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Deporte y vida

José Luis López

Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.

SOBRE EL AUTOR

José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.

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« septiembre 2012 | Inicio | noviembre 2012 »

26 octubre 2012

Por José luis López

Cita con la historia del atletismo

Subo, una vez más,  a Montjuïc, la montaña mágica. Junto al Estadio que hace 20 años fue escenario del inicio de una nueva época en tantas cosas, se encuentra el Museo Olímpico y del Deporte Juan Antonio Samaranch, una de los múltiples legados de aquellos Juegos del 92.  Allí, la IAAF (Federación Internacional de Atletismo) celebra con una exposición que cumple 100 años. Y lo primero que se me ocurre es pensar que soy un privilegiado, porque he vivido y narrado en directo, en las pistas de medio mundo,  más de un cuarto de siglo de esa historia maravillosa escrita por los dioses del estadio, que ahora se nos presenta.


Es una exposición que cuida todos los detalles, muy bien realizada, en la línea de calidad que caracteriza a la IAAF en estos temas. Y se puede visitar de dos formas: simplemente viéndola o, también, sintiéndola. Me quedo con lo segundo, aunque para ello hay que llevar al atletismo muy dentro de ti.

 

Un listón de altura situado a 2,45 m (el récord mundial de Sotomayor en 1993) nos recibe a modo de arco de entrada. Quisieron poner también el del récord de Bubka en pértiga (6,15 m), pero el techo no era lo suficientemente alto y tan solo ha entrado su espectacular pértiga.


A partir de ahí, un mundo de historias, recuerdos, hazañas, magnanimidades y pobrezas del más universal de los deportes, del que mejor conecta con la esencia humana, agrupadas en 8 grandes áreas temáticas: los orígenes, los Mundiales, las otras grandes competiciones, la organización de la IAAF en el mundo, el atletismo femenino, la evolución técnica y tecnológica, los momentos excepcionales y una apuesta por el futuro.


La grandiosidad de la IAAF, que reúne a 212 países afiliados, su compleja organización, sus numerosas competiciones, sus planes de desarrollo... todo está presente. Pero, sobre todo, los grandes protagonistas, son los atletas, las grandes estrellas de todos los tiempos que, con sus logros, nos hacen estar un poco más orgullosos de nuestra condición humana.


Cada una de las 18 vitrinas reúne auténticas joyas. Más de 300 piezas, desde las más antiguas, procedentes la mayoría de ellas de la colección privada de Roberto Gesta de Melo, hasta las donaciones de grandes atletas de la historia: medallas, camisetas, zapatillas, dorsales, fotografías, trofeos... Lo menos recomendable sería pasar frente a cada vitrina rápidamente y pensar, por ejemplo, que vista una zapatilla, vistas todas. Insisto: hay que sentir lo que tienes delante, beber las emociones gota a gota. Cada objeto tiene una fascinante historia detrás y me trae numerosos recuerdos: unos vividos y, otros, estudiados con tanta pasión como asombro. Y me pasaría horas, analizando, por ejemplo,  cada detalle de esos dos murales gigantescos de una sola pieza, que reúnen a los grandes multimedallistas de oro y los 210 grandes momentos de la historia. Y así, evocar tantos recuerdos, dando cuerda al corazón y a la memoria.


Lo peor es que esta exposición tiene fecha de caducidad y desaparecerá como tal. Cada objeto volverá a su origen y tal vez nunca más se vuelvan a reunir. Es una lástima. La IAAF debería tener un gran museo, como el Comité Internacional Olímpico en Lausana, donde cada vez que voy vuelvo a emocionarme y comprendo que el olimpismo es, además de historia y valores, un sentimiento.


Dicen que los objetos de la Exposición están valorados en unos 200 millones de dólares. Pero en realidad, nadie lo sabe. ¿Alguien puede calcular cuánto vale una medalla olímpica? Los recuerdos, las emociones, las gestas, la memoria personal y colectiva, los significados, los simbolismos... no tienen precio.   

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15 octubre 2012

Por José luis López

Valero Rivera: un tipo excepcional

Esta semana tuvimos un convivio en el Real Club de Polo de Barcelona del  Panathlon Club, del cual soy socio. El exclusivo Panathlon International, fundado en Venecia en 1951,  es una organización internacional que tiene como objetivo reafirmar el ideal olímpico y sus valores, morales y culturales, como medio de desarrollo y formación de las personas, y también de solidaridad entre los pueblos. El Panathlon Club de Barcelona, creado unos pocos años después, está actualmente presidido por el alpinista Dr. Josep A. Pujante, un hombre exquisito, culto, educadísimo y entusiasta de los valores del deporte como muy pocos. Cada mes hacemos un convivio, donde se realiza una fraternal cena que reúne a los socios (de una media de edad que rondará los 70 años), todos ellos distinguidos miembros del deporte, desde deportistas a directivos, pasando por entrenadores, artistas y periodistas. 


Esta semana, el homenaje fue a Valero Rivera, actual seleccionador español de balonmano. Le conocía personalmente por haber coincidido alguna vez, hace años, entrenando en un gimnasio de Barcelona. Y también por referencias de algunos de sus jugadores, amigos míos. Pero en el convivio del Panathlon le conocí mucho más.


Valero es, sobre todo, un apasionado del balonmano y del Barça. Son sus dos grandes creencias (tal vez tenga otras que desconozco, y que sin duda pertenecerían a su privacidad). No he conocido a nadie igual en ambos aspectos. De hecho, me parece imposible superar lo que ha sido. En 1966 fichó por las categorías inferiores del Barça de balonmano como jugador, casi sin saber nada de este deporte, y lo hubiera hecho también por cualquier otra sección del club, porque en realidad en lo que era más bueno es como futbolista. Llevaba ADN Les Corts en su cuerpo desde niño. Y muy pronto quiso ser entrenador. Casi lo exigió. Y cuando llegó a dirigir al primer equipo del Barça, al amparo de Josep Lluís Nuñez, revolucionó todos los conceptos de este deporte. Dirigiendo al primer equipo azulgrana, en 20 años, logró más de 70 títulos: 6 Copas de Europa, 5 Recopas de Europa, 12 Ligas, 10 Copas del Rey...


¿Dónde está el secreto? Primero en su personalidad. En su sentimiento hacia un deporte y un club. En su dedicación exclusiva y hasta obsesiva y perfeccionista al balonmano. Tal vez por eso se casó con una jugadora de balonmano, la sueca Anika. Y desde luego, también, por los jugadores con los que contó. Dicen que era un entrenador muy duro, y él lo reconoce, si bien ahora en la Selección parece que ha cambiado, "porque solo tengo un mes a los jugadores y me preocupo de que en esos días no tengan ningún tipo de problema". Dice que a los jugadores hay que ayudarles siempre, y hasta llegó a hacer entrenamientos individuales y en solitario con un jugador que al principio no se adaptaba, el mítico Wunderlich, a quien recientemente se llevó el cáncer. Pero si las cosas no salían bien, no era de los que decía "tranquilos, no pasa nada". ¡Claro que pasaba! Y se enteraban todos los jugadores. Si alguien fallaba, se lo decía delante de todos, directamente, "para que no hubiera nunca dos versiones". Y asegura que cuando abroncaba a un jugador, eso servía también para que todos los demás corrieran más y reaccionaran, aunque la bronca no fuera directamente con ellos. Sin nombrarla directamente, defendió a Anna Tarrés, sentada en la mesa contigua. Y ésta no se perdió ni una palabra del parlamento de Valero, creo que identificándose con él.


Entre las muchas curiosidades, explicó que llegó a sonar como entrenador del primer equipo del Barça de fútbol, y que el mítico Paco Seirul·lo, un gurú de la preparación física, con quien empezó en el Barça de balonmano y a quien ahora ha tenido en la Selección, es el único profesor que le suspendió en la carrera de Educación Física en INEF ("yo hacía todo lo que podía, pero es que no le entendía"), aunque en la recuperación de septiembre sacó la máxima nota.


Y también dijo que no podría volver a entrenar a un equipo, porque si era un buen equipo, algún día debería enfrentarse al Barça, "y eso jamás, no lo haría en la vida".

Me gusta la gente apasionada por lo que hace. Trabajadora al máximo. Con principios. Los que tienen claro lo que quieren. Los que aman a su deporte. Los que no se cansan de engrandecer su palmarés. Los que creen en unos valores. La gente educada. Y aún conociéndole poco, creo que así es Valero Rivera. Y por eso le admiro.

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08 octubre 2012

Por José luis López

El ejemplo del Numancia

El sábado estuve en Soria, una tierra a la que adoro. Son mis orígenes, mis raíces, lo que nunca una persona debiera olvidar. La gente soriana es sencilla, humilde, austera, noble. Su autenticidad es una marca de distinción que deben conocer y mantener las nuevas generaciones. Y subí a las tierras del alto Duero para ver al Numancia, primero en fútbol y, minutos después, en la Supercopa de voleibol, bajo la denominación Ciudad del medio ambiente.

El C.D. Numancia de Soria es un ejemplo de valores, de buena gestión, de modestia, de sentimientos. Con humildes presupuestos, lleva ya 16 temporadas consecutivas en la Liga de Fútbol Profesional. Decía su presidente, Paco Rubio, gran artífice de este milagro, que se ha llegado a esa cifra manteniendo el compromiso ineludible con el rigor, el equilibrio, la seriedad y el cumplimiento con los acuerdos firmados. Es cierto. Muchos jugadores han tenido mejores ofertas económicas pero han decido fichar por el Numancia, porque saben que aquí van a cobrar. Ahora que tanto se habla de leyes concursales y de que los clubes españoles de fútbol han de cumplir con un modelo de gestión real y equilibrado, el Numancia lo lleva ejerciendo desde hace más de 10 años. Casi siempre con un pequeño superávit al final de cada temporada.

Yo era muy niño, pero aún recuerdo cuando el Numancia jugaba en el viejo campo de tierra de San Andrés, en lo alto de la Dehesa. Y también cuando en 1973, se quedó sin ese escenario y, como la ciudad carecía de un campo de fútbol reglamentario, tuvo que jugar un año en el "exilio", en el campo de La Arboleda de Almazán y en el Municipal de El Burgo de Osma. Aquella temporada, el Numancia acabó el decimotercer lugar de la Primera Regional Preferente aragonesa. El "destierro" no podía continuar. El club estaba en una situación delicadísima. Dos meses antes de empezar la Liga no había campo. Pero ahí estaba la afición numantina, esos sorianos de corazón a los que tanto admiro. Un grupo de heroicos aficionados, aprovechando la cesión de unos terrenos en Garray, a unos 7 km de la capital y al lado de las ruinas de Numancia, decidieron construir con sus propias manos una rudimentaria grada de madera y acondicionar un campo de fútbol, el campo de San Juan de Garray, inaugurado el 15 de septiembre de 1974. Allí vi entusiasmado algún partido en mis inolvidables veranos de la infancia. Y allí acudieron sin falta, jornada a jornada, los fieles aficionados numantinos, esos que retiraban la nieve del campo si era necesario, los que desafiaban al cierzo y las temperaturas bajo cero, para animar a su equipo del alma, en duros partidos de categoría regional.

Ahora el Numancia puede presumir de mantener el mismo espíritu y los mismos valores de honradez, humildad, esfuerzo e ilusión. Y además, de contar con el precioso estadio de Los Pajaritos, a la medida de la ciudad, y una envidiable Ciudad del fútbol "Francisco Rubio", financiada al 100 % por el club, en la que se forman más de 300 chavales. Y puede presumir, también, con ser uno de los pocos equipos en el mundo que fue capaz de derrotar en competición oficial a aquel Barça de Guardiola que ganó seis títulos en la misma temporada, o de golear al Madrid de los galácticos. Y tampoco los seguidores numantinos olvidaremos aquella Copa el Rey en la que, desde 2ª B, se plantó cara al "dream team" de Cruyff, y hasta 10.000 aficionados sorianos fuimos al Camp Nou, lo que muy pocos rivales del Barça han conseguido reunir en tantos años de partidos en el feudo azulgrana.

Ahora, años después, vuelvo a ver un partido del Numancia. Escucho los tambores y los inagotables gritos de ánimo de los chavales del "Frente rojillo" y el "Orgullo numantino", y aprendo de la sabiduría de los aficionados más veteranos, que me explican historias llenas de sentimiento "rojillo". Ganamos al Lugo (permitidme que utilice esa forma verbal) por 3 a 0.

Y luego, al voleibol, con el Polideportivo de Los Pajaritos lleno para ver la Supercopa frente al CAI Teruel. Un gran ambiente de entusiasmo, con "La curva soriana" imparable y la ejemplar y familiar afición turolense. Ganó Teruel porque, simplemente, ahora mismo son mejores. Pero nadie salió triste o decepcionado. Lo que vi en ese polideportivo fue espíritu deportivo auténtico. Es curioso, dos de las capitales españolas desde siempre más olvidadas por el centralismo, por los políticos, por los gobiernos autonómicos, por todos los regímenes políticos de los últimos dos siglos, lideran el voleibol nacional. Y con su ejemplo, gritaron en silencio, una vez más, "Soria ya" y "Teruel existe".

Me voy de Soria, recordando una vez más a Machado. Amigos del Numancia, "conmigo vais, mi corazón os lleva".

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