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El blog de Jesús Mínguez

Ningún deporte es tan parecido a la vida. El boxeo tiene sus héroes, sus villanos, sus millonarios y sus desheredados. Sus artistas y sus guerreros. Y su cine, sus libros, su música… Te invito a asomarte a este ring

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jueves, 03 noviembre 2016

Por Jesús Mínguez

Los primeros viernes de mes, al boxeo en La Cubierta

'Los primeros viernes de mes, al boxeo a Leganés'. Así, a ritmo de pareado, de estribillo de canción de otoño, La Cubierta convoca desde este día 4 a los aficionados al boxeo a unas veladas que se van a suceder siempre ese día. El primer viernes de mes. Con continuidad y regularidad. Coja un rotulador rojo y rodee ya cada primer viernes de los próximos meses. Ya sabe que tiene cita.

 

Los recintos de boxeo tienen alma. Y el Madison o el MGM español (salvando las diferencias, claro) de las últimas décadas ha sido La Cubierta, que en 1999 vio coronarse a Javi Castillejo campeón del mundo superwelter del Consejo frente a Keith Mullings, en una noche mágica que congregó a 15.000 aficionados en un ambiente eléctrico. Desde entonces, principalmente Ricardo Sánchez Atocha ha recurrido a la plaza para las grandes noches, cada vez menos, que se han ido sucediendo desde entonces. La última, el Europeo del superligero Rubén Nieto-Nico González. Eso sí... nunca como esa noche del Lince.

 

Javi

Ahora, los dueños del coso, encabezados por Julio Torres y bajo el paraguas de 'Promotora La Cubierta' van a intentar con modestia reverdecer laureles. No se pretende llenar un recinto que, hoy por hoy, es imposible que reviente. Con un formato más modesto, sillas en el ruedo y una programación equilibrada (la clave) lo que se pretende es ir fidelizando a una masa que anda un tanto perdida, dando vueltas por Torrejón, Alcalá, San Sebastián de los Reyes, Fuenlabrada... Muchas veces a horas intempestivas (por lo que se rogaría que no hubiera un boxeador sobre el ring a medianoche, por favor).

 

Box

 

Para abrir boca, unos novedosos Campeonatos de Madrid paridos por Emilio Marquiegui. Fran Suárez y Rubén Rodríguez por el del superligero y Álvaro Rodríguez 'Ardy' contra Álex Mora por el del supergallo. Para el 2 de diciembre, campeonato de España del ligero entre Eloy Iglesias y Pablo Fuego. La experiencia demuestra que, en los últimos tiempos, las mejores veladas (así lo hicieron Atocha y Jose Valenciano cuando fraguaron su alianza) se vivieron con programaciones ajustadas, equilibradas, entre púgiles españoles. Y muchos andamos ya un poco hartos de echar la noche en cualquier pabellón sin enfrentamientos de poder a poder y caídas de cartel recauchutadas a última hora con cualquier boxeador cogido al vuelo.

 

Así que hola de nuevo a La Cubierta, suerte, valor y al toro. Castillejo estará este viernes, también, en Leganés, para recibir un aplauso, recordar el bombazo ante Mullings y apadrinar la nueva vida de La Cubierta. Por muchos viernes.

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lunes, 02 mayo 2016

Por Jesús Mínguez

A por Europa: Tiburón, Chaca, Medina...

El mes de mayo y el arranque de junio se vivirá en clave europea para el boxeo español. Porque van a ser muchos los compromisos al asalto de cinturones continentales y UE. Lo malo es que todos serán fuera. 

 

La apuesta será fuerte comienza este viernes 6 de mayo en Noisy-le-Grand, cerca de París. Allí, el navarro Rubén Díaz se medirá a Howard Cospolite por el cinturón vacante UE del peso medio. El navarro, de 36 años y con un récord de 21-1-2 está ante el combate más importante de su vida. En la misma velada, Nabil Krissi (12-0-0) va también ante el vacante EU del welter contra Mohamed Mimoune. Para cerrar el cartel, Mariano 'Tiburón' Hilario intentará recuperar un título que ya tuvo (EU supermedio), y que ganó ante el mismo rival en 2014, Samy Anouche. Al Tiburón le pesó bastante su derrota en casa, en Fuenlabrada, cuando intentó conseguir el título de campeón de Europa. Dos salidas a Estados Unidos, con debut en Las Vegas incluido, se saldaron con derrotas. Y es un boxeador al que hay que recuperar. Hace falta. 

Gallego

 

Para el 27 de mayo está programado el Cedric Vitu-Isaac Real 'Chaca' (15-1-1) por el Europeo del superwelter. El boxeador de Gallego Prada ya sabe lo que es ser campeón de Europa. Y tiene una buena oportunidad frente al galo en el Cirque d'Hiver de París. Vitu viene de ganar consecutivamente a Roberto Santos y Rubén Varón en dos defensas. Un púgil experimentadísimo (42-2-0), muy incómodo pero sin pegada ante el que tendrá que estar listo Chaca. El francés ya demostró ante el Tigre que sabe terminar los rounds puntuando.

 

¿Que quién es Chaca? Un boxeador con pegada, y mucho flow. Para conocerle, mejor escucharle rapear con su grupo 'Rosa Rosario'. El de L'Hospitalet se presenta solo: campeón de barrio obrero. Guapísimo. 

 

 

 

Y para cerrar, Abigail Medina (15-3-2), nacido en la República Dominicana y afincado en en Barcelona, boxeará en Liverpool el 4 de junio por el EU del superwelter. Su rival, Jazza Dickens (22-1-0, 25 años), un púgil local que los ingleses están cociendo lentamente y que buscará su primer título frente a 'Bebe', que ya sabe lo que es lucir esa faja. 

 

Ahora sólo queda buscarse la vida para intentar verlos... Otra pelea para todos a los que nos gusta el boxeo. 

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martes, 05 abril 2016

Por Jesús Mínguez

¿En cuántos pesos ha sido campeón Pacquiao?

Manny Pacquiao se va. O no, porque en esto del boxeo los amagos fuera del ring son tan frecuentes como dentro. Nunca digas nunca jamás ante una buena bolsa, ya sabe usted. Con 37 años, será su fin si pierde frente a Tim Bradley este sábado en el cierre de la trilogía en el MGM de Las Vegas. Si vence y convence, le llegará enseguida el tintineo desde la esquina de Canelo, Khan, Mayweather o quien sea…Y veremos si se lo piensa.

 

Pero espantemos especulaciones. Está claro que si pone punto final a su carrera, este será el una estrella. Un grande. ¿Por qué? Primero porque su boxeo emociona, nunca ha especulado, ha dejado huella, se ha pegado con los mejores y ha generado 1.000 millones de dólares en PPV. Algo sólo al alcance de Mr. Money Mayweather. Deportivamente pocos le tosen.

 

Brad

 

¿Pero en cuantos pesos ha sido campeón mundial Pacquiao? El aparato de márketing de Top Rank, la promotora del viejo zorro Bob Arum, siempre habla de ocho divisiones. Un récord, una burrada. Pero no es del todo cierto. Tiene trampa. El diablo de General Santos sólo (disculpen el ‘sólo’) ha ganado títulos de las cuatro organizaciones reconocidas (Consejo Mundial, Federación Internacional, Asociación Mundial y Organización Mundial) en seis. Y es verdad que con esos seis ya hay que quitarse el sombrero. Óscar de la Hoya también logró coronarse en seis, entre 1994 y 2004 del superpluma al medio (lineal). El Pacman ha ido saltándose algún escalón y ha realizado campeonatos en ocho divisiones: de los 50,802 kilos del mosca a los 69,853 del superwelter.

 

A Pacquiao (57-6-2) hay dos títulos mundiales que no se le deben reconocer internacionalmente. Primero, el cinturón del pluma de The Ring que ganó frente a Marco Antonio Barrera en 2003. Segundo, el de la Organización Internacional de Boxeo del superligero, cuando destrozó en 2009 a Ricky Hatton en sólo dos rounds.  Estos son los seis que se deben contar (datos de ESPN boxeo).

 

-Mundial mosca CMB con  Chatchai Sasakul.

En diciembre de 1998, y tras 24 combates profesionales, Pacquiao se plantó en Tailandia a amenazar al campeón. Noqueó en ocho asaltos a Sasakul. Perdió el cinto en la siguiente pelea: cayó en tres asaltos con Rústico Torrecampo.

Sasa

 

-Mundial supergallo FIF con  Lehlo Ledwaba

Su debut en EE UU, el 23 de junio de 2001. Pero no como estelar, sino dentro de la velada del Óscar de la Hoya-Javier Castillejo. Ganó al sudafricano por KO en seis asaltos ya con Freddie Roach en la esquina. Lo defendió cuatro veces, con tres victorias y un empate.

 

-Mundial superpluma CMB con Juan Manuel Márquez

Tras un nulo con el mexicano Márquez, en el segundo pleito, en marzo de 2008, se jugaron el mundial superpluma CMB. El filipino ganó por decisión dividida y con polémica. No llegó a defender el título.

Mar

 

-Mundial ligero CMB con David Díaz.

En junio de 2008, liquidó al estadounidense en el noveno asalto. Un Pacquiao en plenitud. Tampoco hizo defensa, y subió al welter para medirse a Óscar de la Hoya y ganarlo en una noche de las que se recordarán siempre, lo que le acabó lanzando definitivamente al estrellato.

 

-Mundial welter OMB con Miguel Cotto.

El diablo estuvo en su salsa contra el boricua en noviembre de 2011. Le tiró dos veces al piso y lo noqueó en el último round. Defendió tres veces el título. Luego lo volvió a conquistar en 2014 ante Bradley, precisamente, que le había derrotado con muchísima polémica en 2012. Lo volvió a defender y se lo acabó arrebatando Floyd Mayweather en el cacareado ‘combate del siglo’ que se desinfló en el ring.

 

-Mundial superwelter CMB con Antonio Margarito.

Es el escalón más alto de peso en el que ha peleado Pacquiao. El imponente campo de los Dallas Cowboys sufrió con el durísimo mexicano, pero acabó ganando por decisión unánime. Ya era campeón en seis divisiones.

 

 

 

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viernes, 12 febrero 2016

Por Jesús Mínguez

Mike Tyson, toda la verdad

'Mike Tyson, toda la verdad' (Duomo Ediciones, 2015), la alucinante y alucinógena biografía del campeón de los pesos pesados, lleva ya unos meses publicada en España. Desde que se lanzara en Estados Unidos en 2013, son muchísimos los episodios que se han ido conociendo de forma fragmentada. Pero merece la pena hundirse y bucear en sus más de 500 páginas para recomponer el puzzle. El escritor Larry ‘Ratso’ Sloman fue el hilo que tejió, a través de meses de conversaciones caóticas con Tyson, una historia más centrada en la senda de autodestrucción del personaje que en el boxeo. La de un hombre que jamás pudo escapar de Brownsville, el gueto de Brooklyn donde creció, donde abusaron de él, donde dio y recibió palizas, donde vio acostarse a su madre dominada por el alcohol con muchos hombres sin nombre, donde sus amigos cayeron baleados, donde robó y se inició en el laberinto primero dulce y luego sin salida de la droga.

 

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Brownsville era un agujero infecto, sin futuro, del que le sacó el boxeo. Tyson, como Poli Díaz, no acabó mal por el boxeo. Sino que acabó así pese al boxeo, que llegó a salvarle de una muerte prematura casi segura. De no haberse subido al ring, posiblemente ya no estaría vivo. Pero la máquina de hacer dólares, y de quemarlos casi a la vez, en la que se convirtió el boxeador con sus KO’s no pudo olvidarse nunca de Brownsville. Allí volvía una y otra vez a encontrar droga, a acostarse con prostitutas, a llevarse a los pandilleros a clubes de moda, a rebozarse —aunque fuera llegando en limusina o en un Lamborghini— en el estiércol. En su barrio. Entre gente que no conoce el significado de la palabra ‘futuro’. Una peligrosa atracción genética de la que ni el deporte ni el dinero consiguieron apartarle nunca.

 

Porque es increíble que la adicción a las drogas (marihuana, cocaína, LSD, alcohol…) y al sexo, de las que en el epílogo dice Tyson haberse limpiado, no acabaran con él en una cuneta fulminado por un balazo o un infarto. ‘Toda la verdad’ es un relato que llega a revolverte el estómago, pero en él se encuentra también una conmovedora historia de amistad, amor y superación, para mí la más interesante. Cus D’Amato, un viejo entrenador de boxeo, le sacó con 13 años del Tyron School for Boys, un reformatorio, para acogerle y entrenarle en su casa de Catskill. “El gimnasio de Cus era una antigua sala de reuniones municipal situada sobre la comisaría de policía local. No disponía de ventanas, por lo que habían colocado viejas lámparas”, recuerda ‘Iron’ Mike sobre ese escenario de película de Clint Eastwood. Allí, ese tipo que “no tenía un solo músculo feliz en su casa” espetó al que iba a ser su pupilo, tras una primera sesión de sparring: “Si me haces caso, puedo convertirte en el campeón del mundo de boxeo más joven de la historia”. Vio en un joven desesperado a una bestia a la que domesticar.

 

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En Catskill, D’Amato le dio a Tyson una enciclopedia en blanco y negro de boxeo a través de la que conoció a Benny Leonard, Harry Greb y Jack Johnson. “Yo quería ser como esos tipos; daba la impresión de que para ellos no había reglas. Trabajaban duro, pero en sus ratos libres se limitaban a holgazanear y la gente se les acercaba como si fueran dioses”, cuenta Tyson, que también accedió allí a grabaciones antiguas de Jack Dempsey o Joe Louis que se pasaba hasta diez horas viendo. “A veces estaba tan concentrado que me metía en la cama con los guantes puestos. Era un animal que soñaba con un Mike Tyson que se convertía en un gran luchador. Sacrifiqué todo por el objetivo”, recuerda el púgil en el libro.

 

El viejo Cus fue quien lanzó la carrera de Floyd Patterson, también campeón mundial de los pesados que le abandonó cuando llegó la fama, y llegó a enfrentarse a mafiosos como Frankie Carbo que controlaban el boxeo, era socialista, admirador del Che y Fidel, odiaba hasta la náusea a Ronald Reagan y tampoco andaba muy bien de la azotea. Pero convirtió a Mike en una máquina de pelear. En la cabeza de Tyson metió la idea de destruir al rival, de borrarlo, de atemorizarlo a él y a todos los que vieran sus combates. Y con 14 años le hizo debutar en un ‘fumadero’ del Bronx. “Se los llamaba así porque el aire estaba tan cargado de humo de cigarrillos que apenas podías ver al tipo de al lado”. Peleas ilegales, sin médico y rodeados de apostantes. Un puertorriqueño cuatro años mayor le duró tres asaltos en su estreno.

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“Me imaginaba que iba a combatir contra todos aquellos que habían abusado de mí de más joven —recuerda Tyson—. Era hora de ajustar cuentas. Nadie iba a meterse más conmigo”. D’Amato cinceló el granito de Tyson, pero también lo endureció al extremo con una resina de filosofía vital extrema. Canalizó su odio hacia la demolición en el ring. “Siempre que mostraba la menor señal de humanidad en un combate, Cus me lo censuraba. Algún rival intentaba a veces estrecharme la mano en un gesto de deportividad. Si les correspondía, Cus perdía la cabeza”.

 

D’Amato llevó a Tyson a firmar un contrato de representación con Bill Cayton y Jimmy Jacobs en 1984. Y tras 27 combates como profesional, casi todos resueltos antes del límite en una carrera frenética, llegó la posibilidad de disputar el Mundial CMB a Trebor Berbick al que ganó por KOT en noviembre de 1986. Con 20 años, era el campeón más joven de la historia. Pero esto no lo pudo ver su ‘padre’ Cus, que había muerto en 1985. Su primer recuerdo fue para él. Y también una reflexión: “Recordé una cita de Lenin que había leído en uno de los libros de Cus. ‘La libertad es algo muy peligroso. La racionamos con suma cautela’. Aquella era una declaración a la que debería haber prestado atención durante los años que siguieron”. Tyson encontró la libertad para huir de ese Brownsville físico e imaginario al que siempre volvía pero no pudo. Era ‘el hombre más malvado del planeta’ y se sintió cómodo en ese papel que acabaría hundiéndole. Luego supo que D’Amato, antes de morir, abrió un fondo de pensiones a su niño grande. Sabía que, en la cima y sin él, se puliría todo. Que el dinero no le haría libre.

 

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Porque ‘Toda la verdad’ refleja que, después de ganar el cinturón, todo lo que rodeó a Tyson fueron problemas. Don King le desplumó, exprimió, engañó, y cuantos sinónimos se puedan encontrar. Tyson pasó por la cárcel acusado de una violación de Desiree Washington que él sigue negando haber cometido (el juicio, según se cuenta en el libro, tuvo bastante de farsa). En el trullo leyó ‘El Conde de Montecristo’ de Dumas y se identificó con el protagonista. “Al igual que yo, se había visto engañado por sus enemigos y arrojado a prisión. Pero no se quedó ahí quieto amargándose; maquinó su futuro éxito, su venganza”, recuerda. El terror del ring se tatuó a Mao y se convirtió al Islam y “en antisistema”. Cuando salió de prisión, Don King le recibió en una limusina llena de botellas de Don Perignon y contratos para volver a boxear por 200 millones de dólares. La tentación volvía a llamar a la puerta del rey del gueto. “Yo era siempre el medio para conseguir que alguien apareciera en televisión o que su nombre fuera mencionado en los periódicos. El diablo se lo pasaba de miedo conmigo”, reconoce.

 

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Tyson gastó millones en abogados por todo tipo de demandas que le caían. El hombre más malvado del mundo, el deportista mejor pagado del universo, ya estaba prejuzgado en todas ellas. Casi todos los que se acercaron a él lo hicieron al olor de los dólares. Los que le quisieron y aguantaron, como su esposa Mónica, acabaron hartos de salvajes infidelidades, noches en vela al ritmo frenético de la cocaína, recorridos por suites y clubes de strippers de Las Vegas y clínicas de desintoxicación.

 

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El relato que corre entonces paralelo al boxeo, en el que su llama se fue apagando, es brutal. Muchas veces nauseabundo. “Tenía tanto dinero que me era imposible llevar la cuenta”. Igual perdía una bolsa con un millón de dólares que compraba todos los Rolls-Royce de un concesionario para su equipo. O adoptaba cachorros de tigre para su mansión de Las Vegas que podían arrancar la cabeza de cualquier miembro de su familia y pagaba 2.5000 dólares semanales a su cuidador. Siempre colocado, trampeando controles de drogas antes y después de los combates.

 

Todo se esfumó entre mansiones que parecían hoteles que no llegaba a habitar, inversiones mal llevadas, leguleyos… Todo. Tyson acabó en la ruina, mendigando cocaína, arrimándose a mafiosos rusos o chechenos que le pagaron droga y chicas en un tour surrealista por Europa. En la pobreza. En cierto modo, volvió a Brownsville aunque siguiera en Las Vegas. Con Kiki, su última esposa, y los shows contando su descarnada historia por teatros parece haberse calmado. Pero el diablo seguramente sigue dentro del campeón del mundo de los pesados, que acabó con un récord de 50-6 con 44 KO’s . En ese Tyson que no es así por el boxeo, sino que era así antes del boxeo.

 

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Tyson siempre ha buscado consuelo en sus palomas. Palomas volteadoras que cría y con las que encuentra momentos de paz. Y en el libro deja una cita que puede resumir el porqué de esa afición y de su vida. “No resulta sorprendente que sienta afinidad por las palomas volteadoras. Es un espectáculo verlas ascender más que el resto de las aves, volar hasta lo más alto del cielo y de las nubes para luego descender dando volteretas y más volteretas hasta que, con suerte, consiguen enderezarse y evitar darse de cabeza contra el suelo. La descendencia de dos grandes volteadores es incapaz de hacerlo. Dan volteretas a tal velocidad que crean un efecto succión que les impide abrir las alas y explotan con el impacto. A nosotros nos puede parecer terrible pero, si nos metemos en el corazón de esas aves, no existe nada comparable a la sensación de caer en picado haciendo volteretas. Supone un bufé libre de endorfinas, dopamina y adrenalina. Algo parecido a esnifar cocaína y beber Hennessy mientras estás enchufado a un gotero con morfina. Mis padres fueron dos grandes volteadores. Me criaron para ascender a lo más alto del cielo y precipitarme contra el suelo. Estoy profundamente agradecido de haber dado con mis alas antes del impacto”.

 

Tyson, el hombre que lo tuvo todo para volar de Brownsville y nunca se olvidó del gueto. ¿Hacia dónde le acabarán llevando las alas?

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martes, 17 noviembre 2015

Por Jesús Mínguez

Cotto-Canelo, el otro clásico

Ahora que se viene el Real Madrid-Barcelona, en el boxeo también llega un clásico el próximo sábado 21 en el Mandalay Bay de Las Vegas. Un Puerto Rico-México encarnado en el Miguel Cotto-Saúl 'Canelo' Álvarez. Casi nada.

 

Porque el boxeo parece estar en los genes de los dos países, en su cultura, en su vida diaria. Las cifras bailan, por el baile de organismos que confunden a este deporte, pero a grosso modo México ha dado unos 170 campeones del mundo y los boricuas presumen de unos 70. La rivalidad, que ha tenido muchos episodios gloriosos, como quedó mejor retratada fue en el Julio César Chávez-Héctor 'Macho' Camacho, donde el de Sinaloa defendió (victoria por decisión unánime) en Las Vegas en 1992 su cinturón superligero CMB. El showman Camacho calentó el combate con su verborrea, y se desató la batalla...

 

Más comedidos son Canelo y Cotto. Pero es de esperar mucha tralla, porque los dos tienen los puños pesados. Miguel Cotto, heredero de otros púgiles boricuas como Wilfredo Gómez, Wilfredo Vázquez o Tito Trinidad, ha sido ya campeón en cuatro divisiones. Es un ídolo en el Madison de Nueva York, y en su tierra, y sale de su zona de confort para medirse al mexicano, que es diez años menor (35 frente a 25). Cotto (40-4, 33 KO's) sólo ha perdido frente a Floyd Mayweather, Manny Pacquiao, Antonio Margarito y Austin Trout. Es duro como una roca, inteligente, con pegada y en su esquina está Freddie Roach, el mediático técnico del filipino PacMan. Cuando se ha necesitado un rival de nivel, espectáculo, ahí ha estado él. Es de los que habla más sobre el ring.

Cotto-canelo-oficial

México confía en su Canelo, apodado así por el color de su pelo. El de Jalisco lleva ya 44 combates en 25 años, una carrera que sólo se puede construir así en México. Y le ha dado para ser campeón mundial CMB del superwelter. Tiene un nulo en sus inicios, ha ganado 32 antes del límite y sólo Floyd Mayweather -quién si no- le derrotó en septiembre de 2013. Desde entonces ha crecido. Detrás está la máquina publicitaria del gran Óscar de la Hoya (Golden Boy Promotions) que quiere hacer de él un nuevo chico de oro.

 

Las apuestas en el Sportsbook del Mandalay Bay dan ganador por 3 a 1 al mexicano. Pero con Cotto delante jugarse el dinero es arriesgarse a perder. En las últimas horas, la previa se ha ensuciado con el anuncio del CMB de retirar al boricua el cinturón mundial del peso medio, que arrebató a Sergio 'Maravilla' Martínez y defendió con solvencia contra Daniel Geale. Iba a ponerse en juego. Desacuerdos monetarios han motivado la decisión. Si gana Canelo, será el nuevo campeón. Si no, el cinto pasará a Gennady Golovkin, monarca FIB y AMB, que es ahora el campeón interino. El CMB había ordenado que el ganador del Cotto-Canelo se midiera al kazajo. Detrás de la decisión del puertorriqueño aparece más una negativa a tener que vérselas luego con Golovkin. Canelo tampoco tiene muchas ganas, así que de ganar podría dejar el mundial vacante. 

 

Tras el fiasco del Mayweather-Pacquiao, el mundo del boxeo pone velas para que el combate sea de los que se recuerden. Dos países, México y Puerto Rico, se paralizarán. Estados Unidos pone su mejor escenario, y el PPV de la HBO, para un evento que dará grandes ventas. En la cartelera entró a última hora el elegante (y desgraciadamente evitado) Guillermo Rigondeaux contra el filipino Drian Francisco. Y Takashi Miura defenderá su Mundial superpluma CMB contra otro mexicano, Francisco Vargas. El poder latino toma Las Vegas. También hay clásico.

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lunes, 15 junio 2015

Por Jesús Mínguez

'Hasta la victoria siempre', Maravilla

Sergio ‘Maravilla’ Martínez se retira. “Si pierdo con Cotto, será la última”, dijo antes de subir al ring del Madison Square Garden en junio del año pasado. Entonces, y después de un año sin boxear tras llenar el estadio de Vélez frente a Martin Murray en una de las grandes explosiones del deporte argentino de los últimos años, se puso delante del killer puertorriqueño y sus maltrechas rodillas le jugaron una mala pasada.

 

Pero para un tipo que ha ido ganando partidas a la vida a dentelladas no era la mejor forma de despedirse. Así que ha esperado doce meses para confirmar oficialmente su adiós, confiado en que la visita a los médicos le diera una luz para hacer otro combate de despedida. Para no irse con el mal sabor de boca de la derrota. No será así. No importa. “Daré un paso a un lado antes de que el boxeo me obligue a darlo atrás”, me dijo el día antes de enfrentarse a Miguel Cotto. Y ha sabido darlo. Con 40 años, queda su historia, su boxeo heterodoxo de manos bajas y piernas rápidas, su historia de superación. Y le seguiremos viendo por las veladas, porque su promotora Maravillabox ha traído también aire nuevo a un panorama, al menos en España, que corría el riesgo de apolillarse.

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Conocí a Sergio cuando todavía no era maravilloso. Le había visto boxear en una velada de Canal+ y me quedé prendado por su estilo, por sus condiciones, por esa zurda que viajaba como un látigo impregnado de veneno. Un día que me acerqué al gimnasio del Rayo para hacer un reportaje a Javi Castillejo, lo encontré entrenando allí. “Este es tan bueno que no quieren pegarse con él”, me dijo, más o menos, Ricardo Sánchez Atocha, que por entonces le buscaba combates en España, a donde había llegado sin blanca huyendo del corralito y donde un papel que llevaba en el pantalón con el teléfono de Pablo Sarmiento le salvó de acabar tirado. Gabi, un exboxeador, le cogió la llamada cuando llegó a Madrid sin nada, porque le habían robado el equipaje en el viaje. Fue la tabla que apareció a tiempo para que no se ahogara el náufrago. La otra fue Miguel de Pablos, que ha sido y es su sombra y le ha ayudado a manejar los negocios.

 

A raíz de ese encuentro en los bajos del campo del Rayo, le hice una pequeña nota a Sergio en el AS porque compaginaba sus entrenamientos con trabajos esporádicos de modelo, portero de discoteca, ayudante en gimnasios… Luego me enteré de que además había tenido que recurrir a la caridad de Caritas para aguantar tiempos malos y que incluso estuvo bastante tiempo sin papeles, arriesgándose a ser mandado de vuelta a Argentina. Entonces, no salían quejas de su boca. Aguantaba estoico el sacrificio, como esa manía de Sarmiento de levantarlo a las cuatro de la madrugada a correr, para ser alguien en el boxeo.

 

Como el lema del Ché que adoptó (‘Hasta la victoria siempre’) Maravilla nunca dejó que la vida le derrotara. Para comprobarlo, ruego encarecidamente que quien pueda lea su autobiografía ‘Corazón de Rey’. Consiguió ir a boxear a Inglaterra contra Richard Williams y el 21 de junio de 2003 su carrera vivió un punto de inflexión. “Allí comenzó todo a nivel internacional. El haber ganado el título mundial de la IBO me hizo convencerme de que estaba para las grandes ligas. Caí al suelo varias veces, vi a mi padre en las sillas de ring y di la vida entera por ganar. Me dejé mucha salud en ese combate y muchas fracturas, pero valió la pena”, me contó un día en Alovera delante de un café. Era 2011, y la gente le miraba extrañada cuando cargaba por la plaza mayor con sus cinturones de campeón del mundo del superwelter y el medio. Nadie le conocía. Nadie le paraba. Era como un extraterrestre caído de otro mundo. Alovera, y después Madrid, eran su refugio frente al ajetreo de Estados Unidos.

 

Maraalovera

 

Porque al otro lado del charco ya era una celebridad. En 2007 había conseguido un combate contra Saúl Román en Houston y ganó por KO en el cuarto asalto. En 2010 se proclamó campeón mundial al derrotar a Kelly Pavlik, y lo defendió con Paul Williams, al que recetó un KO impresionante —el mejor del año—.

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Luego, dejó el título para hacer un favor al Consejo Mundial y que lo pudiera pelear Julio César Chávez, y se vio envuelto en un entuerto, con el mexicano evitándole. Cayeron también Dzinziruk, Baker o Mcklin… y llegó por fin su gran noche frente a Julio César Chávez Jr. en Las Vegas. La gran exhibición contra el mexicano y contra el mundo después de un largo litigio con el Consejo Mundial de Boxeo, organismo al que hizo un favor renunciando a su título del medio pero luego no quería darle la oportunidad de recuperarlo.

 

 

 

En el Thomas & Mack Center de Las Vegas puso en práctica su filosofía. Esa que nos desgranó a veces en la redacción de AS y que muchos no entendían. La guardia baja: dar y no tomar. "En Ali está el ABC del boxeo. El boxeo está mal desde la base. ¿Por qué no enseñan a boxear como Ali? Él, Sugar Ray Robinson y Leonard peleaban con la guardia baja. Ahora te enseñan a estar firme, cerrado, cruzado. En el boxeo importan el tiempo y la distancia, engañar al rival. No voy a ganar por pegar más, sino porque no me peguen. El boxeo no es posicional, es mental. Hay que trabajar para recibir poco. Mientras otros sigan con la teoría contraria, mejor para mí”, desgranaba con su verbo fácil, ese que ahora le hace triunfar también sobre las tablas de los teatros con un monólogo.

 

De Maravilla queda su boxeo, pero sobre todo la lección que ha dado en España, Argentina o Estados Unidos de cómo puede ser un boxeador. De cómo debe ser un deportista en suma. Amable, educado, listo y a la vez inteligente, exigente, humilde, perseverante y sacrificado. El boxeo es superación desde el mismo momento que exige algo tan crudo como encerrarse un cuadrilátero para cruzar golpes. Su historia personal y profesional es una lección en ese sentido. En la era de Pacquiao y Mayweather, saliendo desde Claypole y pasando por Vallecas, Sergio ‘Maravilla’ Martínez llegó a codearse con los dos monstruos en el ránking ‘libra por libra’. Sólo le faltó que ‘Money’ hubiera atendido la llamada para pelear contra él. Esa que le hubiera bañado totalmente en oro. De los 840 euros que cobraba de bolsa en 2007 por boxear en Aluche a las ocho cifras. 

Mara rey

 

Mi inmersión en el mundo del boxeo y mi trabajo como periodista han ido paralelas también a la carrera de Sergio sobre el ring. Me ha abierto su casa y su gimnasio siempre que se lo hemos pedido. Cuando entrenaba en California, Miami o Las Vegas y los medios de EE UU y Latinoamérica le acribillaban, no se olvidó de guardar un hueco para atender a los colegas de Madrid, esos que comenzaron a seguirle cuando no era maravilloso. Se va el boxeador, pero nos queda un gran tipo. Enorme. ¡Hasta la victoria siempre, Champ!

 

 

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martes, 26 mayo 2015

Por Jesús Mínguez

El destructor Golovkin merece su gran noche

Los pegadores, esos tipos que tienen en sus puños el poder para acabar un combate antes del límite, son la especie más admirada del boxeo. Porque en el KO, espectacular y a la vez dramático, se condensa mucha de la magia de este deporte. Son como esos goles de Cruyff, de Maradona, de Ronaldo o de Messi que circulan por tu memoria y nunca se diluyen. Como esa canastas que puntean tu cerebro una y otra vez: ese triple de Sasha Djorjevic, cualquiera de los vuelos majestuosos de Michael Jordan o el mate de Rudy Fernández en los morros de Dwight Howard en la final olímpica de Pekín.

 

Pues ahora mismo, el rey del KO en el boxeo se llama Gennady Golovkin. El kazajo, que ha montado su base de operaciones en Big Bear (California) a las órdenes de Abel Sánchez, es un destructor que acredita 30 victorias antes del límite en 33 combates. A sus 33 años, y tras una buena carrera amateur en la que fue plata olímpica en Atenas 2004 y campeón mundial en 2003, es el actual monarca mundial de la AMB, FIB y campeón interino del CMB. Su última exhibición la culminó noqueando a Willie Monroe jr. en el Forum de Inglewood. El estadounidense sólo le duró seis asaltos.

  

Golov

 

Golovkin fue exitosamente reconvertido al boxeo de pago por Abel Sánchez, que ‘mexicanizó’ su estilo para ir siempre a la guerra. El kazajo no especula, y por eso llega a los aficionados. Le rodea ese suspense que tienen los noqueadores. No se sabe nunca cuándo puede sobrevenir el golpe decisivo, pero se sabe que llegará. Por lo tanto, no se puede despegar la vista del ring. Su boxeo hipnotiza. Con Floyd Mayweather o Guillermo Rigondeaux te puedes despistar, con el bombardero kazajo no.

 

GGG, que así se autodenomina Golovkin, ha dejado ya en la cuneta a boxeadores como Nobuiro Ishida, Matthew Macklin, Daniel Geale, Marco Antonio Rubio o Martin Murray. Nombres sonoros, de la élite. Pero como a todo tipo peligroso (que se lo pregunten, por ejemplo, a ‘Maravilla’ Martínez) los boxeadores que generan las grandes bolsas, de momento, lo intentan ignorar. Pero va a llegar un momento en que será inevitable cruzarse con él. Y ya va sonando la hora. En el peso de Golovkin está como campeón del medio del CMB Miguel Cotto. En las cercanías, el invicto Danny García (30-0), Canelo Álvarez o Floyd Mayweather. No parece probable, eso sí, que ‘Money’ se arriesgue a ser cazado en septiembre por GGG, en el que debería ser el último combate de su carrera si no se arrepiente y se lanza a una revancha con Manny Pacquiao.

 

  

 

 Así pues, lo que pide el cuerpo es ver a Golovkin, que está colocado ya entre los cinco mejores libra por libra del mundo, enfrentarse a Miguel Cotto o Canelo Álvarez, que dio una exhibición también de boxeo agresivo ante James Kirkland este mes de mayo, noqueándolo en el tercer asalto. Cuentan que en 2011, en Big Bear, Canelo y Golovkin guantearon juntos. Uno preparaba su combate contra Kassim Ouma y el otro frente a Ryan Rhodes.  Según testigos, aquello fue un show de cañonazos que acabó con dominio de GGG tras seis asaltos. “Canelo no podía igualar la fuerza ni el poder de Golovkin”, dejó escrito un periodista presente. Pero de eso han pasado ya cuatro años. Los dos han madurado, pero siguen pegando como mulas. Así que un combate entre el kazajo ‘mexicanizado’ y el mexicano podría hacer retumbar cualquier recinto. Golovkin merece una gran noche. A ver quién se la da. 

 

 

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jueves, 07 mayo 2015

Por Jesús Mínguez

Perdió el boxeo en la ciudad del juego

El combate del siglo se esfumó y dejó flotando en el ambiente un humillo de decepción. El mismo día de la velada, antes de que Floyd Mayweather y Manny Pacquiao cruzaran las cuerdas para meterse en el ring, todo parecía haberse desinflado. La previa, publicitada desde hace meses, repetido cada dato, había engullido al mismo combate. Los esfuerzos por hacerse con una acreditación –peticiones de más de 10.000 periodistas de todo el mundo- o una entrada (salieron sólo 500 a la venta) habían acabado agotando a todos.

 

Box

 

El que había conseguido su meta, estaba ya saciado. El MGM tenía entre sus 16.500 localidades a mucho VIP y a mucho personaje con los bolsillos rebosantes pero quizá no tanto de interés por el boxeo. Hasta el mismo momento del combate no se llenó. Sólo importaban los dos pesos welter que se iban a medir por ver quién era el mejor libra por libra del momento. El pesaje del viernes, al que asistieron 11.500 personas, tuvo más alegría, electricidad y tensión. Muchos de los que estuvieron allí debían ser los que estuvieran dentro el 2 de mayo. Soltaban su rabia de no poder ver el choque, y rugían.

 

 

 

A toro pasado, parece claro que el combate le llegó tarde a Manny Pacquiao, y que encima se presentó lesionado. Lo cual es un fraude. Si llevaba dos semanas con problemas, se podía haber aplazado el combate. Si no comunicó en el momento del pesaje la rotura en su hombro derecho (lesión grave, similar a la de Kobe Bryant, que le puede tener un año parado), no venía a cuento quejarse luego. Hubiera sido más fácil, elegante y políticamente inteligente decir que se había lesionado durante el combate. El filipino brilló como el sol y movió sus puños como una batidora (su combate ante De la Hoya fue tremendo) hasta que en 2012 Bradley y Márquez disiparon su aura con dos derrotas, a los puntos y por KO. Sus opciones ante Floyd Mayweather pasaban por tirar muchos golpes pero lanzó casi los mismos que el estadounidense (429 frente a 435) y conectó muchos menos (81 contra 148). La lesión pudo, entonces, influir.

 

 

 

Los que no siguen habitualmente el boxeo, vieron a un atleta de piernas ligeras escapando, y contragolpeando cuando salía de la presión. Y a otro desesperado intentando cazarle. Mayweather ganó feo, pero ganó (118-110, 116-112 y 116-112). La defensa triunfó sobre el ataque. Y perdió el boxeo. Porque un combate épico, jugado sin cálculo ni estrategia, lo habría elevado a otro nivel. Mayweather y Pacquiao no fueron Ali y Frazier, ni Joe Louis y Max Schmeling, ni Tommy Hearns y Sugar Ray Leonard. Sobre todo Mayweather, aunque ganó, fue incluso menos boxeador que en otras ocasiones. Pero él es así, siempre con la calculadora en la mano, inteligente y conservador. No vamos a descubrirlo. Mas esta vez se jugaba demasiado, debía sentir tanto la presión de mantenerse invicto, y de que el mundo no se riera en su cara de una derrota que generalmente se deseaba, que no arriesgó nada.

 

 

 

Mayweather también vino a chocar con Pacquiao con el tren llegando a su destino. “Ya no siento la pasión que tenía por el boxeo”, reconoció tras el combate mientras enseñaba un cheque de 100 millones de dólares (se espera que con el reparto del PPV vuelva a tener otro con otros cien). Su motivación era conseguir las nueve cifras. No dar una lección sobre el ring que le consagrara como The Best Ever (‘El mejor de todos los tiempos’), como temerariamente se autodenomina mientras algunos se remueven en su tumba y otros desearían dirimir eso con él sobre el tapiz. De hecho, el de Grand Rapids dijo que sólo haría un combate más en septiembre. Aunque ya empieza a desdecirse al olor de una posible revancha en 2016 con el filipino. Y me da que, después de sus exhibiciones de derroche y su desempeño frente a Pacquiao, nadie le va a echar de menos.

 

Pero queda el poso de lo grande del boxeo, del torrente de pasión que pueden provocar dos personas encima de un ring. España descubrió que en Estados Unidos, y en casi todo el resto del mundo, millones de personas siguen poniendo los ojos todos los fines de semana sobre el cuadrilátero. Durante toda la semana, las noticias del Mayweather-Pacquiao compitieron entre las más vistas de la web de AS con el Real Madrid, con Alonso, con los Playoff de la NBA. Entre las diez más vistas de la web, cinco llegaron a ser sobre la velada. Y aquí hemos tenido hasta hace nada a Javier Castillejo, ocho veces campeón del mundo del superwelter y el medio, y no lo hemos sabido disfrutar. El Lince boxeó contra el mismísimo Óscar de la Hoya en el Arena del MGM y le aguantó más que dignamente los doce asaltos. Kiko Martínez, en el supergallo, ha sido el último en ser campeón mundial. Y podría volver a reconquistarlo pronto. Merecería una oportunidad en la televisión, un guiño por parte de los que también se han interesado por el combate del siglo. El espectáculo puede estar ahí, en los que no son Mayweather ni Pacquiao. Las chispas saltan en cada velada.

 

Y el combate de los récords no podía haberse celebrado en otra ciudad que no fueran Las Vegas. En ese escenario irreal en medio de la nada del páramo seco de Nevada. En ese sitio donde por Fremont Street desfilan tipos arruinados en busca de fichas, un doble de Elvis tan metido en su papel que dan ganas de pedirle un autógrafo, donde las chicas-crupier bailan encima de las mesas mientras las ruletas giran. La ciudad del exceso, la ciudad del boxeo, que lo ha abrazado dentro de sus casinos.

 

Al calor del Mayweather-Pacquiao, por el MGM se pudo ver a Evander Holyfield sin ese trocito de oreja que el arrancó Mike Tyson. Iron Mike tampoco perdió la ocasión de acercarse, y siguió haciendo caja cobrando por firmar autógrafos en las tiendas de recuerdos de ‘Fields of dream’s' en un par de hoteles. Cerca de ellos, Deontay Wilder, tan histriónico como Mayweather. El campeón que ha devuelto un cetro de los pesados (CMB) a Estados Unidos, pero que no parece tener cabeza como para marcar una era. Y a su lado, el mítico Julio César Chávez con el rostro marcado por 115 batallas (este sí que no rehuía nunca el choque), la mole educada y ‘british’ de Lennox Lewis, otro bombardero de los grandes pesos. Y Bernard Hopkins, Roy Jones jr., Juan Manuel Márquez… Todo fue brillo en la ciudad del oro. Todo menos lo que tuvo que brillar. Un combate para recordar que hubiera hecho saltar la banca. Hablar de revancha ahora parece, simplemente, una falta de respeto. 

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miércoles, 15 abril 2015

Por Jesús Mínguez

Pacquiao-Mayweather: ángel contra demonio

El 2 de mayo en Las Vegas se librará el enésimo combate del siglo, calificación que, de tan manida, acaba perdiendo su lustre. Pero la batalla entre el invicto Floyd Mayweather y Manny Pacquiao, de momento, sí merece ser considerada como el evento más grande del boxeo en el siglo XXI. Porque, más allá de que romperá todos los récords de audiencia y recaudación, es también una pelea divina: la del ángel filipino contra el demonio estadounidense.

 

Dos personalidades totalmente antagónicas en la vida fuera del ring que luego sobre él se transmutan en lo contrario. Pacquiao es un hombre comedido y religioso que sobre el tapiz se convierte en un AK-47 que no para de escupir ráfagas de puñetazos. Mayweather representa el exceso, el derroche, las malas formas y también la esquiva y la defensa más exquisitas (con permiso de Guillermo Rigondeux ) que se ha visto en un cuadrilátero en los últimos tiempos.

 

 

 

Los grandes duelos del deporte siempre se han forjado en torno a personalidades opuestas. La gran trilogía del boxeo Ali-Frazier fue también la lucha entre la verborrea hiriente de ‘El Más Grande’ y el carácter reservado de ‘Smokin’. Luego apareció el demoledor Mike Tyson, una máquina de hacer dinero que acabó visitando la cárcel por una condena de abusos sexuales y con las cuentas corrientes vacías. Enfrente tuvo al amable Evander Holyfield, que acabó sin un trozo de oreja por un mordisco de Tyson. Bjorn Borg y John McEnroe fueron en el tenis el hielo y el fuego, algo similar a lo que ha ocurrido en los últimos tiempos con Roger Federer y Rafa Nadal. O en el ajedrez entre el oficialista Karpov y el rebelde Kasparov. Busca en tu contrario a tu complementario, a quien te haga crecer, dice un proverbio oriental.

PAC

 

Manny Pacquiao y Floyd Mayweather han tardado años en cerrar el combate, que ahora se hará por tres cinturones de campeón del mundo en el peso welter. Y son dos tipos propicios para tomar bando, porque sus personalidades no pueden ser más diferentes.

 

Pacquiao, de 36 años y un récord de 57 victorias, 5 derrotas y 2 nulos, salió de la nada que era su ciudad, General Santos. Más bien salió del infierno, por lo que los pleitos sobre el cuadrilátero sólo le provocan sonrisas. Cuenta Juanma Rodríguez en su libro ‘Quédate en el ring’ que Manny vio un día cómo su padre, aficionado a los licores más corrosivos, mató a su perro, lo echó al puchero y se lo comió. Pacquiao vendió cigarros y rosquillas por las calles de General Santos, durmió en cartones, fue un niño endurecido a golpes por la vida… y a golpes salió del Averno. Desde su debut en 1995, ha ido escalando peldaños hasta la cima del boxeo y hasta un escaño en el Parlamento de su país.  Del barro al cielo.

 

Pacquiao canta canciones melódicas, colabora con causas benéficas, juega al ajedrez con sus vecinos filipinos, está casado y tiene cuatro hijos. Nike, que siempre busca al deportista perfecto, luce en su calzón. Tras algunos despistes (los casinos de Las Vegas tienen esas cosas: juego y chicas) y una amenaza de divorcio de su esposa, Jinkie, Pacquiao descubrió La Biblia. Aunque no la piedad para sus rivales. “Un día, Manny me dijo que Dios no quiere lastimar a la gente. Pero le convencí de que Dios debe entender que el boxeo es un deporte”, cuenta su técnico Freddie Roach. Pacquiao se santigua, Pacquiao reza, pero Pacquiao también sabe que en el texto sagrado cabe la ira divina.

 

Enfrente estará Mayweather. Hijo de boxeador y sobrino del excampeón del mundo Roger Mayweather, que además le hace de entrenador. Rodeado de sacos y embriagado por el agrio olor del sudor en los gimnasios de Grand Rapids (Michigan), no podía dedicarse a otra cosa. Tras ganar el bronce en los Juegos de Atlanta 1996, se pasó al profesionalismo, donde ha forjado una carrera espectacular jalonada de títulos mundiales en cinco categorías y victorias sobre lo mejorcito del panorama: Corrales, Castillo, Judah, De la Hoya, Gatti, Márquez, Hatton, Mosley, Cotto o Canelo.

 

A puñetazos, ‘Pretty Money’ se convirtió en una máquina de hacer dinero. Su fortuna se calcula en más de 400 millones de dólares y Forbes le situó en la cima de su lista con más ingresos en el deporte: 105 millones en el último año. Y genera tanto como derrocha. Aficionado a colgar todos los detalles de su vida en Instagram, Twitter o Facebook, se le ha visto encima de una cama contando pilas de billetes en su jet privado o tumbado en una camilla de masajes mientras diez chicas despampanantes perrean delante de él. Todo menos políticamente correcto. Su casa no es nada modesta: ocupa casi 1.900 metros cuadrados en Las Vegas, tiene una sala de cine y está valorada en más de diez millones de dólares. Claro, que el boxeador llegó a apostar 11 milones de a que Miami ganaba el título de la NBA… En su garaje hay una colección de Mercedes, Ferraris o Rolls Royce. Su último capricho, ya en la preparación de la pelea, consistió en llamar al dueño de un concesionario de coches de lujo a las 03:00 de la madrugada para que le llevara un Bugati en menos de 12 horas a la puerta de su casa. Lo tuvo.

 

Mayweather, aficionado al rap y al hip-hop y amigo de estrellas como 50 Cent, está rodeado de un séquito gigantesco que se agrupa bajo el paraguas de ‘The Money Team’. Las marcas no se atreven asociar su imagen a la el campeón, que a través de esa marca da salida a sus negocios. El de Michigan fue acusado de violencia doméstica en por una de sus parejas y estuvo dos meses en la cárcel en 2012 por ello. Cuando salió, su carrera siguió en lo más alto.

 

 

MONEY

 

Pacquiao y Mayweather son diferentes tan diferentes en el boxeo como en su vida. Dos mundos paralelos que, sin embargo, se fundirán el 2 de mayo sobre un ring. Tomen partido. Dentro y fuera

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miércoles, 14 enero 2015

Por Jesús Mínguez

Deontay Wilder, el LeBron de los pesos pesados

Mientras el boxeo cruza los dedos para que se cierre el Mayweather-Pacquiao, también se mira de reojo hacia el MGM de Las Vegas. Este sábado, Deontay Wilder puede proclamarse campeón del mundo de los pesos pesados. Él es la gran esperanza negra. La gran esperanza de que el título de de la división más mítica vuelva a Estados Unidos. ‘El Bombardero de Bronce’, de 29 años, disputará al canadiense Bermane Stiverne (36 años, 24-1-1) el cinturón del Consejo Mundial, el que dejó Vitali Klitschko cuando decidió dedicarse ‘full-time’ a la política.

 

Deontay-wilder

 

Deontay Wilder para quien no lo haya visto, es un prodigio físico de 201 centímetros que igual podría haberse ganado la vida en la NFL o en la NBA. No en vano, en 2005 consiguió una beca deportiva para la Universidad de Alabama. Pero con 19 años fue padre y su hija, Nieya, nació con una grave enfermedad medular. Lo dejó todo para ponerse a trabajar y pagar los tratamientos… y comenzó a boxear. Entonces, descubrió que en sus manos había hormigón. Esa potencia seca de pegada que sólo tienen los elegidos. En los Juegos de Pekín 2008 conquistó la medalla de bronce… y se extrañó de que le pidieran autógrafos: le confundían con LeBron James. Con eso está todo dicho. Una bestia.

 

 

 

Llega al sábado con un récord de escalofrío: 32 victorias, todas por KO, 18 de ellas en el primer asalto. Ningún rival le ha durado más de cuatro rounds. Pero también es verdad que en el palmarés no lucen victorias ante púgiles de mucho relumbrón. Derrotó a Siarhei Liakhovich, pero este enfilaba la cuesta abajo. Su última victoria fue ante Jason Gavern, a quien tuvimos oportunidad de verlo (y sufrirlo) en el Madrid Arena en 2012. Muchas de sus víctimas han lucido más grasa que músculo. Stiverne puede ser la prueba del algodón para él, y para los aficionados.

 

Wilder tiene la oportunidad de proclamarse campeón mundial invicto, como lo hicieron en su momento Mike Tyson (20 años y 27-0), Lennox Lewis (27 años y 22-0), Evander Holyfield (24 años y 24-0) o Riddick Bowe (25 y 31-0) . El premio, además, podría ser el de batirse a Wladimir Klitschko en un duelo por la unificación de los cuatro cinturones de los pesados, ya que el ucraniano tiene los de la AMB, OMB y FIB. El sábado se podrá saber ya si Deontay es esperanza o realidad. Y si hay alguien que, por fin, pueda golpear con los nudillos, amenazante, la puerta del vestuario de los Klitscko.  

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