José Luis López
Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.
José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.
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30 septiembre 2012
Por José luis López
Esta semana tuve la oportunidad de intervenir en Hora 25, el excelente programa que presenta Àngels Barceló en la Cadena SER. A raíz de la reciente polémica en torno a Anna Tarrés y la natación sincronizada, se nos preguntaba cuánto vale una medalla y dónde está el límite que separa el aguante de la humillación. La gimnasta Carolina Rodríguez y su entrenadora Ruth Fernández, la psicóloga Patricia Ramírez y otros invitados fueron unos muy buenos contertulios.
De entrada quiero decir que no haré ninguna valoración del tema Anna Tarrés. Por una parte, por respeto. Por otra, porque no tengo ni idea. Yo no he estado en ninguno de esos entrenamientos de natación sincronizada, en ningún minuto de ese día a día de esta entrenadora y sus nadadoras. Por tanto, no puedo opinar de forma coherente y fundada de las particularidades de ese caso en concreto. Y valga esto para decir que me parece reprochable la actitud de todos aquellos que opinan de todo sin saber, que juzgan, que critican, que toman partido en los medios y los foros... cuando, por ejemplo, no han dedicado ni un minuto de su vida a la natación sincronizada. Son todos esos sabios, que parece que han sido testigos en primera persona de cualquier acontecimiento de la historia.
En cambio, sí podemos opinar desde una perspectiva mucho más general. Como dije ayer en el programa, el límite está en la dignidad. Cuando un entrenador se olvida de que entrena a personas e ignora la dignidad de éstas en favor de un supuesto rendimiento o un interés particular suyo, para mí ya pierde toda credibilidad y consideración. Sus posibles éxitos deportivos ya no me interesan. Y lo mismo en la otra dirección, porque también he visto deportistas que han humillado y utilizado a sus entrenadores.
Un deportista de alto nivel es un ser extraordinario, con una genética privilegiada, que es capaz de hacer en su especialidad lo que casi nadie en el mundo conseguiría. Por eso, su vida es diferente a la de una persona corriente, y debe asumirlo. El deporte de alto nivel no es salud, pero tampoco debería ir directamente en contra de la salud, ni física ni mental. No todo vale.
Es lógico que en el deporte de alto nivel haya una gran presión, porque es muy competitivo, selectivo y mediático. Se trata de llevar al deportista a unos límites de rendimiento. Pero ese camino se ha de recorrer siempre acompañado por la transmisión de valores, por una complicidad entre técnicos y deportistas, por fabricar las mismas emociones y compartir los mismos sueños. Por el respeto mutuo. Y, por qué no, por la amistad. Para mí, como entrenador, el mejor sueño sería empezar entrenando a un niño o niña y llevarle a conseguir una medalla olímpica. Y que tras esa medalla, muchos años después de que ese deportista se hubiera retirado, nos siguiéramos viendo y charlando, continuáramos recordándonos el uno del otro.
También soy partidario de la individualización del entrenamiento. Un técnico ha de conocer perfectamente a sus deportistas. Lo que para uno sirve, para otro no. Me preguntan si está bien gritar a un deportista. Yo nunca lo hago. No me gusta. Pero muchas veces los técnicos gritan para motivar, no por humillar. Cada caso y cada circunstancia son diferentes. Lo que nunca debería pasar es que el deportista tuviese miedo de su entrenador o entrenadora. Eso arruina la confianza y, por supuesto, el rendimiento.
Y un último apunte. Cuando se habla de la extrema dureza de los entrenamientos de elite en ciertos deportes, creo que hay que recordar que no se trata de entrenar más, sino de entrenar mejor. Y que el entrenamiento de un deportista de alto nivel incluye las 24 horas del día, porque tan o más importante que las 2, 4 o 6 horas en la pista, la piscina o el gimnasio, son el resto de horas del día, el entrenamiento invisible, donde si se actúa bien, se asimilan las cargas, se produce la sobrecompensación y mejora el rendimiento.
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22 septiembre 2012
Por José luis López
Esta semana me han invitado a una ceremonia de entrega de cinturones negros de primer y segundo dan y diplomas de la International Karate Organization (IKO), que incluyó una exhibición dirigida por el Shihan Ramón Bustinduy, una de las personas más extraordinarias y admirables que he conocido en mi vida. Sin duda, fue una noche muy enriquecedora.
Como sabéis, mi profesión, y buena parte de mi vida, es el atletismo. Por eso, cuando me acerco a otros deportes, algunos desconocidos y minoritarios, cuando entro en su mundo, en sus entrenamientos, en su filosofía, cuando intento averiguar qué tiene ese deporte para haber cautivado a sus practicantes, surgen descubrimientos muy interesantes. Incluso diría que fascinantes.
El karate kyokushinkai (karate al k.o.) lo practican más de 12 millones de personas en el mundo, siguiendo las directrices del fundador de esta modalidad, Masutatsu Oyama. Es un deporte durísimo, tanto física como mentalmente.
Estaba muy interesado en comprender la filosofía o, simplemente, la inquietud que mueve a los practicantes de kyokushinkai. Me lo explicó el Sensei Ángel Romero, y comprendí que en la época de los libros de autoayuda, ellos, en realidad, van un paso por delante.
"Cuando empecé a entrenar karate, mi meta era competir y ganar. Lo conseguí y seguí luchando hasta descubrir que Kyokushin no era una medalla o un campeonato, que después de años de práctica había forjado mi espíritu en la lucha por la superación, me había formado como persona. Cuando conseguí el cinturón negro busqué en mi interior el verdadero sentido del arte marcial, y descubrí al cinturón blanco que estaba a mi lado y que me miraba con asombro, intentando imitar mis movimientos y mi forma de combatir. Entonces comprendí que el camino era mejorar para que otros lo hiciesen, comprendí el concepto de humildad y la importancia del cinturón. No tenía que demostrar nada. La fuerza de una persona no se mide por su capacidad de dejar fuera de combate a alguien, sino en el concepto del Osu no Seishin, seguir luchando bajo presión. El que vence a los demás es fuerte. El que se vence a sí mismo, es realmente poderoso".
Pasé toda la velada observando, escuchando y aprendiendo, asombrado por el gran respeto que existe hacia el maestro. El trabajo que está haciendo el Presidente de IKO 1 España, el joven Shihan Daniel Lorente, ya está dando frutos. Cuando apenas empiezas a comprender este deporte descubres que no es violencia gratuita y destrucción. Al contrario. Existe un alto grado de construcción, de crecimiento personal y colectivo, cohabitan muchos valores positivos. Y me quedé con una frase: Kyokushin es un reto a la vida para, precisamente, vivir la vida.Archivado en
12 septiembre 2012
Por José luis López
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03 septiembre 2012
Por José luis López
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