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Deporte y vida

José Luis López

Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.

SOBRE EL AUTOR

José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.

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13 octubre 2014

Por José luis López

Finishers

Este fin de semana se ha disputado el Ironman de Hawaii, en Kailua-Kona, a su vez Campeonato del Mundo. Me cuentan que ha sido trending topic a nivel mundial. Y he podido comprobar cómo desde nuestro país se seguía en directo el acontecimiento hasta altas horas de la madrugada.

Reflexiono acerca de esta durísima prueba, que deja pequeños otros retos que antes nos parecían insuperables, como correr una maratón. Pero es que un Ironman se compone, de forma continuada, de 3,8 km nadando, 180 km en bicicleta y 42,195 km corriendo.  En Hawaii se impusieron el alemán Sebastian Kienle, con un tiempo total de 8 horas, 14 minutos y 18 segundos, y la australiana Mirinda Carfrae, con 9 horas y 55 segundos, realizando mejor marca en la parte de maratón que el ganador masculino, exactamente 2.50 26.

Y la mejor manera para conocer los componentes humanos y estéticos de un Ironman la he encontrado en un espectacular libro de la fotógrafa Silvia  Domínguez, titulado precisamente así: "Finishers" (www.finishersbook.com), que tiene como escenario el Ironman de Lanzarote. Os recomiendo que entréis en esta página y colaboréis en la difusión de la obra.  Porque en ella se capta en toda su máximo significado el término "finisher", es decir, quien ha llegado a la meta. Aunque sea un anglicismo, me parece una palabra maravillosa, que deja de ser vocablo para convertirse en filosofía de vida. Esa es la esencia de todo, llegar a la meta, a tu meta personal, a conocerte mucho mejor a ti mismo, a desafiar los límites, a experimentar una sensación única que los demás mortales (yo por lo menos) nunca podremos sentir. Seré "finisher" en otros terrenos, en otros retos de la vida también apasionantes, pero nunca en un ironman.

Reflexionas sobre lo que significa entrar en el agua a las 7 de la mañana y llegar a la meta poco antes de las 12 de la noche. Y es entonces cuando aparece la figura del otro: un ser querido, una causa justa, el atleta que tienes al lado, incluso el que ya no está. Esa puede ser la gran motivación para seguir adelante, ese grito de ánimo o ese pensamiento puesto, kilómetro a kilómetro, en alguien.

Me cuenta Silvia Domínguez que "aquel que logra ser "finisher" sabe dos cosas: que puede conseguir lo que se proponga si su motivación es lo bastante fuerte, y que en ese camino una simple palabra de ánimo puede marcar la diferencia. Aquel que logre su primera medalla de "finisher" no volverá a ser el mismo. Esa es la verdadera magia del Ironman".

Y me sorprendo cuando Gordon Haller (el primer "finisher" de Ironman de la historia, en Hawaii 1978) escribe que "rendirse solo porque es duro, me avergonzaría". Lo dice ahora, con más de 62 años, y todavía compitiendo. Fue él quien, tras ganar aquel año, esperó en la meta uno a uno a todos los "finishers" que iban llegando, hasta bien entrada la noche. Como este año, en Kailua-Kona, donde el último en llegar a la meta ha sido Clintyn Barnes, con 16 horas, 56 minutos y 37 segundos. Tardó más de 7 horas y media en acabar la maratón, pero llegó a la meta, en medio de la noche, con miles de persones esperándole, recibiendo un abrazo cálido y un beso eterno. Siendo un triunfador.

Es, una vez más, el deporte y la vida. Las historias de superación que nos asombran al mismo tiempo que nos reconcilian con nuestra condición de seres humanos.

  

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22 septiembre 2014

Por José luis López

Una mujer entre hombres

Uno de los capítulos más apasionantes de la historia del deporte mundial es la lucha de las mujeres por poder lograr una situación de equidad y justicia. Es una historia que, en el deporte moderno, arranca en el siglo XIX. Aquellas mujeres atletas que durante un cuarto de siglo no podían competir en los Juegos Olímpicos, las que no podían disputar distancias más largas de 400 m, las que recibían críticas machistas, las que no podían ni soñar con practicar ciertos deportes que se consideraban exclusivamente masculinos. Durante algo más de un siglo, y gracias a la lucha de tantas mujeres (desde la pionera Alice Milliat), y también a la implicación de muchos hombres, porque la justicia no debe entender de sexos, las cosas han ido cambiando en todo el mundo y el deporte femenino poco a poco ha ido avanzando.

No obstante, todavía quedan algunas asignaturas pendientes. Para mí una de las más evidentes es la situación de las entrenadoras, que es mucho más delicada que la de las deportistas. En la mayoría de los deportes, parece que las entrenadoras deben realizar su trabajo exclusivamente con mujeres. En el atletismo ha habido algunos casos de mujeres que han entrenado a hombres, e incluso consiguiendo medallas olímpicas de oro (se ha dado también algún caso curioso de que era la esposa la que entrenaba a su marido campeón). Pero en líneas generales, no se dan estas circunstancias. Parece impensable que una mujer entrene a un equipo masculino de fútbol, baloncesto, balonmano, voleibol... de primera división. Y eso es lo que me parece increíble. ¿Por qué no? ¿Acaso no hay o puede haber entrenadoras cualificadas? Desde luego que sí, pero parece que por tradición han de entrenar a equipos femeninos o de niños.

Eso es injusto. Igual que hay muchos hombres que entrenan con éxito a equipos femeninos (y no hay ningún problema de vestuario), también debería ser al revés. Pero no por el hecho de que sean mujeres entrenadoras, sino por ser muy buenas entrenadoras. No se trata del género, ni de discriminaciones positivas, ni de paridad, sino de capacidad.

En la universidad, he tenido alumnas con grandes conocimientos técnicos y tácticos de fútbol. Pero siempre me decían con resignación que eran conscientes de que nunca podrían entrenar a un equipo profesional masculino. Esa es la realidad, me decían. Pues sería bueno empezar a cambiar esa realidad, y el primer paso es que realizaran sin complejos los cursos de entrenador/a nacional del deporte en el que se hayan especializado. Y, a partir de ahí, demostrar los conocimientos, la calidad, el talento, la personalidad... todo lo que hace falta para ser un gran técnico. Pero sin importar si eres hombre o mujer.

Por eso, de entrada me parece muy bien que la Real Federación Española de Tenis haya designado a Gala León como nueva capitana del equipo masculino de Copa Davis. Pero no porque sea mujer, sino porque no miro si es hombre o mujer. Lo que me interesa es que sea una persona competente, capacitada, trabajadora, profesional y con el talento suficiente para realizar una gran labor. He leído que una mujer ex tenista no puede entender de tenis masculino, porque éste es muy diferente al femenino. Pues de igual forma, un hombre no podría entender de deporte femenino, porque existirían las mismas distancias y diferencias.  No conozco a Gala, y no puedo opinar por tanto de sus cualidades. Ignoro si lo hará bien o mal y si era la que más méritos reunía. Pero sí me parece que lo que nunca debería ser noticia es si se trata de un hombre o una mujer. Se trata, simplemente, de una profesional llamada Gala León que sustituye a otro profesional llamado Carlos Moyá.  Ojalá haga un muy buen trabajo.  

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07 septiembre 2014

Por José luis López

Run to Valencia

Canal Plus Deportes estrenó ayer la serie "Run to Valencia", en la que tengo el placer de colaborar. Se trata de 13 episodios de 10 minutos en los que cada semana podemos seguir la preparación y la historia personal de 6 atletas populares que preparan la Maratón de Valencia Trinidad Alfonso de este año. Me parece una gran iniciativa y, tras ver el primer episodio, creo que estas seis historias de corredores de características muy diferentes, pueden ser también las de tantos miles y miles de "runners" que han de hecho de correr una parte fundamental de sus vidas. La historia de los atletas anónimos que hablan un mismo lenguaje, el que han desarrollado, día a día, a base de zancadas y latidos del corazón.

Una atleta invidente, ya abuela, que este año ha batido el récord del mundo de su categoría en la maratón de Londres y corre de la mano de su marido, guía y entrenador; un empleado de banca que no ha corrido nunca pero quiere demostrar a sus pequeñas hijas que con esfuerzo todo se puede conseguir, incluso finalizar una maratón; un educador en un centro penitenciario, que ha ideado con gran éxito el programa "correr te hace libre" para empapar de los valores de la carrera a pie a los presos... Y todos con el mismo objetivo, correr en Valencia el 16 de noviembre, en una de las mejores maratones del mundo.

Y hay algo más que hace muy atractivo el programa: el sello inconfundible en la realización de "La Caña Brothers", una productora que solo firma programas de gran calidad técnica, con una fotografía impecable y una cuidada edición. Contadores de historias que llegan a la gente. Una forma de hacer televisión diferente, exclusiva y reconocible.    

El atletismo popular, que yo prefiero llamar simplemente correr, me interesa especialmente por lo que tiene que ver con la vida. E incluso diría que con la recuperación de la verdadera esencia de la vida: el ser humano ancestralmente activo frente al impuesto o elegido sedentarismo anti natural; la cultura del esfuerzo frente a la pasividad, el conformismo, el pesimismo y la desidia; y los deseos de sentir la libertad, corriendo por el mero placer de hacerlo, ante la esclavitud, a veces dulce y otras amarga, que nos imponen las convenciones y rigideces de la sociedad actual. Y la maratón (que aunque puede denominarse en masculino, prefiero hacerlo en femenino por su relación con prueba, carrera, distancia y ciudad), tiene mucho paralelismo con la vida. Esos 42 kilómetros y 195 metros son un crisol de sensaciones, de experiencias, de emociones, de esfuerzo constante y breves pero intensos momentos de dicha, de un reparador puesto de avituallamiento que aparece cuando más lo necesitas, de un apoyo constante en forma de aplauso, grito o música de banda urbana que te aparta de la soledad que vive el corredor, aunque esté rodeado de otros miles de corredores en el recorrido. Cada uno hace su carrera, tan única como auténtica. Nadie puede correr por ti. Como en la vida. Y al final, la meta, que, aunque sea la misma línea para todos, en realidad es personal e intransferible para cada uno de los atletas.

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17 agosto 2014

Por José luis López

Ruth Beitia: los sueños cumplidos

Admiro a todos los grandes atletas, pero especialmente a los que me transmiten su pasión por el atletismo. Ruth Beitia es un claro ejemplo de ello. Siente el atletismo, desde cualquier día de cotidiano entrenamiento en Santander hasta en el escenario mágico de las grandes competiciones mundiales, del que es habitual protagonista. Ruth es puro atletismo, es respeto, es trabajo, es saber estar siempre a la altura (y nunca mejor dicho). Ejerce de capitana, anima a todo el mundo, quiere que disfrutemos de esto tanto como ella lo hace.

A sus 35 años ha realizado la mejor competición de su vida, franqueando a la primera 2,01 m, lo que iguala la mejor marca mundial del año e incluso el récord del mundo de veteranas, y revalidando su título de campeona de Europa. Está aprovechando de manera excepcional esta prórroga deportiva que le ha dado la vida, desde los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Nadie en una pista de salto de altura se sabe concentrar mejor que ella. También es la que mejor sabe leer el lenguaje de su cuerpo, de sus sensaciones, de la precisión milimétrica de cada momento de ese complicadísimo gesto técnico que es franquear un listón de altura.

Pero de Ruth hay algo que me cautiva todavía más. En noviembre comenzará su temporada número 25 con el entrenador de toda su vida, el sabio Ramón Torralbo. Las bodas de plata con “su otra mitad”. Eso es sensacional y muy poco habitual. 25 años trabajando juntos, respetándose, sin discutir  nunca, con humildad, creciendo y aprendiendo juntos, construyendo un universo de emociones y de triunfos. Tal vez sea el gran sueño de cualquier entrenador: empezar inyectando el veneno del atletismo en un niño o una niña, esa bendita esclavitud llena de valores y lecciones de vida, y, tras muchos años de trabajo y miles de horas de aprendizaje y perfeccionamiento, hacer que ese pequeño atleta se convierta en una gran estrella mundial. Esa ha sido la gran obra de arte de Ramón Torralbo. Y, afortunadamente, esta maravillosa historia de fidelidad y compromiso continúa. Porque nadie más que Ruth Beitia se merece una medalla olímpica en Río.   

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12 agosto 2014

Por José luis López

30 años mágicos

Vuelvo al Letzigrund Stadium de Zúrich, el escenario más legendario del atletismo mundial. Aquí, un 22 de agosto de 1984, debuté con la Cadena SER. La primera narración de mi vida, hace ya 30 años. Por eso, volver a Zúrich es para mí convocar a los recuerdos y despertar las emociones.


Permitidme que hoy, cuando acaba de comenzar el Campeonato de Europa de atletismo, y desde la misma pequeña tribuna de prensa donde todo comenzó para mí radiofónicamente hablando, recuerde a aquel jovencísimo entusiasta del atletismo, que había venido sin apenas recursos como un espectador más, porque quería conocer al gran Carl Lewis. El destino, la casualidad, la osadía y mi vocación por comunicar se conjuraron para hacer que tuviera la primera oportunidad de mi vida. La SER buscaba a alguien que estuviera por Zúrich para informarles del meeting que reunía incluso a más grandes estrellas que los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Me lo dijeron, por si me atrevía, pocos minutos antes de comenzar la competición los comentaristas de TVE José Ángel de la Casa y Gregorio Parra, que se portaron de forma excelente conmigo. No lo dudé, e incluso pensé que podía ofrecer mucho más que una simple información: narraría en directo el atletismo más espectacular, con la misma pasión que me ha acompañado estos 30 años. Y fue entonces cuando narré el primer récord del mundo que veía en directo en mi vida: el de 100 m de Evelyn Ashford (10.76).


Recuerdo, como si no hubiera pasado el tiempo, el hall del entonces llamado Hotel Nova Park (ahora Crowne Plaza), muy cercano al estadio, por donde pasaban todas las estrellas. He vuelto al mismo sofá desde el que salté entusiasmado en el momento que vi entrar a Carl Lewis, majestuoso e imperial. Por fin conocía a mi gran ídolo de entonces y podía hablar con él. Y he comprobado que el hotel todavía conserva el LetziLeu, un bar que en el suelo, a modo de hall de la fama, tiene baldosas doradas con cada uno de los más de 25 récords del mundo que se han batido en el Letzigrund. Ahora el estadio sigue siendo pequeño pero se ha remodelado desde hace unos años. Recuerdo que antes en las gradas de las curvas, en forma de “v”, el público se agolpaba de pie, sin parar de animar a los atletas. Luego he vuelto otras muchas veces al meeting de Zúrich con  Canal Plus, y he podido seguir comprobando que es el mejor meeting del mundo y reúne al público más entendido.


Han pasado 30 años mágicos: 7 Juegos Olímpicos, más de 40 Campeonatos del Mundo y de Europa, cientos de competiciones en casi 50 países... Más de un cuarto de siglo viviendo, narrando, transmitiendo la historia del mejor atletismo. Pero la pasión de aquel chaval enamorado del atletismo se mantiene inalterable. Sigo pensando que con el atletismo me siento libre, que puedo fabricar emociones y comunicar a millones de personas qué hay detrás de cada latido, de cada zancada de un atleta. Sigo creyendo que cada día hay que transmitir algo nuevo, con un grado enorme de auto exigencia y respeto, y que nunca dejaré de querer seguir aprendiendo. Y queda también el más profundo agradecimiento a la Cadena SER, que ha hecho posible este sueño, a todos los que me ayudaron cuando empezaba, a los compañeros de los que tanto he aprendido (los que siguen en la SER y los que pasaron por ella, que para mí son igual de importantes).


Que siga la magia en las pistas durante, por lo menos, algunos años más. Que sigan la pasión, el espectáculo,  las leyendas, la precisión, los valores, el respeto. En definitiva, la vida. Que los y las atletas, en el Letzigrund de Zúrich o en cualquier otra pista del mundo, sigan siendo fabricantes de emociones.       

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10 agosto 2014

Por José luis López

España, ante los Europeos de Zúrich

El grupo más numeroso de atletas españoles que participarán la próxima semana en los Campeonatos de Europa de atletismo ya está en Zúrich. Tienen varios retos importantes que afrontar, entre ellos hacer bueno el pronóstico del director técnico, Ramón Cid, que prevé entre 4 y 6 medallas y entre 12 y 15 finalistas.

De entrada, el equipo español es numeroso, con más de 70 atletas. He aquí el primer debate que escucho estos días. Hay quien cree que, una vez más, la selección es demasiado amplia y generosa, y que sobran bastantes atletas que, con muchas posibilidades, quedarán eliminados a la primera. Yo no pienso así. Siempre lo he dicho y está publicado ya en uno de mis primeros libros, de 1984, cuando la mayoría de nuestros atletas de la actual Selección ni había nacido. Existen unos criterios de inclusión, unas mínimas, unas reglas de juego. Pues bien, quien ha realizado esas marcas debe ir a la gran competición del año, porque se lo ha ganado (siempre respetando lo de un máximo de 3 atletas por prueba). Lo contrario sería engañar a los atletas y a sus entrenadores, que están todo el año trabajando sin recibir casi nada a cambio.

Pero, a partir de ahí, debe existir una exigencia. No puede ser que un atleta llegue a la gran competición del año, la que ha estado preparando como objetivo principal, y luego compita muy por debajo de sus posibilidades. Todos los atletas deberían realizar en Zúrich, por lo menos, su mejor marca de la temporada (salvo tal vez excepciones de pruebas tácticas). Lo contrario, es una mala planificación. Si algún atleta llega pasado de forma a Zúrich (y no tengo aquí en cuenta el eximente de las lesiones o enfermedades), es que las cosas se han hecho mal.

Un gran éxito individual sería lograr el "personal best", es decir, la mejor marca de su vida. Quien consiga eso, ya puede decir que lo ha hecho muy bien en Zúrich. Aunque ni siquiera se meta en una final. Nunca he pedido más a quien ha realizado la mejor marca de su vida. Y por supuesto, tratándose de un campeonato, lograr una medalla es más importante que la marca que se consiga.

Por eso, siempre he defendido que los incentivos a los atletas deben estar mucho más relacionados con lo que han realizado en el gran campeonato del año que en el simple hecho de haberse clasificado para el mismo. Llegar a Zúrich no es la meta. El objetivo ha de ser hacerlo muy bien en Zúrich. Y en eso han de pensar nuestros atletas, sin ningún complejo.

A partir de ahí, confío en unas cuantas medallas y bastantes finalistas, más o menos en la línea de lo que ha pronosticado Ramón Cid. Eso sería lo normal, lo que ahora mismo puede valer el atletismo español, ranking en mano. Pero no sería un gran éxito. Para lograr esto último se deberían superar los récords de medallas en el historial de España en los Europeos. Y eso, aunque en general haya bajado bastante el nivel del atletismo continental, es muy complicado.   

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14 junio 2014

Por José luis López

La hora de la psicología deportiva

¿Qué hay que hacer en el deporte cuando se sufre una aplastante derrota como la de España ante Holanda en el Mundial de Brasil? De entrada hay que decir que no es una situación nada novedosa. Constantemente, hay deportistas que pierden, incluso que fracasan (aunque es una palabra que no me gusta utilizar). Y también les ocurre a los mejores, a los que están acostumbrados a ganar. ¿Cómo se debe reaccionar?


De entrada, la selección española de fútbol tiene una ventaja con respecto a un atleta: puede reaccionar inmediatamente. Siempre decimos que no hay una próxima semana en los Juegos Olímpicos. Pero en este Mundial de fútbol, sí. Todavía se puede arreglar el desastre, aunque no se borre del todo. Es decir, hay una segunda oportunidad. Físicamente, no se puede cambiar casi nada. Tan solo pequeños ajustes: que entren en el once inicial otros jugadores que tal vez estén mejor desde el punto de vista físico, que tanto por el planteamiento de juego como por el nuevo rival el desgaste físico sea menor, o que las condiciones de temperatura y humedad sean más favorables. Pero son pequeños detalles que no cambian mucho las cosas, y desde luego se comprobó que físicamente España ante Holanda estuvo muy mal. Otro tema sería valorar en qué medida la mente acrecentó ese bajón físico.


Podría haber cambios tácticos, pero lo dudo. Un sistema de juego no se cambia radicalmente de la noche a la mañana. Eso sí, se pueden hacer ajustes importantes que den mejores resultados.


Entonces, ¿dónde está la clave para arreglar lo que ya se ha titulado “humillación”? Lo he dicho muchas veces, en la mente. La terapia individual y de grupo es ahora fundamental. Hay que luchar contra la ansiedad, el pesimismo, la inseguridad, el miedo, la depresión. Los grandes atletas saben controlar las peores situaciones; los mejores futbolistas también han de conseguirlo. De entrada, todas las lecciones que hay que extraer del partido contra Holanda han de ser positivas: saber por qué ocurrió, saber qué hay que cambiar, saber que se puede conseguir. Lo mejor de saber perder es que esa derrota te fortalezca. Ahora Vicente del Bosque es fundamental. Ha de transmitir serenidad, optimismo, seguridad, confianza.


No sería bueno apelar a que somos los campeones del mundo. Eso no sirve ahora. Lo fueron hace 4 años. En unos días concretos. Y ya está. Ahora, es “otra carrera”, totalmente distinta. Además, sería una falta de humildad. Hay que mentalizarse positivamente. Analizar todas las posibles situaciones que se vayan a dar en el partido contra Chile y tener una respuesta preparada para cada una de ellas. Y sobre todo trabajar la mente, la parte psicológica. No hay que tener miedo, ni pensamientos negativos. Ni siquiera imaginar qué pasará si España cae a la primera en Brasil.


Olvídate de las primas, de las críticas, de los medios, de las vacaciones, del prestigio, de tu club, del público, del fin de ciclo, del agotamiento del sistema, de los que ya están acabados… Todo eso no existe. Has de ser tú mismo. Tan humilde como seguro. Tan frío como apasionado. Has de correr tu carrera; no la carrera del rival. Eres muy importante para el colectivo. Has de saber qué puedes hacer muy bien, individualmente y en equipo, desear hacerlo con todas tus fuerzas, pero sin ansiedad. Y hacerlo. Es psicología deportiva. Hoy puedes estar en la noche más oscura, pero mañana puedes hacer que vuelva a brillar el sol.

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21 mayo 2014

Por José luis López

Una ocasión única para madridistas y atléticos

La final de Champions de este sábado es histórica. Por primera vez, dos equipos de la misma ciudad disputándose el máximo título continental. El Real Madrid, ante el escenario inédito de luchar en una final por lograr la ansiada "décima". Y el Atlético de Madrid, ante una oportunidad única de conseguir la primera Copa de Europa o Champions League de su historia, el único trofeo que no tiene en sus vitrinas, en el que puede ser, si gana, el mejor año de sus más de 100 años de existencia.

Se enfrentan, sin duda, los dos equipos que esta temporada han hecho más merecimientos para ser los reyes de Europa. Todo histórico, único, emocionante, una gran fiesta.

Pero hay algo más. Y personalmente es uno de los aspectos que más me interesa. Estamos ante una ocasión tal vez irrepetible para que madridistas y atléticos, y me refiero en esta ocasión a las aficiones, lleven a su máxima expresión los verdaderos valores del deporte. Y también los de la ciudad de Madrid, eternamente abierta y acogedora.

Miles de madridistas y atléticos, con o sin entrada, inundarán Lisboa. Los portugueses serán unos perfectos anfitriones. Eso no me preocupa. Pero lo que más desearía es ver a seguidores colchoneros y blancos disfrutando juntos de Lisboa, sin divisiones, sin guetos, sin más rivalidad que la puramente deportiva. Están ambas aficiones ante una ocasión única de dar una gigantesca lección al mundo de educación, de valores, de ciudadanía, de madurez, incluso de "madrileñismo".

La Delegación del Gobierno ha prohibido una proyección de la final en el centro de Madrid abierta a las dos aficiones por razones de seguridad. Tal vez tenga razón, pero es muy triste. Cuando la pasión por el fútbol (que en realidad lo es solo por un equipo en concreto y no por este deporte) lleva al fanatismo, a la exclusión, a la violencia y al odio, entonces la sociedad está enferma.

Está muy bien hablar de normalidad democrática o normalidad lingüística. Pero no hay que olvidar la normalidad cívica. Y esa no existirá mientras todavía haya niños que sufren el acoso (ahora se llama  "bullying"), la marginación o las burlas de sus compañeros por el simple hecho de ser de un equipo equivocado en la ciudad equivocada. El único de la clase que es de aquellos colores tan odiados. O mientras atléticos y madridistas no puedan estar juntos, pacíficamente, viendo el partido más importante de sus vidas.

Me encantan las parejas en las que cada uno de ellos o de ellas son de un equipo "rival". Y los amigos de toda la vida que llevan en el corazón unos colores futbolísticos bien diversos, pero su amistad es inquebrantable, se respetan y se toman con humor las victorias y las derrotas.

Algunos pensaréis que todo eso es imposible, que debo vivir en Disneylandia o que tal vez provengo de un deporte tan noble como es el rugby. Nada de eso. Simplemente sueño con que el equipo perdedor en Lisboa haga un pasillo saludando al campeón, que ambas aficiones reconozcan con aplausos la justicia del resultado y el esfuerzo de los suyos, que inunden de civismo y complicidad las calles de Lisboa, que puedan salir al mismo tiempo del estadio, y que las pasiones, las emociones y los sentimientos se mezclen con el orgullo común de ser de un equipo de esa gran ciudad que es Madrid. Quiero ser optimista: este partido lo pueden ganar ambas aficiones. Está en vuestras manos. A disfrutarlo.    

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16 mayo 2014

Por José luis López

En el adiós a Carles Puyol

Un día, hace unos cuantos años, en un programa de televisión me preguntaron si me gustaría ser famoso. Respondí que no. En la vida no se trata de tener fama sino de tener prestigio. Esa es la clave. Fama es que te conozca mucha gente, pero probablemente no por tus buenas cualidades. Eso es mala fama. Prestigio es que reconozcan positivamente tu profesionalidad, tu trabajo, tu coherencia, tu trayectoria. Por poner un ejemplo, muchos personajes de la "telebasura" tienen mucha fama, pero, a mi juicio, muy poco prestigio. En cambio, Plácido Domingo, por citar a alguien, tiene un gran prestigio. Y además, os aseguro que en el mundo es mucho más conocido que esos personajes que venden sus miserias de plató en plató e inventan personajes surrealistas.


Y digo esto porque hoy quiero hablar de Carles Puyol, en el momento de su despedida como futbolista. Vaya por delante que no conozco personalmente a Puyol, aunque sí tengo amigos que han trabajado con él como preparadores físicos y tácticos personales. Y muy excepcionalmente hablo de aquellas personas a quienes no he conocido, práctica que en cambio está muy extendida entre el género periodístico y la sociedad en general, donde parece que todo el mundo habla de todo el mundo con una gran ligereza, cuando en realidad casi nadie conoce a nadie, y deberían ser más respetuosos.


Pero creo que Carles Puyol abandona el fútbol envuelto en un gran prestigio, lo que hace que se le respete en todas partes. Yo le respeto y le admiro. Me gustan los deportistas que lo han dado todo por su equipo y sus selecciones, durante tantos años. Carles Puyol es un ejemplo de pundonor, de lucha, de profesionalidad. Y por supuesto de personalidad. No es fácil ejercer de capitán como lo ha hecho él. Ni tampoco afrontar con la ilusión de un debutante tantas lesiones en los últimos años.


Todos recordamos algunas imágenes que hablan muy bien de Carles Puyol, como cuando ha afeado la conducta de algún compañero en el campo que celebraba un gol de forma que pudiera molestar a la afición rival o cuando ha preferido que la atención siguiera estando en el desarrollo del partido, sin maximizar que se había lanzado un objeto al campo por parte de una persona de la afición rival. Y siempre lo ha hecho con naturalidad, discretamente, sin escenas para la galería. O cuando cedió el honor de levantar la Champions a Abidal, en una escena que tenía un significado humano enorme.
Seas del equipo que seas, o aunque no seas de ninguno, creo que todos debemos reconocer a Carles Puyol haber sido un excelente trabajador del fútbol, un buen ejemplo para los jóvenes deportistas. Alguien coherente, honesto, con prestigio. Respetado por todos.     

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08 mayo 2014

Por José luis López

Yago Lamela: adiós al mayor talento

La noticia del fallecimiento de Yago Lamela, con tan solo 36 años, me ha dejado helado. Cuando te llega una noticia así, en apenas unos segundos te vienen a la memoria todos los momentos que has vivido con esa persona.


De Yago Lamela tengo imágenes imborrables. Fue una explosión de aire fresco y de ilusión cuando en 1999 se convirtió en subcampeón del mundo de salto de longitud en pista cubierta en Maebashi, con aquel sensacional récord de Europa de 8,56 m. Después de la época dorada de Fermín Cacho, hacía falta un nuevo nombre, alguien joven que pudiera despertar el interés por el atletismo en la gente que no era de este deporte, y Yago, con su melena al viento en saltos espectaculares, era esa nueva gran estrella que necesitábamos. Y le vi saltar también en  el Mundial de Sevilla del mismo año, donde confirmó con su medalla de plata que ya era una gran estrella mediática.


Más tarde llegó el Mundial de París, en 2003, donde creo que no se valoró suficientemente su actuación. Y también narré muchos de sus saltos por el mundo, a pesar de su carrera relativamente corta. Y puede hablar con él en varias ocasiones. Era tímido, pero en ningún caso arrogante ni prepotente. Al revés, buena gente. Simplemente, un chaval a quien nadie enseñó a gestionar emocionalmente toda la expectación que había generado.


Pero además, tengo otros recuerdos del avilesino. Aquellos recuerdos de cuando él era un atleta de las categorías inferiores, muy lejos de la fama. En un campeonato de España junior me fijé en él y le dije a una de mis atletas que había un saltador que sería una superestrella. Ese saltador era Yago. Luego tuve el honor de contar con él en la muestra de atletas que participaron en mi tesis doctoral, cuando Yago entrenaba en Valencia, y puede confirmar lo que ya intuía: es el mayor talento del atletismo español que he visto jamás, incluso por delante del otro super talento que he podido conocer, Reyes Estévez. Los valores que daba en los tests de potencia no los he encontrado ni siquiera en algunos campeones olímpicos con los que he trabajado. Y al talento se sumaba que entrenaba al 110 %. Y tal vez eso contribuyó a que las lesiones (más la mala suerte) hicieran que se retirara demasiado pronto.


Pero permitidme dos comentarios más al respecto. En primer lugar, destacar a dos de los entrenadores que tuvo Yago Lamela. El de su tierra, Juan Azpeitia, un entrenador vocacional a quien admiro muchísimo y que es el responsable de hacer de aquel niño que ya saltaba casi 4 m a los 8 años, que jugaba con su padre a saltar cada vez más lejos en la playa, se convirtiera en una estrella mundial. Juanjo Azpeitia inoculó el dulce veneno del atletismo a Yago. Y esos son los entrenadores que me gustan, aquellos que no solo te entrenan, sino que también te transmiten una pasión por el atletismo que para siempre irás bebiendo gota a gota en tu vida. Y también, Rafa Blanquer, el entrenador que recuperó a Yago Lamela en unos momentos muy difíciles y le llevó otra vez a estar entre los mejores en el Mundial de París. No es tan fácil como tener un gran talento y ya saltará. Hace falta mucho más. Por ejemplo, la profesionalidad de un entrenador como Rafa Blanquer.


Y la última reflexión. Me preocupa mucho lo que pasa a los deportistas de éxito cuando se acaba su vida deportiva. Ya no hay entrevistas. Ni contratos. Ni autógrafos. Ni te reconocen. Eras una marca, una medalla, un número... Pues no. Eras y siempre serás una persona. Ahí es cuando aparecen los amigos de verdad, probablemente pocos. Y por supuesto, la familia, que casi nunca falla. Los auténticos. Cuando la vida se hace más real. Y hay muchos deportistas que lo pasan muy mal en esas situaciones. Tal vez Yago haya sido uno de ellos. Y tal vez debamos volver a pensar en cómo se puede ayudar a tantos deportistas para continuar en el mundo laboral una vez que los focos del escenario deportivo se han apagado. Para normalizar una vida que nunca es normal para un deportista de elite. Esa también debería ser una prioridad de nuestro deporte.


Descanse en paz Yago Lamela. Y ojalá ahora pueda seguir volando por el cielo, como hizo tantas veces sobre un foso de longitud, suspendido en el aire durante tres pasos y medio, libre,  mágico, único. 

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