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jueves, 08 diciembre 2011

Por Alfredo Relaño

Sobre el Atlético y la Peineta

Estuve anteanoche en la presentación del futuro campo del Atlético. Un buen acto. Magnífico el lugar, el nuevo Ayuntamiento, antes palacio de Telecomunicaciones. Al escenario de la presentación se accedía por una galería magníficamente guarnecida, en uno de sus lados, con un repaso iconográfico de la historia del club, fotos de los campos anteriores, camisetas, balones, botas, trofeos… Todo ordenado cronológicamente de más antiguo a más moderno. Estupenda la asistencia, desde autoridades (el alcalde al frente) hasta la plantilla actual, pasando por los veteranos, gente excelsa de verdad. Viéndolos ahí, uno recuerda lo grande que ha sido el Atlético: Adelardo, Peiró, Collar, Luis Aragonés, Reina, Luis Pereira… Muy bien Juan Ramón Lucas, sencillo, cariñoso, atlético de verdad. Y muy bien el arquitecto, Antonio Cruz, didáctico y preciso en su exposición, bien acompañada por las imágenes oportunas.


El Atlético tendrá un nuevo campo. ¿Cuándo? Eso no lo sé. En el mismo acto se puso en marcha un cronómetro digital con casillas para segundos, minutos, horas, días, meses y años. No sé cuándo estará listo el campo, porque vivimos en tiempos de crisis severa, y más severa aún va a ser. El reloj no es una cuenta atrás hacia un plazo, sino una cuenta hacia delante, a tiempo abierto y ancha es Castilla. Pero estoy seguro de que el Atlético tendrá campo nuevo. Sin pista de atletismo, que sólo sería agregada, a costa de la grada más baja, si nos dieran los JJOO 2020 para Madrid, y luego sería retirada. Un buen campo, mejor que el de ahora.


Ya sé que muchos atléticos desconfían. Todo cambio de casa desconcierta. Y un campo de fútbol es un espacio sentimental en el que uno ha vivido sensaciones únicas. Posiblemente empezaste a ir allí con tu padre, que quizá ya no esté. Con las piedras derruidas se van esos momentos de complicidad tan gratos en el recuerdo. Y ahí has visto a los ídolos de tu niñez o adolescencia, los verdaderos ídolos, los que quedan en el recuerdo. Basta ir ahora al Manzanares, cerrar los ojos para evocar aquellos tres goles al Cagliari, por ejemplo. O la Intercontinental. O el juego impagable de Luiz Pereira. O el regate de Collar. O el estilo industrioso e infalible de Adelardo.


Eso pesa en el ánimo de algunos. Yo ya he vivido una mudanza del Atlético, viví sus dos últimas temporadas en el Metropolitano, donde aún debutaron Ufarte y Luis, donde dejó sus carreras Peiró, ‘El Galgo de Cuatro Caminos’. Así que eso me afecta menos. El Atlético cambió entonces a mejor. A un campo todo asiento, novedad en la época, nuevo, espacioso, grande. Aún así, algunos echaron en falta en pintoresquismo del Metropolitano. Y les pareció que aquello Y me parece que ahora también cambia a mejor. Habrá a quien le pille más lejos, pero habrá también a quien le pille más cerca.


Pero lo que más pesa en el ánimo de muchos es la desconfianza crónica hacia quienes dirigen el club. Jesús Gil se hizo con el poder de una forma irregular y los que siguen son sus herederos. Sobre su frente aún ven muchos la mancha de ese pecado original y no lo olvidan. Muchas veces discuto esto con gente que está contra ellos: pasó lo que pasó, pasó hace tiempo, fue algo ilegítimo, pero pasó. El club es ahora de sus propietarios, lo es legalmente y es estéril preocuparse por ello. Es lo que hay, y punto.


Otra cosa es el desempeño deportivo del club, que no es el que fue, ni el que tendría que ser. A pesar del oasis de esos dos títulos hace dos temporadas, a nadie se oculta que le Atlético ha bajado puestos en el escalafón nacional y en el europeo. Bastaba ver a esos veteranos allí para recordar años en que el Atlético ganaba ligas, pisaba fuerte en Europa. Los jugadores eran buenos y duraban años. El público estaba identificado con ellos, les quería, les sigue queriendo. De tiempo acá es muy diferente. Empezó por el correr vertiginoso de entrenadores con Gil, y pronto pasó a los jugadores. En estos últimos años han entrado y salido a mayor velocidad que nunca y difícilmente se ha encontrado justificación a las llegadas de muchos de ellos, de los que no queda más recuerdo que el costo que provocaron. Y no se ha podido retener ni al Niño Torres ni a Agüero, que se han marchado porque entendieron que el club no estaba a la altura de sus expectativas. Como De Gea, en cuyo puesto hay ahora un espléndido y joven portero, pero en tarea de formación para otro club europeo. Y está en pista de salida Reyes, la ilusión del año pasado.


Todo eso es verdad, justifica la desconfianza del aficionado hacia los rectores del club.


Pero eso no debe ser trasladado al campo. Yo creo que el campo futuro es bueno, que el Atlético estará mejor, que habrá unas incomodidades en el salto de un campo al otro que pronto se olvidarán.


Lo que no me queda claro, ni me han sabido aclarar, es qué pasará si hay JJOO y el campo debe reservarse durante unos cuantos meses para su preparación para ellos, que no es ninguna tontería: levantar el suelo, cegar la  grada baja, hacer pista… Y después lo mismo, pero al revés. La explicación es que en ese caso el Atlético jugaría durante ese tiempo en un campo a construir en la nueva ciudad deportiva, proyectada en Alcorcón. Pero esa ciudad deportiva todavía es una entelequia (hay terreno reservado, pero sólo eso) y no me imagino que ahí se levante un estadio en el que puedan caber al menos todos los abonados del Atlético. ¿Para qué? ¿Para esos meses, los primeros del traslado, si hay que tirar el Calderón antes de estar acabada la Peineta, y para los de la eventual reforma de quita y pon para el atletismo? Me parece irreal. Sería un dispendio, un absurdo. Es inverosímil.

 
Supongo que sería más fácil jugar en el Bernabéu, que las relaciones no son tan malas, y que podría hacerse. En los sesenta vi al Atlético jugar un par de partidos de la Copa de Ferias en el Bernabéu, con la Juve y el Nuremberg, por cuestión de la iluminación. Y al poco de llegar yo a la dirección de AS jugó allí un partido contra el Celta, de Liga, porque el césped estaba mal.


Me parece más realizable esa solución. Pero los recelos entre los dirigentes del club y la afición son de tal orden que esas cosas no se pueden ni plantear. Esa desconfianza es una mochila con la que viaja el Atlético y eso se nota en cada paso que da. Aunque sea un paso tan bueno como anunciar, con el alcalde a la cabeza, y en un acto espléndido, el ilusionante proyecto de un campo nuevo.

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