajar, hizo lo posible por dar una pequeña alegría a su gente, pero el destino parecía indicar que la trigésima estrella debía bajar este domingo para los colocolinos, y el solitario gol de Felipe Flores bastó para hacerse con el título más sufrido y esperado de los últimos años. Pero os aseguro que la solidaridad con el dolor porteño, la de todo un país, era la mayor de las emociones que se podía vivir el domingo en las calles de Santiago. Era como si entre todos se pudiera parar el viento, y convertir las devastadoras lenguas de fuego en un grito de esperanza. ¡Fuerza Valpo!     

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11 abril 2014

Por José luis López

El “maracanazo”

“Vo… ¡No sean giles! Saquen acá que están los Campeones del Mundo”. Estoy en Uruguay, impartiendo classes de máster en una universidad de Montevideo. Y aprovecho los días para empaparme de la cultura futbolística de este país. Una buena manera, leer el libro “Maracaná. La historia secreta”, de Atilio Garrido. Es un best seller, que recrea deliciosamente el “maracanazo”, y nos explica que Uruguay llegó a aquella mítica y legendaria Copa del Mundo de 1950 tras un camino tortuoso y caótico. Es apasionante descubrir lo qué realmente pasó los días antes y durante aquel grandioso éxito del fútbol uruguayo, y llegas a la conclusión de que se conjuraron el milagro con el inmenso talento y la garra tan propia de los futbolistas uruguayos. Y en realidad, como dijo Zizinho, la gran estrella de Brasil: “Nos ganaron bien. En realidad, el equipo uruguayo era superior al nuestro”. Obdulio Varela, Roque Máspoli, Ghiggia, Schiaffino, Julio Pérez…  Nombres de leyenda, que ahora, más de medio siglo después, y ante el cercano Mundial de Brasil, reviven en una película que está arrasando en los cines uruguayos.

Recorro Montevideo y me asombro de la gran cantidad de partidos de fútbol en campos casi improvisados que se asientan en el terreno, cerca de la Rambla y el Río de la Plata. Me cuentan que más de 60.000 niños juegan a fútbol cada fin de semana en la capital uruguaya en las ligas de menores de hasta 12 años. Eso es impresionante. Uruguay vive el fútbol, ama el fútbol, respira fútbol como si fuera la respiración del alma. Y están muy ilusionados con lo que pueda hacer su selección en el Mundial, porque el listón se puso muy alto hace cuatro años y piensan mejorarlo. Luis Suárez no puede fallar, me dicen unos. Somos un equipo incómodo para cualquiera, me apuntan otros. El poblema es si nos toca un equipo europeo, temen los menos optimistas. Y hasta algún escéptico me asegura que el Mundial ya está amañado para que gane Brasil. Es la discusión del fútbol, la de los apasionados, la que llena de vida cada día en un país admirable.

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19 marzo 2014

Por José luis López

La radio del fútbol

Esta mañana he tenido el gusto de presentar junto a Vicente del Bosque el excelente libro "La retransmisión del fútbol en la radio", del periodista salmantino Alberto Pérez y editado como libro solidario por la Fundación CIDIDA (todos los beneficios de la venta del libro se destinan a la organización de acciones humanitarias en el deporte). El libro es la consecuencia de la tesis doctoral de Alberto Pérez, a quien podéis escuchar cada semana narrando el fútbol inglés en Canal Plus.

 

Y digo que es un placer participar en actos así porque la radio y el fútbol tienen una consolidada relación, desde la de los heroicos comentaristas a pie de campo a las narraciones "en colores" de la actualidad. Todo ha evolucionado muchísimo, pero no se ha perdido la emoción, la pasión, la magia, el romanticismo. Creo que hablar de radio y fútbol nos evocará a todos recuerdos de la infancia, seguimiento de una quiniela que siempre nos ilusionaba pero nunca nos tocó, tardes de domingo llenas de sabor y sonidos inconfundibles. La radio compañera, íntima, que pronto se convertiría en una más de la familia. La radio de la gente humilde. La radio con la que imaginabas cada detalle de un partido, y te hacía viajar incluso a los lugares más remotos del planeta. La radio que nunca desaparecerá. 

 

En España siempre se ha hecho una gran radio deportiva. Y he tenido la suerte de aprender de gigantes de la comunicación, trabajando con ellos en la SER o escuchándoles en otras muchas emisoras. Ahora, como decía mi admirado Vicente del Bosque esta mañana, todo parece más teatral. Es una gran función. Un espectáculo coral. Y lo mejor es que cada emisora, cada narrador, cada comentarista, cada animador tienen su estilo. Cada "canción" suena diferente. Pero la mayoría me gusta. Nunca he entendido las guerras de los medios ni he participado en ellas. En cambio, sí entiendo cuando un programa deportivo bien hecho, desde cualquier emisora, me emociona, me divierte, me transmite la información que busco.  Cuando un periodista hace de la narración deportiva todo un arte de la comunicación. Radio y fútbol: qué gran combinación.

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09 marzo 2014

Por José luis López

Una situación nada novedosa

Hablar de Ruth Beitia y hacerlo también de la actuación del equipo español en el Mundial de atletismo en pista cubierta de Sopot es irse de un extremo a otro. De Ruth Beitia siempre hay que hablar bien, y lo hubiese hecho de la misma manera si se hubiera proclamado campeona del mundo (que estuvo muy cerca), como si al final hubiera quedado cuarta. Ruth es desde hace muchos años un ejemplo, y se lo dije ayer en la zona mixta del Ergo Arena. Y lo es por muchas cosas: excelente profesional, apasionada del atletismo, le encanta competir y sabe hacerlo muy bien en cualquier circunstancia, fomenta valores muy positivos especialmente entre los niños, ejerce de capitana, es buena compañera, y está eternamente agradecida a su entrenador de toda la vida, Ramón Torralbo, de quien siempre se acuerda y no deja de apuntar los “24 años que llevamos caminando juntos”.  Lo que acabo de enumerar parece sencillo, pero es justamente lo más necesario. Para que el atletismo español funcione, además de numerosos cambios estructurales y programáticos que habría que hacer desde la cúpula directiva, basta con que cada atleta haga autoevaluación y responda si cumple lo que he descrito como características de Ruth Beitia.

 

Dicho esto, es cierto que la actuación general de España en Sopot ha sido mala, una de las peores de la historia, pero no por ello sorprendente. Afortunadamente en el Europeo de Zurich de este verano las cosas serán diferentes, pues es un campeonato más accesible, contaremos con una numerosa actuación y, aunque no será nuestro mejor campeonato, seguro que se conseguirán unas cuantas medallas y bastantes finalistas.

 

Pero yo sigo analizando a los países que nos han superado aquí en Sopot. Concretamente España ha sido vigésimo sexta en el medallero y trigésima en la clasificación por finalistas, que según Odriozola es la que realmente debería de contar. Y veo que Francia viene sin sus grandes estrellas (Lavillenie, Thamgo y Lemaitre), pero consigue dos medallas, Polonia realiza un Mundial sensacional con 3 medallas y 15 finalistas, Grecia llega con solo 5 atletas y se lleva una medalla de oro, y así podíamos seguir con países de todos los continentes, con presupuestos muy modestos, que lo han hecho mucho mejor. Lo de Polonia es un ejemplo: han preparado el Mundial con una profesionalidad y planificación impresionantes. Me lo contaban sus entrenadores. Y ahí están los resultados, con un equipo por cierto bastante joven. Es uno de esos países que desde hace unos pocos años trabaja muy bien. Y los resultados llegan. Y no es simplemente porque competían en casa. Eso en el atletismo, donde el público anima a todos los participantes y no abuchea a nadie, no es tan determinante.

 

Lo ha descrito muy bien mi compañero Ignacio Romo en su blog: escasa selección de talentos + precaria situación de los entrenadores, a lo que yo añadiría falta de motivación a los atletas y los clubes y ausencia de ideas originales para captar recursos, es igual a confiar solo en que aparezca una estrella prodigiosa de vez en cuando que maquille la realidad. Pero yo soy de los que creen más en el trabajo bien hecho que en la suerte que, caprichosamente, a veces toca a la puerta.      

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23 febrero 2014

Por José luis López

Talento, trabajo, juventud y éxito

He salido de la pista cubierta de Sabadell, donde se ha disputado el Campeonato de España de atletismo bajo techo, con una sonrisa esperanzadora, juncal y riente. Porque junto al respeto profundo que me merecen los atletas con solera, como Ruth Beitia (a quien veo con muchas posibilidades de ser campeona del mundo dentro de dos semanas), siento como si se abriera una ventana por la que entra aire fresco, limpio y primaveral, al comprobar que emerge una nueva generación, especialmente de chicas, que atesora un enorme talento. Es el caso, por ejemplo, de Ana Peleteiro y Fátima Diame, grandísimas protagonistas de la jornada de hoy, atletas júniors que han obtenido sus primeros títulos absolutos.

 

Permitidme que otro día os hable de Ana Peleteiro, que merece una entrada para ella sola en este blog, y que me quede ahora con Fátima Diame. Tenía muchas ganas de verla en acción. Con la cámara de alta velocidad he grabado cada uno de sus movimientos, a 300 imágenes por segundo, en longitud y 60 m, donde ha hecho un doblete histórico, no solo porque desde los años 80, con la histórica Sandra Myers, no se lograba, sino porque tiene tan solo 17 años.

 

Fátima me parece un talento descomunal, con un margen, no obstante, todavía muy grande en el aspecto físico y sobre todo técnico. Una y otra vez he repasado los videos y no me canso. Es una atleta polivalente, capaz de batir con cualquiera de las dos piernas en longitud, que sabe luchar hasta el último metro en velocidad y que tiene una ilusión enorme por triunfar.

 

Pero me quedo de ella con algunos detalles que para mí resultan muy importantes. ¿Qué hay detrás de esta chica? Para empezar, una escuela de atletismo, la del València Terra i Mar, donde comenzó a los 9 años. Eso es lo que no se ve. La labor que hacen los clubes de atletismo, en muchos casos heroica, para que los niños y las niñas practiquen atletismo y vayan forjando su vida deportiva. Y el trabajo del València Terra i Mar es extraordinario. Cuando Fátima llegue muy lejos en el atletismo internacional, sería muy injusto si solo nos fijáramos en esa gran medalla que llegará, en ese día glorioso, y no recordáramos lo que, unos cuantos años antes, pasaba en la vida deportiva de Fátima: su formación como atleta, ese pequeño milagro que significa haber llegado a la elite internacional.

 

Un segundo aspecto importantísimo: Fátima Diame es entrenada por Rafa Blanquer. Siento una admiración enorme por el técnico valenciano. La pasión que pone por el atletismo de su tierra, su grandísimo talento como entrenador, el trabajo constante, la profesionalidad... Si tuviera que elegir a unas pocas personas a quienes los dioses del Olimpo deberían regalar varias vidas consecutivas para seguir trabajando por el atletismo, sin duda Rafa Blanquer estaría entre ellas. Que entrene a Fátima Diame es una gran garantía. Y también un reto muy difícil, porque tendrá que trabajar muy especialmente para neutralizar las lesiones y otros contratiempos, hacer de la paciencia una virtud, y encauzar una progresión que en la mayoría de los campeones precoces no llega nunca.

 

Y un último detalle. Un día Fátima dijo, en una entrevista, que "lo que más me motiva es ver la cara de emoción de Rafa Blanquer cuando consigo algún triunfo". Con esa frase ya me ha ganado. Y el atleta que no entienda eso, debería replantearse muchas cosas.     

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16 febrero 2014

Por José luis López

Un récord espectacular

La pista cubierta es como el hermano pobre del atletismo. Algo así como la piscina de 25 m en natación. Y es una lástima, porque las competiciones en pista cubierta tienen unos componentes de espectacularidad, emoción y proximidad que hacen de esta modalidad un escenario excelente para ver también un gran atletismo. Para muestra, el récord del mundo que consiguió ayer Renaud Lavillenie en salto con pértiga. Diría que estamos ante la gran plusmarca de una temporada invernal que está siendo espectacular, aunque en España no tenga apenas seguimiento mediático, entre otras cosas porque ya pasó la época de las grandes reuniones internacionales bajo techo en nuestro país. 

Tras ver el salto de Lavillenie sobre 6,16 m, estoy seguro que todavía tiene un cierto margen de mejora, aunque ya no en esta pista cubierta, por cuanto por desgracia el francés se lesionó al intentar 6,21 m y no competirá en el Mundial de Sopot.

Hay que valorar el récord de Lavillenie como algo a la altura de las mejores plusmarcas al aire libre, esos hitos tipo Mike Powell en longitud, El Guerrouj en 1.500 m o Usain Bolt en 100 m. De hecho, los 6,16 m de Lavillenie son mejores incluso que la plusmarca mundial al aire libre (6,14 m).

Los que seguís mis narraciones de la Diamond League en Canal Plus sabéis que soy un fan absoluto de Lavillenie. Creo que es uno de los atletas más espectaculares del mundo. Su velocidad de entrada a la batida y clavada, y en la ejecución de las posteriores fases que componen el salto, es asombrosa. Cuando salta Lavillenie sabes que algo diferente va a pasar. Algo que te atrapará mucho más que los demás pertiguistas actuales. Un atleta, eso sí, muy diferente al mítico Sergei Bubka, al que ahora, 21 años después, ha destronado. Bubka era muy regular, una máquina de precisión (solo recuerdo haberle visto fallar en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92), mientras que Lavillenie arriesga mucho más y por eso ha fallado en más ocasiones. A Bubka le bastaba ir subiendo el récord de centímetro en centímetro, hasta llegar a 35 plusmarcas, mientras que Lavillenie es atrevido, osado, audaz, y no tiene reparo en poner el listón directamente en alturas casi imposibles. Bubka era frío y calculador. Lavillenie salta con el corazón. Incluso físicamente son muy distintos.

Como el mismo Lavillenie dijo ayer, ha entrado en otra dimensión. Ojalá se valore este récord como algo histórico, grandioso, sin la rebaja de mérito que suele suponer la coletilla de "en pista cubierta".

El diario L'Equipe predice que, en función de la generación actual de atletas, nuevos récords históricos pueden llegar en muy poco tiempo destronando plusmarcas de hace algunas décadas: el récord de Jonathan Edwards en triple salto, el de Michael Johnson en 400 m, el de Yordanka Donkova en 100 m vallas, el de Javier Sotomayor en salto de altura, el de Usain Bolt en 200 m (batido por él mismo, por supuesto), y sin duda el de Sergei Bubka en pértiga al aire libre. En cambio, ven imposibles los de Mike Powell en longitud, Florence Griffith en 100 y 200 m, Jarmila Katrochvilova en 800 m, Galina Chystiakova en longitud y Jan Zelezny en jabalina. Habrá que esperar a nuevas generaciones. Yo añadiría algunos más, como el de Marita Koch en 400 m, pero también creo que puede caer el de Kostadinova en altura en poco tiempo.

En cualquier caso, seguirá siendo la lucha del ser humano por superar sus límites, lo cual es una de las esencias más bonitas del atletismo. Porque cada vez que un atleta corre más rápido, salta más alto o lanza más lejos, nos sentimos un poco más orgullosos de nuestra condición de seres humanos.

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26 enero 2014

Por José luis López

Carmen Valero: homenaje a una pionera

Ayer, en Sabadell, la Asociación Española de Estadísticos de Atletismo (AEEA) tributó un cálido homenaje a Carmen Valero. Acabo de citar, por tanto, a la mejor asociación nacional de estadísticos del atletismo del mundo, y a la mejor atleta española del siglo XX. Una buena combinación.


Carmen Valero, como recuerdan los buenos aficionados, fue dos veces campeona del mundo de cross, en los años setenta. Es cierto que entonces no participaban las kenianas y etíopes que ahora dominan de forma arrolladora, pero no por ello tiene menos mérito lo que consiguió la española. Primero porque ser mujer atleta en la España de la época era muy difícil. Serlo de alto nivel, casi imposible. Carmen Valero, que tenía que comprarse las zapatillas a plazos, es un símbolo en ese sentido. Son esas mujeres que tenían que enfrentarse a discriminaciones y también a desconsideraciones, porque correr una mujer en pantalón corto estaba mal visto. De hecho, no hacía tanto tiempo que el atletismo femenino en España había vuelto a existir. En 1963 se volvió a organizar el Campeonato de España femenino, tras 28 años sin disputarse. Y además, Carmen Valero derrotó a las "africanas" de la época, es decir, las temibles soviéticas. En 1975 Carmen Valero, jovencísima, ya había logrado la medalla de bronce en el Mundial disputado en Rabat. Pero lo mejor estaba por llegar. En 1976 ganó en Cheptstow y al año siguiente, en Dusseldorf. En su primer triunfo mundialista sacó 20 segundos en la meta a Tatiana Kazankina, una atleta que en aquel verano batió los récords mundiales de 800 y 1.500 m. Y en Dusseldorf, en un memorable final, por solo dos segundos derrotó a Lyudmila Bragina, La rusa había sido campeona olímpica en Munich 72 y ostentaba los récords mundiales de 1.500 m y 3.000 m.


Pero Carmen Valero representa mucho más y no solo por ser la primera atleta española olímpica, en Montreal 76. Es la gran pionera de nuestro atletismo femenino, como Santana lo fue en tenis, Ballesteros en golf o Ángel Nieto en motociclismo. Fue también una luchadora con un inmenso amor propio. Su retorno al atletismo a mediados de los años ochenta no fue entendido por algunos que la daban por acabada. En cambio, volvió a ser campeona de España. Y detrás de todo esto, sin duda, hay que recordar al entrenador que fue clave en los éxitos de Carmen Valero: Josep Molins. Aún hoy, este veterano entrenador, con más de 80 años, sigue cada día en la pista de Sabadell con una energía e ilusión encomiables. Esos son los que salvan al atletismo español, los vocacionales, los enamorados de este deporte, los que nunca se harán ricos con el atletismo.              

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26 diciembre 2013

Por José luis López

Jugar para aprender. Jugar para vivir

Me acaban de pedir que escriba el prólogo del libro solidario "Juegos para Educación Física escolar", escrito por un colectivo de profesores universitarios coordinado por Antonio J. Monroy, y publicado por la Fundación CIDIDA. Y ello me ha permitido reflexionar sobre algunos temas importantes. Siempre he pensado que aquellos niños y niñas a quienes no les gusta la asignatura de Educación Física, e incluso llegan a odiarla, es porque no se la han enseñado bien. Y me consta que muchos adultos, realmente ajenos a la Educación Física, no entienden mi idea, por cuanto piensan que impartir esta asignatura es muy fácil, y hasta cuestionan que para ser  profesores y profesoras de la todavía mal llamada "gimnasia", en una escuela, haya que haber estudiado previamente una carrera universitaria. Pero la realidad es que enseñar bien Educación Física escolar no es fácil y requiere de una buena formación y del dominio de una amplia complejidad de situaciones.

No entendería que a un niño o una niña no le gustase jugar. Detrás de ello se escondería una problemática personal o social muy profunda, seguramente ajena al juego. Porque jugar es una actividad tan natural en la infancia (e incluso se alarga mucho más allá en el tiempo), que la asocio con las necesidades y aspiraciones más innatas y ancestrales del ser humano. Por ejemplo, con querer ser feliz. E incluso, con simplemente vivir.

Jugar es fácil. Enseñar a jugar bien, es mucho más difícil. Pero resulta imprescindible en el proceso educativo de los niños y las niñas. La iniciación a cualquier deporte debe tener como punto de partida el juego. Pero no de cualquier manera. Ha de ser de forma global, lúdica y educativa, sin discriminar a los menos dotados. Unos juegos donde las risas y pasarlo bien son imprescindibles, pero junto a ello han de estar siempre presentes los valores, la integración de todos los participantes, la motivación, el componente pedagógico y educativo. Quien piensa que lo lúdico es contrario a lo formativo, o simplemente son cosas distintas, está muy equivocado. Jugar, considerado como la máxima expresión de lo lúdico en los niños y las niñas, es una parte esencial de la escuela de la vida desde las más tempranas edades. En el juego están la formación física, la iniciación a las habilidades y destrezas motrices, la adquisición de la técnica, el conocimiento del cuerpo, la adaptación al medio, la promoción de la participación en actividades recreativas, el desarrollo de las capacidades cognitivas, la comunicación y la relación interpersonal..., pero también están las emociones, los sentimientos, la vida, la felicidad.

No es fácil que el profesorado consiga que, de una u otra forma, todos los niños y niñas participantes en un juego se sientan de alguna forma ganadores. Pero es imprescindible que así sea. Porque aunque el primer punto del decálogo de los derechos del niño deportista sea el "derecho a no ser ganador", hay muchísimas maneras de ganar, de interpretar positivamente aquella actividad que tan buenos momentos ha proporcionado a los niños y las niñas. Existen la cooperación, la superación personal, el haber aprendido algo, o simplemente el sentirse bien dentro del  juego. Todo eso es haber ganado.

Desde aquí aplaudo y valoro una profesión importantísima, la del profesorado que ha decidido educar a través del movimiento, las carreras, los saltos, los lanzamientos, las habilidades gimnásticas, los balones, la naturaleza, el material alternativo... Y también el descubrimiento guiado, la asignación de tareas, el trabajo en equipo, la educación en valores... Y por supuesto las emociones, las risas, el esfuerzo... Y, sin duda, jugar. Todo para formar, de forma integral, mejores personas en un futuro.

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09 diciembre 2013

Por José luis López

Medallas sin etiquetas

Alemayehu Bezabeh, de origen etíope, campeón de Europa de cross con España. Mohamed Marhoum, de origen marroquí, segundo mejor español clasificado (sexto en la general). Sin ellos, probablemente España no se hubiera proclamado ayer en Belgrado campeona de Europa también por equipos.

 

Esta situación provoca encendidos debates. Pero no los que se desarrollan delante de un micrófono, que suelen ser políticamente correctos, sino los que he escuchado desde hace ya algunos años en las pistas de atletismo, que probablemente son más sinceros, estés o no de acuerdo con las opiniones que se dan. Recuerdo cuando una vallista que había sido tercera en un campeonato de España me decía que en realidad ella era la campeona, porque las dos primeras eran nacionalizadas, o cuando un ex-plusmarquista me aseguraba que él seguía teniendo el récord, porque el nuevo poseedor del mismo era "extranjero".  Esa sensación existe, aunque yo creo que más por una cierta defensa de tu parcela y tus intereses como atleta, que no por racismo o xenofobia, que, salvo excepciones, creo sinceramente que no existe en nuestro atletismo.

Yo lo he dicho muchas veces. Me parece muy bien que un ser humano pueda buscar su futuro en otro país, que progrese honestamente, que vaya en pos de unas condiciones de vida más dignas para él y para su familia. Y si eso implica la nacionalización legal y justa en el país de acogida, pues excelente. Algunos dicen: "es que lo hacen por sus intereses". Lógico. Si no les interesara, no se nacionalizarían ni saldrían de su país de origen, como haría cualquiera de nosotros.

 

Creo que el deporte es una vía de integración excelente para muchos inmigrantes. Y abrirles las puertas, por ejemplo, del atletismo, es una política muy acertada. Cuantos más deportistas haya, desde la infancia, mucho mejor para la sociedad. Y eso no tiene nada que ver con las nacionalizaciones "express", la compra de medallas o los otrora falsos oriundos, situaciones con las que estoy en contra, por ser un injusto agravio comparativo e ir en contra de los valores del deporte. Ahora mismo un famoso campeón olímpico está cerca de nacionalizarse francés, sin haber vivido ni unos meses en Francia ni hablar para nada el idioma del país galo. Él quería ser español, pero se ha encontrado en su caso con una política de nacionalizaciones más estricta y lenta en España, donde normalmente se necesitan bastantes años para conseguir el pasaporte.

 

Algunos me dicen: "¡pero qué van a sentir España estos nacionalizados!". ¿Y dónde está el termómetro que mide el sentimiento patrio de la gente? Es un tanto relativo. Yo pienso que en líneas generales los deportistas profesionales de alto nivel compiten porque ese es su trabajo y aspiran a completar el mejor historial deportivo posible. Lo de los colores y los sentimientos, aunque cada caso será muy particular, no lo tengo tan claro. ¿Alguna de nuestras estrellas del deporte iría gratis a la Selección, como colaboras sin cobrar en una ONG o una actividad de voluntariado, solo por el hecho de defender a tu país? Por cierto, siempre me ha hecho gracia eso de defender a tu país, como si alguien nos atacara. Que esto es deporte, amigos.

 

Hace unos decenios, nadie cuestionaba la nacionalización de futbolistas o jugadores de baloncesto. Y ha habido muchos que han dado grandes éxitos al deporte español. Ahora, en un mundo más global, de grandes migraciones, de países multirraciales,  parece que todo es más confuso. Hagámoslo más fácil.   

 

Bienvenidos todos los que suman. En el deporte, en la sociedad, en la vida. Bienvenidas las buenas personas. Bienvenida la cultura del esfuerzo, tan bien plasmada en una carrera de cross. Y bienvenidas las tres medallas del atletismo español en el Campeonato de Europa disputado ayer en Belgrado.  

       

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13 noviembre 2013

Por José luis López

María Vasco, una trabajadora infatigable

Tengo una gran admiración por María Vasco. Por eso, hoy, en el día de su despedida, quiero decirle gracias por todos los recuerdos, por las emociones, por el ejemplo que ha dado. María Vasco no es solo la única atleta española que ha ganado una medalla olímpica en la historia. Es incluso mucho más que un palmarés lleno de medallas y participaciones olímpicas, mundiales y europeas. María ha sido durante muchos años una trabajadora incansable del atletismo. Al ser marchadora, ha tenido que vivir el olvido de la atención mediática durante muchos meses cada temporada. Era el tiempo de silencio, los largos y duros períodos preparatorios. Hasta que, como esas bellas flores de corta vida, volvía a aparecer juncal y riente en la gran competición estival, y nuevamente nos acordábamos de María y poníamos en ella muchas de nuestras esperanzas de medalla.

Nunca me defraudó María Vasco. Tenía química con los medios de comunicación, con las cámaras, con la gente. Era aquella entrevistada que sabías que siempre te daría juego, que regalaba una simpatía arrolladora y que, además, demostraba a la vez una gran madurez y sensibilidad en todo lo que decía.
María Vasco ha sido una gran defensora del atletismo femenino, ha reivindicado hasta el máximo la dureza de este deporte, y ha sido sobre todo sincera, valiente y honesta.

Ahora comienza una etapa muy importante en su vida. Se enfrenta a uno de los grandes problemas de los deportistas de alto nivel, después de llevar más de 20 años en la elite internacional: su reinserción en el mundo laboral, lejos de las pistas en las que pasaban muchas horas cada día. Algunos no se adaptan al cambio, muchos son olvidados, de la mayoría no se aprovecha su enorme potencial.

Espero que María Vasco siga triunfando en la vida, como lo hizo en el atletismo. Ya es una leyenda de nuestro deporte, pero me gustaría que tampoco ella se olvide del atletismo, porque su experiencia y su personalidad son muy válidas para los jóvenes atletas de hoy en día.       

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