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Pedaladas

El blog de Juan Gutiérrez

Vamos a hablar de ciclismo, pedalada a pedalada. De sus gestas y de sus miserias. Desde mi experiencia como periodista en treinta grandes vueltas y en otras múltiples batallas...

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lunes, 25 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

El Tour de Froome 2016

Froomeeee

 

Si nos pidieran que resumiéramos el Tour 2016 en imágenes, estoy convencido de que la mayoría tendría como protagonista a Chris Froome. Hagan la prueba. La primera, no creo equivocarme, nos muestra al maillot amarillo corriendo desesperadamente a pie por el Mont Ventoux. En la segunda, a ver si acierto, vemos al ciclista del Sky dando pedales sentado en la barra de su bici en el descenso del Peyresourde. ¿Vamos bien? A partir de ahí puede haber menos consenso, pero seguramente en el top también colocaríamos la caída y el cambio de bicicleta de Froome en el descenso del Bisanne y el abanico junto a Peter Sagan.


Pueden hacer el test con su entorno. Este domingo por la mañana, mi mujer me sorprendió con una pregunta: “¿Quién ha ganado el Tour?”. Tras aclararle que Froome, su réplica fue rotunda: “¿Ese que corría por el monte? Lo merece, se lo ha currado”. Efectivamente, Froome ha sido el único que se ha currado la victoria. Y lo ha hecho con un amplio repertorio: descenso, abanicos, contrarreloj, subida, cronoescalada... Sólo le faltó esprintar en los Campos Elíseos. Prefirió cruzar la meta abrazado a sus compañeros del Sky para celebrar su tercer Tour.

 

Si seguimos buscando imágenes, el siguiente que asoma a nuestras retinas es Peter Sagan. No es un corredor para generales, pertenece a otro ciclismo. Puro espectáculo. Un showman. Le hemos visto ganar tres etapas, meterse en una decena de fugas, provocar abanicos, tirar de Kreuziger para intentar subirle al podio, marcarse un caballito en la meta y hasta hacer sus necesidades en la caravana de un aficionado... Sagan es más que un campeón. Y este domingo recogió un doble premio en París: su quinto maillot verde consecutivo y el más combativo.

Más allá cuesta encontrar momentazos en este Tour. Y menos entre los gallos. Con Contador herido y con Nibali pasado tras el Giro, no había ciclistas con garra. Lo más parecido fue el ataque de Bardet con Cherel a 90 km/h en el mojado descenso del Bisanne. La valentía obtuvo recompensa: la etapa y la segunda plaza. Y pare usted de contar. A partir de ahí, todos se preocuparon más por el podio que por el premio gordo: Mollema, Yates, Porte... Un argumento utilizado es que el duro ritmo del Sky no permitía alegrías. Pero también el Astana tiró dos días alpinos y Fabio Aru no pudo rematar. Hay que tener equipo, pero también líder.

 

Se esperaba todo de Nairo Quintana, pero no estuvo a la altura de Froome. Al principio, porque esperaba a la última semana. Y ya en la última semana, porque no iba. Su tercer puesto ha llegado más por clase que por otra cosa. Valverde, grandioso, se sacrificó por él y ha acabado sexto. Ambas posiciones, unidas al triunfo de Ion Izagirre y a la clasificación por equipos, maquilla el rendimiento del Movistar.

En ausencia del renacido Cavendish, cuádruple vencedor y otro ilustre de este Tour, André Greipel ganó al sprint la última etapa en los Campos Elíseos. El alemán mantiene vivo su récord: lleva desde 2008 ganando etapas en todas las grandes en las que ha participado. En total, 21 victorias y once carreras consecutivas. Fue el broche al Tour de Froome 2016.

 

(La crónica final del Tour de Francia 2016)

 

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domingo, 24 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

Chantilly lanzó a De Vlaeminck hacia ‘Monsieur París-Roubaix’

Cuando Roger de Vlaeminck (20-8-1947, Eeklo, Bélgica) se vio junto a Eddy Merckx, Rudy Altig y Joaquín Galera en la subida al Balón de Alsacia en el Tour de Francia de 1969, pensó que podría coronarse algún día, quizá ese mismo año, en los Campos Elíseos. Pero cuando cruzó la meta y comprobó el hachazo que había pegado el Caníbal, supo que sería una empresa imposible. Merckx le había aventajado en 4:16 minutos y se había enfundado por primera vez el maillot amarillo en la Grande Boucle.


A partir de ahí, De Vlaeminck se centró en las clásicas y figura en la historia como uno de los tres únicos corredores, junto a Merckx y Rik Van Looy, que ha conquistado los cinco Monumentos: París-Roubaix (cuatro veces), Milán-San Remo (tres veces), Giro de Lombardía (dos), Lieja-Bastoña-Lieja (una) y Tour de Flandes (una). Su póquer sobre los adoquines del Infierno del Norte le valieron el apodo de Monsieur París-Roubaix. Otro belga, Tom Boonen, logró empatar en 2012 su marca.


Chantilly, la salida de hoy, 50 kilómetros al norte de la capital de Francia, dio también el pistoletazo a la París-Roubaix entre 1966 y 1976. En ese periodo, De Vlaeminck ganó tres veces esta clásica (1972, 1974 y 1975), las mismas que su compatriota Merckx. En 1977 la salida cambió a Compiègne, que se mantiene hasta nuestros días. Ese año, el Gitano logró su cuarta corona.


De Vlaeminck también tiene la colección completa de etapas en las tres grandes rondas, aunque de manera muy desigual: 22 victorias en el Giro, una en la Vuelta y una en el Tour (en Valenciennes, en 1970), que sólo corrió tres años y siempre abandonó.

 

Vlae

 

(LA RUTA DEL TOUR: Chantilly-París, 21ª y última etapa)

 

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sábado, 23 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

Cuando Armstrong convirtió al Pirata en Elefantino

Marco Pantani no ganaba desde el 4 de junio en Madonna di Campiglio, un día antes de su expulsión del Giro de 1999 por hematocrito alto. El 13 de julio del año siguiente, en el Tour, el Pirata llegó con Lance Armstrong en el Mont Ventoux. El texano le dejó ganar, pero no lo hizo con disimulo, sino que alardeó de ello: “A mí una victoria más o menos me da igual”.

 

Aquello hirió el orgullo del Pirata, que rajó en la prensa italiana y buscó otro triunfo por méritos propios, que logró tres días después en Courchevel: “Este Pantani se parece más al viejo Pantani”. En la jornada de descanso posterior, Armstrong explotó: “Me arrepiento del Ventoux. Le hice un regalo por lo mal que lo había pasado. Creí que el Elefantino tenía más clase. Prefiero llamarle así, que es como le apodaron los periodistas, y no el Pirata, que se lo ha puesto él ”. Pantani no entró al trapo: “Responderé en la ruta, donde hablan los ciclistas”.

 

Y eso hizo. Pantani arrancó a más de 100 kilómetros en la etapa de Morzine. Estaba sexto en la general, a 9:03. Armstrong se puso nervioso, se acercó al coche de Johan Bruyneel y le pidió que le pusiera al teléfono a Michele Ferrari. “No va a llegar”, le tranquilizó el doctor. Pero Lance acumuló tanto estrés que terminó entrando en crisis en el último puerto: el Joux Plane. A esas alturas, el Pirata ya había reventado (llegó a 13:44, con problemas intestinales). Richard Virenque ganó aquella etapa tras una caída de Roberto Heras y el americano perdió dos minutos, aunque aún tenía margen suficiente.

 

Al día siguiente, Pantani se retiró: “Me he quedado vacío”. Y Armstrong, siempre vengativo, empezó su conferencia de prensa con una frase en italiano: “Il Elefantino, a la sua casa”.

 

Pantani

 

(LA RUTA DEL TOUR: Megève-Morzine, 20ª etapa)

 

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viernes, 22 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

Los trágicos destinos de Claveyrolat y Le Grevés

La llegada de hoy, Saint Gervais-Mont Blanc, está ligada a los trágicos destinos de dos laureados corredores franceses: Thierry Claveyrolat y René Le Grevés.


Claveyrolat, el ‘Águila de Vizille’, se llevó la victoria en 1990 en esta estación de la Alta Saboya tras una galopada en solitario de más de 70 kilómetros. Era la primera de las dos veces que el Tour de Francia terminó en Saint Gervais. La otra, en 1992, deparó el triunfo del suizo Rolf Jaermann por delante de Pedro Delgado. Claveyrolat se enfundó ese día el maillot de la montaña, que defendió hasta los Campos Elíseos. Un año después volvió a adjudicarse otra etapa en los Pirineos: en Bourg d’Oisans. Fueron sus dos años mágicos en la Grande Boucle.


El 7 de septiembre de 1999, a los 40 años de edad, su mujer se lo encontró muerto en una bodega que tenía en Notre Dame de Mésage, cerca de Grenoble. Thierry Claveyrolat se había pegado un tiro. Su suicidio se relacionó con un accidente de tráfico en el que se había visto implicado el 13 de agosto, que provocó cuatro heridos, entre ellos un niño de 14 años muy grave. También estaba deprimido porque sufría problemas económicos. Tenía un bar en su Vizille natal llamado ‘L’etape’. La etapa.


Más de medio siglo antes, el 25 de febrero de 1946, el por entonces retirado sprinter francés René Le Grevés murió a los 35 años en un accidente de esquí en Saint Gervais. El palmarés del Bretón, como se le conocía en el ciclismo, recoge una plata olímpica en Los Ángeles 1932 en persecución por equipos, 16 etapas victoriosas en el Tour entre 1933 y 1939, y el Campeonato de Francia de ruta en 1936.

 

Claveyrol

 

(LA RUTA DEL TOUR: Albertville-Saint Gervais, 19ª etapa)

 

 

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jueves, 21 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

Bernard Hinault se exhibió en el 'circuito de la muerte'

El Mundial de Sallanches de 1980 se recuerda como uno de los más duros de siempre. Tanto que fue bautizado como ‘el circuito de la muerte’. Se subió veinte veces la Côte de Domancy: 3 kilómetros al 8% con rampas máximas del 15%. Cuando el equipo de España terminó de supervisar el recorrido, Juan Fernández exclamó: “Aquí no vamos a acabar ninguno”. Casi acertó, porque solo terminaron 15 de los 107 participantes.


El trazado se había hecho a la medida para Bernard Hinault, el mismo año que se despedía el director técnico de Francia, Richard Marillier. “Id preparando el champán”, dijo el Tejón antes de tomar la salida. Esa temporada se había exhibido bajo la nieve en una dantesca Lieja-Bastoña-Lieja y había ganado el Giro de Italia, pero tuvo que retirarse del Tour de Francia con una tendinitis en una rodilla cuando vestía el maillot amarillo.


Hinault despejó pronto las dudas. Sus primeros ataques se produjeron a 150 kilómetros y fue seleccionando la carrera hasta quedarse con Pollentier, que se descolgó en la 15ª vuelta; Marcussen, que se quedó en la 17ª; Millar, que lo hizo en la 18ª, y Baronchelli… El italiano fue quien más resistió a su rueda.

 

Hinault se acercó al coche del seleccionador azzurro, Alfredo Martini, y se quejó: “Dile que dé algún relevo”. No lo hizo. Aun así, Hinault se marchó en solitario en la última subida a Domancy. Oro.


Baronchelli llegó a 1:10: plata. El bronce se lo llevó Juan Fernández, que ganó el sprint de un grupito a Panizza, Boyer, Pronk, De Vlaeminck y Nilson. “No sé ni cómo acabé. A dos vueltas del final tenía calambres en las piernas y en los brazos y estuve a punto de abandonar”, contó el español, que cazó otros dos bronces mundialistas.

Hinault

 

(LA RUTA DEL TOUR: Sallanches-Megève, 18ª etapa)

 

 

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miércoles, 20 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

Koblet: el 'Corredor Encantador' corrió como "un avión" en 1951

El segundo y último suizo ganador del Tour de Francia fue Hugo Koblet, justo el año siguiente que su compatriota Ferdi Kubler: en 1951. La temporada anterior se había convertido también en el primer no italiano que conquistaba el Giro. Eran unos años dorados para el ciclismo helvético.

 

Su dominio en el Tour de 1951 se resume con una frase de su principal rival, Raphael Geminiani: “No es posible otro corredor igual. Si hubiera dos Koblet, me buscaría otra profesión de inmediato”. El suizo ganó cinco etapas y aventajó en 22 minutos al francés en París.

 

La mayor muestra de su poderío la dio en la 11ª etapa, entre Brive y Agen. Koblet mantuvo un pulso de 135 kilómetros contra un pelotón donde se turnaban Coppi, Bartali, Magni, Bobet, Ockers, Geminiani… Acabó con 2:35 minutos de ventaja, a un promedio de 38,946 km/h. Durante su galopada coincidió con Louis Deprez, que le pidió perdón por no poder darle relevos. “Ningún problema. Quédate pegado a mi rueda y no te preocupes por nada”, le dijo el helvético. Pero Deprez sólo resistió 10 kilómetros antes de explotar: “Era un avión”.

 

Tras aquella gesta, el cantante Jacques Grello le bautizó en Le Parisien Liberé como el ‘Pédaleur de Charme’: el ‘Corredor Encantador’. Koblet había introducido una nueva imagen en el ciclismo. Siempre con el peine a mano, era un hombre bien parecido y preocupado por su aspecto. Llevaba guantes, gafas de esquiador, un cronómetro en la muñeca… Cuando acabó el Tour tuvo ofertas hasta para hacer cine.

 

Aunque subió dos veces al podio del Giro de Italia (1953 y 1954), no volvió a repetir tan gloriosos resultados. Poco después de retirarse falleció en Zúrich a los 39 años en un extraño accidente de coche que hizo pensar en un suicidio.

 

Koblet

(LA RUTA DEL TOUR: Berna-Finhaut Emosson, 17ª etapa)

 

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martes, 19 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

Ferdi Kubler: el ‘Loco Pedalista’ y el ‘Hombre Caballo’

El primer ganador suizo del Tour de Francia fue Ferdi Kubler (2 de julio de 1919, Marthalen), al que apodaban el Loco Pedalista o el Hombre Caballo por su forma enérgica de correr. Kubler, larguirucho y zancudo, con perfil aguileño, no sabía medirse. Era todo o nada.


Siempre se recuerda la anécdota de 1955, cuando atacó en la asfixiante etapa Marsella-Aviñón. “Cuidado, Ferdi… El Mont Ventoux no es como los otros”, le advirtió Raphael Geminiani. A lo que respondió: “Ferdi tampoco es como los otros”. Una hora más tarde paró para tomar una cerveza y retomó la carrera en sentido inverso. Iba frito. Llegó el 46º, a 26:19 del vencedor, tras varias caídas. Al día siguiente no tomó la salida. Fue su despedida del Tour.


Kubler corrió el Tour cinco veces y sólo acabó dos: primero en 1950 y segundo en 1954. El año del triunfo cogió el maillot en Saint Gaudens, aunque no quiso vestirlo porque lo heredó de Fiorenzo Magni, que se había retirado con todos los italianos por una agresión que sufrió Gino Bartali. Había logrado su ventaja en la crono de Saint Brieuc y la aumentó en la calurosa jornada de Nîmes, donde Bobet perdió una minutada. El francés buscó la remontada con un triunfo en Briançon y un ataque camino de Saint Étienne. Cuando perdía más de cuatro minutos, Kubler se vio solo y, con lágrimas en los ojos, pedaleó rabioso hasta atrapar al rival. En la última crono de Lyon se planteó el reto de doblar a Louison Bobet, como había hecho su compatriota Hugo Koblet en la Vuelta a Suiza. Y lo logró.


“En Francia yo tenía fama de peligroso, pero también de inestable”, escribió tras su victoria en L’Équipe, el mismo diario deportivo que tituló: ‘Es un Ferdi Kubler todo nuevo, que ha corrido y ganado batiendo a Ockers, Bobet… y a sí mismo’.

 

Kubler

 

(LA RUTA DEL TOUR. Día de descanso en Berna)

 

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lunes, 18 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

El Tour llega a la casa de ‘Espartaco’ Cancellara

A Fabian Cancellara se le conoce con el apodo de Espartaco, pero tiene otro sobrenombre: el Expreso de Berna, que alude a su ciudad de nacimiento. En su última temporada en activo, Cancellara llega hoy con el Tour de Francia a la capital de Suiza. Su casa.

 

Cancellara es uno de los suizos más importantes en la historia del ciclismo, con tres victorias en la París-Roubaix, otras tantas en el Tour de Flandes, una Milán-San Remo, cuatro oros en Mundiales de contrarreloj, dos medallas olímpicas (oro y plata)...

 

El helvético también tiene un récord en la Grande Boucle, donde sobresale como el ciclista con más días con el maillot amarillo (29) entre los que nunca han ganado el Tour. En el ránking global tiene delante únicamente a once corredores, todos coronados en París. Y sólo a uno en activo: Chris Froome.

 

También es el suizo con más días de líder. Ni siquiera le superan los dos campeones del Tour: Ferdi Kubler (1950), que lució 12 jornadas de amarillo, y Hugo Koblet (1951), con 11. En su palmarés figuran igualmente ocho etapas, siete de ellas en contrarreloj. También en esta especialidad es el corredor más laureado entre aquellos que no han ganado el Tour.

 

Y ya que estamos en Suiza, vamos con más pioneros. El primer participante fue Charles Laeser, en 1903. El primer maillot amarillo: Paul Egli, en 1936. Un año después llegó el podio de Leo Amberg (3º), a quien siguieron Kubler, Koblet, Fritz Schaer, Urs Zimmermann, Toni Rominger y Alex Zülle.

 

En 1954, el mismo año que Schaer subió al podio como tercero, detrás de Bobet y Bahamontes, se convirtió en el primer ganador de la debutante clasificación por puntos.

Cancellara

(LA RUTA DEL TOUR: Moirans en Montagne-Berna, 16ª etapa)

 

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domingo, 17 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

Morelon y Lemaitre, unidos a toda velocidad por el Tour

Bourg en Bresse está tocada por la varita de la velocidad. Quizá porque de allí es natural Daniel Morelon (24-07-1944), uno de los deportistas más laureados de Francia. Morelon conquistó siete títulos mundiales en la especialidad de velocidad (o sprint) entre 1966 y 1975, sólo superado en el palmarés histórico por el japonés Koichi Nakano. También se colgó cinco medallas olímpicas: tres de oro (dos en la misma modalidad y otra en tándem). Tras su retirada continuó alimentando la gloria del ciclismo en pista de su país, como entrenador de otros campeones olímpicos: Felicia Ballanger y Laurent Gané.

 

Quizá por eso, las dos veces que se ha llegado a Bourg en Bresse han ganado velocistas: Thor Hushovd (2002) y Tom Boonen (2007), dos campeones del mundo. Hushovd se convirtió allí en el segundo noruego que ganaba una etapa del Tour, tras Dag Otto Lauritzen en Luz Ardiden en 1987. Y Boonen batió a Óscar Freire, que tras dos segundas plazas consecutivas decidió retirarse para preparar el Mundial. Esta ciudad también ha albergado una salida de etapa, en 2014, camino de Saint Étienne. Por supuesto, ganó otro velocista, también noruego: Alexander Kristoff.

 

En su cuarta presencia en el Tour, Bourg en Bresse será la salida rumbo a Culoz, que nunca ha recibido a la ronda francesa, que sí pasó por allí para ascender por primera y única vez el Grand Colombier en 2012, un puerto de categoría especial del Macizo del Jura que domó Thomas Voeckler.

 

En Culoz se crió otro ilustre: Christophe Lemaitre (natural de Annecy), cuádruple campeón de Europa. Lemaitre es el único atleta blanco que ha bajado en 100 metros de los 10 segundos: 9:92. Otro velocista.

 

Morelon

 

(LA RUTA DEL TOUR: Bourg en Bresse-Culoz, 15ª etapa)

 

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sábado, 16 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

La escapada bidón de Pereiro en Montélimar

 Un 15 de julio como ayer, hace diez años, el Tour de Francia celebró su primera y hasta ahora única llegada en Montélimar, la localidad que acoge la salida de hoy. Se celebraba la 13ª etapa, la más larga de aquella edición, con 230 kilómetros desde Béziers y 35 grados de temperatura media. Floyd Landis vestía el maillot amarillo que se había enfundado dos jornadas antes en Pla de Beret.  En sus rampas, Óscar Pereiro había perdido 26 minutos y estaba el 46º en la clasificación, a 28:50. El primer español era Carlos Sastre, 5º a 1:52.

 

Ese mismo 15 de julio, AS publicaba una entrevista con Roger Walkowiak, porque se habían cumplido 50 años desde que se enfundó el maillot amarillo en una escapada bidón en Angers. ¿Premonitorio?

 

En el kilómetro 20 de la etapa se formó la fuga del día: Quinziato, Chavanel, Grivko, Voigt y Pereiro. Ninguno era preocupante para la general. El Phonak dejó aumentar la ventaja. El español era amigo de Landis, habían corrido juntos en el equipo suizo. Si se ponía líder, no era un ciclista molesto. Y de paso se ahorraban trabajar durante alguna jornada. La etapa tuvo un momento kafkiano, porque el Rabobank de Denis Menchov se puso a tirar para defender el maillot de su rival Landis. Demasiado tarde.

 

Voigt ganaba y Pereiro acababa segundo. Relojes en marcha. El pelotón llegó a 29:57 minutos, fuera de control, aunque la organización decidió repescar a los 145 corredores. Pereiro era el noveno líder del ciclismo español. Luego perdió el maillot en Alpe d’Huez, lo recuperó en La Toussuire y lo volvió a ceder en la crono. Acabó segundo en París, pero un positivo de Landis le hizo campeón del Tour. 50 años después de Walkowiak.

 

Pereiro

 

(LA RUTA DEL TOUR: Montélimar-Villars les Dombes, 14ª etapa)

 

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