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Mr. Pentland

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Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento. Aquí tiene su banquillo.

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20/01/2016

Por Alfredo Matilla

Villar, Jorge Pérez, Galán y el futuro seleccionador

Leerán en los próximos meses mucha y variada información sobre la Federación Española de Fútbol. Del presidente (Villar) que quiere aferrarse a su cortijo tras 28 años acicalándolo a su antojo, y de las alternativas (Jorge Pérez y Galán) aún no consolidadas que quieren presentarse en abril a las elecciones, juntos o separados, para sucederle. Sin embargo, me da que lo que interesa a la gente, más allá de que se produzca un cambio que la mayoría pide (los que no podrán votar) para que una minoría salga (la que vota), no es precisamente de lo que se está escribiendo y hablando. De este proceso electoral, lo que verdaderamente es de interés general para aquellos que no entienden de reglamentos, inhabilitaciones, pactos y líneas rojas es quién será el futuro seleccionador que sustituya a Del Bosque. Una decisión que jamás contentará a todos y que, en uno de mis sueños futboleros (qué iluso), votábamos todos los ciudadanos españoles con mayoría de edad, porque esto es cosa seria, a través de la web oficial de la FEF.

A estas horas, lo que ha trascendido y las cosas que les hemos venido contando en AS, se resumen en que Del Bosque no será una baza electoral ya que quiere dejar el cargo en cuanto acabe la Eurocopa de Francia este verano. Otra, que Paco Jémez es el candidato preferido por una mayoría de lectores que votaron hace meses en una encuesta lanzada por as.com. Y una más, que las alternativas que se presentan según los mentideros dividen al pueblo, y en algunos casos hasta le cabrean. Ya saben: el suena Míchel.

Villarcortado
Villar, si gana, podría sorprender con cualquier cosa. No hay que olvidar que cuando llegó al cargo en 1988 apostó por Luis Suárez, un hombre fantástico que ganó el único Balón de Oro para España como jugador, pero cuya trayectoria en los banquillos dejaba dudas: Hasta aquel momento era corta (Depor y poco más) para suceder a Miguel Muñoz y donde más experiencia había acumulado fue con la cantera en las categorías inferiores de la Selección. Desde entonces, Villar dio varios tumbos. Luis Suárez duró tres años (hasta 1991) tras un Mundial malo en Italia 90. Luego llegó Miera, que no metió a la Selección en la Eurocopa y duró ocho partidos en la absoluta pese a lograr luego los Juegos. Para intentar unir al país, Villar nombró a Clemente, que dirigió en un Mundial y una Eurocopa en la que se pudo hacer bastante más y que se fue con el 58% de victorias. Después llegaron Camacho e Iñaki Sáez, sin cuajar ninguno, hasta que Luis Aragonés cambió la historia y Del Bosque la perfeccionó. Ahora Villar suspira por convencer a Del Bosque aunque, por lo que uno sabe, por si acaso suspira por Valverde. Por mucho que tenga en su cabeza a Emery y Caparrós. Al final, ya saben, a veces se impone el corazón. Y el Txingurri es un emblema en su Athletic.

De Jorge Pérez, alternativa a la presidencia que aún no se ha atrevido a salir de la madriguera pese a que sus futuros colaboradores ya trabajan remangados (Vicente Casado, Javier Lozano, Luis Gil, Santi Nebot…), se conoce en la profesión que también habla maravillas de Valverde cuando puede. Pero él, conocedor al dedillo de la vida de la Selección y de sus categorías inferiores, sabe que desde hace poco se ha abierto una puerta que no se puede desdeñar. Y no hablo de Benítez, al que aún le pone más y más el día a día. Me refiero a Julen Lopetegui. Un experto en fútbol internacional (dirigió ese departamento en el Real Madrid), un conocedor de la casa (fue seleccionador Sub-21) y un joven con experiencia (viene de hacer buenas cosas con el Oporto).

Con Miguel Ángel Galán, el candidato del pueblo, no se podría esperar otra cosa que su confianza en Paco Jémez. Emery y hasta Luis Enrique también le gustan pero, por lo que dice el entorno del candidato, ve en el técnico del Rayo al entrenador ideal para mantener el bueno gusto, para no perder el hambre y para asegurar la gloria. Yo dudo de cómo se adaptaría un entrenador tan meticuloso con gente que lo ha ganado todo, pero Galán es director de la escuela de entradores CENAFE. Más que yo sabe, seguro.

Quique

Hasta abril, cuando las elecciones se acerquen (el 22 seguramente), nadie mostrará sus cartas. Puede que Villar a esas horas ya esté inhabilitado con la cruzada que LaLiga y el CSD mantienen contra él y sus supuestas irregularidades. Puede que para entonces Jorge Pérez ya haya dejado la FEF y se haya animado a dar a conocer su candidatura. Y puede que para entonces, incluso el propio Jorge Pérez, el actual secretario general de la Federación, haya llamado a Galán para unir programas y, sobre todo, esfuerzos con tal de acabar con esta dictadura. Veremos. Lo que es seguro es que por ese mes de abril, la Selección ya estará calentando motores para Francia con Del Bosque al frente y media docena de herederos expectantes. Mi preferido entre ellos es Quique Sánchez Flores. Pero, vamos, les escucho a ustedes una vez que me hayan increpado recordándoles que sólo es una ensoñación: aquí votan y deciden asambleístas y no simples ciudadanos.

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07/12/2015

Por Alfredo Matilla

Los cambios del Barça

Las sustituciones en el fútbol me intrigan. Lo reconozco. Hay técnicos que cambian siempre a la misma hora. Unos con precipitación y otros cuando ya no queda tiempo. Hay quienes, partido tras partido, lo hacen en el descanso. Quienes, a la desesperada, meten dos y tres a la vez. Hay tantos casos como entrenadores. Esta semana han vuelto a dar que hablar. Y no me refiero al cambio de Cheryshev en el Carranza para intentar que la culpa fuera menor con la alineación indebida ya conocida en el mundo entero. Ni esta vez Paco Jémez es el protagonista por haber quitado a alguno de sus jugadores antes de que comience a sudar. Me refiero sobre todo a los cambios realizados por Luis Enrique. El asturiano ha sido protagonista en los dos últimos partidos. Uno por no agotar los recambios y dejar que el Barça acabe con diez ante el Villanovense con el partido resuelto y el personal enfadado. Y el otro por no hacer ninguna de las tres sustituciones en Mestalla que permite el reglamento. Sobre lo primero, lo entiendo pero no lo comparto. El técnico, en su afán de no arriesgar metiendo a un jugador frío que pudiera salir y simplemente caminar, puso al resto de los que quedaron sobre el césped en apuros con tanto rival mosqueado por el feo. Lo segundo, lo del sábado ante el Valencia, lo defiendo: ¿para qué tocar lo que no se puede mejorar?

Luis Enrique juntó a su equipo de gala tras siete meses sin poder hacerlo en Liga. Y estaba tan contento y tan ansioso por verlos a todos juntos que no se atrevió a modificar nada ante el Valencia. Lógico. La última vez que los vio juntos fue en Córdoba, una tarde calurosa de hace siete meses. Esta vez no fue conservador con el 0-1 para meter a más defensas o algo de músculo, ni le dio miedo el cansancio pese a la acumulación de partidos. El rival empató, pero sería injusto decir que fue una consecuencia de esta decisión de no cambiar. El Valencia hizo el 1-1 más fruto de la casualidad que de otra cosa. Aunque los críticos ven cualquier momento idóneo para enseñar la patita.

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No hacer cambios hace años era mucho más arriesgado que exponerse ante la crítica, como esta vez le ha sucedido tímidamente a Luis Enrique. Por un lado, se herían más las sensibilidades. Como cuando Víctor Fernández no hizo ningún cambio en un Zaragoza-Barça de 1992 pese al 1-6 y muchos lo entendieron como un castigo a los titulares por el esperpento que habían protagonizado. Y, por otro, porque en muchas categorías, sobre todo en las modestas, los jugadores cobraban por primas. Y los suplentes sólo veían el dinero si cumplían un requisito básico: jugar al menos un minuto. Un servidor lo ha vivido. Ahora, en la época de los millonarios en Primera y de la precariedad en Tercera, o se cobra mucho o no se cobra nada. Esa fórmula de los sueldos por variables tan sencillas ya expiró. Porque las cosas no siempre fueron como ahora. Lo de tener la oportunidad de hacer tres cambios de campo es habitual desde la temporada 1995-96. Antes no era así.

La primera ocasión en la que un entrenador hizo un cambio datado fue en 1953, en la fase de calificación para el Mundial de Suiza. Alguna vez ya lo he recordado por aquí. Fue en Alemania y el sustituido se apellidaba Eckel. Hasta entonces, no se permitían los cambios. Si había lesiones el partido continuaba con los sanos. Inglaterra fue el primer país en implantar la moda en 1965 únicamente si el sustituido tenía una lesión. Desde la temporada 1967-68 se introdujeron las sustituciones por cuestiones técnicas, aunque en España únicamente se permitían los cambios en la portería por lesión (en 1969 cuando ya se dejaba sustituir a cualquier jugador por otro lesionado). Hasta que la FIFA creó las reglas de sustitución en el Mundial de 1970 con dos cambios y España acabó por acatar la evolución. Ya en 1994 la FIFA permitió una tercera sustitución, pero este nuevo cambio se reservó sólo al portero. Un año después las tres sustituciones se podían realizar sin distinguir a jugadores de campo o porteros. Y así hasta el momento actual: una época en la que se está estudiando introducir incluso un cambio más cuando haya prórrogas.

Luis Enrique en este apartado de los cambios también está marcando tendencia. Quizás marcado por sus maestros. De Cruyff, el escritor del libro de estilo culé, recuerdo la única vez que no cambió en Liga. Fue en un Castellón-Barcelona (1-0) en 1990. Entonces, con ocho años, entendí que no era obligatorio dar paso a los suplentes como me decían, así que mi sustitución en el equipo del colegio no la volví a asumir tan fácilmente. De Van Gaal, otro de los técnicos continuista de la escuela holandesa, es el mérito de haber entrenado al último Barça que no hizo sustituciones en un partido de Liga. Fue hace 16 años: el 7 de febrero de 1999 ante el Extremadura (1-2). Benítez era aquella tarde el técnico del rival. Y Luis Enrique, heredero ahora de esa costumbre, fue uno de los beneficiarios de que no hubiera cambios, marcó un gol clave y, para colmo, mandó callar. Una foto que tras lo de este sábado en Mestalla bien podría volver a utilizar.

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23/11/2015

Por Alfredo Matilla

Luis Enrique también estuvo en el Bernabéu

En lo futbolístico (Florentino va aparte), se ha hablado mucho de Benítez. Bastante más que del Clásico perpetrado, entre otros, por Danilo, Ramos, Bale y Benzema. Y curiosamente se ha hablado poco de Luis Enrique. Bastante menos que de la lección que dieron, entre otros, Piqué, Busquets, Sergi Roberto, Neymar y Suárez. Suele pasar. Parece más fácil centrar el foco en la derrota y repartir los elogios en la victoria. Pero en este último Madrid-Barça si alguien triunfó fue Luis Enrique, sin espacio en las numerosas portadas. Tras el 0-4 dijo en sala de prensa que la victoria le sabía “a gloria bendita”. Y no le falta razón. Pese al triplete en su estreno de la temporada pasada, necesitaba aún una de esas noches que trascienden a los títulos, que hinchan el pecho y que nutren las videotecas. Sabe que ha entrado en la historia a lo grande: ganando al eterno rival una vez más, pero no de una forma cualquiera, ante su parroquia. Pese a las críticas, ya puede presumir de ser el técnico con más victorias en Liga en el Barça en los primeros 50 partidos. Con esta goleada suma ya 40 triunfos. Guardiola, mito del barcelonismo, logró 36. Tantos como el profesor Helenio Herrera. Un dato alentador el de Luis Enrique para repetir un día el legado de Guardiola.

Pero más allá de los tres puntos, la renta de seis en el campeonato y los cuatro goles; más allá de todos esos números y récords, lo que le eleva son las formas llevadas a cabo. Esas en las que cree y que nadie le impone. La planificación, la táctica, el estilo y la fidelidad a una filosofía. Una vez visto el partido por tercera vez (bendito iPlus) sólo tengo elogios a cada una de las decisiones que tomó. Es de justicia darle el peso que merece. Como el que tenía, y también le di(mos), cuando las cosas no iban bien.

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Lo primero que habría que destacar del Clásico es su atrevimiento. Tras la caída con el Tata Martino, el asturiano ha sabido renovar la plantilla y las ilusiones y se plantó en el Bernabéu, que es el examen de exámenes, con cinco canteranos en su once frente a un rival que presumió de españolización y que no puso a nadie de la casa en el equipo inicial. Y eso que no actuó Messi, un titular habitual. Jugaron Piqué, Alba, Busquets, Sergi Roberto e Iniesta. Y hasta participó después Munir, al que Luis Enrique incluso hubiera puesto de partida de no haber sanado del todo Rakitic. El Barça, que parecía muerto hace menos de un año, ha hecho una gran reconstrucción. No sólo se ha asegurado un sucesor de Messi con Neymar, también la aportación de la Masia.

También es admirable su mando. Si hubiera jugado Messi de primeras se habría hablado despectivamente de que el argentino manda y hace el once como y cuando quiere. Una verdad sólo a medias porque, está claro, un hombre que tiene cuatro Balones de Oro también se ha ganado el derecho a decidir. Pero una vez que se confirmó su suplencia se siguió diciendo que fue una decisión suya. Ni siquiera que fue algo consensuado. El caso es matar al entrenador, cuando a Benítez se le ha condenado por todo lo contrario: por poner a demasiados futbolistas juntos que andaban tocados. El caso es desestabilizar a una estrella que ha acatado lo que no todos harían por el bien individual y colectivo: ser suplente ante Atleti y Madrid pese a tener a 500 millones de admiradores mirando.

Y todo esto no es lo más importante en el papel desempeñado por Luis Enrique. Una vez confeccionado el once, lo que de verdad le encumbra es el partido. Manejar un equipo talentoso cuya mejor virtud no fue la que siempre le da fama: el manejo del balón. Siendo brillante su dominio (95% de pases buenos de Iniesta y Rakitic), lo que le dio el partido fue la defensa y la presión. La recuperación de unas tareas oscuras pero necesarias que llevó al equipo a lo más alto con Guardiola. Vean el 0-2 y lo entenderán: con el robo previo de Suárez a Modric tras perseguirle 20 metros comenzó todo. Hacer correr así a unos jugadores que hace sólo cinco meses consiguieron un triplete no es sencillo. El Barça juega de nuevo al ritmo que roba. Si defiende activo, recupera y ataca con nervio. Si defiende más atrás y blando, también recupera, sí; pero para sobar y ralentizar. Luis Enrique lo ha entendido. Tampoco debe ser sencillo preparar tan acertadamente un partido cuando tres cuartos de tu equipo está de selecciones y sólo llegan a tiempo para entrenar (o dosificar) un par de días mientras el rival tiene a casi todos en Valdebebas para machacar (si es que lo hizo) con el once elegido.

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De sus movimientos tácticos ante el Madrid se podrían escribir cien folios. Yo paro ya, no vaya a ser que alguno, a lo Marcelo, me diga que no he jugado nunca a esto. Resumiendo, no sólo podemos quedarnos con el invento de Sergi Roberto. Jugadorazo multifuncional que Luis Enrique ha patentado. Hay mucho más. El técnico ha mejorado al equipo añadiéndole el concepto mortal de la contra perfecta que tan bien aprendió este equipo del propio Madrid y que tanto daño le hacía. Y repitió cosas que han funcionado ante su gran rival antaño. Como presionar mucho la salida del balón, perseguir a los laterales con los extremos y dejar que sean los centrales rivales los que se responsabilicen de la creación. Así logró neutralizar a Marcelo, fijar a Modric y Kroos y forzar que Varane perdiese 15 balones y Sergio Ramos ocho.

Pero a mi juicio, la aportación más novedosa en este partido fue el papel de los laterales, Alves y Jordi Alba. Ambos nos han acostumbrado a ser prácticamente extremos. De hecho, Alves lo ha sido más de una vez en el Bernabéu cuando Cesc y Messi se repartían las labores de falso nueve. Y, sin embargo, esta vez ambos permanecieron muy poco tiempo en esa posición tan adelantada. O como mucho, si atacaba uno, el otro guardaba la posición. Nada de irse los dos como en el pasado. Sólo llegaron por sorpresa, en carrera, con la jugada muy clara para finalizarla sin que hubiera contra y, sobre todo, con mucha superioridad en el marcador. La consigna no era ser más defensivos, estuviera bueno con esta plantilla. La idea era ser más equilibrados para no dejar a la espalda espacios que tantas otras vez han sabido explotar Bale y Cristiano. Su mejor posicionamiento, como defensas primero y como atacantes luego, permitió una gran salida del balón al Barça (arriesgando como ya es costumbre y solución), al mismo tiempo que condenó las subidas de Danilo y Marcelo, tan bien perseguidos por Sergi Roberto y Neymar. Un plan exitoso que en Clásicos del futuro, con Messi en condiciones y puede que con un pilar en el banquillo, hará que Suárez sea el que corra detrás de Marcelo para no agotar a Messi con esas labores. Veremos.

Y pese a esos retoques en defensa, entre los que el técnico ha incluido además la defensa mixta en las jugadas a balón parado, Luis Enrique ha mejorado claramente el ataque, el fin prioritario para el que el Barça siempre pone todos los medios. Siendo decisivos los integrantes del tridente, los centrocampistas llegan más que nunca al área. Varias jugadas ante el Madrid lo demuestran, con Sergi Roberto, Rakitic e Iniesta dentro del área, y con Busquets siempre pendiente para activar las segundas jugadas.

Dirán algunos que no sólo ganó Luis Enrique y que también habrá hecho algo mal en este partido. Cierto. Sobre lo primero, una realidad: al final el principal mérito (no el único) es de unos jugadores ejemplares que no se han abandonado en tantos años a pesar de ganarlo absolutamente todo. Pero sobre lo segundo, sinceramente no lo veo. La única tarea por pulir y que no ha conseguido Lucho ni con 0-4 en este Clásico es lograr que Munir se suelte, explote y marque. Pero es que si logra eso pronto como alternativa fiable para grandes partidos, más que un técnico estaríamos hablando de un mago.

Ahora, sigamos hablando de Benítez.
 

 

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19/11/2015

Por Alfredo Matilla

Messi y los 'banquillazos' de Luis Enrique en los Clásicos

Más allá de los riesgos y la seguridad, el Clásico del sábado centra su debate en las posibilidades de que Messi sea titular o no en el Barça. Para ello, y como entretenimiento hasta que se conozcan los onces horas antes, seguramente jugaremos a ponernos en la piel del futbolista, en la de su técnico y hasta en la de sus compañeros y rivales. Hay que valorar si es arriesgada y conveniente su titularidad recién salido de una lesión de rodilla o si es mejor que comparezca en el tramo final. Nunca se sabe. Pero, sobre todo, intentamos averiguar qué incidencia puede tener una u otra decisión en el transcurso del partido y en el futuro, con tanta temporada por delante y con el Mundialito a la vuelta de la esquina. Está de sobra demostrado que una estrella sola puede marcar un Clásico. Ya sea por su bendita presencia o por su maldita ausencia.

Y más allá de la decisión final (apuesten), convendría escuchar y respetar lo que elija Luis Enrique (con permiso de Messi, claro). El asturiano ya ha vivido este tipo de partidos, como aficionado (blanco y azulgrana), como jugador y como entrenador, en los que un futbolista-bandera condiciona la previa, el partido y la resaca. Tiene experiencias para regalar desde todos los puntos de vista, algo que no puede decir casi nadie, y en diversas circunstancias, así que lo que decida, sea o no lo que más guste, estará más que sobradamente justificado.

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Luis Enrique sabe como nadie lo que supondría para el Madrid que Messi no jugara de inicio. Quizás una motivación extra. Puede que un hambre desmedida. Y seguramente una salida en tromba. Por unas razones bien distintas a las de ahora, el Madrid, su Madrid en los noventa, pasó por encima de un Barça sin una de sus estrellas en el Clásico del 7 de enero de 1995. Romario se quedó en el banquillo del Barça sin hablarse con Cruyff tras sus continuas espantadas a Brasil después de una primera temporada prodigiosa. Ese día, el equipo de Valdano, en el que jugaba el actual técnico del Barça, voló. Zamorano hizo tres goles en 39 minutos y el propio Luis Enrique y Amavisca cerraron una manita redentora tras el 5-0 sufrido sólo un año antes en el Camp Nou, curiosamente con Hierro y Butragueño, mástil y bandera del Madrid, en el banco junto a Benito Floro. Romario salió esa dura noche en el descanso, demasiado tarde y desganado, casi como castigo por su indisciplina, para hacer lo que pocos intuían: jugar sus últimos minutos con la camiseta del Barcelona.

LuchogolDesde entonces, para el barcelonismo dejar a un ídolo sin jugar en un partido de esta altura parecía estar prácticamente prohibido. Sin embargo, Luis Enrique después pudo comprobar qué siente su propio equipo cuando no cuenta con su mejor hombre. Y las sensaciones tampoco son tan malas. Hay cierto aire de reivindicación. Riquelme, discutido siempre pese a ser el gran fichaje de su época en el Barcelona, se quedó en el banquillo en el Clásico de 2003, con Luis Enrique de azulgrana. Y el Barça mordió al Madrid de los galácticos. Empató con gol del propio Lucho, arañando un punto con tres canteranos motivadísimos (Puyol, Xavi y Gabri) y a pesar de jugar con una plantilla rota entrenada por Antic, con Bonano de portero y con Sorín tapando a Zidane.

La experiencia de no poner de titular a una estrella si no está apta, ya sea por lesión o rendimiento, salió bien en aquel partido porque el resto multiplicó sus prestaciones y se unió como pocas veces lo había hecho antes. Así que a Rijkaard, atrevido como pocos, no le importó repetir lo de dejar fuera a un referente a la temporada siguiente. Esta vez fue Kluivert, que salía de una lesión, como ahora Messi, y pese a no tener tanta influencia, tuvo mucha en aquel equipo. Se quedó en el banquillo del Bernabéu con mucho menos debate y más normalidad de la actual, pese a que era el tercer máximo goleador a pesar de haber estado lesionado y después de hacer 16 tantos la temporada anterior en Liga. Jugó Saviola por él, pero el holandés salió en la segunda parte e hizo uno de los goles decisivos de aquella victoria (1-2).

Con Iniesta también se vivió otro claro ejemplo. Sorprendió su suplencia en la temporada 2009-10 en Madrid´(ya lo habñia sido antes cuando buscaba un hueco), en una época en la que ya era indiscutible en el Barça. Unas molestias físicas en semanas anteriores le hicieron quedarse en el banquillo para no arriesgar ante el asombro general. El Barça ganó 0-2 y el Madrid de Pellegrini confirmó su desesperación por volver a perder un Clásico. La jugada salió perfecta, como la de la primera vuelta de ese curso en la que Pep hizo suplente a Ibra, luego lo sacó y el sueco decidió (1-0). Después, para rematar, ya con las estrategias demasiado estudiadas y con Luis Enrique atento como técnico de la casa, Guardiola dobló su apuesta y no sólo dejó a un pilar en el banquillo del Bernabéu en la 2011-12, sino que se atrevió a hacerlo con dos: Villa y Pedro. Que no eran ni son Messi pero que en ese Barça eran mucho. El resultado volvió a ser estupendo de nuevo (1-3). Así se confirmaba que no se acaba la vida por no alinear a una estrella. El Madrid también pudo comprobarlo en 2013 cuando Cristiano fue suplente en el Bernabéu con el campeonato decidido y la Champions acechando: el Madrid ganó 2-1 con Morata de titular.

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Ahora les toca a Messi y Luis Enrique otra vez decidir. Pueden que ya lo hayan hecho. Ya hay incluso informaciones que apuntan a que el argentino será suplente. Pero también hubo (des)informaciones hace semanas que aseguraban que el 10 no llegaba seguro a esta cita. Sea como fuere, nosotros, soñadores hasta la hora del partido, seguiremos dándole vueltas al tema. Los madridistas quizás son los que más claro lo tienen con el objetivo de recortar a toda costa los tres puntos de diferencia en la Liga: cuanto menos juegue, mejor. Pero los culés se dividirán. Por un lado estarán los temerosos de antaño (Era Romario y añadas anteriores) que ansían otra alegría y ven en el concurso de Messi la única vía para dejar al Madrid a seis puntos. O los ambiciosos como Iniesta, que no quieren concesiones: “Cuanto más juegue, mejor”. Pero por otro lado estarán los estrategas que entienden que en esta jornada no se juega aún una final, que llega pronto el Mundiato, que Iniesta puede jugar donde Messi con Busquets, Rakitic y Sergi Roberto en la medular y que el cuatro veces Balón de Oro, tras dos meses fuera, debe minimizar riesgos y siempre rendirá más cuando el resto se canse y las fuerzas se igualen con campo abierto. Ya lo demostró en el Calderón. Un ejemplo entre tantos del que puede valerse Luis Enrique, un clásico en el Clásico.

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28/10/2015

Por Alfredo Matilla

Setién, por fin en el Bernabéu

Quique Setién debutó el pasado fin de semana como entrenador de Primera en el banquillo de Las Palmas. Lo hizo nada más y nada menos que con 57 años. Algo más joven sólo que cuando lo hicieron, por ejemplo, Chaparro en el Betis o Jesualdo Ferreira en el Málaga (64 ambos). Y lo ha logrado con el triple de edad con la que se estrenó en la élite como futbolista en las filas de su adorado Racing (2-10-77, Racing 1 – Betis 1). Así, esta próxima jornada llega al Santiago Bernabéu (ganó allí 0-4 en el 87 con el Atlético), donde un día pudo jugar de blanco tras ir convocado al Mundial de 1986 y por donde ya pudo pasar como técnico de la máxima categoría hace ahora 13 años.

En el primero de los deseos incumplidos, las lesiones fueron determinantes. Ramón Mendoza, expresidente blanco, le llegó a confesar a Quique pasado mucho tiempo que su nombre era prioritario para reforzar al Madrid y que únicamente esos problemas físicos truncaron los planes. El segundo de los sueños frustrados fue por iniciativa propia. Como lo oyen. El santanderino se hizo cargo del Racing en Segunda a principios de la temporada 2001-02, en sustitución de Gustavo Benítez, para catapultarlo desde la antepenúltima posición donde se arrastraba hasta el ansiado ascenso. Con el equipo confeccionándose para el regreso triunfal a Primera, decidió echarse a un lado de manera sorprendente para quedarse -como director deportivo- a organizar el club y poner en el banquillo a nuestro añorado Manolo Preciado. Juntos caminaron hasta que Piterman llegó y arrasó con todo de la forma que ya saben.

Setienpreciado

Setién siempre ha sido así. Un caballero con carácter. Peculiar. Único. Una especie en extinción. Jamás se ha sentido más orgulloso que de aquella decisión en el Racing. Sabía que la oportunidad le llegaría algún día. Y le llegó. Pudo ser incluso este verano. Pero tampoco se precipitó. El técnico recibió varias ofertas tras seis años brillantes en el Lugo. Nunca impuso la pasta y las prisas por llegar antes que sus ideales. A algunos presidentes les dio largas y con otros se reunió para explicarles su modus operandi (exigencia), el método a seguir (seriedad), su proyecto de futuro (cantera) y su nuevo contrato (contrato corto y ampliable si se cumple el objetivo). Casi siempre espantó al personal. Donde los dirigentes buscaban un entrenador, encontraron al último mohicano. Un hombre que ya fue capaz de enfrentarse al mismísimo Jesús Gil y Gil en su etapa como jugador del Atlético, y que siempre, en el vestuario o a través de su afilada pluma como columnista de El Mundo, ha dicho lo que piensa. El mismo que podrá contarle ahora a Valerón (40 años) que hubo un tiempo, siendo ya una estrella veterana como él, en el que tuvo que entrenarse en la playa de El Sardinero porque Miera le aportó y le daba por muerto (“Igual es mejor que vayas dedicándote a otra cosa”, le dijo en verano al ídolo).

MuLa última vez que le entrevisté, poco había cambiado. Y muchas de sus lecciones son aplicables ahora para su nueva aventura. Más que esclavo de sus palabras, hace bandera de ellas. De su etapa en los banquillos fue y sigue siendo tajante: “No aspiro a ser un entrenador de renombre, sólo a ser honrado y a dejar un buen recuerdo. No diré que el dinero me da igual, pero no voy a decantarme nunca por lo económico”. Su concepto de la justicia es el de siempre: “Mientras todo prospera y mejora en el fútbol, los directivos son los únicos que no se han profesionalizado”. Los fichajes de invierno, aunque alguno tendrá que hacer ahora, no le gustan: “Cuando se tuercen las cosas, son los primeros en desconectar. Tienen contratos y la cabeza en otros lugares”. Y su sabiduría está intacta tras tantas horas de ajedrez, su pasión. Con la reciente llegada de Alí Syed a Santander ya se atrevió a pronosticar el desastre: “Al final, volveremos los de la casa; esto es cíclico y no aprendemos”. Dicho y hecho. Setién, en la distancia, es miembro de la Comisión Deportiva del Racing actual e ideólogo en un proyecto de los que le gustan: con lo justo y alejado por ahora del fútbol profesional, pero empezando de cero con la gente de la casa, como su hijo Laro.

Ya lo ven. Llega a la Liga un tipo fascinante. Y conviene disfrutar de él. No todos los días estamos ante un discípulo de Luis Aragonés: “Él significó mucho para mí porque me cambió la manera de ver el fútbol y de entender esta profesión”. No todos los días estamos ante alguien al que el mismísimo Cruyff alaba en la fabulosa biografía que de Setién escribió Raúl Gómez Samperio: “Tendremos la suerte de seguir contando mucho tiempo con él”. O como también lo hace Valdano: “Fue otro disidente del Imperio de la Furia que le puso pausa al vértigo, claridad y elegancia. Quique se fue derechito hacia la historia, ese lugar donde los números le dan la razón a quienes, como yo, le declaramos inolvidable”.

Pero sobre todo conviene aprender con un entrenador al que no le han regalado nada, que ha subido todos los peldaños de uno en uno sin precipitarse (entrenó además al Logroñés, al Poli Ejido, a la Selección de Guinea…) desde las calles donde jugaba en la Plaza Esperanza hasta el profesionalismo que le honra. Un hombre sensato que tanto amaba el fútbol y sus orígenes que su prioridad cuando reunió algo de dinero fue comprarse una casa en Liencres por cuyos pinares hizo mil pretemporadas. Su paraíso, donde lo primero que ordenó construir fue un campo de fútbol en el que, cada vez que puede, convoca a los amigos de verdad para jugar. Su verbo preferido.

Setiensanchis

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15/10/2015

Por Alfredo Matilla

Jémez por De Guindos

España va bien. Dicen. Como hago todos los años, he preguntado estos días a mis dos fuentes más fiables en asuntos nacionales -al gremio taxista y a los dueños de varios restaurantes- y me juran que sus negocios confirman el mejor de los deseos: la economía está (lentamente) repuntando. No termino de creerles con tanto pariente en el paro y demasiado buitre aún gobernando, pero intento convencerme de que algo, por poco que sea, se ha avanzado. Por un lado, siento alegría al percibir, después de tanta oscuridad, algo de esperanza. Aunque me esfuerce en obviar que la mejoría en las cifras del paro sea por mil contratos precarios de verano o debido a que se acercan las elecciones y hay que poner chapa y pintura. Pero, qué quieren que les diga, también ando preocupado. Veo demasiados guiños pre-crisis que recuerdan a la nefasta Era de la Burbuja… Este puente no quedaban plazas hoteleras, buscaras en Canarias o en la Cochinchina. Se ha disparado la venta de Iphones 6, tan baratos ellos. En los súper ya se agota otra vez antes el salmón que el choped. Y en el fútbol profesional, termómetro infalible de la salud de un país, se ha vuelto a gastar dinero sin control. Como si lo regalaran: tras invertirse en el mercado estival en Primera la cifra récord de 558,3 millones en 170 fichajes, sólo el 30% de los contratados son indiscutibles. Es decir, un 70% es mero decorado. No juega ni la mitad de los minutos hasta ahora disputados.

El origen de que se hayan gastado 86 millones de euros más que la temporada pasada depende de varios factores. Entre ellos, que las ventas también hayan aumentado (401 millones) y, además, que el nuevo contrato de televisión (825 millones de euros antes y 1.175 millones con el Decreto) garantice nuevos ingresos. Pero eso no justifica que en el fútbol, como en la vida misma, ya nos estemos relajando. Mientras el curso pasado hubo un superávit de 50 millones, en éste hay un déficit de 157. Los presidentes suelen ser los más señalados por tantos años de despilfarro. A fin de cuentas son los que firman cada talonario. Sin embargo, los entrenadores también tienen su parte de culpa. Por el egoísmo (y las dudas) de tener cuantos más jugadores mejor para elegir y fomentar la competencia o, en bastantes casos, por su falta de conexión con los directores deportivos con los que conviven. Con tanto fichaje en la grada, más de uno tendrá complicado animar a su club a que vuelva a sacar la cartera en las próximas y atractivas rebajas de enero.

RAYITO

Los grandes, cuya mejoría cada vez es más complicada con tanta estrella, pueden alegar que lo que han fichado es un buen fondo de armario. Pero es que Benítez, que trajo al aterrizar en el Bernabéu a Casilla, Danilo, Casemiro, Cheryshev, Lucas Vázquez, Kovacic..., no los ha utilizado ni como simple rebequita para las noches que refresca. Lo de Luis Enrique es más duro, ya que contratando a Arda y Aleix Vidal no los ha podido utilizar por una sanción de la FIFA. Mientras que Simeone ha querido pero no ha podido dar continuidad a sus peticiones. Sólo Filipe y Óliver han tenido mando en plaza. Menos justificación tiene lo de Nuno, que se ha llevado la palma en este derroche. Su Valencia hizo seis fichajes (137 millones) y ninguno es fijo dos meses después. Emery, con diez contrataciones para afrontar también el reto de la Champions, aún no les ha hecho hueco en su once tipo entre un mar de rotaciones. E incluso Valverde, que tiene poco donde elegir y está obligado al éxito en las compras, le está costando dar salida a los recién llegados. Únicamente Raúl García parece indiscutible. En el lado opuesto está el Sporting, que con la prohibición de fichar por el control económico no podía fallar y no ha fallado.
 
Para la reflexión nos queda además que el líder, el Villarreal de Marcelino, es de los que más partido está sacando a sus diez fichajes (obviando a Bonera, repescado libre sin fe), pese a tener a varios de los más importantes lesionados. Para el análisis también está que el Celta, que es el que menos ha fichado sin prohibiciones (4 jugadores) es una de las grandes revelaciones. O que el último, el Granada, es por el contrario el que más ha contratado (16). Pero sobre todo da qué pensar sobre este último mercado de verano el ejemplo de los ahorradores. El Getafe no ha gastado nada. Y el Rayo Vallecano de Paco Jémez llega al Camp Nou de nuevo con 11 altas que le han costado en total 100.000 eurillos de nada. Incluido Zhang, al que no pidió y le trajeron a cambio de publicidad. Una costumbre ésta de la austeridad que inició Felipe Miñambres hace ocho años en Vallecas, que el técnico canario apoyó como ley de vida (58 de sus 59 fichajes a coste cero) y que siempre compensará, como ahora pasa en Getafe, el error humano de fichar y no acertar. Un acierto en toda regla que hace replantearnos en qué puesto nos daría más felicidad el técnico rayista: si sustituyendo a Del Bosque en la Selección -como pedía una encuesta lanzada en AS-, o supliendo al ministro De Guindos, como exige nuestra economía.

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07/10/2015

Por Alfredo Matilla

Prensa, peste y omertá

Permítanme el yo durante estas primeras líneas para condenar lo que hacemos nosotros y ellos. Hace ahora diez años no me importó morir por primera vez. Fue en una entrevista para estrenarme como becario. El hombre que debía seleccionar a un puñado de estudiantes para las prácticas quiso impresionarnos. Y lo logró con su discurso: “Esta profesión se ejerce por devoción. Hay que estar cerca de la noticia. Sin horarios. Lo crucial es estar donde suceden las cosas. Si un equipo tiene un accidente y se cae su avión, hay que estar dentro de él para intentar contarlo”. Me pareció una metáfora demasiado entusiasta tras la tragedia del United en Múnich en 1958 en la que fallecieron ocho periodistas junto al grueso del equipo, aunque lo vi también como un ejemplo motivador. Quería ser uno de los masocas elegidos. Y, por suerte, lo fui. Pero ahora, tras una década de sospechas, veo que me (nos) han engañado y esto no es lo que pensaba. El Real Madrid, hace tiempo, y el Barça estos días, han prohibido tajantemente a la prensa viajar con sus equipos una vez que ya han conseguido sacarla de los entrenamientos y del día a día de los deportistas. Un derecho inmoral promovido por sus entrenadores y poco solidario con una profesión tan necesaria y castigada por el paro (11.300 despedidos desde 2008 y 28.300 parados en la actualidad), cuando hasta el Papa, el mandamás para un informador, vuela con ‘plumillas’ de uno a otro lado.

Aquí no se pretende defender a ultranza y santificar a una profesión que cometió, comete y cometerá mil fallos. Se intenta reflejar una realidad que sólo trae pobreza. Intelectual y material. El gremio periodístico estaba acostumbrado a otra clase de relación con los equipos. Unas veces para beneficio propio (exclusivas). Otras para satisfacción de los deportistas (reivindicaciones). Y siempre para el provecho de los aficionados, receptores principales de las respuestas de los protagonistas. La prensa, en una época no tan lejana, interactuaba con los presidentes, entrenadores y jugadores, compartía el transporte, veía y analizaba los entrenamientos íntegros y hasta entraba a los vestuarios en busca de opiniones. De Jesús Gil guardarán mil imágenes. Maguregui, por poner un ejemplo que nos vaya acercando al mundo de los entrenadores (objetivo de este blog), daba las ruedas de prensa improvisadas en Santander mientras se enjabonaba en la ducha. Alguno citaba al redactor en su casa para responder a un simple cuestionario. Y otros, créanme, hasta pedían favores en días clave (sin éxito) para confundir en las previas al entrenador rival con un sistema inventado o con un delantero que no iba a jugar. Ahora, eso se ha acabado. Y en parte es normal porque el trato estaba desfasado y porque mantener cierta distancia, además de necesario, es saludable. Se refleja en las informaciones. Pero se han pasado. Los periodistas saben más de los protagonistas por su twitter que por sus charlas, viajan por su cuenta siguiendo tan sólo sus huellas y se limitan a esperar en una rotonda fuera de la Ciudad Deportiva de turno. Como si el periodista fuera un apestado.

Capello

En Inglaterra esta medida de aislar a la prensa fue un mecanismo de defensa de los técnicos contra el sensacionalismo. Ferguson vetó hasta a la BBC. Cuando, por contra, los clubes deberían plantearse el mundo al revés: el espacio reservado en periódicos, radios y televisiones siempre suele ser el mismo, y cuanta menos información haya más se tirará de imaginación, estadísticas incómodas y una ración de morbo para sobrevivir. La Premier fue el ejemplo a seguir. Allí sólo habla los viernes el entrenador y de los jugadores no hay ni rastro. En España, Capello fue quien lo copió en su segunda época en el Bernabéu. Y tras unas primeras y repetitivas quejas, nadie volvió a sacar el tema. Es más, hay periodistas (los peores) que han visto las ventajas de esta censura al no tener que ir a los entrenamientos y al ver rebajada la presión: como no pueden acceder a las fuentes, nadie tiene por qué exigirles información. Así, desde aquel 2006, se ha ido perfeccionando el modelo en los clubes, levantando más los muros y puliendo las actitudes dictatoriales. Ahora ya no es que sea complicado entrevistar a Cristiano, es que es imposible preguntarle a Mayoral. Los herederos de Capello han seguido sus pasos beneficiados por la comodidad de trabajar sin ser vigilados. El resto de equipos, poco a poco, han ido adaptando esa idea. Y los periodistas, más y más, han dejado de pelear por sus derechos entregando la cuchara. El resultado ya lo saben: el aficionado, ya no los medios, no conoce ni los partes médicos de sus ídolos, el desempleo sigue apuntando a muchos periodistas que ya no son necesarios con este panorama, mientras los clubes hacen crecer exponencialmente sus medios oficiales (y serviciales) a la vez que relacionar en sus asambleas a la prensa con el enemigo.

Será mejor mirar otros ejemplos para no caer en la desesperación. Alemania, espejo para todo, trata al periodista con otro respeto. Mientras aquí se le reduce su espacio de actuación en una miserable zona mixta, se le identifica más por peligro que por seguridad y se le da acceso a voces restringidas, en la Bundesliga, y más cuando llega la Champions, se les deja trabajar como personas formadas que son, se les facilita el ejercicio de la profesión y hasta incluso se les ofrecen privilegios gastronómicos al término de los partidos sabedores de que los textos más agrios se escriben con el estómago vacío. Incluso si es necesario, como en el caso de Guardiola, hasta le convencen para rectificar sus principios inquisitorios e invitarle a adaptarse al lugar y no al revés. En Italia, donde también se van cerrando poco a poco por influencia de los Benítez y compañía importados de la Premier, queda al menos otra costumbre impuesta por la Juve: cuando más se habla es cuando peor van las cosas. El aficionado merece mil explicaciones. En Francia, aunque la selección echó a la prensa porque un periodista colgó una foto desde dentro del avión hace tres años, se puede viajar todavía con los equipos. Y en Portugal aún continúa en muchos clubes el método de andar por casa.

Luchoblog

En España, resumiendo, hay excepciones que La Liga debería inculcar al resto ahora que anda tan preocupada por los aficionados y sus derechos. En los modestos es más fácil. Lo sé. Pero otros que compiten en Europa son ejemplos. El Villarreal funciona como un reloj en la relación plantilla-prensa. Y el Sevilla hasta hace cenas de confraternización cuando viaja en Champions. Pero los males son mayoría y van en aumento, y en ellos la culpa y la solución se reparte entre todos. En España, queridos periodistas, nada funcionará en esta profesión mientras haya omertá, no se denuncie, se sonría al que reconoce ser un ‘cabroncete’ con los medios, se acuda a ruedas de prensa de un presidente a través de una pantalla de plasma y se dé cobertura a mil actos publicitarios sin rédito con tal de coger dos declaraciones de una estrella que se niega a conceder una entrevista y que sólo responde preguntas pactadas. En España, queridos lectores, escucharán o leerán a Benítez donde le diga el presidente. Escucharán o leerán a Simeone antes en Argentina que aquí. Y escucharán o leerán a Luis Enrique únicamente en ruedas de prensa o en entrevistas pagadas como las que daba Guardiola con el Banco Sabadell. Y en España, queridos entrenadores, -y sobre todo querido Luis Enrique, que ha sido el último en señalar a la prensa-, entiendan que para intentar ganar un partido y no recibir críticas, siempre será más fácil bajar del avión a Mathieu que prohibir a los periodistas que se suban en él.

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07/09/2015

Por Alfredo Matilla

El ‘9’ de Del Bosque

Toca hablar de los delanteros centros de la Selección. Y no por la falta de gol ante Eslovaquia. Ni por señalar a un pedazo de jugador como Diego Costa. Conviene disfrutar de la resurrección colectiva y no sacar tanta puntilla. Bastante hay ya con todo lo que rodea a Piqué. Lo del ‘9’ viene de más lejos y no se acaba de entender. Hace nada los candidatos potenciales a reforzar la delantera se exiliaban en busca de más protagonismo, millones y gloria. Y, cosas del fútbol, dejaron de contar poco a poco para el seleccionador al mismo ritmo que iban fallando goles y emborronando sus currículos. Ahora que curiosamente todos han regresado a España reclamando foco, con la Eurocopa a la vuelta de la esquina, el técnico ha preferido apostar por una delantera londinense (Cesc-Pedro-Costa). No hay quien les ponga de acuerdo. Total, que a unos meses para disfrutar de una nueva cita crucial en Francia, Negredo, Morata, Llorente, Torres, Soldado, Aduriz y hasta Villa siguen mirando el teléfono por si suena o whatsappea.

Ya ex vox populi que a Del Bosque no le gustan demasiado los tanques en el área. Y eso que convivió con los cabezazos de Santillana. Para él, un nueve puro no casa con este tiqui-taca. Los convoca casi por obligación. Sin embargo, también es de sobra conocido que a las fases finales hay que acudir con una lista de 23 y con alternativas por si hay baches, atascos o rotaciones. Así que deberá llamar a más de un delantero centro. La duda a estas alturas es qué pasa por la cabeza del salmantino, quiénes son sus preferidos, cuáles siguen con opciones de volver y quiénes deben darse ya por descartados. Es una incógnita. Del Bosque nunca se guió por los goles en los clubes. Ni por el rendimiento con la Roja. Ni mucho menos por las peticiones populares. Más bien su obsesión es no desestabilizar el ecosistema. Se entiende repasando las trayectorias de los 12 arietes que ha tenido, la de los otros siete delanteros que pudieron hacer de falso nueve, la de los 57 futbolistas a los que hizo debutar (llamó a 62 novatos y 5 no se estrenaron) y la de los 85 internacionales que ha dirigido. No es una casualidad que ahora confíe en el ‘9’ que peores números tiene con él (Diego Costa, al que costó integrar, lleva un gol en 600 minutos), que Cesc, con 3.632 minutos, sea el que más ha jugado como referencia de todos los que aún siguen en su agenda, y que últimamente hasta probó al exmalaguista Juanmi dentro del área.

Adruizsoldado

Cada uno tendrá sus gustos, pero hay dos casos que chirrían y están de moda. Uno es el de Soldado, actual pichichi de la Liga empatado con Bale y James (Real Madrid), Adrián (Eibar) y su compañero en el Villarreal Bakambu. Gustará más o menos, pero es el delantero con mejores números en la Era Del Bosque en la Selección. Hizo 7 goles en 537 minutos, por lo que marcó cada 76. Y, qué cosas: no ha jugado nunca una gran cita de rojo. No juega con la Selección desde 2013. El resto de delanteros está por detrás suya. Güiza, también de vuelta, marcó un gol cada 80'. Negredo (88’), Alcácer (96'), Villa (98’), Llorente (136'), Torres (137'), Morata (285') y Costa (cada 600') siguen en la lista a la estrella del Cádiz. Michu, ni marcó en su única aparición. Y de los otros atacantes que pudieron y podrían hacer de nueve como Bojan, Juanmi, Munir, Nolito, Rodrigo y Adrián, sólo éste último fue capaz de mojar.

El otro caso que sorprende es el de Aduriz. Máximo goleador nacional en la última Liga con 18 goles y el único delantero capaz de comerse a este Barça de Luis Enrique. El ariete del Athletic sólo ha disputado ¡15 minutos con Del Bosque! Jugó ante Lituania en octubre de 2010 gracias a los méritos de la temporada anterior con el Mallorca, en la que había hecho sólo 11 goles. No volvió nunca más. Un dato que demuestra que los momentos de forma o las apariciones con España no lo son todo. Otro dato que lo corrobora es que la última aparición de Torres fue con gol y poco tuvo que ver en la debacle del Mundial. Y uno más, que hasta Negredo marcó en dos de sus últimas tres titularidades en partido oficial con la Roja. ¿Por qué no volvieron? ¿Qué hicieron mal o peor que otros?

Soldado aún tiene fe. Del Bosque hasta ahora le ha fallado, pero fue quien le sacó de su colegio en Valencia y el que lo trajo al Hotel Centro Norte tras ficharlo para el Real Madrid. Aduriz lo ve algo más crudo. Más no puede hacer y la historia no está de su parte. Su caso recuerda al de Carlos Ruiz. El último pichichi del Athletic hizo más goles que nadie en Liga en la temporada 74-75 (19 tantos). Y nunca fue internacional absoluto. Como les sucedió a otros pichichis en España como Porta (Granada) y Badenes (Valladolid). Los que conocieron a Carlos Ruiz creen que Kubala nunca le citó porque no era más que un rematador, obviando que, por el contrario, sí se acordó de brillantes delanteros como Rodilla (Celta) que ese año sólo hicieron un golito en Liga.

Al público en general, y a mí en particular, nos da igual a quien llame Del Bosque mientras sea justo y España marque goles. Como si tira de Gasol. Pero Soldado y sobre todo Aduriz merecen un reconocimiento por sus excelentes números. Cuando sea. Carlos Ruiz, el goleador de San Mamés, ya disfruta con España. Con retraso, pero aún a tiempo. Al menos es el médico de la Selección femenina.

Carlosruizbuena

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24/08/2015

Por Alfredo Matilla

Benítez y las estadísticas

Nos estamos volviendo locos. Y esto no acaba más que empezar.

Mira que me gustan los números. Quizás porque mi hermano iba para matemático y algo me quedó. Puede que porque mis profesores me recomendaron siempre una ingeniería. O debido a que Pedro Martín, ahora en la Cope, me contagió en su día su fascinante pasión por analizar y estrujar los números en el fútbol hasta casi verlos gotear. Sin embargo, este hobbie últimamente no se puede aguantar. Los meses de verano sin Mundial ni Eurocopa, la falta de transparencia en los clubes que nos impiden tantas veces informar, y la necesidad de rellenar nos conducen hacia la estadística más de lo deseado. Si tuviéramos más noticias al alcance u entrevistas que ejecutar, y no sólo contacto con los jugadores en los actos publicitarios o a través de la ventana de las redes sociales, la probabilidad, los porcentajes y la aritmética serían sólo un complemento más. No una necesidad con la que predicar. La realidad es que Benítez ha tropezado a las primeras de cambio y los periodistas nos hemos lanzado a buscar en los números respuesta a la falta de gol, a la desidia de Bale y al futuro del técnico mientras los aficionados han rescatado datos pasados que confirmen sus temores o que les den tranquilidad.

Lo peor no es esa falta de paciencia, sino el efecto causado en los propios entrenadores. Luis Enrique, preocupado por una Supercopa ridícula en Bilbao y las primeras presiones, tiró en la misma sala de prensa de San Mamés de la estadística para confiar en la vuelta. Como quien echa mano de espíritus, piñas y tifos. “En 18 resultados de la pasada temporada ya hicimos más de 4 goles”, dijo. Después, incluso un informativo se atrevió a decir que Lucho, tras no remontar el 4-0 con un 1-1, se la jugaba ante el Athletic en la 1ª jornada, obviando el pasado más reciente y todo lo que queda por cabalgar. Otro caso de contagio ha sido el del técnico del Madrid. Tras el gris empate en El Molinón, agobiado ya por las preguntas de los periodistas, Benítez desempolvó una estadística inventada para recordar que el Madrid ya pinchó el año pasado en su debut con Ancelotti y no pasó nada, cuando realmente ganó 2-0 al Córdoba y pasó de todo más tarde: ni títulos ni continuidad del técnico. Y esta misma semana hasta Sandoval, con sus ansias de enganchar en Granada, aireó que tiraría ante el Eibar de su “triángulo inteligente” en medio campo frente al Eibar. Un plan que recuerda al “cuadrado mágico” de Luxemburgo o al entrenador que un día, estando un servidor en edad juvenil, se lió tanto con las rotaciones, con su miedo a sentar a alguna estrella e innovar para sorprender, que puso en la pizarra a 12 hombres media hora antes de saltar al campo.

Rafabenitez

A ver. En el Madrid, que es el que más debate ha generado este fin de semana por la mala suerte de no saber finalizar, se pueden buscar números interesantes que interpretar como uno quiera. No pasa nada. Se agradecen. Pero ojo, no engañemos al personal. Sólo son válidos para una coletilla o un reportaje, no para desvelar qué pasará. Es cierto, desde un punto de vista desolador, que sólo Albéniz y Mourinho habían sido los únicos técnicos del Madrid que comenzaron en la historia con un 0-0. Como también lo es, desde un punto de vista optimista, que en el 25% de las 32 Ligas ganadas por el club blanco se comenzó con un pinchazo: tres derrotas (la última en el 77 en Salamanca) y cinco empates.

Pero quien quiera tirar de números para analizar objetivamente, sin aventurar, también puede si lo desea. Tras una primera jornada con 12 goles (8 menos que el curso pasado), y con Cristiano y Messi a cero, quedan 37 para relamerse y no para ponerse a sentenciar. El Eibar, 93 días después de descender, es el líder. Los 270.000 aficionados que han acudido a los 10 estadios de Primera entenderán que ni el Madrid está muerto por acumular 5 partidos sin gol de 9 en la Era Benítez ni el Sporting ha entrado ya en Europa con 1 punto de 3. A 17 equipos aún les hace falta más de 40 para lograr la permanencia. Además, se puede constatar también que el Atleti ya es algo más que el equipo del pueblo que va de tapadillo. Hizo media docena de fichajes (6/12) con un gasto total (aún con el mercado abierto) de más de 100 millones de euros, por lo que pelear por los títulos ya no sería una hombrada. Es una bendita realidad. Además, los números también arrojan que casi el 70% de los fichajes de la Liga (a vuelapluma) no han sido titulares en este inicio, que ha habido 6 expulsiones ya, 1 penalti lanzado y 3 goles de falta. Y que hasta es precipitado asegurar tras irse Pedro (30 millones) que la cantera del Barça del triplete vive su ocaso. En Bilbao, 5 canteranos jugaron de inicio y 5 más estuvieron en el banquillo (10 en total).

Hitzfeldcapello

Calma. De verdad. Sobre todo a los madridistas, más numerosos y proclives a perder los nervios tras la sequía de la temporada pasada. Estamos en agosto. Pese a que Mundo Deportivo ya titule a todo página “¡El Madrid ya está a dos puntos!”. Aunque Benítez tenga un lío por resolver. Ya saben que el fútbol no son matemáticas y que si insisten en acudir a los números, sobre todo a estas alturas, conviene hacerlo como un estudio analítico pero no para elevar tesis. Pregúntenle a Mendilíbar. Que ya fue líder de Primera como ahora con el Athletic en la primera jornada de 2005-06 y luego fue despedido tras diez jornadas. O al mítico Ottmar Hitzfeld. Siendo incluso profesor de matemáticas antes que un gran entrenador pudo calcular todo con más facilidad que el resto pero no ganar siempre. O mejor. Pregunten a Capello, que su experiencia sí que es relevante para los más preocupados con el 0-0 ante el Sporting. El italiano comenzó en sus dos etapas en el Madrid con la misma suerte y fama que Benítez (aburrido y defensivo), y fue campeón las dos veces. Pese a empatar en el primer partido de la temporada 96-97 (1-1 en Riazor) y tras un 0-0 en 2006-07 frente al Villarreal.

Cómo me gustan los números. Pero lo ven, ya les estoy volviendo locos.

 

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05/06/2015

Por Alfredo Matilla

El Madrid busca otro Míchel y tanteó a Ginés Meléndez

Rafa Benítez acaba de llegar al Real Madrid. Y más allá de organizar lo urgente (lógico) en estos primeros días, ya le ha dado tiempo a opinar de lo importante: no vería mal darle una vuelta a la cantera como quiere el club desde hace varias temporadas. De hecho, desde el curso pasado, cuando el Castilla comenzó su descenso a 2ªB, Florentino Pérez busca un director única y exclusivamente para la cantera. La idea original, y que hasta hace nada aún no estaba descartada, era fichar a Ginés Meléndez (padre deportivo de todos los internacionales españoles) para aplicar en Valdebebas el método que tan buenos resultados ha dado de su mano a la Federación Española.

El interés nació en noviembre de 2013 según varias fuentes del club blanco. Sin embargo, la idea comenzó a gestarse mucho antes. Desde el momento inmediatamente posterior a que Míchel se marchase de la Ciudad Deportiva y la Fábrica se quedase sin alguien que la coordine desde el punto de vista metodológico más allá de Ramón Martínez, director de fútbol, cuyas funciones no son sólo la base. En aquella época, fueron varios técnicos del Real Madrid, Paco de Gracia (director de captación) entre ellos, los que se pusieron en contacto con Ginés Meléndez (Albacete, 1950) para convencerle de que se uniera al Real Madrid. A la primera comida informal para hablar de proyectos (nunca de dinero) se unió el propio Ramón Martínez. El club quería demostrar que la cosa iba en serio.

Ginescortado

Tras charlar distendidamente en esa primera toma de contacto, quedaron claras varias cosas. Por parte de Ginés Meléndez, primero había que esperar a junio de 2014 (acababa contrato según la FEF), contarlo con sinceridad y por lealtad en Las Rozas y esperar a ver si le renovaban o no. En segundo lugar, y si aceptaba la oferta, tener plenas competencias en Valdebebas, poder ponerse el chándal y pisar el campo, y quedarse con los entrenadores que buscan la proyección de los chavales y no sólo un trampolín para sus propias carreras. Todo ello en base a su propia experiencia. La reputación de Ginés y el curriculum le avalaban para ello. Según varios trabajadores de la casa blanca, Ginés llegó a estar presente en un Madrid-Nápoles juvenil con el objetivo de ver las instalaciones detenidamente y la Residencia. Ahí comenzaron a meterle prisa para decidirse. El asunto era prioritario. Hasta que llegó mayo de 2014 y la Federación, que lo daba por hecho sin tener prisa, le renovó. Ginés dijo que se quedaba en la Federación y el Madrid tuvo que comenzar a cambiar de planes sin olvidarle.

Y la cosa empeoró. Sobre todo cuando Paco de Gracia (excolaborador de Benítez en el Liverpool) fue despedido de mala manera, le sustituyó Francisco Javier Torralbo 'Piru' (ya estuvo en el club antes) y a Ramón Martínez se le presentaban unos problemas médicos que durante meses le impidieron, y aún le siguen impidiendo, realizar su trabajo con normalidad. Muchas veces lo tiene que hacer en casa, desde la distancia. Para colmo, ahora tampoco está Alberto Giráldez, que se marchó con Pardeza a una empresa de representación (Best of you). Por eso, el Real Madrid seguía y sigue pensando que hay que poner a alguien en Valdebebas que dirija todo el trabajo de la base con la idea de que la cantera aporte al primer equipo lo necesario y el mercado sólo lo extraordinario. No como ahora. Los técnicos del Madrid que conocen bien a Ginés, al verlo asiduamente por Valdebebas, estaban deseando que llegara cuanto antes al enterarse del interés en incorporarlo.

Benitezcortado

En estos meses se han estudiado varias opciones más, entre ellas la de Juni Calafat (jefe de Internacional del club) y la de Roberto Olabe (academia Aspite, ex de Almería y Valladolid), como adelantó AS en febrero de este año en la sección Confidencias de Matallanas. Pero no se termina de dar el paso. Mientras, Ginés Meléndez, al ascender de responsabilidades en la Federación, ha pasado de estar en los banquillos a ser un hombre de despacho multiusos como Director Técnico-Coordinador de Selecciones y Director de la Escuela Nacional de Entrenadores. Algo que según su entorno le agrada bastante menos que estar dirigiendo a pie de campo a los chavales. “Si le llegara en este momento otra vez esa oferta, y de forma más concreta, yo creo que la aceptaría”, asegura un colaborador de la FEF que hasta hace poco trabajó con Ginés y conoce bien el Madrid.

Ahora, con Benítez, no se sabe bien que se hará con la cantera del Real Madrid o si el madrileño tendrá más o menos influencia. Bastante tiene con el primer equipo. Pero lo que es seguro es que la organización se cambiará. Para empezar ya se ha eliminado el Real Madrid C (Tercera) y se medita hacerlo con otro juvenil para adelantar la edad de formación de los chavales y hacerlos más competitivos. Antonio Gómez, asistente de Rafa y que ya brilló con la base en el Albacete Balompié, podría tener un plan para ella. Zidane, Guti, Solari y compañía lo desean. Ya es vox populi que el nivel no es el que era. Muchas goleadas en las ligas locales (7 equipos de los 14 de la cantera han sido campeones), pero pocos chavales que estén listos ya para derribar la puerta como han hecho últimamente Morata, Carvajal y Jesé. Más allá, eso sí, de la imposición por contrato de Odegaard.

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