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Mr. Pentland

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Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento. Aquí tiene su banquillo.

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04 julio, 2017 | 17:49

Por Alfredo Matilla

La angustia del verano

Uno ya se cansa de escuchar que el papel de los entrenadores está sobrevalorado. Que su incidencia en los equipos es, si acaso, de un 30%. La mayoría de gente que me lo repite, dice y hasta argumenta que lo realmente importante aquí son los jugadores. Y puede que lleven razón. Son once contra uno. Pero para mí ésta no es más que otra teoría con escaso fundamento. Viendo a Benítez y a Zidane en el Madrid, o a Esnáider y Bordalás en el Getafe, me da que los señores del banquillo tienen bastante más influencia de la que se airea. Siempre que llega el verano me acuerdo de todos ellos. Galácticos o modestos.

Al mismo tiempo que los jugadores desconectan por completo estos días y se entregan a un descanso merecido tras nueve tensos meses, los entrenadores siguen viviendo con el alma en vilo durante los dos meses sin competición. Su labor fundamental es rezar. Sean creyentes o no tanto. Suplican como si les fuera la vida en ello para que ningún jugador se lesione con las selecciones. Ruegan para que el presidente no juegue a ser director deportivo y destroce a su antojo la plantilla diseñada de aquí hasta el 31 de agosto. Y oran para que sus pilares regresen a la pretemporada de la forma más similar, física y mentalmente, a la que se fueron. Son madres superioras con gorra y silbato.

Hay entrenadores de todo tipo y condición, con escasos escarceos para el divertimento veraniego y con raros capítulos de excesos. Aunque no son santos. Aún recuerdo el día que Unai Emery fue cazado en un control de alcoholemia algo descontrolado. En estas fechas a todos les suele unir el sufrimiento. No es casualidad que pocos cuelguen sus fotos estivales en Instagram. Hay técnicos que se marchan a sus lugares de origen para intentar, sin éxito, abstraerse de todo y no hacen más que estar colgados del teléfono. Simeone, dicen, no ha parado de hablar con Diego Costa. Hay técnicos que se van como mucho a la vuelta de la esquina. Por compromiso con la familia y siempre mirando de reojo. Marcelino, que tuvo que ir a Singapur a ver a Lim, sin ir más lejos. Y hay técnicos que directamente prefieren mirar las playas en las fotos. La oficina es su crucero. Pregunten por Muñiz o Ziganda. Los técnicos más bronceados son los que están retirados (qué envidia, Sacchi), los que residen en la costa (Escribá) o los que tienen un cuerpo técnico de última generación. El resto sabe que la exigencia es brutal y que mientras los presidentes no van a despedir a ningún futbolista bien moreno en septiembre, ellos pueden salir disparados a las primeras de cambio si las cosas arrancan mal. En Primera o en Tercera. Por eso, es normal que exfutbolistas que han tenido una amplia carrera como Guardiola o Luis Enrique hayan necesitado un año sabático nada más estrenarse como entrenadores. Tanto estrés no es una broma. De corto uno sólo piensa en sí mismo. De corbata, la vida depende del resto.

Fumabuena

Ahora, todos los clubes entregan un plan específico a cada jugador para que se activen días antes de iniciar la pretemporada, en el que se aconseja no cometer excesos, en el que se recuerda que hay que regirse por un régimen interno pese a estar a miles de kilómetros y en el que se indica cuál es el peso recomendado con el que aparecer el primer día de reencuentro. De la declaración de bienes y pago de impuestos, de momento, no hay conocimiento de que se den consignas. El objetivo de los clubes, por orden de sus entrenadores, es no tener que echar mano de las multas disuasorias pertinentes por descarrilamiento, como hizo hace poco Frederic Hantz, técnico del Montpellier, que llegó a atizar mil euros por gramo de más a su plantilla harto de tanto sobrepeso. Zidane, paisano suyo, podría dar una conferencia sobre esta tensión del verano. El francés es tranquilo, pero es en esta época donde siempre ha visto más sobresaltos. Aún podría dar detalles de cómo llegaba Ronaldo Nazario a Valdebebas en julio cuando coincidieron en el césped del Bernabéu. O cómo tuvo que despedir a Markkanen en el Castilla, ya como preparador, por llegar casi rodando (se dijo que hasta 12 kilos de más). Zizou ya está curado de espanto, pero tener a Cristiano defraudado le hará vivir hasta agosto bastante revuelto. Por mucho que la salida de Coentrao le vaya a ahorrar más disgustos innecesarios.

Los aficionados no son los únicos que, tras el Chile-Alemania de la Copa Confederaciones que echó el cierre a esta temporada, suplican porque vuelva el fútbol cuanto antes. Aunque sea a base de tediosos triangulares. Los entrenadores están a muerte con ellos. No es nada relajante ver a tantos jugadores en las páginas de sucesos este verano por cuentas pendientes (un día Messi, otro Cristiano), supuestos abusos (Santi Mina, Theo…), presuntos malos tratos (Coman), sobrepeso (¿Arda?) o por la adicción al tabaco (Verratti). El verano, para las madres superioras, sí que está sobrevalorado.

 

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