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Mr. Pentland

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Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento. Aquí tiene su banquillo.

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19 agosto, 2016 | 04:28

Por Alfredo Matilla

El vértigo de Sampaoli, Escribá y compañía

Llegar a un lugar nuevo nunca es fácil. O al menos no lo era. Llevo varios años sin probarlo. De ahí que muchos eviten probar las sensaciones y prefieran lo malo conocido antes que lo bueno por conocer, rechazando incluso buenas ofertas laborales, o de cualquier otra índole, por el simple miedo al vértigo. Pero aterrizar en un sitio desconocido con el plus de las exigencias cortoplacistas para sustituir a un virtuoso, debe ser un estresante vía crucis de partida. Imaginen cómo debieron sentirse el primer día el sustituto de Tierno Galván, el recambio de Freddie Mercurie o el relevo de Michael Jordan. Sampaoli ya sabe en unos días lo que supone suplir a Unai Emery en el Sevilla. Dos Supercopas perdidas, mil goteras que tapar y la crítica acechando. Lo bueno para él, si es que le consuela o reconforta, es que no está solo en este arranque inquisitorio de temporada. Lo malo para el resto es que más clubes vivirán pronto juicios sumarísimos similares. En cuanto eche el balón a rodar en esta primera jornada. La razón es que la Liga comienza con muchos cambios de entrenador y el pesimismo sobre el futuro se centra, sobre todo, en que varios de los técnicos que ya no están han dejado el techo demasiado alto para los que llegan.

Habrá hasta diez caras nuevas en LaLiga Santander respecto a las que había. Y de ellas, salvo dos que continúan con su exitoso proyecto de Segunda, Asier Garitano y Enrique Martín, y aceptando excepciones, los otros tienen difícil superar lo realizado. Escribá ya lo ha comprobado. Tras sustituir a Marcelino, en una semana ha visto cómo el Villarreal se complica la participación en la Champions, objetivo prioritario de la temporada pasada e ilusión de ésta. El 1-2 ante el Mónaco en la ida deja muy cruda la vuelta del martes. Marcelino, desde 2013, había logrado un ascenso, meter al equipo en la Europa League y dejarlo cuarto con un ataque reconocible y una defensa rocosa. Y eso ya pesa. Mejorar esa posición le va a costar. Esperemos que no el puesto.

Sampaoliiiiii

También va a tener que sudar lo suyo Pellegrino para mantener la alegría en Vitoria tras el ascenso logrado con el Alavés por Bordalás. Quique Sánchez Flores está en este grupo de exigidos. Lo suyo no sólo será estabilizar al Espanyol, 13º el curso anterior, sino casi como obligación mirar a Europa ya que a él al menos le han fichado todo lo que negaron por las deudas a Galca (Baptistao, Reyes, Javi Fuego, Jurado…). Poyet tampoco tendrá sencillo dejar al Betis mucho más arriba de la décima posición que defiende y que logró de la mano de un hombre de la casa: Juan Merino. Ni Juande Ramos superar con el Málaga el octavo puesto de Gracia. Como tampoco está cantada la salvación del Granada de Paco Jémez tras seguir en Primera gracias a José González. Sólo Gaizka Garitano tiene, a priori, sencillo mejorar las sensación dejada por Víctor Sánchez del Amo en el Depor, pese a que éste lo salvó dos temporadas seguidas.

Los otros diez entrenadores que siguen desde el curso pasado también tendrán exigencias, no crean, pero al menos ya conocen lo que hay y serán comparados con su mismo legado. Que siempre es una ventaja y en general es bastante bueno. Por algo siguen. Zidane mira obsesivamente a la Liga porque sabe que nadie ha logrado dos Champions seguidas. Alcanzar la regularidad es su gran objetivo para confirmar que su grandeza de largo es tan buena como de corto. Luis Enrique, con ocho títulos logrados de diez disputados, sólo mejoraría sus prestaciones recuperando la Orejona. Así de duro. Sin embargo, tanto el entrenador del Madrid como el Barça se han ganado tener más crédito que exigencias. Simeone, por su parte, está ante el reto de no hastiarse y de mantener al Atlético en la pomada. Algo que parece cantado y, sin embargo, no es poca cosa. Más allá de los grandes, Ayestarán (Valencia) y Eusebio (Real) parecen los más estresados. Lim no puede sostener mucho tiempo más a un equipo que acabó 12º y fuera de Europa ni Anoeta está para aguantar más bodrios. En Valverde (Athletic) hay fe para repetir lo conseguido, Berizzo (Celta) tiene permiso y confianza para disfrutar de la Europa League en la que se metió y en Eibar, Gijón y Las Palmas van a muerte con Mendilibar, Abelardo (renovado) y Setién.

El año pasado la primera destitución llegó tras la octava jornada (Paco Herrera) y en total hubo diez despidos a lo largo de la temporada: Neville, Paco Herrera, Lucas Alcaraz, David Moyes, Sergio González, Nuno, Rafa Benítez, Pepe Mel, Sandoval y Escribá. Veremos cuánto dura la paciencia de los presidentes ahora que las deudas son menores y que hay más ingresos por la tele para fichar. El paro, más que un destino desconocido que dé vértigo a los entrenadores, es un lugar atestado que no se merece nadie.

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