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Pedaladas

El blog de Juan Gutiérrez

Vamos a hablar de ciclismo, pedalada a pedalada. De sus gestas y de sus miserias. Desde mi experiencia como periodista en treinta grandes vueltas y en otras múltiples batallas...

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lunes, 25 abril 2016

Por Juan Gutiérrez

¿Sagan es el clasicómano perfecto?

¿Quién ha sido el mejor clasicómano de la primavera ciclista? Después de que Lieja haya puesto el cierre a este vibrante periodo del calendario, toca hacer balance. Seguramente la mayoría coincidamos en señalar a Peter Sagan como el más destacado en este 2016, porque ha cazado una de las piezas gordas (el Tour de Flandes) y además es el único que ha doblado victoria (también ha conquistado la Gante-Wevelgem).


Pero mientras repasaba los resultados, he comenzado a divagar y hacerme preguntas. ¿Qué es realmente una clásica? ¿Y qué entendemos por un clasicómano? Como su nombre indica, una clásica sería una carrera con arraigo y solera en el calendario. Bajo esa definición no entraría por ejemplo la Strade Bianche, con solo diez ediciones disputadas, pero sí es de justicia incluirla entre las grandes competiciones anuales. Por eso en el mundillo ciclista se acepta, de forma tácita, llamar clásica a toda ‘carrera de un día’, aunque unas sean más clásicas que otras. Para deshacer el ‘empate’ se ha tenido a bien destacar cinco por encima del resto, bautizadas como Monumentos: Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja y Giro de Lombardía.

 

Saga

 

Un clasicómano sería el ciclista que sobresale en este tipo de carreras, pero aquí también habría mucho que matizar. Por esa descripción, Purito Rodríguez sería un relevante clasicómano, porque ha ganado dos veces el Giro de Lombardía y una la Flecha Valona. Sin embargo, nadie se imaginaría a Purito sobre el pavés de Roubaix, más apto para corredores fuertotes del corte de Cancellara, Boonen o Degenkolb. Los adoquines tienen poco en común con las cotas ardenesas o con el otoño italiano. El pavés sí es compatible con otras clásicas más propicias para sprinters, como esa Milán-San Remo que ha visto ganar recientemente a Cancellara y Degenkolb, y también a Kristoff (campeón en los muros empedrados de Flandes en 2015).


Me pierdo en este tipo de divagaciones, algunas de ellas obvias, porque no tengo claro que en el ciclismo actual haya un corredor que pueda ser etiquetado como el ‘clasicómano perfecto’. Es decir, con un perfil para ganar en cualquier tipo de clásica. He chequeado el histórico de los cinco Monumentos y sólo hay tres ciclistas con el repóquer: Eddy Merckx (7 San Remo, 2 Flandes, 3 Roubaix, 5 Lieja y 2 Lombardía); Roger de Vlaeminck (3-1-4-1-2), y Rik Van Looy (1-2-3-1-1). A Merckx, además, le daba el tiempo y el motor para conquistar también el Tour, el Giro y la Vuelta. Nada se le resistía. Nos hallamos aquí ante un interesante reto para el ciclismo moderno. ¿Podría ser Peter Sagan el siguiente?

 

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jueves, 21 abril 2016

Por Juan Gutiérrez

Ya los veo vestidos de rosa

Alejandro Valverde y Mikel Landa alzaron los brazos el mismo día. La Flecha Valona y el Giro del Trentino no son carreras comparables, pero la coincidencia de sus victorias nos invitó rápidamente a fantasear. De repente nos imaginamos al murciano o al vasco vestidos de rosa, a los dos en el podio final de Turín. Pongan ustedes a ambos por el orden que gusten, porque estamos ante los principales líderes españoles para el Giro de Italia. A 16 días del arranque de la primera grande de la temporada, Valverde y Landa vuelan. El Giro promete.

 

Valverde

 

El Trentino es un tradicional termómetro para calibrar a los candidatos al Giro. Y allí está corriendo nada menos que su máximo favorito: Vincenzo Nibali. Pues bien: el ‘Tiburón’ cedió ayer 35 segundos ante Landa en las rampas de Anras. No es un dato definitivo, pero es un dato. EnBélgica, Valverde sumó su sexto triunfo de 2016 (y el más prestigioso). El alavés ya demostró el año pasado que puede con el Giro: ganó dos etapas, acabó tercero y complicó la vida a Alberto Contador. El murciano, por su parte, no ha disputado nunca la Corsa Rosa, pero en 2015 se subió al podio del Tour de Francia.

 

Landa

 

En el Giro se verán con Nibali, pero también con Majka, Dumoulin, Urán, Chaves, Zakarin, Pozzovivo... Nadie dijo que vaya a ser fácil, pero una vez vistos los precedentes y las piernas de este miércoles, ¿no me digan que no hay motivos para fantasear? Además es gratis.

 

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lunes, 18 abril 2016

Por Juan Gutiérrez

Felipón

Han pasado suficientes cosas para inspirar el post de esta semana. Tenemos la triple victoria de Alejandro Valverde (dos etapas y la general) en la Vuelta a Castilla y León, que coloca en cinco su casillero de la temporada 2016 y le sitúa en posiciones de privilegio para encarar las batallas de las Ardenas (Flecha Valona y Lieja-Bastoña-Lieja) y el Giro de Italia. A propósito de las Ardenas: Enrico Gasparotto repitió triunfo este domingo en la Amstel Gold Race y se lo brindó al fallecido Antoine Demoitié. De Cauberg al cielo. Y a propósito del Giro: dos favoritos, Vincenzo Nibali y Mikel Landa, se las verán a partir de este martes en el Trentino. Camino al rosa.

 

También han ocurrido cosas fuera de la competición. Como esa implicación en los Papeles de Panamá de Eufemiano Fuentes, que no se pierde una (ya estuvo en la Lista Falciani y regularizó dinero de Suiza). O como esa suavización de las sanciones por positivo con meldonium por parte de la Agencia Mundial Antidopaje, una decisión cantada ante la lluvia torrencial de casos (cerca de 200). O como esa nueva información sobre el uso de motores y ruedas magnéticas en competiciones profesionales, solo negados por algún empecinado comentarista (no confundir con periodista).

 

FelipeMauriziaGiro2003

 

Hay muchas historias de las que escribir. Siempre. Pero en los últimos días, el ciclismo solo me trae una imagen: el recuerdo de Felipón. Me vienen a la cabeza algunas frases de sus crónicas (“el esprint fue más apretado que las tuercas de un submarino”), además de numerosos chascarrillos y expresiones que repetía con frecuencia (algunos de ellos inconfesables). Felipe Recuero, informador de ciclismo en la Agencia EFE durante más de dos decenios, falleció el pasado 12 de abril a los 56 años. Felipón fue periodista en tiempos recientes, que ya parecen muy lejanos. Recuero cubría íntegro prácticamente todo el calendario español, cuando era bastante más amplio que ahora, además de las tres grandes vueltas y los Mundiales de ruta. En Italia era muy querido, fui testigo directo durante varios Giros. “¡Felipone!”, le llamaban en la oficina permanente. Y él bromeaba: “El Giro es mi carrera favorita, porque he tenido antepasados italianos: Filippa della Recuera”.

 

Felipón era así: bromista, cariñoso, entrañable… Ejerció en una época en la que los periodistas viajábamos más cargados que ahora, con libros y recortes de prensa que reuníamos durante meses. Actualmente basta con ser hábil con los buscadores de internet. Nos engañamos pensando que ahí viene todo. También sumó miles de kilómetros al volante cuando no existían los navegadores GPS, a golpe de mapa, de intuición, de atención a los carteles y de preguntar a los paisanos. En los Giros en los que tuve más contacto con él, usualmente yo acababa más tarde, así que le llamaba para que me guiara al hotel: “Te esperamos tomando una cerveza”.

 

FelipeAdrianLlamasTour1994

 

Ese “te esperamos” aludía a Sergi Valdivieso, junto a quien viajaba en aquellos Giros. Una de sus muchas parejas de aventura, entre las que también destacaron Adrián Rodríguez Huber, Julián Redondo y su inseparable amigo Íñigo Muñoyerro. No voy a comentar aquí la aportación periodística de Felipe Recuero: fue profesional y punto. Pero sí voy a gritar muy alto que Felipón era una bellísima persona. Sus hijos Roberto y Natalia pueden estar muy satisfechos, porque su padre, allá por donde iba, siempre sembró alegría y amor. No se me ocurre mejor herencia.

 

 

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lunes, 11 abril 2016

Por Juan Gutiérrez

El otro Contador por fin remató: “¡Sí, ya tenía ganas!”

Tercero en la Vuelta al Algarve, segundo en la París-Niza y segundo en la Volta a Catalunya. Después de subirse a su tercer podio consecutivo de 2016, Alberto Contador recibió un mensaje: “Tres podios de tres. Ya caerá el último escalón. A ver si es posible en julio”. A lo que Contador respondió: “Antes, mejor”. Ese “antes” apuntaba a la Vuelta al País Vasco, su última carrera de esta primera parte de su programación. Y el “antes” se convirtió en una gran victoria.

 

Hace un mes destacábamos en este mismo blog el carácter indomable del madrileño, esa ambición y esa rebeldía que le impiden conformarse con otro resultado que no sea el triunfo. Aquel ataque camino de Fuente Dé en la Vuelta a España de 2012 es el cénit de este espíritu insumiso, pero hay muchos más ejemplos durante su carrera y, por supuesto, no todos exitosos. Contador, sin embargo, no ganó así su cuarta txapela. Hay otro Contador.

 

Contadorcri

 

El Contador de la Vuelta al País Vasco 2016 es el Contador de la regularidad, de la frialdad y la calculadora, de los golpes precisos. La contrarreloj final daba al pinteño un margen de maniobra sobre sus principales rivales, teóricamente menos letales en esta especialidad. Su actuación en la subida a Arrate, mano a mano con Henao, pero con Pinot y Purito en el cogote, y su remate en la crono de Eibar, con Nairo Quintana muy cerca, le dieron la victoria absoluta en la ronda de Euskadi. Pedalada a pedalada. Segundo a segundo.

 

Alberto Contador ya había ganado muchas carreras así. Sin ir más lejos, en el Giro de Italia del año pasado marcó las principales diferencias sobre Fabio Aru y Mikel Landa en la contrarreloj. El anterior Giro que figura en su palmarés, en 2008, también se lo llevó a la saca sin conquistar ni una sola etapa. Y en la Vuelta a España de esa misma temporada sólo pudo abrir brecha con su compañero Levy Leipheimer gracias a las bonificaciones. La calculadora funcionó entonces mejor que nunca. El ciclismo es un deporte para valientes, pero también para listos y para estrategas.

 

Txapela

 

Gracias a esta victoria de la pasada semana, Contador empata el récord de cuatro txapelas de José Antonio González Linares y, de paso, se puede permitir un respiro hasta comenzar su segunda parte de la temporada, con tres triunfos y un buen puñado de puntos World Tour en la buchaca. El líder del Tinkoff afrontará ahora un descanso activo hasta su reaparición en el Dauphiné, el preámbulo del Tour del Francia, de los Juegos Olímpicos… Y ya veremos si también de la Vuelta a España.

 

Después de coronarse en Eibar, Contador recibió otro mensaje: “Pues ya ha caído el escalón que te faltaba este año. ¡Enhorabuena!”. Y Contador respondió: “Sí, ya tenía ganas”.

 

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lunes, 04 abril 2016

Por Juan Gutiérrez

Cuando es mejor ser gregario que luchar por una clásica

“Este día es como un homenaje para mí”, dijo Imanol Erviti tras el carrerón que le aupó a la  séptima plaza en el Tour de Flandes. Un puesto atípico para un español en el pavés y los muros del Monumento belga, donde sólo Juan Antonio Flecha ha sido capaz de subirse al podio. Lo mismo debió pensar Chente García Acosta en aquella París-Roubaix de 2003, cuando se empecinó en pasar primero por el Bosque de Arenberg. Otro autohomenaje. Erviti y Chente tienen varias cosas en común: son navarros, se han desarrollado en el equipo de Eusebio Unzué, ejercen (o ejercieron) de excelentes gregarios y hubieran podido dedicarse a objetivos mayores si hubieran sido belgas, neerlandeses o italianos.

 

Que los españoles no luzcan en el Tour de Flandes es una cuestión de tradición, pero también de convencimiento, de ambición y de interés. Nadie, excepto Flecha, se ha marcado nunca como objetivo De Ronde. Este año parecía que se había animado Alejandro Valverde, ya con 35 años, pero al final cambió su programa. Al ciclismo patrio le atraen más las vueltas, en especial las grandes vueltas, y si acaso las clásicas ardenesas y Lombardía, que se adaptan mejor a la ligereza y a la explosividad de los corredores ibéricos. Óscar Freire sí frecuentó el calendario de clásicas, pero tampoco asomó mucho por los adoquines.

 

Erviti

 

En España, a los ciclistas grandotes se les prefiere en el pelotón para proteger a un líder. Erviti y Chente, ambos ganadores de etapas en grandes vueltas, son una buena prueba. Esa filosofía cuadra, además, con la esencia del Reynolds-Banesto-Illes Balears-Caisse d’Epargne-Movistar. Un histórico que se ha alimentado, con brillantes resultados, de arropar a un gran jefe con un grupo de fieles. Está en la naturaleza del ciclismo español y de los equipos de Unzué (y antes de Echávarri), pero también de los corredores de acá. No voy a decir que se hagan cómodos, porque su trabajo tiene un valor enorme, pero saben que cotizan más como gregarios de Valverde o Nairo, que como potenciales podios de una gran clásica que quizá no llegue nunca. Basta con recoger otra frase de Erviti tras Flandes para entender de qué estoy escribiendo: “Ahora toca descansar, saborear este resultado y pensar en Ardenas, con Alejandro. Son otros retos importantes que quiero cumplir bien”.

 

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lunes, 28 marzo 2016

Por Juan Gutiérrez

Nairo Quintana dio el primer golpe

El Tour de Francia empieza en Catalunya, escribía en este blog hace una semana. Seguramente exageraba. El único parecido entre ambas carreras estaba en su lista de dorsales, que no es poco mérito. Más bien un mérito colosal. La Volta ha logrado reunir durante estos últimos días una participación digna de la Grande Boucle. Y hay que aplaudir por ello. La histórica carrera no ha conseguido todavía corregir otros defectos, como su pésima realización televisiva, pero su cartel ha sido un puntazo.

 

La Volta ha juntado por primera vez en la presente temporada a los cuatro principales candidatos al Tour: Froome, Contador, Nairo  Quintana y Fabio Aru. Y a otras relevantes alternativas a cualquier trono internacional: Porte, Van Garderen, Dan Martin, Purito, Urán… Sólo faltaban Nibali, Valverde y Landa (tres aspirantes al Giro) y Pinot (esmerado en ganar el Critérium Internacional) para congregar a los mejores vueltómanos del momento.

 

Nairo

 

Pero la Volta no es el Tour. Obvio. Un recorrido sin contrarreloj y con dos llegadas en alto, la primera de ellas con poco fuste (La Molina), no puede ofrecernos demasiadas conclusiones firmes para la batalla de julio. La victoria de Nairo Quintana, una gran victoria, es una mano a su favor sobre todo anímica y psicológica. Nairo pegó primero y puede volver a golpear en el Tour, por supuesto, pero allí se encontrará con un escenario muy diferente. Y no sólo por el trazado. Froome será otro Froome. Y suponemos también que al fin veremos a Aru.

 

¿Y qué decir de Contador? Lleva tres podios (dos segundos puestos y un tercero) en tres carreras disputadas. El dato puede verse como tres derrotas. A los campeones siempre se les exige el máximo escalón, ellos mismos sólo se sienten plenos allá arriba. Aunque sus resultados también son síntoma de regularidad y de inconformismo. Julio pondrá a cada uno en su sitio. Pero siempre hay que agradecer la actitud de los grandes del pelotón, que se pelean en cada cita sin guardar para el verano y que son capaces de convertir una carrera de marzo en un miniTour. Nos hemos quedado con las ganas de más.

 

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lunes, 21 marzo 2016

Por Juan Gutiérrez

El Tour empieza en Catalunya

Andaba inundado en dudas sobre qué escribir este lunes en mi entrada del blog. Una vez superada la tentación del meldonium, me apetecía hacerlo sobre ese castigo ‘light’ recibido por España por su incumplimiento del Código Mundial… Pero, una vez leído el comunicado, ni a la propia AMA parece que le interese mucho el asunto. Así que también lo dejo aparcado. Además, en plena ebullición primaveral, me seducen más las ruedas. Y ahí siguen mis dudas, entre dos pensamientos…

 

Demare

 

El primer pensamiento me lleva a una frase de Manolo Saiz cuando era Manolo Saiz y el eco de su voz retumbaba. Después de una Milán-San Remo que no ganó Laurent Jalabert, Saiz dijo: “Esta clásica no da más de sí”. Se refería al recorrido. Manolo recibió algunas críticas por aquel razonamiento que profanaba un santuario, pero cada año por estas fechas recuerdo la frase. Y cada vez me convence más. En los últimos tiempos, muy pocas veces se ha roto el sprint (Colombo, Bettini…). Generalmente, hay ataques infructuosos en la Cipressa. Después, ataques más dañinos en el Poggio. Y se culmina con una volata. Cuando ganaba Óscar Freire, los españoles saltábamos de alegría. Ahora nos toca aplaudir a otros.

 

 

El pasado sábado, ni siquiera disfrutamos de los perdigonazos del Poggio ni de su eléctrico descenso. La única emoción la pusieron las caídas, lo que dice bastante poco a favor de la carrera. No entro a valorar los remolques de Démare, dudo mucho que sea un pionero en esta práctica. La Milán-San Remo nos emociona por su evocación de las clásicas, por la apertura de un calendario vibrante, por los recuerdos en blanco y negro… Pero hemos de admitir que deportivamente no aporta demasiado espectáculo. Aquí entramos en un terreno contradictorio: ¿merece la pena cambiar radicalmente la última parte de esta carrera o es mejor respetar su esencia y su historia? Entiendo cualquier postura. Ahí dejo el debate.

 

Contad

 

El segundo pensamiento me traslada a la Volta, a ese cartel excepcional que congrega a Alberto Contador, Chris Froome, Nairo Quintana y Fabio Aru. Los cuatro principales candidatos al Tour de Francia. No creo que vuelvan a reencontrarse hasta la Grande Boucle, pero de momento están aquí, en Catalunya. Y como dicta el ciclismo actual, en el que las carreras ya no son entrenamientos con dorsal, todos ellos querrán dejar su sello. Quizá puso la moda Contador, quizá sea una reacción a la crisis del dopaje y de los patrocinios que vivió el ciclismo, quizá haya ayudado el ordenamiento de carreras con el World Tour… Quizá sea un compendio de todo. Pero este deporte ha salido ganador. Los campeones ahora quieren ser campeones desde su primera carrera del año hasta la última. Y estoy seguro de que volveremos a comprobarlo aquí. No hace falta esperar a julio. El Tour empieza en Catalunya.

   

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lunes, 14 marzo 2016

Por Juan Gutiérrez

Contador dejará un inmenso vacío pero también un legado

Cuando Alberto Contador se retire al final de la presente temporada, o seguramente a la conclusión de la próxima, el ciclismo notará un inmenso vacío. Y estará en deuda con él. Porque Contador no se diferencia del resto de sus coetáneos únicamente por su brillante y extenso palmarés, sino por su actitud en carrera. Hay grandes ciclistas en el pelotón, campeones que rebosan clase. Pero no hay nadie con su ambición, con su valentía y con su inconformismo.


Este comportamiento le ha dado más de una alegría, como aquel ataque lejano camino de Fuente Dé que le sirvió para desbancar a Purito Rodríguez en la Vuelta a España de 2012.  O aquel otro en la Tirreno-Adriático de 2014 que dejó fuera de juego a Nairo Quintana. Pero más allá de estos triunfos, que los ha tenido (y muchos), está también su capacidad para dar espectáculo. Ningún líder puede rodar tranquilo cuando Contador está cerca, porque tiene el genio de inventarse una estrategia o una emboscada en el lugar menos pensado.

 

Contador

La reciente París-Niza ha sido buena prueba de ello. Su precaución en el prólogo y su descuido en una llegada al sprint le habían hecho perder los suficientes segundos como para tener que actuar a la contra: 33”. Para colmo se vio privado de su primera gran oportunidad, porque los porcentajes de la llegada de Mont Brouilly se adaptaban bien a sus cualidades. El temporal de nieve y frío impidió el inicio de la remontada. Y no por eso se rindió. La rendición no existe en su diccionario. Puso a trabajar a su equipo el viernes, lo intentó una y otra vez el sábado, y volvió a lanzarse al ataque el domingo, sin importarle que restaran 50 kilómetros para la meta.


Contador se quedó a 4 segundos del premio gordo, pero a cambio obtuvo otro gran premio: la admiración de sus rivales y de los aficionados. Alberto ha podido tener borrones en su carrera, podrá caer mejor o peor, pero lo que nunca le podrá negar nadie es su valentía y su inconformismo. Además, ha creado escuela. Porque cuando luchar por la victoria en todas las carreras desde el principio de temporada no estaba tan de moda como ahora, él ya lo hacía. Contador marcó un modelo: o quizá lo rescató. Y ahora el espectáculo dura de principio a fin. Ese será su legado.

 

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lunes, 07 marzo 2016

Por Juan Gutiérrez

El ciclismo baja a la tierra

La tierra estaba en los orígenes. Era un ciclismo más aventurero, más anárquico, más rudo, menos calculador. Era un ciclismo de supervivencia, de avituallamiento en fuentes y casas, de tubulares al hombro, sin mecánicos ni cuidadores. Luego llegaron los puertos, aquel Tourmalet "asesino" de Octave Lapize. Había que buscar nuevos retos, nuevos atractivos para dinamizar el deporte. Y a todo se adaptó el ciclista. Todo engrandeció el ciclismo.

 

Ahora el pelotón rueda por buenas carreteras, con bicicletas galácticas, con todos los datos registrados en una maquinita personal, con un pedaleo a golpe de vatios... A nadie se le ocurriría volver al ciclismo de antaño. Prueba superada. Pero una buena parte de la esencia de entonces se mantiene en nuestros días: los largos puertos, las cotas medianas, el adoquín primaveral...

 

  Strade

 

Paralelamente se buscan nuevos retos. Algunos de ellos perdidos en aquellos remotos días, como esa tierra que ha hecho grande a la Strade Bianche en tan solo diez años, y que volverá a encontrarse este mismo lunes en la París-Niza. O esas pendientes imposibles que popularizó el Angliru a partir de 1999. Tanto el sterrato como el retorcimiento al 25% tienen numerosos detractores. Aficionados que ven en estos ingredientes una agresión irreverente a la pureza de ciclismo. Suponemos que también los hubo cuando se bautizó el Tourmalet. "Asesinos", gritó Lapize. "Sois unos asesinos".

 

Pero cada año, cuando llega la Strade Bianche, la expectación se acrecienta. Igual que ocurre con el Angliru en la Vuelta. O con el Zoncolan o la Finestre en el Giro. Estas incorporaciones, unidas a los tradicionales pasos del ciclismo, mantienen vivo un deporte cada vez más mediático, más televisivo, con mayor presencia en las redes sociales. Un deporte que no podría sobrevivir solo a tiro de calculadora.

 

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lunes, 29 febrero 2016

Por Juan Gutiérrez

¿La verdadera temporada ciclista comienza con las clásicas?

Hay una idea arraigada de que la temporada ciclista no arranca hasta que se da el pistoletazo de salida a las clásicas. La Het Nieuwsblad, antes Het Volk, sitúa el punto de partida a estas carreras de un día, a las cotas y al pavés. La primavera se adelanta en un mes y ya no para hasta finales de abril, cuando la Lieja-Bastoña-Lieja, la Decana, pone el cierre a uno de los periodos más vibrantes de este deporte. Un periodo que congrega clásicas de leyenda (San Remo, Flandes, Roubaix...), pero también clásicos por etapas: París-Niza, Tirreno-Adriático, Catalunya, País Vasco…).

 

Het

 

Son ingredientes sobrados para apoyar esa teoría de que la verdadera temporada no empieza hasta ahora… Y, sin embargo, hay una creciente tendencia del ciclismo que contradice esa arraigada idea. Hoy que se cumplen dos meses del año, y un mes y medio de carreras, ya han estrenado su casillero líderes como Chris Froome, Alberto Contador, Alejandro Valverde, Vincenzo Nibali y Richie Porte. Y otros como Nairo Quintana, Fabio Aru o Thibaut Pinot han alcanzado puestos entre los tres primeros. Con estos nombres en los palmareses, parece justo concluir que la campaña ciclista, desde hace un tiempo reciente, empieza mucho antes… Empieza cuando empieza.

 

Durante la Vuelta al Algarve tuve la oportunidad de entrevistar a Alberto Contador, a quien le pregunté sobre esa corriente de los jefes de filas de disputar la victoria desde el inicio del calendario. “Yo creo que no está haciendo la pregunta a quien debe hacérsela, porque yo desde la primera carrera que hago, desde la primera a la última, siempre las he disputado a tope. No hago muchos días de competición, pero sí al máximo”, replicó el madrileño. Efectivamente, Contador fue pionero en esta moda. Quizá el impulsor. Durante esa misma conversación nos dio unas claves: la profesionalización del ciclismo “a todos los niveles”, la apertura de mercados (Emiratos Árabes, Australia, Argentina)…

 

Malhao

 

Atrás han quedado los tiempos, no tan distantes, en que los equipos preparaban a un par de corredores para iniciar fuerte la temporada, con Francis Cabello como reconocible ejemplo, mientras sus grandes líderes se entrenaban con dorsal y no tenían rubor de perder minutadas en estas primeras carreras del año. Hay que resaltar que el ciclismo, tan castigado en otros aspectos, ha progresado en este sentido. Para bien.

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