Mr. Pentland
Mr. Pentland
Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento. Aquí tiene su banquillo.
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21/05/2013
Por Alfredo Matilla
Lo que le faltaba a Florentino
Parecía imposible que Florentino Pérez pudiera recibir en este final de curso peores noticias que las ya asimiladas. El nivel de mazazos era demasiado elevado. Tras una nueva inversión mareante ha visto cómo su equipo de fútbol entregaba la Liga de manera incomprensible, se inmolaba después en Dortmund en Champions y caía en una final con la misma crueldad que días antes lo hicieron los chicos del basket. Pero cualquier proyecto es potencialmente digno de empeorar cuando sus cimientos se hacen con paja. Para el presidente ha debido ser duro ver a Mourinho reconocer que ha fracasado tras entregarle las llaves del Bernabéu. Pero más debió serlo tener que salir a defender lo indefendible tras la Junta y dar a entender, con una educación conciliadora ejemplar, que ve marchar a un hombre al que le hubiera encantado seguir unido. Un cuadro en el que el dirigente que antes dejó escapar a técnicos que le dieron la Champions ahora presume de “ser cabeza de serie” y de “llegar a semifinales”.
Esta salida, por encima de todo, supone un bajón en la credibilidad del mandamás. Y ahora que su plan se tambalea y debe dar otro cambio de rumbo hacia no se sabe muy bien dónde, le llueven y le lloverán las críticas. Justificadas o no. Caído ya un muñeco al que tenían ganas, sólo queda él para centrar las iras de una afición descontenta. Un ajetreo que sólo se suaviza con fichajes. Su especialidad. El primero deberá ser el del nuevo entrenador. Porque aunque Florentino estaba tan contento con el ideario triunfal del portugués, hará lo que harían sus azotes y no nombrará a Karanka sucesor, como hizo el Barça con Tito cuando partió Guardiola. Ancelotti es su nueva apuesta. En las próximas horas, le recordarán al presidente que habrá que hacer limpia, que la cantera sigue sin contar, que hay que reconstruir el vestuario, que Jesé -la perla del filial- anda mosqueada y puede irse, que Mata, Valero y alguno más triunfan fuera cuando pudieron hacerlo de blanco, que Neymar -el único megacrack fuera de la Liga- va camino del Camp Nou... Le reprocharán hasta que ha endurecido las condiciones para presentar las candidaturas a las próximas elecciones del Madrid con el objetivo de asegurar su nuevo mandato. Se avecina un mes bastante duro.
Pero el último palo a su ideario, y en el que igual pocos han reparado, es que mientras en estos días se le señala por su mal ojo con los entrenadores, aquellos otros de la familia madridista a los que tantas veces se hizo de menos, no sólo ganan. También levantan títulos. Lo que le faltaba. Alguno de ellos lo ha logrado en campeonatos menores, sí; pero varios de estos técnicos ya son reincidentes con el éxito. Cada uno en su nivel. Por ello, el palo es doble para quien dice quién entra y quién sale: el Madrid no gana nada y los madridistas por el mundo se atiborran. La moraleja, dolorosa. Y la justificación, imposible. Sin volver a recordar el exitoso capítulo de Del Bosque cada dos veranos con la Selección, nos centraremos en la rabiosa actualidad: exmadridistas de cuna como Rafa Benítez, Míchel, Miguel Ángel Portugal (y probablemente Quique Sánchez Flores que se juega una final este mes) se han proclamado brillantes campeones hace días. Lejos de esa casa donde se formaron y en la que ahora no hay más que división.
Estos técnicos son el orgullo patrio en el exilio junto a Roberto Martínez (dentro de veinte años todos recordarán la FA Cup que logró con el Wigan y nadie que descendió), Óscar García (campeón de liga con el Maccabi) y Ramón Tribulietx (ganó la tercera Champions de Oceanía con el Auckland y volverá a disputar el Mundial de clubes). Sé que el dato puede ser para algunos una simple anécdota. O incluso los más sensibles hablarán de oportunismo. Sin embargo, no es más que otra nueva confirmación que nos ha de hacer presumir. Porque al final, el fútbol es un reflejo de la sociedad: mucha gente buena y preparada está teniendo que emigrar para demostrar su talento. A nivel general, el ¡centenar! de entrenadores españoles que hay repartido por el mundo evidencia que valen. Las federaciones se pegan por nombrar seleccionadores españoles. Ya hay siete repartidos por el planeta (Camacho en China, López Caro en Arabia Saudí, Azkargorta en Bolivia, Becker en Guinea Ecuatorial, Enrique Llena en Nicaragua, Koldo Álvarez en Andorra y Calderón en Bahrein). Y los clubes quieren sembrar el estilo ‘cañí’ en sus equipos. De ahí que una veintena de entrenadores dirija fuera (desde Ucrania hasta Nueva Zelanda) y que tengamos desde preparadores físicos, ayudantes, preparadores de porteros y directores deportivos en el extranjero. España en general -y el madridismo en particular- está cansada de formar para exportar. De ahí que muchos se pregunten para qué sirve la cantera si cuando ésta echa dientes se la desprecia a las primeras de cambio. O incluso muchos otros se plantean si esta sección se mantiene en los clubes por el qué dirán. Como simple ‘postureo’. Como más de una empresa tiene una planta de reciclaje o un amplio plan de responsabilidad social.
Puede que en el caso que nos ocupa, el de los entrenadores, sea una utopía que alguno de estos recientes campeones sea un día el responsable del primer equipo del Madrid. Creo que, por ahora, ni siquiera han hecho méritos suficientes para ello. Sobre todo Portugal y Míchel. Sin embargo, ambos fueron exjugadores y técnicos del club, estuvieron dentro de sus entrañas para pelear por su cantera y se esforzaron por captar nuevos valores. Igual debieron ser más tenidos en cuenta. Podrían estar y sumar. Portugal ganó el domingo la liga de Bolivia con el Bolívar tras vencer al Nacional Potosí (2-1) y levantó el primer título en su carrera deportiva. Un gran éxito tras llevar al Racing a semifinales de Copa y dejarle 10º en Liga, y tras hacer del Castilla un equipo con hechuras en el que su mejor legado fue convertir a Filipe Luis en un lateral de enjundia. A pesar de que no le creyeron. Míchel, por su parte, llegó a Olympiacos a tiempo de levantar una liga que ya estaba encarrilada por su antecesor, Jardim. Y hace días ganó la Copa tras imponerse 1-3 al Asteras recién operado por partida doble de la vesícula. Aun así, parece que sólo entra en los pronósticos populares como posible alternativa al banquillo. Florentino, pasa.
Otra historia más macabra es lo de Quique Sánchez Flores y Benítez. ¿Por qué el primero no entró jamás en las quinielas de posibles candidatos al banquillo del Madrid y el segundo parece que desapareció para siempre?
Quique está en Emiratos Árabes, donde ya ganó la Copa y donde, tras quedar segundo en liga con el Al Ahli y clasificarlo para la Champions de Asia, puede alzarse el 28 de mayo con la President Cup. Si no lo impide el Al Shabab. El que fuera lateral de Capello, dirigió en la cantera del Madrid y en 2002 hizo campeón al juvenil A de De la Red y Borja Valero, a los que quiso llevarse siempre con él. Por allí estaba Florentino. Pero Quique creció fuera. En el Getafe, el Valencia, en Benfica (una Liga) y en el Atlético (Europa League y Supercopa de Europa).
Lo de Benítez es aún peor. Tras jugar en la cantera, entrenó al Castilla de 1993 a 1995 y él fue el responsable de dar cabida por primera vez en un once profesional (en Segunda) a un crío llamado Raúl González. Luego fue segundo de Del Bosque el 8 de marzo de 1994 cuando el club echó a Benito Floro en Lérida. Después de aquello se marchó en busca de una oportunidad mayor. Valencia (dos Ligas y UEFA), Liverpool (Champions, Supercopa de Europa, FA Cup, Community Shield), Inter (Supercopa Italia, Mundialito) y Chelsea (Europa League). En 2004 dicen que Florentino le tentó. Pero circulan dos teorías. Una: Benítez ya había dado su palabra al Liverpool. Dos: Florentino no hizo demasiada fuerza porque no era su opción ni la que más le agradaba.
Lo peor del futuro de estos campeones madridistas es que en su mayoría, quizás todos, tienen la misma relación con Florentino que un jefe con un huelguista. De respeto pero de poco afecto. Así que de regresar -para dirigir u opinar-, ni hablar. Su labor, parece ser, seguirá siendo la de honrar a Luis Suárez y Azkargorta, que fueron los primeros en demostrar que el mundo no se acaba en España.
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14/05/2013
Por Alfredo Matilla
Sin Ferguson, recen por Schaaf
‘One club man’ es una designación reservada a los grandes del fútbol que sirve para englobar a todos aquellos jugadores que han desarrollado toda su carrera en un mismo equipo. Ya saben, tipos como Giggs, Totti o Xavi. Leyendas. El término se ha extrapolado también a los banquillos, donde es igual de difícil llegar y mucho más meritorio mantenerse. Pero desde esta misma temporada, lamentablemente, igual sólo se puede agrupar bajo este cartel a ejemplos de managers del pasado. Habrá que vivir de recuerdos. En la actualidad los únicos cargos de por vida que crecen y envejecen bajo la sombra de un solo escudo se resumen a los utilleros y, como mucho, al cuerpo médico o a los delegados de turno. Así sucede en los pequeños pueblos y así pasa en los grandes clubes. Corren malos tiempos para los cargos a perpetuidad. La paciencia, la exigencia y el morbo de cambiar tienen bastante que ver. La próxima jornada se nos jubilará definitivamente un técnico que dio su vida por un club: Sir Alex Ferguson. Iniciado en la modestia de Escocia pero que ya es un mito por su impecable trabajo en Old Trafford desde hace décadas. Y, peor aún: los herederos que mantienen tanta fidelidad a una entidad, que son pocos, están más bien amenazados.
Ferguson ha sido sin duda el hombre de la semana. Y no sólo por el brillante colofón a las 26 temporadas en las que ha dirigido al United. Ni tan siquiera por las recurrentes comparaciones que nos llevan en estos días a enumerar cuántos entrenadores han sido dilapidados en otros clubes de Europa mientras él reinaba. Más bien, el protagonismo se lo ha ganado por su exquisito mensaje final en un tiempo convulso en el deporte donde la caballerosidad parece que debe estar reñida con el éxito. El escocés ha mostrado mil veces su genio y ha tenido sus roces, pero no recuerdo un homenaje tan sentido, caluroso y mundial a un entrendor. Por algo será. Pero sobre todo, jamás había visto un agradecimiento tan sincero de alguien que lo ha sido todo y parece una roca: “Ha sido la mejor experiencia de mi vida gracias a todos los que formamos el United”, dijo antes de lanzar una petición tan conmovedora: “Apoyad al próximo entrenador y creed en él (David Moyes), como lo habéis hecho conmigo”. Inglaterra da envidia. Comparen con las salidas que se producen por aquí.
Así, con los pelos de punta, es casi imposible evitar dos comportamientos. Un grande no nos deja todos los días. El primero suele provocar que uno repasa su historia detallada para no olvidarla y propagarla antes de comprarla en tomos. Ya habrán leído mil y un textos estos días acerca de él de gente que lo conoció de cerca y no sólo en las ruedas de prensa. La otra actitud es buscar desesperados casos como el suyo. Para seguir creyendo en el lado romántico de este mundillo y, sobre todo, para confirmar que existe alguien más por ahí que cree, como creemos algunos, que los proyectos a largo plazo son una garantía de vida. Esta segunda terapia es más saludable porque uno se encuentra de nuevo con tipos como Thomas Schaaf, técnico del Werder Bremen y preparador con más temporadas ejerciendo en un único club -en las grandes ligas- tras Ferguson. Un entrenador del que, esta vez sí, pude empaparme en primera persona en Bremen en 2007 para certificar que era diferente, especial y modélico.
El Schaaf que vi trabajar era, y supongo que sigue siendo, un hombre serio, recto y estrictamente profesional. Pude charlar brevemente con él antes de que el Madrid visitara el Weserstadium en Champions, donde su equipo se impuso 3-2 con un juego vertical que comenzaba a mostrarnos el nuevo poderío del fútbol alemán. Y luego, pude lanzarle varias preguntas tras el partido, embobado por ver cómo le encanta desgranar los encuentros y huir de los conflictos. Durante aquellos días vi que controlaba lo que estaba en su mano y vigilaba lo que dependía del resto. Su obsesión en el césped era dotar a sus jugadores del instinto asesino. Qué intensidad. El ataque era su gran baza y la agresividad en la recuperación desde bien arriba su mejor sorpresa. Por eso ponía a los defensas en el entrenamientos a atacar (Mertesacker y Naldo se salían) y a los delanteros, a robar. Todos hacían de todo y la única obsesión diaria era progresar y fidelizar al aficionado. Siempre abría las puertas de los entrenamientos. Rosenberg, goleador en aquella fría noche de noviembre de 2007 ante Schuster y cía, siempre me lo repetía cuando llegó a Santander. “Thomas me lo enseñó todo”.
Pero lo que más me sorprendió fue
que bajo el gesto militar de este entrenador habitaba un hombre afable y un señor
sensato. Mi presencia en Bremen durante la semana era básicamente para informar
del rival europeo del Madrid aunque, por encima de todo, mi obsesión era intentar
abarcar a Diego Ribas, exatlético y viejo deseo del Madrid de Calderón, tan en
boca de los madridistas por aquel entonces. El centrocampista brasileño no
podía jugar ese partido porque fue expulsado una jornada antes por dos
amarillas en dos minutos ante el Lazio. No quería conceder entrevistas. Se
autocensuró para no desestabilizar. Hasta que harto del marcaje que le hice
tras ir a todos los ensayos bajo una fuerte nevada, le preguntó al jefe
si podía contestar a unas preguntas y éste le dio permiso justo un día antes
del encuentro. Algo improbable en estos días de guerra civil entre la prensa y los técnicos. “Hablando se entiende la gente. Responde lo que creas siempre y
cuando no perjudiques a tu equipo”, le dijo al jugador antes de abrirme amablemente la
puerta de su casa. Así que aquella charla de una hora y la consecuente portada en
nuestro diario donde Diego se dejaba querer (“El Madrid no es grande..., es muy
grande”) se la debo en gran parte al míster. ¡Danke!
Schaaf (Mannheim, 30 de abril de 1961) es así. Un hombre justo por el que ya antes sentía debilidad. Y parece que no sólo yo. Pocas veces he asistido a una comparecencia como las suyas donde los periodistas locales tratan con tanto respeto a un entrenador. No es para menos. Llegó al Werder siendo alevín y jugó en el juvenil desde 1972 al 79. “Era un buen defensa”, aseguraba Rolando, uno de sus ayudantes en aquel cuerpo técnico que era habitual por la Champions. Jugó 14 años en el primer equipo, logrando una Recopa y acumulando 262 partidos en la Bundesliga. Thomas no esperó a colgar las botas para comenzar a entrenar. Era su pasión. Así que hizo sus pinitos con la base hasta que fue nombrado director de la cantera en 1995. Cuatro años después llegó al primer equipo, al que salvó de descender y pronto hizo campeón de Copa. Así, ha llegado hasta nuestros días. Con el doblete de 2004 como gran logro y con la tristeza de haberse arrastrado por la liga en esta última temporada. La pena y las críticas le llevaron a poner su cargo a disposición del club hace unas semanas, pero el director deportivo, Eichn, no dio su brazo a torcer. Otra cosa es lo que ocurra este verano, ya salvados del descenso. Todo indica que se irá y no agotará su contrato (hasta 2014). El Red Bull Salzburgo quiere darle alas y Mehmet Scholl podría comenzar una nueva era al suplirle. Ferguson no tendría al más digno sucesor.
Sin él, y con Guy Roux ya jubilado del Auxerre (¡44 años en el club!), sólo queda como legendario entrenador de un solo club Ronnie McFall en el Portadown irlandés. Un campeonato respetable pero menor. De ahí que sea menos conocido. Llegó en el 86 y aún da órdenes por allí mientras le llueven las condecoraciones. Por Inglaterra no podemos olvidarnos de Wenger (17 años en el Arsenal), aunque Schaaf le supere en fidelidad por sus años previos en la cantera. En España es mejor ni mirar. Los técnicos de Primera que más tiempo llevan en la Liga son Mou y Pepe Mel (llegaron en 2010), seguidos por Montanier y Mendilíbar (2011). Pero no hay ningún ‘One club man’. Tito Vilanova es el ejemplo que más podría parecerse si sólo atendemos a la fidelidad en la máxima categoría. Llegó a la Massia en la campaña 2001-02 y se le considera ‘made in Barça’ en exclusiva. Sin embargo, en 2003 Laporta reestructuró la base y el técnico se tuvo que marchar hasta 2007. Primero al Palafrugell, luego al Figueres y más tarde al Terrasa en 2006, donde ejerció de director técnico. Es complicado mantenerse. Ferguson sólo hubo uno. Y parece que no habrá más.
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08/05/2013
Por Alfredo Matilla
La insignificancia de ganar y el masoquismo de volver
Algo está pasando en nuestra Liga. Si perder es casi mortal. Ganar es cada vez más arriesgado. Ocho de los doce primeros equipos de Primera tienen en estos momentos a sus entrenadores con un pie y medio fuera del club. El más conocido, Mourinho, pese a haber levantado títulos. Otros, como Aguirre, aun habiendo alcanzado la gloria. Y, para colmo, hasta al que va a acabar primero, Tito Vilanova, se le cuestiona sin disimulo. El azote inconformista da que pensar. Sobre todo porque no es una moda pasajera. Analizada la historia, uno ve que aquí sólo se salva, como norma general, la cumplidora clase media. La que no tiene mimbres para emocionar ni demasiados peligros para desesperar. Por eso igual no es casual que Osasuna sea el equipo que menos ha movido su banquillo en el nuevo siglo -siempre en la máxima categoría, por cierto- con cuatro nombramientos. Empezó Lotina el 2000 y le siguieron Aguirre, Ziganda, Camacho y ahora Mendilíbar, al que se le ha dado toda la confianza pese a sus 33 puntos. El Granada, que es el que más cambió, ya va por 22. El Betis le sigue con 16. El Atlético frenó la sangría de Gil y acumula 15. El Madrid 10 y el Barça, 7.
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30/04/2013
Por Alfredo Matilla
Juanito, ‘orgull’… y fútbol
El verbo que más se conjuga desde hace una semana es remontar. Madrid y Barça sucumbieron al poder alemán y ya sólo les queda el milagro para estar en Wembley. Así que en estos siete angustiosos días hemos tenido tiempo de sobra para analizar los comportamientos de unos y otros ante la adversidad. Un ejercicio inusual, pues casi siempre estos dos grandes caminan con el viento en popa. De inicio, hemos podido comprobar cómo el aparato propagandístico de la capital ha funcionado con una aplastante intensidad sobre el de la Ciudad Condal. Desde el mismo día de la debacle europea. Y no por el simple hecho de que Cristiano marcara en Dortmund y la cuesta del Madrid sea menos empinada que la del Barça. Con los marcadores intercambiados hubiera sucedido igual. Es una cuestión de tradición. Al juego del Madrid siempre le va esa pizca heroica y de sinrazón. Y al del Barça tan solo le vale el dominio, el ataque milimétrico y, por tanto, la cabeza. La prensa madrileña rescató el ‘Espíritu de Juanito’ desde el instante en que Lewandowski enseñó los cuatro dedos, mientras que en Barcelona no aparecieron las portadas a pecho descubierto hasta que Messi resucitó en San Mamés. He ahí la diferencia. Sin embargo, hay algunas señales en común que preocupan. Aquí y allá se habló sólo de huevos, ambiente, dejarse la piel, mosaicos presumiendo de orgullo catalán y otros muchos elementos decorativos. Pero poco de fútbol. Lo digo sin faltar el respeto a los mitos. Parece que no hiciera falta jugar para arrasar a todo un equipazo y la proeza consistiera únicamente en intimidar y empujar.
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23/04/2013
Por Alfredo Matilla
Heynckes no se olvida
Nada más conocerse los emparejamientos en las semifinales de Champions, Jupp Heynckes sorprendió con unas declaraciones molesto por las morbosas preguntas de si iba a llamar a Guardiola, su sucesor en Múnich, para interrogarle con el objetivo de conocer mejor al Barça. “Respétenme. No necesito a nadie. En todo caso llamaría a Cruyff, que es el inventor de esto. Además, ya le he ganado”, vino a decir. A ojos de casi todos, pareció que el técnico, caballero y cortés como pocos, estaba dando un palo a Pep mientras tiraba de currículum. Como si estuviera celoso de su llegada y/o enfadado porque los periodistas pensaran que necesitaba ayuda externa ignorando su experiencia. Sin embargo, puede que su mensaje no fuera en esa línea. Heynckes y Guardiola son amigos. Jupp accedió hace poco a enseñarle personalmente las instalaciones donde trabajará. Y, es más, si Pep se hará cargo del conjunto bávaro será porque él renunció antes a una oferta de renovación y hasta le recomendó. Puede que el recado de Heynckes mentando a Johan vaya más allá e indique la perversa manía de la mente de idolatrar a su antojo y de anteponer la imagen más reciente del presente sobre una imborrable del pasado. Sus palabras sonaron a reivindicación.
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17/04/2013
Por Alfredo Matilla
En el nombre del padre
Los padres son un cáncer para el futbolista. Así de tajante y repetitiva aún resuena en mi cabeza esta afirmación hecha dogma por mis primeros educadores. Con este lema crecí sin entender semejante crudeza. Sobre todo porque el mío, cuando se animó a interesarse tanto por mi toque como por mis notas, se sentaba solo sin molestar a nadie, allá en el córner. Lejos de los cánticos de ánimo y de los insultos al de negro. Apartado de los halagos maternales y de las instrucciones paternales. Poco a poco, por intentar dar sentido a aquella frase lapidaria, fui analizando cada gesto de mi progenitor. Pero jamás aparecía ese supuesto ‘tumor’. Sin embargo, alrededor veía crecer muchas otras cosas con igual o peor pinta. Ninguna era benigna. Resumiré la lista con las más nocivas. Uno: los entrenadores de turno se dejaban influenciar por algún padre pesado y caprichoso. Dos: alguno cogía del pecho al otro por no hacerle caso (una vez les separé). Tres: los críos odiaban el fútbol y lo abandonaban cansados de la presión en casa. Y cuatro: el jugador, con el paso de los años, estallaba como un juguete roto por querer cumplir el sueño paterno de presumir. Muy pocos hijos con papás fanáticos llegaban alto sin accidentes o taras. Una lacra que iba dando credibilidad a aquella sentencia y que terminé de corroborar como periodista. Fue el día que el padre de Javier Portillo, aquella promesa de Aranjuez, convirtió sus quejidos iniciales en el corrillo de la grada en unos berridos hacia Vanderlei Luxemburgo. Decía el señor que Raúl González, el capitán, estaba tapando la progresión de su hijo. Con un par.
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09/04/2013
Por Alfredo Matilla
De aquellos cinco delanteros a estos cuatro porteros
La última semana, con motivo de un texto sobre el regreso de Tito, recibí un comentario de un lector -de cuyo nombre no quiero acordarme- que ha sido decisivo para este nuevo artículo. De todo, incluso de lo peor, se puede aprender. Amparado en el anonimato, y sin entender que aquí caben las críticas de toda índole pero educadas, faltó al respeto sin reparos. Puede que fuera un simple piquete. Un buen hombre con un mal día. O un pesimista con ánimo de contagiar. Lo que parece seguro es que quizás lo hizo llevado por la moda de que todos los periodistas somos poco más que escoria, que en AS todo el que escribe es anticulé y que al hablar sobre Mourinho debes pertenecer a una de las dos Españas; la que le adora haga lo que haga o la que le critica gane lo que gane. Sin término medio. Para rematar su breve alegato censurado por el moderador regaló un “das pena”. Sobre todo porque, según él, quería encontrar aquí “temas referentes a tácticas y estrategias” y no historias varias. No lo recalco porque sea sensible. Es que pensó herirme y no hizo más que ayudar. Me dio el empujón definitivo para desempolvar esta temática. Los entrenadores han demostrado a lo largo de la historia que el fútbol no se cansa de cambiar a la vez que no deja de retroceder. De cinco delanteros a cinco defensas, o con la segunda vida al falso ‘9’. Y también, que cualquier planteamiento es válido para ganar. Barça y Selección. Madrid e Italia.
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02/04/2013
Por Alfredo Matilla
Tito, cómo hemos cambiado
Estimado Vilanova:
Desde hace cuatro meses utilizo este rincón para hablar sobre el fascinante mundo de los entrenadores. Y en esta ocasión, con usted ya otra vez en la pelea, me resultaba imposible no referirme a su persona y suplantar algún chascarrillo que resultaría secundario por esta carta sincera. Los lectores, espero y deseo, que lo entiendan. No le engaño. No hay noticia más relevante y esperada que su vuelta al tajo. Palpo la emoción entre culés, madridistas y la gente de bien en general. Hoy no es un día más. Sé que no nos conocemos pero, aun así, por mi trabajo, tengo que hablar de usted a diario, así que ya es casi como de la familia. Su lucha, como la de tantos otros que nos rodean, es nuestra fuerza. Esta noche, 72 días después, regresa al banquillo en París tras dos meses de dura batalla en New York en los que, a pesar de lo que había en juego, se dio una preciosa curiosidad: usted jamás dejó de pensar en su profesión y su profesión jamás dejó de pensar en usted. Por ello, la instantánea que nos regalará sonriente antes del partido junto a Abidal, esa foto mil veces soñada, será para enmarcar. Es la prueba irrefutable de que siempre se puede ganar. Puede que a estas horas esté liado, meditando si Cesc o si Villa. Aun así, por si encuentra un hueco en la siesta antes de partir al Parque de los Príncipes, se me ha ocurrido ponerle al día de todo lo que ha sucedido por aquí durante este tiempo. Es mi única y humilde manera de hacerle más fácil el regreso. No vaya a quedarse boquiabierto. No sea que le hayan contado las verdades a medias. No sea que algunas webs visitadas desde el exilio le hayan desinformado. El panorama ha cambiado mucho. Bienvenido y suerte. Estábamos deseando este reencuentro.
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25/03/2013
Por Alfredo Matilla
Jiménez hará esperar al ‘cristiano’ de Ronaldo
Llegó la Semana de Pasión. Y no por la estación de penitencia que deberá hacer la Selección en el Stade de France. Ni por la proximidad de las purgas de la Champions o la crucifixión que dicta el descenso. Es Semana Santa y eso, en España, implica entre otras liturgias que medio país camina arrastrando los pies al ritmo del tambor y las cornetas, que todas sus calles huelen a incienso, y que ateos y católicos presumen con orgullo de galácticos de nuestra inigualable imaginería como Salzillo, Montañés o Juan de Mesa. El tema, extrapolado a este blog con el máximo respeto, no nos servirá para debatir qué nos ha aportado la religión y cuánto nos ha separado aquí y allá, sino para entroncar de manera muy directa con nuestro fútbol, madre de todas las tradiciones. Los clubes en general, y los entrenadores en particular, no son ajenos a este ajetreo que se nos presenta. Habrá gente que cuestione que sobre todo los técnicos tengan tanta fe en Dios como en sus proyectos y que, como consecuencia, recen con la misma fuerza que inculcan en busca de sus objetivos. Pero otro sector, posicionado muy al frente, considerará en oposición que la fe, además de mover montañas, mete goles y varía milagrosamente resultados por lo que también conviene entrenarla. Hay gente, y opiniones, para todo.
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20/03/2013
Por Alfredo Matilla
Terapia con Claudio Borghi ante las fobias
Después de cuatro meses y catorce historias sobre entrenadores ya se ha creado un clima de confianza en este blog que nos permite compartir algunas confidencias. Total, qué mas da, casi siempre estamos revoloteando por aquí los mismos y ya nos conocemos. No teman. Así que les cuento. En mi obsesivo análisis por comparar a los profesionales del fútbol con la gente de a pie, esta semana, cosas que dan las vacaciones, me he preguntado si las consecuencias psicológicas de la crisis, los males que acarrea el estrés, los miedos pasados y las fobias futuras que desatan esta compulsiva manera de vivir pertenecen sólo al pueblo llano o también afectan a los privilegiados del balón que nos observan desde su atalaya. Es decir, si los ídolos y los fans son igual de mortales o en esto también existen clases. Mencionar como respuesta el dinero que nos distingue de ellos sería un error materialista. Les hablo de si los problemas que no se resuelven fácilmente con la chequera están tan presentes en las plazas como en los estadios. A mí me da que sí. La diferencia, creo, es que mientras usted o un servidor no escondemos nuestras debilidades ni nuestra lucha por combatirlas; ellos, jugadores o entrenadores, tienen pánico demasiadas veces a airear que son humanos y que también necesitan ayuda. Deténganse un instante, piensen, miren a su alrededor y hagan recuento. ¿Cuántos de sus allegados tienen algún pensamiento que les atormenta, detiene o bloquea? ¿Alguno tiene vértigo? ¿Miedo a volar? ¿Claustrofobia? ¿Temor a las arañas u otros animales? ¿A la dichosa muerte? ¿Visitan al psicólogo o ponen algún remedio? Saquen la media de todos los casos y desde ahora, cuando observen un partido, por probabilidad, sepan que alguno de los que corren hacia el área o dirige desde la banda sufre casos como los que usted ya conoce. Son igual de vulnerables. Son igual de luchadores.
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