as.com Ver todos los blogs >

Mr. Pentland

Mr. Pentland

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento. Aquí tiene su banquillo.

Calendario

junio 2017
lun. mar. mié. jue. vie. sáb. dom.
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30    

Subscríbete a RSS

Añadir este sitio a RSS

¿Que es RSS?

Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.

publicidad

« Segundo no es lo mismo que segundón | Inicio | Ya nadie duda de Zidane »

26 mayo, 2017 | 22:32

Por Alfredo Matilla

La mano que despide a Luis Enrique

Hoy es el último partido de Luis Enrique como entrenador del Barça. Y cuando acabe la final de Copa llegará el momento de los balances. El mío no necesita esperar más. No lo cambiará una estrepitosa derrota ante el Alavés o una gran goleada culé que maquille la temporada: como fotocopia a su época de jugador, el Luis Enrique persona ha sido bastante peor que el Luis Enrique entrenador. Ganar ocho títulos (o nueve este sábado) en tres años debería ser suficiente para que Suárez le hubiera cogido ya por la pechera con el objetivo de convencerle para seguir. También ha habido tiempo para que el aficionado intentara hacerle recapacitar con sus cánticos de apoyo desde el minuto uno al noventa. Y también ha habido miles de páginas por rellenar desde su renuncia para que los medios hubieran sido tan depresivos en su análisis como cuando decidió irse Guardiola. O como cuando echaron a Ancelotti. Nada de eso ha sucedido ni esperen que suceda ya. Por algo será. El único adiós doloroso en unas horas será el del Calderón.

El vestuario jamás dejó de sonreír, no ha amagado con huelgas de hambre ni ha hecho un manifiesto a su favor. No hubo ni rastro del “¡míster, quédate!” en la grada. Y son mayoría los resoplidos de alivio entre los miembros de la prensa. Si el día que Pep decidió irse había depresión (tanta que ese mismo día se anunció al nuevo entrenador con él presente); ahora percibo más bien descanso y expectación. Como ocurrió con Mourinho (siendo éste mucho peor aún) casi nadie va echar de menos al asturiano. Los malos modos, los continuos careos y las dictatoriales directrices, tan sobrevaloradas y justificadas a veces, han pasado de moda. Sólo Messi le convenció un día de que domara su soberbia tras una crisis iniciada en Anoeta. Normal. Tras Tito, Roura o Martino no estaba este vestuario, con todo lo que ha pasado, para lidiar tensiones por cualquier cosa a diario. Con los modales de Del Bosque España fue campeona de todo. Y con Zidane se está tiñendo el presente de blanco. Por eso la llegada de Valverde podría tener tanto que ver con lo que sabe como con lo que templa.

 

 

Luis Enrique volvió a salirse del carril en la previa de esta final de Copa con una rueda de prensa de esas que sólo le hacen gracia a él. Sin embargo, el gesto del día no lo protagonizó sentado ante el paredón de periodistas. Fue a solas, con un currante de Telecinco en una de esas entrevistas personalizadas que sólo concede por compromiso con la televisión que tiene los derechos. El vídeo, aquí adjunto, no tiene desperdicio. Échenle un ojo y rían o lloren, como sientan y deseen. David Ibáñez, al cual no conozco pero respeto enormemente en la profesión, le estaba esperando para comenzar su retahíla de preguntas. En un tic futbolero de confianza, como también hizo con Piqué, esperó al entrenador con la mano extendida esperando que Luis Enrique le chocara los cinco antes de empezar. Error. No por el atrevimiento o la frescura, sino por la postura y la orientación de esa mano amigable. En vez de ir a lo seguro e intentar estrecharla protocolariamente como la darías al suegro, a un banquero o en un entierro (esto era otro marrón), el periodista eligió equivocadamente una versión de saludo más común entre colegas. Luis Enrique se pispó y fue ahí cuando decidió matarlo como venganza al gremio. Pudo no dársela sin más. Cada uno decide con quién tiene confianzas. Pero no. Decidió explayarse y convertir una anécdota en una humillación. Esos son los duelos en los que se siente fuerte. Primero lanzó una mirada de desprecio a la mano floja, luego con un rictus serio se dirigió a los ojos del redactor, como diciendo ‘¿adónde vas?’, y al final lanzó una risita a modo de puntilla que confirmaba que había vuelto a ganar.

Desconozco si el periodista y el entrenador eran o son amigos o no. Si se deben algo o si ha habido entre ellos alguna tensión no conocida. Tampoco sé si después de este episodio viral se han llamado o hermanado. O ni siquiera si alguno de los dos ha dado o dará otra versión. No pienso contrastarlo porque esto no es una información, sino una opinión. La imagen queda. Duele pese a que para alguno sea inofensiva. Puesto en la piel de David Ibáñez siento frustración. Lamentablemente cada día hay más dificultades y desprecio dentro del fútbol a este digno y hermoso trabajo, cuando los que piden respeto a diario y ayuda no han mostrado ni una gota de compresión en sentido contrario, pese a ver nuestras dificultades (puta precariedad laboral). Se han aprovechado de la coyuntura para cerrar las puertas y cortar el grifo a ver si con suerte nadie les molesta más. En la piel de Luis Enrique, aun entiendo menos la escena. Qué tendrá contra el mundo en general y contra tantos reporteros en particular para llegar a pasar por un barriobajero cuando en su privilegiado puesto sólo estaría permitido sonreír. No se comprende. Sobre todo viniendo de él, que tras 17 años jurando en arameo por un codazo traicionero de Tassotti en Boston, verdugo de las ilusiones mundialistas de un país entero, se abrazó a él un 29 de octubre de 2011 en un Roma-Milán regalando un sano signo de perdón. Quizás sea ésta la moraleja que confirma que Luis Enrique primero actúa y luego piensa, y que cuando pase el tiempo se dará cuenta de que es más fácil ser buen tío que un gran entrenador. Y que, además, se puede ser ambas cosas y él está desaprovechando la oportunidad al montar este circo.

Ta

Publicar Comentario

Comentarios

Pablo

"Como ocurrió con Mourinho, casi nadie va echar de menos al asturiano."
Entiendo que los periodistas no lo echéis de menos porque no quiso seguir el juego, pero los aficionados sí deben estarle agradecido. 8 o 9 títulos en 3 temporadas está a la altura de muy pocos entrenadores y la comparación con mou que ganó solo dos, el portugués sale muy mal parado.

Oscar

Se descubrio quien es el payaso en este circo como bien dijo el..se retrató el solito.un saludo

Publicar un comentario

Los comentarios están moderados y no aparecerán en el blog hasta que el propietario los apruebe.

Si ya tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor identifícate.

© DIARIO AS, S.L. - Valentín Beato, 44 - 28037 Madrid [España] - Tel. 91 375 25 00