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20 octubre, 2010 | 17:28

EagleRider: donde los sueños se hacen realidad

Hola a todos de nuevo.

De vuelta a casa. Escribo estas líneas sobrevolando Estados Unidos, rumbo a Nueva York desde San Francisco, como escala hacia Madrid. Antes de nada, disculparme por no haber podido acudir a esta cita en el blog en la última etapa de mi viaje por California. La jornada final resultó larga e intensa, como merecía la clausura de la aventura y la despedida de nuestros anfitriones de EagleRider. Lo fue tanto, que ésta es la primera oportunidad que he tenido de ponerme delante del ordenador en las últimas 36 horas, de las que tan sólo descuento un par de ellas para dormir antes de salir desde el hotel hacia el aeropuerto, a las cuatro de la madrugada del martes.

 
Saloon 

La cuarta etapa del Tour Eaglerider nos llevaría desde Yosemite a la meta simbólica del Golden Gate. La climatología quiso ser más generosa con nosotros esta vez y nos permitió disfrutar en todo su esplendor de los paisajes del parque natural y de más de 300 kilómetros de moto con sol y agradables temperaturas. Visitamos algunos lugares pintorescos, como el que dicen es el saloon más antiguo del estado, aunque creo que la mente de todos ya viajaba de forma anticipada a lo que sería la emocionante llegada a San Francisco.

Puente 

Entrar en la ciudad no fue fácil. Porque no lo es mantener agrupada y ordenada una caravana de más de veinte Harley por las enormes autopistas americanas atestadas de coches. Nuestros guías tuvieron que emplearse a fondo, como pastores con sus rebaños, y para nosotros también resultó algo estresante, la verdad. Con hasta seis carriles por dirección, los coches llegan por todas partes, los camiones se interponen en tu camino, tomar la salida adecuada a veces no es fácil y hasta nos encontramos un colchón tirado en mitad de la carretera (que, por suerte, pudimos esquivar todos).

Golden 

Pero la llegada a esa gran ciudad que es San Francisco compensó tanta tensión. Primero, fotos de rigor desde la distancia con el Golden Gate al fondo; después, atravesarlo como quien alcanza un gran objetivo, la tierra prometida. Fue algo especial y la sonrisa se dibujaba en el rostro de cada uno de nosotros cuando nos colocábamos en paralelo al manillar de nuestras motos, con el pulgar apuntando hacia arriba, hacia los inmensos pilares que dan sustento a este prodigio de la ingeniería.

Alquiler 

El recorrido por las calles de la ciudad fue otro regalo para los sentidos. Empleamos más de media hora en llegar a la sede de EagleRider en San Francisco, el lugar donde nuestras motos podrían ya descansar después de cuatro días y más de 1.200 kilómetros. Y lo merecían, habían respondido al desafío sin rechistas, como fieles compañeras de una aventura inolvidable. Me despedí cariñosamente de mi Road King azul y plata, como si pudiera entenderme, como si tuviera vida… ¿O es que acaso la tenía? En la puerta de la central de alquiler, varias limusinas nos esperaban para llevarnos al hotel de nuestra última noche en Estados Unidos. Un guiño más al “american way of live”.

Boss 

El balance del viaje, como ya sabréis si me habéis concedido el privilegio de seguir mis apuntes de estos días, es inmejorable. No sólo por la experiencia personal, que desde luego que sí, sino también por haber podido descubrir una empresa que, básicamente, se dedica a hacer los sueños realidad. Y es cierto que lo consiguen. Con profesionalidad y pasión; con una experiencia de casi veinte años y la capacidad de gestionar más de ¡tres mil motos! en todo el país; con vocación de servicio al cliente y voluntad de superación. Eso, que no es poco, es EagleRider. Su motor se llama Chris McIntyre, su presidente fundador que nos acompañó durante los cuatro días de ruta al manillar de su moto personal, una preparadísima y preciosa Heritage de carburación y escapes atronadores. Y os puedo asegurar que conocerle ha sido otro de los regalos de este viaje: carismático, ingenioso, entusiasta, apasionado, afable y sincero. Un triunfador hecho a sí mismo, aunque suene a tópico, pero que sigue con los pies en la tierra y disfrutando cada minuto en que consigue hacer felices a sus clientes (que dice terminan siendo sus amigos) mientras les descubre América subidos en una moto.

Yosemite 

Chris y su equipo de EagleRider os esperan. Sé que no es fácil, que encontrar el dinero necesario es casi una misión imposible en los tiempos que corren, que estos viajes son caros, que la oportunidad de hacerlos parece sernos esquiva un día tras otro, que los sueños a veces nos dan la impresión de ser sólo eso, sueños… Pero si me permitís el consejo, no renunciéis a ellos. La experiencia os resultará tan inolvidable como a mí y todos los esfuerzos que os haya supuesto serán entonces insignificantes. Yo, desde luego, empiezo a mismo a ahorrar para mi próximo viaje…

Gracias por haberme acompañado en el primero. Volvemos a la carga, que este fin de semana nos esperan Alonso y Corea…

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