Por MANUEL FRANCO
Espero y deseo, a todo el que escribe le gusta que le lean, que hayáis podido echar un vistazo a la entrevista que salió el miércoles 5 de mayo con Jean Todt. Si soy sincero, me impresionó el personaje. Es, ya les digo, como uno de esos pequeños de película que aparecen rodeado de enormes matones que le obedecen como si tuviera la llave de sus almas. Su cara parece que va por delante de él y se nota en su mirada, en sus gestos, educados, pero firmes, que está acostumbrado a que su palabra sea ley. Y a que la ley sea su palabra, es decir a cambiar las leyes si es necesario para conseguir sus objetivos.
Dicen que sin esa forma de ser, sin haberse convertido en un pequeño dictador, el equipo Ferrari nunca habría ganado seis titulos con él como gran jefe, ni Michael Schumacher sería el dueño de la historia en la Fórmula 1. Lo dicen y parece que es verdad. Todt, que no hizo ningún tipo de esfuerzo por hablar una sola palabra en español, está acostumbrado a que sean otros los que hagan ese esfuerzo, a que los demás trabajen por él y para él.
Estuvo en el Consejo Superior de Deportes en una visita institucional, algo que, es verdad, ningún otro presidente de la FIA había hecho antes, y allí fue recibido con honores de jefe de estado, El motor español en pleno estab allí y el que no estaba es porque no se le supone demasiado importante para haber estado, los jerifaltes del RACC, RACE, campeonatos varios, dobles campeones del mundo y del Dakar, dueños de escuderías españolas, diversos personajes, periodistas de los de siempre y plumillas de tres al cuarto como el que os escribe.
Todos, casi sin excepción, rindiendo pleitesia al hombre del día. Reunión arriba y después rueda de prensa, primero habló el secretario de estado, después el presidente de la Federación y después Jantot.
Y cuando habló el hombre que hizo dueño del Dakar al Grupo PSA y de la F-1 a los italianos de Ferrari, todos callaron...hasta que llegaron las preguntas. Y apareció el amigo Hamilton, ese gran piloto al que, lo quiera Jantot o no, la FIA le permite, a veces, cosas que a los demás les son sancionadas.
La pregunta de este humilde periodista no tenía trampa ni cartón ni mala intención. "¿Es posible que, ya que Hamilton es un piloto que da espectáculo se le permita más que al resto?" Algo así fue, ya casi ni lo recuerdo. Pero la respuesta fue tan implacable como inexisten: "Esa pregunta no merece ni respuesta".
Ahí queda eso. Gracias señor Todt, thanks, grazie, mercy amigo. A la cuarta lo entendió.
Todt habló de Alonso, reconoció que le quiso para Ferrari, dijo que era "uno de los mejores pilotos del mundo", pero en sus palabras, en sus gestos, en cómo hablaba del español en relación a la forma en que lo hacía con el británico se notaban sus preferencias. Si tuviera que apostar lo haría por Hamilton en cuanto a las preferencias del presidente de la FIA. Y se nota que no olvida que gracias al inglés y su colega Dennis, ganó, con Raikkonen, el título mundial en su último año con Ferrari.
De Alonso habló bien, pero no excelencias, y a Hamilton lo defendió como el garante del espectáculo en un mundo aburrido. El pequeño Napoleón, con todas sus virtudes, tiene los defectos que le suponen los prejuicios. Así es. A Todt le gusta Hamilton más que Alonso. No se hasta que punto eso no es nada, nada bueno para el asturiano. Veremos. La pregunta es ¿por qué?
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