Nat Agar y el primer partido del Madrid en Estados Unidos

En 1927, y a consecuencia del éxito de la gira que el Madrid había realizado por diferentes países europeos (Francia, Inglaterra y Dinamarca) en 1925, el Madrid decidió emprender una prometedora gira por América. La llevó a cabo por varios motivos: la primera, la existencia (ya habitual por aquel entonces) de jugadores profesionales obligaba al pago de sus nóminas. Además, había por medio una gran (y tentadora) oferta económica… y, además, Bernabéu (adelantado a su tiempo), que era un jugador con gran ascendiente sobre sus compañeros, veía la oportunidad como una gran ocasión para ver el fútbol que se realizaba en aquellos países. Así pues, el 14 de junio de 1927, la expedición madridista se embarcaba en la estación del Mediodía para coger un tren rumbo a Barcelona, desde donde cogerían un transatlántico, el Giulio Cesare, que les llevaría a tierras americanas.

 

La expedición la formaban Oliván, Quesada, Josemari Peña, Lope Peña, Muñagorri, Pepín Menéndez, Moraleda y Del Campo, todos ellos del Madrid, a los que se sumaron Manolo Vidal y Travieso (del Athletic vasco), Quico Marín y Triana (del Athletic madrileño), Urquizu y Gurrucharri (de Osasuna), Esparza (del Tolosa) y Pachuco Prats (del Murcia). Faltaron Cándido Martínez y Monjardín. El primero había contraído matrimonio, mientras que al segundo no le dejó viajar la familia. Viajaron a Buenos Aires, para desde ahí subir por diferentes países americanos hasta acabar en Nueva York. (Ver imagen abajo)

 

Expedicion-Real-Madrid-barco-1927-Foto-AS

 

Allí, en la ciudad americana jugó el Madrid su primer partido en tierras norteamericanas. Fue el 24 de septiembre de 1927. Los jugadores del Madrid llegaban tras haber jugado 15 encuentros en tres meses. Su rival fue el Galicia Sporting y el encuentro se disputó en Brooklyn, en su estadio de Hawthorne Field. Previamente había disputado seis encuentros en tierras mexicanas. Los madridistas, que cogieron un ferrocarril en el Laredo mexicano, tardaron cuatro días en llegar a la Gran Manzana.

 

Aún así la continua publicación de noticias referentes al partido (llegó a tener una noticia diaria en la semana antes del encuentro en el New York Times) atrajo a muchos aficionados, a los que curiosamente les llamaba poderosamente la atención el término ‘Real’ (Royal en inglés) en el nombre del equipo. La noche anterior incluso se organizó un banquete-recepción en el Hotel Penssylvania para recibir a los jugadores madridistas.

 

Aquel sábado, 24 de septiembre, unas 5.000 personas se juntaron en las gradas, entre las que se encontraba el Cónsul español en la ciudad norteamericana, Casares Gil. La mayoría eran españoles, que iban a ver a los madridistas… y a cinco jugadores compatriotas que militaban en el Galicia. Sus apellidos eran José, Rodríguez, Vega, Guerra y Costa. Quien no jugó fue Quesada, que tuvo que regresar inesperadamente por el fallecimiento de su padre.

 

Dirigidos por el colegiado señor Creighton, el partido finalizaría con empate a un tanto. Se adelantó el equipo local, obra de Vega a los 14 minutos de partido. Empataría Travieso a los 17 minutos de la segunda parte. El partido empezó de mala manera para los blancos, quizá por el cansancio del viaje acumulado. Incluso Escobal tuvo que frenar a un delantero rival, Wall, que procedía del rugby, de un modo nada ortodoxo: Nada más comenzar, dio tres violentos golpes a Lope Peña, Esparza y Oliván. Escobal, viendo el desarrollo, decidió tomarse la justicia por su mano: le pegó tal mandoble que Wall no volvió a perder la cabeza…

 

Pero el gran protagonista de este encuentro no fue ningún jugador, sino uno de los grandes prohombres del fútbol americano: Nathan ‘Nat’ Agar, dueño de un equipo, los Brooklyn Wanderers, que en la década de los años 20 se ocupó de atraer a equipos de diferentes países para que jugasen en la Gran Manzana. Así, llevó a equipos como el Nacional de Montevideo, el Maccabi de Tel Aviv, incluso equipos como el Sparta de Praga. Él fue el encargado de organizar el encuentro y de ocuparse de la expedición madridista. Todos quedaron encantados de su labor y esfuerzo. Sin embargo, poco después, Agar fue víctima de la guerra que mantenían las dos asociaciones de fútbol existentes en Estados Unidos. Desapareció poco a poco hasta caer en el olvido. Pero él fue la persona que hizo que el Real Madrid jugase su primer encuentro en los Estados Unidos...

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