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Mr. Pentland

Mr. Pentland

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento. Aquí tiene su banquillo.

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21/11/2014

Por Alfredo Matilla

Moyes y el dilema con los extranjeros

En sus ciento quince años de vida, la Real Sociedad siempre dio prioridad al producto nacional sobre el extranjero. Al vasco sobre el español. Y al guipuzcoano sobre el de Álava o Vizcaya. Lo hizo por fe, respeto y orgullo. Hasta que las necesidades le hicieron modificar su filosofía para readaptarse a las nuevas exigencias. Le pasó con los futbolistas y le sucedió también con los entrenadores. El aperturismo a la hora de fichar le dio muchas y buenas noticias, que conste, como también las había tenido antes. Pero a pesar de que así niveló su potencial competitivo con el resto, el corazón siempre pudo (y puede) más que los resultados. Por eso, más allá de los títulos logrados, nadie olvida que las dos ligas consecutivas de 1981 y 1982, techo en la historia de la entidad, se ganaron con Alberto Ormaetxea en el banquillo. Un paisano de Eibar. Por eso, pese a ser capaz de jugar la Champions ante grandes potencias y llegar a semifinales en Europa, se repite como el eco una realidad: que el equipo es el sexto que más internacionales ha aportado a la Selección. 43 más otros ocho que no debutaron. 

La Real, como todos, dio la bienvenida a los futbolistas foráneos cuando los ingleses exportaron el invento y eran vistos como profesores. Harry Lowe, que hizo de todo en el club, fue el mejor ejemplo. En la era moderna también lo repitió cuando el derecho de retención del que se valía se abolió (1986) y el vecino y los poderosos empezaron a pagar las cláusulas de rescisión de sus mejores hombres para debilitarle de manera hiriente. Tras competir sólo con españoles desde 1962 por deseo de un exalcalde metido a presidente (Antxon Vega de Seoane), en 1989 volvió a abrir sus fronteras con la llegada de John Aldridge empezado ya el campeonato porque el Athletic había pagado por Loren 300 millones de pesetas. Emprendió un nuevo camino con Alkiza de presidente y entre una gran división social pero, pese a los críticos, la jugada le salió bien. Qué maravilla de delantero. De ahí la continuidad a esta política en los fichajes en la que casi siempre se ha intentado respetar una máxima: el grueso es de la casa y el mercado, muy útil, sólo debe aportar los retoques.

Con los entrenadores fue algo diferente. La Real, pese a que nunca dio la espalda a los nuevos tiempos, siempre pensó antes en lo propio que en lo ajeno. Así logró hacer historia. Con Moyes sólo son nueve entrenadores extranjeros de 43. Y de los 34 restantes, 32 han sido vascos. La prueba es que cada vez que puede -y se agota la etapa del de fuera- acaba volviendo sobre sus pasos para tirar de los ‘suyos’. Si pudiera, da la sensación de que permanecería en esta idea para siempre. Los resultados, a menudo impostores, son los únicos que le han quitado la razón. Desde que logró sus mejores éxitos en los años ochenta, tras Toshack llegó Boronat. Tras Krauss, Clemente. Después de Denoueix, Amorrortu. Una vez fuera Coleman llegó Eizmendi. Y como sucesor de Montanier, Arrasate. Sin embargo, sólo lo importado le funciona. En los últimos 30 años ningún preparador de la casa ha triunfado. Pese a la insistencia. Un honor que sólo ha quedado para los elegidos Toshack (Gales), Denoueix (Francia), Lasarte (Uruguay) y Montanier (Francia). El resto, hasta 14 entrenadores, no consiguieron salir por la puerta grande. Muchos de ellos más bien lo hicieron por la de atrás. El último, Arrasate. De ahí que ahora el club haya decidido ponerse en manos de un sabio escocés. 

Moyes

En todo este tiempo de gafe en las tres últimas décadas, la Real ha aportado diez futbolistas a la Selección. El más reciente, Íñigo Martínez. Un dato que demuestra que ha logrado mantener el nivel de su base pese a la convivencia de la cantera y la cartera. Con los entrenadores autóctonos no ha tenido esa suerte. Desde Ormaetxea, sólo Boronat (fue su segundo) logró meter al equipo en Europa sin mucho brillo, Irureta dio guerra con un equipo muy justito y Olabe salvó una difícil papeleta. Poco más. Expósito propició el regreso de Toshack, Iriarte aportó dudas, Clemente cayó en picado, Periko Alonso no cuajó, Arcornada y Bakero fueron vistos y no vistos, Lotina fue un fracaso, Eizmendi y Lillo más de lo mismo, y a Arrasate se le atragantó Europa y acabó siendo fulminado este mismo mes. 

Antes, la Real era referencia en los banquillos tirando de españoles. Puede presumir de que, además de Clemente, que llegó ya de vuelta, ha tenido a varios seleccionadores. El primero, José Ángel Berraondo en los años 20. Luego, Benito Díaz en el Mundial de Brasil de 1950 formando tándem con Eizaguirre. Después, Salvador Artigas (catalán), formando triunvirato con Miguel Muñoz y Luis Molowny en el 69. Y hasta tuvo a Barrios trabajando en la Selección B. Esa tendencia, lamentablemente, ha ido desapareciendo. Los números han desvirtuado la valentía de varias directivas. 

Ahora, por tanto, toca otro cambio de rumbo. Pero la fe donostiarra sigue intacta. Esta vez gracias a Asier Santana (Idiazabal, 1979). El técnico de la casa que suplió a Jagoba Arrasate como entrenador interino en la última jornada de Liga y que ganó al Atlético en su debut en Primera. La confianza del club en él es tal que estos días Asier, mientras compatibiliza sus labores en el filial, aconseja a Moyes, recién aterrizado, horas antes de su estreno en Riazor. Y lo hace con una ilusión desbordada. No es tonto. Ni imprudente. Analizando la historia más reciente de su bendito club, sabe que se avecinan buenos tiempos en San Sebastián. Por un lado, porque con el escocés se retoma la exitosa y moderna tradición de confiar en los extranjeros (ocho técnicos británicos ganaron la Liga). Y por otra, porque aún se ve con papeletas de poder cumplir un día su sueño. La Real, ya es dogma, volverá a mirar pronto hacia casa. Por fe, respeto y orgullo.

 

 

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03/11/2014

Por Alfredo Matilla

Traicionar a Cruyff

El Real Madrid se recicló a tiempo y la jugada le ha salido fenomenal. Pasó del 4-3-3 que le autodestruía, por dar cabida a todos sus fichajes, al 4-4-2 que ahora le compensa y le hace volar. No es nuevo. Ya lo hizo otras veces antes, como cuando ganó una Champions con tres centrales y la última Copa con Isco remangado. Tiene más hambre que soberbia. Por eso no le cuesta corregirse y adaptarse a las circunstancias tirando de humildad. El Barça, justo enfrente, sabe que tiene una tarea evidente por abordar y cada minuto que pierde en reinventarse está dando ventaja a su rival. Desde hace ya dos temporadas el equipo da síntomas de agotamiento con un estilo radical que impuso Cruyff en 1988 y que nadie se ha atrevido a cuestionar o variar. Por cabezonería, valors y quizás por miedo al qué dirán. En el último Clásico se confirmaron las sospechas. Mejor perder tozudamente que cambiar la manera de jugar. Como si atacar estuviera reñido con defender y aprender a sumar con la estrategia. Una terquedad que ante el Celta se acabó por consumar. Algo ha muerto y de momento no volverá. Ahora toca insistir o rectificar. Y ésa es la verdadera tarea por la que se evaluará a Luis Enrique y en la que está empezando a fracasar.

Jugar con un gran ataque que no merece esa defensa ya deja de tener sentido y gracia. El barcelonismo soñaba con que el técnico acabaría con el circo que impide luchar por todos los títulos. Este Barça no puede conceder contragolpes ni córners. Para este plantel, armar la contra es pecado y cambiar de ritmo o ser directo está tan mal visto como atracar. Los hechos delatan al Barça. Y sus declaraciones sonrojan (Xavi: “El Madrid vive de la contra...”). Ya sólo sabe jugar un único tipo de partido. Y, claro, antes le era sencillo. Siempre era él quien mandaba y proponía. Lo malo aparece en la actualidad, con tantos ratos trotando a merced. La diferencia del gran Barça y el actual es que antes, en los años gloriosos de Guardiola, la posesión era una constante amenaza para el adversario contra sus descuidos. Si no cierras o achicas, te mato. Y ahora, muy al contrario, su combinación es un timorato y lento tuya-mía con el objetivo prioritario de no perderla y armar el galope del adversario. En Can Barça ni siquiera la posesión ya da la razón a su filosofía. No hablemos de los resultados.

Lucho

Cambiar cuesta. Pero si algo no funciona, se antoja necesario intentarlo. Cuando Cruyff llegó al Camp Nou y acabó con el juego más directo que había inculcado Venables o con las contras que tan bien articulaba Luis Aragonés, no se metió a la gente en el bolsillo de primeras. Ganó pronto una Recopa y una Copa porque el Barça siempre fue un grande. Pero otra cosa fue el estilo. Sudó de lo lindo. De hecho, en sus dos primeros años vio cómo el Madrid ganaba la Liga y había tantos elogios a la propuesta como dudas a su eficacia. Tuvo hasta 15 pinchazos en su primera Liga (derrota en casa ante Osasuna incluida). Pero eligió esa propuesta con valentía como vía más rápida para acabar con la hegemonía de la Quinta. Y lo consiguió. Había un plan, la plantilla creía en la idea (ahora casi todos son técnicos por él) y se fichaba en función de su pizarra. Ahora, de nuevo el Barça no sabe a qué juega. Luis Enrique sólo ha hecho amagos de cambiar sin romper del todo con lo que no le gustaba. Y el resultado es un insulso pastiche. Varias decepciones después, Alves sigue sin recambio, Mascherano juega de central los partidos grandes y en el Bernabéu Sergi Roberto y Rakitic acabaron pegados a la banda. El Barça necesita otra fórmula. O ésta perfeccionada. Sin tener por qué renunciar al gusto y al gol, sus principales motivaciones en la vida. Si en las crisis los equipos tienden a reforzar su defensa (priman las de cinco), el Barça pide a gritos hacerlo con su medular, que es donde le brotan las ideas en ataque y donde emanan las ganas de robar.

¿Qué como se hace eso? Empleando la lógica. Si ya no dominas, protégete. Los técnicos, que son los que entienden, sabrán hacerlo. Y me da que algo tienen ya en mente. Los problemas crecen. Simplemente falta el atrevimiento que a Ancelotti le ha sobrado. El Barça, sobre todo ahora que el gran rival es menos frágil y más compacto, que el Atlético dejó de ser una sorpresa y que en Europa hay demasiados dientes afilados, está abocado a cambiar su sistema como medida de supervivencia. No lo digo yo. Lo recuerda el rival. No es casual que el Madrid y el PSG le hayan vacunado. El 4-3-3 actual de atacamos todos y defendemos unos cuantos debería tender a otra cosa. A mí, varios millones y fichajes sin sentido después, la más lógica dadas las características de esta plantilla me parece el 4-2-3-1. Jugar a lo de antes con lo que hay es autoflagelarse.

Luis

Porteros hay. Y hasta parecen buenos. Línea superada.

En defensa abundan los centrales. Y por centrales léanse Bartra, Mathieu, Piqué y Vermaelen. Únicamente falta rotarlos por méritos y no por galones e inculcarles que un defensa primero defiende y luego ataca. Ya está bien de cambiar las prioridades.

En medio campo es donde se aproxima la modificación más dura y necesaria. Con Xavi en clara retirada, el doble pivote que cree, piense, compense, robe, corra y muerda, parece incontestable. Ya no habrá otro como el capitán, por lo que hacer el traje a su medida es no parar jamás de coser e hilvanar. Urge un Mascherano-Busquets fijos en el centro para los días feos. Un Busquets-Rakitic para las tardes soleadas. O un Masche-Xavi para fiestas en casa.

Con los pilares claros, el cuerpo pide una línea de tres por delante (ya serían cuatro y hasta cinco medios para defender) donde Iniesta y Neymar normalmente sean los que partan de fuera hacia adentro con la misión de desbordar y sin el miedo de perderla y dejar vendido al personal. Recuerden, siempre habrá dos pivotes por detrás con la misión de las coberturas. El objetivo primordial sería dar a Messi ese puesto entre líneas por detrás del 9 que hace dudar al enemigo y que le permite jugar a sus anchas, maquillar sus escarceos, subrayar su visión y llegar al área por sorpresa. Con Luis Suárez por fin hay delantero con el que se puede reajustar el plan y centrar desde los costados. El uruguayo tiene movilidad, capacidad defensiva y un rol asimilado: saberse bueno pero no el mejor.

Habrá otras estrategias. Seguro. Y no dudo que existirá más de un soci al que le costará cambiar de hábitos. Lo que parece indudable y obvio tras varias costaladas es que la actual quedó obsoleta. Por físico. Porque ya está vista y bien contrarrestada. Y, sobre todo, por la marcha del entrenador que la perfeccionó. Más que insistir conviene rectificar. Lo bueno es que es noviembre y aún hay tiempo para cambiar y volver a disfrutar. Con perdón de Johan. Sin consultar a Zubi (por favor). Por el bien de Lucho.

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17/10/2014

Por Alfredo Matilla

Zizou-Cosín, el Yugo y las fechas

El último artículo de este blog hablaba de Zidane y de su laberinto. La actualidad más radiante se imponía. Una moda que parece no tener fin. Todo lo que rodea al francés es noticia. En este nuevo artículo es obligatorio volver a tener como referencia al actual entrenador del Castilla. Ustedes perdonen. Pero con una perspectiva distinta. Desde el banquillo de al lado. Desde el vestuario de enfrente. La ocasión, creo, merece la pena.

Hubo una época en la que alguien de mi quinta, paisano, amigo y compañero, idolatraba como muchos otros a Zizou con la misma intensidad con la que a veces le odiaba. Así es el fútbol de especial. En primer lugar lo hacía por amar este deporte y las delicias del ‘10’. Y en segundo por tirarle los colores del Barça y la Selección y por dolerle aquellas numerosas noches en las que Zizou los derritió. El protagonista de esta historia vivió mezclando la sorpresa por ver un regate nuevo de Zidane al Depor (¿lo recuerdan?), o varios de sus controles imposibles, con el dolor de los picotazos al Barça en la Champions del 2002 o a España en el 2000 y el 2006. Si él tuviera que explicar si odia al madridista o le adora, cabrían ambas respuesta en una sola. Y no es para menos. Cuando pensaba que ya no sufriría su talento una vez retirado, va Zidane y levanta la Décima como ayudante de Ancelotti. Ante un Cholo en el que se ve reflejado, en el último minuto y, para colmo, en el mismísimo día de su cumpleaños.

Zizougol

Ángel García Cosín nació el 24 de mayo de 1983 en Alcázar de San Juan y si hoy hablo de él es porque tiene varias cuentas pendientes con Zidane y quiere comenzar a saldarlas desde este mismo domingo. El manchego, con sólo 31 años, dirige al Yugo Socuéllamos (Yugo es un gran vino y el patrocinador) al que el Castilla ha de rendir visita. Estos días se verá su nombre en algunos textos como mero acompañamiento de Zidane. Alguno quizás repare en su apellido cuando publiquen las alineaciones u ojeen las previas del partido en los periódicos. Y con suerte hasta Realmadrid TV pondrá algún plano suyo en la retransmisión matinal. Sin embargo, convendría no hacerle de menos. También será su día. Es el entrenador más joven en activo entre los 122 banquillos profesionales o semi-profesionales de España. En Primera, los más jóvenes, Jagoba Arrasate y Francisco, le superan (tienen 36). Y en Segunda, Julio Velázquez (33), que es el más precoz también es mayor. Sólo en Tercera, donde ya no abunda el dinero y se da más paso a la juventud, hay alguno más precoz. Pero muy pocos.

Zidane debería aprenderse el currículo de su adversario para darle la enhorabuena cuando vaya a estrecharle la mano. Y no porque Ángel tenga los tres grados del curso de entrenadores desde hace años y él no. No empecemos con polémicas. Sino porque su trayectoria, de abajo hacia arriba, es digna de aplaudir. Comenzó con sólo 24 años en Tercera como preparador físico, haciendo uso de su licenciatura en INEF y utilizando su experiencia de portero ágil y valiente. A Murdock, del Equipo A, me recordaba. Tras tres temporadas, con sólo 26, cogió las riendas del equipo durante dos cursos. El primero ascendió a Tercera y el segundo, acabó séptimo. A pocos pasos del playoff. Después se marchó a Socuéllamos, localidad vecina, donde sigue, para intentar superar aquella hombrada. En dos años ha subido a Preferente a Tercera y luego de Tercera a Segunda B. Categoría en la que juega por primera vez en su historia.

Angelgarciacosin

La empresa esta vez, la de la permanencia, no será nada fácil. Y tampoco es una exigencia a priori. Sin embargo, se ha convertido en su obsesión. No le importa que en su actual plantilla siga gente de aquel Preferente (Jacinto es el líder) o que haya en el equipo 15 jugadores que vienen de Tercera. Ni tan siquiera que el presupuesto del Socuéllamos no llegue al medio millón de euros. Tampoco que tenga a algún jugador cobrando 400 euros por ser un modesto y que la media salarial sea de 900. O tener que compaginar este hobbie con su trabajo como coordinador del Instituto Municipal de Deportes de su pueblo. Ni mucho menos tener que competir, como esta vez, con un transatlántico que se ha gastado en fichajes más que la mitad de equipos de Primera. “La ilusión mueve montañas”, repite cientos de veces.

Prefiere mirar al futuro con optimismo. Por eso pasa de jaleos: “Lo de Zidane sin carnet ya ha pasado muchas veces en categorías regionales. Las normas están para cumplirlas y lo que ha pasado perjudica a la institución, pero él no aparece en ningún sitio como el primer entrenador…”. El míster ha elegido disfrutar de la experiencia: “Hace nada jugábamos en Yuncos y el Madrid, mientras, disputaba el Clásico en Segunda. Las vueltas que da la vida. Ahora, el domingo tengo que ganar comos sea y ante quien sea”.

Sin duda, Zidane tendrá trabajo. Menos mal que al menos visitará un territorio amigo tras los últimos palos recibidos. En Socuéllamos hay mucho madridista. Entre otros, el preparador físico del Yugo, José Carlos, que siempre le admiró. Y hasta la peña local más reconocida, “Eterno Capitán”, le dará la bienvenida en nombre de Pepele. Un gran madridista que se nos fue injustamente mucho antes de tiempo. Un gran central que hubiera pagado mucho dinero por estar el domingo en el once de su joven entrenador.

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29/09/2014

Por Alfredo Matilla

Zidane en el laberinto

Llevo tiempo queriendo hablar de Zidane. Tanto como el que llevo esperando a que su Castilla encadene dos alegrías para que los resultados no confundan ni condicionen el mensaje. Como ven, me he rendido. Empiezo a temer seriamente que la reflexión caduque. Tras seis jornadas disputadas, el filial del Madrid, colista en 2ªB, suma cinco derrotas maquilladas por un solo triunfo ante el Trival Valderas. El debut del francés como primer espada en los banquillos se atasca y, la verdad, tiene mala pinta y fea solución. Pese a que quien le eligió para esta aventura tiene gran parte de culpa por querer decidirlo todo, el gran Zizou también tiene la suya por aceptar un precipitado reto que ya va mutando en marrón. Como futbolista hizo todo a su debido tiempo (llegó al Madrid con casi la treintena...) y por eso fue un ídolo y de lo mejor. Ahora, no.

Zizou

Por partes. En su respetable obsesión por dotar a todo lo que toca de glamour, el presidente del Madrid ha tirado a los leones sin querer a su ojito derecho por el hecho de confundir sus deseos, faraónicos, con la realidad. Haber sido un fenómeno de jugador, como lo fue Zidane, no asegura serlo como técnico. Y menos a las primeras de cambio. Las prisas, aunque a veces salió bien, no es lo recomendable. Los ejemplos abundan. Maradona es el más clamoroso en nuestros días tras entrenar incluso a la albiceleste. Bobby Charlton lo fue en blanco y negro, al pegársela con el Preston North End en 1973. O ahí están las experiencias de Romario y Stoitchov. Genios con los pies; torpes con la pizarra. Sin olvidar a Shearer, Voller, Gascoine… Una de las excepciones, como en toda regla, fue Beckenbauer. Centrar el foco en un galáctico por parte del mandamás puede obedecer a muchos planes. Unos entendibles. Otros egoístas. Quizás se deba al de acelerar su puesta a punto en vez de ir poco a poco y hacerla compatible con sus funciones de inteligente asesor. Puede que al de formar al sustituto de Ancelotti por si éste algún día hace lo que no debe. O incluso el de promocionar al Castilla pidiendo foco, dejando en un segundo plano que está en 2ªB mientras que el eterno rival vuela en Segunda. Para muchos, entre los que me incluyo, la estrategia pinta más a capricho que a planificación. Si Florentino pensaba en Zidane como futuro entrenador del Madrid, lo mejor para salvaguardar su porvenir es que no se hubiera saltado tantos pasos. Guti, por ejemplo, que de fútbol sabe un rato, anda en alevines. El problema es que Florentino cree que técnico puede serlo cualquiera. E infravalora su figura. Da igual el proceso de formación. Para él, no hace falta ni el permiso.

Sobre Zidane, nadie duda que su fabulosa experiencia como futbolista es un grado y que en el futuro puede ser lo que él se proponga. Siempre lo hizo y a él nos rendimos. Sin embargo, la realidad es presente y bastante dura: el traje le está viniendo algo grande. Ser entrenador de élite (el Castilla lo es) exige, entre otras cosas, una preparación dura, progresiva y a poder ser de abajo hacia arriba. También tener un don para comunicar dentro y fuera del campo. Y, cómo no, tablas para dirigir hombres, gestionar egos y manejar la presión. En el Madrid, sea cual sea el escalón, siempre la hay. Zidane no era nada de eso antes de optar a un cargo de tanta enjundia. Es un novato al que la precipitación le ha llevado a ser denunciado por no tener ni siquiera el carnet de entrenador y ejercer de prestado. Su mayor virtud jamás fue hacer llegar y compartir sus conocimientos con el resto más allá de hacerlo con los pies. Escasearon sus entrevistas. Y, educado siempre, era común su silencio en el vestuario, en los viajes y sobre el césped. Encima, ha podido darse cuenta que esas tablas no se convalidan por haber sido ayudante de Ancelotti. No es lo mismo estar al frente que a la sombra. Por muy bueno que fueras. La prueba es que Van Basten, enorme estrella, ha dejado el banquillo del AZ por graves problemas de estrés. Y tampoco es lo mismo decidir, convencer, contagiar, castigar y enseñar que dar opiniones y complementar a tu superior; además de arengar y adelgazar a Benzema o incluso servir de guía en la trayectoria de Varane.

Zidane

Zidane tiene en sus manos un equipo de profesionales que se ha gastado en fichajes más que 12 equipos de Primera. Invirtió este verano casi tres millones de euros en nuevos jugadores. Zidane tiene que adaptarse a la categoría y no al revés. Por lo que exigir un despacho individual en algunos campos que visita no hará más que afear la gran figura que siempre fue. Y Zidane, de momento, sólo es como entrenador el que peor números tiene en la historia del Madrid a estas alturas en 2ªB. El problema, fácil (esperemos) de corregir, aparecerá si la mala racha continúa y las vergüenzas asoman. ¿Quién será capaz de despedir al galáctico favorito? ¿Quién es capaz de dimitir en su primera oportunidad? Estaremos atentos, esperando una mejoría mientras, pase lo que pase, recordamos la moraleja: el camino más corto para llegar al primer equipo, el de entrenar al filial, puede convertirse en un laberinto. A Michel ya le pasó. Próxima jornada: viaje al líder Barakaldo. Suerte.

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03/09/2014

Por Alfredo Matilla

Abelardo ya sabe lo que es

Se cerró el mercado de fichajes y, como siempre, la tensión se palpó hasta el último segundo. No fue para menos. En Inglaterra, Falcao firmó con el United casi en el descuento. Y en Valencia, la otra bomba (Negredo), también lo hizo sobre la bocina. De nuevo se repitió la imagen de tantas y tantas temporadas anteriores. Con la gente pegada a la radio (ahora también a twitter) y el fax de la LFP echando humo mientras cientos de clubes hacían los deberes. Como cada año, en pleno mercadeo, hubo varios gremios que vivieron estresados con la compra-venta de jugadores a la desesperada. Los directores deportivos por justificar un cargo bajo sospecha. Los representantes por colocar el género. Los jugadores, pura mercancía a esas horas, por saber si echar ropa el bañador en la maleta o rescatar la ropa de abrigo. Los entrenadores porque sus presidentes no se le jugasen sin avisar como suelen. Y, no me olvido, los periodistas por adelantar alguna de las sorpresas y dar cabida en las crónicas exprés a las innumerables novedades.

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28/08/2014

Por Alfredo Matilla

‘Otto’ Simeone, el gafe de Lucho y la locura de Brasil

Arrancó la Liga y arranca de nuevo este blog. Los entrenadores, origen y destino de estas reflexiones, anécdotas y chascarrillos, siguen dando que hablar y debatir. Bendición. El campeonato en España se nos presenta con 20 exfutbolistas en los banquillos y con la mitad de ellos habiendo jugado alguna vez en la casa que defienden. Una realidad que refleja que la apuesta presidencial estos días se olvida de los experimentos y pone la experiencia y el corazón al mismo nivel del conocimiento. Doce repiten de la temporada pasada pero ocho, nada más y nada menos, entran nuevos en escena. Y lo más relevante, del total, 15 son españoles. Será la nueva confianza en el producto nacional o la falta de 'cash' en la chequera. Vaya usted a saber. Sea como fuere, es un privilegio añorado del que conviene disfrutar. No por desprecio a lo extranjero. No seamos paletos, sectarios ni retrógrados. Sino por generosidad, reconocimiento y gratitud con el potencial que estamos hartos de exportar. Un talento que en Segunda ya es una moda digna de estudio: 20 de los 22 técnicos son de aquí.

Lucho

La primera jornada dio para muchas cosas en el mundo del banquillo. Para ver el duelo (Granada-Depor) entre los dos entrenadores en activo con más partidos: Víctor Fernández (515) contra Caparrós (473). También para aupar a Paco Jémez al pedestal de Vallecas, donde ya es el preparador con más encuentros en Primera (77) por delante de Juande Ramos. Y para asistir, entre otros, al debut optimista y oficial del asturiano Luis Enrique. El técnico que intentará fulminar un curioso gafe culé: a entrenador no catalán en el Barça, resbalón seguro en la Liga. Nogués, Orizaola, César, Sasot, Laureano Ruiz, Luis Aragonés y Serra Ferrer fracasaron antes en su intento de cantar el alirón.

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28/05/2014

Por Alfredo Matilla

Del manteo de Carlo al de Paco en 24 horas

Mi fin de semana tuvo varios nombres propios en el mundo de los banquillos. Todos agolpados en 24 horas frenéticas que demuestran que aquí lo que casi siempre marca el paso son los resultados. Digan lo que digan. Por mucho que se hable de proyectos. Por mucho que los presidentes disimulen. Miren si no dónde está ya el Tata. La diferencia es que unos no lo reconocen y otros parecen haberlo aprendido. Desde las 20:45 horas del sábado a las 20:45 del domingo vi desde cómo se logra una Champions salvadora hasta cómo se abandona la Segunda B milagrosamente, pasando entre medias por cómo se lidia a la crítica más feroz mientras se confecciona una lista para el Mundial. Resumiendo: Desde la redacción de Madrid observé que Ancelotti y Simeone se comportaron en Lisboa como de costumbre, pero donde esperaba cordura y apoyo ante sus decisiones me encontré fluctuaciones en la hinchada. Luego, desde mi asiento de piloto rumbo a Cantabria escuché en la mañana del domingo al Del Bosque habitual recitar su convocatoria y, aunque intuía debate, no me esperaba tantas rajadas. Aquí no se salva nadie. Por mucho que haya hecho. Menos mal que ya por la tarde se confirmó que ese día el mundo giraba, por sorpresa, en una nueva e inesperada dirección. Y no sólo en las urnas. En Eibar, Albacete y Santander, tres plazas que sufrieron lo suyo, más allá de haber encontrado el ansiado ascenso, han dado con tres héroes a los que nadie pone en duda: Gaizka Garitano, Luis César Sampedro y Paco Fernández. Al primero ya le dediqué una merecida oda en este mismo blog (‘Gaizka venga a los Garitano’), con el segundo vibré a cada segundo por la radio tras mi pasado en el club manchego y con el tercero coincidí en vivo en una tarde-noche inolvidable.

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28/04/2014

Por Alfredo Matilla

En memoria de los revolucionarios

Llega el final. Lo decisivo. Es la semana de la Champions. Es el momento para la oda a Simeone por todo lo que ha hecho. Pase lo que pase. Es una buena oportunidad para reflejar la sorpresa de los que cuestionan a Ancelotti y ligan irremediablemente su futuro a la Décima. Son unos días oportunos incluso para hacer cábalas y resúmenes. Pero cuesta mucho avivar un blog como éste, dedicado a entrenadores, sin que estas líneas no sean un cariñoso y peculiar obituario a los recientemente caídos que pasaron por nuestra Liga.

Vilanova

La semana ha sido dura. Ha venido a completar un arranque de año negro en los banquillos. Una desgracia tras otra que ha demostrado que aunque la tristeza por una pérdida parezca más grande cuanto mayor es la cercanía, el dolor deja tocados a muchos de los que casi no les conocimos. 2014 comenzó echando de menos, entre otros, a José María Maguregui. Luego llegó el adiós a Luis Aragonés. Y en 48 horas nos ha tocado despedir a Tito Vilanova y a Vujadin Boskov. De todos se ha escrito ya una buena parte de todo lo que merecían, así que no pretenderé ser más ingenioso que nadie y evitaré ser repetitivo. Simplemente quería recuperar su mejor legado. Guardar para siempre su última imagen en un banquillo. Y no olvidar la rica herencia que nos dejan y en la que, pese a ser diferentes y vivir épocas distintas, hay una base común: la revolución.

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11/04/2014

Por Alfredo Matilla

Francisco, el técnico más joven, le hizo un gol a Iker

Francisco Javier Rodríguez es el entrenador más joven de esta Liga con 35 años. Hasta su portero, Esteban, le supera (38). Y pese a que éste es su primer año en la élite y que se mide al Madrid con su equipo angustiado (penúltimo), hoy esbozará una sonrisa. Sus visitas a la capital siempre vinieron con regalo en su etapa como delantero. Sólo hizo tres goles en Primera, pero dos de ellos los marcó en el Calderón y en el Bernabéu. Fue con el Albacete en la temporada 2004-05.

Al Atlético se lo hizo desde el medio del campo. Y ante los Galácticos superó nada más y nada menos que a Casillas. De rechace y tras una cantada de Walter Samuel que le echó a la grada encima. Qué pitada. Aquella noche, la del 14 de noviembre de 2004, el Alba perdió 6-1, pero Francisco hizo el tanto del empate en el minuto 15 protagonizando una imagen (ver foto) para su vitrina.

  FRANCISC

Francisco, que estaba casi despedido antes de ganar en Mestalla en octubre, sabe que hoy lo tiene en chino. El regalo esta vez sería no perder gladiadores para la decisiva batalla ante el Celta. Si logra salir de ésta podrá decir orgulloso que en las cinco campañas que el moderno UD Almería ha estado en Primera sólo Unai Emery, al que tuvo como entrenador, y él completaron una temporada entera. Arconada, Hugo Sánchez, Lillo, José Luis Oltra y Olabe no lo consiguieron. 

Su presidente, Alfonso García, ya ha avisado para espantar los debates: “Francisco seguirá pase lo que pase”. No hay dinero y eso es clave. Su vestuario le respeta. Y la cantera, con él, se siente aprovechada. Su trabajo en el filial ya fue sensacional y ha hecho debutar en la máxima categoría a jóvenes como Trujillo, Azeez, Aleix Vidal, Jonathan, Hicham y Kiu

Algunos le cuestionan por su juventud pero en Primera ha habido al menos medio centenar de técnicos que dirigieron más jóvenes que él. El que más, Sergio Rodríguez, que en el Hércules lo hizo con 27 años y 202 días en 1955. Y tampoco se le podría arrinconar si al final no logra la salvación. Más con menos no puede hacer. Otro más joven que él en debutar en la élite como Serra Ferrer (30 años y 260 días) participó de inicio en un descenso del Mallorca y luego entrenó hasta al Barça. Como Samitier, que debutó sin suerte en el Atleti (33 años y 323 días) y fue campeón en Can Barça. O Lillo (cuatro de sus equipos bajaron), que aún sigue en activo y rodeado de gran fama.

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10/04/2014

Por Alfredo Matilla

El Tata y la reacción

El crédito de Martino está bajo mínimos a estas horas en Can Barça. Es lógico y ya sabido tras el ciclo arrollador al que acostumbró Guardiola. Y no es que no se le pase una al argentino. Su afición admite, o eso creo, caer en los cuartos de la Champions como tantas y tantas veces pasó antes en un club con 114 años de vida. Pero, lógicamente, no de la forma en la que lo hizo ante el Atlético. Por el coste millonario de la plantilla, por la frustración demostrada por sus jugadores y por un discurso confuso en el que dio a entender que en su plan para el Calderón era mejor que Messi no entrara tanto en juego (¿?). Habrá quien ya ponga al técnico en el sumidero. Sin embargo, su supervivencia pasa única y exclusivamente por la reacción inmediata. Aún tiene dos vidas para dar la vuelta a la tortilla. Empezando por la conquista de Granada este sábado y por la revancha de Mestalla ante el Madrid en la Copa. El problema es que no es nada sencillo levantar la moral de alguien que está acostumbrado a tenerla por las nubes. El Barça, a cada tortazo europeo con el que se encontró en la época moderna (no sólo hablo de una resultadista eliminación), contestó casi siempre de la misma forma: acentuando su depresión en lugar de resucitar debidamente. Los chascos, lamentablemente, nunca suelen venir solos. Por más que su aparato propagandístico intente demostrar lo contrario.

Tatamartino

Puede que para algunos sólo sean estadísticas. Pero hay demasiada coincidencia. El luto en el Barça dura más de la cuenta. Quizás la temporada 1995-96 dejó una huella imborrable. Esa campaña el Barça vivió diez días dramáticos e inolvidables a estas alturas de curso. Fue apeado por el Bayern en semifinales de la UEFA, perdió la Copa del Rey ante el Atlético en La Romareda con aquel gol de Pantic y días más tarde cayó 1-3 ante los colchoneros en el Camp Nou diciendo adiós definitivamente a la Liga. Para colmo, el equipo de basket perdió en la final de la Euroliga ante el Panathinaikos con aquel ilegal tapón a Montero. Desde entonces, cuando Europa le baja del pedestal, el Barça suele encadenar derrotas dolorosas en el campeonato doméstico cuando se esperaba de él una respuesta sanadora. Repetir ahora eso sería tirar otro título.

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