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Deporte y vida

José Luis López

Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.

SOBRE EL AUTOR

José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.

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23 julio 2016

Por José luis López

Lo que pienso del caso del dopaje ruso

Para los que llevamos tanto tiempo en el atletismo y hemos narrado y vivido en directo un tercio de siglo de su historia, el escándalo del dopaje ruso no es ninguna sorpresa. En realidad es la continuación, versión siglo XXI, del dopaje de Estado de la segunda mitas del siglo XX en la Unión Soviética y otros tantos países del Este, especialmente la República Democrática Alemana. Y también desde luego en otros países, que no eran precisamente comunistas. Más de lo mismo, solo que ahora de forma más sofisticada.

Muchos me preguntáis qué opino de la actual situación y si Rusia debería competir o no en los Juegos de Rio. Intentaré ser lo más claro posible.

Todos estamos de acuerdo en que el deporte (yo añadiría, la vida en general) ha de estar lleno de valores éticos positivos. Ello implica un rechazo total a las trampas, y el dopaje, con todas las imperfecciones que pueda tener un listado a veces subjetivo de productos prohibidos, es hacer trampas. Mi NO al dopaje es evidente y rotundo y no aporto nada especial u original diciendo eso.

Pero junto a ello ha de prevalecer también la justicia. La tolerancia cero al dopaje no puede llevar implícitos los daños colaterales, si estos provocan injusticias. Sería igualmente pervertir los valores del deporte.

Las sanciones al presunto dopaje de Estado ruso (mantengo el término presunto por corrección jurídica aunque me parece que es un escándalo ya perfectamente probado) han de comenzar por el Estado ruso, por sus dirigentes deportivos y políticos. Que dimitan o se les procese, con todas las garantías de la Ley. Y que sean apartados del deporte entrenadores, médicos, científicos, etc. que ha perpetrado o colaborado en este dopaje masivo. También que no se permita a Rusia organizar eventos deportivos internacionales me parece una buena sanción, pero en cambio no veo que nadie se vaya a atrever a quitarles el Mundial de fútbol. Ahí hay demasiados intereses, demasiado dinero, demasiada hipocresía y todos miran a otro lado, empezando por la FIFA, que no es precisamente ejemplo de limpieza ni honestidad, por lo menos en la época de Blatter.

¿Y los deportistas? Por supuesto, todos los dopados fuera de las competiciones. Incluso aquellos que dirán que fueron obligados. Pero luego están los deportistas que no se doparon nunca. Porque Rusia, con tantos millones de habitantes, también tiene, por lógica, grandes talentos del deporte, que con su genialidad y sus entrenamientos se sitúan entre los mejores del mundo. Seguro que hay atletas rusos a los que no les ha hecho falta recurrir al dopaje jamás.

Me centro en el caso de Yelena Isinbayeva. Si un día resulta que da positivo en un control, perderá todo mi crédito, pero de momento mantengo una grandísima admiración hacia ella. Lleva 15 años en el alto nivel. Ha pasado cientos de controles de garantía y nunca ha dado positivo. Ahora aparecen, con las nuevas y avanzadas técnicas de detección de productos dopantes, decenas de nuevos casos de deportistas tramposos, muchos de ellos medallistas, en los Juegos de Pequín 2008 y Londres 2012. Isinbayeva, de momento, no está en esa lista. Se destapan cientos de casos de dopaje ocultados y falsificados en la trama rusa, más de 100 de atletismo. Isinbayeva tampoco forma parte de esa relación de deportistas. ¿Dónde está su culpa o delito? ¿En ser rusa? ¿En haber vuelto a vivir en su país hace unos años, dejando Mónaco, donde residió durante bastante tiempo y si hubiera seguido allí estaría libre de sanciones? ¿Es justo que no esté en Rio? Creo que no. Por lo menos hasta que no se demuestre lo contrario. Y lo podría hacer extensivo a muchos otros atletas o deportistas. Parece ser que no hay ningún caso de dopaje oculto en la gimnasia artística rusa. ¿Por qué se les debería prohibir acudir a los Juegos?

Os pongo un ejemplo de lo injusto que son los daños colaterales. Durante muchos años en Sudáfrica hubo una política de apartheid criminal, repugnante, inhumana y todos los calificativos negativos que se os ocurran. A partir de ahí, la comunidad internacional apartó al deporte sudafricano de las competiciones, incluidos los Juegos Olímpicos (hasta Barcelona 1992). Pero la injusticia era doble: los deportistas de raza negra no podían competir en su país (de hecho, a duras penas podían sobrevivir), pero todos los deportistas sudafricanos, de cualquier raza, tampoco podían competir en el mundo. Es decir, a los de raza negra se les castigaba dos veces. ¿Qué culpa tenían aquellos deportistas, fueran blancos o negros, del criminal régimen político de su país? Como paréntesis, os diré que aquella situación me inspiró hace muchos años para escribir una novela, “La niña de los pies desnudos”, premiada en un certamen literario, e inspirada en la atleta Zola Budd. Allí reflejé aquella frustración de todos los deportistas sudafricanos, encerrados en un cárcel, para unos física y para otros también deportiva.

Este es un caso que tiene similitudes. Hay que defender a los deportistas limpios. Los castigos colectivos ejemplificadores suelen ser injustos, por lo que os decía de los daños colaterales. Que Rusia no compita como Comité Olímpico me parece bien, o como país. En Barcelona, por razones políticas diferentes, se presentó como el Equipo Unificado.  Y no pasó nada.

Es posible que el IOC deje en manos de cada Federación internacional la decisión de que puedan competir deportistas rusos de manera independiente. Otra cosa es que Rusia permita a sus deportistas acudir en esas condiciones.

Y solo un pero a Isinbayeva. No se ha dado cuenta que ella es también víctima de su Gobierno y su mezquina política deportiva. Es íntima amiga y gran defensora del presidente Putin. Y probablemente esa sea la razón por la que no he oído ninguna declaración suya condenando este dopaje de Estado. Eso hace que pierda credibilidad. Pero como deportista, y hasta que no se demuestre lo contrario, cero que debería estar en Rio.

En cualquier caso, lo primero la justicia. Y siempre los derechos individuales y las personas antes que los países, las banderas y los comités olímpicos de todo el mundo. 

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07 julio 2016

Por José luis López

Lo que más me gusta de Ruth Beitia

Siento una profunda admiración por Ruth Beitia. Evidentemente, porque es la mejor atleta española de la historia, y su palmarés, con 13 medallas internacionales, la convierte en una de las saltadoras más laureadas del mundo.


Pero hay muchas más características que hacen a Ruth única, especial, extraordinaria. Para algunos, detalles que van más allá de los resultados deportivos; para mí, valores fundamentales y exclusivos que la convierten en la mejor.


Ruth es una apasionada del atletismo, de su prueba, de sus rivales. Disfruta de cada momento en la pista, bebe las emociones gota a gota. Afronta cada competición desbordando una energía positiva contagiosa. Salta a la pista, repartiendo simpatía, sonrisas y besos. Abraza a la mascota, a sus rivales, a quienes anima, aplaude y ayuda en competición. Muchas la veneran, como por ejemplo la italiana Alessia Trost. Es tal su empatía que más de una saltadora internacional me ha confesado que sin Ruth en la pista la competición no sería igual. Probablemente, digo yo, más triste, más automatizada, más distante, menos humana.  


Ruth Beitia hace, a mi juicio, el mejor calentamiento específico de todas las participantes. Su salto con estilo tijera y solo cinco zancadas de aproximación es como un espectacular homenaje a aquellas pioneras del salto de altura, como Iolanda Balas y otras anteriores. Es metódica. No deja nada a la improvisación. Cualquier pequeño detalle técnico está profundamente trabajado, con una gran profesionalidad.


A Ruth le gusta entrenar y, sobre todo, competir. Lleva más de 10 años por todo el mundo. No le asustan los viajes ni las distancias. En una pista es feliz y hace felices a los demás. No se esconde nunca. Realiza más de 300 saltos competitivos al año, una media de casi uno por día. Y cada salto es una celebración del atletismo limpio.
Otra característica a su favor es la fidelidad a su entrenador, algo no muy frecuente entre los atletas. Lleva 26 años con Ramón Torralbo, a quien llama su otra mitad. Cada medalla la comparte con él. Y es exquisitamente generosa y agradecida.


Hoy, en Ámsterdam, salta a la primera 1,84 m, se tapa, hace con la ropa una especie de almohada y se tumba en el suelo para concentrarse. Las demás, están sentadas en el banco de las atletas. Ella sabe que tan importante como el momento del salto es lo que haga entre salto y salto. Ese es el entrenamiento psicológico, donde Ruth marca diferencias y es muy superior a casi todas las demás.


Se me haría muy difícil concebir el atletismo español sin Ruth Beitia. Ella es la gran capitana, la que hace equipo, genera entusiasmo y desborda naturalidad. Es más, creo que de una u otra forma, seguirá siempre en este deporte. Por eso, no entendería que, en un año electoral como éste, hubiera un solo candidato a la presidencia de la RFEA que no quisiera ficharla. Ruth debe ser un pilar fundamental del futuro de nuestro atletismo, desde la experiencia, la ilusión, la inteligencia y el amor por el atletismo.

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27 junio 2016

Por José luis López

Elogio de la normalidad

Dicen que con la derrota ante Italia finaliza un ciclo en la Selección Española de fútbol. Y más concretamente, el de Vicente del Bosque. Los periodistas deportivos son muy dados a hablar de fin de ciclo, tanto como del partido del siglo, que se repite varias veces cada año.

Por eso, hoy me quiero centrar en Vicente del Bosque, haya sido o no su último partido como seleccionador nacional. Para mí, es un maestro, en el sentido más pedagógico, humano, trascendente y paternalista del término. Recuerdo las sabias palabras del filósofo Rubem Alves: “Enseñar es un ejercicio de inmortalidad. De alguna forma seguimos viviendo en aquellos cuyos ojos aprendieron a ver el mundo a través de la magia de nuestra palabra. Así, el profesor no muere nunca…”. Eso es Vicente del Bosque. El que a través de su palabra, de su actitud, de su saber estar y hacer, ha enseñado no solo a muchos futbolistas, sino también a miles de seguidores. Nos ha enseñado que se puede ser, al mismo tiempo, normal y excepcional, educado y valiente, nada estridente y hombre del fútbol.

Solo una vez he tenido la ocasión de conocerle personalmente. Se trataba de la presentación de un libro que editamos desde nuestra Fundación, “La retransmisión del fútbol en la radio”, de Alberto Pérez, por cierto, un excepcional narrador. Aquel día encontré al ser humano que me esperaba. El Vicente del Bosque cordial, afable, educado del que nadie puede hablar mal. Una de esas personas con las que me iría a tomar café, a charlar reposadamente y a aprender. Sobre todo, a aprender.

Y cuando algunos dicen que es demasiado blando y bonachón, me revelo. Como cantaban mis admirados Víctor Manuel y Ana Belén, para la ternura siempre hay tiempo. Y para la educación, la coherencia, los valores del deporte y el saber comportarse en cualquier situación, con una elegancia natural y nada fingida. A veces la gente se empeña en ser alguien diferente a lo que en realidad es. Sobre todo, las personas públicas. Y especialmente en el fútbol. Vicente del Bosque es, en todo momento, él mismo.

Que te recuerden por ser una gran persona es de lo mejor que le puede pasar a cualquiera. Probablemente, lo que de verdad importa. Y si esa buena persona ha llevado al fútbol español a sus mejores éxitos, entonces hay detrás también un excelente profesional, con grandes conocimientos futbolísticos y resultados contrastados y evidentes. Haber sido tan grande en las victorias como en las derrotas, en los aciertos como en los errores, eso es coherencia.

Sería injusto infravalorar a Vicente del Bosque por ser alguien normal. Porque tal vez ahí está la excepcionalidad. Haber conseguido desde la vertiente menos frívola, colorista, estridente y canalla del fútbol, alcanzar la gloria. Y por eso, nunca hay fin de ciclo. El ciclo del maestro es eterno. La historia nunca se borra.

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30 mayo 2016

Por José luis López

Soria y el duatlón

La pasada semana, en Lisboa, Soria fue designada por la European Triathlon Union (ETU) sede del próximo Campeonato de Europa de Duatlón, en 2017. La otra ciudad que optaba a la organización del evento era Bucarest.

No es una noticia cualquiera. Para los que seguimos con interés, en el día a día, los latidos sorianos, esta designación tiene un gran significado. Soria es una ciudad con un potencial deportivo impresionante. No conozco ciudad con más y mejores instalaciones deportivas por habitante y metro cuadrado. Tampoco, otra ciudad española que esté preparándose para acoger una específica universidad del deporte, con vocación internacional. O que aspira a ser Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO, lo que se relaciona muy bien con un estilo de vida saludable y una pasión por el deporte popular.
 
Frente a la Soria marginada, olvidada, excluida o menospreciada de forma permanente durante tantas generaciones (incluso desde la propia administración regional), la de la despoblación alarmante o la resignación por el progreso inalcanzable, está la Soria del “ni te la imaginas”, la numantina, la luchadora, la que no confunde humildad con pobreza, ni modestia con carencia de ambiciones. Esa es la Soria que ha derrotado a Bucarest, la que sabe hacer bien las cosas, la que piensa en Europa, la que cree en el deporte.
 
El turismo deportivo es un fenómeno en auge interesantísimo, y especialmente para localidades pequeñas y modestas como Soria. Yo animo a ciudades de estas características a organizar eventos deportivos nacionales e internacionales. Representan progreso, visibilidad, interculturalidad. Y también una excelente manera de mostrar hospitalidad, cultura propia, tradiciones, paisajes… Y generan ingresos para la ciudad (deberían ser también para la gente trabajadora). Hace pocas semanas Soria organizó con gran éxito el Campeonato de España de duatlón, una modalidad deportiva que casa muy bien con esta tierra, de la que han salido también grandes atletas. La ciudad se echó a la calle para animar a los deportistas. Tal vez, en una gran capital el acontecimiento, al tratarse de un deporte de los llamados minoritarios, hubiera pasado más desapercibido. Si Soria ha podido derrotar a Bucarest, que presentaba un proyecto con más dinero, eso quiere decir que, como pasa en el deporte en más de una ocasión, los modestos, con ilusión y trabajo, pueden derrotar a los grandes. Ya conocéis mi lema: “Si no crees en tu propia victoria, empiezas a no merecerla”. Y Soria ha creído en este triunfo. Lo mismo, en este caso, que la Federación Española de Triatlón, la autonómica y el duatlón soriano.

Como también lo hizo Avilés, otra ciudad ejemplar volcada con el deporte. Allí se disputarán el próximo fin de semana los Mundiales de Duatlón, con más de 1.400 participantes y un retorno económico para la ciudad de más de un millón y medio de euros. Será un éxito y los asturianos y las asturianas se volcarán con el evento. Ojalá tenga también la cobertura mediática que se merece este campeonato.
 
En definitiva, quitarse de encima complejos, creer en su tierra y en su gente, en las enormes posibilidades de Soria, y apostar por proyectos reales, ilusionantes y de calidad. Eso es lo que abandera el joven alcalde de Soria, Carlos Martínez, uno de los principales pilares del éxito de la capital soriana en Lisboa. Por cierto, el único alcalde de todas las capitales de provincia españolas reelegido por mayoría absoluta en las pasadas elecciones municipales.          

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26 mayo 2016

Por José luis López

Stop insultos

A caballo entre las mediáticas y multitudinarias final de Copa del Rey y final de la Champions League, donde el interés deportivo está puesto exclusivamente en el terreno de juego, me interesa también mucho la grada, que creo que es una de las grandes asignaturas pendientes del fútbol a nivel mundial. El deporte es, entre otras cosas, valores, y éstos se han de reflejar también entre quienes acuden a un partido. Por ello, quiero comentar acerca de una reciente noticia que ha pasado un tanto desapercibida. Hace referencia al fútbol catalán, pero me consta que tiene paralelismos en otras comunidades: la Federación Catalana de Fútbol incorporará definitivamente en su reglamento, en la asamblea del próximo 25 de junio, la prohibición y la sanción por insultar con gravedad desde la grada.

Algunos diréis que ya existe algo de eso con la Ley antiviolencia en el deporte y la labor de los informadores de la Liga de Fútbol Profesional. El problema es la efectividad que tales informes tengan. Creo que, por desgracia, no mucha. Pero en el caso de la noticia que nos ocupa me parece algo realmente novedoso y relativo al fútbol no profesional, el que no suele salir en los medios. Parte de la prueba piloto que se ha hecho en los últimos meses en todas las categorías que dependen de la Federación Catalana de Fútbol, que gestiona 5.000 partidos cada fin de semana.

En este tiempo de prueba se han detenido 30 partidos y se han suspendido un par cada semana. Ahora el reglamento fijará definitivamente que el partido se podrá detener hasta un máximo de tres veces si hay insultos graves desde la grada y se podrá suspender si tales insultos no finalizan.

Se trata, en este caso, del fútbol modesto, aficionado o de categorías de promoción de ámbito catalán. Es decir, esos campos de tierra o de pequeñas localidades en los que semanalmente se insulta a los árbitros o a los jugadores del equipo rival, y parece que tal actitud formara parte de la salsa del juego. Esos insultos, amenazas, comentarios despectivos, de odio, de racismo, de machismo y, en definitiva, de mala educación y que atentan a la dignidad de las personas, producidos en un partido de categoría regional o de categorías inferiores, no serán noticia en los medios, a no ser que ocurra una brutal agresión.

Aquello que no dirías a una persona con la que te cruzas por la calle, parece “normal” si estás en un campo de fútbol y cerca de ti está un árbitro a quien no conoces de nada o un jugador del equipo contrario. Sabes que el árbitro no te devolverá el insulto y que los jugadores rivales no te abuchearán como les abucheas y menosprecias tú. De esa forma, parece que la modesta entrada que has comprado (muchas veces es incluso gratuita) incluye el derecho a una terapia de choque, a modo de desahogo semanal, en la que podrás expulsar tus rabias, fobias, frustraciones, complejos… Y lo peor es cuando esos lamentables comportamientos se dan en partidos de niños y niñas y están protagonizados por los padres.   

Por eso, me parece magnífica la nueva reglamentación catalana, que creo que también se aplica en otros lugares. Ante insultos sistemáticos y reiterados, se suspende el partido. Punto. Pero hay que ir a más. Se ha de señalar e identificar delante de todos a quienes han propiciado tal suspensión. Que los que insultan, y especialmente si son padres de jóvenes jugadores, sientan la vergüenza, ante sus hijos, de ser los responsables de que el partido no se siga jugando. Y tal identificación es relativamente sencilla en partidos de categoría regional o de niños y niñas. En un gran estadio, lógicamente es más complicado.

Y estas medidas deberían ampliarse también a lo que Javier Tebas, presidente de la LFP, llama gritos intolerantes, y que diferencia de los insultos. Para mí, todo está en contra de los valores del deporte, de la educación y de la dignidad de las personas. No concibo una competición de atletismo (mi deporte) donde se insulte a nadie, ni a un atleta, ni a un juez ni a un entrenador. Creo que no lo he vivido nunca. ¿Por qué, entonces, en el fútbol insultar parece que va implícito en las características del juego?

Por todo ello, “stop insultos”, definitivamente, en el fútbol y en todas partes. Y un deseo: que en la final de Milán los aficionados del Atlético y del Madrid tengan un comportamiento ejemplar, como me cuentan que ocurrió en la final de Lisboa.

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08 mayo 2016

Por José luis López

Correr con cabeza

Los recientes fallecimientos de atletas populares en carreras de nuestro país, más otras dos muertes súbitas de futbolistas internacionales, han vuelto a reabrir el debate de los peligros de realizar ciertas actividades deportivas, especialmente las carreras de larga distancia.

 

En este tema siempre he pensado que el sentido común, es decir, correr con cabeza, es lo más importante. El “boom” de las carreras populares o el “running” (yo prefiero decir correr) en los últimos años es imparable. Pero la característica más destacada de este fenómeno social no es que haya cada vez más participantes, lo cual desde luego es cierto. Lo más llamativo es que hace unos años un atleta popular se apuntaba a carreras de 5 o 10 km. Los términos “ultramaratón”, “trail”, “ironman”, eran prácticamente desconocidos. Y aquí está el problema. Quien antes corría una prueba popular de 5 o 10 km, ahora quiere hacer un medio maratón, un maratón, un ultratrail, un desafío extremo… Y probablemente siguen entrenando de forma parecida que cuando participaban en carreras mucho más cortas. Hay que saber dónde está el límite lógico de cada uno, y no es lo mismo prepararse para una carrera que para otra de muy diferentes características.

 

El problema no es apuntarse a correr un maratón, que me parece que puede ser una experiencia llena de valores personales y emocionales muy interesantes. El problema es cómo preparas y afrontas tal reto. Y ahí es donde entran la cabeza y el sentido común.

 

Por una parte, las revisiones de aptitud médica son fundamentales. Pueden costar unos 150 euros, con una completa prueba de esfuerzo, pero a buen seguro los corredores populares actuales se gastan mucho más en artilugios tecnológicos, zapatillas de primeras marcas, etc. No creo que haga falta la obligatoriedad de una certificación. Creo que es algo que ha de salir de los propios atletas, de forma natural. Las buenas ideas propuestas o sugeridas suelen ser mejores que las que se imponen por obligación. A mí nadie me pide un certificado de haberme vacunado de la gripe, pero en cambio lo hago cada año y creo que es bueno para mi salud y la de mi entorno.

 

Por otra parte, entramos en el eterno debate de si el deporte de elite es salud. Pues no, no lo es, lo cual no quiere decir que un deportista de alto nivel vaya a estar condenado a tener peor salud que el resto de personas. Simplemente, las altas cargas de entrenamiento no favorecen la salud. ¿Y el deporte popular? Pues todo depende de cómo se realice. El problema es llegar a situaciones límite. Es decir, no es malo correr un maratón (si estás preparado para ello, claro), pero sí contraproducente para un corredor popular llegar a un esfuerzo límite en esa carrera. Los atletas de elite no tienen más remedio que alcanzar esos límites, a veces sobrehumanos. Pero los corredores populares no deben hacerlo. Has de disfrutar corriendo, lo cual no quiere decir que no vayas a tener que esforzarte, por supuesto (yo soy un gran defensor de la cultura del esfuerzo), pero cada cual ha de instalarse en unos niveles de intensidad aceptables y lógicos. La actividad  deportiva orientada a la salud (tanto física como psicológica) es excelente y muy recomendable para todo el mundo. Ponerte a prueba de forma inconsciente puede llevar a fatales consecuencias.

 

También hay que recordar que la mayoría de los corredores populares no tiene  un entrenador o entrenadora. Creo que si pretendes participar en un medio maratón, un maratón u otras pruebas de resistencia populares, ponerse en manos de un técnico cualificado es fundamental. Ya sé que muchos corredores populares buscan la independencia, la libertad de horarios, ir a su aire… pero creo que aunque no pretendas hacer ninguna marca en concreto sino disfrutar corriendo, si lo haces bien, es decir, con la dirección técnica adecuada, disfrutarás todavía más, porque probablemente te lesionarás menos y conseguirás un mayor rendimiento, aunque éste no sea tu objetivo principal. Creo en los entrenamientos personalizados, en el día a día, y no en las fórmulas generalistas que parece que sirven a todo el mundo.

 

No obstante, como conclusión, y siempre lamentando profundamente los últimos fallecimientos producidos en el deporte (cada caso se habrá debido a circunstancias muy personales que desconocemos), creo que no hay que ser alarmistas. Se trata de casos muy aislados entre los miles y miles de corredores semanales que inundan nuestras calles. No hay que asustar. Correr no es malo ni peligroso. Es muy recomendable. Y también, simplemente andar. Solo hay que concienciar, educar, correr con cabeza. Y disfrutar.        

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17 abril 2016

Por José luis López

Los cambios en el fútbol

He leído esta semana en As a mi compañero Abascal informando sobre que el cuarto cambio en el fútbol puede ser realidad en dos años. Según parece, se refiere a la posibilidad de ese cambio extra en las prórrogas, y ya se llevará a la práctica como prueba piloto este año en los Juegos Olímpicos de Río, el Mundial de Clubes de Japón y el Mundial femenino Sub-20 de Papúa Nueva Guinea. El nuevo presidente de la FIFA, Infantino, se muestra a favor del cuarto cambio, especialmente por lo que conlleva de protección de la salud de los futbolistas.

Lo cierto es que las modificaciones reglamentarias en el fútbol son difíciles de llevar a cabo, y siempre han requerido de bastante tiempo para hacerse realidad. La International Board es excesivamente tradicional y conservadora. Por ejemplo, yo soy un gran defensor de la aplicación de la tecnología en el deporte. En nuestros entrenamientos ha habido un espectacular cambio en ese sentido, donde siempre el atletismo ha sido el precursor, como en todas las grandes teorías del entrenamiento moderno. Recuerdo por ejemplo cuando se comenzó a utilizar el GPS en los entrenamientos de fútbol. Tuve la ocasión de experimentarlo con el preparador físico Manu Lapuente, cuando trabajaba en el Recre, en Primera División. Rápidamente vi que se trataba de una herramienta muy poderosa para evaluar y analizar la carga de entrenamiento, combinando con pulsímetro. El paso adelante fundamental sería si se conseguían esos datos en tiempo real. Ahora eso ya es una realidad. Pero solo unos avanzados innovadores, como Manu Lapuente trabajando con Víctor Muñoz, lo utilizaban en el fútbol. Y hasta me consta que una vez jugaron un partido amistoso llevando los jugadores camuflados tal artilugio, porque estaba prohibido llevarlo en competición. Ahora bastantes equipos ya utilizan GPS en los partidos (sí, alojado en esa especie de top o sujetador que tanto llama la atención a la gente que no sabe de qué se trata). Pero no se pueden tener todavía los datos en tiempo real en el banquillo, lo cual sería una herramienta eficacísima. Tiempo al tiempo. Poco a poco, y muy lentamente, la tecnología se adentra en el fútbol, y otro ejemplo es su reciente utilización para discernir sobre goles fantasma. Yo también utilizaría el video de forma inmediata para discernir sobre jugadas conflictivas Pero queda mucho más por hacer en este deporte en el que, por ejemplo, no puedes llevar una inofensiva pulsera pero sí botas con tacos metálicos mucho más peligrosas en un contacto.

En este sentido, y a tenor de la noticia que ha publicado As, me gustaría hacer una propuesta. Las lesiones en el fútbol son muy numerosas, especialmente las músculo-tendinosas y ligamentosas. Dirigí una tesis doctoral sobre ello. Dejando aparte si se entrena mejor o peor para prevenir muchas lesiones, y teniendo en cuenta que la carga de partidos se ha multiplicado muy considerablemente en los últimos años, así como las grandes pérdidas económicas que resultan para los grandes clubes ante las largas o repetidas lesiones de sus estrellas, voy a ir mucho más allá de esa posibilidad apuntada del cuarto cambio en las prórrogas. Propongo que en el fútbol, parecido a como ocurre en baloncesto o balonmano, los cambios sean ilimitados y los jugadores puedan entrar y salir del terreno de juego a lo largo de un partido. Estoy convencido que eso reduciría muchas lesiones, elevaría el componente estratégico y haría mucho más emocionantes los encuentros. Eso sí, los cambios deberían ser muy rápidos, no tan lentos y ceremoniosos como en el fútbol actual. Y por supuesto, cualquier jugador del banquillo debería poder estar calentando en todo momento, a instancia de su técnico.

Ya sabéis: me gustan los cambios, la evolución, el progreso, las nuevas ideas en pro de un deporte mejor.

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11 febrero 2016

Por José luis López

Un viaje a la humildad con Abascal

El Panathlon homenajeó esta semana en Barcelona al mítico atleta José Manuel Abascal. Recordaréis que “Abas” fue medallista de bronce en 1.500 m en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, en una carrera que tuvo a muchos españoles frente al televisor a altas horas de la madrugada, lo que hasta entonces nunca había pasado en nuestro país en una competición de atletismo. Era la carrera soñada, con el campeón del mundo, el campeón olímpico y el plusmarquista mundial en liza. Coe, Cram, Ovett, Scott, Spivey…¡cuántas leyendas juntas en la misma carrera! Y qué inolvidable aquel ataque largo, tan estudiado, de Abascal a falta de unos 500 m.

Compartir esta cena con Abascal me trajo muchos recuerdos inolvidables. Al atleta cántabro le veía entrenar cada día en los años 80, cuando compartíamos las pistas universitarias de Barcelona. La ahora casi abandonada pista de seis calles, reunía entonces a unos impresionantes grupos de entrenamiento: Gregorio Rojo con Abascal y otros mediofondistas y fondistas; Jaime Enciso con Javier Moracho y otros vallistas; Jordi Campmany (mi entrenador) con Toni Corgos, Teresa Rioné, Charly Sala (alguno luego pasó a entrenar con Enciso)…, y yo allí en medio, simplemente un atleta aficionado, embobado muchas veces con los entrenamientos de las grandes estrellas. De Abascal recuerdo sobre todo su sencillez, cercanía y humildad. Han pasado más de 30 años, y acabo de comprobar que siguen siendo sus principales características.

José Manuel Abascal es el producto del trabajo y el esfuerzo. Dicen que no era un super talento, pero yo no estoy de acuerdo. Claro que tenía una clase extraordinaria, aunque tal vez no tanta como, por ejemplo, José Luis González (su gran rival de la época), por lo que tenía que complementar la genética con unos volúmenes de trabajo que actualmente no se ven entre nuestros atletas.

En la agradable velada, Abascal recordó anécdotas preciosas que le humanizan todavía más. Hijo de humildes trabajadores emigrantes en Holanda y Alemania, de niño jugaba en el colegio al fútbol, en Zaragoza, con el que luego fuera estrella del Barça Víctor Muñoz. Un día, para una competición de atletismo escolar, el maestro le pidió que participara. Corrió con las botas de fútbol… y ganó. Fue tal la sensación que causó, que el colegio contó con él para otras varias competiciones. Así ganó su primer trofeo, que muy disciplinadamente entregó a su escuela. Pero el maestro le dijo que no, que en el atletismo no pasaba como en el fútbol, que aquí lo que ganabas era para ti. Ahora Abascal confiesa que ese trofeo es el que guarda con más cariño de toda su carrera.

Destacó de tal manera que pronto recibió una carta de invitación para entrenar en la Residencia Blume, en Madrid o Barcelona. A sus padres no les hizo ninguna gracia la idea, pero una vez más la intervención del respetado maestro hizo que pudiera trasladarse a la Ciudad Condal. Llegaba en un viejo tren con asientos de madera un chaval de 15 años, sencillo e ilusionado, a quien le esperaba una vida muy distinta a la de su Cantabria natal. Su padre le dio 5.000 pesetas pero se las robaron en el viaje. Así, sin un duro en el bolsillo, tardó varias horas para poder llegar desde la estación a la Residencia Blume, en Esplugues, caminando, perdido y desorientado, con una enorme maleta, y después de más de un día sin comer.

Allí encontró dos nuevos “padres”. Su entrenador, el gran Gregorio Rojo, y el director de la Blume, Ricardo Sánchez. Gregorio Rojo dirigió de forma magistral a Abascal, sin prisas. Era tal su sabiduría atlética y su grandeza humana, que difícilmente aparecerá un entrenador de su categoría.

Abascal llevaba una vida sacrificada donde prácticamente solo cabía entrenar. A veces se “escapaba” por las noches de la Blume para ir a trabajar de camarero en un bar y ganarse unas pesetillas. Un día, a poco de llegar, vio las zapatillas de clavos de otro joven que poco antes había llegado a la Blume, el vallista Javier Moracho. Eran unas flamantes Adidas de color blanco, un lujo al alcance de muy pocos. Fue tal su impresión, que se las pidió para una de sus primeras carreras. Daba igual que Moracho calzara dos números menos. Por fin, Abascal iba a correr con unas buenas zapatillas de clavos. Corrió y ganó, aunque los dedos de los pies terminaran amoratados, comprimidos durante mucho tiempo en aquellas zapatillas.

También nos explicó Abascal cuando, tras ganar el Campeonato de Europa Junior, la Federación (por expreso deseo de su entonces presidente Juan Manuel de Hoz) le dio su primera beca, con carácter retroactivo. De la nada, pasó a reunir 200.000 pesetas, lo que él consideraba un dineral. Cuando llegó a casa con ese dinero, su padre se enfadó… porque pensaba que lo habría robado. No podía ser que aquel chaval pobre que salió camino de Barcelona casi sin nada en los bolsillos, ahora pudiera volver con aquella cantidad de dinero ganado por correr. Y quién iba a decir que unos años después, en el inolvidable año olímpico de Los Ángeles, Abascal sería el primer atleta español patrocinado, que se puso publicidad en la camiseta, concretamente de una marca de naranjas. Los demás atletas españoles alucinaban con esa posibilidad, y recuerdo el lío que se montó cuando subió al podio olímpico con la publicidad de las naranjas en el chándal.

Y también nos recordó Abascal algo que hace reflexionar. Un día llovía a mares en Barcelona, pero Abascal no dejó de entrenar por ello. Llegó empapado a la Blume. El director le dijo que vaya día tan malo para correr. Y Abascal contestó que todo lo contrario. Que era un día magnífico para entrenar, porque en un día así los demás no habrían entrenado y él sí lo había hecho. Esa es la generación de finales de los 50, la de los chavales pobres y humildes que venían de provincias a Madrid o Barcelona, dispuestos a luchar por salir adelante y hacer realidad sus sueños. Chavales que decían que sí sin ninguna duda a entrenar mañana y tarde los sábados y domingos, si Gregorio Rojo se lo pedía. Chavales que aprendieron a ser felices teniendo muy poco. Chavales que cambiaron el atletismo español, poniéndolo en el mapa mundial.

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18 enero 2016

Por José luis López

El ¿adiós? de Odriozola

Estuve ayer participando en la Asamblea de la Real Federación Española de Atletismo, en mi condición de miembro electo por el estamento de entrenadores. Y, una vez más, la sensación con la que sales es que necesitamos un cambio profundo, que hay formas de hacer y actitudes que no se corresponden con lo que debería ser un atletismo moderno, activo y progresista, del siglo XXI.

La noticia es que era la última Asamblea de José María Odriozola como Presidente de la RFEA, después de casi 30 años en el cargo, ya que se convocan elecciones en noviembre y él no se presentará. Pero esto no creo que sea del todo cierto. Odriozola sí se “presentará”, pero con otro nombre, es decir, con otro candidato promocionado por él. Ahora mismo hay ya cuatro candidatos oficiosos (y suenan otros), aunque ninguno ha presentado todavía su programa. De ellos, uno es claramente el candidato de Odriozola, aunque su primera opción era José Luis de Carlos, un hombre amable, correcto y educado, pero éste no aceptó. Esperaré a que todos los candidatos me presenten sus programas, sus ideas, su equipo. Alguno ya me ha contado algo por encima, y de entrada me parecen bien. Veo algún candidato con ganas de cambiar, de hacer las cosas mucho mejor, de forma diferente y más democrática y dialogante. ¿Y qué es lo que hay que cambiar? Muchísimas cosas. No caben en esta entrada del blog. Pero os explico alguna cosa de la pasada Asamblea que me entristece al mismo tiempo que me indigna.

Por ejemplo. Odriozola tiene un alto sueldo, por cuanto él se considera un presidente ejecutivo, profesional y con dedicación exclusiva a la Federación. Pero además, cobra casi 30.000 euros al año en concepto de gastos de representación. ¿Dónde está lo inadmisible del caso? Pues que no los debe justificar. Es decir, que se los puede gastar en lo quiera. No hace falta que diga que la gran mayoría de los españoles no cobra esa cantidad por su trabajo. Unos gastos de representación son precisamente para eso en concreto, y para nada más. Y deberían de estar justificados euro a euro presentándose facturas, tickets, etc. hasta llegar a la cifra asignada. Si no llega a esa cantidad, no cobra lo que falte. Si se pasa, no se le paga ni un euro más. Eso sería lo correcto y ético. No debería poder gastarse lo que es una partida estrictamente para gastos de representación en, por ejemplo, irse de vacaciones (es un ejemplo inventado). Porque entonces, una de dos, se está cometiendo un fraude o encubriendo lo que en realidad es un sobresueldo. En cierto modo, tiene una cierta similitud con una tarjeta black. Algunos miembros de la Asamblea (por desgracia, en minoría), protestaban indignados ante esta situación, mientras Odriozola abandonaba momentáneamente la sala y su hombre fuerte en finanzas, Manolo Villuendas, intentaba justificar de forma torpe lo injustificable. Ya veis que hay cosas que no cambian en este país.

Otro tema es que ahora es también tesorero de la IAAF. Es decir, otra dedicación. Odriozola no explica lo que percibe por ese trabajo (incluyendo dietas y otros privilegios de los muchos que tienen los que son importantes en la IAAF), ni tampoco dice los días que está trabajando en Mónaco en algo muy distinto a la presidencia de la RFEA y, por tanto, no está dedicándose a su teórica dedicación exclusiva.

Pero no todo son malas noticias. Hay esperanza, especialmente para los que llevamos tantos años luchando por un atletismo mejor. Durante mucho tiempo denuncié que Odriozola fuera además de presidente de la Federación también el equivalente a “director técnico”, cuando él no es entrenador. Eso, para mí, era una burla o menosprecio a todos los entrenadores y entrenadoras de España. Lo ha sido durante muchos años. Pero, por fin, a última hora, conseguimos que hubiera un director técnico de verdad, Ramón Cid, un experto entrenador, además de persona muy respetada y dialogante. Y se ha notado.

También he luchado mucho tiempo para que el censo electoral fuera público y esté al alcance de todos los candidatos, de todos los estamentos, en igualdad de condiciones. Luché por ello desde tiempos de Jaime Lissavetzky. Hasta ahora no era así, pero en cambio la RFEA sí lo tenía, y Odriozola lo utilizaba en sus calculadas estrategias electorales. Tenía una ventaja abismal, que ha sido clave en todas sus victorias electorales. Ganar al que está en el poder y maneja y controla todo en una Federación es muy difícil. Ahora, por fin, lo hemos conseguido. La Ley ha cambiado y obliga a la publicación del censo, para que todos los candidatos, en tiempo y forma igualitarios, puedan utilizarlos en sus campañas electorales. Por tanto, ahora serán unas elecciones más justas y democráticas, y el candidato “oficialista” no lo tendrá tan fácil como en otros años. Eso me hace pensar que puede perder, y que por fin se propiciará un cambio positivo.

Y otra de las vergüenzas de la Asamblea. Hay asambleístas, por ejemplo entrenadores y atletas, que vinieron un día en 2012 a votar a Odriozola y, después, no han ido a ni una sola Asamblea en todos estos años. Ni un día. Y por supuesto no han presentado ni una sola propuesta en toda la legislatura. Eso es un fraude a todos aquellos que les votaron. ¿Para qué se presentaron entonces? ¿Simplemente para cumplir con el voto a Odriozola y no hacer nada más? ¿Recuerdan que en teoría están representando a sus estamentos de atletas, entrenadores, clubes…? Porque hay otros candidatos que tal vez por un puesto no entraron en la Asamblea y, en cambio, sí hubieran venido y trabajado aportando ideas por nuestro atletismo. Y no vale la excusa de que tenían competiciones, porque ya sabes que la Asamblea siempre es en domingo, en época de competiciones semanales de cros y pista cubierta. Desde el punto de vista ético, esas personas no deberían volverse a presentar a las elecciones este año. E igual de mal me parece si hay algún caso de asambleístas que vinieron un solo día a votar a Vicente Añó (el otro candidato en 2012), y luego no han vuelto más en tres años. Lo que ocurre es que de éstos no conozco ningún caso, lo cual no quiere decir que probablemente también los habrá.

O muy triste también que casi nadie haga propuestas, aporte ideas, preguntas… Eso espero que cambie dentro de un año. Creo que hay por lo menos tres candidatos que llegarán con ese talante. “Yo soy odriozolista y siempre he votado a su favor en todo, pero ahora ya tendré libertad para votar otras cosas y otras personas”, me decía un representante de clubes. Qué triste no haber tenido libertad real para votar lo que uno quiera en todo momento, lo que piense en favor del atletismo. Qué triste la ciega veneración al líder.

El final de la Asamblea fue de lo más frío que he visto. Odriozola dio por acabada la sesión sin ni una sola referencia de su despedida. Como si fuera una Asamblea más, de las casi 30 que ha presidido. Un asambleísta tuvo una breve intervención final de despedida a Odriozola que parecía querer arrancar un aplauso para el presidente. Pero absolutamente nadie aplaudió tras la última palabra de Odriozola. 27 años y el silencio y la frialdad más profundas entre los representantes de nuestro atletismo.

Por último, que quede claro que denunciar lo que, a mi juicio, está mal, no es ser catastrofista. No todo se hace mal en la RFEA. Ni mucho menos. Hay cosas que se han hecho incluso muy bien, y hay decisiones acertadas. Incluso algunas de Odriozola con las que estoy totalmente de acuerdo. Y no olvidemos que también trabajan en la Federación buenos profesionales, especialmente los que están en la sombra. Hay futuro. Hay esperanza. El año electoral será apasionante.

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01 enero 2016

Por José luis López

Año olímpico

Vayan de entrada mis mejores deseos para todos vosotros en este 2016 que hoy comienza. Empezar un año es como iniciar una carrera de atletismo. Con ilusiones, con actitud positiva y determinación, probablemente con una táctica en la mente que se traduce en proyectos, y desde luego con la intención de dar lo mejor de nosotros mismos en la pista. Eso os deseo, que deis lo mejor de vosotros mismos a lo largo de estos 12 meses, y que os sintáis tan libres como un atleta corriendo en la pista, en la tierra o en el asfalto.

2016 es año olímpico. Debo confesar que eso para mí es algo muy especial, mágico. El atletismo, mi deporte, será por unos días el centro del universo en Rio de Janeiro. Volverán los dioses y las diosas del estadio, las gestas eternas, los momentos inolvidables, las emociones bebidas gota a gota. Se escribirá nuevamente la historia. Si todo va bien, serán mis octavos Juegos Olímpicos. Eso podrá hacer pensar a algún malintencionado que ya soy muy viejo. Yo prefiero decir que simplemente tengo unos cuantos años de juventud acumulada, y que soy un privilegiado de poder ver, vivir y narrar el espectáculo deportivo más bello del mundo, los Juegos Olímpicos, durante varios decenios en dos siglos diferentes.

Por eso, mientras espero impaciente que lleguen los Juegos, sueño con lo que me gustaría ver en Rio. Quiero que Usain Bolt consiga su tercer triplete consecutivo en los Juegos y que agigante su leyenda sin límites. E incluso que todavía, en el final de su carrera deportiva, consiga un récord del mundo más, aunque solo sea uno. Espero con más corazón que objetividad que se bata alguno de esos récords del mundo de los años 80, que no me creo y nunca me han entusiasmado, porque sospecho que eran producto del dopaje. Son récords casi inalcanzables, que siguen ahí y amenazan con perpetuarse durante una tercera generación. Pero hay una esperanza, y se llama Genzebe Dibaba. Si la etíope en 2015 batió el récord imposible de 1.500 m, el de las chinas que avergonzaban al atletismo, otra nueva gigantesca hazaña es posible.

También espero grandes éxitos de Lavillenie, Ibargüen, el retorno de Tamgho y su enfrentamiento con Taylor y Pichardo, las cabalgadas de Rudisha, la elegancia de Felix, la supremacía de Adams, la valentía de Luguelín, el asalto al récord de Sotomayor en altura, la explosión de Ortega, las hazañas de Eaton, y por supuesto la merecidísima medalla olímpica de Ruth Beitia… y miles de momentos mágicos más, entre los que incluyo los de los atletas rusos honestos.

Efectivamente, creo que sería injusto sancionar de forma colectiva sin poder participar en los Juegos a aquellos atletas rusos que nunca se han dopado. Pienso, por ejemplo, en mi admiradísima Yelena Isinbayeva, que quiere decir adiós al atletismo olímpico en Rio, ocho años después de su récord mundial en Pekín. Lo del dopaje masivo en Rusia, sus trampas de Estado y sus mafias internas no me sorprende. Estaba cantado. Es como lo de la corrupción en la FIFA, en el fútbol o allá donde haya poder y dinero. Tampoco me suena a nuevo lo que escuchamos recientemente de atletas kenianos o italianos. O el escándalo del antiguo presidente de la IAAF, Lamine Diack, alguien que nunca me gustó como presidente ni me inspiró confianza. Y os aseguro que aparecerán muchas más “sorpresas” de dopaje y corrupción en los próximos meses. Pero no olvidéis que España es uno de los países de Europa con más casos de dopaje en atletismo en los últimos años, y no por eso deberían excluirnos en bloque de los Juegos. Muchas veces he dicho que aquel atleta español que sea sancionado con más de 6 meses por casos de dopaje, nunca más vuelva a competir con la Selección Española, pero por desgracia los que deciden nunca me han hecho caso en esto.

Pero también hay mucho atletismo limpio, en el que creo. Decía Odriozola recientemente que él ya no pone la mano en el fuego por nadie, solo por él mismo. Grave error. Si ya no crees en nadie salvo en ti mismo, qué haces en el atletismo, qué haces en el deporte. Yo sigo creyendo en muchísimos atletas y en este deporte. Y en sus valores. Y en los Juegos Olímpicos. Aunque soy consciente de que demasiados hacen trampas, e incluso aunque intuya y por desgracia nunca podré demostrar, que muchos tramposos de ahora y de otras épocas oscuras, se escaparon sin ser cazados ni sancionados. Pero aunque me equivocaré en más de una ocasión y me llevaré decepciones, sigo pensando que el atletismo y la mayoría de los y las atletas valen la pena. Y seguiré apostando por ello. Por eso espero y deseo un gran 2016. Un año olímpico prohibido para los escépticos.                

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