El blog de Juan Gutiérrez
Vamos a hablar de ciclismo, pedalada a pedalada. De sus gestas y de sus miserias. Desde mi experiencia como periodista en treinta grandes vueltas y en otras múltiples batallas...
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sábado, 18 mayo 2013
Por Juan Gutiérrez
Andaba yo frotándome los ojos mientras los jugadores del Atlético de Madrid levantaban la Copa del Rey (defectillos que tiene uno), cuando recibí un mensaje de un compañero periodista francés que decía: "Gaumont ha muerto esta noche". Como la fuente me merecía muchísima más credibilidad que algunas que habían circulado durante la semana, tuiteé la noticia y me dispuse a escribirla en el periódico y en la web, mientras que reflexionaba sobre dos asuntos al hilo de este drama.
En primer lugar, me puse a pensar en los nuevos medios de información, vía internet, que nos empujan muchas veces al error por querer ser los primeros y los más listos, o por buscar el tuit original o el retuit rápido para aumentar seguidores en twitter o en el blog de turno. Contrastar no está de moda. Y eso nos lleva a tener textos preparados en adelanto para ganar la carrera de la noticia, a colocar "transfusiones de sangre" en boca de exporteros de la Real Sociedad, o a matar a ciclistas moribundos antes de tiempo. No seré yo quien pretenda dar enseñanzas en este sentido, porque alguna vez me he visto absorbido por la espiral. Y lo mismo deberían hacer algunos que dedican más tiempo a aleccionar o a censurar, que a enmendar sus propias miserias.
Mi segunda reflexión tiene más que ver con el ciclismo y con el dopaje. Gaumont ha muerto a los 40 años. Un ataque cardíaco seguido de una larga agonía. Su historia es más o menos conocida: confesó las prácticas de dopaje del pelotón tras ser detenido en el caso Cofidis en 2004, y amplió su relato con el libro 'Prisionero del dopaje' en 2005 y con su testimonio en el Tribunal de Nanterre en noviembre de 2006, el mismo día que dijo aquello de: "Cien pinchazos al año no son muchos para un ciclista".
Eran los tiempos de la confesión de Jesús Manzano, de la vinculación de Jesús Losa a David Millar (también encausado en el caso Cofidis), de la Operación Puerto... Del sexto y séptimo Tours, ya borrados, de Lance Armstrong... De la EPO, las transfusiones de sangre, la hormona del crecimiento, el pote belga y la proliferación de alérgicos tratados con corticoides por prescripción médica. Aquello que tantas veces nos dijeron que no eran hábitos generalizados, sino sólo prácticas minoritarias de un puñado de ovejas negras.
Gaumont ha muerto a los 40 años de un ataque al corazón. El francés enlazó el dopaje con las drogas sociales. Su fallecimiento nos transporta inevitablemente a otros juguetes rotos coetáneos, a Chava Jiménez, Marco Pantani y Frank Vandenbroucke, por hablar sólo de los más mediáticos. Alguno puede preguntarse: ¿Hasta qué punto todos fueron víctimas del dopaje? ¿Hasta qué punto el dopaje conduce a otras adicciones? Por supuesto, haber caído en la tentación de la trampa deportiva no desemboca obligatoriamente en otros submundos. Siempre habrá debate. Pero ya son demasiados casos en común como para mirar hacia otro lado con hipocresía o para seguir anclados en teorías persecutorias.
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viernes, 10 mayo 2013
Por Juan Gutiérrez
Recientemente recordaba en este mismo blog, no sin cierta alarma, que todos los gallos españoles están ya en la treintena (Contador, Purito, Valverde, Samuel, Dani Moreno, Antón...). También chequeé los ciclistas ganadores (o potencialmente ganadores) del pelotón internacional nacidos entre 1985 y 1990, y en mis cábalas sólo me salió mencionar a un español: Ion Izagirre (1989). Pensé en añadir también a Beñat Intxausti (2 de marzo de 1986), porque su calidad es sobradamente conocida, pero me dije: "De eternas promesas están las carreteras llenas".
Intxausti sólo tiene dos victorias, ambas en Asturias (la general y una etapa), más un top-ten en grandes rondas (10º en la Vuelta 2012). Unas credenciales insuficientes para cargarle con la responsabilidad del ciclismo español de golpe y porrazo, por mucho que mi querida compañera Teresa Olano, que de esto sabe bastante, me dijera un día sí, y otro también, que el vizcaíno tiene madera de gran campeón. Y lo mejor de todo es que seguramente va a llevar razón...
Había que esperar, por ejemplo, a verle enfundado en rosa, como ha ocurrido este viernes. Y no sólo por la prenda en sí, sino porque allá donde Nibali patinó o Wiggins se descolgó, Intxausti se mantuvo en pie y con la cabeza erguida. Aun así, yo animaría a la cautela, porque en el Giro todavía falta un mundo: para empezar, este mismo sábado, una crono de 55 kilómetros, una distancia sobre la que el vasco no ha competido nunca en solitario. Aunque no es mal contrarrelojista, lo normal es que Intxausti pierda la maglia ahí. Y quizá hasta sea lo mejor para descargarse de presiones innecesarias. Si ha de recuperarla, todavía hay tiempo y terreno por delante.
En cualquier caso, lo que parece indudable es que el vasco proyecta ese 'algo' que distingue a una potencial figura de un buen profesional. Y es evidente que la mayoría de aficionados al ciclismo se han alegrado hoy de verle subido a los altares. Primero, por lo que supone de confirmación. Y segundo, y por encima de todo, porque a nadie se nos puede olvidar que Beñat Intxausti Elorriaga era la persona que acompañaba a Xavi Tondo en Sierra Nevada aquel maldito 23 de mayo de 2011.
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viernes, 03 mayo 2013
Por Juan Gutiérrez
Ya ha llegado la esperadísima sentencia de la Operación Puerto y tres días después parece que he encontrado un hueco para expresar por aquí mis reflexiones. Sería un buen momento también para hablar del Giro de Italia, pero el trabajo se me acumula. Lo haré más adelante. No estamos ante un punto final de la OP, porque todavía hay que resolver los recursos a la Audiencia Provincial de Madrid (tardarán entre ocho y diez meses) y, posteriormente y si procediera, los del Supremo. Como me dijo un abogado a través de un mensaje: "Esta misa aún no está dicha".
A la espera de que la sentencia sea firme, sí podemos extraer ya algunas conclusiones. Para empezar, los condenados han sido más o menos los que intuíamos aquellas personas que hemos asistido in situ a los dos meses de vista oral en un total de 23 sesiones: Eufemiano Fuentes e Ignacio Labarta. Yo tenía la duda de Yolanda Fuentes, a quien la juez absuelve a pesar de que reconoce en la resolución que hay indicios de su implicación.
Vicente Belda y Manolo Saiz también han sido absueltos. En el caso del primero estaba cantado, porque existían pocas pruebas en su contra. De hecho, la Fiscalía ya había retirado su acusación sobre él. Había más dudas sobre el segundo, pero la juez tampoco ha encontrado pruebas suficientes. Creo sinceramente que Manolo ya ha tenido castigo suficiente con los siete años que ha pasado por hacer lo que otros muchos directores coetáneos, algunos de ellos todavía en el pelotón, también practicaban.
Ahora bien, una cosa es que Saiz y Belda no hayan cometido un delito, y otra muy diferente es que sí se ha demostrado que cohabitaban con las prácticas de dopaje, las consentían e incluso las promocionaban. Esa es la dura realidad para ellos y esa es la dificultad que se van a encontrar si quieren volver al ciclismo. En el caso de Saiz, en el momento de su detención lideraba el ProTour y participaba en la redacción de un código ético que él mismo incumplía. Por eso creo que no debe regresar. Además, él mismo declaró a la salida de los Juzgados: "Espero que nadie me recuerde ya la Operación Puerto". Si vuelve, ese recuerdo le va a llover constantemente desde muchos frentes. No creo que le merezca la pena. En el caso de Belda, a todo esto añade sus maneras, sus insultos y sus amenazas durante este periodo. Y un prestigio infinitamente menor que el de su colega Saiz, que sí aportó grandes cosas al ciclismo. No le veo el sitio, la verdad.
Eufemiano y Labarta, esa ha sido la condena. Por el camino se han quedado Alberto León, que se suicidó, y Merino Batres, que se libró del juicio por el Alzheimer. Sus implicaciones eran aún mayores que la de Labarta. Dice también la juez que el doctor Fuentes se ayudaba de colaboradores que no fueron identificados. Y ahí llegamos a una de las mayores lagunas de la OP: la instrucción del juez Serrano, más preocupado por sobreseer hasta dos veces el caso, que de profundizar. La identificación de 'machacas' como Choina, Kalc o Jandro no era tan complicada a partir del sumario, sobre todo para aquel que dispone de las herramientas penales.
El problema es que el propio juez Serrano no creyó mucho en el devenir de este caso. El CONI intentó también que se ampliara al delito fiscal, además de a los de fraude y asociación ilícita, pero nunca se investigó por ahí. Y ahora Eufemiano Fuentes resulta que aparece en la primera lista de Falciani de evasores en el banco HSBC de Suiza. La propia fiscal, Rosa Calvo, dijo en su informe final del juicio: "Si lo hubiéramos conocido durante la instrucción, hubiéramos indagado más en ese sentido". No se hizo.
Al margen de las condenas y las absoluciones, el punto más caliente de la sentencia ha sido la negativa de Julia Patricia Santamaría a ceder las bolsas a las autoridades deportivas para que se incoen expedientes disciplinarios. Confieso que esta decisión no me la esperaba. Una vez leída la sentencia, la entiendo desde un punto legal: ese trasvase podría agredir los derechos fundamentales de los 'propietarios' de esa sangre. Pero discrepo de la esencia porque la resolución no tiene en cuenta a los deportistas cuyos derechos también han sido violados por los tramposos.
La negativa pone a España en una situación muy delicada. Después de siete años, aquí todavía no se ha identificado 'oficialmente' a nadie, ni ha habido sanciones de ningún tipo. Eso es muy difícil de explicar fuera de nuestras fronteras, como lo es también que no se desvelara la presencia de corredores como Alejandro Valverde o Luis León Sánchez (que en el sumario sí sale identificado, pero no en el informe posterior de la Guardia Civil); o que se redujera el caso a medio centenar de ciclistas, cuando era obvio (y en el juicio ha quedado demostrado) que entre las bolsas había otros deportistas (como mínimo, atletas).
La denegación de las pruebas acrecienta esa "nube de sospecha que sobrevuela el deporte español", como dice John Fahey, presidente de la AMA. Lo peor es que tampoco hay garantías plenas de que se resuelva con la próxima Ley, que solicita pero no obliga a los jueces a esa cesión. Una inquietud que la propia Julia Patricia Santamaría recoge en la sentencia. Miguel Cardenal está convencido de que los jueces van a tener "esa sensibilidad" en el futuro, pero no lo debe ver totalmente claro, porque ya advierte de otra solución más dura: tipificar el dopaje de los deportistas como delito, como ya ocurre en Italia. Es decir: o los jueces ceden, o nos vamos a una ley más extrema.
No quiero terminar sin reseñar algo positivo de la sentencia. Un médico, Eufemiano Fuentes, ha sido condenado por un delito contra la salud pública en un periodo en el que la inducción al dopaje y el suministro no estaban penados. A pesar de todo, eso es un avance, porque ya no existirá nunca la impunidad de antes. Delitos siempre habrá. Dopaje, también. Pero ya nadie podrá pavonearse de ello, de hotel en hotel... A bordo de su flamante Porsche.
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jueves, 25 abril 2013
Por Juan Gutiérrez
Philippe Gaumont está en coma tras sufrir un ataque cardíaco. Tiene 40 años, una edad que, como dice mi cuñado Asier, “marca el inicio de la segunda parte del partido”. Ese partido es la vida. Y Gaumont lucha en estos momentos por salvarla. Cuando he conocido la noticia, no he podido evitar pensar en los nombres de tres coetáneos: Chava Jiménez, Marco Pantani y Frank Vandenbroucke. Vidas y muertes dramáticamente paralelas.
Y tampoco he podido evitar recordar, una vez más, a Jesús Manzano. En los días previos a sus denuncias de dopaje en AS, hace poco más de nueve años, Manzano me repetía una frase: “Cuando yo cuente todo, lo que ha dicho Gaumont se va a quedar corto”. Porque en esas fechas, el francés ya había hablado de transfusiones de sangre y del consumo reiterado de sustancias. Gaumont estaba inmerso en el ‘caso Cofidis’, donde después también cayó su compañero David Millar, a quien trataba el español Jesús Losa, a su vez médico de aquel equipo Euskaltel.
“Manzano mentía, Manzano estaba loco, Manzano se automedicaba, Manzano lo hacía por dinero, Manzano era un drogadicto y un putero, Manzano cantó por venganza…”. Ya saben las cosas que se dijeron entonces y que aún sostiene algún reducto revisionista. Pues todo lo que contó en aquellas fechas Manzano, como lo que dijo Gaumont, se ha ido confirmando al dedillo. Mira tú por dónde. Hasta el propio Armstrong lo confesó recién.
En aquella época, España era un paraíso del dopaje, lo que no quiere decir que los españoles fueran los únicos que se dopaban: aquí vivía Armstrong, aquí tenía su médico Millar, aquí trataba Eufemiano Fuentes a Basso, a Ullrich, a Hamilton, a Cipollini, a Pantani; aquí venía Ferrari para reunirse con Vinokourov… Y aquí me encontré una vez con Virenque en Navacerrada.
Virenque es francés, igual que Gaumont. Se habló que a raíz del ‘caso Festina’ en 1998 había surgido un ciclismo de dos velocidades, de que los franceses iban al “eau claire”, al “agua clara”. Algo de eso hubo, sin duda, pero no fue una regla inmutable. Cofidis era un equipo francés, no lo olvidemos. Y varios de sus miembros acabaron sentenciados en los tribunales. Pero también era francés y del Cofidis David Moncoutié, un ciclista honesto… Y por eso no caía muy bien en cierto sector del pelotón.
Había dos velocidades, sí… Pero yo no las relacionaría tanto a la nacionalidad del ciclista, como sí a los países. Mientras que la justicia francesa, italiana y belga (y después incluso la alemana) redactaban leyes penales, hacían redadas, repudiaban a ídolos locales como Pantani, Virenque o Vandenbroucke, aquí mirábamos para otro lado… Sobre todo nuestros políticos y legisladores, que hasta subvencionaban los equipos de Losa y Eufemiano con dinero público. Todavía recuerdo a Esteban González Pons intentando convencer a Jean Marie Leblanc de que Manzano era un mentiroso. Sería hipócrita no admitir también que en esa dejadez estuvimos los periodistas (unos más que otros, las cosas como son), que escribíamos de dopaje como si siempre fuera cosa de otros.
Ahora nos llega la noticia de Gaumont y mi memoria se traslada a aquellos años, no lo puedo evitar. Durante el juicio del ‘caso Cofidis’ cayó en mis manos un informe, que no recuerdo qué hice con él, que demostraba que los ciclistas no solo consumían sustancias dopantes, sino que creaban adicciones de todo tipo, que incluían los antidepresivos, los somníferos y la Viagra. Si alguien piensa que el dopaje no puede conducir a otros hábitos, ahí están los casos de Chava, Pantani, Vandenbroucke o el propio Gaumont para rubricarlo. Algo más que juguetes rotos.
Han pasado nueve años y yo soy de los que piensan que el ciclismo actual está mucho más limpio que entonces, que en España se están haciendo más cosas por combatirlo, que al menos hemos ganado en mentalización, compromiso y voluntad, que hasta los periodistas informamos de otra manera… Pero quizá sea un ingenuo, lo sé. El problema es que ya llevo muchos años pensando que ‘este año’ las cosas están cambiando, y luego me vuelvo a llevar otro zas en los morros por el peso de los hechos. Voy a contar una anécdota para entendernos: hace dos años participé en unas jornadas de ciclismo, y a mi izquierda se sentaba Barredo, que ratificó mis palabras: “Sí, el ciclismo ya no está como antes”. Barredo se encuentra ahora suspendido por parámetros anómalos. Por cierto, el moderador, un tal Escobar, me quitó la palabra porque entendía que al hablar de dopaje convertía la mesa en “un faranduleo”.
Pese a todo soy un optimista sin remedio, lo sé, porque quiero seguir pensando que a pesar de ejemplos así, ahora estamos mejor… Quizá porque no me entra en la cabeza que el deportista no haya aprendido nada y que dentro de unos años nos podamos encontrar con un nuevo Gaumont.
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domingo, 21 abril 2013
Por Juan Gutiérrez
Cuando he visto la victoria del irlandés Daniel Martin en la Lieja-Bastoña-Lieja, por delante de Purito Rodríguez y Alejandro Valverde, varias ráfagas se han paseado por mi cabeza. He recordado cuando el tío del vencedor, Stephen Roche, le ganó el Tour de Francia de 1987 a Pedro Delgado. Era una época en la que el deporte español ganaba más bien poco, casi nada. A continuación me ha venido también la imagen más reciente de Rafa Nadal, que en paralelo a la disputa de la Lieja pujaba por sumar su noveno título en el Masters 1.000 de Montecarlo, pero cedía su reinado ante Nole Djokovic.
Entre aquel Perico y este Nadal, el deporte español lo ha ganado prácticamente todo. Óscar Freire es uno de los que participó activamente en ello. El cántabro ya está retirado y hasta acaba de presentar su biografía. Y cuando no ha pasado ni un año de su jubilación, ya nos damos cuenta de lo difícil que es ganar un Mundial o una Milán-San Remo. Igual que comprobaremos, me temo, la gesta que significa anotarse un Masters 1.000 de tenis (y ya no digo ocho seguidos).
En la presentación de su libro, Freire vino a decir algo así: "El ciclismo español está en el mejor momento de su historia, pero no se ven jóvenes que puedan tomar el relevo". Una prueba de ello la hemos vivido esta última semana en el Tríptico de las Árdenas, que el pelotón español ha cubierto con una victoria de Dani Moreno en la Flecha Valona y tres plazas de podio: Purito ha sido segundo en la Lieja, y Valverde terminó segundo en la Amstel y tercero en la Lieja.
Pero Valverde, Purito y Moreno comparten algo en común, en lo que también coinciden con Alberto Contador, Samuel Sánchez, Igor Antón o Juan Antonio Flecha: tienen más de 30 años. Y detrás, ¿qué se vislumbra? Pues poca cosa, la verdad. ¿Y detrás de detrás? Pues menos todavía. He hurgado someramente en las generaciones venideras, en ciclistas que ya son ganadores (o potenciales ganadores), y he sentido un enorme vértigo al analizar el resultado:
Nacidos en 1990: Peter Sagan, Nairo Quintana, Moreno Moser, Thibaut Pinot, Phinney, Fabio Aru, Kwiatkowski, Bouhanni...
Nacidos en 1989: Ulissi, Betancur, Degenkolb, Ion Izagirre, Viviani...
Nacidos en1988: Talansky, Vanmarcke, Van Garderen, Kittel...
Nacidos en 1987: Henao, Urán...
Nacidos en 1986: Cavendish, Rui Costa, Rolland, Kreuziger, Dan Martin, De Gendt, Ciolek, Gesink, Spilak...
Nacidos en 1985: Froome, Tony Martin, Porte...
Seguro que me he dejado alguno en el tintero, pero no cambiaría mucho el resultado de mis pesquisas. En este grupo de jóvenes ganadores de presente y futuro sólo aparece uno del pelotón estatal: Ion Izaguirre. Detrás de la Edad de Oro del ciclismo español hay un desierto. Una conclusión que enaltece mucho más las actuaciones de corredores como Purito o Valverde, hoy en un podio muy meritorio, aunque nos sepa a poco porque ya nos hemos acostumbrado a ganar y a ganar.
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domingo, 17 marzo 2013
Por Juan Gutiérrez
La Milán-San Remo ha tenido un desarrollo polémico y un recorrido capado, pero también un final espectacular y digno de una gran clásica. Peter Sagan era el gran favorito, Fabian Cancellara se había encargado de calentar el duelo, y Gerald Ciolek se ha aprovechado del pique para levantarles la victoria haciendo lo que mejor sabe hacer: sprintar.
Sagan es tan rápido que puede ganarle a cualquier sprinter puro, como ya demostró en la reciente Tirreno-Adriático. Pero a su rebosante calidad sigue sumando grandes dosis de bisoñez, unas veces, y de exceso de confianza o hasta prepotencia, en otras. Este frío domingo ha pecado más de lo segundo y ha dejado escapar la Classicissima por no vigilar al más veloz del sexteto de vanguardia.
Ciolek no es ningún zote, aunque hasta esta Milán-San Remo apenas le hayamos visto confirmar la meteórica progresión que anunciaba en sus inicios. En 2005, con sólo 18 años y aún siendo amateur, se llevó el Campeonato de Alemania por delante de Forster y Zabel. Una temporada después logró un triunfo cantadísimo en el Mundial Sub-23 en Salzburgo. La clásica italiana recoloca al germano en el pedestal donde le proyectamos en aquellos tiempos. Veremos si perdura.
No sabemos hasta qué punto el recorte de 57 kilómetros por la nieve y el largo parón neutralizado ha podido condicionar o adulterar el resultado último. Es cierto que la suma de dureza al final se agarra siempre a las piernas, y eso es fundamental en una clásica como la Primavera. Y también que provocó importantes abandonos: Boonen y Nibali. Pero no es menos verdad que el desenlace ha sido parecido a lo que podíamos prever, con Sagan, Cancellara o Paolini en el grupo definitivo, o Chavanel, Gilbert o Iglinskiy jugando sus cartas a más distancia.
Me alegro de que la Milán-San Remo no se haya suspendido, aunque reconozco que expreso este deseo tumbado tranquilamente en mi sofá. No dispongo de datos suficientes para hacer un análisis infalible de lo que allí se ha vivido, aunque las imágenes que nos han llegado son bastante impresionantes. En estos casos, creo que siempre hay que colocar en la balanza dos cosas: el ciclismo se construye con la épica y eso incluye el mal tiempo, pero el límite siempre hay que ponerlo cuando haya un problema real de seguridad, más allá de las caídas intrínsecas que conlleva este deporte. Es decir: aplicar por todas las partes el simple sentido común. Organizadores y ciclistas se necesitan. Eso sí, como punto de partida no me ha gustado nada el innecesario cambio de la carrera al domingo, ni tampoco que se haya ido improvisando cuando las dantescas condiciones se conocían desde el kilómetro cero (o mucho antes).
Con polémica o sin ella, la primavera ciclista ya ha llegado. Una primavera helada, sí, pero que un año más anuncia grandes y ardientes emociones.
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jueves, 14 marzo 2013
Por Juan Gutiérrez
Tengo el blog muy olvidado, lo reconozco. Me ha costado incluso recordar la clave de entrada. El volumen de trabajo está siendo tan grande en estos últimos dos meses, que no he encontrado el hueco para darme una vuelta por aquí, aunque lógicamente sí he ido informando hasta donde he podido en mi twitter, en as.com y, por supuesto, en el periódico. La confesión de Armstrong, el juicio de la Operación Puerto, el arranque de la temporada ciclista… Han pasado tantas cosas en este tiempo, que casi no sé por dónde empezar…
Ha pasado, por ejemplo, que LANCE ARMSTRONG se plantó ante Oprah Winfrey y confesó sus prácticas de dopaje. No lo dijo todo, ni todo lo que dijo fue verdad. Pero a los ojos de mucha gente recuperó la aureola de héroe que durante su reinado encandiló no sólo a muchos aficionados, sino también a los organismos cómplices que tenían que haber velado por atajar la trampa hace tanto tiempo. Recientemente, una persona ajena al deporte me dijo: “¡Qué valiente ha sido Armstrong!”. Una frase que, por cierto, también he escuchado a mucha gente relacionada con el mundillo. Estoy convencido de que esa era una de las intenciones del texano, trasmitir que confesaba desde la valentía y desde el arrepentimiento. Yo añadiría que sobre todo lo hizo desde el interés: para limpiar su imagen, para no seguir perjudicando a su fundación contra el cáncer, para ablandar a aquellos que ahora pueden ejecutar procedimientos penales y civiles contra él, para buscar una reducción de sanción… Demasiado tarde, Lance. Lo mejor es que desaparezcas definitivamente de la historia del ciclismo. No porque hicieras cosas que no practicaran muchos otros de tu época (“el dopaje era como llenar los bidones de agua o las ruedas de aire”, le dijo a Oprah), sino porque hiciste todo lo que estuvo en tu mano para perpetuar y enquistar el fraude (como bien saben Bassons o Simeoni).
Ese ciclismo de ‘la era Armstrong’ es precisamente el que se está juzgando en la OPERACIÓN PUERTO. Los tiempos del gran duelo Ferrari-Eufemiano. Junto a otros compañeros de profesión periodística, llevo siguiendo el juicio oral en la sala desde el primer día. Y admito que aunque ya noto cierto cansancio, me he llegado a enganchar a una experiencia informativa absolutamente nueva para mí. Más adelante intentaré escribir otro post sobre la OP. Ahora me voy a limitar a dar unas pinceladas sobre la sensación que tengo de estar presenciando tres juicios paralelos. El primero: el juicio penal contra un delito contra la salud pública, en el que la juez intenta acotar para evitar la palabra dopaje, que, por otra parte, se ha dado por hecho desde el minuto uno: ninguna parte implicada (testigos-ciclistas al margen) niega las transfusiones de sangre. La juez no quiere líos ni entrar en cebos como la famosa lista que le ofrece Fuentes, que sólo pueden traerle recusaciones o impugnaciones. El segundo juicio es el administrativo-deportivo: AMA, CONI, RFEC y la Abogacía del Estado han pedido las bolsas de sangre para incoar expedientes futuros. Siete años después es muy tarde, la mayoría de los deportistas ya están retirados, pero quizá aún sirva para recuperar algo de luz (y estoy pensando en Marta Domínguez, por ejemplo). El tercer juicio es el de la opinión pública, especialmente la opinión pública extranjera, que piensa (con bastante razón, por cierto) que no están todos los que son. Y aquí la única solución (quizá utópica, lo sé) es que se conozca todo. Y conocer todo es que salgan los nombres de los que verdaderamente están, sin limitaciones, pero también que se aclare quiénes no están para cerrar las especulaciones que zarandean un día tras otro al deporte español.
A todo esto, el pelotón ciclista ya rueda. Y ya hemos visto bastantes indicios de lo que puede ser LA TEMPORADA 2013. Por un lado, parece evidente que el equipo Sky va a llevar la voz cantante con Froome (que gana galones respecto al año pasado) y Wiggins (aún inédito esta sesión), aunque también con ‘secundarios’ como Porte (reciente ganador de la París-Niza), Urán o Henao. Enfrente sentirán los aguijones de Alberto Contador, el ‘Tiburón’ Nibali (vencedor de la Tirreno-Adriático), Purito Rodríguez y los Garmin (Hesjedal, Talansky…). Y está por ver si Evans y Valverde son capaces de unirse a este club. De Andy Schleck mejor no hablo, porque ahora mismo es un exciclista. Y con este panorama llega el domingo la Milán-San Remo, que siempre sirve de pistoletazo para la primavera ciclista de las grandes clásicas… Un arranque en el que Peter Sagan aparenta estar muy bien colocado en la parrilla de salida.
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domingo, 20 enero 2013
Por Juan Gutiérrez
Mi columna de opinión publicada en AS el 19 de enero de 2013
Todavía recuerdo la imagen de un vehículo del US Postal derrapando en Morzine a escasos metros del coche de AS en el Tour de Francia 2000, con Johan Bruyneel desgañitándose por la ventanilla mientras acusaba a este periódico de publicar mentiras El técnico belga inició a partir de ahí un veto a los enviados especiales de AS que extendió a todos los miembros del equipo. Eran los tiempos en los que el propio Lance Armstrong definía a este diario en las ruedas de prensa como tabloide, que en inglés tiene un matiz de sensacionalismo mayor que en castellano. O cuando Bruyneel soltaba el chistecito de Ass (con dos eses es culo, en inglés).
La cosa empeoró cuando Jesús Manzano decidió en 2004 denunciar en este periódico las prácticas de dopaje de su equipo. Lo que entonces había sido el veto de una sola escuadra, se convirtió en desplantes, insultos y amenazas de ciertos ciclistas, directores, aficionados y hasta periodistas hacia el firmante del reportaje: o sea, yo. No me gusta estar siempre lamiéndome las heridas. Ni siquiera guardo rencor por aquello: el rencor sólo daña y corroe a quien lo tiene dentro. Pero creo que es de justicia recordar, por si alguien aún tenía alguna duda, que la gran mentira no eran ni AS ni Manzano.
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domingo, 13 enero 2013
Por Juan Gutiérrez
Un día después de la presentación de la Vuelta a España 2013, me dispongo a escribir esta entrada en el blog, que me he tomado como la culminación de una intensa semana durante la que hemos ido acercando desde AS los detalles del recorrido. Por cierto, alguno nos ha acusado de aprovecharnos de filtraciones de la organización. Yo lo llamo investigación y trabajo. O mejor dicho: periodismo. Pero bueno, a la mayoría de ustedes tampoco le interesan mucho nuestros entresijos, así que voy con el ciclismo...
Antes de ir con el contenido, voy con el envoltorio. Me gustó mucho, más que nunca, el acto de presentación de Vigo. Fue fresco, dinámico, visual, entretenido (Carlos Nuñez puso el Teatro García Barbón en ebullición), pero al mismo tiempo informativo. Muy atrás quedan ya aquellas soporíferas presentaciones en las que Alberto Gadea y Ramón Mendiburu nos hacían unos comentarios técnicos sentados en unas sillas, ante el bostezo general. Nada que ver con lo actual, que ha evolucionado para bien gracias a la televisión en directo, la influencia del Tour, el hecho de haber sacado el acto de Madrid, y la visión más moderna de Javier Guillén y su equipo.
Respecto al contenido, para empezar reconozco que el recorrido 2013 me gusta más que el del año pasado, porque además de mantener los finales en cuestas y puertos explosivos, ha incluido etapas de gran montaña de verdad, de desgaste y fondo, como las de Andorra y Peyragudes (sobre todo). Que me guste más no quiere decir que vaya a funcionar mejor, pero tampoco lo contrario. Los trazados pueden ser muy buenos, o incluso muy malos, pero al final siempre dependen de las ganas que le quieran echar los ciclistas, como ya ocurrió en 2012 con Contador, Valverde, Purito y Froome, que pusieron el listón muy alto para cualquier cosa que pueda venir en el futuro.
El recorrido me gusta más, insisto, pero no me parece el ideal. En mi opinión creo que mejoraría con dos detalles. Uno: con la supresión de una de las llegadas en alto de la última semana, Naranco o Peña Cabarga, a cambio de una contrarreloj no necesariamente larga. Y dos: con al menos una etapa de montaña con la meta situada pocos kilómetros después de un descenso, por ejemplo en una de las andaluzas o en una de las pirenaicas. Ambas cosas servirían para compensar el trazado y para ofrecer otras oportunidades.
Después de jugar un poco a director técnico, me voy a poner ahora el traje de organizador o de patrocinador… Y, qué cosas, la visión me ha cambiado radicalmente. Más allá de las cuestiones técnicas, está claro que Naranco o Peña Cabarga van a tener siempre más audiencia que una crono individual. Como suele decir Guillén, “el ciclismo actual necesita del público, y la Vuelta cubre esa demanda”. Algo parecido ha ocurrido con la idea de una llegada tras el descenso de un puerto: este año me consta que se ha intentado, pero han sido los propios alcaldes y diputaciones quienes han ‘exigido’ una meta en alto. Ellos también saben dónde están las audiencias.
Muchos de los ciclistas y técnicos que asistieron a la presentación, empezando por el mismísimo Alberto Contador, advirtieron de un peligro de este recorrido: “Si hay un gran dominador, la Vuelta puede quedar sentenciada muy pronto y eso sería contraproducente para el espectáculo”. Pues sí, es un riesgo… Pero es un riesgo que se asume también con cualquier otro tipo de recorrido. Cuántas veces hemos visto el dominio de corredores como Armstrong, Rominger o Indurain, que mataban la carrera a las primeras de cambio. Y lo hemos visto en trazados para todos los gustos: y muchas veces, por cierto, por culpa de largas cronometradas.
No sé qué va a pasar en esta Vuelta, dependerá mucho de la participación… Contador, Purito y Valverde ya han dicho que su gran objetivo del año es el Tour, por lo que pueden acabar más exprimidos de lo que sería deseable para la ronda española. Pero lo que sí sé es que esta carrera sigue en busca de una personalidad y es muy posible que ya la haya encontrado. La Vuelta 2012 funcionó… Y cuando una cosa funciona, tampoco veo demasiados motivos para no insistir en el modelo.
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viernes, 11 enero 2013
Por Juan Gutiérrez
Comienzo a escribir estas líneas en el avión que traslada a Vigo a un amplio grupo de periodistas para asistir este sábado a la presentación de la Vuelta a España 2013. La mayoría de nosotros ya nos habíamos visto unas horas antes en el acto convocado por el equipo Movistar en la sede madrileña de Telefónica. Van a ser dos días intensos para hablar de ciclismo…
De la sesión matinal se me ha quedado marcada una imagen por encima de las demás: la del discurso de Eusebio Unzué, quien reveló que en este 2013 cumple 40 años como director en el ciclismo. Quizá eso influyó, pero el caso es que al navarro se le notó bastante emocionado durante su intervención, en la que intentó transmitir al patrocinador las bonanzas de un deporte tan castigado en los últimos años. Eusebio no rehuyó el asunto, sino todo lo contrario: “En el ciclismo hemos cometido errores históricos que estamos pagando, pero hemos aprendido de ellos y no se van a repetir en el futuro. Quizá en los próximos días aún vamos a oír sobre ello, pero le pido al patrocinador que sepa que son secuelas del pasado”.
La sociedad Abarca cumple este año contrato con Movistar. Y lo hace sin su principal valedor en la empresa: Luis Abril. El equipo tiene que ganarse durante esta temporada la renovación. El inminente juicio de la Operación Puerto y los coletazos (y posible confesión) de Lance Armstrong van a enturbiar un poco más al pelotón en las próximas fechas. Unzué lo sabe, y así quiso advertirlo ante la presencia del presidente de Telefónica, César Alierta, y delante de sus nuevos interlocutores en la empresa…
Carlos López Blanco es el nuevo rostro de Telefónica. Y más allá de hablar de esos “errores históricos”, subió al atril para, en nombre del patrocinador, pedir un salto de calidad: “Los resultados de la última temporada fueron buenos, pero en esta empresa siempre se pide más: el límite está en el cielo”. Hace dos años, Abril se conformaba con “honrar la marca”, en alusión a que la escuadra no se viera envuelto en asuntos turbulentos. Me dio la impresión que ahora también se quiere un equipo campeón… Muy campeón.
Unzué recogió el guante: “En mis cuarenta años como técnico, nunca había empezado una temporada tan ilusionado”. Al igual que el ‘líder espiritual’ del equipo, Pablo Lastras: “Este tercer año de Movistar va a ser extraordinario… Porque con este equipo y con esta marca, lo cotidiano pasa a ser extraordinario”. Genio y figura siempre el ‘Penkas’.
Con los pies en el suelo, es cierto que Movistar tiene un equipo prometedor. Valverde sigue siendo el gran líder y ha vuelto a convertir en su principal objetivo el Tour de Francia, con el que tiene una asignatura pendiente, sin olvidar las clásicas de primavera, la Vuelta a España y el Mundial. Pero más allá del murciano, Unzué avisó de que “alguno de los corredores que está en la segunda fila va a dar el salto este año”. Se refería seguramente a Rui Costa, Beñat Itxausti y Nairo Quintana, a quien va a soltar ya el cordel en las montañas del Tour. Así, a priori, la cosa tiene buena pinta… Por lo que no es de extrañar que el límite esté en el cielo.
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