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Mr. Pentland

Mr. Pentland

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento. Aquí tiene su banquillo.

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05/06/2015

Por Alfredo Matilla

El Madrid busca otro Míchel y tanteó a Ginés Meléndez

Rafa Benítez acaba de llegar al Real Madrid. Y más allá de organizar lo urgente (lógico) en estos primeros días, ya le ha dado tiempo a opinar de lo importante: no vería mal darle una vuelta a la cantera como quiere el club desde hace varias temporadas. De hecho, desde el curso pasado, cuando el Castilla comenzó su descenso a 2ªB, Florentino Pérez busca un director única y exclusivamente para la cantera. La idea original, y que hasta hace nada aún no estaba descartada, era fichar a Ginés Meléndez (padre deportivo de todos los internacionales españoles) para aplicar en Valdebebas el método que tan buenos resultados ha dado de su mano a la Federación Española.

El interés nació en noviembre de 2013 según varias fuentes del club blanco. Sin embargo, la idea comenzó a gestarse mucho antes. Desde el momento inmediatamente posterior a que Míchel se marchase de la Ciudad Deportiva y la Fábrica se quedase sin alguien que la coordine desde el punto de vista metodológico más allá de Ramón Martínez, director de fútbol, cuyas funciones no son sólo la base. En aquella época, fueron varios técnicos del Real Madrid, Paco de Gracia (director de captación) entre ellos, los que se pusieron en contacto con Ginés Meléndez (Albacete, 1950) para convencerle de que se uniera al Real Madrid. A la primera comida informal para hablar de proyectos (nunca de dinero) se unió el propio Ramón Martínez. El club quería demostrar que la cosa iba en serio.

Ginescortado

Tras charlar distendidamente en esa primera toma de contacto, quedaron claras varias cosas. Por parte de Ginés Meléndez, primero había que esperar a junio de 2014 (acababa contrato según la FEF), contarlo con sinceridad y por lealtad en Las Rozas y esperar a ver si le renovaban o no. En segundo lugar, y si aceptaba la oferta, tener plenas competencias en Valdebebas, poder ponerse el chándal y pisar el campo, y quedarse con los entrenadores que buscan la proyección de los chavales y no sólo un trampolín para sus propias carreras. Todo ello en base a su propia experiencia. La reputación de Ginés y el curriculum le avalaban para ello. Según varios trabajadores de la casa blanca, Ginés llegó a estar presente en un Madrid-Nápoles juvenil con el objetivo de ver las instalaciones detenidamente y la Residencia. Ahí comenzaron a meterle prisa para decidirse. El asunto era prioritario. Hasta que llegó mayo de 2014 y la Federación, que lo daba por hecho sin tener prisa, le renovó. Ginés dijo que se quedaba en la Federación y el Madrid tuvo que comenzar a cambiar de planes sin olvidarle.

Y la cosa empeoró. Sobre todo cuando Paco de Gracia (excolaborador de Benítez en el Liverpool) fue despedido de mala manera, le sustituyó Francisco Javier Torralbo 'Piru' (ya estuvo en el club antes) y a Ramón Martínez se le presentaban unos problemas médicos que durante meses le impidieron, y aún le siguen impidiendo, realizar su trabajo con normalidad. Muchas veces lo tiene que hacer en casa, desde la distancia. Para colmo, ahora tampoco está Alberto Giráldez, que se marchó con Pardeza a una empresa de representación (Best of you). Por eso, el Real Madrid seguía y sigue pensando que hay que poner a alguien en Valdebebas que dirija todo el trabajo de la base con la idea de que la cantera aporte al primer equipo lo necesario y el mercado sólo lo extraordinario. No como ahora. Los técnicos del Madrid que conocen bien a Ginés, al verlo asiduamente por Valdebebas, estaban deseando que llegara cuanto antes al enterarse del interés en incorporarlo.

Benitezcortado

En estos meses se han estudiado varias opciones más, entre ellas la de Juni Calafat (jefe de Internacional del club) y la de Roberto Olabe (academia Aspite, ex de Almería y Valladolid), como adelantó AS en febrero de este año en la sección Confidencias de Matallanas. Pero no se termina de dar el paso. Mientras, Ginés Meléndez, al ascender de responsabilidades en la Federación, ha pasado de estar en los banquillos a ser un hombre de despacho multiusos como Director Técnico-Coordinador de Selecciones y Director de la Escuela Nacional de Entrenadores. Algo que según su entorno le agrada bastante menos que estar dirigiendo a pie de campo a los chavales. “Si le llegara en este momento otra vez esa oferta, y de forma más concreta, yo creo que la aceptaría”, asegura un colaborador de la FEF que hasta hace poco trabajó con Ginés y conoce bien el Madrid.

Ahora, con Benítez, no se sabe bien que se hará con la cantera del Real Madrid o si el madrileño tendrá más o menos influencia. Bastante tiene con el primer equipo. Pero lo que es seguro es que la organización se cambiará. Para empezar ya se ha eliminado el Real Madrid C (Tercera) y se medita hacerlo con otro juvenil para adelantar la edad de formación de los chavales y hacerlos más competitivos. Antonio Gómez, asistente de Rafa y que ya brilló con la base en el Albacete Balompié, podría tener un plan para ella. Zidane, Guti, Solari y compañía lo desean. Ya es vox populi que el nivel no es el que era. Muchas goleadas en las ligas locales (7 equipos de los 14 de la cantera han sido campeones), pero pocos chavales que estén listos ya para derribar la puerta como han hecho últimamente Morata, Carvajal y Jesé. Más allá, eso sí, de la imposición por contrato de Odegaard.

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22/05/2015

Por Alfredo Matilla

Xavi dará más lecciones

Este sábado será el último partido de Xavi en Liga con el Barça. Y si hablo de él en este rincón reservado a entrenadores es porque siempre fue un maestro pero, sobre todo, porque estamos sólo ante su despedida de nuestro campeonato como jugador. Pronto volverá al tajo como técnico. No hay futuro que mejor se adapte a sus condiciones que el de seguir dando lecciones. Ante su adiós, yo ya pienso en la bienvenida.

La morriña me ha llevado a recordar la primera vez que le vi dar una clase en directo. Fue en el Carlos Belmonte en un Albacete-Barça B, curiosamente otro 23 de mayo (como este sábado) de 1999. No lo olvidaré. Y no porque el Alba diera un paso a la salvación (suya y de la cantera). O porque el filial perdiese 3-0 y consumara prácticamente su descenso. Ni porque el estadio inaugurase esa tarde soleada una gran remodelación. Fue por algo más novedoso y raro. Mi entrenador entonces en el Alba juvenil nos recomendó/obligó a los canteranos a que acudiéramos ese día al campo con una misión: no perder de vista lo que hacía cada jugador del Barça que actuase en nuestra misma posición. Desde entonces tengo ese tic. Veo el fútbol con especial interés en lo que sucede entre las áreas. Aquella tarde calurosa pensé en la mala suerte que habían tenido mis compañeros, defensas y arietes, pero a la vez cuánta fortuna tenía yo, mediocentro, de tener que hacer un seguimiento a un chaval que flotaba por el césped con el 6 a la espalda. En aquel equipo estaban Puyol, Gabri, Mario, Jofre y Babangida pero Xavi, sin ser el más alto, el más fuerte, el más rápido o el más técnico tenía algo que le faltaba al resto: pensaba un segundo más rápido que los demás. Se movía con la ilusión y frescura de un meritorio y pensaba con la sabiduría de un veterano.

Aquella manera de jugar me impactó tanto como a mi padre, acompañante ese día y ayudante en los deberes que me encomendaron. Noventa minutos vigilando dan para mucho. Entre otras cosas para tener una cosa clara: no había que perder de vista a Xavi nunca más. Ya había debutado con Van Gaal y alternaba el primer equipo con el filial. No era un descubrimiento. Simplemente se trataba de una gozada ver lo que después tantas veces repitió. Esa forma de mirar de reojo a su espalda antes de controlar. La destreza para orientar e incluso regatear siempre con el primer toque. Y la sutileza para revolverse, tocar y moverse al espacio para volverla a encontrar. No había visto nada igual. Era la extensión del entrenador en el campo. Por eso ambos no dejaban de interactuar. La pena es que el resto, decepcionante, no acompañó ese día. A muchos les faltaba hambre. Xavi (con dos picas) fue el culé mejor valorado en la crónica de AS.

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A los que habíamos crecido pensando que el mando de Guardiola y el último pase de De la Peña era el modelo ideal a alcanzar, vimos o entendimos que la especie de mediocentros made in Barça se estaba perfeccionando más y más hasta mezclar y conjugar lo mejor de cada especialista. Mientras otros compraban ese talento, el Barça lo sembraba en casa hasta recolectar jugadores cortados por un mismo patrón. Xavi suponía un paso más en la evolución que luego limaría hasta la perfección Iniesta; referencia para todos los manchegos, ídolo para el resto de mortales, heredero del timón.

Por eso, por su manera de entender el juego y de leerlo a una velocidad endiablada, Xavi ha logrado ser lo que es: un jugador irrepetible. No llega ni a la media de altura española (173 centimetros) con su 1,70. Pocas veces le vi ganar una carrera en velocidad punta. Si se llevó algún balón aéreo fue por casualidad. No dispara misiles. No es ambidiestro. Ni un goleador. Igual tampoco el que más balones roba. Nunca hizo hat-tricks. Ni chilenas. Pero es el tío (con permiso de Messi) que más me ha transmitido y que más influencia por sí solo ha tenido en el peso de un partido. El que más capacidad tuvo para dormir o acelerar un encuentro. El que mejor ha sabido trasvasar en cuestión de segundos la inteligencia de su cabeza a la destreza de sus pies. El que más claramente ha inculcado un estilo. De los pocos elegidos que siempre da el balón en ventaja al compañero. El que más fácilmente intercala el pase corto y el apoyo al compañero, con el desplazamiento y el desmarque de ruptura. Un profesor. Un maestro. Por eso simplemente creo que su destino es el banquillo, antes incluso que el de un despacho, y que en Qatar hará su master mientras perfecciona su condición de políglota y entiende mejor cómo se transmiten los conocimientos.

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Igual ahora aún no le apetece, pero pronto dirigirá. Él, que tuvo a Cruyff de entrenador en la Selección de Cataluña, ha mamado su forma de pensar y de entender el fútbol. Sería el trigesimoctavo jugador que ha pasado por las manos del holandés en Barcelona que acaba dirigiendo. Continuaría una escuela. En esta última etapa gloriosa del club Cruyff tardó un año desde que colgó las botas en el Feyenoord (1984) hasta que entrenó al Ajax (1985). Rijkaard tres años desde que se fue del Ajax (1995) hasta que dirigió a Holanda (1998). Guardiola dejó sólo una temporada de barbecho (se retiró en el Dorados en 2006 y entrenó al Barça B en 2007). Luis Enrique es el que más ha tardado. Cuatro años desde que en 2004 dejó el Barça hasta que dirigió al filial.

 A Xavi le esperaremos lo que haga falta.

Por haber sido jugador de alto nivel, podría empezar a dirigir bien pronto en la base con el Nivel 1 (UEFA B) tras un curso intensivo de algo menos de un mes. Puede que en la escuela Aspire de Qatar haga las prácticas. A los seis meses podría optar al Nivel 2 (UEFA A) para Regional y Tercera para obtener después con otro medio año más de formación el Nivel III (UEFA- Pro) que le devuelva a la primera línea. Mientras llega ese regalo, despidámosle como merece. En pie ante el Depor por despedirse de la Liga. Con una emoción especial ante el Athletic en Copa por decir adiós al Camp Nou. Y con los pelos de punta en Berlín por quitarse para siempre la blaugrana. Se va un grande. Y nos quedará un vacío. Hasta pronto, míster.

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19/05/2015

Por Alfredo Matilla

Paciencia con Ancelotti y la paciencia de Luis Enrique

Si algo diferencia al fútbol del resto de placeres es que siempre regala emociones nuevas y, por tanto, sorprendentes. Hechos que uno vive por primera vez aunque haya estado cinco mil veces en el mismo estadio y ante los mismos protagonistas. Es increíble, porque este deporte apareció a finales del siglo XIX. Parece que todo está inventado y cada jornada nos abraza una nueva realidad que nos agita. Quizás por eso a nuestras parejas les entren celos cuando se acerca la hora del partido. El futuro de Ancelotti y Luis Enrique pueden confirmar la teoría. Uno, sin ganar nada esta temporada de los grandes títulos (logró Supercopa de Europa y Mundialito), puede continuar en el banquillo del Real Madrid. El otro, pudiendo lograr todo, podría desaparecer en tres semanas del Barça. No sé muy bien por qué. De hecho, son los únicos entrenadores que han luchado por la Liga esta temporada y, sin embargo, son los únicos de la parte alta de la clasificación cuyo destino no está claro.

Simeone (3º) renovó justamente, coincidiendo con el inicio del descenso de los cielos tras lo de Lisboa y tras apearse de la lucha por los títulos. Sus milagros pasados pesan más que las derrotas presentes. Nuno (4º) seguirá tras resucitar a un grande. Emery (5º) pinta que también. Y si no lo hace será por él. Sevilla le adora. Marcelino (6º) es otro que continuará con galones. Como Valverde (7º), Gracia (8º) y Sergio (9º). A Jémez (10º) lo quieren convencer en Vallecas. Y a Berizzo (11º) en Vigo, Moyes (12º) en San Sebastián y a Escribà (13º) en Elche. Sólo con los de abajo, como es normal porque muchos no cumplirán los objetivos, hay tanta incertidumbre como con Carlo y Lucho.

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Si me preguntan qué creo que pasará en el Madrid y en el Barcelona les diría que tanto Ancelotti como Luis Enrique seguirán. Lo digo sin más base que lo que veo y con poca información. Qué conste. Sólo es una sensación. Y eso que a lo largo del curso sus presidentes llegaron a pensar justo lo contrario y puede que, ahora, incluso ellos mismos hayan tenido o sigan teniendo dudas al respecto. Creo que así se impondría la lógica. Ancelotti viene de dar gloria al club hace sólo un año y únicamente le ha faltado organizar mejor los esfuerzos para llegar en condiciones al final de curso para pelear. Si el barcelonismo ha celebrado como otro título que no haya Clásico en Berlín, será por algo. Aún hay mucho Madrid ahí. Lo de Luis Enrique, por otro lado, es pura lógica. Ha levantado a un muerto y, como diría Siniestro Total, le ha hecho bailar sobre su tumba. Ahora, ninguna de las dos cosas será fácil de hacer realidad. La historia pesa.

El Barça sólo ha logrado una vez el triplete Liga, Copa y Champions (en 2009), y la última vez que un entrenador tocó techo se fue él y no le echaron. Tampoco sería de extrañar que Luis Enrique, con todo lo que le dijimos (sin contradecirnos: tuvo tanto que ver en los malos ratos como en la histórica actualidad), prefiera no agotar su contrato (un año más) y pasar a la historia tras darnos en los morros. No es lo que desea(mos) una mayoría, pero si consigue ganar las dos finales que le quedan, igual no tiene ganas de que le sigan saliendo canas por la tensión. Así forjó Cruyff su grandeza tras los banquillos: yéndose tras crear escuela para dedicarse única y exclusivamente a aleccionar. Si ahora le han llovido los palos a Luis Enrique, imaginen cuando no haya tanto que celebrar. Pep aún flota en el ambiente, hay elecciones con lluvia de propuestas y, diga lo que diga el asturiano, la resaca post-Anoeta dejó heridas difíciles de cicatrizar.

La continuidad de Ancelotti tampoco cuadraría con el patrón de un club centenario ni el modus operandi de su presidente, que no transigió en las épocas de sequís ni con Mou. El Real Madrid sólo aguantó a media docena de entrenadores en su historia sin haber ganado algo grande en una temporada. Una medida antipopular que no repite desde los 80 con Boskov y en la época de Di Stéfano. Antes, sólo Lippo Hertzka, Francisco Bru, Ramón Encinas y Keeping gozaron de esa confianza. Pero se trataba de una época en la que ni siquiera el Madrid estaba acostumbrado a ganar. Fallar entraba en las cábalas. La continuidad de Miguel Muñoz pese a un tropezón, ya en una era más moderna, fue normal porque pese a no levantar títulos en la temporada 1970-71 lo había ganado todo antes y después (9 Ligas, dos Copas de Europa, dos Copas y una Intercontinental). Su despido hubiera sido más suicida que injusto.

Pero ahora con Florentino nunca se sabe. Un hombre al que lo mismo le vale Luxemburgo que López Caro, o Camacho que Pellegrini, es capaz de renovar a Ancelotti con honores (tiene contrato hasta 2016) o volver a mover la coctelera a base de billetes para ilusionar. Quizás el pasado de su club le haga reflexionar. Hertzka, en 1932, ganó la Liga al año siguiente de un curso aciago. Y Bru alzó la Copa en 1936 tras un año sin alegrías. Pero qué quieren que les diga. No confío en esa vía. Si algo le puede hacer recapacitar, abrir los ojos y recordar qué es la paciencia y para qué sirve son el baloncesto y Don Pablo Laso.

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09/04/2015

Por Alfredo Matilla

Garitano y los 7 debutantes que asaltaron el Bernabéu

El Eibar visita el Bernabéu por primera vez en su historia en Primera y ni siquiera hay debate sobre sus opciones ante el Real Madrid. He tanteado a varios compañeros de trabajo y, pese a reconocer lo bien que juega el equipo de Gaizka Garitano y que el resultado de la primera vuelta (0-4) fue engañoso, se echan a reír al proponer que igual puede arañar algo en Madrid. Lo entiendo, pero hubo algunos debutantes que en Concha Espina ya hicieron daño. Pocos, pero alguno. Hasta siete equipos que se estrenaban allí en la Liga en los 84 campeonatos disputados sacaron algo positivo contra pronóstico. El último en 1994 fue el Compostela. Tres de ellos incluso llegaron a ganar.

La labor de Garitano en estas horas previas al partido (sábado, a las 16:00) será hacer ver a su Eibar que nada es imposible. Recurrirá a las virtudes de su equipo, que tiene muchas, y a los defectos del Madrid, que también los hay. Incluso podrá animar al personal al recordar que Kroos y James serán baja. Y que, además, las mentes madridistas estarán más pendientes del duelo europeo ante el Atlético que de deshacerse de un modesto. Seguro que también les recuerda que él, como jugador de la Real, ya empató (1-1) una vez allí contra el Madrid de los galácticos. Pero igual le faltan hazañas más grandes que contar para reforzar esa teoría. Los casos del Nàstic y del Real Burgos, clubes similares en estructura y potencial al Eibar actual, le servirán. Ellos hicieron historia, porque el Madrid no solía perdonar. Llegó a endosar, por ejemplo, 11-2 al Elche la primera vez que asomó por la capital.

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El primer equipo debutante en ganar en Liga en su paso por el Bernabéu fue el Barça en 1929. Pero eso no tiene tanto mérito. Era debutante simplemente porque esa fue la primera Liga en disputarse, no porque su hábitat natural fueran las categorías más modestas. Esa aparición era ocasional. Vendrían muchísimas más. La demostración es que James Bellamy, técnico top de la época, dejó a aquel equipo culé como subcampeón. Los otros dos ejemplos posteriores sí le valdrán a Garitano. El siguiente fue el Nàstic en 1948. Un equipo bien humilde que asaltó el Bernabéu (fue inaugurado meses antes tras la remodelación del viejo Chamartín) con una victoria sorprendente por 1-3. El equipo catalán era entrenado por un exportero del Barcelona, Pepe Nogués. El mismo que llegó a jugar un Cataluña-España, impensable en estos tiempos. El mismo que luego defendió a la Selección en un Mundial. Y de los pocos en el club blaugrana que pese a ganar la Copa al Athletic, tuvo que dirigir al Barça en una promoción angustiosa contra el Murcia por no descender. Nogués ya no está para contarlo. Pero queda en el recuerdo.

El último entrenador que puede presumir aún de haber ganado al Madrid en su casa con un equipo debutante en la categoría es José Manuel Diaz Novoa. Técnico gijonés (71 años) con más partidos dirigidos en el Sporting (371, 230 de ellos en Primera). Logró la hazaña en el banquillo del Real Burgos, equipo que en 1983 sustituyó tras una refundación al histórico Burgos CF, que por cierto también fue capaz de empatar en el Bernabéu en su primera aparición liguera (1-1) en el 72. Aquel partido se jugó el 31 de marzo de 1991 y Edu, que venía de jugar cedido en el Atlético Marbella, dio la victoria a un equipo burgalés vestido de rojo ante un duro adversario que lideraba la Quinta del Buitre y que lamentó tener ese día a Hugo lesionado, a Hagi con Rumanía y a Jaro maldiciendo por haber perdido la titularidad. “Debacle”, tituló el AS al día siguiente. “El Bernabéu es un hospital, todos salen con puntos de él”, decía la crónica. Novoa aún recuerda aquella gesta en su retiro asturiano jugando al golf y al mus, sus dos hobbies. Y no es para menos. “Es un resultado histórico” dijo aquel día en sala de prensa. Después repitió resultado en el Bernabéu cuando dirigía al Sporting en1996.

Novoa

Sin duda, la victoria de aquel Real Burgos no fue una cualquiera. El Burgos CF había desaparecido por problemas económicos y los directivos aprovecharon que el filial, Burgos Promesas, había subido a categoría nacional para que éste sirviera de simiente. El nuevo club (el de siempre para algunos puristas) fue ascendiendo categoría a categoría hasta que se plantó en Primera en siete años. Su primer partido lo venció al Cádiz en casa, dio la campanada en el Bermabéu tras haber ganado ya al Madrid en Burgos y hasta empató en el Camp Nou. Era el equipo de todos. Como sucede ahora con el Eibar. Acabó décimo. Sus logros fueron y aún son recordados en estos días en los que el equipo ha vuelto a pelear en Regional. Mientras, el Burgos CF que desapareció volvió a resucitar y milita en Segunda B con el sueño de volver pronto a la élite.

Desde aquel día en el que el Real Burgos dio la campanada, sólo el Compostela entrenado por Fernando Castro ha sido capaz de acercarse a una hombrada similar. Logró empatar gracias un gol de Ohen (1-1), como en su día también lo hicieron en su debut el Burgos CF (1-1), Tenerife (0-0) y Racing (2-2). El Eibar y Gaizka Garitano tienen ahora su oportunidad de recoger ese histórico testigo. Y no será fácil, claro. Pero aun así, con las exigencias de la tabla, igual ni se puede permitir dejarla escapar.

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21/03/2015

Por Alfredo Matilla

Mano dura

Trescientos días después de alzar la Champions en Lisboa, Ancelotti enfila el Clásico cuestionado. La mala imagen reciente y los últimos resultados le han marcado. Para señalarle estas semanas, pocos le han echado en cara que perdió la Supercopa ante su próximo rival en Europa, que le superan los derbis o que su equipo se ha desinflado hasta haber dejado escapar el liderato. Datos irrefutables. No les ha hecho falta hablar de fútbol. Para querer hacerle daño, sonrojarle y ponerle al frente del pelotón de fusilamiento, los críticos han tomado otro camino bien distinto. El habitual y trasnochado: han apelado a su “mano blanda”. Como él mismo ironizó, la mano blanda con la que ha ganado tres Champions. Ésa, añado yo, con la que apacigua las crisis como nadie y gracias a la cuál se siente arropado por su vestuario antes de la final del 22-M. Veintidós tíos no pueden estar equivocados.

Éste es el drama actual que da para reflexionar. El pensar que pese a estar ya en el siglo XXI algunos no han evolucionado. Que para salir de las crisis, deportivas o sociales, la mayoría considere que se necesita prioritariamente y sin concesiones la mano dura. Las dictaduras, deportivas o sociales, se generaron así. Pero eso parece ya olvidado.

Como me dijo un buen día un gran amigo, maestro de cronistas, “ser un hijo de puta (perdón pero fue así) está sobrevalorado”. Por encima de la inteligencia, la educación y la capacidad. Revisen sus vidas y comprobarán que se confirma demasiadas veces este proverbio casero. En la escuela, en la calle y en el trabajo. Algo que nunca entendí. Quizás porque, política aparte y centrado en el deporte, un día me marcaron los entrenadores sargentos. Desde entonces, nunca los he tragado. En la cantera en la que aprendí a jugar, un señor recto absorbido por la gestualidad de Emery siempre me hizo desenvolverme al cincuenta por ciento. Jugaba agarrotado. Ya en la base del Albacete, otro técnico huraño y gritón me produjo hasta úlceras por miedo a perder el balón. Siendo un hombre, en la Primera División de juveniles, otro humilde paisano transformado en pitbull con el silbato me aburrió hasta dejar el equipo siendo el que más jugaba. Y ya en Tercera, un exmilitar (de cargo, no de pose) me terminó por mandar a la Universidad. Quizás fue más culpa mía que de ellos, pero con la mano dura nunca he comulgado.

MANODURA

Y creo que al final a todos nos sucede un poco lo mismo. Incluso a los que reclaman de primeras, y desesperados, orden y mando ante el caos y luego comprueban que el remedio es peor que la enfermedad. Al Barça, sin ir más lejos y centrándonos en el Clásico, le ha pasado. Si llega al duelo clave de este domingo con aires renovados es porque ha sabido corregirse. Club y afición. Cuando la temporada pasada cayó desplomado, cómo no, se reclamó mano dura como medida revolucionaria para una plantilla mal acostumbrada. Luis Enrique aterrizó entre aplausos como el sargento de hierro ideal. Todo lo que hacía parecía agua bendita. Su juego más directo era para muchos el mejor invento en la casa del tiqui-taca, se ensalzaba un físico mejorado y comenzó a verse (o inventarse) su mano en cada rincón como si fuera el Mesías. Los resultados acompañaban, claro. Hasta que Lucho comenzó a impartir la justicia por encima de lo deseado (como se le pidió) y casi acaba viendo el resto de la Liga desde casa. En Anoeta sentó a dos patas claves del tridente, el equipo perdió los puntos y las sensaciones, y se desató la tormenta. Al de la mano dura se le pidió mano blanda. Lo de siempre. Ahora, rota lo justo y, por casualidad o por las cosas de imponer la lógica a la autocracia, el Barça vuela cuando antes se arrastraba.

No digo que los sargentos no hayan logrado cosas importantes. Con todos los recursos a su disposición muchas veces han alcanzado lo que buscaban. Faltaba más. Miren Capello. Lo que intento es explicar que duran poco en el rebaño, si es que no acaban con él en su mandato. Insisto con Capello: no duró más de un año en cada una de sus dos etapas. De todos los entrenadores profesionales con los que he tenido trato directo por mi profesión, por citar algunos ejemplos, los de la mano dura han aburrido al personal o la tienen ahora escondida. Habrá excepciones, lo sé. Pero es una ley general. Son complicados de llevar. Aunque ocasionalmente ganasen. López Caro, apodado sargento de hierro, suplió un buen día a Luxemburgo en el Madrid y un amplio sector de la prensa y de la afición se aferró a él porque convenía la rigidez en el vestuario. Fracasó y estos días anda buscando equipo por ahí tras ser destituido en Arabia Saudí porque en España pocos le aguantaban. Juande está sin entrenar y, supongo, que desde que no le he vuelto a ver no habrá hecho muchos más amigos. Y con Mourinho no me extenderé. Fue irse él y llegar la Décima. En Santander, en cuatro años haciendo la mili en el exilio, el que peor parado salió, según lo que yo vi, fue Héctor Cúper. Coronel ya algo desfasado.

Igual por fin las cosas han cambiado. Se gane o se pierda siempre será mejor tener al frente a Del Bosque que a Clemente. Siempre agrada más ver cómo Moyes revierte la situación de la Real con diplomacia mientras Djukic sale por la puerta de atrás del Córdoba tras mil rajadas públicas que no sirvieron de nada. Y siempre reconforta más observar cómo con tacto y sabiduría Blanc mete al PSG en cuartos y Mou, gran técnico superado por su personaje enfadado, cae eliminado. Afortunadamente, parece que estamos ante un tiempo nuevo, al menos en España, y los aspirantes a dictadores, tras gozar de tantas simpatías, van quedando retratados. No hay más que mirar en esta grave crisis nuestro actual tablero político. Mucha alternativa y ningún sargento.

 

 

Archivado en Barcelona , Entrenadores españoles , Entrenadores extranjeros , Primera , Real Madrid

23/01/2015

Por Alfredo Matilla

Jémez, no cambies

El Rayo llega al Calderón y es buen momento para hablar de Paco Jémez. Uno de esos entrenadores que dejan huella. Por lo que dice, por lo que hace y por cómo piensa. Un técnico con buena prensa que, en gran parte, se lo ha ganado en el campo porque no se cansa de hacer milagros. Siempre me llamó la atención. Mucho más que como futbolista. Es diferente. Único. Analizada su etapa en Vallecas, sólo caben los elogios. Sin embargo, repasados sus gestos, sus declaraciones y algunas decisiones, uno no sabe qué pensar. No atino a aventurar si es una temeraria apuesta de futuro o un genio por explotar. Me pasa con más gente. No supe ver venir a Marc Gasol y aposté en su día hasta por Drenthe. Lo cierto es que a Jémez le llevo siguiendo mucho tiempo al detalle y hay una costumbre pocas veces repetida que no me deja de impresionar. El técnico cordobés ha realizado ya ¡43 sustituciones! en los primeros 45 minutos al frente del Rayo. Y en sólo dos temporadas y media. Dada la costumbre de lo anecdótico, creo que es un fenómeno digno de estudiar. Imaginen a uno de los grandes entrenadores en su pellejo y los mil incendios que esas decisiones generarían.

Por un lado, creo que sin pretenderlo, y salvando la docena de ocasiones en las que tuvo que cambiar de piezas obligado por las lesiones, Paco Jémez ha dado a entender con esta precipitación que se ha equivocado demasiado de once. Eso no es bueno. Por otro, admiro tanta valentía. Hay demasiados entrenadores, buenos y peores, que no se atreven a dar el paso hasta el descanso o en el tramo decisivo del partido. Pase lo que pase. Por muy mal que vayan las cosas. El ejemplo más reciente lo protagonizó Simeone en su última visita de Liga en el Camp Nou: el Atleti hacía aguas con un equipo demasiado defensivo ante el Barça, y hasta el descanso no dio el paso. Quizás porque no había que hacer un cambio, sino una revolución que convenía explicar al detalle.

Pero Jémez no siempre fue así. Algo le ha pasado. Lass Bangoura, ahora en el Granada harto de sus collejas y con una cláusula anti-Jémez por si vuelve, podría dar un Máster sobre el caso para explicarlo. No pasa una. En el Córdoba, allá en la temporada 2007-08, sólo hizo un cambio en el intervalo estudiado. Quitó a Javi Moreno ante el Nástic en el 43’. Luego, en dos descansos, a Endika ante el Tenerife y a Pierini contra el Ferrol. Lo normal. En el Cartagena siguió la dinámica en 2ªB. Pese a su carácter, se contuvo. En Las Palmas, donde llegó en 2010, ya afianzó su ritual de los descansos: lo que no funciona, fuera. Y en su regreso a Córdoba siguió su plan de cambios rápidos únicamente por lesiones. Así, sustituyó a Gaspar en el 32’ en un Alcoyano-Córdoba. Poco más. Su modus operandi era el estándar. En el Rayo, por contra, se ha desbocado.

Cambio1

Al principio hacía gracia, la verdad. Por inusual. En la temporada 2012-13 hizo 12 sustituciones en el descanso o antes. Siete por decisión técnica. Ante la Real, el 14 de abril de 2013, ya dio el primer pescozón a Lass y, al final, no se cortó en la sala de prensa: “De haber podido, hubiera hecho siete cambios”. Una frase que recordó a aquel lema de Toshack: “Tras perder un partido cambiaría a los once jugadores. El lunes los veo entrenar, recapacito y ya sólo cambiaría a siete. El viernes, a cuatro. Y el día del partido vuelvo a poner a los mismos once cabrones”. En la siguiente temporada, la pasada, Jémez hizo diez cambios en el intermedio y sustituyó a cuatro jugadores con apenas un rato jugado: Bueno, Nacho, Rochina y Arbilla. A este último se le vio incluso llorar frente al Barça. Y esta campaña ya ha tenido que hacer nueve relevos. El último la pasada jornada en Anoeta. El peor, el de Insua: lo quitó a los 28 minutos.

Algún día le preguntaré de dónde viene esa reacción. O, de broma, si es que se trata de una promesa. Quizás lo que él hace es lo mismo que haría un aficionado desde casa. Pero de un entrenador se espera más paciencia, más temple y más miedo. De hecho hace bien poco hemos visto un Feyenoord-Sevilla en la Europa League en el que el equipo holandés no hizo cambios o un Juve-Atlético en Champions en el que Simeone repitió este plan. Con Jémez o con estos casos aislados, se demuestra que el fútbol ha cambiado más de lo que pensamos. Hace medio siglo todo esto era impensable.

 La primera vez que un entrenador se atrevió a hacer un cambio fue en 1953, en la fase de calificación para el Mundial de Suiza. Fue en Alemania y el sustituido se apellidaba Eckel. Hasta entonces, los partidos seguían con los jugadores restantes en caso de lesión. Aunque fuera el portero el jugador dañado. Se parecía a una guerra. Soldado caído; soldado añorado. En Inglaterra se implantó la moda 12 años después. un cambio por equipo si era por lesión. Desde la temporada 1967-68, se permitieron las sustituciones por cuestiones técnicas. Y eso ya era todo un avance.

En España, mientras, en los años 60 se permitían los cambios exclusivamente en la portería por lesión. Fue en 1969 cuando ya se dejaba sustituir a cualquier jugador por otro lesionado. Nunca por razones tácticas. Hasta que la FIFA creó las reglas de sustitución en el Mundial de 1970 con dos cambios y España acabó por acatar la evolución. Ya en 1994 la FIFA permitió una tercera sustitución, pero este nuevo cambio se reservó sólo al portero. Un año después las tres sustituciones se podían realizar sin distinguir a jugadores de campo o porteros. Y así hasta nuestros días, en los que hemos visto casos curiosos como equipos que querían hacer un cuarto cambio sin poder (Aguirre ante el Málaga en 2009), otros que pretendían juntar a más extranjeros en el campo de los permitidos (Valdano lo hizo con el Valencia y el Madrid) u otros más que metían a un hombre sin quitar a nadie (el Betis lo hizo ante el Racing en Segunda en 1991 durante tres minutos y se vio también en el Preolímpico en 2004 entre Paraguay y Chile).

El técnico del Rayo está implantando una moda. Por ello, tanto sus jugadores como los que le seguimos coincidimos en un deseo: “Jémez, no cambies”.

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09/01/2015

Por Alfredo Matilla

Luis Enrique: un pecado por posición

Es imposible hablar esta semana de entrenadores sin mirar a Can Barça. Zubizarreta ha salido del club por la puerta de atrás y Bartomeu, como último recurso para traspasar la presión de la grada al pasto, ha adelantado las elecciones a junio de 2015. Pero esta tormenta azulgrana concretamente se ha originado en el campo. En el banquillo de Anoeta para ser más exactos. Luis Enrique priorizó las vacaciones de Navidad por encima de los intereses del equipo y en su intento por querer impartir la justicia que él burló se ha enredado más. Porque ya lo estaba. Se ha excedido en su afán de ser ejemplar sin que nadie se lo exigiera porque, seguramente, ningun jugador del Barça se hubiera molestado si Messi y Neymar hubieran jugado ante la Real. Obviando sus relaciones personales, sus formas, sus declaraciones, sus planes y decisiones (hay de todo), lo más grave es que no ha aportado mucho y, por eso, ya pierde todos los debates. El aficionado no es tonto. Más bien ha estropeado lo poco que funcionaba. No se le pedía que inventara algo nuevo e histórico como hizo Guardiola, por lo difícil que es, pero al menos que ejecutara mil evidencias compartidas por una mayoría para volver a la cordura. Ha fallado a muchos creyentes.

Luis Enrique llegó con carta blanca y cinco meses después ha perdido crédito él solito. Deportivamente el equipo está vivo en todos los frentes. Faltaría más. Aunque su sello sólo se ve en las sombras. De ahí que entre él y Messi, la gente apoye bastante más al argentino. Es de los pocos que trajo, trae y traerá las luces. Tácticamente ‘Lucho’ ha aportado lo justo. Sigue habiendo líos como antaño. No se mantiene el hambre tras varios amagos. Los resultados son peores (no se perdían tres partidos en Liga a estas alturas desde antes de Pep). Se juega peor. No hay respuesta en los partidos grandes. El Bernabéu y Anoeta desvelaron ideas extrañas y cambios de rumbo. De los fichajes, mejor ni hablar. Jamás ha repetido un once. Y en vez de hacer una limpia piensa en impensables renovaciones. Demasiados resbalones por el camino para el supuesto hombre de hierro. Futbolísticamente, que es lo que aquí cuenta, ha cometido un error por posición y eso, más allá de que gane algún título (muy probable), le resta credibilidad, le deja en una posición de debilidad y oscurece su futuro.

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Portería: Zubizarreta se pegó por Ter Stegen y Luis Enrique, nada más llegar, apostó por Claudio Bravo. Para intentar llevar razón sin molestar a nadie, repartió las competiciones entre ambos. La larga para el suyo y la de incógnitas para el otro. Lo peor para la confianza de un portero. Y para colmo, en Huesca apostó por Masip en la Copa para descontento del alemán, al que le restaron uno de los pocos partidos de los que gozará. En fin, tres porteros, ningún titular y todos descontentos.

 Lateral derecho: Ahí se ha llevado la palma. Tiene tres alternativas y con todas ha patinado. Fichó a Douglas para reavivar la competencia en un carril desfondado, y los datos cantan: 207 minutos. Con Alves, hasta el club ha reconocido que estuvo a punto de abrirle la puerta; y tras quedarse, con las carencias que da la edad, ahora piensa en renovarle aferrado a la sanción del TAS y despreciando a la base. Lo de Montoya merece un capítulo aparte. Quería echarlo en enero y ha pasado a fijo por las lesiones.

Central: Convendría en primer lugar saber la definición exacta de Luis Enrique para este puesto. Mascherano (mediocentro) y Mathieu (lateral) son los que más han jugado en el centro de la defensa. A Piqué no le da más que pellizcos. Fue suplente, entre otros días, en París y en el Ámsterdam Arena. Lo de Bartra, más bien son desprecios. Y a Vermaelen, fichaje estrella para la zaga, aún no se le ha visto por una lesión.

Lateral izquierdo: Tampoco ha acertado. Y aparecía fácil. A Jordi Alba, fijo, le mató en el Bernabéu dejándolo fuera del once una hora antes de empezar. Sin avisarle ni explicárselo. En Adriano ha confiado cuatro ratos (558’). Y a Mathieu no lo ha puesto nunca ahí salvo el día menos indicado, contra el Real Madrid.

Mediocentro: Más cosas raras. Con Mascherano en forma ponía a Busquets de pivote y mandaba atrás, a la guerra, al argentino. Y cuando Busi se ha entonado le ha ido dando descanso cada vez que puede. Llegó a utilizar a los dos juntos tras el escarmiento ante el PSG y el Madrid. Y a Samper le ha dado cuatro oportunidades y, aunque brilló, no lo ve como una opción real. Algunos, lógico, siguen mirando a Touré Yayá ya Cesc en la Premier y se tiran de los pelos.

Interior: Xavi se iba por una cuestión de desgaste demostrada el curso pasado y, sin embargo, ha sido de los que más ha jugado (1.094’). Sobre todo en los partidos importantes como en el Bernabéu o Mestalla. A Rakitic, la gran contratación para renovar esa parcela, le ha sentado siempre que el rival ha tenido más entidad que la media (Bernabéu, PSG en casa y Valencia). El croata está desconocido y sin confianza, Fue un poema ante el Elche. Además, ha sido el técnico que menos rendimiento le ha sacado a Iniesta (ni goles ni asistencias en Liga y estamos en enero). Lo último que se supo de Sergi Roberto tras jugar ante el Elche es que acabó de extremo en el Bernabéu. Y con Rafinha, pese a insistir en su talento, no le ha salido casi nunca bien la jugada.

Delanteros: Sin hablar de relaciones personales, sus dos grandes estrategias ofensivas saltaron por los aires. Puso a Luis Suárez, Messi y Neymar juntos por primera vez en Chamartín y salió escaldado con un equipo partido en dos. La otra, en Anoeta, dejando a Messi y Neymar juntos en el banquillo tras el descarrilamiento del Madrid horas antes, fue aún peor. Ay las Navidades… Pedro ha pasado de jugar lo justo sin merecerlo a la reiterativa titularidad, también sin merecerlo. A Munir lo quitó cuando mejor estaba (fue a la Selección) y ahora insiste en él cuando menos aporta. Sandro desapareció cuando lo único que hizo es marcar cuatro goles en 273 minutos…

Luis Enrique habrá hecho cosas bien. No lo niego. Pero no se ha mantenido en el tiempo. Tampoco tiene culpa de todo. No exageremos. Pero sí de bastantes e importantes cosas deportivas. La situación no es dramática, por más que algunos quieran que esto estalle para empezar de cero. Pero hay otro pero: el Barça, aun sin ganar siempre, antes trasmitía cosas y ahora no. Y eso no se perdona.

Lo que más duele quizás es el tiempo perdido. El Barça tocó fondo con Tito hace dos temporadas en Múnich con este once: Valdés; Alves, Bartra, Piqué, Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Alexis, Messi y Pedro. Y repitió el caos ante el Atlético en la Champions la pasada campaña con Pinto; Alves, Bartra, Macherano, Alba; Busquets, Xavi, Cesc; Iniesta, Messi y Neymar. Tras las revolución anunciada por los achaques, la falta de títulos y los complejos con Madrid y Atlético, Luis Enrique cayó con este once en el Bernabéu en octubre: Bravo; Alves, Mascherano, Piqué, Mathieu; Busquets, Xavi, Iniesta; Luis Suárez, Messi y Neymar. Moraleja: mucho ruido y ocho cromos repetidos.

Ahora queda por delante un año sin fichar. Y eso no es lo peor para Luis Enrique. La FIFA, pese a la sanción, sí deja al Barcelona comprarse otro entrenador.

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04/12/2014

Por Alfredo Matilla

De los motivos de Ancelotti al ‘fichaje’ de Neymar por Lopetegui

Este blog, Mr. Pentland, cumple hoy dos años de vida en AS.com. Y qué quieren que les diga: me hace ilusión celebrarlo. Porque no es sencillo nutrir (cuando mis obligaciones me lo permiten) un rincón así con historias interesantes, anécdotas poco conocidas y reflexiones de actualidad y sin bufanda acerca de los entrenadores. Y sobre todo, porque no es fácil que cada vez tenga mejor aceptación, con la sobre información que nos rodea. Por eso, quiero dar las gracias a los que han pasado por aquí alguna vez, a los que han decidido quedarse e, incluso, a los que me llaman tantas veces y con guasa Mr. Pentland en vez de Alfredo o Matilla. Ya son casi 600.000 páginas vistas tras las 57 entradas elaboradas, con una media de 10.000 páginas vistas por artículo y con picos de hasta más de 30.000. El crecimiento, sin duda, exige y motiva.

Mr

Varios de ustedes recordarán alguno de los artículos con los que se hayan topado por interés o casualidad. Otros habrán ojeado hasta varios. Más de uno sé que sigue el blog desde que nació (leo todos los comentarios) a modo de introducción el 4 de diciembre de 2012 (“Fred, los invisibles y el ausente”), o con la entrañable primera historia (“Caparrós recuerda a John Nash”) una semana después. Pero sé que todavía existen miles de lectores de esta web que por diversos motivos no han visitado aún este blog. Que muchos puedan enfrentarse hoy por primera vez a él (bienvenidos). Y, lo sé, que varios más, muy críticos, entraron un día para no volver jamás. Para unos, los fieles; para otros, los recién llegados; y para el resto, los espantados; he ideado este cumpleaños en el que poder tener acceso a los cinco artículos más leídos en estos 24 meses para ser consumidos, eso sí, con la perspectiva del tiempo que ha pasado. También he elegido otros cinco artículos más a los que guardo especial cariño por sus protagonistas. El objetivo general es recordar así los buenos ratos con los más asiduos, atrapar a los que están aterrizando y recuperar a los que se han marchado. El fútbol nos une. Y los entrenadores nos mueven.

 

Los cinco artículos más leídos

Míchel y sus pretendientes

"(...) La relación acababa de echar a andar y no pensaba fastidiarla tan pronto. Entonces decidió escribir un breve ‘TQ’ que equivalía a un sentido ‘Te Quiero’. Ya saben. (...)".

Lopetegui ‘fichó’ a Neymar

"(...) Julen era de los buenos: de los que se anticipan a los hechos y animan a un club a comprar un proyecto de futbolista antes de que su coste fuera el de una joya. El Madrid lo tuvo. Y el Madrid se lo pierde. Una decisión que hoy tiene un gran precio (...)".

A Ancelotti le sobran los motivos

"(...) Quizás, su probable llegada también haya sido crucial para recobrar el optimismo y avivar los mejores recuerdos de la Champions. Falta hace. Zidane, el héroe de la Novena, se ha animado por fin a aportar sus conocimientos como manager (...)".

Traicionar a Cruyff

"(...) Urge un Mascherano-Busquets fijos en el centro para los días feos. Un Busquets-Rakitic para las tardes soleadas. O un Masche-Xavi para fiestas en casa (...)".

Zidane en el laberinto

"(...) Estaremos atentos, esperando una mejoría mientras, pase lo que pase, recordamos la moraleja: el camino más corto para llegar al primer equipo, el de entrenar al filial, puede convertirse en un laberinto. A Michel ya le pasó (...)".

 

Otros cinco recomendados

Florentino, el adiós de Toril y el recuerdo de Juanjo

Valverde y los hijos de Cruyff

Di Stéfano y el ‘caso Galárraga’

Bernabéu de León

“Hormigas en el culo”

 

Los temas relacionados con Real Madrid y Barça han sido los más demandados por el lector. Lógico. Sin embargo, en este blog siempre se ha intentado (y se intentará) dar cabida a todas las categorías, ligas y países, además de dar la misma importancia a los técnicos contrastados que a los desconocidos. En la descripción de este blog ya se avisaba. Ejemplos:

 

Selección: ‘Del Bosque y muchos más’

Categorías inferiores: ‘Ginés Meléndez, el mejor copiloto para Benzema’

Primera: ‘Gaizka venga a los Garitano’, ‘Yosu y Roura honran al chándal’ o ‘Moyes y el dilema con los extranjeros’

Segunda: ‘Abelardo ya sabe lo que es’

Segunda B: ‘Zidane-Cosín: el Yugo y las fechas’

Internacional: ‘Otro Gil con 52 parejas de hecho’ o ‘Borghi y las fobias’

Españoles por el mundo: ‘Juan Carlos Garrido (J.C.G.): un Mourinho a la española’

 

Se esperan muchos más. Artículos y nuevos amigos.

 

 

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21/11/2014

Por Alfredo Matilla

Moyes y el dilema con los extranjeros

En sus ciento quince años de vida, la Real Sociedad siempre dio prioridad al producto nacional sobre el extranjero. Al vasco sobre el español. Y al guipuzcoano sobre el de Álava o Vizcaya. Lo hizo por fe, respeto y orgullo. Hasta que las necesidades le hicieron modificar su filosofía para readaptarse a las nuevas exigencias. Le pasó con los futbolistas y le sucedió también con los entrenadores. El aperturismo a la hora de fichar le dio muchas y buenas noticias, que conste, como también las había tenido antes. Pero a pesar de que así niveló su potencial competitivo con el resto, el corazón siempre pudo (y puede) más que los resultados. Por eso, más allá de los títulos logrados, nadie olvida que las dos ligas consecutivas de 1981 y 1982, techo en la historia de la entidad, se ganaron con Alberto Ormaetxea en el banquillo. Un paisano de Eibar. Por eso, pese a ser capaz de jugar la Champions ante grandes potencias y llegar a semifinales en Europa, se repite como el eco una realidad: que el equipo es el sexto que más internacionales ha aportado a la Selección. 43 más otros ocho que no debutaron. 

La Real, como todos, dio la bienvenida a los futbolistas foráneos cuando los ingleses exportaron el invento y eran vistos como profesores. Harry Lowe, que hizo de todo en el club, fue el mejor ejemplo. En la era moderna también lo repitió cuando el derecho de retención del que se valía se abolió (1986) y el vecino y los poderosos empezaron a pagar las cláusulas de rescisión de sus mejores hombres para debilitarle de manera hiriente. Tras competir sólo con españoles desde 1962 por deseo de un exalcalde metido a presidente (Antxon Vega de Seoane), en 1989 volvió a abrir sus fronteras con la llegada de John Aldridge empezado ya el campeonato porque el Athletic había pagado por Loren 300 millones de pesetas. Emprendió un nuevo camino con Alkiza de presidente y entre una gran división social pero, pese a los críticos, la jugada le salió bien. Qué maravilla de delantero. De ahí la continuidad a esta política en los fichajes en la que casi siempre se ha intentado respetar una máxima: el grueso es de la casa y el mercado, muy útil, sólo debe aportar los retoques.

Con los entrenadores fue algo diferente. La Real, pese a que nunca dio la espalda a los nuevos tiempos, siempre pensó antes en lo propio que en lo ajeno. Así logró hacer historia. Con Moyes sólo son nueve entrenadores extranjeros de 43. Y de los 34 restantes, 32 han sido vascos. La prueba es que cada vez que puede -y se agota la etapa del de fuera- acaba volviendo sobre sus pasos para tirar de los ‘suyos’. Si pudiera, da la sensación de que permanecería en esta idea para siempre. Los resultados, a menudo impostores, son los únicos que le han quitado la razón. Desde que logró sus mejores éxitos en los años ochenta, tras Toshack llegó Boronat. Tras Krauss, Clemente. Después de Denoueix, Amorrortu. Una vez fuera Coleman llegó Eizmendi. Y como sucesor de Montanier, Arrasate. Sin embargo, sólo lo importado le funciona. En los últimos 30 años ningún preparador de la casa ha triunfado. Pese a la insistencia. Un honor que sólo ha quedado para los elegidos Toshack (Gales), Denoueix (Francia), Lasarte (Uruguay) y Montanier (Francia). El resto, hasta 14 entrenadores, no consiguieron salir por la puerta grande. Muchos de ellos más bien lo hicieron por la de atrás. El último, Arrasate. De ahí que ahora el club haya decidido ponerse en manos de un sabio escocés. 

Moyes

En todo este tiempo de gafe en las tres últimas décadas, la Real ha aportado diez futbolistas a la Selección. El más reciente, Íñigo Martínez. Un dato que demuestra que ha logrado mantener el nivel de su base pese a la convivencia de la cantera y la cartera. Con los entrenadores autóctonos no ha tenido esa suerte. Desde Ormaetxea, sólo Boronat (fue su segundo) logró meter al equipo en Europa sin mucho brillo, Irureta dio guerra con un equipo muy justito y Olabe salvó una difícil papeleta. Poco más. Expósito propició el regreso de Toshack, Iriarte aportó dudas, Clemente cayó en picado, Periko Alonso no cuajó, Arcornada y Bakero fueron vistos y no vistos, Lotina fue un fracaso, Eizmendi y Lillo más de lo mismo, y a Arrasate se le atragantó Europa y acabó siendo fulminado este mismo mes. 

Antes, la Real era referencia en los banquillos tirando de españoles. Puede presumir de que, además de Clemente, que llegó ya de vuelta, ha tenido a varios seleccionadores. El primero, José Ángel Berraondo en los años 20. Luego, Benito Díaz en el Mundial de Brasil de 1950 formando tándem con Eizaguirre. Después, Salvador Artigas (catalán), formando triunvirato con Miguel Muñoz y Luis Molowny en el 69. Y hasta tuvo a Barrios trabajando en la Selección B. Esa tendencia, lamentablemente, ha ido desapareciendo. Los números han desvirtuado la valentía de varias directivas. 

Ahora, por tanto, toca otro cambio de rumbo. Pero la fe donostiarra sigue intacta. Esta vez gracias a Asier Santana (Idiazabal, 1979). El técnico de la casa que suplió a Jagoba Arrasate como entrenador interino en la última jornada de Liga y que ganó al Atlético en su debut en Primera. La confianza del club en él es tal que estos días Asier, mientras compatibiliza sus labores en el filial, aconseja a Moyes, recién aterrizado, horas antes de su estreno en Riazor. Y lo hace con una ilusión desbordada. No es tonto. Ni imprudente. Analizando la historia más reciente de su bendito club, sabe que se avecinan buenos tiempos en San Sebastián. Por un lado, porque con el escocés se retoma la exitosa y moderna tradición de confiar en los extranjeros (ocho técnicos británicos ganaron la Liga). Y por otra, porque aún se ve con papeletas de poder cumplir un día su sueño. La Real, ya es dogma, volverá a mirar pronto hacia casa. Por fe, respeto y orgullo.

 

 

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03/11/2014

Por Alfredo Matilla

Traicionar a Cruyff

El Real Madrid se recicló a tiempo y la jugada le ha salido fenomenal. Pasó del 4-3-3 que le autodestruía, por dar cabida a todos sus fichajes, al 4-4-2 que ahora le compensa y le hace volar. No es nuevo. Ya lo hizo otras veces antes, como cuando ganó una Champions con tres centrales y la última Copa con Isco remangado. Tiene más hambre que soberbia. Por eso no le cuesta corregirse y adaptarse a las circunstancias tirando de humildad. El Barça, justo enfrente, sabe que tiene una tarea evidente por abordar y cada minuto que pierde en reinventarse está dando ventaja a su rival. Desde hace ya dos temporadas el equipo da síntomas de agotamiento con un estilo radical que impuso Cruyff en 1988 y que nadie se ha atrevido a cuestionar o variar. Por cabezonería, valors y quizás por miedo al qué dirán. En el último Clásico se confirmaron las sospechas. Mejor perder tozudamente que cambiar la manera de jugar. Como si atacar estuviera reñido con defender y aprender a sumar con la estrategia. Una terquedad que ante el Celta se acabó por consumar. Algo ha muerto y de momento no volverá. Ahora toca insistir o rectificar. Y ésa es la verdadera tarea por la que se evaluará a Luis Enrique y en la que está empezando a fracasar.

Jugar con un gran ataque que no merece esa defensa ya deja de tener sentido y gracia. El barcelonismo soñaba con que el técnico acabaría con el circo que impide luchar por todos los títulos. Este Barça no puede conceder contragolpes ni córners. Para este plantel, armar la contra es pecado y cambiar de ritmo o ser directo está tan mal visto como atracar. Los hechos delatan al Barça. Y sus declaraciones sonrojan (Xavi: “El Madrid vive de la contra...”). Ya sólo sabe jugar un único tipo de partido. Y, claro, antes le era sencillo. Siempre era él quien mandaba y proponía. Lo malo aparece en la actualidad, con tantos ratos trotando a merced. La diferencia del gran Barça y el actual es que antes, en los años gloriosos de Guardiola, la posesión era una constante amenaza para el adversario contra sus descuidos. Si no cierras o achicas, te mato. Y ahora, muy al contrario, su combinación es un timorato y lento tuya-mía con el objetivo prioritario de no perderla y armar el galope del adversario. En Can Barça ni siquiera la posesión ya da la razón a su filosofía. No hablemos de los resultados.

Lucho

Cambiar cuesta. Pero si algo no funciona, se antoja necesario intentarlo. Cuando Cruyff llegó al Camp Nou y acabó con el juego más directo que había inculcado Venables o con las contras que tan bien articulaba Luis Aragonés, no se metió a la gente en el bolsillo de primeras. Ganó pronto una Recopa y una Copa porque el Barça siempre fue un grande. Pero otra cosa fue el estilo. Sudó de lo lindo. De hecho, en sus dos primeros años vio cómo el Madrid ganaba la Liga y había tantos elogios a la propuesta como dudas a su eficacia. Tuvo hasta 15 pinchazos en su primera Liga (derrota en casa ante Osasuna incluida). Pero eligió esa propuesta con valentía como vía más rápida para acabar con la hegemonía de la Quinta. Y lo consiguió. Había un plan, la plantilla creía en la idea (ahora casi todos son técnicos por él) y se fichaba en función de su pizarra. Ahora, de nuevo el Barça no sabe a qué juega. Luis Enrique sólo ha hecho amagos de cambiar sin romper del todo con lo que no le gustaba. Y el resultado es un insulso pastiche. Varias decepciones después, Alves sigue sin recambio, Mascherano juega de central los partidos grandes y en el Bernabéu Sergi Roberto y Rakitic acabaron pegados a la banda. El Barça necesita otra fórmula. O ésta perfeccionada. Sin tener por qué renunciar al gusto y al gol, sus principales motivaciones en la vida. Si en las crisis los equipos tienden a reforzar su defensa (priman las de cinco), el Barça pide a gritos hacerlo con su medular, que es donde le brotan las ideas en ataque y donde emanan las ganas de robar.

¿Qué como se hace eso? Empleando la lógica. Si ya no dominas, protégete. Los técnicos, que son los que entienden, sabrán hacerlo. Y me da que algo tienen ya en mente. Los problemas crecen. Simplemente falta el atrevimiento que a Ancelotti le ha sobrado. El Barça, sobre todo ahora que el gran rival es menos frágil y más compacto, que el Atlético dejó de ser una sorpresa y que en Europa hay demasiados dientes afilados, está abocado a cambiar su sistema como medida de supervivencia. No lo digo yo. Lo recuerda el rival. No es casual que el Madrid y el PSG le hayan vacunado. El 4-3-3 actual de atacamos todos y defendemos unos cuantos debería tender a otra cosa. A mí, varios millones y fichajes sin sentido después, la más lógica dadas las características de esta plantilla me parece el 4-2-3-1. Jugar a lo de antes con lo que hay es autoflagelarse.

Luis

Porteros hay. Y hasta parecen buenos. Línea superada.

En defensa abundan los centrales. Y por centrales léanse Bartra, Mathieu, Piqué y Vermaelen. Únicamente falta rotarlos por méritos y no por galones e inculcarles que un defensa primero defiende y luego ataca. Ya está bien de cambiar las prioridades.

En medio campo es donde se aproxima la modificación más dura y necesaria. Con Xavi en clara retirada, el doble pivote que cree, piense, compense, robe, corra y muerda, parece incontestable. Ya no habrá otro como el capitán, por lo que hacer el traje a su medida es no parar jamás de coser e hilvanar. Urge un Mascherano-Busquets fijos en el centro para los días feos. Un Busquets-Rakitic para las tardes soleadas. O un Masche-Xavi para fiestas en casa.

Con los pilares claros, el cuerpo pide una línea de tres por delante (ya serían cuatro y hasta cinco medios para defender) donde Iniesta y Neymar normalmente sean los que partan de fuera hacia adentro con la misión de desbordar y sin el miedo de perderla y dejar vendido al personal. Recuerden, siempre habrá dos pivotes por detrás con la misión de las coberturas. El objetivo primordial sería dar a Messi ese puesto entre líneas por detrás del 9 que hace dudar al enemigo y que le permite jugar a sus anchas, maquillar sus escarceos, subrayar su visión y llegar al área por sorpresa. Con Luis Suárez por fin hay delantero con el que se puede reajustar el plan y centrar desde los costados. El uruguayo tiene movilidad, capacidad defensiva y un rol asimilado: saberse bueno pero no el mejor.

Habrá otras estrategias. Seguro. Y no dudo que existirá más de un soci al que le costará cambiar de hábitos. Lo que parece indudable y obvio tras varias costaladas es que la actual quedó obsoleta. Por físico. Porque ya está vista y bien contrarrestada. Y, sobre todo, por la marcha del entrenador que la perfeccionó. Más que insistir conviene rectificar. Lo bueno es que es noviembre y aún hay tiempo para cambiar y volver a disfrutar. Con perdón de Johan. Sin consultar a Zubi (por favor). Por el bien de Lucho.

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