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Mr. Pentland

Mr. Pentland

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento. Aquí tiene su banquillo.

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03/09/2014

Por Alfredo Matilla

Abelardo ya sabe lo que es

Se cerró el mercado de fichajes y, como siempre, la tensión se palpó hasta el último segundo. No fue para menos. En Inglaterra, Falcao firmó con el United casi en el descuento. Y en Valencia, la otra bomba (Negredo), también lo hizo sobre la bocina. De nuevo se repitió la imagen de tantas y tantas temporadas anteriores. Con la gente pegada a la radio (ahora también a twitter) y el fax de la LFP echando humo mientras cientos de clubes hacían los deberes. Como cada año, en pleno mercadeo, hubo varios gremios que vivieron estresados con la compra-venta de jugadores a la desesperada. Los directores deportivos por justificar un cargo bajo sospecha. Los representantes por colocar el género. Los jugadores, pura mercancía a esas horas, por saber si echar ropa el bañador en la maleta o rescatar la ropa de abrigo. Los entrenadores porque sus presidentes no se le jugasen sin avisar como suelen. Y, no me olvido, los periodistas por adelantar alguna de las sorpresas y dar cabida en las crónicas exprés a las innumerables novedades.

Todo el mundo del fútbol estuvo de nuevo en alerta hasta el pitido final del 1 de septiembre. Todos, salvo un hombre, que ya sabía lo que había desde que comenzó este verano. Abelardo Fernández, más conocido por apodarse Pitu y por ser el entrenador del Sporting, equipo de Segunda cuya plantilla ha sido la única entre todas las profesionales en España sin hacer ningún fichaje. Como lo oyen. Una curiosidad que parece increíble en estos tiempos. Una rareza para una entidad donde luchar por el ascenso parece darse por descontado tras entrar en el último play-off de la mano de este preparador. Una noticia esperada y sin precedentes como consecuencia del despilfarro en el que ha desembocado el fútbol. Y una realidad que obliga al presidente a no exigir más de la cuenta y a la cantera de Mareo a volver a dar que hablar. Total, fichar no siempre es síntoma de mejoría. Miren el Madrid.

Pitu1

Lo del Sporting no ha sido por falta de ganas. Que conste. Más bien fue por escasez de recursos. Y no hablo sólo de los económicos, que son los principales. También destaco los humanos. Veo, cuentan e indago hasta llegar a la conclusión de que el club, como tantos otros a punto de estrellarse o que se han estrellado ya, necesitan una restructuración profunda de arriba abajo hasta poner la entidad en manos de quien sabe de fútbol y siempre lo concebió antes como un deporte que como un negocio. Con el tope salarial impuesto por la LFP (3,2 millones de euros) y la deuda a corto plazo con Hacienda acechando, el Sporting no pudo deshacerse de todas las fichas que le hubiera gustado para poder tener algo de dinero y fichar. Ni la venta de Scepovic (2,5 millones) ayudó.

Así, mientras que los periódicos informaban estos días de los 200 millones de euros que se ha gastado el United, los 112 del Atlético o, entre los modestos como el Sporting,  los 20 fichajes que ha hecho el Rayo (casi sin coste) y las quejas de los técnicos del Elche y el Recre por la falta de refuerzos; Abelardo se ha visto obligado a callar al ver como su club no tenía ni dinero ni ingenio. La procesión debe ir por dentro. Sus peticiones al inicio de la pretemporada no sentaron bien a su directiva así que fue llamado al orden en privado. Por eso, ahora sólo le queda reactivar la ilusión de la plantilla con sus charlas y repartir confianza allá donde va. De momento, en medio de una crispación social contra el máximo accionista, José Fernández, el plan le funciona. El Sporting está en lo alto de la tabla, con dos victorias en dos partidos, y ya tiene más de 16.000 socios.

Su situación obligará a estar muy pendientes. Porque si el equipo no cumple los objetivos marcados (permanencia e ilusionar con algo más) Gijón arderá. Es una ciudad de Primera. Pero sobre todo porque si el equipo vuela habrá que desmitificar los supuestos beneficios de una lluvia de fichajes en cada verano y habrá que hacer de nuevo la ola a una cantera ejemplar por la que hasta 14 jugadores de la primera plantilla actual han pasado. Y no me extrañaría que ocurriera lo segundo. La juventud se crece ante los problemas. Ya pasó. Como apunta mi compañero de AS en Asturias, en la temporada 1976-77 el Sporting sólo hizo un fichaje, el Chato Núñez, la cantera fue reclamada y el equipo ascendió…

Ahora, lo peor para el Sporting y Abelardo de esta situación precaria no es la falta de fichajes. Es, por ejemplo, la dura realidad que toca vivir: para ir a Albacete a disputar la próxima jornada de la Liga Adelante el equipo irá en autobús, estará fuera de casa tres días y sólo podrá dormir en hotel uno de ellos. Otros tiempos.

¿Qué es lo mejor? Que ha llamado la atención con su precariedad y si la temporada se da bien, imagínense, Abelardo será todo un referente. Para liderar un nuevo proyecto de futuro en el Sporting, como la mayoría desea, o (quién sabe) hasta para ser llamado a filas como buen culé por su amigo Luis Enrique con el objetivo de que oriente con su innovadora experiencia a su antiguo club. Ya saben, tras fichar a un lateral derecho (Douglas) teniendo ya a dos, a un central que no lo es (Mathieu) para jugar al lado de otro caso similar (Mascherano) y a una estrella a la que aún le quedan casi dos meses de ‘arresto’ (Luis Suárez), el Barça no podrá fichar hasta 2016 al estar sancionado; así que los consejos del Pitu podrían ser elevados a tesis si es que sale de ésta.

 

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28/08/2014

Por Alfredo Matilla

‘Otto’ Simeone, el gafe de Lucho y la locura de Brasil

Arrancó la Liga y arranca de nuevo este blog. Los entrenadores, origen y destino de estas reflexiones, anécdotas y chascarrillos, siguen dando que hablar y debatir. Bendición. El campeonato en España se nos presenta con 20 exfutbolistas en los banquillos y con la mitad de ellos habiendo jugado alguna vez en la casa que defienden. Una realidad que refleja que la apuesta presidencial estos días se olvida de los experimentos y pone la experiencia y el corazón al mismo nivel del conocimiento. Doce repiten de la temporada pasada pero ocho, nada más y nada menos, entran nuevos en escena. Y lo más relevante, del total, 15 son españoles. Será la nueva confianza en el producto nacional o la falta de 'cash' en la chequera. Vaya usted a saber. Sea como fuere, es un privilegio añorado del que conviene disfrutar. No por desprecio a lo extranjero. No seamos paletos, sectarios ni retrógrados. Sino por generosidad, reconocimiento y gratitud con el potencial que estamos hartos de exportar. Un talento que en Segunda ya es una moda digna de estudio: 20 de los 22 técnicos son de aquí.

Lucho

La primera jornada dio para muchas cosas en el mundo del banquillo. Para ver el duelo (Granada-Depor) entre los dos entrenadores en activo con más partidos: Víctor Fernández (515) contra Caparrós (473). También para aupar a Paco Jémez al pedestal de Vallecas, donde ya es el preparador con más encuentros en Primera (77) por delante de Juande Ramos. Y para asistir, entre otros, al debut optimista y oficial del asturiano Luis Enrique. El técnico que intentará fulminar un curioso gafe culé: a entrenador no catalán en el Barça, resbalón seguro en la Liga. Nogués, Orizaola, César, Sasot, Laureano Ruiz, Luis Aragonés y Serra Ferrer fracasaron antes en su intento de cantar el alirón.

Pero no sólo en el dato podemos detenernos tras este inicio de campeonato. Las sensaciones también cuentan. En el Atlético hay un gran enfado por la sanción a Simeone. Tanto que la Supercopa de España birlada al Madrid quedó pronto a un lado. Ocho partidos pueden ser tantos como justos analizando su calentón como un hecho aislado. Otra cosa es si entramos en comparaciones... Lo cierto es que ningún técnico había sido tan fuertemente castigado como el argentino salvo una excepción, también colchonera. A Otto Bumbel le cayeron 12 partidos tras un Zaragoza-Atlético en diciembre de 1964 en el que Cortizo lesionó gravemente a Collar y en el que el preparador se propasó al protestarlo. Entonces, al entrenador del Atlético no le dejaron ni entrenar a diario por haber insultado con vehemencia. No hubo rebaja en el castigo (como ahora) y cumplió la docena en Liga sin que su equipo lo notara (¿como ahora?). Sólo perdió un encuentro, el último antes de volver a dirigir desde la banda, y el Atlético ganó al Barça en casa y al Madrid en el Bernabéu. Los entrenadores, para lo bueno y lo malo; antes, ahora y después, sólo piensan. No juegan.

Cholo

La otra noticia del estreno, más preocupante aún, fue la impaciencia popular entre tanto calor. El Bernabéu pitó el juego del Madrid 93 días después de haber ganado la ansiada Décima. Y aunque el puesto de Ancelotti no preocupa, lógicamente, pese a estar descomponiendo poco a poco el equilibrio que tanto le costó alcanzar, el gesto de la parroquia inquieta. Eso sí, menos que los gritos contra Arrasate tras la derrota de la Real Sociedad en Ipurua. El donostiarra comienza con el crédito en reserva. La Europa League aún puede recargar su depósito o vaciarlo completamente. Al menos, y pese a estos conatos de incendio, habrá que celebrar que ningún entrenador ha caído aún. Y no me tachen de loco. Hubo temporadas en las que los presidentes no daban ni siete días de gracia.

El último que fue despedido tan pronto aún sigue en la brecha y podría dar una conferencia de lo que vivió al empezar en la temporada 2002-03. Un época pasada que nadie espera que vuelva más. Tras dos años al frente del Villarreal, Víctor Muñoz fue destituido tras empatar en casa contra Osasuna (2-2) después de llevar dos goles de ventaja y una vez que ya había sido eliminado de la Copa. Lo de Santos Ovejero en el Atlético en 1990 fue distinto a lo protagonizado por el actual entrenador del Zaragoza. Ivic aún no estaba atado y no pudo sentarse hasta la segunda jornada. Lo de Luis Aragonés en el Betis en 1981 fue, supuestamente, por una lesión en la espalda que le obligó a dimitir y descansar (“espondiloartrosis”, rezaba el parte médico). Y lo de Luis Suárez en el Albacete en 1994 se debió a una espantada inesperada del propio entrenador.

En la actualidad, esa locura y el frenesí en los banquillos desde el principio de la temporada se ha trasladado a Brasil, centro del deporte en esta década y retiro espiritual de muchas de las figuras que han pasado por nuestra Liga. Ver para creer: ¡ya van 16 entrenadores despedidos en sólo 17 jornadas! Se agradece el relevo y la sacudida de tensión. Qué tiempos. Cuánta precipitación.

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28/05/2014

Por Alfredo Matilla

Del manteo de Carlo al de Paco en 24 horas

Mi fin de semana tuvo varios nombres propios en el mundo de los banquillos. Todos agolpados en 24 horas frenéticas que demuestran que aquí lo que casi siempre marca el paso son los resultados. Digan lo que digan. Por mucho que se hable de proyectos. Por mucho que los presidentes disimulen. Miren si no dónde está ya el Tata. La diferencia es que unos no lo reconocen y otros parecen haberlo aprendido. Desde las 20:45 horas del sábado a las 20:45 del domingo vi desde cómo se logra una Champions salvadora hasta cómo se abandona la Segunda B milagrosamente, pasando entre medias por cómo se lidia a la crítica más feroz mientras se confecciona una lista para el Mundial. Resumiendo: Desde la redacción de Madrid observé que Ancelotti y Simeone se comportaron en Lisboa como de costumbre, pero donde esperaba cordura y apoyo ante sus decisiones me encontré fluctuaciones en la hinchada. Luego, desde mi asiento de piloto rumbo a Cantabria escuché en la mañana del domingo al Del Bosque habitual recitar su convocatoria y, aunque intuía debate, no me esperaba tantas rajadas. Aquí no se salva nadie. Por mucho que haya hecho. Menos mal que ya por la tarde se confirmó que ese día el mundo giraba, por sorpresa, en una nueva e inesperada dirección. Y no sólo en las urnas. En Eibar, Albacete y Santander, tres plazas que sufrieron lo suyo, más allá de haber encontrado el ansiado ascenso, han dado con tres héroes a los que nadie pone en duda: Gaizka Garitano, Luis César Sampedro y Paco Fernández. Al primero ya le dediqué una merecida oda en este mismo blog (‘Gaizka venga a los Garitano’), con el segundo vibré a cada segundo por la radio tras mi pasado en el club manchego y con el tercero coincidí en vivo en una tarde-noche inolvidable.

Así fue. No me invento nada. Una pena no haber grabado estos cuatro ratos. Para ver cómo funcionamos (1, 2 y 3) y, en contraposición, para entender cuántas veces debemos tropezar hasta reaccionar, valorar las cosas y defenderlas a ultranza (4).

Ancelotti

1.- Con el Euroderbi del sábado aluciné. Mirando alrededor, Ancelotti pasó por todos estos estados en lo que dura un partido y su prolongación. Del paredón al estrellato. Empezó cuestionado al conocerse su alineación. La opción Khedira rechinaba. Así que con el gol de Godín ni les cuento. A última hora, con el paso desesperante de los minutos para el madridismo, era una teoría aceptada que su cabeza iba a rodar en cuestión de horas. Una 'mísera' Copa y esta decepción eran claves. El empate de Ramos, por tanto, no cambió sólo el rumbo de la final, sino también del futuro. El suyo y el del club. El Madrid ganó, Florentino se abrazó a Aznar y Ancelotti, claro, fue manteado. Ahora seguirá y de lo demás nadie se habrá acordado. Sin duda, un gol es decisivo.

2.- Del Cholo también oí de todo. Pero éste tenía de colchón una Liga y haber obrado un milagro contra dos monstruos. Tan bien comenzó su equipo en el estadio Da Luz que llegué a escuchar que la alineación de Diego Costa fue una estrategia a pesar de que estaba lesionado. La razón es rocambolesca pero compartida: así echaría abajo todo el plan defensivo previsto por el Madrid al cambiarle de inmediato y dar entrada a otro ‘9’ con distinto perfil. El empate en el descuento y el desplome de la prórroga cambió el discurso, que pasó a recriminar al argentino haber desperdiciado un cambio de salida que hubiera sido clave para seguir en la pelea al final. De nuevo, un gol fue decisivo.

3.- Sin tiempo casi para descansar con la cobertura de la Décima y Cibeles, desperté para lanzarme a la carretera en apoyo de uno de los fundadores de la Liga. La lista de Del Bosque amenizó el camino. Y en una mañana en la que uno esperaba paz y concordia, encontré bronca y palos al Marqués, campeón de todo lo que añorábamos. El lío vino porque su lista no fue definitiva a la espera de que los lesionados tengan parte, ya que tiene hasta el 2 de junio para rendir cuentas con la FIFA. Qué crueldad. Cuando todos sabemos que si hubiera dado ya los 23 nombres le reprocharíamos la falta de paciencia de la que siempre presumió, desconocimiento de las reglas y un atrevimiento desmedido que jamás se le vio. Escuché que debía haber llevado a Gabi, Isco y no sé cuantos más, faltas de respeto a Torres, incomprensión con Deulofeu y alarmas por Navas. Como si los que van fueran cojos y como si el seleccionador no se hubiera ganado de sobra la confianza en estos cinco años y pico. Unos decían Diego Costa no. Y otros, Diego Costa sí. Sin duda, un gol (suyo o de quien le supla) será decisivo.

Paco

Y 4.- Con un día tan ajetreado y con tanto baile de opiniones, me senté en El Sardinero y empecé a preguntar, por si las moscas, por Paco Fernández. Un entrenador asturiano (Oviedo, 1967) que llegó a un Racing desahuciado el pasado verano y que ha logrado lo que ningún otro técnico consiguió desde que Nando Yosu dejara de ejercer: unir al racinguismo y no tener detractores. Y eso que desde entonces, 2003, han pasado por el banquillo Lucas Alcaraz, Manolo Preciado, Portugal en dos ocasiones, Marcelino en otras dos, Muñiz, Mandiá, Cúper, Juanjo González, Álvaro Cervera, Unzúe, Fabri, Gay y Alejandro Menéndez. Y eso que allí se ha llegado a pitar a Muñiz por dejar al equipo 12º en Primera en el año más difícil (post-Marcelino) hace poco más de un lustro.

Antes las adversidades nos crecemos. Y qué cosas, cuando más división social había en el club cántabro por culpa de Pernía, Alí, Harry y demás saqueadores, y cuando más lejos ha estado una élite que se degustó en su máxima expresión en 2008 con la participación en la UEFA. Paco pudo con todo. Igual que antes se silbaba hasta a Henrique o Lacen (mundialistas), ahora la gente se pone en pie con Mariano y Koné (funambulistas)…

Por cosas del periodismo, unas veces se buscan las noticias y otras veces te llegan. El  fichaje de Paco por el Racing me llegó por la segunda vía en julio de 2013. Cuando llamé a Santander para cotejar y pedir referencias, alguno sonrió y los más numerosos dijeron despectivamente “quién es éste”. Hasta varios miembros del Consejo. Unos meses después todos, absolutamente todos, han coreado su nombre por hacer de un equipo modesto un líder admirable. Han manteado su figura por mantener la ilusión y el hambre intactas a pesar de los impagos (cuatro meses). Han reconocido su valentía tras aquel plantón legendario de la Copa. Han destacado su labor por no rendirse nunca. Y han alabado su compromiso porque ha sido de los pocos que no ha regateado los problemas y que ya ha dicho que se queda pese a que nueve de sus chicos acaban contrato, que se ha convertido al racinguismo y que ahora no se conforma y quiere ser campeón de 2ªB.

Paco, un técnico que ha contado con sólo cuatro jugadores de las últimas plantillas que han recuerda España (Mario, Francis, Oriol y Koné) ha logrado que el Racing vuelva a Segunda con sólo tres derrotas. Él ha permitido que 21.000 seguidores vieran un partido de 2ªB ante el Llagostera. Él ha motivado que ‘La Gradona de los Malditos’ lleve en volandas a sus héroes y no recite más a sus villanos. Él, con su implicación, ha hecho que el club se llene de voluntarios que igual limpian las gradas, que hacen de porteros, que venden papeletas para recaudar. Él ha conseguido que los periodistas narrasen la victoria con lágrimas en los ojos. Él fue determinante para que exjugadores, nuevos socios y aficionados ilustres de un club centenario se abrazaran más fuerte que nunca. Y él ha conseguido que el domingo todos empujaran hasta el bendito minuto 87, que nadie dudara y que se sintieran tan ganadores como los propios jugadores. Porque esta vez de nuevo un gol fue clave. Pero no para influir en el futuro del técnico. Ni siquiera por certificar un ascenso más. Fue por la salvación del viejo y admirado Racing.

Poster

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28/04/2014

Por Alfredo Matilla

En memoria de los revolucionarios

Llega el final. Lo decisivo. Es la semana de la Champions. Es el momento para la oda a Simeone por todo lo que ha hecho. Pase lo que pase. Es una buena oportunidad para reflejar la sorpresa de los que cuestionan a Ancelotti y ligan irremediablemente su futuro a la Décima. Son unos días oportunos incluso para hacer cábalas y resúmenes. Pero cuesta mucho avivar un blog como éste, dedicado a entrenadores, sin que estas líneas no sean un cariñoso y peculiar obituario a los recientemente caídos que pasaron por nuestra Liga.

Vilanova

La semana ha sido dura. Ha venido a completar un arranque de año negro en los banquillos. Una desgracia tras otra que ha demostrado que aunque la tristeza por una pérdida parezca más grande cuanto mayor es la cercanía, el dolor deja tocados a muchos de los que casi no les conocimos. 2014 comenzó echando de menos, entre otros, a José María Maguregui. Luego llegó el adiós a Luis Aragonés. Y en 48 horas nos ha tocado despedir a Tito Vilanova y a Vujadin Boskov. De todos se ha escrito ya una buena parte de todo lo que merecían, así que no pretenderé ser más ingenioso que nadie y evitaré ser repetitivo. Simplemente quería recuperar su mejor legado. Guardar para siempre su última imagen en un banquillo. Y no olvidar la rica herencia que nos dejan y en la que, pese a ser diferentes y vivir épocas distintas, hay una base común: la revolución.

MagMaguregui (1934-2013) hubiera tenido mucho que decir hoy en día. Con el Chelsea de Mou en boca de todos por su planteamiento ultradefensivo ante el Atlético y el Liverpool, él, inventor entre otras muchas cosas del cerrojazo a la española, hubiera podido defender al portugués con argumentos. Maguregui, exjugador consagrado en el Athletic, inventó la táctica del murciélago: “Todos colgados del larguero”. Y también aquella amenaza de “aparcaremos el autobús en el área chica”. Su forma de pelear era legítima. Y por ello hizo carrera. Sobre todo porque, salvo en el Atlético, siempre peleó con equipos que solían estar estructurados para la supervivencia. Su última imagen pública resume una vida rodeada de adeptos. El 5 de junio la Catedral rindió homenaje a varios mitos como él. Con la mirada perdida sobre el césped podía sentir aún la emoción. Su último partido fue a principios de 1993, en Tercera, con el Polideportivo Almería. Prueba irrefutable de que su pasión por este deporte era ilimitada.

ARAGONESDe Luis Aragonés (1938-2014) qué más se puede decir. Con su carácter especial pasó por este mundo como un tipo peculiar que no dejó de aportar cosas nuevas para evolucionar. Como jugador ya había perfeccionado como pocos el lanzamiento de falta con la sutileza del interior en vez de con la potencia del empine. Y como entrenador supo hacer de la contra un arte y, no lo olvidaremos, del tiqui-taca una religión. Él pavimentó la senda ganadora de la Selección. Fue un entrenador que, en otras muchas cosas, dejó huella por hacer de psicólogo sin haber cursado la carrera y por ser meticuloso hasta en los últimos detalles. Su imagen ataviado con la pelliza marrón dirigiendo el calentamiento del Atlético en El Plantío es imborrable. La última con la que me quedo, asimilado ya su legendario manteo en Viena tras lograr la Eurocopa de 2008, fue una visita a AS hace sólo unos meses. Ahí, aliviado de la presión, aún pensaba en aceptar alguna de las muchas ofertas que aún le llegaban. No se rendía. Su último partido como entrenador fue en 2009, en Turquía, en las filas del Fenerbahçe. Como no podía ser de otra manera en su obsesión por “ganar, ganar y ganar”, venció y, curiosamente, el último gol que celebró en activo lo hizo su amigo Güiza.

Tito (1968-2014) fue el siguiente en dejarnos y el adiós más complicado de digerir. El futuro era suyo. De hecho es el vigente campeón de Liga. A sus 45 años, el espíritu revolucionario le venía de serie. Cuando era jugador ya le apodaban el ‘Marqués’ por querer imponer la técnica al músculo cuando era casi temerario pensar así. Como entrenador fue clave en la mejor época de la historia del Barça por sus conceptos tácticos y su conocimiento de la estrategia. Algún día sabremos, cuando Pep y los bajitos se jubilen, cuánta culpa tuvo Tito en las decisiones más llamativas dentro del mejor equipo de la historia. Parece que fue mucha. Y decisiva. Habría que ver quién convenció a quién para poner de moda el falso nueve, para apostar por Pedro o Busquets, para hacer de Messi un delantero centro, para poner a Alves de extremo en el Bernabéu o para reconvertir centrales (Mascherano, Adriano, Busquets…) para sacar el balón limpio de la cueva. Muy buenos debían ser sus métodos cuando Pep firmó con el Barça con la condición de que Tito fuera su escudero. Y muy claras debía tener las cosas para que la peor noticia en mucho tiempo en el Camp Nou, el adiós de Guardiola, fuera subsanada para el barcelonismo en un solo segundo con su nombramiento inminente. Su lema era claro: “Seny, pit y collins” (sensatez, corazón y cojones). Su última imagen, con las huellas de la lucha en su rostro, lo ubican el 8 de enero de 2014 en la tribuna del Camp Nou (partido de Copa ante el Getafe) haciendo lo que más le gustaba: vibrar con el Barça. Su último partido oficial, a pesar de que nadie lo imaginaba, fue ante el Málaga el 1 de junio de 2013. Cómo no, con nueve canteranos en el once.

Boskov

Boskov (1931-2014) ha sido el último grande que nos dejó. De él he oído hablar maravillas a todos los que estuvieron bajo su mando. Jugasen o no. Su gran aportación fue, sin duda, el reordenamiento del trabajo diario. Una revolución en la tarea que daba prioridad siempre al balón. Sin quererlo estaba allanando el camino para que triunfara más tarde la Quinta del Buitre. Del Bosque, Camacho, Míchel y tantos otros es difícil que hablen de fútbol sin nombrarle. Siempre lo han tenido en sus oraciones. Pero si a alguien he visto estar condicionado por la fresca forma de entrenar de Vujadin ése fue Miguel Ángel Portugal. El técnico, ahora en el Atlético Paranaense, escribió varios libros sobre el entrenamiento en el fútbol que nacieron de las ‘masterclass’ de Boskov en la vieja Ciudad Deportiva. No fue su única aportación revolucionaria. Él fue de los que mejor interpretaron que los partidos se juegan antes y después de los 90 minutos. De ahí sus estudiadas y míticas frases. Una, “fútbol es fútbol”, caló tanto que llegó a ser el nombre de un programa deportivo de cabecera en Telemadrid. Otras, iban dirigidas al vestuario: “Sin disciplina, la vida es dura”. Alguna era para la grada: “Un equipo juega como su centro del campo”. Y las mejores le permitieron ganarse al respetable: “Las estadísticas son como los bikinis; enseñan cosas pero tapan lo más importante”. Una de sus últimas imágenes la captó El País en una gran entrevista: “El fútbol es bonito porque es sencillo”, dijo. Su último partido oficial fue al frente de la selección de Yugoslavia en la Eurocopa de 2000 contra Holanda. Días antes cayó ante España con el gol de un madridista: Alfonso Pérez Muñoz. Dejó el fútbol en activo ese año a los 69.

Los cuatro maestros se nos fueron. Pero ninguno de ellos se nos olvidará. Independientemente de losresultados cosechados. Quizás porque fueron tan grandes con sus ocurrentes planteamientos, que si los uniéramos tendríamos al entrenador perfecto. Aquél que se defendería tan bien como atacaría y que ensamblando las frases de cada uno se dirigiría a su vestuario con el sarcasmo de Maguregui, la costumbre de hablar de usted de Aragonés, la precisión de Tito y la sencillez de Boskov: “Juguemos con la táctica del murciélago, a la contra, con la posesión o como diga nuestro centro del campo, el objetivo es el mismo de siempre: ganar, ganar y ganar con la sensatez, el corazón y los cojones por bandera. Esto es imprevisible porque los partidos comienzan 0-0. No olviden que al final de todo, fútbol es fútbol”.

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11/04/2014

Por Alfredo Matilla

Francisco, el técnico más joven, le hizo un gol a Iker

Francisco Javier Rodríguez es el entrenador más joven de esta Liga con 35 años. Hasta su portero, Esteban, le supera (38). Y pese a que éste es su primer año en la élite y que se mide al Madrid con su equipo angustiado (penúltimo), hoy esbozará una sonrisa. Sus visitas a la capital siempre vinieron con regalo en su etapa como delantero. Sólo hizo tres goles en Primera, pero dos de ellos los marcó en el Calderón y en el Bernabéu. Fue con el Albacete en la temporada 2004-05.

Al Atlético se lo hizo desde el medio del campo. Y ante los Galácticos superó nada más y nada menos que a Casillas. De rechace y tras una cantada de Walter Samuel que le echó a la grada encima. Qué pitada. Aquella noche, la del 14 de noviembre de 2004, el Alba perdió 6-1, pero Francisco hizo el tanto del empate en el minuto 15 protagonizando una imagen (ver foto) para su vitrina.

  FRANCISC

Francisco, que estaba casi despedido antes de ganar en Mestalla en octubre, sabe que hoy lo tiene en chino. El regalo esta vez sería no perder gladiadores para la decisiva batalla ante el Celta. Si logra salir de ésta podrá decir orgulloso que en las cinco campañas que el moderno UD Almería ha estado en Primera sólo Unai Emery, al que tuvo como entrenador, y él completaron una temporada entera. Arconada, Hugo Sánchez, Lillo, José Luis Oltra y Olabe no lo consiguieron. 

Su presidente, Alfonso García, ya ha avisado para espantar los debates: “Francisco seguirá pase lo que pase”. No hay dinero y eso es clave. Su vestuario le respeta. Y la cantera, con él, se siente aprovechada. Su trabajo en el filial ya fue sensacional y ha hecho debutar en la máxima categoría a jóvenes como Trujillo, Azeez, Aleix Vidal, Jonathan, Hicham y Kiu

Algunos le cuestionan por su juventud pero en Primera ha habido al menos medio centenar de técnicos que dirigieron más jóvenes que él. El que más, Sergio Rodríguez, que en el Hércules lo hizo con 27 años y 202 días en 1955. Y tampoco se le podría arrinconar si al final no logra la salvación. Más con menos no puede hacer. Otro más joven que él en debutar en la élite como Serra Ferrer (30 años y 260 días) participó de inicio en un descenso del Mallorca y luego entrenó hasta al Barça. Como Samitier, que debutó sin suerte en el Atleti (33 años y 323 días) y fue campeón en Can Barça. O Lillo (cuatro de sus equipos bajaron), que aún sigue en activo y rodeado de gran fama.

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10/04/2014

Por Alfredo Matilla

El Tata y la reacción

El crédito de Martino está bajo mínimos a estas horas en Can Barça. Es lógico y ya sabido tras el ciclo arrollador al que acostumbró Guardiola. Y no es que no se le pase una al argentino. Su afición admite, o eso creo, caer en los cuartos de la Champions como tantas y tantas veces pasó antes en un club con 114 años de vida. Pero, lógicamente, no de la forma en la que lo hizo ante el Atlético. Por el coste millonario de la plantilla, por la frustración demostrada por sus jugadores y por un discurso confuso en el que dio a entender que en su plan para el Calderón era mejor que Messi no entrara tanto en juego (¿?). Habrá quien ya ponga al técnico en el sumidero. Sin embargo, su supervivencia pasa única y exclusivamente por la reacción inmediata. Aún tiene dos vidas para dar la vuelta a la tortilla. Empezando por la conquista de Granada este sábado y por la revancha de Mestalla ante el Madrid en la Copa. El problema es que no es nada sencillo levantar la moral de alguien que está acostumbrado a tenerla por las nubes. El Barça, a cada tortazo europeo con el que se encontró en la época moderna (no sólo hablo de una resultadista eliminación), contestó casi siempre de la misma forma: acentuando su depresión en lugar de resucitar debidamente. Los chascos, lamentablemente, nunca suelen venir solos. Por más que su aparato propagandístico intente demostrar lo contrario.

Tatamartino

Puede que para algunos sólo sean estadísticas. Pero hay demasiada coincidencia. El luto en el Barça dura más de la cuenta. Quizás la temporada 1995-96 dejó una huella imborrable. Esa campaña el Barça vivió diez días dramáticos e inolvidables a estas alturas de curso. Fue apeado por el Bayern en semifinales de la UEFA, perdió la Copa del Rey ante el Atlético en La Romareda con aquel gol de Pantic y días más tarde cayó 1-3 ante los colchoneros en el Camp Nou diciendo adiós definitivamente a la Liga. Para colmo, el equipo de basket perdió en la final de la Euroliga ante el Panathinaikos con aquel ilegal tapón a Montero. Desde entonces, cuando Europa le baja del pedestal, el Barça suele encadenar derrotas dolorosas en el campeonato doméstico cuando se esperaba de él una respuesta sanadora. Repetir ahora eso sería tirar otro título.

Muchos de aquellos tropiezos fueron escandalosos. No sólo sorprendentes. Empezando por el de la temporada 1997-98. El Barça no pasó de la fase de grupos ese año y tras caer en casa ante el Dínamo del Kiev (0-4) aquella noche aciaga de Baia y gloriosa de Schevchenko, el Barça cayó en Liga en el Camp Nou ante el Valladolid (1-2), que acabó 18º. En la siguiente edición de la Champions, el traspié tampoco fue menor. El equipo blaugrana también fue apeado antes de las eliminatorias. Tras empatar en casa ante el United en la fase de grupos, el Atlético le ganó en Liga 0-1. Y tras el caos contra el Bayern (0-1) en el que se alejaban las posibilidades de clasificación, el Oviedo le pasó por encima en el Tartiere (2-1). El ridículo de la campaña 1999-2000 fue más sonado aún. El Valencia le barrió en Champions en Mestalla (4-1) y la respuesta a esa ida dolorosa fue un 0-2 ante el Rayo delante de su afición. Tras consumarse la eliminación con el 2-1 de la vuelta, el Barça empató en San Sebastián (0-0). Acabó segundo en Liga.

Con el nuevo siglo se siguió el mismo patrón: decepción tras el varapalo. En la 2000-01, el Depor le ganó 1-0 tras su pinchazo en Milán (3-3) y 2-0 fue el marcador en Mallorca tras otro descarrile ante el Leeds (1-1). Es cierto, como presume la web oficial del club, que el Barça corrigió esta desidia de dejarse llevar tras una eliminación en los últimos años, pero no así tras las derrotas más inesperadas. Que duelen más y dejan mayor resaca. En la temporada 2002-03 el Depor asaltó el Camp Nou (2-4) cuando la Juve le cortó la respiración en la ida de cuartos de la Champions. Un curso después, el Betis le empató tras ser superado en la ida de octavos de la UEFA por el Celtic. Sí, sí, el Celtic (1-0). Y hasta el Numancia fue capaz de sonrojarle (1-1) en mitad de su indigestión con el Chelsea en la 2004-05. En la 2006-07, el verdugo liguero fue el Real Madrid con aquel 3-3 espectacular con Messi ya presente, días más tarde de haber caído el Barça contra el Liverpool. En la 2007-08 el Depor le tumbó en Riazor nada más llevarse un chasco con el United. En la 2011-12, el Real Madrid volvió a hurgar en la herida (1-2) pocas horas más tarde de la caída ante el Chelsea (1-0). Y en la 2012-13, el Athletic le amargó una vez más (2-2) sin haber digerido todavía el 4-0 del Bayern en Múnich.

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Ahora toca responder otra vez. Llega el Granada. Horas después del 'eurorevolcón' del Manzanares. Un enfermo en busca de la permanencia que se cruza en mitad de la senda por la Liga. Ganar, más que importante es decisivo. Martino está en la encrucijada. Si es capaz de resucitar al Barça, podrá reiniciar una remontada factible (yo, sinceramente, la veo) que aparque el fin de ciclo que para tantos llegó hace demasiado tiempo. Si, por el contrario, no logra levantar los brazos caídos y motivar como bien lleva a cabo Simeone, será mejor que haga planes para la próxima temporada. De usted sobre todo depende, Martino. Aunque también de que el Atleti pinche un día o de que Cristiano juegue en Valencia. Así está el gran Barça hoy en día.

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27/03/2014

Por Alfredo Matilla

Emery, el gran socio de la Roja

Unai Emery vive ahora sus mejores días en el Sánchez Pizjuán tras unos meses complicados. Llegó supliendo a Míchel, metió al Sevilla la temporada pasada en Europa de rebote aprovechando las deudas de Málaga y Rayo, y en ésta le ha costado demasiado enganchar. Sin embargo, el 2014, la resurrección en el ‘Euroderbi’ y, sobre todo, su enorme triunfo ante el Madrid bien le han ayudado. Es la primera vez que el Sevilla encadena seis victorias en la Liga en toda su historia. El técnico vasco (Fuenterrabía, Guipúzcoa, 3 de noviembre de 1971) no es de los que entran por el ojo de primeras. Eso es así. Quizás porque, aunque su hermano es periodista, no se deja dar a conocer en los medios. Unos le aman y a otros les empalaga. Haga lo que haga. Vaya donde vaya. Sus resultados son su mejor escudo. Y la sobrexcitación gestual el peor de sus pecados. A pesar de una década dando el callo, no ha logrado fidelizar aún ni ha levantado títulos porque sus equipos no estaban confeccionados para luchar por ellos, pero ha dado muestras en estos diez años que de esto sabe un rato.

Quizás por ello el presidente del Lorca no dudó en darle el timón del equipo cuando Quique Yagüe fue destituido en 2005 y Unai, entonces interior, andaba lesionado. Ya tenía madera de entrenador. Cogió al equipo con el apoyo de sus compañeros, en 2ªB, y le dio un vuelco al rumbo del equipo hasta ascenderlo. No se conformó e hizo de esa plantilla la revelación de Segunda, a un paso de subir de forma seguida a lo más alto. Esa irrupción en el profesionalismo sin avisar, le valió un buen contrato. El Almería llamó a su puerta en 2006 y allá se fue para comenzar lo que verdaderamente le ha dado a conocer: catapultar nuevos y desconocidos valores con los que disfrutar. Desde entonces, se ha sacado de la manga un once repleto de internacionales y ha ido dando paso a jóvenes talentos que serán claves en el presente y futuro de la Selección.

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En Almería ya sorprendió con dos laterales a los que relanzó como ya había hecho en Lorca con Fernando Vega. Bruno y Mané causaron sensación en un equipo que ascendió a Primera en su estreno y que acabó octavo nada más aterrizar en la élite. Allí también hizo de Carlos García un campeón de los Juegos del Mediterráneo con la Sub-20 y comenzó a pulir a un gran delantero como Álvaro Negredo, que hoy se beneficia en el City y la Selección de todo lo que aprendió a su lado. Con Emery, el vallecano hizo 13 goles y fue clave en las jugadas de estrategia que tan bien estudiaba y que incluso pedía a su vestuario traer inventadas de casa para darle pistas donde profundizar. Negredo logró ser internacional justo tras la marcha de Emery al Valencia pero siempre ha reconocido lo que éste hizo por él: “Es el entrenador que más me ha ayudado”.

El éxito de Emery fue tan rotundo que el Valencia llamó a su puerta. Una plaza siempre complicada porque el Valencia, desde que se dispararon los presupuestos y las deudas, dejó de luchar con los grandes sin que algunos se percatasen. En Mestalla estuvo cuatro años y, más allá de dejar al equipo tercero en Liga en tres ocasiones (el primero de los modestos) con el pasaporte a Europa en la mano, ayudó más que nunca a la Selección. En Valencia vio cómo Juan Mata debutaba con la Absoluta. Fue convocado ante Chile en un amistoso el 18 de noviembre de 2008 pero realmente se estrenó el 28 de marzo de 2009 contra Turquía. Mata fue ese año al jugador que más utilizó Emery en Liga (3.031 minutos). El técnico se sacó además otro bajito de la chistera para la Roja: Pablo Hernández. El extremo brilló de tal manera que Del Bosque se lo llevó a la Copa Confederaciones de Sudáfrica en 2009. El Valencia no campeonaba en esos años pero brillaba con estas dos aportaciones a la Roja más las ya asentadas de Albiol, Silva y Villa (debutaron estando a las órdenes de otros).

Sev1Emery se empeñó en contribuir al éxito nacional de nuestra Selección. Su siguiente aportación tiene más futuro que pasado. Se llama Jordi Alba. Emery le dio 15 partidos en la temporada 2009-10 y tal fue su sorpresa que la Selección lo reclutó enseguida para hacerle debutar el 11 de octubre de 2011 contra Escocia, aunque su primera convocatoria fue 12 días antes. No fue el único internacional de aquel nuevo Valencia. Con Soldado a sus órdenes, hizo el más difícil todavía. Aunque el delantero valenciano, hoy en el Tottenham, ya había debutado con la Roja en 2007 con Luis Aragonés, llevaba cinco años, que se dice pronto, sin volver a ser citado. Emery sacó de nuevo lo mejor de el goleador cuando ya le habían vendido a Silva y a Villa, y Mata estaba apunto de cerrar la puerta. Soldado hizo 18 goles en Liga en su primer año en Mestalla (10-11) y 17 al siguiente. El capitán, claro está, fue de nuevo internacional con Del Bosque.

En esa Valencia, Emery también dio sus primeros minutos a Paco Alcácer, hoy jugador más brillante del equipo de Pizzi, internacional en las categorías inferiores y futuro a corto plazo con los ‘grandes’ si continúa a este paso. Y además, no lo olviden, contó por primera vez con Bernat, otro lateral al estilo Jordi Alba, fue dando mimo a Canales (malditas lesiones), y hasta logró que Mathieu fuera con Francia por primera vez en su vida. Sin embargo no supo ver las cualidades de Isco. En esa época, Emery se vio obligado a estrenar un blog para explicarse. Pocos le entendían. Se fue del Valencia sin hacer ruido y sin apenas haber sido reconocido. La afición, acostumbrada a los títulos del más reciente pasado, quería más. Demasiado.

Emery se marchó a hacer el Erasmus a Rusia, donde no se acopló al Spartak ni el Spartak a su ideario. Así que tras unos meses estudiando (dicen que su obsesión por el fútbol no le deja descansar), esperó a que otro grande entre los modestos le llamara. De repente, apareció el Sevilla más convulso. Y allí, ha vuelto a demostrar que la juventud es para él el bien más preciado. En un equipo sin el poder adquisitivo de hace un lustro y con muchos jugadores de saldo, se ha vuelto a salir con la suya. La Champions está a tiro. De Kondogbia hizo un líder del que, por fin, tiró Deschamps. Y esta vez, su gran aportación, de nuevo en el lateral, responde al nombre de Alberto Moreno. El que secó a Bale. El que apunta al Madrid. El futuro competidor de Jordi Alba en la Selección en un carril que debería llamarse pronto, ahora que se rebautiza casi todo, la Avenida Unai Emery. Israel Puerto y Jairo, dos chavales a los que ya ha dado bola y que han formado parte de las inferiores, son sus siguientes proyectos por consolidar. España en general, y Del Bosque en particular, se lo agradecen. Lástima que a pesar de ser hijo y nieto de porteros no haya contribuido aún con una joya con guantes. Tras lo de Valdés, falta hace.

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20/03/2014

Por Alfredo Matilla

Rijkaard, Martino y el estrés azulgrana

Justo en la semana del Clásico, cuando más tensión siempre se palpa, todo parecen malas noticias en Can Barça. Y no hablo de Neymar. Frank Rijkaard, un mito para el barcelonismo, ha confirmado en la ‘Voetbal’ que se retira de los banquillos a sus 51 años. Sólo ocho después de haber hecho al Barça campeón de Europa en París. “Prefiero hacer otras cosas alejado de esta presión”. Y, a la vez, Esport3 (de TV3) aseguró que el Tata Martino dejará el club en junio harto del agobio al que está sometido. Incluso el canal BeINSport asegura que su futuro puede estar en algún equipo del Golfo, aunque otros señalan a un retiro más dorado: la selección argentina. El pasado más cercano y el presente más radiante vuelven, por tanto, a seguir una regla peculiar en el club blaugrana: de todos los técnicos que ha tenido (56), y que siguen con vida, sólo Terry Venables y Udo Lattek dirigieron nada más salir del Barça (Tottenham y Bayern). Los demás, y son muchos, o se retiraron o se tomaron una época sabática para sacudirse la ansiedad antes de volver (muchos, a ligas menores) o, cosas de la vida, no dirigieron más. Puede ser una casualidad. No lo sé. Uno cuenta hechos y hasta casos misteriosos como éste. Descifrarlos es para valientes.

Pasar, algo pasa. No es normal. Comparado con otros clubes de la misma talla, la ociosa vida después del Barcelona para casi todos estos hombres es algo único y, sobre todo, raro. Basta compararlo, para entenderlo, con el ejemplo habitual de la cera de enfrente en este siglo: Mourinho, Pellegrini, Juande Ramos, López Caro, Luxemburgo y Queiroz entrenaron nada más salir del Real Madrid y siguen ejerciendo en la actualidad. Y del resto, todos (Schuster, Capello y Camacho) excepto García Remón siguen ahora más activos que nunca. Y en el Real Madrid, si algo sobra es presión y desgaste.

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Esta costumbre de anteponer la vida a la profesión quizás, por primera vez, muchos la entendimos con Cruyff. El hombre que cambió el rumbo del Barça no es que se tomara un tiempo tras dejar el equipo campeón de Europa en Wembley y con varias ligas en su mano. Es que jamás volvió a sentarse en un banquillo más allá de sus apariciones con la selección de Cataluña. Una vez al año. Puede que sus problemas de corazón algo tuvieran que ver. No sabemos si tanto como su miedo a bajarse del pedestal en el que aún reside. Cruyff dejó de entrenar con 49 años y desde entonces hemos ido temporada a temporada esperando a ver si se animaba, hasta que hemos contado 18 y sus seguidores nos hemos dado por rendidos. Puede que como todo lo que hizo en el Barça, cundiera su ejemplo. Repasando la tabla de entrenadores del Barça, del más actual al más antiguo, todos siguieron sus pasos: tras la tormenta, un poco de calma.

Ése fue el futuro para todos los entrenadores de nuevo milenio. Jordi Roura, el último técnico pre-Martino, sigue siendo asesor, que es para lo que le contrataron. Tras hacer de apagafuegos, no tiene pinta de que vaya a ser titular en algún banquillo. El gran Tito es una excepción. Ya lo saben, el puto cáncer le ha obligado a reposar. Suerte, amigo. Guardiola tuvo que parar un año e irse a meditar al extranjero agotado de ganar y de la batalla con Mourinho. Volvió a Alemania, donde de nuevo lo está bordando en una Bundesliga poco competida donde, gracias a la menor exigencia, se ha ido reactivando. De Rijkaard, su antecesor, ya lo hemos anunciado. Lo deja. Tras salir del Barça ya estuvo una temporada completa relajado antes de ir al Galatasaray primero, y a la selección de Arabia Saudí después.

ChY hay más. De Radomir Antic sabemos por la radio. Otro que pese a hacerlo bien en los meses que estuvo al frente de un Barça decadente, vio cómo se tuvo que ir a casa porque la Junta entrante de Laporta ya tenía otros planes. ‘Rado’ estuvo unos meses parado, luego hizo sus pinitos en el Celta, fue seleccionar de Serbia, sigue con una aventura en China pero, más que nada, es comentarista. José Antonio de la Cruz, interino entre el serbio y Van Gaal, fue y es lo más parecido a Roura: un trabajador del club al que el Barcelona debe estar agradecido. El propio Van Gaal tuvo que frenar su batalla diaria en las dos ocasiones que dejó el Barça. Tras la última (2002-2003) estuvo dos temporadas sin dirigir hasta que fue al AZ. Después de la primera (1997-2000) prefirió alejarse del día a día y coger su selección, como ahora. Rexach, técnico en tres etapas, jamás entrenó a otro equipo que no fuera el de su vida. Y, por último, Serra Ferrer, que arrancó el siglo XXI, se fue en 2001 y no dirigió al Betis hasta 2004.

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Ser nombrado entrenador del Barça es uno de los mejores regalos presentes pero, parece, también una de las mayores incertidumbres futuras. Siguiendo el vistazo a esa tabla histórica de técnicos no se entiende que lo que debería ser una catapulta se convierta generalmente en un paredón, en una caldera ‘devora-entrenadores’ o en un exprimidor. Los técnicos del siglo anterior también acabaron exhaustos. Resumiendo con tres referentes… El paciente Bobby Robson también se vio obligado a detenerse una temporada antes de acabar su carrera en el PSV y el Newcastle. Ni siquiera el querido Luis Aragonés, al que le iba la marcha y se convirtió en uno de los técnicos españoles con más aventuras distintas a su espalda, fue capaz de seguir en la brecha tras salir del Barcelona en 1988. Tuvieron que pasar un par de años para que se animase a otra etapa en el Espanyol. Algo que jamás le sucedió en sus 35 años como profesional. Tampoco a Menotti le quedaron fuerzas. Entre su salida del Barça (1984) y su llegada a Boca (1986) hubo un periodo de reflexión. Insisto, no es normal.

Habrá quien, más allá de la presión de la competición, señale al complicado entorno azulgrana para que estos técnicos tuvieran que parar un tiempo. Otros a la prensa; siempre dura y exigente. La casualidad. La exigente pelea con el Madrid que tanto debilita. La inestabilidad institucional. Yo no me atrevo a opinar. Anímense ustedes.

Lo único cierto y tangible es que a Rijkaard ya no hay quien le convenza para continuar en esto. Parece firme y aliviado. Algunos exentrenadores culés como Platko, Rinus Michels, Helenio Herrera, Rexach o Van Gaal podrían explicarle que aunque es duro, es posible y saludable una segunda vez. A Martino puede que le haga cambiar esa presunta postura el hecho de alzar otro título (ya ganó la Supercopa) y, por fin, fichar todo lo que hace falta (portero, centrales…). Pero eso es algo posterior. El viento en contra y la presión sólo se superan de inmediato con el signo del próximo Clásico. Y ahí, sólo vale el 2.

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13/03/2014

Por Alfredo Matilla

El coronel Salva Ballesta ya amenaza a Schuster

En ocasiones, cuando el mundo se tambalea con mil injusticias y decenas de guerras, o  cuando puede enderezarse y se necesita el compromiso de los pueblos, se echa en falta que personalidades tan influyentes como son los deportistas en general, y los futbolistas en particular, se mojen, denuncien, se manifiesten y apoyen las causas que lo merecen. A fin de cuentas, también son ciudadanos. Sin embargo, desde hace demasiado tiempo nos hemos acostumbrado a que estas estrellas vivan en su burbuja y no sepamos ni qué piensan. Hay pocas ejemplos que rompan la regla. Nadie les pregunta y ya nadie espera sus respuestas. A veces me cuestiono qué temen al exteriorizar unas creencias que, por el contrario, sí comparten los actores, los literatos, los músicos y otros referentes de élite. La conclusión que toma más fuerza apunta al miedo a que sus opiniones disuadan al aficionado, a su temor a pasar a la posteridad como hombres con ideas y no como ídolos con títulos y, sobre todo, a la angustia a que la fama tape una amplia trayectoria.

 

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Cristiano Lucarelli es una excepción. Por eso es uno de los principales protagonistas del libro ‘Futbolistas de Izquierdas’ en el cual Quique Peinado recopila magistralmente las historias más curiosas e impactantes de aquellos jugadores que se identificaron con una ideología determinada. Pesara a quien pesara. El exdelantero italiano jugó 18 años en la Serie A, fue internacional absoluto, jugó incluso en nuestra Liga (el Valencia) y hasta se dejó ver por Ucrania (Shakhtar Donetsk). Marcó más de 100 goles. Era bueno. Muy bueno. Pero sobre todo será recordado por querer jugar con el equipo de su ciudad natal, Livorno, al que ascendió a la máxima categoría 55 años después y con el que jugó en Europa por primera vez. Lo hizo rechazando grandes ofertas y salarios por el hecho de identificarse con una hinchada en la que el comunismo era su forma de vida. Llegó a rebajarse el sueldo para poder adecuarse al escaso poderío presupuestario. Se sentía feliz rodeado de los suyos, con los vecinos de siempre, a los que ayudaba incluso económicamente. Las celebraciones de sus goles lo decían todo: con el puño en alto y, cuando podía, mostrando la efigie del Che. Así festejó hasta con la Sub-21. Hoy, tras colgar las botas en el Nápoles hace dos años, promete como entrenador. “Mi sueño es dirigir al Livorno”, ha dicho. Cómo no. El problema será quién más podría apostar por este camarada en lo más alto. Dónde encajarían sus formas. Y qué afición acogerá a un tipo con tanta personalidad. De momento ejerce en el humilde Esperia Viareggio tras un breve paso por el Peruggia y el filial del Parma, dos de sus exequipos. Una dificultad que, en el bando ideológicamente opuesto, ya está sufriendo Paolo Di Canio (ahora en paro), aquel ariete del Lazio que celebraba como un nazi sus goles y que en los banquillos ha sido ya mirado con lupa por sus creencias.

En España buscaba estos días un ejemplo cercano y similar con el objetivo de entender mejor qué pasa cuando un profesional se posiciona. Cómo le han ido las cosas después de pronunciarse y a qué se dedica ahora, si es que le dejan ejercer. La llegada del Málaga-Real Madrid del sábado me lo ha puesto en bandeja. Podría decirse que en nuestro país, un caso tan llamativo como el de Lucarelli (por su implicación politica, más allá de si fue acertada o no) es el de Salva Ballesta. Él podría relatar el capítulo central de un futurible ‘Futbolistas de derechas’. Un delantero que estuvo 15 años en la cúspide y que, sin embargo, para poder leer en la Wikipedia u otras fuentes digitales que fue pichichi de la Liga con el Racing y de Segunda con el Atleti, campeón de Liga con el Valencia o internacional absoluto, hay que mirar bien abajo en la pantalla porque todas las referencias anteriores sobre él hablan de política: “Le consideran un facha”, “tuvo problemas por sus pensamientos nacionalistas”, “no fue de ayudante al Celta con Abel por su ideología” o “ama a las Fuerzas Armadas”.

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Salva, como Lucarelli con la izquierda, fue un símbolo para la derecha. Nunca le importó. Aunque luego ha intentado corregirse y se define apolítico. Saludaba como un militar cuando marcaba goles por su pasado familiar. Serigrafiaba ‘Arriba España’ en sus botas. Dijo que le gustaría conocer a Tejero (23-F) y que admira a García Morato (militar). Aseguró que sus prioridades, por orden, son “Dios, la familia, la Patria, el Ejército y el fútbol”. No olviden que para referirse a Oleguer le regaló esta frase: “Le tengo más respeto a una caca de perro”. Y tras el 11-M fue tajante: “Dadles 72 horas a los que hay que dárselas y esto se arreglará rápido. Dejémonos ya de pancartitas…”.

Su descaro lo pagó. La pasada temporada, el Celta despidió a su entrenador y fichó a Abel Resino. Lo recordarán. Su segundo era Salva Ballesta, compañero suyo en las filas del Atlético de Madrid. Ambos hicieron las maletas para desembarcar en Balaídos pero horas antes de comenzar el ilusionante viaje, el exportero desapareció. Dejó de ponerse al teléfono. El presidente del Celta había recogido la negativa opinión de la afición sobre el hecho de que Salva defendiera al Celta con esa mentalidad, y tuvo que pedirle a Abel que se buscara a otro ayudante. El técnico no dudó. Dejó plantado a su colega.

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Hoy, cosas del fútbol, Abel está en el paro y es comentarista en Teledeporte. Salva, como Lucarelli, va para importante entrenador. En su casa ya le han dado cobijo. Dirige al filial del Málaga, el Atlético Malagueño, que milita en el grupo 9 de Tercera. Está en una posición inmejorable para acometer el ascenso. Es segundo a un punto del líder tras haber estado varias jornadas en lo más alto de la tabla. Y lo más curioso, estas últimas semanas, con el primer equipo en plena crisis y con Schuster en el alambre (a tres puntos del descenso), hay quien se atrevió a mirar hacia abajo, a este entrenador que se fija en Jémez y Simeone, como una posible solución. Incluso el ‘Frente Bokerón’ ya ha coreado su nombre esta temporada y el gabinete de prensa del club blanquiazul lo tiene más protegido de los medios que de costumbre hasta que escampe para que no se deje querer antes de tiempo. Salva, como Lucarelli, llegó a bajarse el sueldo en su etapa de jugador con tal de militar en el Málaga (hasta en tres etapas) y este fin de semana vivirá el partido ante el Madrid con la prudencia que le han dado los años pero con la certeza de que su máxima ilusión podría estar cerca: “Mi sueño es entrenar al Málaga” dijo en AS hace meses. En parte, quizás, porque es su familia. En parte, quizás, porque otro club igual no se atrevería jamás a contratarlo. Es lo que tiene priorizar ser un ciudadano más antes que un simple profesional.

 

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25/02/2014

Por Alfredo Matilla

Martino telefonea a Ancelotti

El Tata ya ha visto cómo nos las gastamos en España. Aquí, en el Barça o en el Madrid, no vale con ir primero. Has de ser el mejor. Puedes haber logrado ya un título (Supercopa), tener una final (de Copa) en la mano, estar a un paso de los cuartos en la Champions o incluso a unos días de poder recuperar el liderato si el Atlético se venga en el derbi; pero hay una máxima comprobada: el crédito se pierde con mucha más rapidez. En un solo partido. Con una única decisión. Anoeta es su losa. Quizá al técnico, cuando le hayan contado que un día Antic fue despedido en el Bernabéu porque su equipo iba líder pero no jugaba bien, creyó que se trataba de una simple caricatura. No nos conoce bien. A Simeone, con una larga experiencia en nuestro país, no le habrán sorprendido tanto los últimos palos. Ambos han sido los protagonistas de la última jornada por esa moda de rotar. La que ensalza a los menos habituales si se gana y que castiga con dureza al ideólogo tras perder. Un sistema de equilibrio de esfuerzos del que se presume cuando llegan los títulos y que se echa de menos si no se cumplen los objetivos.

El Barça post-Guardiola ha pasado las de Caín teniendo que superar la enfermedad y el adiós de Abidal, el cáncer de Tito, los cambios obligados en el banquillo, la dimisión de un presidente y los mil casos extradeportivos que ahora asaltan al club. Sin embargo, sorprendentemente, el día que más ha marcado el futuro del equipo fue la debacle europea ante el Bayern. En esa eliminatoria, más que bajar del trono dolió la manera: con la lengua fuera, goleados y persiguiendo sombras. Ahí, todos los análisis y moralejas coincidieron: es conveniente dosificar para llegar bien al final de temporada. Con esa obsesión se planificó el siguiente curso. Con esa premisa se escribía en el bando azulgrana. Se buscó a un entrenador que fuera capaz de entenderlo y ejecutarlo. Que no se plegara a caprichos y que afrontara el reto con personalidad. Así que el Tata empezó convenciendo a Messi de que el descanso en Liga era necesario. ¡Hasta en cinco ocasiones lo sustituyó antes del final! La crítica aplaudió la valentía. A Rosell y Zubi se les escapaba la sonrisa. Y por si fuera poco, el argentino cogió al equipo en verano con la convicción de que Xavi ya sólo estaba para los momentos decisivos. Si es que llegan. Lo tiene prácticamente conservado en formol. Así que puede decirse que gracias a Martino la Selección sigue siendo favorita de cara al Mundial. Xavi ha jugado 250 minutos menos en Liga que en la campaña pasada a estas alturas. Aun así, el Tata repitió una y otra vez en el primer tramo del campeonato que él “no venía a aportar nada nuevo” y “que no iba a tocar lo que funcionaba”. Y le creímos. Hasta que se traicionó.

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Tras golear al Rayo hace diez días dijo una cosa: “Durante seis o siete meses estuvimos haciendo lo conveniente en cuanto a rotaciones y ahora se van a ver pocas”. Martino se creció tras lo de Manchester y cambió el discurso. Tenía miedo de que el desgaste pasara factura y lo que condenó al equipo ante la Real fue frenar en seco un estado de ánimo por las nubes y una idea de juego recuperada con esfuerzo. Lo de Anoeta chirrió porque no era el día. Todos los palos son pocos. Hasta él lo reconoció: “Esta claro que las rotaciones sólo son buenas cuando funcionan. Puse ese once porque temía el cansancio y para que todo el mundo se sienta importante”. En la sala de prensa de San Sebastián demostró que está hecho un lío. El Barça no jugaba Champions de nuevo hasta dentro de 15 días y ésa era una de las pocas ‘finales’ que le quedaban a domicilio. También llamó la atención su once porque no se reconocía el estilo. Song de tercer central, Busquets fuera del único lugar donde habitualmente reina, cambios tardíos y sin soluciones en los bolsillos. Mientras, allá en la banda, Xavi estaba maldiciendo.

Fue una imagen grotesca. De las que restan credibilidad en un vestuario, marcan y arrinconan. Le costará al Tata, si lo logra, recuperar la comunión. Pero lo peor de todo es que, analizados los números de Liga (que es donde ha surgido el debate de las rotaciones y es el campeonato de la regularidad), Martino ni siquiera está cumpliendo la misión que le encomendaron. La que comenzó a cumplir y de la que se ha ido distanciando por las exigencias del Madrid y de los tropiezos inesperados. Ha rotado de una extraña forma. Poco, descaradamente sólo en Copa, cuando no debía o donde no hacía falta. Así lo demuestran las estadísticas hasta la jornada 25 comparados con los de la pasada temporada a estas alturas. Por no haber fichado a un central y por la tibia confianza en la base. Y eso sí que preocupa, porque ver al equipo arrastrarse de nuevo en el tramo decisivo sería imperdonable:

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Quitando a Puyol, Alba y Messi, que han jugado menos por las lesiones de larga duración, así están las cosas: Alves ha disputado 47 minutos más que hace una temporada. Piqué, el único central de verdad e insustituible, 424 más. Iniesta, 237 más. Cesc, 355 más. Alexis, jugadorazo indiscutible para él, casi el doble. Mascherano y Busquets, fijos en el once, prácticamente lo mismo. ¿Dónde están los relevos? Se suponía que con dosificar a Xavi no basta. El Bayern barrió a un equipo, no a un solo jugador. Song, uno de los que están para dar refresco, ha jugado tan poco como con Tito: sólo media hora más. Y Pedro, el que mejor nivel físico tiene en 2014, lleva 202’ menos. Otros que debían dar aire fresco como Sergi Roberto y Tello han tenido sólo 219 y 323 minutos respectivamente, siendo el caso del extremo llamativo. Tras hacer siete goles la temporada pasada ha gozado de 222 minutos menos a estas alturas. Mientras que antes los jugadores no habituales que menos participaban eran Thiago y Villa (668’ y 755’ en la jornada 25ª), ahora son Montoya (1.033’) y Bartra (959’). Y se nota. No es lo mismo.

Ahora en Can Barça habrá un dilema. Una vez que los jugadores se han ido de rositas tras la última debacle, Martino tiene toda la responsabilidad a corto plazo. Ya habrá comprobado que pocos en su entorno critican la pachorra de Neymar y todos machacan su última ocurrencia. Con menos de tres meses por delante, deberá optar por repartir los esfuerzos como le indicaron, y él defendió en un principio, para reajustar esa tabla de esfuerzos descompensada. O apostar por un once tipo (bastante claro) y tirar hacia adelante con el riesgo de volver a gripar. Tiene la opción de ser testarudo o entregarle el equipo a Xavi y dejarle a él mismo que decida sus descansos. Es sabio. Es el mejor. Esté más o menos en forma, el Barça sólo es el Barça de su mano y, por el contrario, debe (y deberá) jugar a otra cosa parecida, pero no igual, cuando libre o no esté. La decisión no será fácil. Porque el Camp Nou quiere ver a los hque marcan las diferencias. Porque fuera de casa no te puedes fiar. Porque todo lo que ya queda son finales. Porque los medios ya han olvidado que las rotaciones eran la base del proyecto para evitar otro ‘Bayernicidio’. Y, no lo olviden, porque la idea es llegar a las finales de Mestalla y Lisboa como un tiro para ganarlas. No me gustaría ser el Tata: puede volverse loco en el intento para que no le vuelvan a atizar y hasta hacer una llamadita a Ancelotti para aprender cómo se hace eso de rotar.

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