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El blog de Jesús Mínguez

Ningún deporte es tan parecido a la vida. El boxeo tiene sus héroes, sus villanos, sus millonarios y sus desheredados. Sus artistas y sus guerreros. Y su cine, sus libros, su música… Te invito a asomarte a este ring

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martes, 02 diciembre 2014

Por Jesús Mínguez

#MalaSangre, una velada bien vestida en Barcelona

El boxeo es deporte, competición, pero el envoltorio con el que se presenta siempre ha sido importante. Cómo vestir una velada, cómo promocionarla. El sentido del espectáculo, el show. En ese sentido, Gallego Prada y Maravillabox, las dos promotoras que organizan la velada del viernes 12 de diciembre en Barcelona están siendo ejemplares.  Ahora las redes sociales permiten, sin demasiado coste, ir calentando el ambiente, y lo están aprovechando a la perfección.

 

Tomando prestado el nombre al Óscar de la Hoya-Fernando Vargas del 2002, que se adjudicó El Feroz, han bautizado la velada #MalaSangre. Un hastag para twitter que sirve para conectar al aficionado, que ya estaba prevenido de lo que se venía encima cuando Javi García Roche comenzó a retar mediante vídeos caseros en youtube a Roberto Santos.

 

 

 

 

 

Eso cristalizó en el combate de fondo en el superwelter. El barcelonés tiene indudable tirón por su personalidad. Y el de Benidorm muestra una carrera extensa para lo que se estila (32 combates) y bastante mundo recorrido, ya que ha boxeado en Austria, Alemania o Serbia y dejó buenas vibraciones contra Marcos Nader por el título de la UE. En el Vall d’Hebron tiene poco que ganar y mucho que perder ante Roche, que asegura guerra.

 

Para aderezar la promoción, Sergio ‘Maravilla’ Martínez se ha prestado a ser el maestro de ceremonias de un ‘Face off’ que no deja indiferente. Con pocos medios, mucho ruido. Algo inusual en España, donde también es justo reconocer que los organizadores pueden destinar pocos euros a la promoción si quieren cerrar carteles aceptables. Pero todo es cuestión de ganas, y de imaginación.

 

 

 

 

Para aderezar la noche, los dos últimos campeones del mundo españoles, Kiko Martínez y Gabriel Campillo, vuelven al ring en espera de cerrar compromisos mayores que les lleven otra vez a optar por los cetros mundiales. El madrileño ante el checo Tomas Adamek –no confundir con Tomasz Adamek, el polaco que boxeó con Vitali Klitschko- y el alicantino frente al francés Amor Belahdj Ali, un rival de más entidad pues disputó, y perdió, el combate por el título de la UE del supergallo frente a Sergio Prado ‘Schuster’ en Madrid el año pasado.

 

Si a esto le sumamos la aparición de la estrella más emergente del boxeo catalán, Sandor Martín, que se medirá al francés Renald Garrido, y un Juli Giner-Ryan Peleguer la cosa promete.

 

En fin, que se presenta una velada con muchos nombres y se envuelve bien. Como supongo que lucirá también el montaje la misma noche. En ese sentido, la velada en la que lució Luca Giacon en Mijas el fin de semana pasado también es para tomar nota. Deporte y show. Siempre de la mano en el boxeo. 

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jueves, 30 octubre 2014

Por Jesús Mínguez

"Yo sólo era un boxeador, y él historia"

Hay momentos de la historia, del deporte, que son como catedrales. Monumentos que resisten al paso del tiempo, que incluso se agigantan según va cubriendo el musgo sus paredes. Así es el ‘Rumble in the Jungle’. Han pasado cuarenta años del Ali-Foreman en la canícula de Kinshasa, pero pasarán otros cuarenta y la memoria volverá a retrotraerse al 30 de octubre de 1974. Lo que ocurrió ese día guarda la fascinación de lo extraordinario porque en el estadio ‘20 de mayo’ se dieron la mano la historia y el deporte, y se convirtieron en leyenda.

 

Para quien no sepa de este combate, aunque no le guste el boxeo, recomiendo que busque la película-documental ‘When we were kings’ (Cuando éramos reyes), de Leon Gast. Y verá a Ali corriendo por las calles del Zaire, vociferando sus bravatas mientras los chavales le jalean: ‘Ali, boma ye!’, ‘Ali, mátalo’. Una imagen millones de veces repetida: en anuncios, en posters, en libros… Un icono del siglo XX. Muhammad Ali, que rechazó el nombre de Cassius Clay por considerarlo de esclavos, iba a boxear en el continente de sus antepasados. “África es el lugar del hombre negro y aquí vamos a hacer la primera asamblea de negros americanos y africanos”, advierte Ali en una de las múltiples grabaciones previas a la velada. “¡Vamos a provocar el estallido en la jungla!”.

 

Y vaya si lo provocó. Todo fue posible porque el extravagante promotor Don King, tan ducho en recitar de carrerilla versos de Shakespeare como en dejar pufos en las carreras de boxeadores, consiguió que George Foreman firmara un contrato para poner en juego su cinturón de campeón mundial de los pesados cobrando cinco millones de dólares. Ali, que había estado tres años y medio sin boxear por negarse a ir a Vietnam, también rubricó por otros cinco… Diez millones que Don King no tenía y encontró en la selva: en Zaire, en casa del dictador Mobutu Sese Seko. “Los países van a la guerra para poner su nombre en el mapa y una guerra cuesta más de diez millones de dólares”, valoró ‘El Más Grande’ la operación de márketing desprovista de ética. Mobutu y Zaire pasaban a estar en el mapa con una batalla, pero de boxeo y con la bolsa más grande jamás vista.

 

Foreman tenía la pegada de un dinosaurio. Había mandado a la lona siete veces a Foreman en Kingston para ganar el Mundial y había cerrado después la defensa con Norton en dos asaltos. “Nadie pegaba como Foreman. Elegía los sacos más grandes y los dejaba abollados”, relata el escritor Norman Mailer, que vivió la velada en el ringside. Tenía una potencia brutal, descomunal, apabullante. Howard Cosell, el famoso locutor de las patillas y el tupé, pronosticó que el tejano retiraría a Ali. “Todos creían que iba a perder, que Foreman le iba a destrozar. Y él dijo ‘voy a bailar y bailar”, recuerda Mailer.

 

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Ali se preparó con el durísimo Ken Norton, al que había humillado Foreman, como sparring. Se aculaba en las cuerdas y dejaba que le clavara golpes secos. Maceró su cuerpo para acostumbrarlo al castigo que le iba a infligir el campeón. Y funcionó. El día del combate, en un ambiente eléctrico y (otro hecho fantástico) a las 04:00 de la madrugada para que en EE UU fuera prime-time, los dos colosos salieron a un estadio donde habían actuado previamente BB King y James Brown. Negritud al cubo para una banda sonora inigualable. Ali fue aclamado. Llevaba meses preparando el terreno, mientras un desafortunado Foreman había llegado a Kinshasa con un pastor alemán… la raza de perros empleados por los colonos cuando el Zaire era el Congo Belga para acosar a la población local. Mobutu, por miedo a ser asesinado, seguía el show de los diez millones de dólares por un circuito cerrado desde su palacio… Todo era surrealista a la vez que real.

 

Y entonces Ali mostró su estrategia suicida: dejar que Foreman le atizara como a esos sacos en los que hacía agujeros hasta que se cansara mientras en cada clinch le gritaba: “¡Me estás decepcionando!”. En el octavo round, ‘Big George’ perdió fuelle de tanto lanzar golpes. Y Ali encontró caminos para su derecha. La jungla estalló. Foreman cayó como un fardo. El líder negro de África y América volvía a conquistar el campeonato mundial de los pesos pesados. La lluvia, que había aguantado, lo inundaba todo relajando la tensión.

 

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La maravillosa historia de Ali escribía un nuevo capítulo. A la mañana siguiente se despidió de Zaire. “Tenéis dignidad en vuestra pobreza. Sois mejores que nosotros”, les dijo a un grupo de admiradores. Por eso era el más grande. Por eso el combate de Kinshasa fue mágico y fabuloso. El cierre lo pone Floyd Patterson, otro ex campeón mundial que acabó cegado por el resplandor y el boxeo de Ali: “Al final, comprendí que yo no era más que un boxeador y que él, en cambio, era historia”. Historia, sí. Kinshasa. El estallido en la jungla.

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miércoles, 18 junio 2014

Por Jesús Mínguez

Un libro y una velada para Manuel Alcántara

Cuando éramos reyes, en el boxeo español, la tinta con la que se firmaban las grandes gestas la ponían periodistas enormes, a los que merece la pena volver guste o no guste este deporte. Para aprender, entre otras cosas, simplemente a escribir bien. En AS se ocupaba del boxeo Fernando Vadillo -luego cogió el testigo el gran Vicente Carreño- y Marca fichó para hacerle sombra a Manuel Alcántara en 1967. El malagueño había pasado por Arriba y Pueblo, y ya era un poeta de relumbrón Premio Nacional de Literatura en 1963. Para escribir sobre héroes, no podía valer un juntaletras. 

 

ALCANTARA LIBRO

 

Ahora, otros dos periodistas malagueños, Agustín Rivera y Teodoro León Gross, han recogido los mejores trabajos del maestro Alcántara en el libro 'La edad de oro del boxeo: 15 asaltos de leyenda' (Editorial Libros del KO). Una joyita en la que no sobra un párrafo.

A la vez, se anuncia una velada para este sábado 21 de junio en su ciudad (Pabellón Carranque, desde las 22:00), en la que se le rendirá tributo. Los clubes Saga Heredia, Málaga Boxing Club y Distrito Oeste han organizado el homenaje de la mejor forma posible: con gladiadores sobre el ring. Varios combates amateur y tres profesionales: Wattif Nassir-Chatenira, Sergio Abad-Cavero en el superwelter y Senior Micha-Michael Carrero en el superpluma. Gente que quiere a Alcántara y al boxeo como Nacho Gutiérrez están echando el resto para que el maestro sienta el calor.

 

ALCANTARA GYM

 

Alcántara, que aún sigue publicando columnas aunque no de boxeo, vuelve a asomarse al ring en el que tanto disfrutó. Así lo ha contado: “De niño yo vivía en La Lagunilla (…) había un solar enfrente, que era una fábrica como de ladrillos, pero muy grande, desde el que se veían a los boxeadores. Cuando yo daba la lata en mi casa me decían 'Niño, vete con los boxeadores' (…) yo los veía entrenar, pegarle al saco y saltar a la comba y hacer guantes entre ellos. Y eso se me quedó para siempre (…) Yo siempre digo que de boxeo y del croché de izquierda entiendo más que de Góngora y de Villamediana". Cronista de boxeo. Palabras mayores que le hacen a uno muy pequeño.

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viernes, 25 abril 2014

Por Jesús Mínguez

'Jamás me verá nadie en un ring': la historia de Pedro Roca

Desde un recuerdo, el de un padre aficionado al boxeo, Julià Guillamon ha parido un libro maravilloso. “Cuando era un chico, encontraba ofensivo el olor de Lilimento Sloan que a mi padre le recordaba sus buenos tiempos en el gimnasio. El perfume de las friegas de alcohol de romero con que estimulaba los músculos tras unas tablas de gimnasia sueca y una ducha fría (…) yo no entendía cómo debíamos seguir en casa las reglas del gimnasio”, comienza 'Jamás me verá nadie en un ring: la historia del boxeador Pedro Roca’ (Editorial Comanegra). El padre de Juliá, boxeador aficionado en los cincuenta, sólo realizó un combate. Y nunca más se subió a un ring. Pero dejó un poso que al final ha cristalizado en 277 páginas y una portada del pintor Eduardo Arroyo, que aceptó hacer su particular retrato de Pedro Roca.

 

Jamas2

 

¿Y quién fue ese Pedro Roca? Un boxeador del peso pesado muy popular a principios de los años treinta en Barcelona, cuando era el epicientro del boxeo en España. En el historial del ‘Uzcudun de Gracia’ (el céntrico barrio) sólo se contabilizó una victoria, y fue por abandono de su rival, Casals, al dislocarse un brazo. Siempre le noqueaban en los primeros asaltos. Diarios como ‘El Mundo deportivo’, revistas del gremio como ‘Boxeo’ o la satírica ‘Xut’ permitían seguir el rastro de Roca y su colegas, porque el boxeo bullía.

 

En todas ha buceado Guillamon para hilvanar el recorrido de Roca y, sobre todo, una historia del pugilismo en esa vieja Barcelona donde se ofrecían las primeras veladas en el Luna Park, el Nuevo Mundo, el Mundial Sport, el Iris Park, o grandes recintos como las plazas de toros de La Monumental o Las Arenas. También en el Estadio de Montjuïc. Espacios llenos de humo y sombreros, donde se mezclaban jugadores y directivos del Barça, alta sociedad, aficionados o supervivientes de la vida de barrios periféricos.

 

A Roca, quizá porque era así, quizá por los golpes, se le debieron de cruzar varios cables en su cabeza. Pero con la consecuencia de que, una vez le retiraron su licencia para evitar más castigo, escribió un libro en el que alcanzó un estilo “surrealista involuntario”, el “automatismo psíquico”. Redactó y publicó ‘De boxeador a literato’, un texto inclasificable de memorias que se incluye en el cuidado estuche de Comanegra en edición facsímil y que Roca se dedicó a vender por cafés y gimnasios.

 

Por sus páginas aparecen coetáneos de Roca como José Gironés, mito y campeón de Europa, el preparador Ángel Artero y sus ‘poulains’, Max Schmelling, o el combate que enfrentó a Paulino Uzcudun, al que Roca hizo de desafortunado sparring, y Primo Carnera el 23 de octubre de 1930 en Montjuïc. También el Arthur Cravan-Jack Johnson de La Monumental en 1916.

Jams me ver nadie en un ring

 

Julià Guillamon ha armado ‘Jamás me verá nadie en un ring’ con muchas horas de biblioteca. Y ha conseguido 120 fotografías que ya de por sí merecen también detenerse en el libro. Esos boxeadores posando tras sus carreras por los alrededores de Barcelona, Cravan haciendo sombra bajo una encina, Carnera y Uzcudun entrando imperiales con sus batines en Montjuïc engullidos por un mar de gente… Guillamon ha escrito un libro de historia y de historias. Y ha ajustado cuentas con sus recuerdos. Ahora supongo que esbozará una sonrisa cuando huela el inconfundible aroma del alcohol de romero o el agua fría le sorprenda en la ducha.

 

 

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lunes, 24 marzo 2014

Por Jesús Mínguez

Barcelona se mueve: Sandor Martín-Natxo Mendoza

Apalancados en Madrid, a veces perdemos la perspectiva sobre las veladas que salpican toda la geografía española. Y, sobre todo, de que Barcelona se mueve. Y mucho. De la asociación de Gallego Prada y KO Verdún, los más fuertes en Cataluña, han ido brotando veladas por L’Hospitalet, Castelldefels, el Vall d’Hebrom, Premià… O el Bon Pastor (C/Costa Daurada, 12-16, Barcelona) donde el sábado 29 debería concentrarse toda la parroquia para asistir a una de esas noches que suelen dejar regusto por mucho tiempo.

 

Y es que Sandor Martín, uno de los púgiles que corren de boca en boca, pone en juego su cinturón de Campeón de España del superligero ante el hispano-colombiano Natxo Mendoza, que no es un cualquiera como dice su récord: 38-8-2 con 23 victorias antes del límite.

 

¿Y quién es Sandor Martín? Pues el hijo de Rafa Martín, referente en el boxeo catalán y en otros deportes de contacto, que ha conseguido generar mucha ilusión. De tal palo tal astilla. Y de buena madera, porque con 19 años se convirtió en el campeón nacional más joven al derrotar a Daniel Rasilla y ahora con 20 luce un récord de 16-1-0. Sólo el francés Alexandre Lepelley consiguió vencerle. ‘Arrasandor’, que debió aprender a ponerse los guantes antes que el chupete, se sacó además con matrícula de honor un módulo de Educación Física y estudiará INEF. Vamos, que fondo y preparación tampoco le faltarán.

 

 

 

“Es el combate más importante de mi carrera. Ante uno de los cincuenta mejores del mundo en la categoría, y por eso llevamos cinco semanas preparándolo. Natxo es duro, con experiencia y pegador. No le da miedo nada”, cuenta Sandor. Un reto de los de verdad que debe marcar hacia dónde va el futuro de la gran esperanza del boxeo barcelonés.

 

Y tratándose de Barcelona, una ciudad que siempre ha estado muy puesta en esto del diseño y el marketing, la puesta en escena y la promoción debían ser acordes a la velada. Vídeo, camisetas… y un cartel guapo, muy guapo. Con aire retro. De esos que apetece guardar. Raro en el panorama un tanto kitch de la cartelería habitual. Vamos, una velada y un esfuerzo que merecen la pena. Y con entraditas desde 15 euros. Barcelona se mueve, sí.

 

Boxeo

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martes, 04 febrero 2014

Por Jesús Mínguez

Floyd, yo voto por Amir Khan

Floyd Mayweather anda sobradísimo. Y como tal, se ha permitido jugar con sus seguidores en las redes sociales. Interactuar se llama ahora. El invencible Money ya tiene reservado el MGM de Las Vegas para el próximo 3 de mayo. Ahora le falta el rival. Y lo que ha preguntado a través de Twitter (sólo ahí tiene 4,6 millones de seguidores) Facebook e Instagram es si prefieren que suba al ring con Amir Khan o el Chino Maidana.

 

Manny

 

La respuesta de muchos aficionados ha sido inmediata, como exigen los tiempos: “¿Y por qué no Pacquiao?”. Eso, ¿por qué no el filipino, Manny? PacMan, imbuido ahora en la promoción de su revancha con Tim Bradley, no parece estar ya al supernivel que mostró en años anteriores. Lo lógico es que su carrera ya apuntara hacia abajo y no siguiera subiendo. Mayweather hará, como siempre en su vida de excesos, lo que le dé la gana. Pero de no medirse a Pacquiao perderá la oportunidad de tener un sitio aún más grande del que ya ocupa en la historia del boxeo. Es el duelo con el que todo el mundo sueña. El combate del que se hablaría durante meses. Un sueño prohibido.

 

Gennady Golovkin, campeón del medio de la AMB, tras conseguir el sábado en Montecarlo a Osumanu Adama la 26 victoria antes del límite de su carrera en 29 combates, le pidió también audiencia al genio. Dijo que bajaría de peso para medirse a Mayweather. Sería otro duelo bonito. La potencia descomunal del kazajo, doctor KO, contra el mejor escapista del boxeo. Técnica y esquiva, pies y cintura, provocando el fallo de Golovkin… Sería bonito, sí. ¿Otro sueño?

 

Pero Mayweather sólo nos da dos opciones: Khan o Maidana. Pues, Floyd, yo voto por Khan. Me gusta su estilo, su velocidad, sus andanadas de combinaciones. Me parece espectacular, sin que esto sea hacer un feo para el argentino, que ha crecido mucho tras ganar a Adrien Broner. Freddie Roach, que además de a Pacquiao también entrena al británico, le ve incluso “más rápido que Mayweather”. Lo cual ya es mucho decir. “Tiene el estilo correcto para ganarle”, advierte el técnico. Pues Manny, como no me dejas votar por Pacquiao, yo elijo a Khan.

 

 

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domingo, 24 noviembre 2013

Por Jesús Mínguez

'QUÉDATE EN EL RING', MANNY

Como los jabs con la zurda de Manny Pacquiao, que sorprendieron en Macao a Brandon Ríos con su velocidad, llegan de vez en cuando a tus manos cosas sorprendentes. Me ha ocurrido con el libro ‘Quédate en el ring’ de Juanma Rodríguez. Sinceramente, de este colega de profesión sabía su por su trabajo en la COPE y, sobre todo, por las tertulias de ‘Futboleros’ o ‘Tiki Taka’, inconfundible él con su estampita de Jose Mourinho sobre la mesa.

 

Pero desconocía su devoción-pasión por el boxeo. Si quieren pasar un buen rato deben darse una vuelta por ‘Quédate en el ring’ (Crónicas, Ediciones Pàmies). Ahí se recogen los artículos que Juanma ha ido escribiendo en Libertad Digital y en revistas como Esquire. En esta última, por cierto, hizo un retrato de Pacquiao ‘La furia oriental’ de lo más guapo. “Puede que sus rivales desconozcan que, cuando era chico, Pacquiao se tomó un halo-halo en el infierno, brindó con el mismísimo Lucifer y vivió para contarlo, de ahí que el peor combate de la historia, el más trabado y sucio, suponga para él una auténtica fiesta, una especie de liberación, otro motivo más para sonreír y continuar luchando”. A veces a uno le gustaría que le salieran frases redondas como esta.

 

Por las páginas se asoma mucho Ali —aunque todo lo que se escriba de él después de ‘Rey del Mundo’ de David Remnick sea volver sobre esos pasos- pero también un Mike Tyson radiografiado en diez asaltos que cuando sale de prisión acude a poner flores sobre la tumba de Sonny Liston, su admirado malvado, en los Paradise Memorial Gardens. Dos frutos de “la cocina del infierno”. Me han gustado muchas historias, así que he dejado el libro lleno de esquinitas dobladas por si algún día apetece, que apetecerá, volver a ellas.

 

El tongo del Jess Willard-Jack Johnson en La Habana, el Lord Byron boxeador, una reivindicación de nuestro particular ‘Más Grande’ Javi Castillejo, muchas películas, la batalla entre el maravilloso Hagler y Tommy Hearns, ‘Boom Boom’ Mancini, “el viento incontrolable de Santa Fe” de Carlos Monzón

 

Cortitas y con pegada. Con un buen juego de manos y ritmo. Un tipo al que se le saltan las lágrimas viendo Rocky y guarda como un tesoro sus fotos con Julio César Chávez y 'Mano de Piedra' Durán debe ser de fiar. Estampita de Mourinho aparte. “Bendito boxeo, clavo ardiendo al que logro agarrarme”. Pues eso, que nos quedamos en el ring.

 

Quedate en el ring

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lunes, 16 septiembre 2013

Por Jesús Mínguez

Mayweather, bendito insolente

Ante Floyd Mayweather se siente la atracción del abismo. Sabes que un día se despeñará, que bordea siempre el límite de todo, que juega a la ruleta rusa con la vida. No es ejemplo de nada: se gasta 50.000 dólares en una noche de farra, lanza billetes por la pista de una discoteca llena de princesas negras, cuenta la leyenda que una vez se atrevió a apostar varios millones de dólares a que Miami entraría en los playoff de la NBA, acaba de embolsarse otros 40 tras ganar al Canelo Álvarez, acumula 25 coches a cual más despampanante en el garaje de su casa, pisó la cárcel dos meses por un caso de violencia doméstica, es lenguaraz y políticamente incorrecto…

 

  Floyd

 

Pero sobre el ring es otro. Un púgil centrado, que juega con sus pies y cimbrea su cintura como nadie y que acumula 45 victorias en 45 combates. Sin tacha ante gente como De la Hoya, Shane Mosley, Miguel Cotto, Juanma Márquez o Zab Judah. Lo mejorcito que desfilaba a su vera. Y es que Mayweather pone sobre el cuadrilátero toda su personalidad. Su ego. Un intangible que sin embargo pesa toneladas. Los grandes campeones del boxeo son sobre todo eso, ego. Hay que tenerlo por las nubes para subirse ahí arriba a dirimir quién es el rey del mundo.

 

Norman Mailer, un escritor-periodista con tanto ego como grandes piezas, siguió de cerca a Muhammad Ali y lo que le fascinó de él fue precisamente ese exceso de autoestima que irradiaba el gran campeón de los pesados, capaz de predecir ante cientos de personas en qué asalto tumbaría a su contrario, con rimas que luego inspirarían a los raperos que tanto le gustan a ‘Pretty Money’.

 

“Ali se presenta como el más perturbador de todos los egos”, dejó escrito negro sobre blanco Mailer en En la cima del mundo (disponible en España en 451 Editores), su ensayo sobre El Más Grande. Ese es el retrato de cómo un chico de Louisville, sin demasiada formación, fue convirtiéndose en centro de la escena de un Estados Unidos convulso. Demostración tras demostración de ambición como cuando con 22 años se plantó delante de Sonny Liston en Miami con un batín que llevaba bordado ‘The Lip’ (El insolente o Bocazas) y se proclamó campeón del mundo volteando todos los pronósticos.

  Ali

 

Y es que un supercampeón debe tener algo de insolente, y un ego por las nubes. Al final son los que se recuerdan en la historia del boxeo. Nos guste o no. Los grandes fanfarrones que vuelcan toda esa sobreestima que tienen en el ring para convertirse en invencibles. Como el bendito maldito Mayweather.  

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jueves, 04 julio 2013

Por Jesús Mínguez

Rubén Varón, ante su gran noche

Rubén Varón, delicia para la vista sobre el ring, tendrá por fin el combate grande con el que soñaba. Le llega con 34 años y 47 combates a sus espaldas. Y en casa. Será el 4 o 5 de octubre próximo en Madrid, el Europeo del peso superwelter frente al imbatido en 23 episodios Sergey Rabchenko. Le tiene que dar las gracias a Ricardo Sánchez Atocha, que con 91.000 euros de puja ganó la subasta al equipo del inglés Ricky Hatton, que dirige la carrera del bielorruso.

 

Es una apuesta de riesgo poner esa cantidad encima de la mesa. Pero es también una forma de decir ‘estamos aquí’. Un llamamiento a que la afición responda porque las últimas veladas organizadas por Rimerbox con lo mejor del panorama nacional, en La Cubierta o Vistalegre, económicamente no compensaron.

 

A Rubén Varón se le pretende arropar con la defensa del título de la UE del superligero de Rubén Nieto, otro púgil con capacidad de convocatoria. La condición de Rabchenko de número uno del ránking del Consejo Mundial del Consejo (Saúl ‘Canelo’ Álvarez es el campeón) da más empaque al Europeo, porque una victoria de Varón le podría catapultar hacia la realización del Mundial. Traer el combate a casa supone neutralizar un tanto el peligro de un final que se decida en las cartulinas. Desgraciadamente, esto es así.

 

Varonn

 

Varón, hijo de boxeador, se vio con 24 años disputando el Mundial frente a Felix Sturm. “Demasiado pronto”, recuerda. Y en 2010, en Liverpool, dejó a Matthew Macklin con la cara hecha un cuadro en la disputa del Europeo, pero los jueces le dieron la victoria al irlandés. Precisamente, el complutense ha ejercido en los últimos tiempos de sparring de los dos, ayudándoles a preparar compromisos en los que él podría figurar en el cartel. Es la ley de un deporte muchas veces desagradecido que se hace más duro en España.

 

Ahora, Varón parece estar en sazón. Listo para aprovechar una nueva oportunidad que sí parece llegar en el momento justo. Su mente, además, es más dura. Hace tres años, tres operaciones en su mano derecha estuvieron a punto de cerrar su carrera. Los médicos le aconsejaron que lo dejara, que no se arriesgara después de hacerle un injerto y extraerle el escafoides. Eso le hizo aumentar el trabajo con la mano izquierda y ahora maneja las dos con maestría. Creció en medio de la crisis. Merecía una gran noche en casa. Ojalá responda él y responda el público.

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martes, 09 abril 2013

Por Jesús Mínguez

Rigondeaux, el Federer del ring

Llegó, y todos nos frotamos las manos. Este sábado 13 de abril, en el Radio City Hall de Nueva York, cruzarán sus guantes Guillermo Rigondeaux y Nonito Donaire. Cubano exiliado en Estados Unidos y filipino acunado por las barras y estrellas en la dorada california. El Chacal y Flash. El primero con 32 años, el segundo con 30. Púgiles en su esplendor. Una bala y un relámpago. En juego está la unificación de los títulos del supergallo de la AMB y la OMB y sobre el ring una batalla digna de trasnochar.

 

De Nonito Donaire (31-1, con 20 KO’s) ya hemos escrito en este blog. Ha ido escalando desde el peso mosca, seguirá subiendo y resolvió sus últimos choques por la vía rápida frente a Toshiaki Nishioka y Jorge Arce. Es fiable y espectacular. Pero Rigondeaux puede ser su gran prueba.

 

  Donaire

 

Mirando el récord del cubano (11-0, 8 victorias por KO) se descubre una carrera corta. Pero hay que mirar más atrás. En su bata luce, en cada pectoral, los aros olímpicos. Los que le acreditan como campeón en Sydney 2000 y Atenas 2004 en el peso gallo. También tiene dos títulos mundiales. Detrás se descubre la escuela cubana perfecta en la técnica pero que en el paso al boxeo de pago no se ha quedado sólo en el martilleo mecánico de los puntos, sino que es poseedor de ese último golpe que marca la diferencia. Sólo hay que ver en los vídeos cómo su izquierda ascendente, casi invisible de lo rápido que viaja, impacta de lleno. Pero la derecha no se queda atrás. Dicen los libros que de amateur disputó 247 combates y perdió sólo cuatro.

 

Rigondeaux, como muchos otros de sus compatriotas, se hartó de las penurias de Cuba. En el 2007, en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, se escapó del equipo junto a Erislandy Lara. Como Yan Barthelemy, Yuriolkis Gamboa o Odlanier Solis quería probar fuera del amateurismo. Que llegaran los dólares porque el palmarés ya estaba lleno. Fueron deportados, apartados del equipo y en 2009 Rigondeaux consiguió recalar en Miami, la pequeña Habana.

 

El de Santiago es un placer para la vista. Es algo así como Roger Federer al tenis. Siempre bien plantado, con el centro de gravedad muy bajo, flotando sobre las puntas de los pies y esperando ver el hueco para con velocidad endiablada dejar un golpe final. Parece que no le cuesta esfuerzo desplazarse, siempre ligero, porque su físico y su juego de pies es de los que pertenecen a los elegidos.

 

 

 “Fue una decisión complicada, dejar a toda la familia atrás sin saber si los vas a ver en mucho tiempo. Mi niño está en Cuba y también toda mi familia”, recuerda estos días.

“En Estados Unidos todo me ha ido bien, porque puedo centrarme al cien por cien en mi carrera”, se consuela. Casi todos sus rivales han besado la lona. Pero ante su técnica y su pegada, Donaire es guardián de una tradición de guerreros filipinos acostumbrados a aguantar. Y es favorito en las apuestas. Pero yo no lo veo tan claro. Mejor no levantar la vista de la tele. El fogonazo puede llegar en cualquier momento. 

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