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Deporte y vida

José Luis López

Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.

SOBRE EL AUTOR

José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.

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17 agosto 2014

Por José luis López

Ruth Beitia: los sueños cumplidos

Admiro a todos los grandes atletas, pero especialmente a los que me transmiten su pasión por el atletismo. Ruth Beitia es un claro ejemplo de ello. Siente el atletismo, desde cualquier día de cotidiano entrenamiento en Santander hasta en el escenario mágico de las grandes competiciones mundiales, del que es habitual protagonista. Ruth es puro atletismo, es respeto, es trabajo, es saber estar siempre a la altura (y nunca mejor dicho). Ejerce de capitana, anima a todo el mundo, quiere que disfrutemos de esto tanto como ella lo hace.

A sus 35 años ha realizado la mejor competición de su vida, franqueando a la primera 2,01 m, lo que iguala la mejor marca mundial del año e incluso el récord del mundo de veteranas, y revalidando su título de campeona de Europa. Está aprovechando de manera excepcional esta prórroga deportiva que le ha dado la vida, desde los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Nadie en una pista de salto de altura se sabe concentrar mejor que ella. También es la que mejor sabe leer el lenguaje de su cuerpo, de sus sensaciones, de la precisión milimétrica de cada momento de ese complicadísimo gesto técnico que es franquear un listón de altura.

Pero de Ruth hay algo que me cautiva todavía más. En noviembre comenzará su temporada número 25 con el entrenador de toda su vida, el sabio Ramón Torralbo. Las bodas de plata con “su otra mitad”. Eso es sensacional y muy poco habitual. 25 años trabajando juntos, respetándose, sin discutir  nunca, con humildad, creciendo y aprendiendo juntos, construyendo un universo de emociones y de triunfos. Tal vez sea el gran sueño de cualquier entrenador: empezar inyectando el veneno del atletismo en un niño o una niña, esa bendita esclavitud llena de valores y lecciones de vida, y, tras muchos años de trabajo y miles de horas de aprendizaje y perfeccionamiento, hacer que ese pequeño atleta se convierta en una gran estrella mundial. Esa ha sido la gran obra de arte de Ramón Torralbo. Y, afortunadamente, esta maravillosa historia de fidelidad y compromiso continúa. Porque nadie más que Ruth Beitia se merece una medalla olímpica en Río.   

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12 agosto 2014

Por José luis López

30 años mágicos

Vuelvo al Letzigrund Stadium de Zúrich, el escenario más legendario del atletismo mundial. Aquí, un 22 de agosto de 1984, debuté con la Cadena SER. La primera narración de mi vida, hace ya 30 años. Por eso, volver a Zúrich es para mí convocar a los recuerdos y despertar las emociones.


Permitidme que hoy, cuando acaba de comenzar el Campeonato de Europa de atletismo, y desde la misma pequeña tribuna de prensa donde todo comenzó para mí radiofónicamente hablando, recuerde a aquel jovencísimo entusiasta del atletismo, que había venido sin apenas recursos como un espectador más, porque quería conocer al gran Carl Lewis. El destino, la casualidad, la osadía y mi vocación por comunicar se conjuraron para hacer que tuviera la primera oportunidad de mi vida. La SER buscaba a alguien que estuviera por Zúrich para informarles del meeting que reunía incluso a más grandes estrellas que los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Me lo dijeron, por si me atrevía, pocos minutos antes de comenzar la competición los comentaristas de TVE José Ángel de la Casa y Gregorio Parra, que se portaron de forma excelente conmigo. No lo dudé, e incluso pensé que podía ofrecer mucho más que una simple información: narraría en directo el atletismo más espectacular, con la misma pasión que me ha acompañado estos 30 años. Y fue entonces cuando narré el primer récord del mundo que veía en directo en mi vida: el de 100 m de Evelyn Ashford (10.76).


Recuerdo, como si no hubiera pasado el tiempo, el hall del entonces llamado Hotel Nova Park (ahora Crowne Plaza), muy cercano al estadio, por donde pasaban todas las estrellas. He vuelto al mismo sofá desde el que salté entusiasmado en el momento que vi entrar a Carl Lewis, majestuoso e imperial. Por fin conocía a mi gran ídolo de entonces y podía hablar con él. Y he comprobado que el hotel todavía conserva el LetziLeu, un bar que en el suelo, a modo de hall de la fama, tiene baldosas doradas con cada uno de los más de 25 récords del mundo que se han batido en el Letzigrund. Ahora el estadio sigue siendo pequeño pero se ha remodelado desde hace unos años. Recuerdo que antes en las gradas de las curvas, en forma de “v”, el público se agolpaba de pie, sin parar de animar a los atletas. Luego he vuelto otras muchas veces al meeting de Zúrich con  Canal Plus, y he podido seguir comprobando que es el mejor meeting del mundo y reúne al público más entendido.


Han pasado 30 años mágicos: 7 Juegos Olímpicos, más de 40 Campeonatos del Mundo y de Europa, cientos de competiciones en casi 50 países... Más de un cuarto de siglo viviendo, narrando, transmitiendo la historia del mejor atletismo. Pero la pasión de aquel chaval enamorado del atletismo se mantiene inalterable. Sigo pensando que con el atletismo me siento libre, que puedo fabricar emociones y comunicar a millones de personas qué hay detrás de cada latido, de cada zancada de un atleta. Sigo creyendo que cada día hay que transmitir algo nuevo, con un grado enorme de auto exigencia y respeto, y que nunca dejaré de querer seguir aprendiendo. Y queda también el más profundo agradecimiento a la Cadena SER, que ha hecho posible este sueño, a todos los que me ayudaron cuando empezaba, a los compañeros de los que tanto he aprendido (los que siguen en la SER y los que pasaron por ella, que para mí son igual de importantes).


Que siga la magia en las pistas durante, por lo menos, algunos años más. Que sigan la pasión, el espectáculo,  las leyendas, la precisión, los valores, el respeto. En definitiva, la vida. Que los y las atletas, en el Letzigrund de Zúrich o en cualquier otra pista del mundo, sigan siendo fabricantes de emociones.       

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10 agosto 2014

Por José luis López

España, ante los Europeos de Zúrich

El grupo más numeroso de atletas españoles que participarán la próxima semana en los Campeonatos de Europa de atletismo ya está en Zúrich. Tienen varios retos importantes que afrontar, entre ellos hacer bueno el pronóstico del director técnico, Ramón Cid, que prevé entre 4 y 6 medallas y entre 12 y 15 finalistas.

De entrada, el equipo español es numeroso, con más de 70 atletas. He aquí el primer debate que escucho estos días. Hay quien cree que, una vez más, la selección es demasiado amplia y generosa, y que sobran bastantes atletas que, con muchas posibilidades, quedarán eliminados a la primera. Yo no pienso así. Siempre lo he dicho y está publicado ya en uno de mis primeros libros, de 1984, cuando la mayoría de nuestros atletas de la actual Selección ni había nacido. Existen unos criterios de inclusión, unas mínimas, unas reglas de juego. Pues bien, quien ha realizado esas marcas debe ir a la gran competición del año, porque se lo ha ganado (siempre respetando lo de un máximo de 3 atletas por prueba). Lo contrario sería engañar a los atletas y a sus entrenadores, que están todo el año trabajando sin recibir casi nada a cambio.

Pero, a partir de ahí, debe existir una exigencia. No puede ser que un atleta llegue a la gran competición del año, la que ha estado preparando como objetivo principal, y luego compita muy por debajo de sus posibilidades. Todos los atletas deberían realizar en Zúrich, por lo menos, su mejor marca de la temporada (salvo tal vez excepciones de pruebas tácticas). Lo contrario, es una mala planificación. Si algún atleta llega pasado de forma a Zúrich (y no tengo aquí en cuenta el eximente de las lesiones o enfermedades), es que las cosas se han hecho mal.

Un gran éxito individual sería lograr el "personal best", es decir, la mejor marca de su vida. Quien consiga eso, ya puede decir que lo ha hecho muy bien en Zúrich. Aunque ni siquiera se meta en una final. Nunca he pedido más a quien ha realizado la mejor marca de su vida. Y por supuesto, tratándose de un campeonato, lograr una medalla es más importante que la marca que se consiga.

Por eso, siempre he defendido que los incentivos a los atletas deben estar mucho más relacionados con lo que han realizado en el gran campeonato del año que en el simple hecho de haberse clasificado para el mismo. Llegar a Zúrich no es la meta. El objetivo ha de ser hacerlo muy bien en Zúrich. Y en eso han de pensar nuestros atletas, sin ningún complejo.

A partir de ahí, confío en unas cuantas medallas y bastantes finalistas, más o menos en la línea de lo que ha pronosticado Ramón Cid. Eso sería lo normal, lo que ahora mismo puede valer el atletismo español, ranking en mano. Pero no sería un gran éxito. Para lograr esto último se deberían superar los récords de medallas en el historial de España en los Europeos. Y eso, aunque en general haya bajado bastante el nivel del atletismo continental, es muy complicado.   

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14 junio 2014

Por José luis López

La hora de la psicología deportiva

¿Qué hay que hacer en el deporte cuando se sufre una aplastante derrota como la de España ante Holanda en el Mundial de Brasil? De entrada hay que decir que no es una situación nada novedosa. Constantemente, hay deportistas que pierden, incluso que fracasan (aunque es una palabra que no me gusta utilizar). Y también les ocurre a los mejores, a los que están acostumbrados a ganar. ¿Cómo se debe reaccionar?


De entrada, la selección española de fútbol tiene una ventaja con respecto a un atleta: puede reaccionar inmediatamente. Siempre decimos que no hay una próxima semana en los Juegos Olímpicos. Pero en este Mundial de fútbol, sí. Todavía se puede arreglar el desastre, aunque no se borre del todo. Es decir, hay una segunda oportunidad. Físicamente, no se puede cambiar casi nada. Tan solo pequeños ajustes: que entren en el once inicial otros jugadores que tal vez estén mejor desde el punto de vista físico, que tanto por el planteamiento de juego como por el nuevo rival el desgaste físico sea menor, o que las condiciones de temperatura y humedad sean más favorables. Pero son pequeños detalles que no cambian mucho las cosas, y desde luego se comprobó que físicamente España ante Holanda estuvo muy mal. Otro tema sería valorar en qué medida la mente acrecentó ese bajón físico.


Podría haber cambios tácticos, pero lo dudo. Un sistema de juego no se cambia radicalmente de la noche a la mañana. Eso sí, se pueden hacer ajustes importantes que den mejores resultados.


Entonces, ¿dónde está la clave para arreglar lo que ya se ha titulado “humillación”? Lo he dicho muchas veces, en la mente. La terapia individual y de grupo es ahora fundamental. Hay que luchar contra la ansiedad, el pesimismo, la inseguridad, el miedo, la depresión. Los grandes atletas saben controlar las peores situaciones; los mejores futbolistas también han de conseguirlo. De entrada, todas las lecciones que hay que extraer del partido contra Holanda han de ser positivas: saber por qué ocurrió, saber qué hay que cambiar, saber que se puede conseguir. Lo mejor de saber perder es que esa derrota te fortalezca. Ahora Vicente del Bosque es fundamental. Ha de transmitir serenidad, optimismo, seguridad, confianza.


No sería bueno apelar a que somos los campeones del mundo. Eso no sirve ahora. Lo fueron hace 4 años. En unos días concretos. Y ya está. Ahora, es “otra carrera”, totalmente distinta. Además, sería una falta de humildad. Hay que mentalizarse positivamente. Analizar todas las posibles situaciones que se vayan a dar en el partido contra Chile y tener una respuesta preparada para cada una de ellas. Y sobre todo trabajar la mente, la parte psicológica. No hay que tener miedo, ni pensamientos negativos. Ni siquiera imaginar qué pasará si España cae a la primera en Brasil.


Olvídate de las primas, de las críticas, de los medios, de las vacaciones, del prestigio, de tu club, del público, del fin de ciclo, del agotamiento del sistema, de los que ya están acabados… Todo eso no existe. Has de ser tú mismo. Tan humilde como seguro. Tan frío como apasionado. Has de correr tu carrera; no la carrera del rival. Eres muy importante para el colectivo. Has de saber qué puedes hacer muy bien, individualmente y en equipo, desear hacerlo con todas tus fuerzas, pero sin ansiedad. Y hacerlo. Es psicología deportiva. Hoy puedes estar en la noche más oscura, pero mañana puedes hacer que vuelva a brillar el sol.

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21 mayo 2014

Por José luis López

Una ocasión única para madridistas y atléticos

La final de Champions de este sábado es histórica. Por primera vez, dos equipos de la misma ciudad disputándose el máximo título continental. El Real Madrid, ante el escenario inédito de luchar en una final por lograr la ansiada "décima". Y el Atlético de Madrid, ante una oportunidad única de conseguir la primera Copa de Europa o Champions League de su historia, el único trofeo que no tiene en sus vitrinas, en el que puede ser, si gana, el mejor año de sus más de 100 años de existencia.

Se enfrentan, sin duda, los dos equipos que esta temporada han hecho más merecimientos para ser los reyes de Europa. Todo histórico, único, emocionante, una gran fiesta.

Pero hay algo más. Y personalmente es uno de los aspectos que más me interesa. Estamos ante una ocasión tal vez irrepetible para que madridistas y atléticos, y me refiero en esta ocasión a las aficiones, lleven a su máxima expresión los verdaderos valores del deporte. Y también los de la ciudad de Madrid, eternamente abierta y acogedora.

Miles de madridistas y atléticos, con o sin entrada, inundarán Lisboa. Los portugueses serán unos perfectos anfitriones. Eso no me preocupa. Pero lo que más desearía es ver a seguidores colchoneros y blancos disfrutando juntos de Lisboa, sin divisiones, sin guetos, sin más rivalidad que la puramente deportiva. Están ambas aficiones ante una ocasión única de dar una gigantesca lección al mundo de educación, de valores, de ciudadanía, de madurez, incluso de "madrileñismo".

La Delegación del Gobierno ha prohibido una proyección de la final en el centro de Madrid abierta a las dos aficiones por razones de seguridad. Tal vez tenga razón, pero es muy triste. Cuando la pasión por el fútbol (que en realidad lo es solo por un equipo en concreto y no por este deporte) lleva al fanatismo, a la exclusión, a la violencia y al odio, entonces la sociedad está enferma.

Está muy bien hablar de normalidad democrática o normalidad lingüística. Pero no hay que olvidar la normalidad cívica. Y esa no existirá mientras todavía haya niños que sufren el acoso (ahora se llama  "bullying"), la marginación o las burlas de sus compañeros por el simple hecho de ser de un equipo equivocado en la ciudad equivocada. El único de la clase que es de aquellos colores tan odiados. O mientras atléticos y madridistas no puedan estar juntos, pacíficamente, viendo el partido más importante de sus vidas.

Me encantan las parejas en las que cada uno de ellos o de ellas son de un equipo "rival". Y los amigos de toda la vida que llevan en el corazón unos colores futbolísticos bien diversos, pero su amistad es inquebrantable, se respetan y se toman con humor las victorias y las derrotas.

Algunos pensaréis que todo eso es imposible, que debo vivir en Disneylandia o que tal vez provengo de un deporte tan noble como es el rugby. Nada de eso. Simplemente sueño con que el equipo perdedor en Lisboa haga un pasillo saludando al campeón, que ambas aficiones reconozcan con aplausos la justicia del resultado y el esfuerzo de los suyos, que inunden de civismo y complicidad las calles de Lisboa, que puedan salir al mismo tiempo del estadio, y que las pasiones, las emociones y los sentimientos se mezclen con el orgullo común de ser de un equipo de esa gran ciudad que es Madrid. Quiero ser optimista: este partido lo pueden ganar ambas aficiones. Está en vuestras manos. A disfrutarlo.    

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16 mayo 2014

Por José luis López

En el adiós a Carles Puyol

Un día, hace unos cuantos años, en un programa de televisión me preguntaron si me gustaría ser famoso. Respondí que no. En la vida no se trata de tener fama sino de tener prestigio. Esa es la clave. Fama es que te conozca mucha gente, pero probablemente no por tus buenas cualidades. Eso es mala fama. Prestigio es que reconozcan positivamente tu profesionalidad, tu trabajo, tu coherencia, tu trayectoria. Por poner un ejemplo, muchos personajes de la "telebasura" tienen mucha fama, pero, a mi juicio, muy poco prestigio. En cambio, Plácido Domingo, por citar a alguien, tiene un gran prestigio. Y además, os aseguro que en el mundo es mucho más conocido que esos personajes que venden sus miserias de plató en plató e inventan personajes surrealistas.


Y digo esto porque hoy quiero hablar de Carles Puyol, en el momento de su despedida como futbolista. Vaya por delante que no conozco personalmente a Puyol, aunque sí tengo amigos que han trabajado con él como preparadores físicos y tácticos personales. Y muy excepcionalmente hablo de aquellas personas a quienes no he conocido, práctica que en cambio está muy extendida entre el género periodístico y la sociedad en general, donde parece que todo el mundo habla de todo el mundo con una gran ligereza, cuando en realidad casi nadie conoce a nadie, y deberían ser más respetuosos.


Pero creo que Carles Puyol abandona el fútbol envuelto en un gran prestigio, lo que hace que se le respete en todas partes. Yo le respeto y le admiro. Me gustan los deportistas que lo han dado todo por su equipo y sus selecciones, durante tantos años. Carles Puyol es un ejemplo de pundonor, de lucha, de profesionalidad. Y por supuesto de personalidad. No es fácil ejercer de capitán como lo ha hecho él. Ni tampoco afrontar con la ilusión de un debutante tantas lesiones en los últimos años.


Todos recordamos algunas imágenes que hablan muy bien de Carles Puyol, como cuando ha afeado la conducta de algún compañero en el campo que celebraba un gol de forma que pudiera molestar a la afición rival o cuando ha preferido que la atención siguiera estando en el desarrollo del partido, sin maximizar que se había lanzado un objeto al campo por parte de una persona de la afición rival. Y siempre lo ha hecho con naturalidad, discretamente, sin escenas para la galería. O cuando cedió el honor de levantar la Champions a Abidal, en una escena que tenía un significado humano enorme.
Seas del equipo que seas, o aunque no seas de ninguno, creo que todos debemos reconocer a Carles Puyol haber sido un excelente trabajador del fútbol, un buen ejemplo para los jóvenes deportistas. Alguien coherente, honesto, con prestigio. Respetado por todos.     

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08 mayo 2014

Por José luis López

Yago Lamela: adiós al mayor talento

La noticia del fallecimiento de Yago Lamela, con tan solo 36 años, me ha dejado helado. Cuando te llega una noticia así, en apenas unos segundos te vienen a la memoria todos los momentos que has vivido con esa persona.


De Yago Lamela tengo imágenes imborrables. Fue una explosión de aire fresco y de ilusión cuando en 1999 se convirtió en subcampeón del mundo de salto de longitud en pista cubierta en Maebashi, con aquel sensacional récord de Europa de 8,56 m. Después de la época dorada de Fermín Cacho, hacía falta un nuevo nombre, alguien joven que pudiera despertar el interés por el atletismo en la gente que no era de este deporte, y Yago, con su melena al viento en saltos espectaculares, era esa nueva gran estrella que necesitábamos. Y le vi saltar también en  el Mundial de Sevilla del mismo año, donde confirmó con su medalla de plata que ya era una gran estrella mediática.


Más tarde llegó el Mundial de París, en 2003, donde creo que no se valoró suficientemente su actuación. Y también narré muchos de sus saltos por el mundo, a pesar de su carrera relativamente corta. Y puede hablar con él en varias ocasiones. Era tímido, pero en ningún caso arrogante ni prepotente. Al revés, buena gente. Simplemente, un chaval a quien nadie enseñó a gestionar emocionalmente toda la expectación que había generado.


Pero además, tengo otros recuerdos del avilesino. Aquellos recuerdos de cuando él era un atleta de las categorías inferiores, muy lejos de la fama. En un campeonato de España junior me fijé en él y le dije a una de mis atletas que había un saltador que sería una superestrella. Ese saltador era Yago. Luego tuve el honor de contar con él en la muestra de atletas que participaron en mi tesis doctoral, cuando Yago entrenaba en Valencia, y puede confirmar lo que ya intuía: es el mayor talento del atletismo español que he visto jamás, incluso por delante del otro super talento que he podido conocer, Reyes Estévez. Los valores que daba en los tests de potencia no los he encontrado ni siquiera en algunos campeones olímpicos con los que he trabajado. Y al talento se sumaba que entrenaba al 110 %. Y tal vez eso contribuyó a que las lesiones (más la mala suerte) hicieran que se retirara demasiado pronto.


Pero permitidme dos comentarios más al respecto. En primer lugar, destacar a dos de los entrenadores que tuvo Yago Lamela. El de su tierra, Juan Azpeitia, un entrenador vocacional a quien admiro muchísimo y que es el responsable de hacer de aquel niño que ya saltaba casi 4 m a los 8 años, que jugaba con su padre a saltar cada vez más lejos en la playa, se convirtiera en una estrella mundial. Juanjo Azpeitia inoculó el dulce veneno del atletismo a Yago. Y esos son los entrenadores que me gustan, aquellos que no solo te entrenan, sino que también te transmiten una pasión por el atletismo que para siempre irás bebiendo gota a gota en tu vida. Y también, Rafa Blanquer, el entrenador que recuperó a Yago Lamela en unos momentos muy difíciles y le llevó otra vez a estar entre los mejores en el Mundial de París. No es tan fácil como tener un gran talento y ya saltará. Hace falta mucho más. Por ejemplo, la profesionalidad de un entrenador como Rafa Blanquer.


Y la última reflexión. Me preocupa mucho lo que pasa a los deportistas de éxito cuando se acaba su vida deportiva. Ya no hay entrevistas. Ni contratos. Ni autógrafos. Ni te reconocen. Eras una marca, una medalla, un número... Pues no. Eras y siempre serás una persona. Ahí es cuando aparecen los amigos de verdad, probablemente pocos. Y por supuesto, la familia, que casi nunca falla. Los auténticos. Cuando la vida se hace más real. Y hay muchos deportistas que lo pasan muy mal en esas situaciones. Tal vez Yago haya sido uno de ellos. Y tal vez debamos volver a pensar en cómo se puede ayudar a tantos deportistas para continuar en el mundo laboral una vez que los focos del escenario deportivo se han apagado. Para normalizar una vida que nunca es normal para un deportista de elite. Esa también debería ser una prioridad de nuestro deporte.


Descanse en paz Yago Lamela. Y ojalá ahora pueda seguir volando por el cielo, como hizo tantas veces sobre un foso de longitud, suspendido en el aire durante tres pasos y medio, libre,  mágico, único. 

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15 abril 2014

Por José luis López

Colo-Colo, “camp30n”

Ha coincidido el triunfo liguero de Colo-Colo con mi estancia en Chile, donde continuo la gira americana impartiendo clases de máster en diferentes universidades. Por eso, he podido vivir muy de cerca el triunfo decisivo sobre Wanderers en el Estadio Monumental, y la posterior celebración en la plaza Italia. Hacía varios años que Colo-Colo no se imponía en el campeonato, y con éste suma ya 30 títulos (30 estrellas), lo que explica el título de esta columna.

En Macul, en la ciudad deportiva de Colo-Colo, los niños que forman la cantera ven cada día en su vestuario esta inscripción: “El néctar del triunfo se bebe en la copa del sacrificio”. He aquí una de las señas de identidad de esta institución: la cultura del esfuerzo, que tantas veces he defendido en este blog. Y también el seguidor de Colo-Colo hace suya esta sentencia: “de atrás pica el indio”, es decir, que aunque el equipo vaya segundo, tercero o incluso más atrás en la clasificación, nunca se rinde y, desde ahí, atacará al líder para hacerse con su privilegiada posición.

Me cuentan algunos incondicionales del equipo, que tiene a un indio mapuche en su escudo,  muchas anécdotas del club, a lo largo de tantos años de historia, desde que derivó del Magallanes. Y también su eterna rivalidad con la “U”, el equipo de la Universidad de Chile, con quien por cierto estuve trabajando en 2008, en la época de Marcelo Salas, haciendo con el primer equipo estudios biomecánicos y valoraciones funcionales.

Pero esta vez, el título de Colo-Colo, tuvo una característica especial. Antes del inicio del partido los “wanderinos” mostraban una pancarta en apoyo al dolor por la tragedia de Valparaíso. La hinchada alba de Colo-Colo se identificaba en una simbiosis perfecta de emoción y solidaridad con la V Región, y aplaudían en un “todos con Valpo”. Era como si llegara al estadio el olor a madera quemada por el fuego, el llanto de miles de familias que lo habían perdido todo, la imagen de aquellos abuelitos que murieron abrazados. Wanderers, que no tenía en sus filas a algunos jugadores cuyas familias habían vivido la tragedia y no pudieron viajar, hizo lo posible por dar una pequeña alegría a su gente, pero el destino parecía indicar que la trigésima estrella debía bajar este domingo para los colocolinos, y el solitario gol de Felipe Flores bastó para hacerse con el título más sufrido y esperado de los últimos años. Pero os aseguro que la solidaridad con el dolor porteño, la de todo un país, era la mayor de las emociones que se podía vivir el domingo en las calles de Santiago. Era como si entre todos se pudiera parar el viento, y convertir las devastadoras lenguas de fuego en un grito de esperanza. ¡Fuerza Valpo!     

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11 abril 2014

Por José luis López

El “maracanazo”

“Vo… ¡No sean giles! Saquen acá que están los Campeones del Mundo”. Estoy en Uruguay, impartiendo classes de máster en una universidad de Montevideo. Y aprovecho los días para empaparme de la cultura futbolística de este país. Una buena manera, leer el libro “Maracaná. La historia secreta”, de Atilio Garrido. Es un best seller, que recrea deliciosamente el “maracanazo”, y nos explica que Uruguay llegó a aquella mítica y legendaria Copa del Mundo de 1950 tras un camino tortuoso y caótico. Es apasionante descubrir lo qué realmente pasó los días antes y durante aquel grandioso éxito del fútbol uruguayo, y llegas a la conclusión de que se conjuraron el milagro con el inmenso talento y la garra tan propia de los futbolistas uruguayos. Y en realidad, como dijo Zizinho, la gran estrella de Brasil: “Nos ganaron bien. En realidad, el equipo uruguayo era superior al nuestro”. Obdulio Varela, Roque Máspoli, Ghiggia, Schiaffino, Julio Pérez…  Nombres de leyenda, que ahora, más de medio siglo después, y ante el cercano Mundial de Brasil, reviven en una película que está arrasando en los cines uruguayos.

Recorro Montevideo y me asombro de la gran cantidad de partidos de fútbol en campos casi improvisados que se asientan en el terreno, cerca de la Rambla y el Río de la Plata. Me cuentan que más de 60.000 niños juegan a fútbol cada fin de semana en la capital uruguaya en las ligas de menores de hasta 12 años. Eso es impresionante. Uruguay vive el fútbol, ama el fútbol, respira fútbol como si fuera la respiración del alma. Y están muy ilusionados con lo que pueda hacer su selección en el Mundial, porque el listón se puso muy alto hace cuatro años y piensan mejorarlo. Luis Suárez no puede fallar, me dicen unos. Somos un equipo incómodo para cualquiera, me apuntan otros. El poblema es si nos toca un equipo europeo, temen los menos optimistas. Y hasta algún escéptico me asegura que el Mundial ya está amañado para que gane Brasil. Es la discusión del fútbol, la de los apasionados, la que llena de vida cada día en un país admirable.

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19 marzo 2014

Por José luis López

La radio del fútbol

Esta mañana he tenido el gusto de presentar junto a Vicente del Bosque el excelente libro "La retransmisión del fútbol en la radio", del periodista salmantino Alberto Pérez y editado como libro solidario por la Fundación CIDIDA (todos los beneficios de la venta del libro se destinan a la organización de acciones humanitarias en el deporte). El libro es la consecuencia de la tesis doctoral de Alberto Pérez, a quien podéis escuchar cada semana narrando el fútbol inglés en Canal Plus.

 

Y digo que es un placer participar en actos así porque la radio y el fútbol tienen una consolidada relación, desde la de los heroicos comentaristas a pie de campo a las narraciones "en colores" de la actualidad. Todo ha evolucionado muchísimo, pero no se ha perdido la emoción, la pasión, la magia, el romanticismo. Creo que hablar de radio y fútbol nos evocará a todos recuerdos de la infancia, seguimiento de una quiniela que siempre nos ilusionaba pero nunca nos tocó, tardes de domingo llenas de sabor y sonidos inconfundibles. La radio compañera, íntima, que pronto se convertiría en una más de la familia. La radio de la gente humilde. La radio con la que imaginabas cada detalle de un partido, y te hacía viajar incluso a los lugares más remotos del planeta. La radio que nunca desaparecerá. 

 

En España siempre se ha hecho una gran radio deportiva. Y he tenido la suerte de aprender de gigantes de la comunicación, trabajando con ellos en la SER o escuchándoles en otras muchas emisoras. Ahora, como decía mi admirado Vicente del Bosque esta mañana, todo parece más teatral. Es una gran función. Un espectáculo coral. Y lo mejor es que cada emisora, cada narrador, cada comentarista, cada animador tienen su estilo. Cada "canción" suena diferente. Pero la mayoría me gusta. Nunca he entendido las guerras de los medios ni he participado en ellas. En cambio, sí entiendo cuando un programa deportivo bien hecho, desde cualquier emisora, me emociona, me divierte, me transmite la información que busco.  Cuando un periodista hace de la narración deportiva todo un arte de la comunicación. Radio y fútbol: qué gran combinación.

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