as.com Ver todos los blogs >

Me gusta el fútbol

El blog de Pipo lópez

Categorías

Calendario

mayo 2013
lun. mar. mié. jue. vie. sáb. dom.
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Subscríbete a RSS

Añadir este sitio a RSS

¿Que es RSS?

Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.

publicidad

martes, 07 mayo 2013

Por Alfredo Relaño

Ante esa final alemana...

Recuerdo el regreso en avión, el 23 de abril de 1980, tras un estrepitoso 5-1 sufrido por el Real Madrid en Hamburgo. Era una semifinal de Copa de Europa, era el Real Madrid de Boskov y en el viaje de ida había optimismo. El Madrid había ganado 2-0 en la ida merced, entre otras cosas, a un gran marcaje de Pérez García a Keegan, estrella inglesa reclutada por el Hamburgo. Por el momento, quizá el mejor jugador de Europa. Fue Balón de Oro. Pérez García le marcó magníficamente bien en el partido de ida en el Bernabéu, le anuló. Pérez García había jugado por una cadena de lesiones y fue algo así como una gran carta sacada de la manga por Boskov. Todo el mundo estuvo de acuerdo en eso.

Bosque
Pero en el partido de vuelta, en Hamburgo, Pérez García le hizo un penalti muy pronto a Keegan y el Hamburgo se puso 1-0. Aquello desató una tormenta. El lateral derecho, llamado Kaltz, un tipo tremendo en estatura, técnica, velocidad y potencia, creó el terror. Su actitud levantó un huracán que convergía en Hrubesch, un delantero centro cuya estampa coincidía exactamente con lo más terrorífico que uno podía imaginarse de un delantero alemán de la época. En una jugada remató juntos a la portería a García Remón, Benito, Pirri y el balón. García Remón quedó desde eso como flotando. Los compañeros le preguntaban y él contestaba cosas inconexas. Boskov le sustituyó por Miguel Ángel. El trueno siguió y el Madrid acabó por perder 5-1. Eliminados.

Y vuelvo al avión. Yo era entonces un joven periodista. En el viaje de vuelta me vi sentado al lado de Pirri, jugador de leyenda, lo digo para lectores jóvenes y poco avisados sobre lo que significó. Pirri fue un casta. Llegó al Madrid justo en el momento en que se fue Di Stéfano y fue, les aseguro, quien mantuvo en alto la bandera del Madrid como equipo que nunca se rinde. Jugó en sus inicios (muy en sus inicios) de delantero; luego, la mayor parte de su carrera, en la media, como pulmón, jugador de ida y vuelta, con técnica y remate; finalmente, y era la época de la que hablo, de líbero. Siempre con coraje indesmayable, bandera de un Madrid que nunca se rendía. Pero ese día le vi frito. Tan frito que me dejó abatido:

-No hay nada que hacer. Esto ha quedado para esta gente. Da igual jugar bien o mal. Estos tienen más fuerza: saltan, corren, empujan, te pasan por encima… Los latinos ya no tenemos nada que hacer en el fútbol. Esto ha quedado para ellos. No veremos a más equipos latinos ganar la Copa de Europa…

Resucito en mi memoria esto ahora que nos ha pasado lo que nos ha pasado ante Bayern y Borussia. El ‘Gigante Alemán’ se ha elevado otra vez ante nosotros después del tan-taran-tán que nos han pegado en las semifinales de la Champions. Veo a mi alrededor una depresión justificada, tan justificada como entendí que era, tantos años ha, la de Pirri aquella lejana noche en la que yo mismo, en la tribuna de prensa, me estremecí, como si temiera que hasta allí arriba pudieran subir a corrernos del asiento a pelotazos aquellos enloquecidos alemanes. Ahora nos sentimos igual o parecido, entiendo. Tan seguros estábamos de nuestros dos primeros de la clase que no nos cabía en la cabeza que los echaran. Y los echaron. Y al Barça, violentamente.

Conclusión fatalista: la Bundesliga nos ha adelantado por el arcén. Puede ser. Nos han batido por los dos flancos: el Barça, modelo cantera y control, pensado para tocar y distraer, y el Madrid, modelo de cantera y potencia, de fútbol hecho de robar el balón y correr. Los dos fuera, a favor de Bayern y Borussia.

¡Y el doble batacazo llega justo ahora, cuando hay que pedirle a Angela Merkel permiso hasta para hacer pis!

Pero yo no me preocuparía tanto como Pirri en aquel lejano viaje de regreso de Hamburgo. Ha pasado tiempo suficiente como para dejar suficiente probado que el fútbol no es cuestión prioritariamente de músculo. Desde luego que no vienen mal la estatura ni la fuerza ni la velocidad, pero nada de todo eso superó el buen manejo del balón. El fútbol no es soga-tira, no ganan necesariamente los más fuertes. Ganan los que mejor juegan. España y el Barça han jugado particularmente bien estos últimos años, por eso han ganado tanto. Y entre esas victorias están las de La Roja sobre Alemania en la final de la Eurocopa de Viena y la de la semifinal del Mundial de Sudáfrica.

Veamos el asunto en sus proporciones correctas: ni el Madrid ni el Barça han llegado bien a esto. El Madrid ha andado todo el año a la riña. Una riña entre Mourinho y un grupo de jugadores, que ha ido a más. Consecuencias de una mala digestión de la gira por Estados Unidos. Ha ido pasando las fases de Champions sin brillo. Segundo en el grupo, apuros ante el Manchester United, hasta que cayó con el Borussia sobre todo por una noche en la que Pepe, en manifiesta baja forma, naufragó ante Lewandowski. Con todo, en el partido de vuelta al Madrid le faltó sólo un gol para pasar.

Lo del Barça ha sido un poco otra cosa, sí: da síntomas de fatiga y además ha tenido un descuido inaudito, que desacredita a Zubizarreta para su tarea, en la parte de atrás. Se ha ido quedando tan escaso que el equipo ha acabado por derrumbarse por ahí. Se ha quedado, en la práctica, con Puyol y Piqué. Puyol, héroe de tantas batallas, con más cornadas que un torero tremendista veterano. Y Piqué dejando que su cintura vaya siendo dulcemente rodeada por un colchoncillo de reservas calóricas. Su foto, sin camiseta, cuando intercambiaba la suya con un rival al final del partido, revela un abandono hasta cierto punto entendible (nunca justificable) en los futbolistas sin competencia. Porque tras ellos dos no había nadie: Mascherano, que no es central, cumple años y también se lesiona; Bartra, que manifiestamente no despierta ninguna confianza y sólo ha sido utilizado en casos desesperados; Adriano, parche que sólo puede poner voluntad; Abidal, con alguna aparición testimonial… Cómo el Barça se ha abandonado tanto en esa parcela es algo por lo que Zubizarreta tendrá que responder en el algún momento. A eso se ha unido cierto agotamiento de Xavi, que espero sea pasajero y la enfermedad de Tito Vilanova, cuya influencia se ha dejado sentir. Y, como remate, las molestias musculares de Messi en las dos fechas claves, contra el Bayern. Todo junto, más el Bayern, se tradujo en un 7-0 global estrepitoso. Que el primero de Alemania despeñe así al primero de España y que el segundo también bata al segundo, aunque por margen más ajustado, da lugar a reacciones quizá demasiado pesimistas.

Bayern
No, no desmantelemos ni al Madrid ni al Barça por esto. Posiblemente, lo que ambos necesitan es un nuevo entrenador (también el Barça, y sé que este es tema difícil y tabú en Barcelona, pero la provisionalidad no puede ser elevada a condición de hecho definitivo) y algunos retoques. Desde luego, el Barça necesita centrales. Lo demás casi puede decirse que lo tiene, aunque alguna cosa la puede mejorar. Pero Song ha dado buenas sensaciones al final y eso es prometedor. Y Tello es un cañón, si no se le escapa al Barça. El Madrid tiene una plantilla joven y fenomenal, con cosas a mejorar: el lateral derecho, algo más para el medio campo, quizá un delantero centro si se va Higuaín. Y el ciclón Bale, que vale para muchas cosas. Pero el equipo es joven, fuerte y puede jugar muy bien, ya se ha visto, y hasta con mejor estilo en otras manos.

Otra cosa es que Alemania se eleve de nuevo. La crisis de Kirsch, tenedora de los derechos televisivos, que se hundió, metió al fútbol alemán en un largo túnel. Pero Alemania siempre vuelve, ya se sabe. En menos de un siglo, si miramos desde estas fechas para atrás, han perdido dos guerras mundiales, y de nuevo están ahí, y les tenemos que pedir dinero o permiso para fijar el déficit de las administraciones públicas. Se administran mejor. Eso es lo que hay que copiar. El Bayern tiene un presupuesto de 373 millones, el Borussia de 189. El Barça lo tiene de 470, el Madrid, de 505. Lo del Madrid es mucho más del doble que lo del Borussia, y eso le sirve para traerse a Sahin, que no le sirvió, mientras el Borussia ya tenía echado el ojo a Gundogan. En este Borussia hemos visto aparecer a jugadores jóvenes en el primer plano, creados por el club u obtenidos a precio bajo. Götze (ya comprometido con el Bayern), Lewandowski, Reus o el propio Gundogan han sido estrellas de esta Champions, por delante incluso de algunos de los jugadores más brillantes de Madrid o Barcelona. El Bayern gasta mucho más, sí, por ahí con la chequera pero, con todo, no llega a los excesos del Madrid o del Barça (que también los comete) capaces de pagar cualquier barbaridad por un suplente.

Pero de ahí a pensar de repente que estamos acabados y que vuelve el terror alemán hay un trecho. Veo hasta quien propone Heynckes como entrenador del Madrid. Heynckes estuvo, ganó la Séptima, sí, y se le agradece, pero la misma víspera del partido habló con Lorenzo Sanz, le dijo que estaba hundido, que se sentía incapaz, que los jugadores no le atendían… Lorenzo Sanz se quedó espantado, se reunió con unos cuantos jugadores y estos le aseguraron que sacarían el partido adelante. Y lo sacaron. Ganaron en autogestión, cosa que ha pasado mucho en la historia del fútbol. No estoy lo bastante próximo al Bayern, pero me aseguran que el papel de Heynckes en esta campaña se puede muy bien relativizar. Lo pueden ganar todo (para desconcierto de Guardiola, si es así, porque difícilmente podría en ese caso acrecentar la herencia) pero la directiva de exfutbolistas que maneja el club no ha hecho ningún esfuerzo por retener a Heynckes, lo que ya da una pista. Y eso que no es ningún ser intratable, como Mourinho. Otra cosa es Klopp, desde luego. El suyo sí que es un equipo de autor. Emerge un nuevo Mourinho, sólo que más agradable. Se hace un marketing de ‘clown’ divertido, mejor. Puede ser el hombre del futuro.

Dortmund
Alemania vuelve, sí, pero España está. Se trata de no desconcertarse, de no renunciar. En el caso del Barça, de afirmarse en un estilo fenomenal. El problema es hacerlo perdurar más allá de Xavi y para eso hay tiempo, porque Xavi aún está, aunque dé síntomas de fatiga. Y buscar bien el entrenador, sea Tito o no sea Tito, pero esa decisión ha de tomarse con rigor y seriedad profesionales. En cuanto al Madrid, su músculo financiero podría tener mejor aplicación. Si Florentino no cometiera tantos extravíos (¡ay, si tuviera una cierta oposición que le obligara a vigilarse!) tendría algún recurso más para zonas que han quedad mal cubiertas.

No, no ha habido final española este año, como no la hubo el año pasado, cuando estuvimos más cerca. Habrá final alemana. Pero yo no me dejaría invadir por el fatalismo. Alemania vuelve, pero España sigue ahí, a poco bien que haga las cosas. 

Archivado en

viernes, 15 marzo 2013

Por Alfredo Relaño

Aquella gira de San Lorenzo de Almagro


PapaSu Santidad es hincha de San Lorenzo de Almagro, y nada quisiera yo menos que ser irrespetuoso ni manifestar mi sana envidia por no haber compartido con él el disfrute del gran equipo de Boedo de los cuarenta. Porque ahora que tienen hincha tan ilustre resulta oportuno recordar que San Lorenzo tuvo un equipo glorioso en la segunda mitad de los cuarenta. Tanto que su gira por España a finales de 1946 y principios de 1947 dejó una impronta extremadamente positiva en nuestro fútbol. Aún a mediados de los sesenta, cuando yo empecé a enterarme bien del fútbol, se hablaba de aquello.

 

San Lorenzo nació, según lo cuenta Osvaldo Bayer en su estupenda ‘Historia del Fútbol Argentino’, como los ‘Forzosos de Almagro’, detrás de la capilla de San Antonio del barrio. Pasaron a llamarse San Lorenzo en homenaje al cura Lorenzo Massa, ‘incansable alentador de los muchachos’, como refiere el propio Osvaldo Bayer, aunque él mismo advierte que el nombre del club se debe, según los menos devotos, al combate de San Lorenzo.

 

Para los españoles San Lorenzo sonó por primera vez con fuerza cuando debutó allí Lángara, náufrago de la selección vasca que tras una gira por Europa (de la que se desprendió Gorostiza, que luego haría una segunda carrera en el Valencia) acabó por dispersarse entre varios clubes americanos. Lángara debutaría en el San Lorenzo de Almagro con cuatro goles ante el River Plate, en una aparición que resultó un trueno. Fue, me lo ha dicho en más de una ocasión, la primera vez que Di Stéfano, un niño entonces, presenció un partido de fútbol, de la mano de su padre. Me asegura que es capaz de reconocerse entre el público en la foto más célebre del partido, en la que Lángara canta uno de los goles y la perspectiva de la foto les presenta a él y a su padre, espectadores atónitos ante la exhibición del gran goleador vasco.

 

Pero no fue sino hasta el invierno 1946-47 cuando San Lorenzo alcanzó gran nombradía entre nosotros. Por entonces (el verano austral) aquel entonces gran equipo argentino vino de gira por España. Ya no estaba Lángara, regresado a España, al Oviedo, pero San Lorenzo mantenía a Zubieta, un medio de amplia zancada y gran presencia, último resto de aquel gran equipo vasco (Luego acabaría regresando también, al Deportivo de La Coruña). Pero tenía sobre todo una delantera de leyenda, que aún recitan los clásicos: De la Mata, Farro, Pontoni, Martino y Silva.

 

La delantera que entusiasmó al nuevo para cuando era niño.

 

Ese equipo, campeón de Argentina en 1946, hizo una gira por Portugal y España que resultó legendaria, con cinco victorias, cuatro empates y sólo una derrota. Todo eso en seis semanas, con los viajes por tren o carretera y las farras correspondientes, lo que añade mérito a tales resultados, que dejaron un saldo de 48 goles a favor y 26 en contra.

 

El primer día del año de 1947 fue quizá el partido más sonado, cuando se enfrentaron en Les Corts (el campo del Barça hasta que se inauguró el Camp Nou, diez años más tarde, impelidos por la expectación que Kubala creaba)  a la Selección Española. San Lorenzo, con el viejo Zubieta en sus filas y el quinteto de ataque antes desarrollado, ganó 5-7 en un partido legendario. Fue una exhibición de lo que ahora llamamos tiqui-taca, entonces algo desconocido. Lángara ya jugaba para entonces en la Selección Española, regresado como había al Oviedo. Pero aquel San Lorenzo era demasiado. Se organizaba ya en la entonces moderna WM, consistente en tres defensas, dos medios, dos interiores y tres atacantes, los dos extremos y el delantero centro. Por entonces, en España aún jugábamos lo que se llamaba ‘el método’, dos defensas, tres medios y cinco delanteros. Entre aquella disposición táctica, entonces aún un poco troglodita, filtró su finísimo juego el San Lorenzo de aquellos genios para ganarnos 5-7.

 

Aquella gira sirvió de redención a José Luis López Panizo, simplemente Panizo para la afición española, cerebro del gran Athletic de aquellos años. Para gran parte de la afición española, y particularmente la de San Mamés, era un jugador lento, premioso, muy distanciando del gusto enérgico de la época, y más en el Norte, donde sólo se concebía el fútbol de pelota larga, pierna fuerte, salto y vigor. Panizo tenía otra visión del juego, menos predispuesta al choque, más inclinada a la paciencia, la búsqueda, el amago y el engaño. No todo el mundo estaba dispuesto a aceptar eso. Hasta que llegó San Lorenzo de Almagro a San Mamés. En la víspera dejaron una frase que quedaría en los oídos de los españoles para muchos años:

 

-El gol es un pase a la red.

 

¿Un pase a la red? Aquí sólo se había concebido el gol hasta entonces como remates violentos o cabezazos heroicos. ¿Un pase a la red?

 

Pero San Lorenzo de Almagro pasó por San Mamés, dio el consabido baile (aunque los descuidos atrás produjeron un 3-3 final) y la gente se marchó de San Mamés diciendo:

 

-¡Pero si juegan todos como Panizo!

 

Y Panizo no tuvo en adelante problemas para ser admitido por el público de San Mamés, y del resto de España. Es más: se le pasó a ver como un jugador superior, un avanzado a su época, algo que en verdad era.

 

Aquel recuerdo queda aún en España entre los más viejos aficionados, y entre quienes les escuchamos. Hace casi sesenta años. San Lorenzo ha vivido sus aventuras desde entonces, no todas buenas. Aún nos mandó excelentes jugadores, como D’Alessandro, Rezza, Heredia, Ayala o García Ameijenda. Más tarde, la fastrupia municipal provocó la desaparición del viejo campo, el Gasómetro de Boedo, donde ahora hay un hipermercado. De ahí tuvo que marcharse al Bajo Flores, lejos de su raíz, donde sobrevive como puede. No es lo de antes. No es lo de los buenos años del Gasómetro, con Lángara. Ni los de la gloriosa gira por España y Portugal. Tampoco los de aquel campeonato invicto de 1968.

 

Pero al menos tienen al más ilustre de los hinchas: el Papa. San Lorenzo está de vuelta.

Archivado en Deportes

viernes, 08 marzo 2013

Por Alfredo Relaño

Mourinho hará lo que le dé la gana

El jueves siguiente a la victoria en Manchester el florentinato y el mourinhato se emplearon a fondo. Todo el día estuvo inundado de mensajes positivos sobre la continuidad de Mourinho para el curso próximo y quién sabe si sucesivos. Bastaba llamar para cualquier cosa (el día y la hora de la final de Copa, por ejemplo) para que te aseguraran de forma intempestiva que Mourinho va a seguir. Daban ganas de decir: ¿Y quién lo duda? ¿Acaso no tiene contrato hasta dos mil y no sé cuántos?

 

Incluso llamó a Pedro Pablo San Martín una señora anónima, no del todo bien educada (Pedro Pablo, harto de los gritos, abrió el sonido para que oyéramos los próximos), que aseguraba que había cenado la víspera con Mourinho (en compañía de otros, nadie piense mal) y que este se iba a quedar, para que nos chincháramos.

 

Un alto personaje del Madrid con el que hablé en persona me insistía en que se iba a quedar. Claro que este, cuyo nombre omito por no incurrir en infidencia, ha sido 'mourinhista' incluso en las horas más difíciles. Me dijo una frase que merece la pena imprimir por si los hechos le dan la razón, cosa que no creo, aunque quizá sí le desee:

 

-Ya he renunciado a que España sea capaz de comprender a Mourinho. Sólo aspiro a que España sea capaz de contar los títulos que va a ganar para el Madrid.

 

Su fe admirable me hace tierno con Mourinho. Mi amigo merecería que esto saliera bien. Por eso he echado en falta que en tanto barullo pro-Mou-se-queda-seguro-os-guste-o-no él no haya dicho nada. Nada de nada.

 

Lo que dijo, que, entre nosotros y que quede en secreto, es lo que ha provocado la salida en tromba del club, fue que le dio mucha pena eliminar al Manchester. Ya he hablado de ello en mi artículo del miércoles: consoló a Nani y a Ferguson en la expulsión, caminó con paso de nazareno por la banda, exhibiendo su atrición, fue obsequioso en la conferencia de prensa, en la que ignoró el fuera de juego de Van Persie previo al 1-0, el hecho mismo de que ese gol fuese autogol, la mano sobre la raya de Rafael a cabezazo de Higuaín... Dijo que el mejor no había ganado. Hasta se adornó diciendo que al Madrid le salvó el portero, si bien esto puede ser tomado mitad y mitad como peloteo al Manchester y como patada en la espinilla a Casillas al que (salvo error u omisión) nunca hizo tal regalo.

 

En la prensa inglesa se tradujo semejante obsequiosidad como una declaración de cariño a la Premier en general y al Manchester United en particular. En el Madrid lo explican como un desvarío emocional transitorio, relacionable con la liberación que ha experimentado al ganar seguidamente dos veces al Barça y una al Manchester United. El propio Cristiano no fue él, me dicen. Pero Cristiano echó los dientes en el Manchester, Mourinho, no. No estábamos en Oporto. Y aun aceptando pulpo como animal de compañía, ¿hasta qué punto es aceptable que Mourinho se portara así? Recordemos su personalidad desafiante, que tantos problemas le ha causado al Madrid donde a él no le ha importado causárselos.

 

Después de visto lo visto me figuré esto, y en suponer: una eliminatoria Madrid-Betis; un partido en el Bernabéu en el que el Betis pasa tras batir al Madrid tras una expulsión injusta de un jugador madridista cuando dominaban los blancos y además contaban con la ventaja de  un gol previo fuera de juego; un consuelo de Mel al madridista mal expulsado, según sale, y una confidencia cariñosa al tiempo con Mourinho; una conferencia de prensa al final en la que dijera que no había ganado el mejor, no hiciera alusión al fuera de juego en el gol local ni a un penalti-expulsión posterior por mano de un defensa del Madrid en la raya de la portería; que se mostrara triste y casi compungido por la clasificación, y que lo hubiera hecho obscenamente visible ante la afición del Bernabéu.

 

Imaginemos todo eso y estaremos de acuerdo: Mel no hubiera podido desembarcar en Santa Justa. Y habría paliativos: Mel se crió en el Madrid y es en general moderado, todo lo que puede ser un entrenador. Mourinho ni se crió en el Manchester ni ha sido nunca moderado, sino que se ha hecho un marketing de 'enfante terrible'.

 

Conclusión: Mourinho pudo hacer eso porque el Madrid es el Madrid y ahí aún arde el rescoldo de unos valores, que tanto escalambran a muchos. O bien: Mourinho puede hacer eso porque en el Madrid puede hacer lo que le da la gana, ya que Florentino Pérez hace mucho que perdió cualquier ascendiente sobre él.

 

En fin: tanto dio a ver su amor a la Premier, al United o a cualquier zona del espacio exterior al Madrid que el viejo y venerado club tuvo que poner en marcha toda su energía para explicar que se queda, no vaya a ser que los jugadores le den ya por amortizado, aprovechando las pistas que él mismo dejó en Old Trafford.

 

Y eso, sí, estaría muy mal. Ya saben: cuando el gato no está, los ratones bailan.

 

De ahí el esfuerzo del Madrid en asegurar que va a seguir. Pero nadie lo sabe. Unos lo desean, otros, no. Pero nadie lo sabe.

Archivado en

viernes, 01 marzo 2013

Por Alfredo Relaño

Jornada en Elche y velada en Almansa

Salí a las dos y media, por tren, con Matallanas. No pude ir antes por una reunión de PRISA. Por delante habían ido Pedro Pablo, Manolete, Roncero y Vispe. En Alicante hicieron un reportaje con Asensi, que quiere lanzar la idea de un fut-golf, o sea, el golf con hoyo más grande, en el que quepa una pelota de fútbol y con el pie en lugar de los palos. Me resulta llamativo. En breve lo colgará Vispe en ASTV. Luego, malditos, se fueron a comer un arroz sin igual a Matola, muy cerquita de Elche, con Sepulcre, Escribá, Albacar y Riverita, los invitados al acto de la noche.

 

El acto que llamamos ‘Encuentro con los Ases’ consiste en reunir en algún auditorio a los personajes más destacados del club para que se sometan a las preguntas de los aficionados. Me gusta. Resulta fenomenal como promoción de AS pero no es sólo eso. Aprendemos mucho en cada sitio, palpamos lo que hay, conocemos gente, o refrescamos conocimientos y, sobre todo, escuchamos lo nuestro. Metidos en Madrid, al fin y al cabo un poblachón manchego en el que nos encontramos la pequeña tribu del fútbol y del periodismo en unos pocos sitios, necesitamos de cuando en cuando saber que hay otros mundos y que también están en este. En la mesa yo hago de moderador, los mediáticos del periódico se sientan en primera fila, por si conviene agitar el debate o se les pregunta por algo y junto a ellos se colocan veteranos del club, con la misma intención.

 

Llegué a al Palacio de Congresos media hora antes del inicio, así que sólo pude disfrutar un ratito de la conversación de los veteranos. Estaba Marcial, el único futbolista que he visto (fue en un Barça-Atlético, jugando él para el Atlético) marcar dos tiros libres, uno con cada pie. Ambos tocaditos y uno a cada escuadra, con Artola volando inútilmente. Estaba Lico, el primer jugador al que vi sacar largo de banda hasta el área, como un córner, que me dijo que lo aprendió de Liz. Estaba Vavá, Pichichi nacional con aquel Elche que llegó a meter cuatro jugadores en la Selección. Conocí a Quirant, el futbolista que más partidos ha jugado en la historia del Elche. Subió de Tercera a Primera en dos temporadas, con César de entrenador-jugador, y luego vivió toda la gran época, hasta que cedió el testigo al gran Canós, uno de los internacionales. Estaba Bonet, que pasó del Elche al Madrid y triunfó hasta una lesión por entrada de Migueli en la final de Zaragoza le apartó del fútbol. Estaba Botella, una promesa colosal a la que un desdichado accidente de tráfico apartó del fútbol justo cuando empezaba…

 

Y estaba el salón abarrotado. Entusiasmo pero con prudencia, mensaje ético en cada una de las respuestas de cada uno de los interpelados, una hora y media de charla, y alborozo final cundo Manolete anunció los fichajes para el curso que viene y cuando Roncero hizo arrancar al auditorio con el grito de “¡El año que viene, Elche-Real Madrid!”

 

Y a esperar el ascenso. Yo conocí al Elche en Primera División cuando empecé a interesarme por el fútbol, así que lo tengo en mi paisaje familiar. Vi un buen Elche que se transformó en otro me atrevo a decir que aún mejor. En el primero tenían fuerte presencia los paraguayos, particularmente Romero, un interior izquierda sensacional. Aquel era el equipo de Quirant, con Pazos (que no pudo venir, lástima) de portero, y con una delantera que llamaban ‘del CLERO’ por la inicial de cada uno de los nombres: Cardona, Lezcano, Eulogio Martínez, Romero y Oviedo.

 

Salimos hacia las nueve, en una furgoneta de ocho plazas alquilada. Siempre procuramos dormir en casa, así que hacemos lo que las cuadrillas de los toreros después de la corrida: todos a la furgoneta en cuanto es posible. Suele conducir Pedro Pablo. Salimos, todo hay que decirlo, como chorlitos, sin hacer ninguna comprobación, ninguna consulta, ninguna llamada a Tráfico. ¡Y cuidado que habíamos visto un paisaje nevado al venir al tren, por toda la zona de Albacete-Chinchilla-Almansa! Pero fuimos unos chorlitos.

 

Íbamos tan felices cuando empezó la nieve. Luego, más nieve. El carril de la izquierda, tupido, en el de la derecha, dos roderas por las que circulábamos a cincuenta, detrás de otra furgoneta de aire profesional. Pedro Pablo se temía lo peor (la responsabilidad del conductor), yo predicaba optimismo, dando valor a eso de que un optimista es un pesimista mal informado. Seguimos dale que dale, con Pedro Pablo rezongando, hasta que la Guardia Civil nos desvió, justo a la entrada de Almansa:

 

-No se puede seguir. La carretera está cortada.

 

Así que a Almansa. Vispe lo venía pronosticando:

 

-Nos quedaremos en Almansa, el pueblo de Bernabéu.

 

Y recordó cuando tiempo atrás nuestro amigo Salazar fue a Almansa a dar una charla sobre Bernabéu y defendió que no era de Almansa, sino de Montealegre, el pueblo de al lado.

 

-¡La que se lio!

 

En Almansa fuimos rebotando en busca de hotel. Todo lleno. Pies fríos y mojados de andar por la nieve. Pedro Pablo esperaba que unos conocidos suyos nos pudieran dar cobijo, pero no tenían dónde. Yo apostaba por ir al Pincelín, a comer unos gazpachos manchegos, calentarnos y organizarnos. Mientras, Roncero se puso en contacto con ‘Madridismo sin Fronteras’. O sea, llamó al presidente de la Peña Madridista de Almansa, a ver si nos podía localizar alguna cama o algún techo.

 

Cuando entramos en Pincelín había un tipo muy simpático, náufrago también de la nevada. Un gallego locuaz e inteligente que en ese momento estaba hablando por teléfono con su señora:

 

-¡No te lo vas a creer, pero en este mismo momento está entrando en mi salón Tomás Roncero!

 

Nos sentamos, nos sirvieron los gazpachos (Manolete y Vispe eran debutantes en esta comida y se entusiasmaron, se trata de un guiso de caza y torta, en nada relacionable por lo que conocemos habitualmente como gazpacho), el gallego y su sobrino, con el que viajaba, se sentaron con nosotros. Ellos habían terminado de cenar. Habían reservado hotel y se las prometían muy felices.

 

Y en eso apareció José Jiménez Sáez, el salvador. El presidente de la Peña Madridista de Almansa, que nos anunció que tenía una casa con seis camas. Abrimos los ojos como platos. Entendí que era la casa de la madre o de la suegra, en la que habían ido quedando vacías las habitaciones de la prole, pero que estaban perfectamente equipadas para los periodos de vacaciones, en los que se juntaba otra vez la familia. Para más perfección, su casa está a cien metros de la estación. Nos aconsejó, y así lo hicimos, reservar un tren que salía de Almansa hacia Madrid a las ocho de la mañana. Llamamos al AS a Marisa, la imbatible secretaria de noche, y al poco rato teníamos los billetes en el fax del Pincelín.

 

-¿Y la furgoneta?

 

-Vendrán a por ella a la estación de Almansa, apuntó Pedro Pablo con la tarea resuelta.

 

Como estábamos tuiteando, empezaron a  llamar radios. Se me ocurrió poner que Manolete y Roncero tenían que compartir cama y aquello fue el no va más. Nuestro salvador entró en Onda Cero y resultó que le desagradaban muchos artículos míos, porque es mourinhista, así que aun concedo más mérito a que me alojara. El amigo gallego resultó haber sido compañero de pupitre de Sepulcre, con lo que nos contó nuevas cosas del Elche. Era un tipo magníficamente relacionado e informado, además de un excelente conversador. No se le cambió el humor ni cuando se enteró de que habían ocupado ya su habitación reservada en el hotel, por demorarse tanto en ir. Daba igual: José Jiménez se ofreció también a alojarle a él. Se sumaron a la mesa los amigos de Pedro Pablo, cuyo hijo David es defensa central del Almansa. La madre decía:

 

-Es muy bueno, puede suceder a Varane en el Madrid.

 

-¡Caray! ¡Pero si Varane tiene su misma edad! ¿No será más fácil que suceda a Cata en el Atleti?

 

Hasta las tres no acabó la charleta. En el Pincelín, uno de cuyos camareros sostenía peligrosamente la tesis de que Bernabéu es del pueblo de al lado, fueron pacientes. Lo de Bernabéu tendría su base en que en realidad habría nacido en una casita de campo muy cerca de Almansa, pero perteneciente al término municipal contiguo, Montealegre, sólo que al ser Almansa mucho más grande habría servido siempre como referente de la familia para todo. Pero nuestro héroe y salvador zanjó la cuestión asegurando que tenía copia de la partida de nacimiento, en la que se fijaba éste en Almansa, con calle y número que ocupó la familia Bernabéu en esos años, en paralelo con la casita del campo.

 

El amigo gallego, con el que intercambiamos teléfonos, resultó ser un nacionalmadridista a la altura de Roncero, al que regaló unos guantes de bandera de España, con su pollo y todo. Apareció más gente. Aquello era un poco película de Almodóvar o Berlanga, con guión de Azcona. Ya casi nos habíamos olvidado de dormir cuando Pedro Pablo nos lo recordó. Y nos fuimos todos, gallego y sobrino incluidos. La casa era confortable, estaba templada, ideal. Dormimos tres horitas, con los pies calientes y los gazpachitos distribuyéndose discretamente por el sistema sanguíneo.

 

A las siete y media nos levantamos. Manolete y Tomás tenían buena cara, nada acusaba que hubieran existido desavenencias durante la noche. Todos estábamos de excelente humor. El gallego se despertó feliz en su sofá, al ver a Roncero nada más abrir los ojos:

 

-¿Qué, Roncero? ¿Hay algo nuevo en el Madrid?

 

Al momento apareció José Jiménez, que madrugó más aún, para venir de su propia casa a recogernos. Nos acompañó a la estación, se quedó las llaves de la furgoneta. El gallego se echó a la carretera e hizo bien: ya estaba limpia.

 

A las once y poco estábamos en Madrid, agradecidos a la fortuna de llevar a Roncero entre nosotros. Unas cosas con otras, fue mucho mejor que los regresos habituales, en los que toda la aventura es parar donde nos dé la una y veinte, para que Manolete entre por teléfono en El Larguero desde cualquier páramo con sus ‘bacalás’.

 

‘Madridistas sin Fronteras’, recuérdenlo. Si un día se quedan tirados, acudan a ellos. Son infalibles.

 

 

 

Archivado en

miércoles, 29 agosto 2012

Por Alfredo Relaño

Coentrao y el felizmente repuesto honor de las madres de los árbitros

Por esas cosas de que nuestro fútbol anda manga por hombro y a la que salta (¿qué hacemos ahora con el Atlético-Betis?) la final de Copa de 2010 nos cayó en una fecha inadecuada. Demasiado cerca de la Copa América de Selecciones, de modo que el Atlético se podía quedar sin Forlán y Agüero, uruguayo y argentino respectivamente. Era como ir a un combate de boxeo con las dos manos atadas en la espalda. El Atlético, dado que no era culpable de la mala elección de la fecha, acudió a la Federación en busca de amparo, y esta consiguió de las federaciones uruguaya y argentina un aplazamiento para la incorporación de Forlán y Agüero. De modo que ambos quedaron libres para jugar la final.

 

Pero hete aquí que Negredo tenía una espada de Damocles pendiente sobre su cabeza. Le había dicho: “Me cago en tu puta madre” (así lo consignó el acta y nadie lo discutió) a Rubinos Pérez, árbitro del Almería-Sevilla, última jornada de Liga. De modo que a Negredo le iba a caer un buen puro. Desde luego, nadie podía pensar que estuviera para la final de Copa.

 

Pero la Federación le había hecho un favor al Atlético, abogando por el retraso de la incorporación de Forlán y Agüero a sus respectivas concentraciones, y Del Nido puso el grito en el cielo. Y la Federación de Villar, que no se sostiene sobre principios serios y nobles sino sobre el conchabeo y el reparto arbitrario de favores, atendió la queja de Del Nido, se despreocupó de la sensibilidad de Rubinos Pérez y, en su caso, de todo el colectivo arbitral, y decidió cambiar la tarjeta roja por insulto grave por tarjeta amarilla por ‘desconsideración’. Desde entonces hasta hoy, ofender gravemente a la madre del árbitro se había calificado como ‘desconsideración’. Un puñadito de los que llaman ‘ilustres juristas’ que han pasado por los comités ha dado por bueno eso. Llamar hijo de puta a un árbitro o mandarle con su puta madre no era insulto, era desconsideración. Uno de los últimos en escaparse con bien de eso fue Pepe, lo que creó no poco escándalo social. Pepe llamó hijo de puta a Paradas Romero en el vestuario del Villarreal-Real Madrid de la Liga pasada, de lo que escapó con dos partidos por ‘desconsideración’ ¿Cómo es que Pepe puede llamar hijo de puta al árbitro y que se califique tal cosa como desconsideración? ¿Justo para esto con Pepe, el reo ideal? Bueno, pues eso pasó porque al Villarato le convino en su día abrir la mano para colar a Negredo. Y de ahí en adelante…

 

Y hasta ahora. Ahora hay tres nuevos ‘grandes juristas’ a cargo de la cosa, a los que espero un mejor destino que a los igualmente ‘grandes juristas’ que les precedieron. Esta vez han resuelto, con un respeto al diccionario que sus predecesores no tuvieron, restablecer el viejo principio de que llamar ‘puta’ a la madre de alguien es insultar. Coincide en que los primeros damnificados son un jugador del Madrid (cuya ausencia durante cuatro partidos lamentará más Mourinho que la mayoría de los aficionados madridistas) y uno de Osasuna que tuvo un serio entrevero con Muñiz Fernández, un gran fantasma donde los haya, en una jugada contra el Barça que decidió el partido. A cambio, eso sí, a Tito Vilanova le meten dos partidos por un no sé qué que me parece que no es nada. Sólo que Tito no juega, su trabajo está entre partido y partido…

 

En fin, que hay comité nuevo y que maneja el diccionario de la lengua con más tino que el anterior. Pero hará falta un tiempo para que me convenza de que su ánimo es de verdad limpio. Ánimo y a ello. De momento ya han deshecho un entuerto: llamar a alguien ‘hijo de puta’ o cagarse en ‘tu puta madre’ es insulto, no desconsideración. Gran hallazgo. El Villarato busca escapatorias a sus cochambrosos callejones. Aunque sea a costa de Coentrao y Puñal.

 

Por cierto, y nadie se ofenda: me choca hasta qué punto los árbitros, como colectivo, y en especial quienes lideran su organización (Sánchez Arminio y Díaz Vega, particularmente) han sido tolerantes con el criterio anterior. Hay cosas por las que yo entiendo que nunca se debe pasar.  

Archivado en

lunes, 12 marzo 2012

Por Alfredo Relaño

El Villarato y los 'Saberes Inmutables'

De repente, Godall me ha dado la razón al desembuchar, de la A a la Z, la ‘Teoría del Villarato’ y eso ha creado desconcierto en muchos. Ha sido bastante tiempo negándolo, presentándolo como malicia u obsesión de un madridista extraviado, o como truco periodístico amarillo de un director con pocos escrúpulos. Ahora un protagonista de los hechos dice lo que yo decía, y lo describe además como un hecho premeditado. Aquí les adjunto lo que dijo. Unas cuantas piezas más abajo verán, en este blog, la ‘Teoría General del Villarato’ y verán que lo de Godall (exvicepresidente de Laporta y en algún momento ‘delfín’ llamado a sucederle) es justo lo que yo digo.

Tengo que confesar que me he sentido gratificado, tanto como me había sentido incomprendido durante todo este tiempo. Hasta muy buenos amigos míos, y algunos que no lo son tanto pero de los que siempre he recibido un respeto que agradezco, me lo reprochaban como un extravío.

Sus reproches, en general cariñosos, siempre tuvieron dos patas:

1.- Los árbitros no tienen sesgo, simplemente son malos, se equivocan mucho, no hay que buscar intenciones.

2.- Creer que todo está condicionado será demoledor. No podríamos seguir el fútbol como lo seguimos, ni quererlo como lo queremos, si tuviéramos que admitir que los campeones se deciden desde los despachos, no sobre el campo.

Y no deja de ser paradójico que estos argumentos se manejen con tanta intensidad en un país que durante tantos años vivió convencido de que los árbitros ayudaron sistemáticamente al Madrid en sus logros. Esto último ha sido una de las verdades ‘esenciales’ de nuestro fútbol, quizá el lugar común más repetido del mismo. El Real Madrid, el equipo de la capital, mangoneaba, los presidentes de Federación frecuentaban más el palco del Bernabéu que los de otros estadios, el presidente de turno del Comité de Árbitros no digamos. (“Mientras Plaza sea presidente el Barça no ganará la Liga”, fue una de las frases más repetidas durante varios lustros). Se veía como algo consustancial a las relaciones entre el fútbol y el poder. El Madrid era el poder, los árbitros soplaban a favor del viento. En mi ‘Nacidos para incordiarse’ encontrarán bastante de esto. Reproduzco interesantes conversaciones con Sadurní y Gaspart sobre este tema.

Era un axioma comúnmente aceptado. Serían o no malos, pero se les adjudicaba un sesgo. Y esa prédica sostenida durante años y años (el “¡Así, así, así gana el Madrid!” que nació en Gijón) no desmoronó nuestro entusiasmo por el fútbol.

Lo revolucionario ha sido señalar un periodo (a mi juicio único, al menos desde que soy aficionado) en el que los árbitros han soplado contra el Madrid. Y los que nacieron escuchando que los árbitros siempre apoyaron al Madrid y aprendieron a repetirlo una y otra vez, como se recita el catecismo, se vieron incapaces de aceptar la nueva situación. Es difícil revisar ciertos ‘Saberes Inmutables’ sobre los que hemos construido nuestro mundo. A favor del Madrid, sí, por los mismos motivos: porque siempre halagó y se dejó halagar por el poder. En contra del Madrid, no, nunca, ni hablar, imposible.

Sería como admitir que el Ebro corre al revés, desde Tortosa a Fontibre. ¿Quién puede decir semejante cosa? Y salen los argumentos: es que son malos, ¿cómo podemos creer en el fútbol si admitimos cosas así?

En una posición parecida, aunque menos aguda y menos duradera, porque el asunto se consumió en pocos días, me vi cuando una encuesta que encargamos en AS nos dio que el Barça ya tenía más simpatías en España que el Real Madrid. Era contradecir otro ‘Saber Inmutable’: que ‘España es del Madrid’. Y es que así ha sido durante muchos años, y encuestas de no hace tanto tiempo lo reflejaban. A mí mismo me costó asumir ese resultado y mi entrañable Roncero casi sufrió un colapso emocional. Pero si uno se para a pensar, recuerda que durante los veinticinco años anteriores a los veinticinco últimos el Madrid lo ganó casi todo. Pero durante los veinticinco últimos se han repartido los títulos y según ha avanzado el tiempo cada vez los gana con más frecuencia el Barça. Del 6-0 en copas de Europa se ha pasado a 9-4, pero en la última época es 4-3 a favor del Barça. Y sus jugadores inundan la Selección campeona de Europa y del mundo. De ahí ese vuelco.

Las cosas cambian. Conocí una España que era del Athletic de Bilbao, aquello queda tan lejos que ni se recuerda.

Pero retomo el hilo. ¿Cómo admitir que los árbitros han sido severos con el Madrid durante unos años? Pues igual que admitimos durante tantos años que le fueron propicios, con la misma sencillez. Yo lo conté porque tuve esa impresión. Ahora lo cuenta Godall, desde la premeditación de una estrategia que se cruzó con el error de Florentino de apostar por un caballo perdedor en aquellas elecciones.

Godall no lo hace por hacerme un favor, lo sé. Lo hace por chinchar a Rosell, es evidente. Viene a decir que está estropeando lo que ellos hicieron. Y en ese sentido tiene razón. El otro día conté en Carrusel cómo conocí a Rosell personalmente. Él ya no era vicepresidente del Barça, estaba metido en una maniobra de candidatura alternativa a Villar, que encabezaba Joaquín Romeu, que había sido presidente del Murcia. Aquella candidatura no cuajó.

Y el caso es que ahora me parece, como a Godall, que el Villarato sopla al revés. Al Barça le pegan mucho, le protegen menos con tarjetas. Aquellos partidos en los que a los jugadores del Barça les miraban como hipnotizados, sin entrarles, han pasado. Y hemos visto algunos penaltis evidentes que se han ido al limbo. En el Madrid tengo la impresión contraria. Durante un tiempo ocurrió algo anómalo: una y otra vez el Madrid se enfrentaba a una severidad arbitral desacostumbrada. Ahora pega con más soltura, ahora sale mejor librado que antes en las áreas, en las dos áreas.

Todo podría tomarse aún como pura casualidad, pero Godall hace difícil seguir mirando para otro lado. Aunque muchos han querido hacerlo. Porque, y esto sí me decepciona, he visto a gente poner sordina a su extraordinaria revelación. Ha habido medios en los que ni se ha rozado. Como siempre, el condicionante primigenio: no admitir que en alguna época los árbitros han maltratado al Madrid, no admitir que el Ebro puede correr de Tortosa a Fontibre. O quizá no darle la razón a un colega, aunque se le quiera. En esto creo menos.

El caso es que Florentino no se ha movido en estas últimas elecciones, comió el otro día en el Ritz con Villar y Platini, ha reintegrado al Madrid a las instituciones. Ha hecho lo que el Madrid hizo siempre: estar cerca del poder. En mi libro verán unos estupendos consejos que Saporta le dio a Gaspart, cuando éste empezaba. Él mismo me los reveló. Gaspart empujó a Laporta por ese camino.

Rosell está en otro camino, no cultiva la Federación, conspiró contra Villar, va de verso suelto, y eso se une a que los mimos al Barça llegaron a hacerse tan excesivos que han cantado. Lo de la llegada tarde a Pamplona fue un cante imposible de disimular. No hay que abusar de los favores.

El mejor equipo que he visto

Así que ahora el Barça rema río arriba, como antes el Madrid. Habrá quien aún se escandalice al leer esto. ¿Es que se decide desde un despacho quién gana? No. Ni antes ni ahora. Sólo ganan los buenos equipos. Ningún Villarato podría hacer campeón al Rayo Vallecano, y lo cito porque es un club al que tengo cariño y entiendo que no se ofenderá. Pero con los arbitrajes benevolentes se vive mejor, hay más confort, más seguridad, menos histeria, menos expulsados, una paz interior que permite jugar mejor. Y con los arbitrajes en contra, todo al revés.

Si algo me ha sabido mal de lanzar la ‘Teoría del Villarato’ es que se ha recogido con frecuencia como una acusación al Barça de haber ganado todo lo que ha ganado recientemente con trampa (La misma, más o menos, que antes se le hacía al Madrid). Pues me apresuro a decir que no pienso eso. Nunca he visto jugar tan bien al fútbol como a este Barça. Doy por buenos todos sus títulos, como daré por buena esta Liga del Madrid. Los doy por buenos porque ha jugado tan bien que se puede uno hasta olvidar de Ovrebo, y los doy tan buenos porque, y este es el quid de la cuestión, sé que el fútbol es así. Que mundial tras mundial en caso de duda se decide a favor de los mismos (Brasil, Alemania, Italia, los que han mangoneado esto) salvo que ande por medio el equipo de casa.

Llegan los árbitros que saben eso y lo practican. Es un reflejo condicionado: en caso de duda, mejor así que asao. Parece triste decirlo, pero es lo que hay. Desde luego que todo lo que cuento puede estar trufado de errores humanos, que hay que mirarlo en perspectiva, pero eso es precisamente lo que pretendo hacer. Me dicen que los árbitros se equivocan, que equivocarse es humano. Y es verdad. Como también es humano tener simpatías o antipatías, querer agradar a los jefes para medrar…

Y ser valiente o ser cobardica. Recuerdo la división que estableció hace años Alfonso Azuara, a mi juicio acertadísima, entre halcones y palomas. Halcones, los valientes, claro; palomas, los blandos (Me figuro que tomó la figura de la administración estadounidense, en torno a la cual se echaron a rodar esos términos). Basta con mandarte palomas en casa y halcones fuera para que las cosas te vayan mejor de lo normal. Basta con mandarte halcones a casa y palomas fuera para que te vaya peor de lo normal. Y eso no quiere decir que ganes siempre con palomas en casa y halcones fuera, ni lo contrario. Pero sí que al cabo de treinta y tantos partidos eso tiene una influencia.

Y no me venga nadie con el argumento de ‘si creyera eso debería de dejar de creer en el fútbol’. El fútbol es hermoso, pero no es perfecto. Y es bonito, es tan bonito que lleva años y años sobreviviendo a esto, como ha sobrevivido a los entrenadores pelmazos. El fútbol es juego, es ilusión, es fantasía, es arte, es esfuerzo, es cooperación, pero en él también tiene un espacio el Poder, como en todo. Quizá poder en minúsculas, pero poder al fin y al cabo.

Y a todo esto: creo en la democracia y voy a votar una y otra vez, a pesar de que los que siguen más de cerca que yo las cosas grandes explican, una y otra vez en medios de la derecha y de la izquierda, que los jueces de las más altas instituciones de la Nación deciden según conviene al partido político que les colocó ahí. Cuando leo eso me pregunto con qué derecho podemos esperar neutralidad mineral a los árbitros de fútbol, personajes menores frente a nuestros grandes togados. 

Archivado en

viernes, 09 marzo 2012

Por Alfredo Relaño

De Di Stéfano a Raúl y de Raúl a Messi

Di Stéfano tuvo el registro máximo de goles en la vieja Copa de Europa, con 49. Un registro brillante, conseguido en nueve ediciones (las nueve primeras) en las que se jugaban menos partidos. Eliminatorias a ida y vuelta, y el Madrid varias veces entró en octavos, exento de dieciseisavos por ser el campeón anterior. A base de pasar muchas eliminatorias, de jugarlo todo y de marcar casi siempre (lo hizo en las cinco finales que el Madrid ganó) Di Stéfano conquistó esa marca. Un buen día de 2004, precisamente ante el Bayer Leverkusen, Raúl se la igualó. Y luego fue capaz de elevarlo hasta los 71.


Raúl ya ha labrado su récord en otro tiempo, de liguillas, de más partidos y en catorce temporadas, más la última en el Schalke. Un récord de mérito en todo caso, el de la constancia. No es fácil aguantar catorce años como titular en la delantera del Madrid. Y cuando vio que ya no le daba para tanto, decidió irse al Schalke, cosa que sólo se entendía desde su deseo de jugar la Champions, de sumar nuevos goles a los que se llevó del Madrid. Y saltó de los 66 a los 71, en una aventura que desde España se siguió con admiración y respeto. Cinco goles más para llevar el récord lo más lejos posible.


Pero si Raúl era un Ferrari, como dijo Hierro, por detrás le viene un reactor. Messi, con 24 años, tiene ya los 49 de Di Stéfano, lleva ¡doce! en esta edición, y sin entrar todavía en cuartos. Perfectamente puede pasar de los cien, sólo con que su carrera mantenga un curso normal. No tiene la estética de Maradona ni la omnipresencia de Di Stéfano ni la potencia de Pelé ni la elegancia de Cruyff. Tampoco el físico tremendo de Cristiano, ni su pegada de balón. Pero no he visto nunca un jugador igual, tan capaz de resolver todo tipo de partidos: los fáciles, los difíciles y los imposibles. Es un prodigio.

Archivado en

jueves, 01 marzo 2012

Por Alfredo Relaño

Cristiano, Messi, España y la dinámica de lo impensado

'Fútbol, dinámica de lo impensado' es el título de un libro de mediados los sesenta, reeditado hace poco. Se debe a un mítico periodista argentino, ya desaparecido, llamado Dante Panzeri. Lo recomiendo. Es una exaltación del ingenio invidual del jugador, al tiempo que un combate a la invasión de tacticismo y cienticismo y camelismo que empezaba a apoderarse del fútbol. Conviene situarse en la época para entenderlo mejor: entonces Argentina exportaba jugadores a Europa, e importaba a cambio técnicos. En Argentina se decía que había que jugar ‘a la europea’, pero en Europa nuestros clubes gastaban el dinero que entonces tampoco tenían en fichar a jugadores suyos, o brasileños o de cualquier país suramericano. Eran especiales, desde luego. Cuando yo empecé a ir al fútbol, niño de doce años, era fácil discernir quién o quiénes eran suramericanos de entre los del equipo visitante: todos tocaban mejor la pelota, todos eran más ingeniosos. O si no, también hay que decirlo, los más malvados.

 

Panzeri era pesimista. En su libro duda de que a las alturas del cambio de siglo (que él no vio) el fútbol mantuviera el enorme interés que por la época despertaba. Y no es así. Es lo contrario, ya lo vemos. ¿En qué se equivocó? En su pesimismo. El talento natural ha prevalecido sobre el resto.

 

Le recuerdo esta semana feliz porque tengo el taconazo de Cristiano, el tiro libre de Messi y la última, que no será la última, exhibición de la Selección Nacional. Eso no lo enseña nadie, eso no está en pizarras, eso no se entrena. Es la inspiración repentina para aprovechar una décima de segundo que te brinda una ocasión extraordinaria. Cristiano caza un balón suelto, que persigue de espaldas a la portería, y resuelve con una ocurrencia genial, materializada gracias a su técnica extraordinaria. El golpe es difícil, hacen falta muchas horas de balón (muchas horas de tenerlo, de quererlo, de juguetear con él) para pegarle así. Un producto de genio futbolístico. Y lo mismo pasó, el mismo día, y en la misma ciudad, con el gol de Messi. Aquí además hay transmisión de la ocurrencia, trabajo en equipo: Xavi es el que despierta la mente de Messi, porque sabe que no han pedido barrera y que puede tirar; Messi pone el resto, el toque exquisito, el balón cruzado, por arriba. Sobrepasando al portero más alto del campeonato para entrar limpiamente por la escuadra contraria. Otro gol genial, éste con inductor y ejecutor. De nuevo una oportunidad extraña, infrecuente, que despierta el talento de un individuo, y de nuevo la proeza técnica.

 

Los dos jugadores están a las órdenes de entrenadores grandiosos. Diferentes, pero grandiosos. Mourinho tiene cierto aire de alcaide de prisión, Guardiola parece un director espiritual. Los dos son buenísimos, los mejores que hay, posiblemente. Pero a los dos les ganó el partido el ingenio de sus mejores individualidades. Eso sigue llegando más lejos que toda la ciencia que se ha acumulado en los casi cincuenta años que median entre el libro de Panzeri y estos días. Esos cincuenta años que Panzeri temió que agotaran la ilusión de las gentes por este juego.

 

No ha sido así. El genio individual ha sobrenadado.

 

Y la combinación de genios individuales. Pero no la combinación programada, sino la que nace de una asociación de ideas espontánea, acompañada de nuevo de la destreza técnica. ¿Vio usted el partido de España? ¿Vio el tercer gol, el primero de Soldado, esa concatenación de lujos que acabó con el balón en la red? ¿Se ensaya eso, se puede ensayar? No. En realidad fue la muestra de que el buen fútbol es contagioso, así como lo es el fútbol rutinario que tanto temió Panzeri. Ha habido fútbol rutinario, precocinado, que agarrota el talento individual. Lo sigue habiendo. Incluso ha ganado partidos y títulos, aunque menos que el otro.

 

Pero no se ha impuesto. El otro, el fútbol puro, el fútbol ‘de barrio’, dicho como un elogio, embellecido por toda la liturgia de uniformes, estadios, medios y demás, prevalece todavía. España es un magnífico ejemplo de eso.

 

Panzeri no conoció la escuela de La Masía, ni la apuesta radical de Luis Aragonés por este modelo, ni el juego exquisito de la España campeona del Europa y del Mundo, ni el Barça de estos tiempos. Pero sería feliz si hoy viviera. Sería feliz viendo que sus malas previsiones no se habían cumplido, que sigue gustando y ganando el fútbol que a él le gustó.     

Archivado en

miércoles, 22 febrero 2012

Por Alfredo Relaño

¡Qué embrollo con la final de Copa!

Tengo abandonado el blog y me maldigo por eso. Me propuse entrar aquí un par de veces por semana, pero la obligación que me autoimpuse, anterior y prioritaria, de escribir mi columna todos los días, me ha ido haciendo perezoso con este espacio. Ahora veo tanta pasión en torno a si la final de Copa debe o no jugarse en el Bernabéu, que aprovecho la ocasión para vencer mi pereza. Es un tema que ya he tratado en mi columna, pero que merece ahora una mirada larga y el mayor espacio que aquí me puedo adjudicar. 

 

Se está creando tal discordia que hasta un viejo amigo se ha echado contra mí inesperadamente. Luego iré con eso. Empezaré por repetir lo que pienso del caso: 1) que la final debería jugarse siempre en el Santiago Bernabéu, el mejor estadio de la capital, que en realidad es la capital porque está en medio; 2) que el Madrid debería haberlo ofrecido en cuanto se conocieron los finalistas, porque es de cajón o debería serlo, 3) que una vez que se ha visto que el Madrid arrastra los pies en el asunto es tremendamente descortés insistirle, y que lo están haciendo los dos clubes, el Athletic desde la mejor intención, o así me lo parece, y el Barça desde la de dejarle en mal lugar, o así me lo parece; 4) que la Federación está prolongando el asunto por no decidir ya algún otro escenario.

 

Así que no tenemos sitio aún. Tampoco tenemos día, dicho sea de paso. Y la discordia crece porque quienes podrían cerrarla, que sería la Federación y los dos finalistas, no lo hacen. La Federación se encoge de hombros y los dos finalistas insisten en poner en mal lugar al Madrid, que desliza sus razones. Una, que hay unas obras programadas, aunque entiendo que podrían empezarse una o dos semanas más tarde. Otra, que teme que la hinchada culé le haga destrozos en los baños, cosa de la que ya hay antecedente, pero eso no es nada tan grave que no pueda resolverse con un seguro. Otra más, y me parece muy a considerar, que no sería descabellado que el Madrid llegara a la final de la Champions contra alguien que no fuera el Barça y la ganara. Para el supuesto de que el Barça no alcance la final de Champions, ésta se jugaría justo el día después. Es decir, que en tal eventualidad, no descartable, se produciría la llegada del Madrid campeón, y los correspondientes festejos, al tiempo que la de 30.000 hinchas del Barça y otros tantos del Athletic para la final. Todo eso revuelto por las calles. Y el Madrid, por supuesto, sin poder utilizar el estadio para su eventual festejo. Todo esto (que el Barça no sea finalista, que el Madrid sí y gane) no es del todo fácil, pero de ninguna manera es imposible. Y coincidiremos en que someternos a ese riesgo no nos gusta a nadie. Claro, que ante esa eventualidad se podría haber retrasado la final una semana, como se haría o hará si el Barça es finalista europeo.

 

Y hay una razón más, que el Madrid tuvo que jugar en Montjuïc su final contra el Barça. Aquí es donde un amigo (o examigo) se me ha echado encima, en su pasión por ver a su equipo jugar la final en el Bernabéu. Hubo una reunión de los semifinalistas (Alavés, Zaragoza, Sevilla y Madrid) convocada por la Federación y en ella se decidió que fuera en Montjuïc. Eso es lo que se escribió en su día, ese es el argumento ahora. Que se decidió que fuera en Montjuïc y nadie objetó. Pero no fue así. Manolo Redondo (he vuelto a hablar de ello ahora con él) solicitó el Camp Nou, y se le repuso que el Ayuntamiento de Barcelona ofrecía Montjuïc y que ese escenario estaba bien. Que en el Camp Nou no podría ser, sin mayores explicaciones.

 

Era, lo recuerdo, el Madrid Galáctico, el de Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham, que iba lanzado a por todo ese año. Luego se quedaría sin nada, tras entrar en barrena justo al perder la final de Montjuïc con el Zaragoza. Pero a priori se le concedían todas las ventajas y estaba claro que para el Barça no podía ser plato de gusto que el Madrid de Figo levantara la Copa en su campo.

 

El Madrid, prudentemente, lo dio por bueno. No hay campo de la Federación, el escenario de la final de Copa debe ser cedido por el club propietario y estaba claro que el Barça no tenía tal predisposición. Insistir, armar un bochinche como el que le están montando ahora, hubiera sido inútil. El Madrid no lo hizo, le hubiera parecido estéril y desagradable. Tan estéril y desagradable como lo que está ocurriendo ahora.

 

Por lo demás, el que piense que para los cuatro clubes, y particularmente para el Madrid, era preferible Montjuïc que el Camp Nou, con bastante menos capacidad y pista de atletismo, es libre de defenderlo. Pero hacen falta muchas ganas de tragarse ruedas de molino para tragarse esa.

 

Simplemente, el Madrid fue prudente, aceptó el enjuague y se calló. De su silencio entonces deberían tomar ejemplo los dos finalistas.

 

No lo toman. Y debo decir que entiendo al Athletic, porque no tiene arte ni parte en las grescas entre el Madrid y el Barça, el Bernabéu le resulta ideal por rango, tradición, capacidad y distancia y siente que está recibiendo en su culo una patada que el Madrid le dirige al Barça. Lo entiendo, digo, pero no lo justifico del todo. Ya le han dicho que no y el Madrid está en su derecho. El Bernabéu no es un bien mostrenco, es del Madrid, y el Madrid no quiere. Hasta sus socios se han pronunciado, inequívocamente.


Y, sin salirme del Athletic, no hace tanto que jugó su final con el Barça en Mestalla. Era la primera final del Athletic en 24 años. Entonces, Villar, en una de las suyas, se había adelantado a prometerle la final al Valencia porque Mestalla lo iban a tirar. Valencia le quedaba al Athletic igual de lejos o cerca que ahora, igual de grande o pequeño. También entonces quería el Bernabéu, pero no insistió tanto. No forzó, no dejó en mal lugar a Villar. Ahora deja en mal lugar al Madrid. No es el mismo Athletic (es otra directiva)… o sí. Es el Athletic, mi viejo y querido Athletic Club, al que tantas veces vi, cuando yo era un chaval, venir a Madrid a jugar finales. El recuerdo es magnífico. Pero me tienen que explicar por qué entonces cedió sin más y ahora insiste tanto. Se lo preguntaré a mi amigo.


Desde que está Villar de presidente en la Federación, por cierto, no se han jugado en el Bernabéu ni un tercio de las finales disputadas. ¿Por qué ese empeño de que esta debe ser en el Bernabéu o en el Bernabéu, quiera el Madrid o no? ¿Qué clase de respeto indica eso a la voluntad de cada cual, a la propiedad de cada cual?

Archivado en

jueves, 08 diciembre 2011

Por Alfredo Relaño

Sobre el Atlético y la Peineta

Estuve anteanoche en la presentación del futuro campo del Atlético. Un buen acto. Magnífico el lugar, el nuevo Ayuntamiento, antes palacio de Telecomunicaciones. Al escenario de la presentación se accedía por una galería magníficamente guarnecida, en uno de sus lados, con un repaso iconográfico de la historia del club, fotos de los campos anteriores, camisetas, balones, botas, trofeos… Todo ordenado cronológicamente de más antiguo a más moderno. Estupenda la asistencia, desde autoridades (el alcalde al frente) hasta la plantilla actual, pasando por los veteranos, gente excelsa de verdad. Viéndolos ahí, uno recuerda lo grande que ha sido el Atlético: Adelardo, Peiró, Collar, Luis Aragonés, Reina, Luis Pereira… Muy bien Juan Ramón Lucas, sencillo, cariñoso, atlético de verdad. Y muy bien el arquitecto, Antonio Cruz, didáctico y preciso en su exposición, bien acompañada por las imágenes oportunas.


El Atlético tendrá un nuevo campo. ¿Cuándo? Eso no lo sé. En el mismo acto se puso en marcha un cronómetro digital con casillas para segundos, minutos, horas, días, meses y años. No sé cuándo estará listo el campo, porque vivimos en tiempos de crisis severa, y más severa aún va a ser. El reloj no es una cuenta atrás hacia un plazo, sino una cuenta hacia delante, a tiempo abierto y ancha es Castilla. Pero estoy seguro de que el Atlético tendrá campo nuevo. Sin pista de atletismo, que sólo sería agregada, a costa de la grada más baja, si nos dieran los JJOO 2020 para Madrid, y luego sería retirada. Un buen campo, mejor que el de ahora.


Ya sé que muchos atléticos desconfían. Todo cambio de casa desconcierta. Y un campo de fútbol es un espacio sentimental en el que uno ha vivido sensaciones únicas. Posiblemente empezaste a ir allí con tu padre, que quizá ya no esté. Con las piedras derruidas se van esos momentos de complicidad tan gratos en el recuerdo. Y ahí has visto a los ídolos de tu niñez o adolescencia, los verdaderos ídolos, los que quedan en el recuerdo. Basta ir ahora al Manzanares, cerrar los ojos para evocar aquellos tres goles al Cagliari, por ejemplo. O la Intercontinental. O el juego impagable de Luiz Pereira. O el regate de Collar. O el estilo industrioso e infalible de Adelardo.


Eso pesa en el ánimo de algunos. Yo ya he vivido una mudanza del Atlético, viví sus dos últimas temporadas en el Metropolitano, donde aún debutaron Ufarte y Luis, donde dejó sus carreras Peiró, ‘El Galgo de Cuatro Caminos’. Así que eso me afecta menos. El Atlético cambió entonces a mejor. A un campo todo asiento, novedad en la época, nuevo, espacioso, grande. Aún así, algunos echaron en falta en pintoresquismo del Metropolitano. Y les pareció que aquello Y me parece que ahora también cambia a mejor. Habrá a quien le pille más lejos, pero habrá también a quien le pille más cerca.


Pero lo que más pesa en el ánimo de muchos es la desconfianza crónica hacia quienes dirigen el club. Jesús Gil se hizo con el poder de una forma irregular y los que siguen son sus herederos. Sobre su frente aún ven muchos la mancha de ese pecado original y no lo olvidan. Muchas veces discuto esto con gente que está contra ellos: pasó lo que pasó, pasó hace tiempo, fue algo ilegítimo, pero pasó. El club es ahora de sus propietarios, lo es legalmente y es estéril preocuparse por ello. Es lo que hay, y punto.


Otra cosa es el desempeño deportivo del club, que no es el que fue, ni el que tendría que ser. A pesar del oasis de esos dos títulos hace dos temporadas, a nadie se oculta que le Atlético ha bajado puestos en el escalafón nacional y en el europeo. Bastaba ver a esos veteranos allí para recordar años en que el Atlético ganaba ligas, pisaba fuerte en Europa. Los jugadores eran buenos y duraban años. El público estaba identificado con ellos, les quería, les sigue queriendo. De tiempo acá es muy diferente. Empezó por el correr vertiginoso de entrenadores con Gil, y pronto pasó a los jugadores. En estos últimos años han entrado y salido a mayor velocidad que nunca y difícilmente se ha encontrado justificación a las llegadas de muchos de ellos, de los que no queda más recuerdo que el costo que provocaron. Y no se ha podido retener ni al Niño Torres ni a Agüero, que se han marchado porque entendieron que el club no estaba a la altura de sus expectativas. Como De Gea, en cuyo puesto hay ahora un espléndido y joven portero, pero en tarea de formación para otro club europeo. Y está en pista de salida Reyes, la ilusión del año pasado.


Todo eso es verdad, justifica la desconfianza del aficionado hacia los rectores del club.


Pero eso no debe ser trasladado al campo. Yo creo que el campo futuro es bueno, que el Atlético estará mejor, que habrá unas incomodidades en el salto de un campo al otro que pronto se olvidarán.


Lo que no me queda claro, ni me han sabido aclarar, es qué pasará si hay JJOO y el campo debe reservarse durante unos cuantos meses para su preparación para ellos, que no es ninguna tontería: levantar el suelo, cegar la  grada baja, hacer pista… Y después lo mismo, pero al revés. La explicación es que en ese caso el Atlético jugaría durante ese tiempo en un campo a construir en la nueva ciudad deportiva, proyectada en Alcorcón. Pero esa ciudad deportiva todavía es una entelequia (hay terreno reservado, pero sólo eso) y no me imagino que ahí se levante un estadio en el que puedan caber al menos todos los abonados del Atlético. ¿Para qué? ¿Para esos meses, los primeros del traslado, si hay que tirar el Calderón antes de estar acabada la Peineta, y para los de la eventual reforma de quita y pon para el atletismo? Me parece irreal. Sería un dispendio, un absurdo. Es inverosímil.

 
Supongo que sería más fácil jugar en el Bernabéu, que las relaciones no son tan malas, y que podría hacerse. En los sesenta vi al Atlético jugar un par de partidos de la Copa de Ferias en el Bernabéu, con la Juve y el Nuremberg, por cuestión de la iluminación. Y al poco de llegar yo a la dirección de AS jugó allí un partido contra el Celta, de Liga, porque el césped estaba mal.


Me parece más realizable esa solución. Pero los recelos entre los dirigentes del club y la afición son de tal orden que esas cosas no se pueden ni plantear. Esa desconfianza es una mochila con la que viaja el Atlético y eso se nota en cada paso que da. Aunque sea un paso tan bueno como anunciar, con el alcalde a la cabeza, y en un acto espléndido, el ilusionante proyecto de un campo nuevo.

Archivado en

© DIARIO AS, S.L. - Valentín Beato, 44 - 28037 Madrid [España] - Tel. 91 375 25 00