as.com Ver todos los blogs >

Pedaladas

El blog de Juan Gutiérrez

Vamos a hablar de ciclismo, pedalada a pedalada. De sus gestas y de sus miserias. Desde mi experiencia como periodista en treinta grandes vueltas y en otras múltiples batallas...

Calendario

julio 2016
lun. mar. mié. jue. vie. sáb. dom.
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Subscríbete a RSS

Añadir este sitio a RSS

¿Que es RSS?

Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.

viernes, 01 julio 2016

Por Juan Gutiérrez

El dopaje no sólo era Armstrong

El martes cerré mis vacaciones preTour en el cine. Ya me habían hablado de la película The Program, pero todavía no había tenido la oportunidad. En mi interior también estaba un poco esquivo, porque todo lo relacionado con Lance Armstrong me resulta bastante cargante. Su estreno en las salas españolas, el 22 de junio, al fin me animó a verla. Con palomitas incluidas. La cinta no me pareció buena, a pesar de la dirección de Stephen Frears. Y dudo mucho de que tenga calado entre aquellos espectadores ajenos al deporte. Que sólo estuviéramos ocho personas en la sesión es buena prueba de ello. Aun así, la aconsejo. Si eres un seguidor del ciclismo, esto es historia del ciclismo.

 

Salí del cine con una extraña sensación. Por la pantalla había pasado una parte de mi vida: siete años de Tour, personajes que traté, hechos que conocía y conté... No voy a hacer una crítica de cine. Mi visión es otra. La visión de alguien que vivió la era Armstrong como periodista. Vetado por Johan Bruyneel, que en un determinado momento prohibió a sus ciclistas hablar con AS. Por hacernos eco de todo aquello en lo que hurgaba David Walsh. Y por otras publicaciones. Todavía recuerdo al técnico belga cruzando su coche por delante del mío en un aparcamiento para recriminarme algo que había salido en el periódico. Era ese mismo Bruyneel que en The Program pregunta intimidante en la sala de prensa por Walsh. Varios compañeros hacen el vacío a Walsh. A mí, varios periodistas me retiraron la palabra tras publicar el caso Manzano en 2004. Paralelismos. Eran tiempos en los que Armstrong definía a AS como "un tabloide" por contar eso mismo que ahora se proyecta en una gran pantalla.

 

PROGRAM

 

The Program narra una historia real, pero incompleta. Cuando Armstrong se inyecta suero a toda velocidad para rebajar el hematocrito, estamos presenciando una triquiñuela que ya narró Jesús Manzano en AS. Como narró también las transfusiones de sangre con las bolsas colgadas en las alcayatas de los cuadros de los hoteles. No era una práctica exclusiva de Armstrong, de su colega Floyd Landis y de otros compañeros del US Postal, como puede deducirse del largometraje. Y cuando vemos a Lance en el podio de su séptimo Tour, le vemos junto a Jan Ullrich e Ivan Basso, dos clientes probados de Eufemiano Fuentes. No solo Armstrong se dopaba. No solo Michele Ferrari dopaba.

 

Cuando Armstrong intimida y humilla a Filippo Simeoni en plena etapa, no se nos ofrece lo que sucedió después. Al día siguiente, yo entrevisté a Simeoni a la salida de su hotel. No había más periodistas allí, por cierto. La fuerza de Lance. Y Simeoni me contó que otros muchos corredores le abuchearon y le insultaron cuando regresó al pelotón, después de tener que renunciar a su escapada por el marcaje mafioso de Armstrong. En la película se habla de omertá, pero no se deja claro que el dopaje iba más allá del texano. Muchos no sólo callaban, sino que le aplaudían. El programa de Lance no era "el más sofisticado" de la historia, como sostuvo la USADA. Era un programa más en una época muy oscura. Tras el caso Festina, Lance pudo liderar un nuevo ciclismo, pero prefirió vivir una mentira. Igual que muchos cómplices, muchos imitadores y muchos competidores que seguían su estela, pero no salen en la película.

 

BENFOSTER

 

Archivado en Actualidad , Ciclismo , Cine , Deportes

viernes, 24 junio 2016

Por Juan Gutiérrez

Cocentaina también lleva a Río

Los Campeonatos de España de ciclismo en ruta han reunido la mejor participación en este 2016: Alberto Contador*, Alejandro Valverde, Purito Rodríguez, Mikel Landa… Están todos los que son. Tan excelso elenco coincide con el año olímpico. No creo que sea una casualidad. Aquí no es una condición imprescindible disputar los Nacionales para integrar la Selección, pero la alineación para los Juegos de Río todavía no se ha hecho pública… Y el presidente de la Federación, José Luis López Cerrón, ha pedido repetidas veces a las estrellas del pelotón español una mayor implicación en la carrera de la RFEC.

 

Valverde sí es un clásico en estos Campeonatos, que ha ganado dos veces. Pero es que Valverde milita en el Movistar, el equipo que domina dictatorialmente esta competición en las recientes ediciones: lleva seis títulos consecutivos y ocho de los diez últimos. Esa ha sido otra circunstancia que ha echado atrás en otras ocasiones al resto de líderes del ciclismo español, todos ellos en escuadras extranjeras. El equipo telefónico volverá a ser el referente en estos Nacionales, que se han adelantado en un día por la celebración de las Elecciones Generales del domingo. Y, para empezar, ya ha ocupado las cuatro primeras plazas en la contrarreloj.

 

Movistar

 

Aun así, aquí están este año Contador*, Purito, Landa... Dando lustre a los Campeonatos. Y deseosos de ser incluidos en la lista de Javier Mínguez para Río. La fecha límite que ha puesto el Comité Olímpico Español (COE) es el 30 de junio, cinco días después de la carrera. Pero el seleccionador lo considera un tiempo insuficiente: “Yo las conclusiones no las voy a sacar de los Campeonatos de España, sino del Tour de Francia. Tengo que ver cómo van ahí”. Así que seguramente apurará hasta el 18 de julio, el tope para hacer los cambios.

 

Mínguez ya ha incidido numerosas veces en que “quien no vaya al Tour, no estará en los Juegos”. Y mantiene firme esa condición, según explica con su particular humor castellano: “Quien no corra en Francia, seguramente se va a ir a la playa con la novia... Como es lógico, pero no para preparar Río”. Con estas cartas encima de la mesa y con todos agradando a la RFEC con su presencia en Cocentaina, el técnico vallisoletano tiene que conformar un equipo olímpico de cinco corredores, de los cuales dos disputarán también la contrarreloj.

 

Si no hay ningún imprevisto en el Tour (hay que recordar que antes de Londres 2012 causaron baja Óscar Freire y Samuel Sánchez), lo lógico es considerar fijos a tres corredores: Valverde, Purito y Contador. Este último también disputaría la crono. Así que faltarían dos plazas por cubrir, una de ellas con un contrarrelojista. Los resultados de Ion Izagirre en la presente temporada, coronados por el título nacional este mismo jueves, le dan muchas opciones. Así que ya solo quedaría un puesto, que seguramente se jugarán Mikel Landa (el trazado olímpico le va de perlas), Luis León Sánchez y Jonathan Castroviejo.

 

  Belda2

Todos ellos estarán este sábado en Cocentaina, una localidad alicantina con enorme tradición ciclista. Actualmente hay dos profesionales contestanos: Rafael Valls y David Belda. Y otro ilustre de la comarca: Rubén Plaza, de Ibi. Esta tierra se merece unos Campeonatos, por supuesto. Pero chirría bastante que se celebren precisamente este año. Justo unos días después de que la Audiencia Provincial de Madrid haya concedido a la RFEC las bolsas de sangre y las pruebas para abrir (o reabrir) expedientes de la Operación Puerto, los federativos españoles estarán haciéndose fotos con Vicente Belda. Es cierto que Belda no ha cometido ningún delito contra la salud pública. No hay nada que recriminarle penalmente. Pero tanto en el juicio oral como en la reciente resolución de la Audiencia sí quedó claro que hubo prácticas de dopaje. Y en esa esfera administrativa, la RFEC sí tiene una responsabilidad que no parece compatible con pasearse con Vicente Belda por su pueblo.

* NOTA: Alberto Contador comunicó durante la mañana del viernes 24 su baja en los Campeonatos de España por "problemas de salud".

 

Archivado en Actualidad , Ciclismo , Deportes

miércoles, 15 junio 2016

Por Juan Gutiérrez

El Día Mundial del Donante de Sangre

Los jueces de la Audiencia Provincial de Madrid eligieron el Día Mundial del Donante de Sangre para poner el cierre penal a la Operación Puerto. La sangre salva vidas, pero no es un medicamento. Así que todos absueltos. Para llegar a una conclusión así, digo yo que no hacían faltan diez años, ni tanta vergüenza como ha caído sobre  el deporte español.

 

Que Eufemiano Fuentes y compañía, según sus señorías, no hayan cometido un delito contra la salud pública no equivale a que no hayan dopado. Queda probado que sí lo hicieron, pero en aquel mayo de 2006 no había una Ley Antidopaje. Por eso los magistrados al menos sí han tenido a bien donar las bolsas de sangre a las autoridades deportivas, para “luchar contra el dopaje, que atenta al valor ético esencial del deporte”, razonan en su resolución. “Así que ahí les dejamos a Eufemiano libre, para que puedan ustedes seguir peleando contra esa lacra”, podrían haber añadido.

 

Al menos hay que felicitarse por una cosa: por una vez, los jueces han cedido las pruebas penales para abrir expedientes administrativos, con independencia de que la sentencia haya sido absolutoria. Por ahí se puede mirar al futuro. Y también a través de unas bolsas que tanto daño están haciendo a la credibilidad del deporte.

 

Ufe

Archivado en Actualidad , Ciclismo , Deportes

viernes, 10 junio 2016

Por Juan Gutiérrez

Coppi y Bartali: unidos por la leyenda

'La pasión de Fausto Coppi'. No se me ocurría mejor lectura para devorar durante el Giro de Italia 2016. Llego a su capítulo 7, ‘El místico y el mecánico’, y el autor William Fotheringham me empuja a retroceder una veintena de años. Eran los tiempos en los que un septuagenario Gino Bartali acompañaba a la caravana de la Corsa Rosa tocado por un ‘capellino’ publicitario. Los aficionados se desgañitaban a su paso. Italia le venera. Entonces no existían los selfies, las fotografías todavía se revelaban. “A principios de los 90 se llegó a calcular que firmaba 5.000 autógrafos al día”, narra el libro. Pero el piadoso Gino sabía que cada uno de esos gestos de cariño era compartido: “Solía decir que le aplaudían tanto por él mismo como por Coppi”.


Desde que Fausto murió por una malaria mal diagnosticada en enero de 1960, la sombra de Coppi siempre ha acompañado a Bartali. El recuerdo de una rivalidad histórica, la mayor rivalidad que se ha conocido nunca entre dos deportistas. Coppi y Bartali. Bartali y Coppi. Hay mucha literatura en torno a dos personajes que, en contra de lo que se pueda suponer, no se odiaban. Al contrario. “Tengo ocho o nueve amigos y Fausto es el mejor, somos como hermanos”, aseguraba Bartali. Siempre exagerado y altisonante. Fausto, por su parte, buscó a un ya retirado Gino en una salida del Giro de 1955 para que fuera la primera persona que viera la fotografía de su hijo Faustino, nacido de su ‘pecaminosa’ relación con la Dama Bianca, que dio a luz en Buenos Aires para que la paternidad fuera reconocida. En unos tiempos en los que Italia censuraba a Coppi por su relación con Giulia Occhini, en unos tiempos en los que tuvo que sentarse ante un tribunal para responder por adulterio, que estaba penado con un año de cárcel, Bartali no le dio la espalda.

 

CoppiLIBRO



Faustino Coppi… En mis años de enviado especial al Giro también era frecuente ver al hijo del ‘Campionissimo’ de visita por la carrera. De homenaje en homenaje. De recuerdo en recuerdo. Los italianos adoran sus recuerdos. Los cuidan y los ensalzan. Un día de 2005 escuché una sonora ovación en la salida de una etapa. Me acerqué y vi a un octogenario que devolvía los saludos al público. “¿Quién es?”, le pregunté a Alessandra de Stefano, la voz de la RAI. “¿No le conoces? Es Alfredo Martini”. No hicieron falta más preguntas. Alfredo Martini fue un ciclista coetáneo de Coppi y Bartali, aunque su nombre se encumbró años después por sus grandes éxitos como seleccionador de Italia. Aquel día entrevisté a Martini. Y cuando le pregunté por Coppi, su respuesta fue la narración de una gesta: “Giro de 1949, etapa Cuneo-Pinerolo, Fausto rueda 192 kilómetros en solitario, con frío y lluvia, cruza la Maddalena, Vars, Izoard, Montgenevre, Sestriere... Nadie ha hecho las hazañas de Coppi”. Aquella galopada le sirvió para aventajar a Bartali en 12 minutos y para inspirar una frase histórica, la del periodista Mario Ferretti: “Un uomo solo è al comando della corsa, la sua maglia è bianco-celeste, il suo nome è Fausto Coppi”. Eran tiempos sin televisión en directo, la radio hacía soñar. Delante de los ojos de Martini, yo soñé que veía a Coppi y a Bartali.


Alfredo Martini falleció en agosto de 2014 a los 93 años. Gino Bartali se había marchado antes, el 5 de mayo de 2000, a los 85 de edad, en vísperas de un Giro que partía con una contrarreloj de 6 kilómetros entre Roma y el Vaticano. Muchos recordarán aún a Mario Cipollini embutido en un buzo con los colores del pequeño país: blanco y amarillo. Casualidades de la vida. Gino era una persona profundamente católica, rezaba siempre antes de las carreras, era ejemplar para la democracia cristiana dominante y para el Papa Pío XII: “La fe me permite soportar el dolor”. Un perfecto modelo para la Italia de la época: “En su foto más famosa se le ve rezando en Lourdes en un día de descanso del Tour. Sus ojos están devotamente entornados (…). A menudo se llevaba a misa a todo el equipo antes de las competiciones. Dedicaba sus victorias a Santa Teresa de Lisieux, cuya imagen tenía grabada en el manillar (…). Competía con media docena de medallas de la Virgen colgando de su cuello. Circulaba el rumor de que una niña le había visto subiendo un puerto en la Toscana con un ángel empujándole”. Incluso los tifosi le veneraban como “a un santo en tierra: arrojaban pétalos de rosa a su paso y besaban el asfalto por donde habían transitado sus neumáticos”.


Por contraste, siempre se ha sostenido que Coppi era ateo, sobre todo después de aquel escándalo de adulterio que provocó hasta un veto papal. No era así. Coppi era el hijo de un campesino y guardaba las tradiciones, pero no las exhibía en público. “Solía censurar a las personas que aireaban sus creencias, en clara alusión a Bartali”. Era más reservado que Gino, a quien se le distinguía como un hombre de voz alzada, conversador y lenguaraz, fumador y bebedor. Y también menos impulsivo: Bartali propinó un puñetazo a un corredor que le llamó “cura mentiroso” en el Giro de 1947. El piadoso Gino no era ningún monje.

 

GinoBartaliSENTADOS



Durante aquel Giro de 2000 se habló y se escribió mucho de Bartali. Los italianos tienen una enorme capacidad para enaltecer a sus héroes. La Corsa Rosa ya dedicaba por entonces su cima más alta a la memoria de Coppi. Y a partir de esa fecha, también rinde homenaje a Bartali cuando alguna etapa pasa por su Toscana, igual que lo hace con Marco Pantani en alguno de los puertos donde dejó su sello. Se contaron muchas cosas aquellos días sobre Bartali y Coppi. Sobre esa rivalidad que dividió a una Italia que necesitaba algo en lo que creer después de la II Guerra Mundial. Aunque parezca una contradicción, no sería exagerado sostener que aquella Italia enfrentada por un conflicto bélico volvió a unirse gracias a la rivalidad de dos hombres.


El embrión de aquella rivalidad se localiza unos días antes de la entrada de Italia en la guerra, en aquel Giro de 1940 que ambos corrieron juntos en el equipo Legnano. Bartali era el gran líder, pero por avatares de la carrera y por cuestiones estratégicas, el triunfo se lo llevó el debutante Coppi, un joven de 20 años que en aquella época “parecía más una cabra famélica que un ciclista”, según el testimonio de un corredor de entonces. Gino no sólo aceptó su suerte, sino que asistió a Coppi durante una tremenda crisis en los Alpes: “Me echó un brazo por encima de mis hombros temblorosos y me pasó un bidón de agua…”. El veterano ayudó al pipiolo, pero en el fondo nunca olvidó la afrenta: “Si yo hubiera estado en otro equipo, Fausto no habría ganado aquel Giro”, repitió siempre. Y era verdad.


Poco le duró la alegría a Coppi, porque fue llamado a filas tan sólo dos días después de su victoria, con el número de recluta 7.375. Al principio sus mandos fueron generosos con él y pudo continuar con sus rutinas “siempre que estuviera en el cuartel antes del toque de queda”. Siguió entrenando y siguió compitiendo. También Bartali. Y ese mismo año conoció a su futura mujer: “Una chica morena y tímida llamada Bruna Ciampolini le pidió un autógrafo en una carrera”. Antes de acudir al frente, aún tuvo tiempo también para batir el récord de la hora en 1942, en el velódromo Vigorelli de Milán, una instalación descascarillada por los bombardeos que era utilizada como hospital de campaña por el ejército. Coppi se preparó chapuceramente, entre otras cosas porque “el racionamiento de gasolina le impedía tener una moto para entrenar”, pero logró la plusmarca.


Coppi evitó la guerra hasta donde pudo, pero finalmente en marzo de 1943 tuvo que incorporarse al frente, en el norte de África, donde sufrió numerosas penalidades, entre ellas una primera malaria que entonces pudo superar, y fue hecho prisionero. El soldado británico Len Levesley, mecánico de bicicletas en Londres, recordó después que un día pidió un preso para que le cortara el pelo: “Y apareció el mismísimo Coppi”. A Bartali, sin embargo, no le reclutaron, aunque muchos años más tarde, después de su fallecimiento, se conoció que sí tuvo una participación activa en una red impulsada por monjes que falsificaba documentos para salvar a judíos. El toscano los transportaba escondidos en los tubos de su bicicleta, sin que los camisas negras tuvieran valor para detenerle porque era un mito nacional, un hombre que había ganado el Tour en 1938, que se había coronado en la adversaria Francia, en pleno régimen de Benito Mussolini. Gino Bartali, tan charlatán y bravucón en vida, se llevó ese secreto a la tumba. Fue un héroe silencioso. Un héroe de verdad.

 

BartaliBARRO



Los momentos de mayor rivalidad entre ambos llegaron después de la II Guerra Mundial, en una Italia derruida e invadida por la pobreza que necesitaba recuperar su orgullo, “con tubulares remendados por trapos”, sobre unas carreteras destrozadas por las bombas y la sinrazón. Antes, Coppi contrajo matrimonio con Bruna en noviembre de 1945: “No había dinero para arreglar la iglesia con flores, así que Bartali, como buen cristiano que era, le regaló la victoria en un critérium para que pudiera llevarse a casa uno o dos ramos”. Su querido enemigo. Siempre presente. La pareja se instaló en un cuarto piso sin ascensor en Sestri Ponente: “Los tifosi lo esperaban fuera, peleándose por el honor de subirle la bicicleta por las escaleras”.


Durante aquellos años posteriores llegaron algunas de las mejores gestas de Coppi y Bartali, algunos de los episodios más brillantes de la historia del ciclismo. Coppi se convirtió en el primer corredor que lograba el doblete Giro-Tour, que repitió en 1949 y 1952. Y Bartali ganó el Tour en 1948, justo diez años después y con un conflicto bélico entre medias. Cuentan que aquella victoria salvó a Italia, porque se produjo al día siguiente del intento de asesinato del comunista Palmiro Togliatti. Mientras sus incondicionales levantaban barricadas en las calles, el presidente demócrata cristiano Alcide di Gasperi pidió a su amigo Bartali por teléfono que ganara la carrera para evitar una guerra civil.


Fausto Coppi fue mucho más que un campeón: Fausto Coppi fue el ciclista que marcó el camino a los campeones del futuro. A Anquetil, a Merckx, a Indurain… “Todos los corredores que vinieron detrás se han inspirado en él”, afirma su excompañero Raphael Geminiani. Por primera vez, un ciclista cuidaba la alimentación (experimentó con dietas vegetarianas, sustituyó la carne por carbohidratos…), la preparación física, los entrenamientos (fue un pionero del tras moto), la programación de la temporada, el vestuario, el material, la aerodinámica… La primera decisión que tomó cuando nació el equipo Bianchi fue llevarse a su mecánico del Legnano: Pinella de Grandi, a quien llamaban ‘alicates de oro’. Siempre bajo la supervisión de Biagio Cavanna, la figura más importante de su carrera: su masajista, su guía, su auxiliar, su asesor, su consejero, su confesor... Cavanna era ciego: “Mis manos pueden ver mejor que cualquier ojo humano y mis oídos pueden escuchar sonidos inaudibles para una persona normal. Mis manos y mis oídos nunca mienten”. Y tenía un lema: “Nada de fumar, nada de mujeres, nada de vino”. En francés existe una palabra para sus funciones: ‘soigneur’. Significa: ‘cuidador’. Eso era Cavanna.

 

CoppiHUEZ

Coppi también fue un ciclista íntimamente relacionado con el dopaje, cuando el dopaje no estaba tan estigmatizado ni tan regulado como ahora. De hecho, no se prohibió hasta cinco años después de su muerte. “Yo soy un profesional. Si pudiera encontrar una sustancia que no dañara mi corazón ni mi sistema nervioso no dudaría en utilizarla para ganar, y a menudo”, decía Il Campionissimo. La anfetamina era el producto rey. También estaban de moda los mejunjes a base de cafeína, alcohol y anfetaminas. “Y luego estaba la bomba: un bidón que contenía seis o siete cafés, azúcar, peptocola y dos o tres pastillas de anfetaminas suaves”. El consumo de sustancias estimulantes formaba parte de la estrategia. Como en aquel Giro de 1953 en el que Coppi envió de espía a su gregario Ettore Milano para que mirara a los ojos a Hugo Koblet en una salida: si los tenía enrojecidos era síntoma de que no había dormido porque el día anterior había tomado una dosis alta. “Tiene los ojos en el cogote”, fue el informe de Milano. Durante la etapa, otro gregario vigiló si bebía mucho: las anfetaminas dan sed. Con estos datos, gracias a aquella picaresca, Coppi ganó el Giro. Fue su última grande, por cierto.


Bartali y Coppi se espiaban constantemente. Era un hábito de la época. Bartali observó, por ejemplo, que “a Coppi se le inflamaba una vena en la parte de atrás de su rodilla izquierda cuando estaba llegando al límite de sus fuerzas”. Utilizaban todo tipo de argucias y triquiñuelas para desestabilizar al rival. En la víspera de la Milán-San Remo de 1947, Fausto sabía que no llegaba en un buen punto de forma, así que se fue pronto a la cama y envió a tres gregarios, su hermano Serse, Casola y Pugnaloni, a pasear y a entretener a Bartali. La táctica era que durmiera poco, que se debilitara. Lo llevaron al cine a ver ‘Gilda’, de Glenn Ford. Fumaron como carreteros. Pero al día siguiente, Il Ginetaccio estaba fresco como una rosa. Quienes pagaron las consecuencias fueron los propios gregarios de Coppi, que rindieron a bajo nivel. “Nos dejó fuera de combate, porque estaba más acostumbrado a trasnochar que nosotros”, contó Pugnaloni. Bartali se recuperaba a base de cafés, podía tomarse hasta 28 al día. Siempre sostuvo que ese fue su único dopaje durante su carrera deportiva.

 

CoppiBartaliSalida


El pique sobrepasaba incluso la competición: “Si Bartali se compraba un coche nuevo, Coppi se agenciaba una máquina más grande”. Pero más allá de sus rencillas, Fausto y Gino se necesitaban. Los dos sabían que esa gran rivalidad creaba expectación, y que la expectación se transformaba en altos contratos para las carreras, en buenos fijos de salida… El mayor duelo deportivo de la historia también era una máquina de hacer dinero que ambos supieron exprimir: “No había carrera que valiera la pena organizar si no participaban los dos, así que cobraban por hacerlo (…). La Gazzetta dello Sport necesitaba a la pareja para vender más ejemplares (…). Bianchi y Legnano los necesitaban para vender bicis. Los gregarios de Coppi y de Bartali ganaban bastante más trabajando para sus jefes que si lo hacían para ellos mismos”. Los dos tenían muy claro el valor económico de su rivalidad.


Tanto confrontaron, que en ocasiones no supieron medirse. El Mundial de Valkenburg en 1948 fue uno de los capítulos más cómicos del ciclismo, con ambos marcándose estrechamente para que no ganara el otro, con los dos desentendiéndose totalmente de la carrera. “Iré donde tú vayas”, le dijo Coppi. Y le siguió incluso a los vestuarios. Italia tenía un problema. En una época en la que el Tour se disputaba por países, sus dos principales capitanes estaban más preocupados por fastidiarse que en colaborar por la gloria patria. El seleccionador, Alfredo Binda, tuvo que lidiar con aquella situación y les obligó a firmar un acuerdo. No era un cualquiera, sino un campeón con cinco victorias en el Giro y tres en Mundiales, por lo que podía mirarles a los ojos y dar un puñetazo en la mesa. El eterno conflicto estuvo a punto de dejar fuera a Italia del Tour de 1949, que finalmente ganó Coppi, gracias a la insistencia del seleccionador para que no abandonara la carrera después de una avería. Binda mantuvo milagrosamente el equilibrio entre los recelos de ambos y evitó que repitieran el capítulo de Valkenburg en el Izoard. En víspera del Tour de 1952 hubo la misma polémica, pero en esa ocasión aquel madurito Bartali salvó hasta dos veces del desastre al desconfiado Coppi cediéndole su rueda cuando pinchó en Mónaco y en Aviñón.

 

CoppiSOLO



Bartali nunca ganó un Mundial. Coppi, sí. Il Campionissimo lo hizo en Lugano en 1953. Y en la foto de aquel podio apareció ya la figura de Giulia Occhini. El escándalo. Fausto abandonó a su mujer de toda la vida, Bruna, y desoyó cualquier intento de reconducción, sin importarle que vinieran del propio Papa, o que tuvieran al piadoso Gino como intermediario. Italia llegó a perdonar a Fausto, pero nunca a Giulia. Coppi entró en una cuesta abajo que desembocó en su muerte por aquella malaria diagnosticada como una gripe, por aquella gira de carreras y aquellas cacerías en África de la mano de su compañero y amigo Raphael Geminiani. Coppi nunca tenía que haber viajado a Alto Volta (la actual Burkina Faso), pero Louison Bobet causó baja y Geminiani le llamó. El destino. La casualidad cruel. Geminiani recuerda perfectamente la noche en que fueron acribillados por los mosquitos. “¡Poca miseria, pim, pam, pum!”, repetía Coppi. Raphael también enfermó, pero en su caso dieron bien con el tratamiento. Fausto Angelo Coppi murió el 2 de enero de 1960. Era el final del hombre y el comienzo del mito, el cierre a una vida que le brindó gloria, pero que también estuvo sembrada por lunares negros que le iban anunciando la oscuridad última: la muerte de su padre, Domenico, aplastado por una pareja de bueyes cuando aún no había cumplido los 50 años; o la muerte de su hermano y gregario Serse por una mala caída en el Giro del Piamonte de 1951... Fausto Coppi fue el último eslabón de una desventurada cadena. Un héroe trágico.


Desde aquella fecha, y durante 40 años, cada gesto de cariño que recibió Gino Bartali era compartido con el recuerdo de su eterno rival. Pero Fausto Coppi ya no es “un uomo solo al comando”. En algún lugar, Coppi y Bartali, Bartali y Coppi, vuelven a pedalear juntos y a compartir un bidón. Unidos por la leyenda. Hasta la eternidad.

 

CoppiBartaliBIDON

Archivado en Ciclismo , Deportes

domingo, 29 mayo 2016

Por Juan Gutiérrez

El triunfo de la experiencia

Qué lejano parece ya aquel triunfo de Tom Dumoulin en la crono inicial. ¡Cuántas cosas han pasado en este Giro de Italia! Y, sin embargo, el desenlace ha sido prácticamente calcado al que pronosticaban las casas de apuestas en aquel 6 de mayo. Han clavado dos peldaños del podio: Vincenzo Nibali, primero, y Alejandro Valverde, tercero. Y han fallado en el segundo: Esteban Chaves en lugar de Mikel Landa. Entró un escalador por otro, así que el disparo tampoco iba tan desviado. Pero la predicción no cumplió siempre la lógica durante toda la carrera. Al contrario, las alternativas han sido múltiples. Y ahí ha estado la grandeza de este Giro, la emoción y el espectáculo. Hemos pasado de la pujanza de Dumoulin a la oportunidad perdida de Landa, de la fortaleza de Steven Kruijswijk a la frescura de Chaves... Y, al final, en sólo dos días, el pronóstico ha vuelto a su sitio: a la veteranía, el inconformismo y el coraje del ‘Tiburón del Estrecho’.

 

Como analizó Alberto Contador, “al final ha ganado el corredor con más experiencia y que mejor sabe gestionar las tres semanas”. Lo mismo se podría aplicar al podio de Valverde. Una grande no la lidia cualquiera. Puede haber sorpresas, claro: Hesjedal, Horner, Cobo, Pereiro... Pero quienes mandan en el palmarés son los campeones. Nada es casualidad. Ni siquiera que el más fuerte se caiga en persecución de sus rivales. Los puertos se suben y se bajan. Y, a propósito de subidas, este Giro no se ha decidido en metas en alto, sino en grandes montañas intermedias. Igual que la pasada Vuelta en la Morcuera. Tampoco es casualidad. Nada lo es.

 

Nibnib

Archivado en Actualidad , Ciclismo , Deportes

lunes, 23 mayo 2016

Por Juan Gutiérrez

La Operación Puerto: diez años de luces y sombras

La Operación Puerto cumple 10 años este lunes 23 de mayo de 2016. En este periodo ha dejado un regusto agrio, un sabor a operación inacabada. Pero si somos capaces de inmunizarnos de esa lluvia de mensajes contrarios y nos transportamos al ciclismo español de hace un decenio, podremos comprobar que la desarticulación de esta trama también ha dejado buenas cosas para el deporte.

 

Se ha escrito mucho sobre la Operación Puerto, demasiado, así que no voy a elaborar aquí un amplio informe. Simplemente voy a desgranar, casi a bote pronto, cuáles han sido esas cosas ‘buenas’ y ‘malas’. Las luces y las sombras. Al menos desde la perspectiva de quien esto escribe. Allá voy:

 

SOMBRAS

-La identificación únicamente de ciclistas entre los implicados ha aumentado las dudas sobre el deporte español, sobre todo cuando hasta el mismo instructor, Enrique Gómez Bastida, reconoce que la investigación empezó por un caso de atletismo y que hay otros deportes inmersos. El sumario muestra, por ejemplo, el seguimiento de unos boxeadores. También existen indicios de que habría bolsas de Marta Domínguez.

 

LUCES

-Hasta la Operación Puerto no existía una Ley Antidopaje ni una Agencia Española Antidopaje. Dos años antes, cuando Jesús Manzano confesó las prácticas del pelotón en AS, se comenzó a trabajar en la construcción de ambas por parte de Jaime Lissavetzky, entonces secretario de Estado para el Deporte. Esta operación fue el empujón definitivo. La Agencia funciona actualmente más o menos bien, tras el impulso de Ana Muñoz Merino y de Gómez Bastida. Es triste no poder decir lo mismo de la aplicación de la Ley.

 

Basti

 

SOMBRAS

-La identificación de sólo una parte de los ciclistas implicados también provocó sospechas, sobre todo en la opinión pública internacional. Alejandro Valverde tuvo que ser identificado y castigado en Italia. Y Luis León Sánchez, por poner otro ejemplo, aparece en el primer tomo del sumario, pero luego su nombre se diluye hasta evaporarse.

 

LUCES

-En aquella primera década del siglo, España era señalada como un paraíso del dopaje. Francia, Italia o Bélgica luchaban contra esta lacra, pero aquí se hacía la vista gorda. La Operación Puerto quitó inicialmente esa etiqueta, al desmontar una red con ciclistas muy importantes: Ullrich, Basso, Hamilton, Botero, Mancebo, Beloki, Sevilla, Etxebarria, Nozal…

 

SOMBRAS

-Aquella primera percepción sobre la Operación Puerto se fue diluyendo cuando se profundizó sobre otros nombres que no habían sido revelados. Valverde es el caso más conocido. Además, el juez instructor Antonio Serrano denegó las pruebas y no se pudieron abrir expedientes en España, mientras que Alemania sí castigaba a Ullrich o Italia a Basso. Tras el juicio oral, hace tres años, volvieron a ser denegadas por la magistrada Julia Patricia Santamaría.

 

JUICIO

 

LUCES

-Aunque en España no se pudo castigar administrativamente a ningún deportista, un acuerdo tácito en el ciclismo impidió que los corredores relacionados con la Operación Puerto pudieran competir en equipos de élite. Eso sirvió de sanción en la sombra.

 

SOMBRAS

-La dilatación del caso sin una solución y, sobre todo, la tozudez de los jueces de no conceder las pruebas para incoar expedientes alargaron en exceso el limbo jurídico en el que vivían esos ciclistas vetados en la élite. Con el tiempo, algunos pudieron retornar a equipos importantes, como Rubén Plaza o Ángel Vicioso, pero otros han tenido que alargar sus carreras siempre en escuadras modestas y secundarias, como Paco Mancebo u Óscar Sevilla.

 

LUCES

-Los medios de comunicación eran generalmente muy reacios a informar sobre dopaje en aquella época. Y si lo hacían, quedaban marcados para los deportes o para los deportistas implicados. Incluso para otros periodistas. Actualmente, todos los medios de comunicación tienen algún experto en dopaje y se informa con naturalidad de cualquier cuestión. No siempre acertadamente, pero al menos el asunto ha dejado de ser tabú.

 

SOMBRAS

-La Operación Puerto tardó casi siete años para celebrar su juicio oral, tras superar dos archivos y dos reaperturas de la causa, y ahora ya suma tres años sin haber resuelto los recursos en la Audiencia Provincial de Madrid. Se anunció un veredicto inminente para principios de 2016, que no se ha cumplido. La lentitud de la justicia acrecienta las dudas sobre la política antidopaje española.

 

UFE

 

LUCES

-Por primera vez en la historia del deporte y de la justicia españoles ha habido condenados por una caso de dopaje. Se trata del médico Eufemiano Fuentes y del preparador y técnico Ignacio Labarta. El instructor policial está convencido de que las condenas hubieran aumentado a cuatro si Alberto León no hubiera perdido la vida y si Merino Batres no hubiera quedado fuera del juicio por una enfermedad.

 

SOMBRAS

-Según la ley española de aquel momento, las faltas de dopaje que hubieran cometido los deportistas implicados en la Operación Puerto ya habrían prescrito (concretamente, a los tres años). También si se aplica el pasado reglamento del Código Mundial Antidopaje, que marca 8 años. Y a partir de este lunes 23 de mayo de 2016, incluso tampoco se podrían abrir expedientes con la nueva versión de la AMA, que establece 10 años. La OP ha prescrito, en cualquier caso. Salvo que un juez dictamine que los expedientes administrativos quedaban paralizados durante el proceso jurídico.

 

LUCES

-La Operación Puerto consiguió apartar del ciclismo a personajes relacionados con las trampas y con el dopaje. Al menos, teóricamente. Y digo teóricamente, porque por ejemplo directores como Manolo Saiz o Vicente Belda nunca se han ido del todo y siempre han aspirado a volver. Ya no están en equipos de élite, pero continúan en contacto con el ciclismo: Saiz está en el equipo Aldro y Belda en la organización del Campeonato de España de Cocentaina.

 

SOMBRAS

-Aunque algunos técnicos de la época han quedado apartados, otros técnicos coetáneos con los mismos hábitos han continuado en el pelotón, después de que ninguna bala les impactara directamente. Como se suele decir: han salido de rositas.

 

LUCES

-El discurso de importantes estamentos del ciclismo ha cambiado desde la Operación Puerto, como por ejemplo en relevantes organizadores como la Vuelta a España. Ya no navegan en la misma ambigüedad que en 2004 con Jesús Manzano. El discurso, al menos, ahora es claro. Tolerancia cero (¡qué frase más desgastada!). No les quedaba otra solución ante la espantada de patrocinadores.

 

OP

 

SOMBRAS

-La política y la ambigüedad antidopaje de las autoridades españolas, tanto gubernamentales como olímpicas, acabaron calando de forma tan profunda en la opinión pública extranjera que castigó con dureza dos candidaturas de Madrid a los Juegos Olímpicos: 2016 y 2020. La Operación Puerto fue una losa para sus aspiraciones.

 

LUCES

-La Operación Puerto abrió la veda a otras operaciones policiales antidopaje. Hay que recordar que en aquel 2006 no había una ley penal antidopaje y, aun así, pudo prosperar. Con la aprobación de la Ley, las herramientas han aumentado para los jueces y para la autoridad policial.

 

SOMBRAS

-No ha vuelto a organizarse una operación de las dimensiones de la OP. Lo más parecido fue la Operación Galgo, pero fue instruida chapuceramente y se sobreseyó. También han salido impunes otros sospechosos habituales, como en el caso del remo y la Operación Estrobo. Últimamente, la actividad policial es menor. Bien, por desinterés de los jueces. Bien, porque no hay voluntad política. O bien, porque las condenas son menores. Pero se mueve poca cosa.

 

LUCES

-La incautación de dos centenares de bolsas de sangre demostraron la veracidad de las denuncias de Jesús Manzano en 2004 sobre un dopaje generalizado en el pelotón de la época. Las posteriores confesiones del sancionado Lance Armstrong confirmaron aún más estas prácticas, si todavía quedaba alguna duda.

 

MANZANO

 

SOMBRAS

-Diez años después, las bolsas todavía no han sido identificadas. La juez Santamaría dictó su destrucción. Y la Audiencia Provincial de Madrid podría ratificar esa sentencia. Las bolsas permanecen aún en el Laboratorio de Barcelona, pero se desconoce su futuro.  Aun si fueran puestas a disposición de las autoridades deportivas, será muy difícil conocer la propiedad de toda esa sangre. En el exterior se sospecha que ahí hay todavía importantes nombres sin desvelar. Y no solo ciclistas. Un agujero difícil de tapar.

 

LUCES

-Cada vez son más los deportistas comprometidos con la lucha antidopaje. Y cada vez son más los que se atreven a alzar la voz contra los tramposos. El ciclismo quizá tenga todavía esa asignatura pendiente, más que otros deportes como el atletismo. El camino es lento. Esperemos que repleto de brotes verdes.

 

Archivado en Actualidad , Ciclismo , Deportes

lunes, 16 mayo 2016

Por Juan Gutiérrez

Empieza el Giro de Landa

Cuando se presentó el recorrido del Giro de Italia 2016, allá por octubre, lo bauticé: ‘El Giro de Landa’. El titular provocó el pertinente debate entre aficionados. “Demasiada contrarreloj para Landa”, me argumentaban algunos. Efectivamente, 61 kilómetros cronometrados, divididos en tres etapas, parecían excesivos para un ciclista que el año pasado había cedido 4 minutos con Alberto Contador en 59,4 km. Landa fue mejor en la montaña que el madrileño en esa edición, pero acabó muy penalizado por esta especialidad, al margen de otras discutibles decisiones tácticas del Astana. Aun así, acabó tercero en el podio final: a 3:05.

 

Mi réplica fue que las cronos de este año no perjudican tanto a Landa, sobre todo la única que resta: una cronoescalada de 10,8 km a Alpe di Siusi. Ahí puede incluso sacar provecho. Además, se presupone que ha trabajado más esta disciplina con el Sky. La mayor amenaza era la contrarreloj del domingo en Chianti Clásico, que cubrió con nota alta. La lluvia igualó las prestaciones de los favoritos. Y en 40,5 km, el vasco cedió menos tiempo que en los 9,8 km de la crono inicial de Apeldoorn. Mikel había desembarcado en el Giro con pocos días de competición (15) y flaqueó en un par de etapas, pero logró salvar las situaciones comprometidas y ha superado también 50 km de crono. Lo peor ya ha pasado para Landa, que llega a la parte decisiva a 27” de Kruijswijk, a 25” de Nibali, a 23” de Valverde y a 20” de Dumoulin. A partir de ahora, el terreno juega a favor. Las casas de apuestas, que están acostumbradas a ganar dinero, lo saben. Y ya le señalan como primer favorito. Empieza el Giro de Landa.

 

Landita

Archivado en Actualidad , Ciclismo , Deportes

lunes, 09 mayo 2016

Por Juan Gutiérrez

Seis metas en alto y mucho más

Nibali

 

Sin apenas tiempo para haberse cansado, el pelotón del Giro de Italia descansó este lunes. La razón de esta jornada en blanco fue un traslado desde los Países Bajos al sur de Italia, donde este martes se ha retomado la carrera. La salida neerlandesa ha pagado 11 millones de euros, así que debemos suponer que ambas partes han rentabilizado ese periplo de tres etapas.

 

Ya en la bota itálica, el Giro continúa su andadura en una primera semana que acogerá, este jueves, la primera llegada en alto. Roccaraso no es una ascensión muy exigente, aunque en su palmarés figuren ciclistas de la talla de Coppi e Hinault. Pero dará alguna mínima pista y, de paso, romperá la tendencia de los sprints. Al hilo de esta meta en alto inaugural, el compañero Jesús Mariano Martín ha preparado una pieza en AS con las seis llegadas en subida de esta 99ª edición. Las hay de todas las categorías y colores, con la cronoescalada a Alpe di Siusi (22 de mayo) y con Risoul (día 27) como los puntos más exigentes, junto a esa penúltima etapa a Sant’Anna di Vinadio (día 28), en este caso no por su ascensión final, sino por los colosos precedentes: Vars, La Bonette y Lombarda.

Rocca

Si pegamos un repaso al recorrido, da la impresión de que el Giro 2016 no se resolverá necesariamente en esos seis puertos finales, ni mucho menos. En esa penúltima etapa ya vemos que es bastante más importante lo que se sube anteriormente que la guinda del pastel. El trazado aporta mucho más que seis llegadas en alto. Y hay sobre todo otras dos que pueden ser más decisivas: me refiero a la contrarreloj de 40,5 kilómetros de Chianti Clásico (15 de mayo) y al etapón dolomítico a Corvara (día 21). Me paro en los detalles de esta última: se recorrerán seis puertos (dos de 1ª, tres de 2ª y uno de 3ª), con un total de 5.400 metros de desnivel (4.700 en los últimos 150 kilómetros de un total de 210), y habrá una sorpresa final con el Muro del Gatto (360 metros con rampas del 19% a 5 km de la meta).

Corvara
 

Además de esas dos jornadas, también pueden dar juego otras dos: la del 14 de mayo, con 6,4 kilómetros de 'sterrato' en la subida a Alpe di Poti, a 18 km de la meta; y la del 20 de mayo, con cuatro puertos (dos de 1ª y dos de 2ª) y una última ascensión a Valle (6,2 km al 8,5%) a 14 kilómetros de la llegada.

 

Si tenemos en cuenta que uno de los grandes candidatos al triunfo es Vicenzo Nibali, uno de los mejores bajadores del pelotón, este tipo de recorridos puede abrir tanta brecha como una llegada en alto. Dependerá, como siempre, de la actitud de los ciclistas. O si no, que se lo pregunten a Tom Dumoulin, también presente aquí, que cedió la Vuelta a España ante Fabio Aru en la Sierra de Guadarrama. Empiezan las metas en alto, sí… Pero en este Giro hay mucho más. Seguiremos informando y comentando.

 

Archivado en Actualidad , Ciclismo , Deportes

martes, 03 mayo 2016

Por Juan Gutiérrez

Once nombres para un Giro

Landa

 

Uno de estos once ciclistas se coronará el 29 de mayo en Turín como ganador del Giro de Italia 2016: Vincenzo Nibali, Mikel Landa, Alejandro Valverde, Tom Dumoulin, Rafal Majka, Rigoberto Urán, Ilnur Zakarin, Domenico Pozzovivo, Esteban Chaves, Steven Kruijswijk o Ryder Hesjedal. Cualquiera que logre la victoria fuera de esta relación protagonizará una tremenda sorpresa. De hecho, incluso el triunfo de alguno de estos últimos sería inesperado. En vísperas de las grandes carreras, a los periodistas nos gusta mucho hacer amplias listas de candidatos. Aquí va la mía, de más a menos favorito, según mi apuesta. Aviso, eso sí, que no voy a ser demasiado original. Son los nombres que la mayoría de nosotros tenemos en mente.

 

VINCENZO NIBALI

Por experiencia, por palmarés (esa triple corona Vuelta-Giro-Tour pesa mucho), por correr en casa e incluso por el potencial de su equipo, el ‘Tiburón del Estrecho’ parte como máximo favorito. Ya conoce todos los peldaños del podio: vencedor en 2013, segundo en 2011 y tercero en 2010. Despista un poco su rendimiento en el reciente Giro del Trentino, donde no se le vio pujar por la general, como sí había hecho en el Tour de Omán. No creo que sea un problema: a las grandes citas suele llegar bien.

 

MIKEL LANDA

Tuvo un titubeante inicio de temporada, que obligó a retrasar su debut una y otra vez. Ya en carrera, el alavés ha despejado las dudas con tres victorias: una etapa en el País Vasco y una etapa y la general en el Giro del Trentino. Llega al Giro con solo 15 días de competición, pero son prácticamente los mismos (17) que en 2015. Entonces se destapó como la revelación de la Corsa Rosa: dos victorias parciales y la tercera plaza del podio, sometido al liderazgo de Fabio Aru. Este año va como líder absoluto, bien arropado por el Sky. Las cronos le penalizan, pero una de ellas es una cronoescalada y, además, asegura haberlas trabajado bien.

 

Valve
ALEJANDRO VALVERDE

Debuta con 36 años en el Giro. Seguramente la edad sea el único obstáculo para apostar plenamente por él, porque el murciano ha demostrado a lo largo de su carrera que puede con las grandes rondas. Su victoria en la Vuelta 2009 o su podio (3º) en el último Tour así lo certifican. Ha sido el gallo más ganador en esta primera parte de la temporada, con seis victorias, aunque solo una de ellas en el World Tour: su cuarta Flecha Valona. En las competiciones recientes ha exhibido un buen golpe de pedal. Además lleva un equipo experimentado en el Giro: Amador, Visconti, Betancur…

 

TOM DUMOULIN

Los 61 kilómetros de contrarreloj sonríen al neerlandés, que tendrá una motivación extra porque el Giro comienza en su país con su especialidad favorita: 10 kilómetros cronometrados. Esa primera maglia rosa es su objetivo inicial. A partir de ahí intentará confirmarse como un corredor de grandes rondas, como ya se mostró en la pasada Vuelta a España antes de sucumbir el penúltimo día. Esta temporada aún no ha ganado, pero acumula tres segundos puestos. El maleficio se romperá en algún momento.

 

RAFAL MAJKA

El polaco llega a este Giro de Italia sin resultados relevantes en 2016, pero a su favor cuenta con su experiencia en esta carrera, donde ha sido dos veces top-ten: 6º en 2014 y 7º en 2013. Además de sus fantásticas dotes de escalador, el capitán del Tinkoff también ha demostrado que puede luchar por los primeros puestos de una grande: el mismo día que Tom Dumoulin se hundió en la pasada Vuelta, Majka se aupaba al tercer peldaño del podio. En este tipo de rondas suele ir a más.

 

RIGOBERTO URÁN

Ha sido segundo en dos ocasiones: 2013 y 2014. El año pasado, enfermo, no pudo pujar con los ciclistas punteros. La incógnita es saber con qué Rigo nos vamos a encontrar en la actual edición. Las carreras anteriores no son un buen termómetro para saberlo, aunque en el reciente Tour de Romandía se le vio asomar a las primeras plazas. Si el colombiano está como en sus mejores tiempos, puede ser un serio candidato. Los 61 kilómetros de contrarreloj juegan en su beneficio frente a otros rivales.

 

Zaka
ILNUR ZAKARIN

Sólo ha corrido una gran vuelta: el año pasado terminó 44º en el Giro de Italia, donde además ganó una etapa. Entonces fue incluido en la alineación tras dar una exhibición en Romandía. Esta vez, al contrario que en aquella ocasión, ha preparado la carrera a conciencia. Como es su primer reto en una grande, no hay datos objetivos para considerarle favorito, pero desprende buenas vibraciones. Hace unos días se codeaba en Romandía con Nairo Quintana. Y eso es mucho decir.

 

DOMENICO POZZOVIVO

Una terrible caída le dejó fuera de combate en el Giro 2015, una carrera donde siempre ha ofrecido buenas prestaciones y colecciona cuatro top-ten: 9º en 2008, 8º en 2012, 10º en 2013 y 5º en 2014. Este año todavía no ha estrenado su casillero, pero este escalador de 30 años dará juego en las siempre exigentes montañas italianas.

 

ESTEBAN CHAVES

Al colombiano no se le ha visto mucho esta temporada: 38º en la Tirreno-Adriático y 48º en la Volta a Catalunya. Poca chicha. Pero aún conservamos en la retina sus destellos en la Vuelta a España 2015, donde ganó dos etapas, vistió el maillot rojo y terminó quinto en la general. Aquella actuación le demostró que puede ser competitivo en tres semanas de competición. El Giro es su reválida.

 

Kruij
STEVEN KRUIJSWIJK

El último año tuvo momentos de protagonismo en el Giro. Aún le recordamos en una de las grandes etapas de montaña, la del Mortirolo, junto a Contador y Landa. Al final terminó 7º en la general. En 2011 también entró en el top-ten (8º), lo que confirma que esta carrera le gusta y le va bien. El pasado domingo terminó quinto en el Tour de Yorkshire. Está listo para ser uno de los animadores.

 

RYDER HESJEDAL

Le incluimos en este listado por respeto a su victoria en el Giro de Italia 2012. Y también porque el año pasado tuvo un buen final en la Corsa Rosa: quinto en la general. Poco más podemos destacar de este canadiense de 35 años poco propenso a ganar, cuyo mejor puesto esta campaña ha sido el 39º en una etapa de Romandía.

 

Archivado en Actualidad , Ciclismo , Deportes

lunes, 25 abril 2016

Por Juan Gutiérrez

¿Sagan es el clasicómano perfecto?

¿Quién ha sido el mejor clasicómano de la primavera ciclista? Después de que Lieja haya puesto el cierre a este vibrante periodo del calendario, toca hacer balance. Seguramente la mayoría coincidamos en señalar a Peter Sagan como el más destacado en este 2016, porque ha cazado una de las piezas gordas (el Tour de Flandes) y además es el único que ha doblado victoria (también ha conquistado la Gante-Wevelgem).


Pero mientras repasaba los resultados, he comenzado a divagar y hacerme preguntas. ¿Qué es realmente una clásica? ¿Y qué entendemos por un clasicómano? Como su nombre indica, una clásica sería una carrera con arraigo y solera en el calendario. Bajo esa definición no entraría por ejemplo la Strade Bianche, con solo diez ediciones disputadas, pero sí es de justicia incluirla entre las grandes competiciones anuales. Por eso en el mundillo ciclista se acepta, de forma tácita, llamar clásica a toda ‘carrera de un día’, aunque unas sean más clásicas que otras. Para deshacer el ‘empate’ se ha tenido a bien destacar cinco por encima del resto, bautizadas como Monumentos: Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja y Giro de Lombardía.

 

Saga

 

Un clasicómano sería el ciclista que sobresale en este tipo de carreras, pero aquí también habría mucho que matizar. Por esa descripción, Purito Rodríguez sería un relevante clasicómano, porque ha ganado dos veces el Giro de Lombardía y una la Flecha Valona. Sin embargo, nadie se imaginaría a Purito sobre el pavés de Roubaix, más apto para corredores fuertotes del corte de Cancellara, Boonen o Degenkolb. Los adoquines tienen poco en común con las cotas ardenesas o con el otoño italiano. El pavés sí es compatible con otras clásicas más propicias para sprinters, como esa Milán-San Remo que ha visto ganar recientemente a Cancellara y Degenkolb, y también a Kristoff (campeón en los muros empedrados de Flandes en 2015).


Me pierdo en este tipo de divagaciones, algunas de ellas obvias, porque no tengo claro que en el ciclismo actual haya un corredor que pueda ser etiquetado como el ‘clasicómano perfecto’. Es decir, con un perfil para ganar en cualquier tipo de clásica. He chequeado el histórico de los cinco Monumentos y sólo hay tres ciclistas con el repóquer: Eddy Merckx (7 San Remo, 2 Flandes, 3 Roubaix, 5 Lieja y 2 Lombardía); Roger de Vlaeminck (3-1-4-1-2), y Rik Van Looy (1-2-3-1-1). A Merckx, además, le daba el tiempo y el motor para conquistar también el Tour, el Giro y la Vuelta. Nada se le resistía. Nos hallamos aquí ante un interesante reto para el ciclismo moderno. ¿Podría ser Peter Sagan el siguiente?

 

Archivado en Actualidad , Ciclismo , Deportes

© DIARIO AS, S.L. - Valentín Beato, 44 - 28037 Madrid [España] - Tel. 91 375 25 00