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Deporte y vida

José Luis López

Este blog reflexiona sobre el deporte y el atletismo, desde el punto de vista humano, técnico, histórico y vivencial. Porque el deporte, además de profesión, es también pasión y manera de vivir.

SOBRE EL AUTOR

José Luis López es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, especialista de atletismo de la Cadena SER y Canal+, profesor de la Universidad de Vic y entrenador nacional de atletismo. Ha trabajado en siete Juegos Olímpicos y otras muchas competiciones internacionales de atletismo en más de 35 países.

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22 febrero 2013

Por José luis López

Ángeles y demonios

El maniqueísmo, en ocasiones, lleva a emitir juicios parciales o injustos. El mundo no se compone de buenos y malos. O siempre buenos y siempre malos. Hay muchos colores, muchos matices, muchas circunstancias que van cambiando a lo largo de la vida. Y digo esto porque estamos en unos días en los que se habla mucho del caso Pistorius, así como del dopaje a partir de la "Operación Puerto", que en cierto modo es una continuación temática del escándalo Armstrong.


Me llama la atención cómo en la vida se puede pasar de ángel a demonio en un segundo. Los ídolos caídos, los juguetes rotos, la hipocresía y la falsedad... Lo de Pistorius reconozco que me ha impactado. Realizamos un estudio biomecánico de su técnica de carrera hace años y he podido hablar con él en varias ocasiones. Me pareció siempre una persona amable, accesible, educada. Dejando aparte la ayuda reactiva e incluso fisiológica que sus prótesis le pudieran dar en carrera, siempre pensé que era un ejemplo de superación impresionante, que transmitía unos valores muy positivos. Eso, para mí, era lo más importante. Ahora, presuntamente, ha aflorado en él lo peor del ser humano. ¡Qué durísimo contraste! Nos quedará, por supuesto, esperar respetuosamente a lo que dicte la justicia, aunque parece ser que las cosas pintan mal para el atleta sudafricano. Pero, aparte de eso, me resisto a olvidarme del ejemplo que este atleta amputado dio en las pistas. Y aunque no sea fácil, intento separar al Pistorius ejemplar del Pistorius presuntamente asesino. Incluso olvido la cara, la imagen y el nombre del Pistorius atleta, y me quedo simplemente con el ejemplo de un ser humano paralímpico que llegó a competir con los mejores atletas olímpicos del mundo.


Con Armstrong me pasa algo parecido. Es un gran tramposo confeso, una gran mentira, y no le tengo ningún respeto deportivo. Me alegra, por supuesto, que le hayan quitado todos sus Tours de Francia y la medalla olímpica. Pero me quedo también con esa persona que superó un cáncer y que creó una fundación para luchar contra esta terrible enfermedad. Es cierto que todo parte de una mentira, de una estafa, pero si con el dinero de esa fundación se ha podido investigar sobre el cáncer, trabajar por su prevención y dar apoyo a miles de personas que lo sufren, ese aspecto de Armstrong siempre lo valoraré positivamente.


Esta semana estuve cenando con Abraham Olano en el Panathlon. El ex-ciclista vasco dijo que en el tema del dopaje hay que sancionar desde arriba y no empezar por abajo, por los ciclistas. Es decir, señaló prioritariamente a altos directivos, jefes de equipo, médicos, intereses comerciales... y, finalmente, a los deportistas. Ciertamente, los de más arriba, raramente caen. Pero eso, por desgracia, pasa en todos los ámbitos de la vida, y la situación actual de nuestro país en este sentido no hace falta que la recuerde.


El pasado año presenté una propuesta por la que cualquier atleta español sancionado durante un año o más por dopaje, nunca más pudiera volver a ser internacional con España, pero no me hicieron caso. Creo que ha habido y hay mucho más dopaje de lo que nunca sabremos. Y que la Operación Puerto, como el macrojuicio de la antigua RDA y tantas otras acciones judiciales relacionadas con el dopaje, quedará en poco más que nada. Habría que reescribir la historia del deporte y eso, o es imposible o no interesa. Por eso, hay antiguos récords o medallas que no me entusiasman. Pero, aún así, mantengo mi inquebrantable fe en que también existe el deporte limpio. Y esa es la principal razón para seguir luchando.             

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11 febrero 2013

Por José luis López

Y tú, ¿qué hubieras hecho?

Me han contado una historia que ocurrió hace ya unas semanas en el pasado Cross Hiru-Herri, en Burlada (Pamplona), pero que quiero que conozcáis todos, porque me parece que se relaciona mucho con la idea del deporte y la vida de este blog, y los valores éticos que considero tan imprescindibles.

 

Resulta que estaba a punto a concluir la carrera sénior masculina, una dura prueba disputada con notable frío. Iba a ganar el keniano Abel Mutai, medallista olímpico en 3.000 m obstáculos en Londres 2012. Detrás iba el vitoriano Iván Fernández. Pero el keniano, poco antes de llegar a la meta, se despistó y creyó que ya había llegado a la misma, parándose en seco a unos 100 m de la llegada real e incluso saludando al público.  Iván Fernández venía por detrás y le hubiera sido muy fácil pasar a Mutai. Pero en cambio, al percatarse del error del africano, en vez de adelantarle y vencer, le indicó que la carrera se acababa unos metros más adelante y que siguiera corriendo para que ganara, mientras él se conformaba con la segunda posición.

 

Me parece un gesto sensacional, digno de elogio. Eso es deportividad. Esos son valores. Eso es educación deportiva. Estas muy cerca de ganar, tal vez como oportunidad única en tu vida, a un medallista olímpico, pero prefieres que lo haga él, porque, según dijo Iván Fernández, "hubiera sido injusto. Mutai había atacado unos metros antes y yo no podía seguirle, la victoria era claramente para él". Pero discutiendo sobre el tema, hay quien me ha dicho que ellos no lo hubieran hecho, que no hubieran desperdiciado la gran oportunidad de derrotar a un medallista olímpico y ganar la carrera. Y que cuando se cae un atleta en una carrera nadie se espera a que se recupere ni le dejan pasar. Que esto forma parte del juego competitivo que es el deporte, lo que incluye aprovechar los despistes o los errores del adversario. Pero Iván sigue explicando: “Me salió del alma. No me pareció ético ganar en esas circunstancias, no era una victoria que me perteneciera y no dudé en hacer lo que hice. Según con quien hable, me dan la enhorabuena por la actitud deportiva o me insisten en que debiera haber ganado, porque reconocer el circuito es parte también de la carrera, me dicen. El caso es que yo me siento bien con lo que hice, y eso es lo verdaderamente importante”.

 

Yo sigo pensando que hizo lo más correcto, lo que le dignifica como atleta y como persona. Hay cosas mucho más importantes que las victorias en el deporte. Porque creo que ahora el gesto de Iván puede ser muy formativo para miles de niños y niñas deportistas que conozcan la noticia. Mucho más que si hubiera ganado. Y los que no piensan como yo me siguen insistiendo: ¿si en vez de ser un cross hubiera sido la final olímpica, hubiera hecho Iván lo mismo? Pues yo creo que sí. Y se hubiera quedado tan feliz con su plata olímpica como con su gesto deportivo.

 

Por eso, hoy os hago una pregunta. Sinceramente, ¿tú qué hubieras hecho?

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