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El blog de Pipo lópez

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viernes, 15 marzo 2013

Por Alfredo Relaño

Aquella gira de San Lorenzo de Almagro


PapaSu Santidad es hincha de San Lorenzo de Almagro, y nada quisiera yo menos que ser irrespetuoso ni manifestar mi sana envidia por no haber compartido con él el disfrute del gran equipo de Boedo de los cuarenta. Porque ahora que tienen hincha tan ilustre resulta oportuno recordar que San Lorenzo tuvo un equipo glorioso en la segunda mitad de los cuarenta. Tanto que su gira por España a finales de 1946 y principios de 1947 dejó una impronta extremadamente positiva en nuestro fútbol. Aún a mediados de los sesenta, cuando yo empecé a enterarme bien del fútbol, se hablaba de aquello.

 

San Lorenzo nació, según lo cuenta Osvaldo Bayer en su estupenda ‘Historia del Fútbol Argentino’, como los ‘Forzosos de Almagro’, detrás de la capilla de San Antonio del barrio. Pasaron a llamarse San Lorenzo en homenaje al cura Lorenzo Massa, ‘incansable alentador de los muchachos’, como refiere el propio Osvaldo Bayer, aunque él mismo advierte que el nombre del club se debe, según los menos devotos, al combate de San Lorenzo.

 

Para los españoles San Lorenzo sonó por primera vez con fuerza cuando debutó allí Lángara, náufrago de la selección vasca que tras una gira por Europa (de la que se desprendió Gorostiza, que luego haría una segunda carrera en el Valencia) acabó por dispersarse entre varios clubes americanos. Lángara debutaría en el San Lorenzo de Almagro con cuatro goles ante el River Plate, en una aparición que resultó un trueno. Fue, me lo ha dicho en más de una ocasión, la primera vez que Di Stéfano, un niño entonces, presenció un partido de fútbol, de la mano de su padre. Me asegura que es capaz de reconocerse entre el público en la foto más célebre del partido, en la que Lángara canta uno de los goles y la perspectiva de la foto les presenta a él y a su padre, espectadores atónitos ante la exhibición del gran goleador vasco.

 

Pero no fue sino hasta el invierno 1946-47 cuando San Lorenzo alcanzó gran nombradía entre nosotros. Por entonces (el verano austral) aquel entonces gran equipo argentino vino de gira por España. Ya no estaba Lángara, regresado a España, al Oviedo, pero San Lorenzo mantenía a Zubieta, un medio de amplia zancada y gran presencia, último resto de aquel gran equipo vasco (Luego acabaría regresando también, al Deportivo de La Coruña). Pero tenía sobre todo una delantera de leyenda, que aún recitan los clásicos: De la Mata, Farro, Pontoni, Martino y Silva.

 

La delantera que entusiasmó al nuevo para cuando era niño.

 

Ese equipo, campeón de Argentina en 1946, hizo una gira por Portugal y España que resultó legendaria, con cinco victorias, cuatro empates y sólo una derrota. Todo eso en seis semanas, con los viajes por tren o carretera y las farras correspondientes, lo que añade mérito a tales resultados, que dejaron un saldo de 48 goles a favor y 26 en contra.

 

El primer día del año de 1947 fue quizá el partido más sonado, cuando se enfrentaron en Les Corts (el campo del Barça hasta que se inauguró el Camp Nou, diez años más tarde, impelidos por la expectación que Kubala creaba)  a la Selección Española. San Lorenzo, con el viejo Zubieta en sus filas y el quinteto de ataque antes desarrollado, ganó 5-7 en un partido legendario. Fue una exhibición de lo que ahora llamamos tiqui-taca, entonces algo desconocido. Lángara ya jugaba para entonces en la Selección Española, regresado como había al Oviedo. Pero aquel San Lorenzo era demasiado. Se organizaba ya en la entonces moderna WM, consistente en tres defensas, dos medios, dos interiores y tres atacantes, los dos extremos y el delantero centro. Por entonces, en España aún jugábamos lo que se llamaba ‘el método’, dos defensas, tres medios y cinco delanteros. Entre aquella disposición táctica, entonces aún un poco troglodita, filtró su finísimo juego el San Lorenzo de aquellos genios para ganarnos 5-7.

 

Aquella gira sirvió de redención a José Luis López Panizo, simplemente Panizo para la afición española, cerebro del gran Athletic de aquellos años. Para gran parte de la afición española, y particularmente la de San Mamés, era un jugador lento, premioso, muy distanciando del gusto enérgico de la época, y más en el Norte, donde sólo se concebía el fútbol de pelota larga, pierna fuerte, salto y vigor. Panizo tenía otra visión del juego, menos predispuesta al choque, más inclinada a la paciencia, la búsqueda, el amago y el engaño. No todo el mundo estaba dispuesto a aceptar eso. Hasta que llegó San Lorenzo de Almagro a San Mamés. En la víspera dejaron una frase que quedaría en los oídos de los españoles para muchos años:

 

-El gol es un pase a la red.

 

¿Un pase a la red? Aquí sólo se había concebido el gol hasta entonces como remates violentos o cabezazos heroicos. ¿Un pase a la red?

 

Pero San Lorenzo de Almagro pasó por San Mamés, dio el consabido baile (aunque los descuidos atrás produjeron un 3-3 final) y la gente se marchó de San Mamés diciendo:

 

-¡Pero si juegan todos como Panizo!

 

Y Panizo no tuvo en adelante problemas para ser admitido por el público de San Mamés, y del resto de España. Es más: se le pasó a ver como un jugador superior, un avanzado a su época, algo que en verdad era.

 

Aquel recuerdo queda aún en España entre los más viejos aficionados, y entre quienes les escuchamos. Hace casi sesenta años. San Lorenzo ha vivido sus aventuras desde entonces, no todas buenas. Aún nos mandó excelentes jugadores, como D’Alessandro, Rezza, Heredia, Ayala o García Ameijenda. Más tarde, la fastrupia municipal provocó la desaparición del viejo campo, el Gasómetro de Boedo, donde ahora hay un hipermercado. De ahí tuvo que marcharse al Bajo Flores, lejos de su raíz, donde sobrevive como puede. No es lo de antes. No es lo de los buenos años del Gasómetro, con Lángara. Ni los de la gloriosa gira por España y Portugal. Tampoco los de aquel campeonato invicto de 1968.

 

Pero al menos tienen al más ilustre de los hinchas: el Papa. San Lorenzo está de vuelta.

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miércoles, 17 agosto 2011

Por Alfredo Relaño

Hay huelga pero no hay dinero

No dejo de tener la sensación de que Rubiales quería convocar una huelga desde que llegó. De hecho, ganó el puesto presentando un programa duro, en contraste con su antecesor, Movilla, que se había vuelto demasiado bizcochón para ser sindicalista. Rubiales, reciente capitán de aquel Levante que no cobraba y por el que casi se para el fútbol hace tres temporadas, venía endurecido por el conflicto y entrenado en él.

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Y se ha encontrado unas bases que le exigían esto. Unos doscientos jugadores tienen atrasos en sus haberes. Lo de pagar tarde y mal (o nunca) a los jugadores es una vieja tradición que se aceleró cuando éstos, de la mano de Javier Tebas, encontraron la escapatoria de la ley concursal. Así podían no pagar (a los jugadores ni a nadie) sin descender de categoría. El uso se convirtió en abuso y en estos últimos años hasta 22 clubes de un total de los 42 de Primera y Segunda se han metido en algún momento en ese burladero. Tras un proceso concursal, liberados de su deuda, han ido saliendo. Pero tras los que salían entraban otros. Ahora mismo están en ese caso Betis, Zaragoza, Racing, Rayo, Hércules, Córdoba y Recreativo, y entre ellos acumulan una deuda conjunta con sus jugadores de 52,8 millones de euros.

Al cabo del tiempo, los jugadores se sienten burlados. Y a ello se añaden agravios gratuitos, como decirle directamente que no se le va a pagar al jugador que se desea que abandone la plantilla, aunque tenga contrato en vigor. Caso frecuente. O, simplemente, apartarles el entrenador del grupo, como apestados, casos Aitor Ocio y Ustaritz en el Athletic o Pedro León en el Madrid. Son gestos que hace que el colectivo se sienta dolido. El remate fue amenazar en una de las discusiones del convenio con considerar periodo vacacional el tiempo que los internacionales dedican a sus selecciones. Eso puso a los internacionales en armas y le valió a Rubiales esa foto de poder, con Casillas y Puyol detrás.

Pero justamente ahora se estaban dando pasos en dirección buena. El Congreso de los Diputados ha votado en comisión una transaccional de la Ley Concursal por la cual en el caso de las sociedades deportivas prevalece la Ley del Deporte. Es decir, que en adelante los clubes que acudiesen a la concursal descenderían por impago a los jugadores. Falta la aprobación del Senado, que llegará en septiembre, y de ahí al pleno de las Cortes. Y entraría en vigor para el final de esta temporada que empieza.

Pero alguien malmetió en la LFP y en asamblea se llegó a votar, de una manera genérica, que en caso de que saliera adelante la transaccional o que la administración decidiera desviar parte del 10 % de las quinielas a los jugadores, quedaría sin efecto el convenio que ahora se está tratando de sacar adelante. A cambio, la liga ofrece crear un fondo común para pagar a los jugadores víctimas de la ‘trampa concursal’, como muchos la llaman. Ese fondo sólo cubriría diez millones anuales, una quinta parte de lo que ha quedado colgado este año, pero ya es mucho más de lo que se ofrece en cualquier sector. La Liga creía que se podía avanzar por este camino. Los jugadores, por su parte, piden participar en la venta de los cromos Panini, piden los derechos de imagen cuando firmen por los clubes y un porcentaje de los derechos de televisión.

Y tampoco tienen para más. Los clubes gastan sistemáticamente más de lo que ingresan y lo gastan, mayormente, en los futbolistas: y en su defecto, en los agentes. La idea de que el dinero del fútbol es interminable ha llevado a los futbolistas a esta situación. Los clubes les han firmado en muchos casos cantidades que no les podrían pagar, empujados por una codicia creciente de los futbolistas y por la rivalidad insensata que alimenta al fútbol, en el que cada cual huye del descenso o persigue el ascenso, o el tren de Europa, con desesperación.

En 1990 participé en la apertura del contrato de televisión de la LFP con las Autonómicas, para dar entrada a Canal+, que aparecía con la fórmula de pago. Lo que ahora se paga por esos derechos es ¡dieciséis! veces más que lo que se pagó entonces. También han aparecido desde aquello nuevas fórmulas de explotación de marketing, y por aquí y por allá las administraciones han ido tapando agujeros: prestando sin esperanza de recuperar, comprando el estadio para dejarlo en usufructo, poniendo publicidad institucional sobrepagada, recalificando generosamente terrenos…

Las teles que dan fútbol sufren, las administraciones están arruinadas, bajo la severa mirada de Angela Merkel, que tiene el mazo de cartas. Ahora se intenta rascar a las radios una cantidad que a ellas les hará sufrir, pero que el fútbol evaporará en dos patadas.

No hay dinero. Alguien tiene que decírselo a los futbolistas. Y una huelga no va a remediar esto. 

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jueves, 14 abril 2011

Por Alfredo Relaño

Aún hay que ver a Messi fuera del Barça

Messi_blog

Hace pocas noches reapareció Astruells en El Larguero, pletórico de salud tras una operación. Y soltó una reflexión que me dejó pensando: "Messi es el jugador con más influencia en un equipo que he visto jamás. Ni Pelé, ni Cruyff, ni Di Stéfano, ni Ronaldo ni nadie de los que he visto hasta ahora..." Cuando me preguntaron me quedé en duda sobre si darle o no la razón. He visto a Maradona ganar un Mundial casi solo, pero su excelencia sólo lució en sus máximos en ese Mundial, quizá el único mes en su vida en que trabajó a tope. El resto de su carrera fue maravillosa, pero su producción en goles no fue comparable a la de otros grandes, y eso es un hecho. Como creo que Cruyff nunca llegó a esas alturas, me quedé pensando en Pelé y Di Stéfano. De Pelé llegué a leer de niño en el ABC que mi padre traía a casa que los campos de Brasil se vaciaban porque se estaba perdiendo la emoción: el equipo de Pelé siempre ganaba. A Pelé solo le frenó algo, a partir de cierta edad, la tremenda sobreexplotación a la que le sometieron, con viajes a todas partes. Y le pegaban mucho, porque fue anterior a las tarjetas. ¿Y Di Stéfano? Di Stéfano fue tremendo. Algo así como Makelele, Zidane y Ronaldo en un mismo cuerpo. Quitaba, creaba y marcaba muchísimos goles. Llenaba el campo, agitaba a los compañeros, intimidaba a los rivales y hacía todos los goles que se le pueden pedir a un gran goleador. Pero Messi se nos está instalando más allá de la frontera imposible del gol por partido, y eso en estos tiempos de cincuenta partidos al año. Y cada vez que he visto al Barça en un apuro, le he visto a él meter una velocidad más para marcar ese gol que faltaba. A su edad ha hecho mucho más que Maradona. Pero algo le falta: funcionar así de bien fuera de la excelencia del Barça, cosa que aún no ha hecho con Argentina. Se podría decir que el gran Messi crece en un biotopo perfecto, como es el Barça, donde se crió. Cuando traslade esa capacidad para decidir en un medio distinto, como la selección Argentina, estaré más próximo a la afirmación de Astruells.

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