Por Óscar García
El Barcelona acaba de cerrar la temporada más brillante de su historia, coronada con los títulos de Liga, Copa del Rey y Liga de Campeones. Títulos ganados con un juego sublime que ha ido ganando adeptos para la causa al mismo ritmo que caían las victorias. La interpretación que Pep Guardiola y sus jugadores han hecho del fútbol ha rozado la perfección. Y decimos ha rozado, porque presuponemos que la perfección no existe. Si existiera, sería lo más cercano a lo que hemos visto esta campaña. Algunas de las acciones que nos ha regalado este equipo dejarán una huella indeleble en los aficionados al fútbol. Porque este conjunto ha trascendido los colores y ha alcanzado el sentimiento más profundo de cuantos aman este juego. Es más difícil conquistar aficionados que ganar títulos y el Barça ha sabido hacer las dos cosas con una naturalidad que asusta. Su superioridad ha sido abrumadora, incuestionable e indiscutible. Sin embargo, hay quien parece decidido a no disfrutar de tan importante logro.
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