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Mr. Pentland

Mr. Pentland

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento. Aquí tiene su banquillo.

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09/04/2015

Por Alfredo Matilla

Garitano y los 7 debutantes que asaltaron el Bernabéu

El Eibar visita el Bernabéu por primera vez en su historia en Primera y ni siquiera hay debate sobre sus opciones ante el Real Madrid. He tanteado a varios compañeros de trabajo y, pese a reconocer lo bien que juega el equipo de Gaizka Garitano y que el resultado de la primera vuelta (0-4) fue engañoso, se echan a reír al proponer que igual puede arañar algo en Madrid. Lo entiendo, pero hubo algunos debutantes que en Concha Espina ya hicieron daño. Pocos, pero alguno. Hasta siete equipos que se estrenaban allí en la Liga en los 84 campeonatos disputados sacaron algo positivo contra pronóstico. El último en 1994 fue el Compostela. Tres de ellos incluso llegaron a ganar.

La labor de Garitano en estas horas previas al partido (sábado, a las 16:00) será hacer ver a su Eibar que nada es imposible. Recurrirá a las virtudes de su equipo, que tiene muchas, y a los defectos del Madrid, que también los hay. Incluso podrá animar al personal al recordar que Kroos y James serán baja. Y que, además, las mentes madridistas estarán más pendientes del duelo europeo ante el Atlético que de deshacerse de un modesto. Seguro que también les recuerda que él, como jugador de la Real, ya empató (1-1) una vez allí contra el Madrid de los galácticos. Pero igual le faltan hazañas más grandes que contar para reforzar esa teoría. Los casos del Nàstic y del Real Burgos, clubes similares en estructura y potencial al Eibar actual, le servirán. Ellos hicieron historia, porque el Madrid no solía perdonar. Llegó a endosar, por ejemplo, 11-2 al Elche la primera vez que asomó por la capital.

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El primer equipo debutante en ganar en Liga en su paso por el Bernabéu fue el Barça en 1929. Pero eso no tiene tanto mérito. Era debutante simplemente porque esa fue la primera Liga en disputarse, no porque su hábitat natural fueran las categorías más modestas. Esa aparición era ocasional. Vendrían muchísimas más. La demostración es que James Bellamy, técnico top de la época, dejó a aquel equipo culé como subcampeón. Los otros dos ejemplos posteriores sí le valdrán a Garitano. El siguiente fue el Nàstic en 1948. Un equipo bien humilde que asaltó el Bernabéu (fue inaugurado meses antes tras la remodelación del viejo Chamartín) con una victoria sorprendente por 1-3. El equipo catalán era entrenado por un exportero del Barcelona, Pepe Nogués. El mismo que llegó a jugar un Cataluña-España, impensable en estos tiempos. El mismo que luego defendió a la Selección en un Mundial. Y de los pocos en el club blaugrana que pese a ganar la Copa al Athletic, tuvo que dirigir al Barça en una promoción angustiosa contra el Murcia por no descender. Nogués ya no está para contarlo. Pero queda en el recuerdo.

El último entrenador que puede presumir aún de haber ganado al Madrid en su casa con un equipo debutante en la categoría es José Manuel Diaz Novoa. Técnico gijonés (71 años) con más partidos dirigidos en el Sporting (371, 230 de ellos en Primera). Logró la hazaña en el banquillo del Real Burgos, equipo que en 1983 sustituyó tras una refundación al histórico Burgos CF, que por cierto también fue capaz de empatar en el Bernabéu en su primera aparición liguera (1-1) en el 72. Aquel partido se jugó el 31 de marzo de 1991 y Edu, que venía de jugar cedido en el Atlético Marbella, dio la victoria a un equipo burgalés vestido de rojo ante un duro adversario que lideraba la Quinta del Buitre y que lamentó tener ese día a Hugo lesionado, a Hagi con Rumanía y a Jaro maldiciendo por haber perdido la titularidad. “Debacle”, tituló el AS al día siguiente. “El Bernabéu es un hospital, todos salen con puntos de él”, decía la crónica. Novoa aún recuerda aquella gesta en su retiro asturiano jugando al golf y al mus, sus dos hobbies. Y no es para menos. “Es un resultado histórico” dijo aquel día en sala de prensa. Después repitió resultado en el Bernabéu cuando dirigía al Sporting en1996.

Novoa

Sin duda, la victoria de aquel Real Burgos no fue una cualquiera. El Burgos CF había desaparecido por problemas económicos y los directivos aprovecharon que el filial, Burgos Promesas, había subido a categoría nacional para que éste sirviera de simiente. El nuevo club (el de siempre para algunos puristas) fue ascendiendo categoría a categoría hasta que se plantó en Primera en siete años. Su primer partido lo venció al Cádiz en casa, dio la campanada en el Bermabéu tras haber ganado ya al Madrid en Burgos y hasta empató en el Camp Nou. Era el equipo de todos. Como sucede ahora con el Eibar. Acabó décimo. Sus logros fueron y aún son recordados en estos días en los que el equipo ha vuelto a pelear en Regional. Mientras, el Burgos CF que desapareció volvió a resucitar y milita en Segunda B con el sueño de volver pronto a la élite.

Desde aquel día en el que el Real Burgos dio la campanada, sólo el Compostela entrenado por Fernando Castro ha sido capaz de acercarse a una hombrada similar. Logró empatar gracias un gol de Ohen (1-1), como en su día también lo hicieron en su debut el Burgos CF (1-1), Tenerife (0-0) y Racing (2-2). El Eibar y Gaizka Garitano tienen ahora su oportunidad de recoger ese histórico testigo. Y no será fácil, claro. Pero aun así, con las exigencias de la tabla, igual ni se puede permitir dejarla escapar.

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21/03/2015

Por Alfredo Matilla

Mano dura

Trescientos días después de alzar la Champions en Lisboa, Ancelotti enfila el Clásico cuestionado. La mala imagen reciente y los últimos resultados le han marcado. Para señalarle estas semanas, pocos le han echado en cara que perdió la Supercopa ante su próximo rival en Europa, que le superan los derbis o que su equipo se ha desinflado hasta haber dejado escapar el liderato. Datos irrefutables. No les ha hecho falta hablar de fútbol. Para querer hacerle daño, sonrojarle y ponerle al frente del pelotón de fusilamiento, los críticos han tomado otro camino bien distinto. El habitual y trasnochado: han apelado a su “mano blanda”. Como él mismo ironizó, la mano blanda con la que ha ganado tres Champions. Ésa, añado yo, con la que apacigua las crisis como nadie y gracias a la cuál se siente arropado por su vestuario antes de la final del 22-M. Veintidós tíos no pueden estar equivocados.

Éste es el drama actual que da para reflexionar. El pensar que pese a estar ya en el siglo XXI algunos no han evolucionado. Que para salir de las crisis, deportivas o sociales, la mayoría considere que se necesita prioritariamente y sin concesiones la mano dura. Las dictaduras, deportivas o sociales, se generaron así. Pero eso parece ya olvidado.

Como me dijo un buen día un gran amigo, maestro de cronistas, “ser un hijo de puta (perdón pero fue así) está sobrevalorado”. Por encima de la inteligencia, la educación y la capacidad. Revisen sus vidas y comprobarán que se confirma demasiadas veces este proverbio casero. En la escuela, en la calle y en el trabajo. Algo que nunca entendí. Quizás porque, política aparte y centrado en el deporte, un día me marcaron los entrenadores sargentos. Desde entonces, nunca los he tragado. En la cantera en la que aprendí a jugar, un señor recto absorbido por la gestualidad de Emery siempre me hizo desenvolverme al cincuenta por ciento. Jugaba agarrotado. Ya en la base del Albacete, otro técnico huraño y gritón me produjo hasta úlceras por miedo a perder el balón. Siendo un hombre, en la Primera División de juveniles, otro humilde paisano transformado en pitbull con el silbato me aburrió hasta dejar el equipo siendo el que más jugaba. Y ya en Tercera, un exmilitar (de cargo, no de pose) me terminó por mandar a la Universidad. Quizás fue más culpa mía que de ellos, pero con la mano dura nunca he comulgado.

MANODURA

Y creo que al final a todos nos sucede un poco lo mismo. Incluso a los que reclaman de primeras, y desesperados, orden y mando ante el caos y luego comprueban que el remedio es peor que la enfermedad. Al Barça, sin ir más lejos y centrándonos en el Clásico, le ha pasado. Si llega al duelo clave de este domingo con aires renovados es porque ha sabido corregirse. Club y afición. Cuando la temporada pasada cayó desplomado, cómo no, se reclamó mano dura como medida revolucionaria para una plantilla mal acostumbrada. Luis Enrique aterrizó entre aplausos como el sargento de hierro ideal. Todo lo que hacía parecía agua bendita. Su juego más directo era para muchos el mejor invento en la casa del tiqui-taca, se ensalzaba un físico mejorado y comenzó a verse (o inventarse) su mano en cada rincón como si fuera el Mesías. Los resultados acompañaban, claro. Hasta que Lucho comenzó a impartir la justicia por encima de lo deseado (como se le pidió) y casi acaba viendo el resto de la Liga desde casa. En Anoeta sentó a dos patas claves del tridente, el equipo perdió los puntos y las sensaciones, y se desató la tormenta. Al de la mano dura se le pidió mano blanda. Lo de siempre. Ahora, rota lo justo y, por casualidad o por las cosas de imponer la lógica a la autocracia, el Barça vuela cuando antes se arrastraba.

No digo que los sargentos no hayan logrado cosas importantes. Con todos los recursos a su disposición muchas veces han alcanzado lo que buscaban. Faltaba más. Miren Capello. Lo que intento es explicar que duran poco en el rebaño, si es que no acaban con él en su mandato. Insisto con Capello: no duró más de un año en cada una de sus dos etapas. De todos los entrenadores profesionales con los que he tenido trato directo por mi profesión, por citar algunos ejemplos, los de la mano dura han aburrido al personal o la tienen ahora escondida. Habrá excepciones, lo sé. Pero es una ley general. Son complicados de llevar. Aunque ocasionalmente ganasen. López Caro, apodado sargento de hierro, suplió un buen día a Luxemburgo en el Madrid y un amplio sector de la prensa y de la afición se aferró a él porque convenía la rigidez en el vestuario. Fracasó y estos días anda buscando equipo por ahí tras ser destituido en Arabia Saudí porque en España pocos le aguantaban. Juande está sin entrenar y, supongo, que desde que no le he vuelto a ver no habrá hecho muchos más amigos. Y con Mourinho no me extenderé. Fue irse él y llegar la Décima. En Santander, en cuatro años haciendo la mili en el exilio, el que peor parado salió, según lo que yo vi, fue Héctor Cúper. Coronel ya algo desfasado.

Igual por fin las cosas han cambiado. Se gane o se pierda siempre será mejor tener al frente a Del Bosque que a Clemente. Siempre agrada más ver cómo Moyes revierte la situación de la Real con diplomacia mientras Djukic sale por la puerta de atrás del Córdoba tras mil rajadas públicas que no sirvieron de nada. Y siempre reconforta más observar cómo con tacto y sabiduría Blanc mete al PSG en cuartos y Mou, gran técnico superado por su personaje enfadado, cae eliminado. Afortunadamente, parece que estamos ante un tiempo nuevo, al menos en España, y los aspirantes a dictadores, tras gozar de tantas simpatías, van quedando retratados. No hay más que mirar en esta grave crisis nuestro actual tablero político. Mucha alternativa y ningún sargento.

 

 

Archivado en Barcelona , Entrenadores españoles , Entrenadores extranjeros , Primera , Real Madrid

23/01/2015

Por Alfredo Matilla

Jémez, no cambies

El Rayo llega al Calderón y es buen momento para hablar de Paco Jémez. Uno de esos entrenadores que dejan huella. Por lo que dice, por lo que hace y por cómo piensa. Un técnico con buena prensa que, en gran parte, se lo ha ganado en el campo porque no se cansa de hacer milagros. Siempre me llamó la atención. Mucho más que como futbolista. Es diferente. Único. Analizada su etapa en Vallecas, sólo caben los elogios. Sin embargo, repasados sus gestos, sus declaraciones y algunas decisiones, uno no sabe qué pensar. No atino a aventurar si es una temeraria apuesta de futuro o un genio por explotar. Me pasa con más gente. No supe ver venir a Marc Gasol y aposté en su día hasta por Drenthe. Lo cierto es que a Jémez le llevo siguiendo mucho tiempo al detalle y hay una costumbre pocas veces repetida que no me deja de impresionar. El técnico cordobés ha realizado ya ¡43 sustituciones! en los primeros 45 minutos al frente del Rayo. Y en sólo dos temporadas y media. Dada la costumbre de lo anecdótico, creo que es un fenómeno digno de estudiar. Imaginen a uno de los grandes entrenadores en su pellejo y los mil incendios que esas decisiones generarían.

Por un lado, creo que sin pretenderlo, y salvando la docena de ocasiones en las que tuvo que cambiar de piezas obligado por las lesiones, Paco Jémez ha dado a entender con esta precipitación que se ha equivocado demasiado de once. Eso no es bueno. Por otro, admiro tanta valentía. Hay demasiados entrenadores, buenos y peores, que no se atreven a dar el paso hasta el descanso o en el tramo decisivo del partido. Pase lo que pase. Por muy mal que vayan las cosas. El ejemplo más reciente lo protagonizó Simeone en su última visita de Liga en el Camp Nou: el Atleti hacía aguas con un equipo demasiado defensivo ante el Barça, y hasta el descanso no dio el paso. Quizás porque no había que hacer un cambio, sino una revolución que convenía explicar al detalle.

Pero Jémez no siempre fue así. Algo le ha pasado. Lass Bangoura, ahora en el Granada harto de sus collejas y con una cláusula anti-Jémez por si vuelve, podría dar un Máster sobre el caso para explicarlo. No pasa una. En el Córdoba, allá en la temporada 2007-08, sólo hizo un cambio en el intervalo estudiado. Quitó a Javi Moreno ante el Nástic en el 43’. Luego, en dos descansos, a Endika ante el Tenerife y a Pierini contra el Ferrol. Lo normal. En el Cartagena siguió la dinámica en 2ªB. Pese a su carácter, se contuvo. En Las Palmas, donde llegó en 2010, ya afianzó su ritual de los descansos: lo que no funciona, fuera. Y en su regreso a Córdoba siguió su plan de cambios rápidos únicamente por lesiones. Así, sustituyó a Gaspar en el 32’ en un Alcoyano-Córdoba. Poco más. Su modus operandi era el estándar. En el Rayo, por contra, se ha desbocado.

Cambio1

Al principio hacía gracia, la verdad. Por inusual. En la temporada 2012-13 hizo 12 sustituciones en el descanso o antes. Siete por decisión técnica. Ante la Real, el 14 de abril de 2013, ya dio el primer pescozón a Lass y, al final, no se cortó en la sala de prensa: “De haber podido, hubiera hecho siete cambios”. Una frase que recordó a aquel lema de Toshack: “Tras perder un partido cambiaría a los once jugadores. El lunes los veo entrenar, recapacito y ya sólo cambiaría a siete. El viernes, a cuatro. Y el día del partido vuelvo a poner a los mismos once cabrones”. En la siguiente temporada, la pasada, Jémez hizo diez cambios en el intermedio y sustituyó a cuatro jugadores con apenas un rato jugado: Bueno, Nacho, Rochina y Arbilla. A este último se le vio incluso llorar frente al Barça. Y esta campaña ya ha tenido que hacer nueve relevos. El último la pasada jornada en Anoeta. El peor, el de Insua: lo quitó a los 28 minutos.

Algún día le preguntaré de dónde viene esa reacción. O, de broma, si es que se trata de una promesa. Quizás lo que él hace es lo mismo que haría un aficionado desde casa. Pero de un entrenador se espera más paciencia, más temple y más miedo. De hecho hace bien poco hemos visto un Feyenoord-Sevilla en la Europa League en el que el equipo holandés no hizo cambios o un Juve-Atlético en Champions en el que Simeone repitió este plan. Con Jémez o con estos casos aislados, se demuestra que el fútbol ha cambiado más de lo que pensamos. Hace medio siglo todo esto era impensable.

 La primera vez que un entrenador se atrevió a hacer un cambio fue en 1953, en la fase de calificación para el Mundial de Suiza. Fue en Alemania y el sustituido se apellidaba Eckel. Hasta entonces, los partidos seguían con los jugadores restantes en caso de lesión. Aunque fuera el portero el jugador dañado. Se parecía a una guerra. Soldado caído; soldado añorado. En Inglaterra se implantó la moda 12 años después. un cambio por equipo si era por lesión. Desde la temporada 1967-68, se permitieron las sustituciones por cuestiones técnicas. Y eso ya era todo un avance.

En España, mientras, en los años 60 se permitían los cambios exclusivamente en la portería por lesión. Fue en 1969 cuando ya se dejaba sustituir a cualquier jugador por otro lesionado. Nunca por razones tácticas. Hasta que la FIFA creó las reglas de sustitución en el Mundial de 1970 con dos cambios y España acabó por acatar la evolución. Ya en 1994 la FIFA permitió una tercera sustitución, pero este nuevo cambio se reservó sólo al portero. Un año después las tres sustituciones se podían realizar sin distinguir a jugadores de campo o porteros. Y así hasta nuestros días, en los que hemos visto casos curiosos como equipos que querían hacer un cuarto cambio sin poder (Aguirre ante el Málaga en 2009), otros que pretendían juntar a más extranjeros en el campo de los permitidos (Valdano lo hizo con el Valencia y el Madrid) u otros más que metían a un hombre sin quitar a nadie (el Betis lo hizo ante el Racing en Segunda en 1991 durante tres minutos y se vio también en el Preolímpico en 2004 entre Paraguay y Chile).

El técnico del Rayo está implantando una moda. Por ello, tanto sus jugadores como los que le seguimos coincidimos en un deseo: “Jémez, no cambies”.

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09/01/2015

Por Alfredo Matilla

Luis Enrique: un pecado por posición

Es imposible hablar esta semana de entrenadores sin mirar a Can Barça. Zubizarreta ha salido del club por la puerta de atrás y Bartomeu, como último recurso para traspasar la presión de la grada al pasto, ha adelantado las elecciones a junio de 2015. Pero esta tormenta azulgrana concretamente se ha originado en el campo. En el banquillo de Anoeta para ser más exactos. Luis Enrique priorizó las vacaciones de Navidad por encima de los intereses del equipo y en su intento por querer impartir la justicia que él burló se ha enredado más. Porque ya lo estaba. Se ha excedido en su afán de ser ejemplar sin que nadie se lo exigiera porque, seguramente, ningun jugador del Barça se hubiera molestado si Messi y Neymar hubieran jugado ante la Real. Obviando sus relaciones personales, sus formas, sus declaraciones, sus planes y decisiones (hay de todo), lo más grave es que no ha aportado mucho y, por eso, ya pierde todos los debates. El aficionado no es tonto. Más bien ha estropeado lo poco que funcionaba. No se le pedía que inventara algo nuevo e histórico como hizo Guardiola, por lo difícil que es, pero al menos que ejecutara mil evidencias compartidas por una mayoría para volver a la cordura. Ha fallado a muchos creyentes.

Luis Enrique llegó con carta blanca y cinco meses después ha perdido crédito él solito. Deportivamente el equipo está vivo en todos los frentes. Faltaría más. Aunque su sello sólo se ve en las sombras. De ahí que entre él y Messi, la gente apoye bastante más al argentino. Es de los pocos que trajo, trae y traerá las luces. Tácticamente ‘Lucho’ ha aportado lo justo. Sigue habiendo líos como antaño. No se mantiene el hambre tras varios amagos. Los resultados son peores (no se perdían tres partidos en Liga a estas alturas desde antes de Pep). Se juega peor. No hay respuesta en los partidos grandes. El Bernabéu y Anoeta desvelaron ideas extrañas y cambios de rumbo. De los fichajes, mejor ni hablar. Jamás ha repetido un once. Y en vez de hacer una limpia piensa en impensables renovaciones. Demasiados resbalones por el camino para el supuesto hombre de hierro. Futbolísticamente, que es lo que aquí cuenta, ha cometido un error por posición y eso, más allá de que gane algún título (muy probable), le resta credibilidad, le deja en una posición de debilidad y oscurece su futuro.

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Portería: Zubizarreta se pegó por Ter Stegen y Luis Enrique, nada más llegar, apostó por Claudio Bravo. Para intentar llevar razón sin molestar a nadie, repartió las competiciones entre ambos. La larga para el suyo y la de incógnitas para el otro. Lo peor para la confianza de un portero. Y para colmo, en Huesca apostó por Masip en la Copa para descontento del alemán, al que le restaron uno de los pocos partidos de los que gozará. En fin, tres porteros, ningún titular y todos descontentos.

 Lateral derecho: Ahí se ha llevado la palma. Tiene tres alternativas y con todas ha patinado. Fichó a Douglas para reavivar la competencia en un carril desfondado, y los datos cantan: 207 minutos. Con Alves, hasta el club ha reconocido que estuvo a punto de abrirle la puerta; y tras quedarse, con las carencias que da la edad, ahora piensa en renovarle aferrado a la sanción del TAS y despreciando a la base. Lo de Montoya merece un capítulo aparte. Quería echarlo en enero y ha pasado a fijo por las lesiones.

Central: Convendría en primer lugar saber la definición exacta de Luis Enrique para este puesto. Mascherano (mediocentro) y Mathieu (lateral) son los que más han jugado en el centro de la defensa. A Piqué no le da más que pellizcos. Fue suplente, entre otros días, en París y en el Ámsterdam Arena. Lo de Bartra, más bien son desprecios. Y a Vermaelen, fichaje estrella para la zaga, aún no se le ha visto por una lesión.

Lateral izquierdo: Tampoco ha acertado. Y aparecía fácil. A Jordi Alba, fijo, le mató en el Bernabéu dejándolo fuera del once una hora antes de empezar. Sin avisarle ni explicárselo. En Adriano ha confiado cuatro ratos (558’). Y a Mathieu no lo ha puesto nunca ahí salvo el día menos indicado, contra el Real Madrid.

Mediocentro: Más cosas raras. Con Mascherano en forma ponía a Busquets de pivote y mandaba atrás, a la guerra, al argentino. Y cuando Busi se ha entonado le ha ido dando descanso cada vez que puede. Llegó a utilizar a los dos juntos tras el escarmiento ante el PSG y el Madrid. Y a Samper le ha dado cuatro oportunidades y, aunque brilló, no lo ve como una opción real. Algunos, lógico, siguen mirando a Touré Yayá ya Cesc en la Premier y se tiran de los pelos.

Interior: Xavi se iba por una cuestión de desgaste demostrada el curso pasado y, sin embargo, ha sido de los que más ha jugado (1.094’). Sobre todo en los partidos importantes como en el Bernabéu o Mestalla. A Rakitic, la gran contratación para renovar esa parcela, le ha sentado siempre que el rival ha tenido más entidad que la media (Bernabéu, PSG en casa y Valencia). El croata está desconocido y sin confianza, Fue un poema ante el Elche. Además, ha sido el técnico que menos rendimiento le ha sacado a Iniesta (ni goles ni asistencias en Liga y estamos en enero). Lo último que se supo de Sergi Roberto tras jugar ante el Elche es que acabó de extremo en el Bernabéu. Y con Rafinha, pese a insistir en su talento, no le ha salido casi nunca bien la jugada.

Delanteros: Sin hablar de relaciones personales, sus dos grandes estrategias ofensivas saltaron por los aires. Puso a Luis Suárez, Messi y Neymar juntos por primera vez en Chamartín y salió escaldado con un equipo partido en dos. La otra, en Anoeta, dejando a Messi y Neymar juntos en el banquillo tras el descarrilamiento del Madrid horas antes, fue aún peor. Ay las Navidades… Pedro ha pasado de jugar lo justo sin merecerlo a la reiterativa titularidad, también sin merecerlo. A Munir lo quitó cuando mejor estaba (fue a la Selección) y ahora insiste en él cuando menos aporta. Sandro desapareció cuando lo único que hizo es marcar cuatro goles en 273 minutos…

Luis Enrique habrá hecho cosas bien. No lo niego. Pero no se ha mantenido en el tiempo. Tampoco tiene culpa de todo. No exageremos. Pero sí de bastantes e importantes cosas deportivas. La situación no es dramática, por más que algunos quieran que esto estalle para empezar de cero. Pero hay otro pero: el Barça, aun sin ganar siempre, antes trasmitía cosas y ahora no. Y eso no se perdona.

Lo que más duele quizás es el tiempo perdido. El Barça tocó fondo con Tito hace dos temporadas en Múnich con este once: Valdés; Alves, Bartra, Piqué, Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Alexis, Messi y Pedro. Y repitió el caos ante el Atlético en la Champions la pasada campaña con Pinto; Alves, Bartra, Macherano, Alba; Busquets, Xavi, Cesc; Iniesta, Messi y Neymar. Tras las revolución anunciada por los achaques, la falta de títulos y los complejos con Madrid y Atlético, Luis Enrique cayó con este once en el Bernabéu en octubre: Bravo; Alves, Mascherano, Piqué, Mathieu; Busquets, Xavi, Iniesta; Luis Suárez, Messi y Neymar. Moraleja: mucho ruido y ocho cromos repetidos.

Ahora queda por delante un año sin fichar. Y eso no es lo peor para Luis Enrique. La FIFA, pese a la sanción, sí deja al Barcelona comprarse otro entrenador.

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04/12/2014

Por Alfredo Matilla

De los motivos de Ancelotti al ‘fichaje’ de Neymar por Lopetegui

Este blog, Mr. Pentland, cumple hoy dos años de vida en AS.com. Y qué quieren que les diga: me hace ilusión celebrarlo. Porque no es sencillo nutrir (cuando mis obligaciones me lo permiten) un rincón así con historias interesantes, anécdotas poco conocidas y reflexiones de actualidad y sin bufanda acerca de los entrenadores. Y sobre todo, porque no es fácil que cada vez tenga mejor aceptación, con la sobre información que nos rodea. Por eso, quiero dar las gracias a los que han pasado por aquí alguna vez, a los que han decidido quedarse e, incluso, a los que me llaman tantas veces y con guasa Mr. Pentland en vez de Alfredo o Matilla. Ya son casi 600.000 páginas vistas tras las 57 entradas elaboradas, con una media de 10.000 páginas vistas por artículo y con picos de hasta más de 30.000. El crecimiento, sin duda, exige y motiva.

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Varios de ustedes recordarán alguno de los artículos con los que se hayan topado por interés o casualidad. Otros habrán ojeado hasta varios. Más de uno sé que sigue el blog desde que nació (leo todos los comentarios) a modo de introducción el 4 de diciembre de 2012 (“Fred, los invisibles y el ausente”), o con la entrañable primera historia (“Caparrós recuerda a John Nash”) una semana después. Pero sé que todavía existen miles de lectores de esta web que por diversos motivos no han visitado aún este blog. Que muchos puedan enfrentarse hoy por primera vez a él (bienvenidos). Y, lo sé, que varios más, muy críticos, entraron un día para no volver jamás. Para unos, los fieles; para otros, los recién llegados; y para el resto, los espantados; he ideado este cumpleaños en el que poder tener acceso a los cinco artículos más leídos en estos 24 meses para ser consumidos, eso sí, con la perspectiva del tiempo que ha pasado. También he elegido otros cinco artículos más a los que guardo especial cariño por sus protagonistas. El objetivo general es recordar así los buenos ratos con los más asiduos, atrapar a los que están aterrizando y recuperar a los que se han marchado. El fútbol nos une. Y los entrenadores nos mueven.

 

Los cinco artículos más leídos

Míchel y sus pretendientes

"(...) La relación acababa de echar a andar y no pensaba fastidiarla tan pronto. Entonces decidió escribir un breve ‘TQ’ que equivalía a un sentido ‘Te Quiero’. Ya saben. (...)".

Lopetegui ‘fichó’ a Neymar

"(...) Julen era de los buenos: de los que se anticipan a los hechos y animan a un club a comprar un proyecto de futbolista antes de que su coste fuera el de una joya. El Madrid lo tuvo. Y el Madrid se lo pierde. Una decisión que hoy tiene un gran precio (...)".

A Ancelotti le sobran los motivos

"(...) Quizás, su probable llegada también haya sido crucial para recobrar el optimismo y avivar los mejores recuerdos de la Champions. Falta hace. Zidane, el héroe de la Novena, se ha animado por fin a aportar sus conocimientos como manager (...)".

Traicionar a Cruyff

"(...) Urge un Mascherano-Busquets fijos en el centro para los días feos. Un Busquets-Rakitic para las tardes soleadas. O un Masche-Xavi para fiestas en casa (...)".

Zidane en el laberinto

"(...) Estaremos atentos, esperando una mejoría mientras, pase lo que pase, recordamos la moraleja: el camino más corto para llegar al primer equipo, el de entrenar al filial, puede convertirse en un laberinto. A Michel ya le pasó (...)".

 

Otros cinco recomendados

Florentino, el adiós de Toril y el recuerdo de Juanjo

Valverde y los hijos de Cruyff

Di Stéfano y el ‘caso Galárraga’

Bernabéu de León

“Hormigas en el culo”

 

Los temas relacionados con Real Madrid y Barça han sido los más demandados por el lector. Lógico. Sin embargo, en este blog siempre se ha intentado (y se intentará) dar cabida a todas las categorías, ligas y países, además de dar la misma importancia a los técnicos contrastados que a los desconocidos. En la descripción de este blog ya se avisaba. Ejemplos:

 

Selección: ‘Del Bosque y muchos más’

Categorías inferiores: ‘Ginés Meléndez, el mejor copiloto para Benzema’

Primera: ‘Gaizka venga a los Garitano’, ‘Yosu y Roura honran al chándal’ o ‘Moyes y el dilema con los extranjeros’

Segunda: ‘Abelardo ya sabe lo que es’

Segunda B: ‘Zidane-Cosín: el Yugo y las fechas’

Internacional: ‘Otro Gil con 52 parejas de hecho’ o ‘Borghi y las fobias’

Españoles por el mundo: ‘Juan Carlos Garrido (J.C.G.): un Mourinho a la española’

 

Se esperan muchos más. Artículos y nuevos amigos.

 

 

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21/11/2014

Por Alfredo Matilla

Moyes y el dilema con los extranjeros

En sus ciento quince años de vida, la Real Sociedad siempre dio prioridad al producto nacional sobre el extranjero. Al vasco sobre el español. Y al guipuzcoano sobre el de Álava o Vizcaya. Lo hizo por fe, respeto y orgullo. Hasta que las necesidades le hicieron modificar su filosofía para readaptarse a las nuevas exigencias. Le pasó con los futbolistas y le sucedió también con los entrenadores. El aperturismo a la hora de fichar le dio muchas y buenas noticias, que conste, como también las había tenido antes. Pero a pesar de que así niveló su potencial competitivo con el resto, el corazón siempre pudo (y puede) más que los resultados. Por eso, más allá de los títulos logrados, nadie olvida que las dos ligas consecutivas de 1981 y 1982, techo en la historia de la entidad, se ganaron con Alberto Ormaetxea en el banquillo. Un paisano de Eibar. Por eso, pese a ser capaz de jugar la Champions ante grandes potencias y llegar a semifinales en Europa, se repite como el eco una realidad: que el equipo es el sexto que más internacionales ha aportado a la Selección. 43 más otros ocho que no debutaron. 

La Real, como todos, dio la bienvenida a los futbolistas foráneos cuando los ingleses exportaron el invento y eran vistos como profesores. Harry Lowe, que hizo de todo en el club, fue el mejor ejemplo. En la era moderna también lo repitió cuando el derecho de retención del que se valía se abolió (1986) y el vecino y los poderosos empezaron a pagar las cláusulas de rescisión de sus mejores hombres para debilitarle de manera hiriente. Tras competir sólo con españoles desde 1962 por deseo de un exalcalde metido a presidente (Antxon Vega de Seoane), en 1989 volvió a abrir sus fronteras con la llegada de John Aldridge empezado ya el campeonato porque el Athletic había pagado por Loren 300 millones de pesetas. Emprendió un nuevo camino con Alkiza de presidente y entre una gran división social pero, pese a los críticos, la jugada le salió bien. Qué maravilla de delantero. De ahí la continuidad a esta política en los fichajes en la que casi siempre se ha intentado respetar una máxima: el grueso es de la casa y el mercado, muy útil, sólo debe aportar los retoques.

Con los entrenadores fue algo diferente. La Real, pese a que nunca dio la espalda a los nuevos tiempos, siempre pensó antes en lo propio que en lo ajeno. Así logró hacer historia. Con Moyes sólo son nueve entrenadores extranjeros de 43. Y de los 34 restantes, 32 han sido vascos. La prueba es que cada vez que puede -y se agota la etapa del de fuera- acaba volviendo sobre sus pasos para tirar de los ‘suyos’. Si pudiera, da la sensación de que permanecería en esta idea para siempre. Los resultados, a menudo impostores, son los únicos que le han quitado la razón. Desde que logró sus mejores éxitos en los años ochenta, tras Toshack llegó Boronat. Tras Krauss, Clemente. Después de Denoueix, Amorrortu. Una vez fuera Coleman llegó Eizmendi. Y como sucesor de Montanier, Arrasate. Sin embargo, sólo lo importado le funciona. En los últimos 30 años ningún preparador de la casa ha triunfado. Pese a la insistencia. Un honor que sólo ha quedado para los elegidos Toshack (Gales), Denoueix (Francia), Lasarte (Uruguay) y Montanier (Francia). El resto, hasta 14 entrenadores, no consiguieron salir por la puerta grande. Muchos de ellos más bien lo hicieron por la de atrás. El último, Arrasate. De ahí que ahora el club haya decidido ponerse en manos de un sabio escocés. 

Moyes

En todo este tiempo de gafe en las tres últimas décadas, la Real ha aportado diez futbolistas a la Selección. El más reciente, Íñigo Martínez. Un dato que demuestra que ha logrado mantener el nivel de su base pese a la convivencia de la cantera y la cartera. Con los entrenadores autóctonos no ha tenido esa suerte. Desde Ormaetxea, sólo Boronat (fue su segundo) logró meter al equipo en Europa sin mucho brillo, Irureta dio guerra con un equipo muy justito y Olabe salvó una difícil papeleta. Poco más. Expósito propició el regreso de Toshack, Iriarte aportó dudas, Clemente cayó en picado, Periko Alonso no cuajó, Arcornada y Bakero fueron vistos y no vistos, Lotina fue un fracaso, Eizmendi y Lillo más de lo mismo, y a Arrasate se le atragantó Europa y acabó siendo fulminado este mismo mes. 

Antes, la Real era referencia en los banquillos tirando de españoles. Puede presumir de que, además de Clemente, que llegó ya de vuelta, ha tenido a varios seleccionadores. El primero, José Ángel Berraondo en los años 20. Luego, Benito Díaz en el Mundial de Brasil de 1950 formando tándem con Eizaguirre. Después, Salvador Artigas (catalán), formando triunvirato con Miguel Muñoz y Luis Molowny en el 69. Y hasta tuvo a Barrios trabajando en la Selección B. Esa tendencia, lamentablemente, ha ido desapareciendo. Los números han desvirtuado la valentía de varias directivas. 

Ahora, por tanto, toca otro cambio de rumbo. Pero la fe donostiarra sigue intacta. Esta vez gracias a Asier Santana (Idiazabal, 1979). El técnico de la casa que suplió a Jagoba Arrasate como entrenador interino en la última jornada de Liga y que ganó al Atlético en su debut en Primera. La confianza del club en él es tal que estos días Asier, mientras compatibiliza sus labores en el filial, aconseja a Moyes, recién aterrizado, horas antes de su estreno en Riazor. Y lo hace con una ilusión desbordada. No es tonto. Ni imprudente. Analizando la historia más reciente de su bendito club, sabe que se avecinan buenos tiempos en San Sebastián. Por un lado, porque con el escocés se retoma la exitosa y moderna tradición de confiar en los extranjeros (ocho técnicos británicos ganaron la Liga). Y por otra, porque aún se ve con papeletas de poder cumplir un día su sueño. La Real, ya es dogma, volverá a mirar pronto hacia casa. Por fe, respeto y orgullo.

 

 

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03/11/2014

Por Alfredo Matilla

Traicionar a Cruyff

El Real Madrid se recicló a tiempo y la jugada le ha salido fenomenal. Pasó del 4-3-3 que le autodestruía, por dar cabida a todos sus fichajes, al 4-4-2 que ahora le compensa y le hace volar. No es nuevo. Ya lo hizo otras veces antes, como cuando ganó una Champions con tres centrales y la última Copa con Isco remangado. Tiene más hambre que soberbia. Por eso no le cuesta corregirse y adaptarse a las circunstancias tirando de humildad. El Barça, justo enfrente, sabe que tiene una tarea evidente por abordar y cada minuto que pierde en reinventarse está dando ventaja a su rival. Desde hace ya dos temporadas el equipo da síntomas de agotamiento con un estilo radical que impuso Cruyff en 1988 y que nadie se ha atrevido a cuestionar o variar. Por cabezonería, valors y quizás por miedo al qué dirán. En el último Clásico se confirmaron las sospechas. Mejor perder tozudamente que cambiar la manera de jugar. Como si atacar estuviera reñido con defender y aprender a sumar con la estrategia. Una terquedad que ante el Celta se acabó por consumar. Algo ha muerto y de momento no volverá. Ahora toca insistir o rectificar. Y ésa es la verdadera tarea por la que se evaluará a Luis Enrique y en la que está empezando a fracasar.

Jugar con un gran ataque que no merece esa defensa ya deja de tener sentido y gracia. El barcelonismo soñaba con que el técnico acabaría con el circo que impide luchar por todos los títulos. Este Barça no puede conceder contragolpes ni córners. Para este plantel, armar la contra es pecado y cambiar de ritmo o ser directo está tan mal visto como atracar. Los hechos delatan al Barça. Y sus declaraciones sonrojan (Xavi: “El Madrid vive de la contra...”). Ya sólo sabe jugar un único tipo de partido. Y, claro, antes le era sencillo. Siempre era él quien mandaba y proponía. Lo malo aparece en la actualidad, con tantos ratos trotando a merced. La diferencia del gran Barça y el actual es que antes, en los años gloriosos de Guardiola, la posesión era una constante amenaza para el adversario contra sus descuidos. Si no cierras o achicas, te mato. Y ahora, muy al contrario, su combinación es un timorato y lento tuya-mía con el objetivo prioritario de no perderla y armar el galope del adversario. En Can Barça ni siquiera la posesión ya da la razón a su filosofía. No hablemos de los resultados.

Lucho

Cambiar cuesta. Pero si algo no funciona, se antoja necesario intentarlo. Cuando Cruyff llegó al Camp Nou y acabó con el juego más directo que había inculcado Venables o con las contras que tan bien articulaba Luis Aragonés, no se metió a la gente en el bolsillo de primeras. Ganó pronto una Recopa y una Copa porque el Barça siempre fue un grande. Pero otra cosa fue el estilo. Sudó de lo lindo. De hecho, en sus dos primeros años vio cómo el Madrid ganaba la Liga y había tantos elogios a la propuesta como dudas a su eficacia. Tuvo hasta 15 pinchazos en su primera Liga (derrota en casa ante Osasuna incluida). Pero eligió esa propuesta con valentía como vía más rápida para acabar con la hegemonía de la Quinta. Y lo consiguió. Había un plan, la plantilla creía en la idea (ahora casi todos son técnicos por él) y se fichaba en función de su pizarra. Ahora, de nuevo el Barça no sabe a qué juega. Luis Enrique sólo ha hecho amagos de cambiar sin romper del todo con lo que no le gustaba. Y el resultado es un insulso pastiche. Varias decepciones después, Alves sigue sin recambio, Mascherano juega de central los partidos grandes y en el Bernabéu Sergi Roberto y Rakitic acabaron pegados a la banda. El Barça necesita otra fórmula. O ésta perfeccionada. Sin tener por qué renunciar al gusto y al gol, sus principales motivaciones en la vida. Si en las crisis los equipos tienden a reforzar su defensa (priman las de cinco), el Barça pide a gritos hacerlo con su medular, que es donde le brotan las ideas en ataque y donde emanan las ganas de robar.

¿Qué como se hace eso? Empleando la lógica. Si ya no dominas, protégete. Los técnicos, que son los que entienden, sabrán hacerlo. Y me da que algo tienen ya en mente. Los problemas crecen. Simplemente falta el atrevimiento que a Ancelotti le ha sobrado. El Barça, sobre todo ahora que el gran rival es menos frágil y más compacto, que el Atlético dejó de ser una sorpresa y que en Europa hay demasiados dientes afilados, está abocado a cambiar su sistema como medida de supervivencia. No lo digo yo. Lo recuerda el rival. No es casual que el Madrid y el PSG le hayan vacunado. El 4-3-3 actual de atacamos todos y defendemos unos cuantos debería tender a otra cosa. A mí, varios millones y fichajes sin sentido después, la más lógica dadas las características de esta plantilla me parece el 4-2-3-1. Jugar a lo de antes con lo que hay es autoflagelarse.

Luis

Porteros hay. Y hasta parecen buenos. Línea superada.

En defensa abundan los centrales. Y por centrales léanse Bartra, Mathieu, Piqué y Vermaelen. Únicamente falta rotarlos por méritos y no por galones e inculcarles que un defensa primero defiende y luego ataca. Ya está bien de cambiar las prioridades.

En medio campo es donde se aproxima la modificación más dura y necesaria. Con Xavi en clara retirada, el doble pivote que cree, piense, compense, robe, corra y muerda, parece incontestable. Ya no habrá otro como el capitán, por lo que hacer el traje a su medida es no parar jamás de coser e hilvanar. Urge un Mascherano-Busquets fijos en el centro para los días feos. Un Busquets-Rakitic para las tardes soleadas. O un Masche-Xavi para fiestas en casa.

Con los pilares claros, el cuerpo pide una línea de tres por delante (ya serían cuatro y hasta cinco medios para defender) donde Iniesta y Neymar normalmente sean los que partan de fuera hacia adentro con la misión de desbordar y sin el miedo de perderla y dejar vendido al personal. Recuerden, siempre habrá dos pivotes por detrás con la misión de las coberturas. El objetivo primordial sería dar a Messi ese puesto entre líneas por detrás del 9 que hace dudar al enemigo y que le permite jugar a sus anchas, maquillar sus escarceos, subrayar su visión y llegar al área por sorpresa. Con Luis Suárez por fin hay delantero con el que se puede reajustar el plan y centrar desde los costados. El uruguayo tiene movilidad, capacidad defensiva y un rol asimilado: saberse bueno pero no el mejor.

Habrá otras estrategias. Seguro. Y no dudo que existirá más de un soci al que le costará cambiar de hábitos. Lo que parece indudable y obvio tras varias costaladas es que la actual quedó obsoleta. Por físico. Porque ya está vista y bien contrarrestada. Y, sobre todo, por la marcha del entrenador que la perfeccionó. Más que insistir conviene rectificar. Lo bueno es que es noviembre y aún hay tiempo para cambiar y volver a disfrutar. Con perdón de Johan. Sin consultar a Zubi (por favor). Por el bien de Lucho.

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17/10/2014

Por Alfredo Matilla

Zizou-Cosín, el Yugo y las fechas

El último artículo de este blog hablaba de Zidane y de su laberinto. La actualidad más radiante se imponía. Una moda que parece no tener fin. Todo lo que rodea al francés es noticia. En este nuevo artículo es obligatorio volver a tener como referencia al actual entrenador del Castilla. Ustedes perdonen. Pero con una perspectiva distinta. Desde el banquillo de al lado. Desde el vestuario de enfrente. La ocasión, creo, merece la pena.

Hubo una época en la que alguien de mi quinta, paisano, amigo y compañero, idolatraba como muchos otros a Zizou con la misma intensidad con la que a veces le odiaba. Así es el fútbol de especial. En primer lugar lo hacía por amar este deporte y las delicias del ‘10’. Y en segundo por tirarle los colores del Barça y la Selección y por dolerle aquellas numerosas noches en las que Zizou los derritió. El protagonista de esta historia vivió mezclando la sorpresa por ver un regate nuevo de Zidane al Depor (¿lo recuerdan?), o varios de sus controles imposibles, con el dolor de los picotazos al Barça en la Champions del 2002 o a España en el 2000 y el 2006. Si él tuviera que explicar si odia al madridista o le adora, cabrían ambas respuesta en una sola. Y no es para menos. Cuando pensaba que ya no sufriría su talento una vez retirado, va Zidane y levanta la Décima como ayudante de Ancelotti. Ante un Cholo en el que se ve reflejado, en el último minuto y, para colmo, en el mismísimo día de su cumpleaños.

Zizougol

Ángel García Cosín nació el 24 de mayo de 1983 en Alcázar de San Juan y si hoy hablo de él es porque tiene varias cuentas pendientes con Zidane y quiere comenzar a saldarlas desde este mismo domingo. El manchego, con sólo 31 años, dirige al Yugo Socuéllamos (Yugo es un gran vino y el patrocinador) al que el Castilla ha de rendir visita. Estos días se verá su nombre en algunos textos como mero acompañamiento de Zidane. Alguno quizás repare en su apellido cuando publiquen las alineaciones u ojeen las previas del partido en los periódicos. Y con suerte hasta Realmadrid TV pondrá algún plano suyo en la retransmisión matinal. Sin embargo, convendría no hacerle de menos. También será su día. Es el entrenador más joven en activo entre los 122 banquillos profesionales o semi-profesionales de España. En Primera, los más jóvenes, Jagoba Arrasate y Francisco, le superan (tienen 36). Y en Segunda, Julio Velázquez (33), que es el más precoz también es mayor. Sólo en Tercera, donde ya no abunda el dinero y se da más paso a la juventud, hay alguno más precoz. Pero muy pocos.

Zidane debería aprenderse el currículo de su adversario para darle la enhorabuena cuando vaya a estrecharle la mano. Y no porque Ángel tenga los tres grados del curso de entrenadores desde hace años y él no. No empecemos con polémicas. Sino porque su trayectoria, de abajo hacia arriba, es digna de aplaudir. Comenzó con sólo 24 años en Tercera como preparador físico, haciendo uso de su licenciatura en INEF y utilizando su experiencia de portero ágil y valiente. A Murdock, del Equipo A, me recordaba. Tras tres temporadas, con sólo 26, cogió las riendas del equipo durante dos cursos. El primero ascendió a Tercera y el segundo, acabó séptimo. A pocos pasos del playoff. Después se marchó a Socuéllamos, localidad vecina, donde sigue, para intentar superar aquella hombrada. En dos años ha subido a Preferente a Tercera y luego de Tercera a Segunda B. Categoría en la que juega por primera vez en su historia.

Angelgarciacosin

La empresa esta vez, la de la permanencia, no será nada fácil. Y tampoco es una exigencia a priori. Sin embargo, se ha convertido en su obsesión. No le importa que en su actual plantilla siga gente de aquel Preferente (Jacinto es el líder) o que haya en el equipo 15 jugadores que vienen de Tercera. Ni tan siquiera que el presupuesto del Socuéllamos no llegue al medio millón de euros. Tampoco que tenga a algún jugador cobrando 400 euros por ser un modesto y que la media salarial sea de 900. O tener que compaginar este hobbie con su trabajo como coordinador del Instituto Municipal de Deportes de su pueblo. Ni mucho menos tener que competir, como esta vez, con un transatlántico que se ha gastado en fichajes más que la mitad de equipos de Primera. “La ilusión mueve montañas”, repite cientos de veces.

Prefiere mirar al futuro con optimismo. Por eso pasa de jaleos: “Lo de Zidane sin carnet ya ha pasado muchas veces en categorías regionales. Las normas están para cumplirlas y lo que ha pasado perjudica a la institución, pero él no aparece en ningún sitio como el primer entrenador…”. El míster ha elegido disfrutar de la experiencia: “Hace nada jugábamos en Yuncos y el Madrid, mientras, disputaba el Clásico en Segunda. Las vueltas que da la vida. Ahora, el domingo tengo que ganar comos sea y ante quien sea”.

Sin duda, Zidane tendrá trabajo. Menos mal que al menos visitará un territorio amigo tras los últimos palos recibidos. En Socuéllamos hay mucho madridista. Entre otros, el preparador físico del Yugo, José Carlos, que siempre le admiró. Y hasta la peña local más reconocida, “Eterno Capitán”, le dará la bienvenida en nombre de Pepele. Un gran madridista que se nos fue injustamente mucho antes de tiempo. Un gran central que hubiera pagado mucho dinero por estar el domingo en el once de su joven entrenador.

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29/09/2014

Por Alfredo Matilla

Zidane en el laberinto

Llevo tiempo queriendo hablar de Zidane. Tanto como el que llevo esperando a que su Castilla encadene dos alegrías para que los resultados no confundan ni condicionen el mensaje. Como ven, me he rendido. Empiezo a temer seriamente que la reflexión caduque. Tras seis jornadas disputadas, el filial del Madrid, colista en 2ªB, suma cinco derrotas maquilladas por un solo triunfo ante el Trival Valderas. El debut del francés como primer espada en los banquillos se atasca y, la verdad, tiene mala pinta y fea solución. Pese a que quien le eligió para esta aventura tiene gran parte de culpa por querer decidirlo todo, el gran Zizou también tiene la suya por aceptar un precipitado reto que ya va mutando en marrón. Como futbolista hizo todo a su debido tiempo (llegó al Madrid con casi la treintena...) y por eso fue un ídolo y de lo mejor. Ahora, no.

Zizou

Por partes. En su respetable obsesión por dotar a todo lo que toca de glamour, el presidente del Madrid ha tirado a los leones sin querer a su ojito derecho por el hecho de confundir sus deseos, faraónicos, con la realidad. Haber sido un fenómeno de jugador, como lo fue Zidane, no asegura serlo como técnico. Y menos a las primeras de cambio. Las prisas, aunque a veces salió bien, no es lo recomendable. Los ejemplos abundan. Maradona es el más clamoroso en nuestros días tras entrenar incluso a la albiceleste. Bobby Charlton lo fue en blanco y negro, al pegársela con el Preston North End en 1973. O ahí están las experiencias de Romario y Stoitchov. Genios con los pies; torpes con la pizarra. Sin olvidar a Shearer, Voller, Gascoine… Una de las excepciones, como en toda regla, fue Beckenbauer. Centrar el foco en un galáctico por parte del mandamás puede obedecer a muchos planes. Unos entendibles. Otros egoístas. Quizás se deba al de acelerar su puesta a punto en vez de ir poco a poco y hacerla compatible con sus funciones de inteligente asesor. Puede que al de formar al sustituto de Ancelotti por si éste algún día hace lo que no debe. O incluso el de promocionar al Castilla pidiendo foco, dejando en un segundo plano que está en 2ªB mientras que el eterno rival vuela en Segunda. Para muchos, entre los que me incluyo, la estrategia pinta más a capricho que a planificación. Si Florentino pensaba en Zidane como futuro entrenador del Madrid, lo mejor para salvaguardar su porvenir es que no se hubiera saltado tantos pasos. Guti, por ejemplo, que de fútbol sabe un rato, anda en alevines. El problema es que Florentino cree que técnico puede serlo cualquiera. E infravalora su figura. Da igual el proceso de formación. Para él, no hace falta ni el permiso.

Sobre Zidane, nadie duda que su fabulosa experiencia como futbolista es un grado y que en el futuro puede ser lo que él se proponga. Siempre lo hizo y a él nos rendimos. Sin embargo, la realidad es presente y bastante dura: el traje le está viniendo algo grande. Ser entrenador de élite (el Castilla lo es) exige, entre otras cosas, una preparación dura, progresiva y a poder ser de abajo hacia arriba. También tener un don para comunicar dentro y fuera del campo. Y, cómo no, tablas para dirigir hombres, gestionar egos y manejar la presión. En el Madrid, sea cual sea el escalón, siempre la hay. Zidane no era nada de eso antes de optar a un cargo de tanta enjundia. Es un novato al que la precipitación le ha llevado a ser denunciado por no tener ni siquiera el carnet de entrenador y ejercer de prestado. Su mayor virtud jamás fue hacer llegar y compartir sus conocimientos con el resto más allá de hacerlo con los pies. Escasearon sus entrevistas. Y, educado siempre, era común su silencio en el vestuario, en los viajes y sobre el césped. Encima, ha podido darse cuenta que esas tablas no se convalidan por haber sido ayudante de Ancelotti. No es lo mismo estar al frente que a la sombra. Por muy bueno que fueras. La prueba es que Van Basten, enorme estrella, ha dejado el banquillo del AZ por graves problemas de estrés. Y tampoco es lo mismo decidir, convencer, contagiar, castigar y enseñar que dar opiniones y complementar a tu superior; además de arengar y adelgazar a Benzema o incluso servir de guía en la trayectoria de Varane.

Zidane

Zidane tiene en sus manos un equipo de profesionales que se ha gastado en fichajes más que 12 equipos de Primera. Invirtió este verano casi tres millones de euros en nuevos jugadores. Zidane tiene que adaptarse a la categoría y no al revés. Por lo que exigir un despacho individual en algunos campos que visita no hará más que afear la gran figura que siempre fue. Y Zidane, de momento, sólo es como entrenador el que peor números tiene en la historia del Madrid a estas alturas en 2ªB. El problema, fácil (esperemos) de corregir, aparecerá si la mala racha continúa y las vergüenzas asoman. ¿Quién será capaz de despedir al galáctico favorito? ¿Quién es capaz de dimitir en su primera oportunidad? Estaremos atentos, esperando una mejoría mientras, pase lo que pase, recordamos la moraleja: el camino más corto para llegar al primer equipo, el de entrenar al filial, puede convertirse en un laberinto. A Michel ya le pasó. Próxima jornada: viaje al líder Barakaldo. Suerte.

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03/09/2014

Por Alfredo Matilla

Abelardo ya sabe lo que es

Se cerró el mercado de fichajes y, como siempre, la tensión se palpó hasta el último segundo. No fue para menos. En Inglaterra, Falcao firmó con el United casi en el descuento. Y en Valencia, la otra bomba (Negredo), también lo hizo sobre la bocina. De nuevo se repitió la imagen de tantas y tantas temporadas anteriores. Con la gente pegada a la radio (ahora también a twitter) y el fax de la LFP echando humo mientras cientos de clubes hacían los deberes. Como cada año, en pleno mercadeo, hubo varios gremios que vivieron estresados con la compra-venta de jugadores a la desesperada. Los directores deportivos por justificar un cargo bajo sospecha. Los representantes por colocar el género. Los jugadores, pura mercancía a esas horas, por saber si echar ropa el bañador en la maleta o rescatar la ropa de abrigo. Los entrenadores porque sus presidentes no se le jugasen sin avisar como suelen. Y, no me olvido, los periodistas por adelantar alguna de las sorpresas y dar cabida en las crónicas exprés a las innumerables novedades.

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