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El blog de Jesús Mínguez

Ningún deporte es tan parecido a la vida. El boxeo tiene sus héroes, sus villanos, sus millonarios y sus desheredados. Sus artistas y sus guerreros. Y su cine, sus libros, su música… Te invito a asomarte a este ring

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lunes, 24 marzo 2014

Por Jesús Mínguez

Barcelona se mueve: Sandor Martín-Natxo Mendoza

Apalancados en Madrid, a veces perdemos la perspectiva sobre las veladas que salpican toda la geografía española. Y, sobre todo, de que Barcelona se mueve. Y mucho. De la asociación de Gallego Prada y KO Verdún, los más fuertes en Cataluña, han ido brotando veladas por L’Hospitalet, Castelldefels, el Vall d’Hebrom, Premià… O el Bon Pastor (C/Costa Daurada, 12-16, Barcelona) donde el sábado 29 debería concentrarse toda la parroquia para asistir a una de esas noches que suelen dejar regusto por mucho tiempo.

 

Y es que Sandor Martín, uno de los púgiles que corren de boca en boca, pone en juego su cinturón de Campeón de España del superligero ante el hispano-colombiano Natxo Mendoza, que no es un cualquiera como dice su récord: 38-8-2 con 23 victorias antes del límite.

 

¿Y quién es Sandor Martín? Pues el hijo de Rafa Martín, referente en el boxeo catalán y en otros deportes de contacto, que ha conseguido generar mucha ilusión. De tal palo tal astilla. Y de buena madera, porque con 19 años se convirtió en el campeón nacional más joven al derrotar a Daniel Rasilla y ahora con 20 luce un récord de 16-1-0. Sólo el francés Alexandre Lepelley consiguió vencerle. ‘Arrasandor’, que debió aprender a ponerse los guantes antes que el chupete, se sacó además con matrícula de honor un módulo de Educación Física y estudiará INEF. Vamos, que fondo y preparación tampoco le faltarán.

 

 

 

“Es el combate más importante de mi carrera. Ante uno de los cincuenta mejores del mundo en la categoría, y por eso llevamos cinco semanas preparándolo. Natxo es duro, con experiencia y pegador. No le da miedo nada”, cuenta Sandor. Un reto de los de verdad que debe marcar hacia dónde va el futuro de la gran esperanza del boxeo barcelonés.

 

Y tratándose de Barcelona, una ciudad que siempre ha estado muy puesta en esto del diseño y el marketing, la puesta en escena y la promoción debían ser acordes a la velada. Vídeo, camisetas… y un cartel guapo, muy guapo. Con aire retro. De esos que apetece guardar. Raro en el panorama un tanto kitch de la cartelería habitual. Vamos, una velada y un esfuerzo que merecen la pena. Y con entraditas desde 15 euros. Barcelona se mueve, sí.

 

Boxeo

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martes, 04 febrero 2014

Por Jesús Mínguez

Floyd, yo voto por Amir Khan

Floyd Mayweather anda sobradísimo. Y como tal, se ha permitido jugar con sus seguidores en las redes sociales. Interactuar se llama ahora. El invencible Money ya tiene reservado el MGM de Las Vegas para el próximo 3 de mayo. Ahora le falta el rival. Y lo que ha preguntado a través de Twitter (sólo ahí tiene 4,6 millones de seguidores) Facebook e Instagram es si prefieren que suba al ring con Amir Khan o el Chino Maidana.

 

Manny

 

La respuesta de muchos aficionados ha sido inmediata, como exigen los tiempos: “¿Y por qué no Pacquiao?”. Eso, ¿por qué no el filipino, Manny? PacMan, imbuido ahora en la promoción de su revancha con Tim Bradley, no parece estar ya al supernivel que mostró en años anteriores. Lo lógico es que su carrera ya apuntara hacia abajo y no siguiera subiendo. Mayweather hará, como siempre en su vida de excesos, lo que le dé la gana. Pero de no medirse a Pacquiao perderá la oportunidad de tener un sitio aún más grande del que ya ocupa en la historia del boxeo. Es el duelo con el que todo el mundo sueña. El combate del que se hablaría durante meses. Un sueño prohibido.

 

Gennady Golovkin, campeón del medio de la AMB, tras conseguir el sábado en Montecarlo a Osumanu Adama la 26 victoria antes del límite de su carrera en 29 combates, le pidió también audiencia al genio. Dijo que bajaría de peso para medirse a Mayweather. Sería otro duelo bonito. La potencia descomunal del kazajo, doctor KO, contra el mejor escapista del boxeo. Técnica y esquiva, pies y cintura, provocando el fallo de Golovkin… Sería bonito, sí. ¿Otro sueño?

 

Pero Mayweather sólo nos da dos opciones: Khan o Maidana. Pues, Floyd, yo voto por Khan. Me gusta su estilo, su velocidad, sus andanadas de combinaciones. Me parece espectacular, sin que esto sea hacer un feo para el argentino, que ha crecido mucho tras ganar a Adrien Broner. Freddie Roach, que además de a Pacquiao también entrena al británico, le ve incluso “más rápido que Mayweather”. Lo cual ya es mucho decir. “Tiene el estilo correcto para ganarle”, advierte el técnico. Pues Manny, como no me dejas votar por Pacquiao, yo elijo a Khan.

 

 

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domingo, 24 noviembre 2013

Por Jesús Mínguez

'QUÉDATE EN EL RING', MANNY

Como los jabs con la zurda de Manny Pacquiao, que sorprendieron en Macao a Brandon Ríos con su velocidad, llegan de vez en cuando a tus manos cosas sorprendentes. Me ha ocurrido con el libro ‘Quédate en el ring’ de Juanma Rodríguez. Sinceramente, de este colega de profesión sabía su por su trabajo en la COPE y, sobre todo, por las tertulias de ‘Futboleros’ o ‘Tiki Taka’, inconfundible él con su estampita de Jose Mourinho sobre la mesa.

 

Pero desconocía su devoción-pasión por el boxeo. Si quieren pasar un buen rato deben darse una vuelta por ‘Quédate en el ring’ (Crónicas, Ediciones Pàmies). Ahí se recogen los artículos que Juanma ha ido escribiendo en Libertad Digital y en revistas como Esquire. En esta última, por cierto, hizo un retrato de Pacquiao ‘La furia oriental’ de lo más guapo. “Puede que sus rivales desconozcan que, cuando era chico, Pacquiao se tomó un halo-halo en el infierno, brindó con el mismísimo Lucifer y vivió para contarlo, de ahí que el peor combate de la historia, el más trabado y sucio, suponga para él una auténtica fiesta, una especie de liberación, otro motivo más para sonreír y continuar luchando”. A veces a uno le gustaría que le salieran frases redondas como esta.

 

Por las páginas se asoma mucho Ali —aunque todo lo que se escriba de él después de ‘Rey del Mundo’ de David Remnick sea volver sobre esos pasos- pero también un Mike Tyson radiografiado en diez asaltos que cuando sale de prisión acude a poner flores sobre la tumba de Sonny Liston, su admirado malvado, en los Paradise Memorial Gardens. Dos frutos de “la cocina del infierno”. Me han gustado muchas historias, así que he dejado el libro lleno de esquinitas dobladas por si algún día apetece, que apetecerá, volver a ellas.

 

El tongo del Jess Willard-Jack Johnson en La Habana, el Lord Byron boxeador, una reivindicación de nuestro particular ‘Más Grande’ Javi Castillejo, muchas películas, la batalla entre el maravilloso Hagler y Tommy Hearns, ‘Boom Boom’ Mancini, “el viento incontrolable de Santa Fe” de Carlos Monzón

 

Cortitas y con pegada. Con un buen juego de manos y ritmo. Un tipo al que se le saltan las lágrimas viendo Rocky y guarda como un tesoro sus fotos con Julio César Chávez y 'Mano de Piedra' Durán debe ser de fiar. Estampita de Mourinho aparte. “Bendito boxeo, clavo ardiendo al que logro agarrarme”. Pues eso, que nos quedamos en el ring.

 

Quedate en el ring

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lunes, 16 septiembre 2013

Por Jesús Mínguez

Mayweather, bendito insolente

Ante Floyd Mayweather se siente la atracción del abismo. Sabes que un día se despeñará, que bordea siempre el límite de todo, que juega a la ruleta rusa con la vida. No es ejemplo de nada: se gasta 50.000 dólares en una noche de farra, lanza billetes por la pista de una discoteca llena de princesas negras, cuenta la leyenda que una vez se atrevió a apostar varios millones de dólares a que Miami entraría en los playoff de la NBA, acaba de embolsarse otros 40 tras ganar al Canelo Álvarez, acumula 25 coches a cual más despampanante en el garaje de su casa, pisó la cárcel dos meses por un caso de violencia doméstica, es lenguaraz y políticamente incorrecto…

 

  Floyd

 

Pero sobre el ring es otro. Un púgil centrado, que juega con sus pies y cimbrea su cintura como nadie y que acumula 45 victorias en 45 combates. Sin tacha ante gente como De la Hoya, Shane Mosley, Miguel Cotto, Juanma Márquez o Zab Judah. Lo mejorcito que desfilaba a su vera. Y es que Mayweather pone sobre el cuadrilátero toda su personalidad. Su ego. Un intangible que sin embargo pesa toneladas. Los grandes campeones del boxeo son sobre todo eso, ego. Hay que tenerlo por las nubes para subirse ahí arriba a dirimir quién es el rey del mundo.

 

Norman Mailer, un escritor-periodista con tanto ego como grandes piezas, siguió de cerca a Muhammad Ali y lo que le fascinó de él fue precisamente ese exceso de autoestima que irradiaba el gran campeón de los pesados, capaz de predecir ante cientos de personas en qué asalto tumbaría a su contrario, con rimas que luego inspirarían a los raperos que tanto le gustan a ‘Pretty Money’.

 

“Ali se presenta como el más perturbador de todos los egos”, dejó escrito negro sobre blanco Mailer en En la cima del mundo (disponible en España en 451 Editores), su ensayo sobre El Más Grande. Ese es el retrato de cómo un chico de Louisville, sin demasiada formación, fue convirtiéndose en centro de la escena de un Estados Unidos convulso. Demostración tras demostración de ambición como cuando con 22 años se plantó delante de Sonny Liston en Miami con un batín que llevaba bordado ‘The Lip’ (El insolente o Bocazas) y se proclamó campeón del mundo volteando todos los pronósticos.

  Ali

 

Y es que un supercampeón debe tener algo de insolente, y un ego por las nubes. Al final son los que se recuerdan en la historia del boxeo. Nos guste o no. Los grandes fanfarrones que vuelcan toda esa sobreestima que tienen en el ring para convertirse en invencibles. Como el bendito maldito Mayweather.  

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jueves, 04 julio 2013

Por Jesús Mínguez

Rubén Varón, ante su gran noche

Rubén Varón, delicia para la vista sobre el ring, tendrá por fin el combate grande con el que soñaba. Le llega con 34 años y 47 combates a sus espaldas. Y en casa. Será el 4 o 5 de octubre próximo en Madrid, el Europeo del peso superwelter frente al imbatido en 23 episodios Sergey Rabchenko. Le tiene que dar las gracias a Ricardo Sánchez Atocha, que con 91.000 euros de puja ganó la subasta al equipo del inglés Ricky Hatton, que dirige la carrera del bielorruso.

 

Es una apuesta de riesgo poner esa cantidad encima de la mesa. Pero es también una forma de decir ‘estamos aquí’. Un llamamiento a que la afición responda porque las últimas veladas organizadas por Rimerbox con lo mejor del panorama nacional, en La Cubierta o Vistalegre, económicamente no compensaron.

 

A Rubén Varón se le pretende arropar con la defensa del título de la UE del superligero de Rubén Nieto, otro púgil con capacidad de convocatoria. La condición de Rabchenko de número uno del ránking del Consejo Mundial del Consejo (Saúl ‘Canelo’ Álvarez es el campeón) da más empaque al Europeo, porque una victoria de Varón le podría catapultar hacia la realización del Mundial. Traer el combate a casa supone neutralizar un tanto el peligro de un final que se decida en las cartulinas. Desgraciadamente, esto es así.

 

Varonn

 

Varón, hijo de boxeador, se vio con 24 años disputando el Mundial frente a Felix Sturm. “Demasiado pronto”, recuerda. Y en 2010, en Liverpool, dejó a Matthew Macklin con la cara hecha un cuadro en la disputa del Europeo, pero los jueces le dieron la victoria al irlandés. Precisamente, el complutense ha ejercido en los últimos tiempos de sparring de los dos, ayudándoles a preparar compromisos en los que él podría figurar en el cartel. Es la ley de un deporte muchas veces desagradecido que se hace más duro en España.

 

Ahora, Varón parece estar en sazón. Listo para aprovechar una nueva oportunidad que sí parece llegar en el momento justo. Su mente, además, es más dura. Hace tres años, tres operaciones en su mano derecha estuvieron a punto de cerrar su carrera. Los médicos le aconsejaron que lo dejara, que no se arriesgara después de hacerle un injerto y extraerle el escafoides. Eso le hizo aumentar el trabajo con la mano izquierda y ahora maneja las dos con maestría. Creció en medio de la crisis. Merecía una gran noche en casa. Ojalá responda él y responda el público.

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martes, 09 abril 2013

Por Jesús Mínguez

Rigondeaux, el Federer del ring

Llegó, y todos nos frotamos las manos. Este sábado 13 de abril, en el Radio City Hall de Nueva York, cruzarán sus guantes Guillermo Rigondeaux y Nonito Donaire. Cubano exiliado en Estados Unidos y filipino acunado por las barras y estrellas en la dorada california. El Chacal y Flash. El primero con 32 años, el segundo con 30. Púgiles en su esplendor. Una bala y un relámpago. En juego está la unificación de los títulos del supergallo de la AMB y la OMB y sobre el ring una batalla digna de trasnochar.

 

De Nonito Donaire (31-1, con 20 KO’s) ya hemos escrito en este blog. Ha ido escalando desde el peso mosca, seguirá subiendo y resolvió sus últimos choques por la vía rápida frente a Toshiaki Nishioka y Jorge Arce. Es fiable y espectacular. Pero Rigondeaux puede ser su gran prueba.

 

  Donaire

 

Mirando el récord del cubano (11-0, 8 victorias por KO) se descubre una carrera corta. Pero hay que mirar más atrás. En su bata luce, en cada pectoral, los aros olímpicos. Los que le acreditan como campeón en Sydney 2000 y Atenas 2004 en el peso gallo. También tiene dos títulos mundiales. Detrás se descubre la escuela cubana perfecta en la técnica pero que en el paso al boxeo de pago no se ha quedado sólo en el martilleo mecánico de los puntos, sino que es poseedor de ese último golpe que marca la diferencia. Sólo hay que ver en los vídeos cómo su izquierda ascendente, casi invisible de lo rápido que viaja, impacta de lleno. Pero la derecha no se queda atrás. Dicen los libros que de amateur disputó 247 combates y perdió sólo cuatro.

 

Rigondeaux, como muchos otros de sus compatriotas, se hartó de las penurias de Cuba. En el 2007, en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, se escapó del equipo junto a Erislandy Lara. Como Yan Barthelemy, Yuriolkis Gamboa o Odlanier Solis quería probar fuera del amateurismo. Que llegaran los dólares porque el palmarés ya estaba lleno. Fueron deportados, apartados del equipo y en 2009 Rigondeaux consiguió recalar en Miami, la pequeña Habana.

 

El de Santiago es un placer para la vista. Es algo así como Roger Federer al tenis. Siempre bien plantado, con el centro de gravedad muy bajo, flotando sobre las puntas de los pies y esperando ver el hueco para con velocidad endiablada dejar un golpe final. Parece que no le cuesta esfuerzo desplazarse, siempre ligero, porque su físico y su juego de pies es de los que pertenecen a los elegidos.

 

 

 “Fue una decisión complicada, dejar a toda la familia atrás sin saber si los vas a ver en mucho tiempo. Mi niño está en Cuba y también toda mi familia”, recuerda estos días.

“En Estados Unidos todo me ha ido bien, porque puedo centrarme al cien por cien en mi carrera”, se consuela. Casi todos sus rivales han besado la lona. Pero ante su técnica y su pegada, Donaire es guardián de una tradición de guerreros filipinos acostumbrados a aguantar. Y es favorito en las apuestas. Pero yo no lo veo tan claro. Mejor no levantar la vista de la tele. El fogonazo puede llegar en cualquier momento. 

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martes, 29 enero 2013

Por Jesús Mínguez

EL BOXEO VUELVE AL PALACIO

Madrid tuvo un templo para el boxeo, a semejanza del viejo Madison Square Garden de Nueva York donde aún resuenan los golpes de Ali y Frazier. Fue el antiguo Palacio de los Deportes, inaugurado un 25 de febrero de 1960 por El Generalísimo “como paso para hacer de Madrid una sede de la Olimpiada”, según recogía el ABC ese día, y cuya memoria se esfumó entre las llamas que lo devoraron el 28 de junio del 2001.

 

En el nuevo recinto, que abrió sus puertas en 2005, los únicos cuadriláteros que se han instalado han sido para el pressing-catch y la lucha extrema. Un signo de los tiempos. Hasta este sábado, 2 de febrero de 2013, cuando entre sus paredes se dispute una velada de altura, con cuatro campeonatos de España (a última hora se cayó el Ferino V-Eloy Iglesias, lo que habría supuesto un récord). Estaba programada en La Cubierta de Leganés, pero seguirá clausurada en uno de esos coletazos incomprensibles del 'Caso Halloween' que acabó también con el cierre del Madrid Arena.

 

Una pata del triángulo fútbol-ciclismo-boxeo que soliviantaba al personal en los sesenta encontró su acomodo en la calle Goya. “Ya en 1960 se celebró la primera gran velada: el campeonato de España del welter entre Luis Folledo y José Ungidos (lo ganó el primero, púgil del barrio Las Ventas). Y a partir de ahí, se convirtió en auténtico referente”, recuerda Enrique Soria, actual presidente de la Federación Madrileña y por aquellos tiempos gloriosos mánager y preparador de Pepe Durán o Miguel Velázquez, que hicieron del Palacio su casa. En su gimnasio llegaron a entrenarse 300 boxeadores.

 

Palacio deportes ring

“En los sesenta y setenta cada velada era un acontecimiento. Por allí pasaban ministros, pudientes con sus queridas que desfilaban con abrigos de pieles... Se podían meter hasta 1.500 personas en las sillas de ring y el ambiente era espeso, porque la gente iba como al fútbol y a los toros, con su puro”, recuerda Soria, que vivió bajo aquella cúpula de treinta metros de altura días de gloria y expectación. Como ese mayo de 1971 en el que Pedro Carrasco, 'El marinero de los puños de oro', se coronó campeón continental del superligero frente a René Roque, y José Legrá besó la lona ante Ben Hassen.

 

“El boxeo tenía un poder de atracción tremendo y el recinto, que tenía capacidad para unos 15.000 espectadores, se llenó bastantes veces. Se llegaban a celebrar hasta dos veladas mensuales y la gente estaba como loca. Ese mismo año 71, el Palacio llegó a llenarse ¡con las finales de un Campeonato de Europa amateur!”. Los boxeadores eran ídolos populares y desde toda España llegaba gente para asistir a la experiencia de esas veladas que luego entraron también en las casas a través de la televisión.

 

Carrasco palacio deportes

El Europeo que ganó Carrasco a Velázquez en 1969, el Mundial superligero que se adjudicó luego el canario en 1976 frente a Muangsurin o la explosión de Urtain en 1970 cuando se proclamó campeón europeo de los pesados tras tumbar a Peter Weiland hicieron hervir el coliseo. “Para el combate de Urtain había reventa a 30.000 pesetas”. Luego, sólo Poli Díaz, frente a Bo Jacobsen en 1989, volvió a meter a 12.000 personas en el pabellón. Fue el último estertor en el Palacio de un deporte que había dejado de ser políticamente correcto. Ahora, el nuevo, por fin verá de un ring de boxeo entre sus paredes. Ojalá no sea la última vez.

 

 

PROGRAMA DE LA VELADA

SÁBADO 2 DE FEBRERO, desde 18:00

Nacional Supermedio (10x3)

David Sarabia - Mariano 'Tiburón Hilario

Nacional Semipesado

Adasat Rodríguez - Xesus Ferreiro

Nacional Supergallo

Ángel Lorente 'Lillo' - Sergio Prado 'Schuster'

Nacional Superligero

Rubén Nieto - Dani Rasilla

 La velada se completa con otros ocho siete combates profesionales y uno neoprofesional. Las entradas, desde 15 euros. Sirven las ya adquiridas para Leganés. Para información o entradas rimerbox@rimerbox.com


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domingo, 09 diciembre 2012

Por Jesús Mínguez

MÁRQUEZ, TONELADA DE RABIA

Una tonelada de rabia es lo que estaba concentrado en el puño de Juan Manuel Márquez. Una bomba cebada por dos derrotas y un nulo previos ante Manny Pacquiao que él consideró robos (yo tampoco tanto). Fue el desenlace fulgurante a una noche que caminaba claramente hacia una reivindicación del filipino, que venía de perder frente a Tim Bradley de forma injusta.

 

El currículum del diablo presenta dos señales rojas en sus últimos dos combates. Dos derrotas que pueden hacerle reconsiderar su carrera, a pesar de que sólo tiene 33 años. Su cuenta corriente (25 millones de dólares por el cuarto episodio ante el mexicano) debería estar llena. Y parece que quiere seguir ascendiendo en su carrera política en Filipinas. Pero el KO, como dicen los boxeadores, es sólo un accidente. Él demostró que estaba bien preparado, que se presentaba con ambición. Así que ojalá el accidente sea un acicate y no un freno para su carrera. Que aún puede ser más larga.

 

A Pacquiao le cegó el deseo de cerrar por la vía rápida el combate y dejó vía libre al misil de Márquez. Es lo que tiene el boxeo. Como debería ser. Que todo pueda ocurrir hasta que no suene el último gong. Juanma Márquez tuvo el premio que redondea una carrera de enorme campeón, en la tradición indomable de los mexicanos. Pero sería mejor que no abusaran. Otra revancha, un quinto choque, sería ya demasiada repetición. Queda bien como está. Con esa imagen brutal del KO. Aunque Pacquiao no recuerde nada.  División arriba división abajo los dos tienen rivales de fuste si quieren seguir deleitándonos. Los dos demostraron que están en sazón.

 

Pacqui

 

 

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viernes, 30 noviembre 2012

Por Jesús Mínguez

VUELVE EL FLACO

Ya escribí una vez que Joaquín Céspedes es uno de esos boxeadores que a uno le hacen 'tilín'. De esos en los que se ve algo diferente. Este domingo (2 de diciembre) vuelve al ring, y es de celebrar. Sonará 'Como el Agua' de Camarón y se supone que saldrá liado en un capote de boxeo (su hermano es sastre de toreros) con su inseparable Jero al lado. La cita es en el Gimnasio Emporio Barceló de Alcorcón (18:00 horas, 15 euros).

 

El Flaco va ya por los 28 años, que ahora en el boxeo no es mucho, pero desgraciadamente sufrió un parón tras protagonizar su mejor momento: victoria sobre Iván Ruiz Morote en septiembre del 2011 con la que consiguió el cinturón UE del supergallo. Luego se lesionó boxeando rente a Reynaldo Cajina en febrero de este año y tuvo que pasar por el quirófano para reparar un hombro. Hace unas semanas, cuando iba a disputar el Campeonato de España del gallo frente a Iván Pozo, en un guanteo un golpe de su colega Eric Pambani le reventó el tímpano. Otra vez al dique seco. Otro guantazo a la ilusión. 

 

BOXEO - EMPORIO BARCELO - Domingo 2 Diciembre 2012 - 18,00 h

 

Pero este domingo vuelve y su combate frente al rumano Marcus Benone le debe servir para coger confianza, para hacerle volver a la senda que debería llevarle a la disputa de títulos. Estará arropado por un enfrentamiento neoprofesional en el ligero (Moisés Lupu-David Rodríguez) y por otros seis amateurs. Bienvenido de nuevo, Flaco. 

 

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jueves, 29 noviembre 2012

Por Jesús Mínguez

LAS CUATRO CAÍDAS DE 'EL MÁS GRANDE'

El Consejo Mundial va a declarar estos días a Muhammad Ali 'Rey del Boxeo' en su convención. Buena ocasión para recordarle. La medida de un campeón en boxeo está grabada en su récord. En la fría estadística. Pero también se puede calibrar por las veces que ha caído y ha sido capaz de levantarse. A Muhammad Ali, considerado The Greatest, El Más Grande, le mandaron a la lona cuatro veces. Pero siempre volvió a ponerse en pie. Las contadas ocasiones en las que probó la amarga sensación de vacío, esas en las que un golpe le puso en posición horizontal, forman parte ya parte del imaginario del boxeo. Como los nombres de los cuatro valientes que pudieron cambiar la historia: Sonny Banks (1962), Henry Cooper (1963), Joe Frazier (1971) y Chuck Wepner (1975).

 

EL ESPEJISMO DE BANKS

Muhammad Ali era aún Cassius Clay, el chico que había llegado de los Juegos de Roma 1960 con una medalla de oro al cuello. El diamante que Angelo Dundee sacaba brillo a su lado para convertirlo más tarde en campeón del mundo. El 10 de febrero de 1962 era todavía un chaval de 20 años, menudo, que sí flotaba como una mariposa pero quizá todavía no picaba como las avispas. Había debutado dos años antes como profesional, en 1960, con dos victorias.

 

 

En 1961, ya con su desparpajo, sus rimas y sus predicciones sobre en qué asalto iba a tumbar a su rival, realizó la friolera de ocho combates. Todos con victorias. Hasta que en 1962 se plantó en el Madison Square Garden de Nueva York frente a Sonny Banks. Un púgil de raza negra, rápido también. En la corta distancia, en el primer asalto, Banks metió una mano al mentón de Clay que dio con sus huesos en el tapiz. Fue un espejismo. Rápidamente recuperó la verticalidad, acabó con la cuenta del juez y se fue a por Banks. En el segundo, fue el de Lousville el que le tiró. En el cuarto, la pelea se paró por inferioridad del de Detroit.

 

Banks pasó a la historia como el primer boxeador que casi noquea a Ali. Pero luego quedaría también en los libros por su trágica muerte. Tenía sólo 25 años y compaginaba el boxeo con un trabajo en la factoría de Ford en Detroit cuando en un combate contra Leotis Martin en Filadelfia recibió un golpe fatal. O el que sirvió de detonante para una lesión cerebral que le provocó la muerte con tan sólo 25 años.

 

EL GANCHO DE IZQUIERDA DE COOPER

Clay se presentó en Londres en 1963 con traje negro, bombín y una flor blanca en el ojal. Muy british. Genio prematuro de la mercadotecnia. Su destino era el estadio de Wembley, con 55.000 espectadores, un 18 de junio de 1963. Y su rival Henry Cooper. No había aún título mundial de por medio. Cooper, querido en Gran Bretaña como pocos y al que luego llamarían cariñosamente Our Henry, Nuestro Henry, pegaba mucho pero sangraba casi tanto. Tenía la piel fina y la imagen que dejó en las dos peleas que sostuvo con Ali fue la de un rostro sangrante, roto. La cara como un cuadro rematado a gruesos brochazos.

 

En Wembley se forjó una de esas leyendas de las que está llena el boxeo. Esta cierta, aunque muchas veces magnificada. Cooper, 29 años, había hecho que Ali, de 21, se comiera uno de sus espectaculares ganchos de izquierda sobre la campana. Visto y no visto en el cuarto asalto. La torre de ébano se desplomaba contra las cuerdas. Entonces, Dundee, preparador de Ali, soltó la famosa frase al árbitro Tommy Little: “Señor, el guante está roto y así no podemos seguir”. El barullo provocado consiguió que el descanso se prolongara durante seis segundos. Un aliento extra bendito para que el gigante americano tomara aire, ordenara su cabeza y saliera rabioso en el quinto episodio. La paliza era tan tremenda que Little paró la pelea. “Me despisté mirando a Elisabeth Taylor, que estaba en la primera fila”, fue la explicación que dio el soberbio Ali para justificar su casi KO.

 

 

Cooper murió el 2 de mayo del 2011 entre el cariño de un país que le reconoció como uno de sus grandes deportistas. Isabel II le había nombrado en el 2000 Caballero del Imperio Británico y la BBC le declaró dos veces ‘Personalidad Deportiva del Año’ (1967 y 1970). Eso, sin proclamarse nunca campeón del mundo de los grandes pesos una carrera de 17 años que saldó con 40 victorias, 14 derrotas y un nulo.

 

 

JOE FRAZIER, EL PRIMER VERDUGO

Los tres choques de Muhammad Ali con Joe Frazier construyeron la que se tiene por una de las grandes rivalidades del deporte. El choque de dos colosos que danzaron al borde de la agonía. Un episodio para Frazier, en 1971 en el Madison Square Garden, y otros dos para Ali otra vez en Nueva York en 1974 y el cierre del Thrilla in Manila de 1975. “Es lo más cerca que he estado de la muerte”, describió el Loco de Louisville esas batallas que engrandecieron la leyenda de los pesos pesados, esa división de gente enorme que se encierra en un cuadrilátero muy pequeño para dirimir quién es rey del mundo, rey del boxeo.

 

Alí deseaba volver a ser campeón mundial, después de haber permanecido castigado durante casi cuatro años por negarse a cumplir el servicio militar y luchar en Vietnam. Había vuelto con dos victorias, frente a Jerry Quarry y sufriendo ante Ringo Bonavena, pero Frazier era otra cosa. Era una roca que había unificado los cinturones de los pesados en su ausencia.

 

Todos los focos apuntaron esa noche al Madison. Las mofas de Ali, llamando “feo gorila” a Frazier y acusándole de ser el favorito de los blancos, habían calentado al máximo el ambiente. “¡Eres demasido feo para ser campeón del mundo. El campeón debe ser bonito como yo!”. La humillación a la que Ali sometía a sus rivales antes de cruzarse, Frazier la había transformado en rabia. La promoción de la pelea lo presentaba como El Combate del Siglo y la bolsa para cada uno ascendía a los 2,5 millones de dólares. Cifras enormes cuando el excampeón no era el que fue. Durante los quince asaltos, el de Filadelfia dominó la corta distancia y también el castigo.

 

 

Norman Mailer pudo contar lo que nadie había visto. Y Frank Sinatra recogerlo en fotografías para Life. En el 15º asalto, un gancho de izquierda de Frazier tumbaba a Ali. Se levantó. Resistió como pudo las andanadas y al final acabó en pie. Pero la decisión de los jueces fue unánime: Frazier ganador a los puntos. Tras 31 combates, llegó la primera derrota del gran Ali. No podía ser ante otro que ante el gorila feo, herido en su orgullo.

 

CHUCK WEPNER, EL PERDEDOR QUE INSPIRÓ ROCKY

Una foto inmortaliza el momento en el Coliseum de Cleveland. Es el noveno round. Chuck Wepner, un modesto boxeador ya con 35 años que iba a cobrar sólo 100.000 dólares por los 1,5 millones del campeón del mundo, pisa con su pie derecho el izquierdo de Ali. Unas décimas de segundo antes, le había conectado una derecha pesada al cuerpo. La combinación de los dos factores lleva a Ali a caer contra las cuerdas. El referee Tony Pérez inicia una cuenta de protección un tanto polémica a Ali. ¿Influyó el pisotón para desequilibrarle? Los adoradores de El Más Grande lo ven más un derribo que una caída por efecto del golpe. Pero ahí está. En los registros. En una foto y negro sobre blanco.

Wepner

 

 

Mas a Wepner se le conocía como Bayonne Bleeder (el Sangrante de Bayonne, la localidad donde nació) por su gran facilidad para acabar los combates hecho un Cristo. Cosa que ya le había ocurrido contra George Foreman o Sonny Liston. Y a partir del noveno round y de la cuenta de protección a Ali, su aspecto fue tornándose peligroso por los abundantes cortes que le infligió el de Louisville, recuperado de ese golpe al cuerpo que le sacó el aire. Quedaban sólo 19 segundos cuando la torre de ébano le tumbaba, pero fiel a su estilo de gladiador, de perdedor con orgullo, Wepner se puso en pie. El árbitro decidió parar el combate. El castigo era tremendo.

 

 

Así acabó su momento de gloria. Y Silvester Stallone vio en ese boxeador blanco, tambaleante pero siempre digno, una inspiración para Rocky. La película se estrenaría un año y medio después y ganaría el Oscar. Wepner, que no llegó a campeón del mundo como El Potro italiano, demandaría después a Stallone por los derechos de la película. Ni tumbó al actor-director en los tribunales y consiguió dar KO a Ali. No estaba en su destino. 

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