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Pedaladas

El blog de Juan Gutiérrez

Vamos a hablar de ciclismo, pedalada a pedalada. De sus gestas y de sus miserias. Desde mi experiencia como periodista en treinta grandes vueltas y en otras múltiples batallas...

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lunes, 24 noviembre 2014

Por Juan Gutiérrez

El inevitable castigo al Astana

Hay una idea que arraiga con firmeza en los últimos tiempos, una idea que habla del “nuevo ciclismo” y del “viejo ciclismo”, y que da como hecho consumado que en la actualidad ya no hay dopaje, al menos dopaje generalizado, y sí una extendida concienciación en el pelotón en contra de la trampa y el fraude. Tengo que admitir que me creo en parte esa teoría. Que el ciclismo actual sea más limpio que en los años 90 y que en la primera década de este siglo, no resulta un avance complicado. Aun así, por mucho que se repitan machaconamente esos enunciados, no se van a convertir en una verdad absoluta, entre otras cosas porque al frente de muchos equipos siguen estando los mismos de siempre o sus discípulos. Alguno puede haber asumido sus errores y haber cruzado la frontera hacia el Bien. ¿Pero lo han hecho todos? Para que el ciclismo suelte realmente su lastre completo, más que en palabras, tiene que apoyarse en acciones contundentes. Sin ambigüedades.

 

  Astana

 

De ahí mi titular. No es que de repente me haya impregnado de dotes adivinatorias, sino que la suspensión al Astana me parece una solución inevitable si el ciclismo quiere continuar por esa publicitada vía de la limpieza. No se puede estar trabajando en una Comisión de la Verdad y la Reconciliación, y paralelamente dejar impune a una escuadra que ha acumulado cuatro positivos en una temporada. Brian Cookson ha venido reiterando su compromiso contra el dopaje desde que llegó a la presidencia. Astana es su primera patata caliente. Me consta extraoficialmente que la opción que maneja la UCI es dejar a los kazajos fuera del World Tour. No se entendería otra cosa. Las palabras solo funcionan cuando se transforman en hechos.

 

Es verdad que cada uno de los cuatro positivos del Astana en este 2014 puede tener una explicación que lo desligue de la dirección de la franquicia. Los hermanos Iglinskyi, Maxim y Valentin, pudieron tomar EPO por cuenta propia. Vale. Ilya Davidenok pertenecía al equipo continental y apenas tuvo un contacto efímero como stagiaire con la escuadra World Tour, por lo que pudo actuar lejos de los dominios del proteam. Y con más razón Viktor Okishev, que siempre estuvo en categoría continental. Pues también vale. Pero la suma de todo demuestra la falta de control interno que existe en un equipo que debería multiplicar su cautela, porque precisamente se trata de una formación manchada en su pasado por escándalos de dopaje.

 

  Kashe

 

El Astana ya nació torcido y no pudo correr el Tour de Francia 2006, porque fue el heredero del Liberty de Manolo Saiz, el mismo año que el técnico cántabro cayó en la Operación Puerto. Después, en plena edición de 2007, Alexandre Vinokourov dio positivo por autotransfusión, lo que supuso la expulsión del Astana de la carrera. Ese año también protagonizaron casos Kashechkin y Kessler. La principal consecuencia de aquello llegó en 2008, cuando el Tour dejó sin invitación al Astana, para desesperación del entonces vigente campeón, Alberto Contador, quien luego en 2010 daría su positivo precisamente en las filas del Astana. El año anterior, el madrileño había compartido filas con el reaparecido Lance Armstrong, de quien todos sabemos cómo ha terminado. Para solucionar este cúmulo de problemas, el Astana decidió poner al frente como mánager a Vinokourov, el mismo que había prendido la mecha en 2007, y que también tiene pendiente un juicio por amaño de una Lieja con Kolobnev, para sustituir nada menos que a Johan Bruyneel. Tanto monta.

 

El equipo kazajo ha hecho un esfuerzo por salir del fango. Al menos, aparentemente. Se inscribió en el Movimiento por un Ciclismo Creíble (MPCC), cuyo reglamento le ha obligado en este mismo 2014 a una primera autosuspensión durante la Vuelta a Pekín. Y fichó como líder a Vincenzo Nibali, un ciclista sin mancha. “Los patrones nos contrataron a Jakob Fuglsang, a Fabio Aru o a mí, precisamente con el objetivo de cambiar la imagen y ganar credibilidad”, decía recientemente el ‘Tiburón’ en una entrevista a AS, en la que insistía en la famosa teoría del nuevo ciclismo: “Es injusto dudar por dos que han pecado”. El problema es que la duda, esa gigantesca interrogante que sobrevuela por el pelotón, no ha nacido ahora, lleva muchos años implantada… Y solo acciones rotundas y rigurosas, no de maquillaje, podrán acabar con ella.

 

 

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lunes, 17 noviembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Don Diablo se ha escapado

Cuando Miguel Bosé era jovencito le cantaba a Linda, a Anna, a Superman y a Don Diablo. “Don Diablo se ha escapado, tú no sabes la que ha armado”, decía la canción. Un decenio después, otro Diablo seguía el estribillo al pie de la letra y las armaba bien gordas en el Giro y, sobre todo, en el Tour. Todavía hoy, cuando entrevistas a Miguel Indurain señala a Claudio Chiappucci como el rival más incómodo al que se ha tenido que enfrentar, el más difícil de controlar. Seguramente lo dice con aquella etapa de Sestriere de 1992 en el recuerdo, aquel ataque lejano, alentado por el público italiano, que terminó provocando una crisis al navarro. Eran otros tiempos y en las grandes vueltas siempre había dos contrarrelojes largas. Eso permitía a Indurain domar al indomable Diablo.

 

  Di3

 

En aquella época, en 1993, se vio por primera vez en las carreteras a otro famoso demonio: el alemán Dieter Senft, más conocido como Didi, que se autobautizó como ‘El Diablo’ (así, en español). En los últimos días, Didi ha anunciado su retirada de las carreras ciclistas a sus 62 años. Por un lado, por motivos de salud: en 2012 tuvo que ausentarse del Tour por la operación de un coágulo en el cerebro. Y por otro, por la falta de patrocinio para sostener sus viajes. Durante mucho tiempo, Luk fue una marca asociada a su imagen. Pero el ciclismo no está muy bien visto últimamente en Alemania debido a los escándalos de dopaje: el Telekom, Ullrich, Jaksche, Schumacher, Sinkewitz… Tras conocerse el positivo con testosterona de este último, las televisiones germanas abandonaron el Tour en 2007 y no han vuelto. De hecho, esta misma semana se ha debatido en el país germano una ley que aplicaría penas de cárcel para los consumidores de sustancias dopantes… Una ley para recuperar la credibilidad.

 

Durante estos últimos días he leído semblanzas de homenaje y despedida a Didi. En casi todas ellas se cita que su apodo de ‘El Diablo’ era en honor a Chiappucci… ¿Pero este dato es realmente así?

 

De repente me acordé de que yo le había entrevistado durante un Giro de Italia, no sabía en qué temporada, pero gracias a la siempre gran labor de Quique Melo y su departamento de Documentación de AS localizamos la información en la página 31 del 22 de mayo de 2001, fechada en Lucera (meta de la segunda etapa). Su lectura me refrescó la memoria. La belga Pascale Lora Schyns, a quien vuelvo a agradecer la gentileza a pesar de que el tiempo y los acontecimientos nos han separado tanto, se prestó a hacer de traductora. Pese a sus múltiples viajes, Senft solo habla alemán.

 

  Di1

 

Al releer la entrevista recordé a un Didi Senft muy bromista, que me vacilaba casi en cada respuesta. El titular fue: “En español sé decir venga, venga Indurain”. Y repetía esa expresión cada vez que citaba a un corredor: “Venga, venga Olano”, “venga, venga Freire”, “venga, venga Ullrich”… Durante la conservación me contó que había sido ciclista amateur, que antes de patear las carreras era chapista de coches, que esta habilidad le llevó a fabricar originales bicicletas que ya por entonces le sirvieron para establecer hasta 14 récords Guinness: “Tengo la bicicleta más alta, la más larga, la más pequeña, otras dos en forma de torre de Pisa y de torre Eiffel… Soy un artesano del metal”.

 

Una de mis primeras preguntas fue sobre Chiappucci: “¿Por qué se vistió de diablo? ¿Quizá en honor del ciclista italiano?”. A lo que Didi Senft respondió negativamente, para mi sorpresa: “No fue en honor a Chiappucci. Me visto así porque al triángulo rojo que marca el último kilómetro de la carrera lo llamamos diablo en Alemania”. Curioso, ¿no? Lo que vino a continuación fue una nueva vacilada de Didi. “¿Y conoce a Chiappucci?”, le requerí. “Pues claro. Los diablos nos solemos llevar bien entre nosotros”, me contestó entre risas.

 

Personajes así, que dan color y alegría, siempre son necesarios. Ahora que lo deja, me ha agradado mucho volver a leer aquella entrevista, que me ha refrescado la memoria y me ha rejuvenecido. Lo que no me hizo falta refrescar, porque lo he recordado siempre como si fuera ayer, es el intenso olor que desprendía… Tratándose del diablo, supongo que sería por el azufre.

 

 

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lunes, 10 noviembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Los aficionados al ciclismo pierden la fe en Fernando Alonso

"Echo de menos tus columnas de los lunes", me comentó hace unos días alguien muy vinculado al ciclismo. Después de un intenso verano, es cierto que el blog ha relajado su producción, pero me basta con que una sola persona añore su lectura para retomar la periodicidad y el hábito. Al menos, para intentarlo. Si aun así fallo algún lunes, no me lo tengáis en cuenta. Regresaré.


He manejado varios asuntos para este retorno a los lunes y al final me he decantado por Fernando Alonso. El 7 de octubre ya anticipé en AS que el doble campeón de Fórmula 1 no iba a sacar equipo ciclista en 2015. Algunos cuestionaron la veracidad de la noticia, otros se mostraron escépticos, pero no creo que nadie dude ya a estas alturas. Hasta Paolo Bettini lo ha confirmado: "El proyecto de Alonso está parado y no puedo explicarlo".


Aquella noticia surgió sólo unos días después de que Alonso anunciara un acuerdo con el grupo inversor Novo para potenciar el proyecto ciclista, lo que ayudó a aumentar la confusión. Más recientemente, el propio piloto insistió en que seguirá trabajando en la creación del equipo. Pero esas palabras que hace unos meses hubieran generado esperanza en el pelotón, ahora caen como palabras vacías entre los profesionales y, lo que es peor, entre los aficionados al ciclismo.

 

Alonso-Nairo


Alonso ya estudió en 2009 la formación de una escuadra con Alberto Contador, luego contraatacó en 2013 con la frustrada absorción del Euskaltel, y tras la ruptura con la franquicia vasca anunció que tendría una escuadra propia en 2015. El piloto ha trabajado en ello, como demuestra el fichaje de Bettini para la dirección deportiva, o las reuniones con la Vuelta, con el Tour en París o con el presidente de la UCI en la sede madrileña del CSD (un encuentro del que fui testigo). A mediados de año también contempló la posibilidad de fusionarse con otro equipo. Pero nada de ello fraguó. Tres intentonas al garete.

 

El problema es que nadie sabe por qué no ha funcionado el proyecto. Ni siquiera su colaborador Bettini. Y precisamente ese oscurantismo, esa desinformación, es lo que ha hecho perder la fe en Fernando Alonso a los aficionados del ciclismo. Su posible desembarco a un pelotón zarandeado por la crisis económica y por un pasado turbio fue recibido como la llegada del maná. Se agradecía que uno de los mejores deportistas del mundo entrara con ideas diferentes, ilusiones nuevas y dinero fresco. El ciclismo desplegó sus brazos ante su inminente aterrizaje, unos brazos que sus dirigentes todavía no han cerrado: "Tienes las puertas abiertas", le dijo Brian Cookson cuando ya dio su equipo por perdido.


Pero los aficionados son otra cosa... Los aficionados se han sentido engañados y minusvalorados. Hubiera bastado con una sencilla explicación de Alonso: "No saco equipo porque finalmente no he logrado el interés de los patrocinadores", "no saco el equipo porque he tenido que centrarme en mi futuro en la Fórmula 1", "no saco el equipo porque el ciclismo no es rentable", "no saco el equipo porque el reglamento de la UCI no me permite desarrollar mi proyecto"... Qué sé yo. Hay múltiples explicaciones posibles, pero todas se han diluido en un torrente de palabras huecas. Al aficionado a este deporte le hubiera bastado con un poco de cariño... Ese mismo cariño que Fernando Alonso dice siempre sentir por el ciclismo.

 

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lunes, 20 octubre 2014

Por Juan Gutiérrez

El ciclismo pierde una buena oportunidad si desoye a Tinkov

El equipo Tinkoff-Saxo ha pedido por escrito una reunión este miércoles en París con los organizadores de las tres grandes rondas para avanzar sobre el desafío lanzado por su patrón Oleg Tinkov a los cuatro principales líderes: Alberto Contador, Vincenzo Nibali, Chris Froome y Nairo Quintana. Dudo mucho que se celebre el encuentro. Al anfitrión, el Tour de Francia, no le interesa demasiado promocionar este reto. ¿Para qué? La Grande Boucle ya tiene asegurada la presencia de los cuatro. Y tendrá siempre a los mejores: el Tour es el Tour.

 

Tinkov es propenso a las bravuconadas, especialmente en Twitter. Pero esta vez su idea no era tan loca como pudiera aparentar. Al menos, merecía la pena que hubiera un debate en torno a la posibilidad de que los mejores ciclistas corran las mejores carreras, como ocurre en la mayoría de deportes: tenis, golf, motor… Sé que el nivel de exigencia no es el mismo, claro. Pero con una buena planificación, lograr tres picos de forma está al alcance. Son 63 días de competición.

 

  Tink

 

Eusebio Unzué, de naturaleza conservador, se ha expresado abierto a esta iniciativa. Dave Brailsford, de naturaleza innovador, también está por la labor. Hasta la fecha, tan sólo Vincenzo Nibali se ha mostrado públicamente en contra, aunque su equipo, el Astana, tiene ahora mismo problemas mayores que este desafío por culpa de tres casos acumulados de dopaje. Convencer a uno es más fácil que convencer a cuatro, de ahí la insistencia del Tinkoff. Pero si el Tour tampoco tiene mucho interés, las puertas dejarán de estar entornadas para cerrarse a cal y canto.

 

Al menos habrá quedado el debate sobre las conciencias. O eso espero. Hay una vieja idea de reducir días a la Vuelta o incluso al Giro. Una idea impulsada especialmente por las asociaciones ciclistas y que está presente en las mesas de trabajo por la reestructuración del ciclismo profesional que está planteando la UCI. Tanto a Javier Guillén como a su antecesor Víctor Cordero se les ha escuchado en varias ocasiones decirlo: “Si la Vuelta sacara algo a cambio, si eso sirviera para que estén los mejores corredores, se podría plantear”.

 

Quizá esa amputación del calendario sea el camino. Quizá. Pero entonces ya no podríamos hablar de las tres grandes, porque habría grandes menos grandes. El reto es correrlas con el formato actual. Con la expectación que se ha creado, me temo que se está perdiendo una gran oportunidad de que el ciclismo afronte otra de sus benditas locuras. Porque sin ese punto de demencia, el ciclismo que hoy conocemos no existiría.

 

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lunes, 29 septiembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Valverde: podios de mucho mérito, pero sin gloria

El debate en torno a Alejandro Valverde es constante. ¿Sus resultados le alzan al Olimpo del ciclismo o, por el contrario, confirman que es un conformista coleccionista de podios? ¿Su carrera ha estado bien orientada? ¿Se ha obsesionado tanto con las grandes vueltas o con el maillot arcoíris que ha perdido su instinto de ganador? Todas esas preguntas nos las hemos hecho en infinidad de ocasiones. Con respuestas para todos los gustos.

 

A continuación voy a dar una opinión más sobre este asunto. Que no tiene por qué ser la definitiva, simplemente es mi opinión. Creo que en el origen del análisis estaremos todos de acuerdo: Valverde tiene un enorme talento natural para el ciclismo. Pero a partir de ahí, podemos entrar en diversas discrepancias.

 

  Kiato

 

Vamos a lo más reciente, que son sus seis medallas en los Mundiales: dos de plata y cuatro de bronce. Cuando le vimos subido al podio de Hamilton 2003 como subcampeón, todos celebramos su irrupción con solo 23 años, porque proyectaba un gran futuro. Le adivinábamos vestido algún día con el arcoíris, entre otras muchas gestas. Luego nos enteramos de que Paco Antequera le tiró de las orejillas porque con su ímpetu de juventud podría haber puesto en peligro el oro de Igor Astarloa. Precisamente ese ímpetu es lo que el murciano ha ido perdiendo con el tiempo. ¿Para bien? Pues no siempre.

 

A Valverde lo ‘domesticaron’ cuando llegó en 2005 al equipo de Eusebio Unzué. Y que conste que no voy a cuestionar la productividad de este equipo: ahí está su palmarés desde los tiempos de Reynolds. Sólo valoro lo que concierne al murciano. De repente se decidió que si quería ganar una gran vuelta tenía que poner freno a ese ímpetu original, a esa voracidad, a su hambre de campeón… Para ganar una grande hay que regular, guardar siempre algo para el día siguiente. Ese era el mensaje. Y así fue como Valverde conquistó la Vuelta a España de 2009: sin una sola victoria de etapa. Con un ciclismo absolutamente en contra de su naturaleza.

 

  Valverde

 

Es su único triunfo en una grande. Valverde tiene, además, otros cinco podios en la Vuelta. Y las seis medallas en los Mundiales. Y en el Tour de Francia ni siquiera se ha subido al cajón, su mejor clasificación ha sido el cuarto puesto de este mismo año. Todos estos resultados son muy meritorios, no lo vamos a negar. Pero no dan la gloria. Recuerdo a un exciclista que me dijo una vez: “El segundo clasificado es el primer perdedor”. Y lo comparto por completo.

 

Michael Kwiatkowski se enfundó el domingo el arcoíris porque jugó al todo o nada. Ahí es donde nos hubiera gustado ver más veces a Valverde. Con ese ímpetu que sirvió para que una vez Antequera le tirara de las orejillas… Siempre es mejor que coleccionar podios, por muy meritorios que sean. Este año, yo me quedo con la imagen de Valverde en la etapa de Cumbres Verdes y en esas jornadas iniciales de la Vuelta, en las que, desahogado por el liderazgo de Nairo Quintana, jugó a ser él mismo. Nos mostró su esencia. Se divirtió y nos divirtió.

 

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Por Juan Gutiérrez

Otro bronce para Valverde, su sexta medalla en un Mundial

El oro se volvió a resistir. Alejandro Valverde sumó su sexta medalla mundialista, cuarta de bronce, pero el maillot arcoíris reposará durante el próximo año en el cuerpo del polaco Michal Kwiatkowski, que obtuvo el premio a su picardía y atrevimiento finales sobre el trazado de 254,8 kilómetros de los Mundiales de ciclismo en ruta de Ponferrada 2014. La plata se la colgó el gran favorito: el australiano Simon Gerrans.


Valverde ya lo había anunciado el día anterior: “Todos sabemos dónde hay que atacar para ganar”. Efectivamente, todos los sabían. Ese punto era el último repecho, el Mirador, a falta de 5 kilómetros. Y así fue: Purito Rodríguez rompió el grupo de los nobles con una arrancada a la que luego dio continuidad Valverde. Y junto a él, varios de los grandes candidatos: Gerrans, los belgas Van Avermaet y Gilbert; el danés Breschel, el francés Gallopin…

 

Valve

El problema para ellos es que Kwiatkowski había decidido antes romper el guión. Como todos sabían dónde había que atacar, el polaco lo hizo un poco antes. Con sigilo. Kiato arrancó a 7 kilómetros de la meta, enlazó con los cuatro fugados (De Marchi, Gautier, Valgren Andersen y Kiryienka), tomó un poco de aire y se marchó en solitario. Había que tener buenas piernas para resistir el zarandeo final. Las tenía. Y también había que esperar que atrás surgieran los titubeos. Alguno hubo. Gilbert tiró a saco en favor de Van Avermaet, pero Kwiatkowski aguantó en cabeza y se coronó campeón del mundo con 24 años.

En la lucha por la plata, Gerrans batió al sprint a Valverde, que enlazó su tercer bronce consecutivo y aumenta su colección de medallas a seis: dos platas (2003 y 2005) y cuatro bronces (2006, 2012, 2013 y 2014). El oro se le resiste… A su 34 años y con los llanos recorridos de Richmond (EE UU, 2015) y Qatar (2016) por delante, quizá para siempre.

Kiato

 

La selección de Polonia había apostado por Kwiatkowski desde el principio. De hecho, fue el primer equipo que tomó la cabeza para neutralizar la escapada inicial de Quintero (Colombia), Kvasina (Croacia), Polivoda (Ucrania) y Savickas (Lituania). A 80 kilómetros cogió las riendas Italia con el primer movimiento táctico de interés: se produjo un primer corte con gente relevante, donde España metió a Purito y Jesús Herrada, en primer término, y después a Dani Navarro en otro grupo. Los desafiantes aventureros, con Tony Martin como principal gallo, no lograron abrir hueco, pero alertaron a los grandes equipos. Esto ya iba en serio.

La selección de Javier Mínguez no cogió la responsabilidad hasta la última vuelta. Ahí, sí.  De Marchi (Italia), Gautier (Francia), Valgren Andersen (Dinamarca) y Kiryienka (Bielorrusia) rodaban delante con una ventaja de unos 40 segundos. El equipo español puso en cabeza a la locomotora Jonathan Castroviejo y luego a Ion Izagirre, para reducir la diferencia prácticamente a la nada. Luego fue Dani Moreno quien dio un paso al frente para lanzar el ataque en cadena de Purito y Valverde. La fuga era historia. Aunque por allí, sigilosamente, se había colado un tal Michal Kwiatkowski. Nos costará deletrear el nombre: algunos ya le llamaban Kiato.

 

(Crónica del Mundial de Ponferrada publicada en as.com)

 

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jueves, 25 septiembre 2014

Por Juan Gutiérrez

La UCI libera a las Federaciones o se harta de ellas

Kreuziger

 

Me disponía a escribir algo sobre Bradley Wiggins cuando en mi correo electrónico ha saltado una llamada: ‘Communication-UCI’. Al leer el mensaje me he llevado una grata sorpresa cuando he visto que el Comité Director de la Unión Ciclista Internacional ha decidido crear un Tribunal Antidopaje independiente para juzgar los casos que antes recaían en sus Federaciones Nacionales. La medida coincide con una reivindicación que llevo tiempo expresando en este y en otros foros. Así que de momento aplazaré mi post sobre el Sir y haré unas valoraciones sobre lo que este nuevo órgano significa, a mi entender, para el ciclismo.

 

Hasta ahora, la UCI delegaba en sus Federaciones Nacionales los casos de dopaje internacionales, con una propuesta de resolución disciplinaria que unas veces eran compartidas por esa federación, pero otras muchas no. Tenemos el affaire reciente de Roman Kreuziger, que ha sido absuelto por el Comité Olímpico Checo, cuando la UCI requería una sanción por irregularidades en su pasaporte biológico. Más conocido en España es el positivo de Alberto Contador, a quien la RFEC exculpó también en contra de la opinión de la UCI. O anteriormente el proceso de Alejandro Valverde por su implicación en la Operación Puerto.

 

La UCI ha chocado numerosas veces con las resoluciones de las Federaciones Nacionales, que posteriormente ha recurrido al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). En la misma tesitura se ha encontrado en repetidas ocasiones la IAAF con los atletas españoles, entre los que podríamos citar a Paquillo Fernández y a Josephine Onyia, aunque no hace falta irse tan lejos: actualmente ha apelado la decisión de la RFEA de no castigar a Marta Domínguez por su pasaporte anómalo.

 

  JoseRodriguezMarta

 

Estas idas y venidas de recursos se convierten en un sinsentido con consecuencias catastróficas para los deportes afectados y muy jugosas para los abogados especialistas en estos pleitos. Por un lado, el proceso se dilata innecesariamente en el tiempo, con paradojas tales como tener a Contador ganando un Giro que luego le va a ser desposeído. Y por otro supone un gasto desmesurado para las federaciones nacionales, a veces golpeadas por la crisis, y para la propia UCI.

 

Todo esto se podría evitar si las Federaciones Nacionales fueran más ‘obedientes’ y no buscaran el constante enfrentamiento con sus Federaciones Internacionales. Aunque en su descargo también hay que señalar que algunas veces han tenido que resolver los casos sometidas a presiones incluso políticas, como pudimos ver en España con la intrusión de un presidente del Gobierno y de un líder de la oposición hoy presidente del Gobierno.

 

Ante este panorama me parece coherente que el propio órgano internacional, en este caso la UCI, asuma directamente las decisiones disciplinarias. Así no se llevará sorpresas con las Federaciones Nacionales, a la par que recorta enormemente los gastos y los plazos. Este método ya funciona en la Federación Internacional de Tenis (ITF), aunque ahí me voy a pillar los dedos, porque me cuesta ponerla como un ejemplo en la lucha antidopaje.

 

El Tribunal Antidopaje de la UCI entrará en vigor en 2015 para juzgar los casos internacionales. Para entonces, la Federación Española de Ciclismo se habrá liberado totalmente de esas funciones, porque los casos nacionales ya habían sido asumidos por la Agencia Española Antidopaje tras la aprobación de la nueva ley. Se cumple también así una machacona reclamación de José Luis López Cerrón desde que llegó a la presidencia, porque, en plena apretura del cinturón, veía marcharse un goloso dineral solamente en litigios.

 

  Cerron-Cookson

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jueves, 18 septiembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Voigt y la UCI abren un nuevo horizonte al récord de la hora

Voigt

 

Me alegra que los actuales jerarcas de la UCI hayan reactivado el récord de la hora con la reapertura de su reglamento. Si un ciclista puede rodar sobre una determinada bicicleta en una contrarreloj de ruta, ¿por qué no va a poder utilizar la misma durante su tentativa en un velódromo? Ese es el pensamiento expresado en voz alta por el actual presidente, Brian Cookson. Un argumento coherente, lejos del sinsentido que suponía haber retrotraído la plusmarca a las bicicletas de los tiempos de Eddy Merckx.


Gracias a esta nueva reglamentación, este jueves se ha podido disfrutar de una gran fiesta en el Velódromo de Grenchen (Suiza), donde Jens Voigt se ha despedido del ciclismo a los 43 años con el récord de la hora: 51,115 kilómetros. Atrás queda ya la marca casi clandestina del checo Ondrej Sosenka en Moscú en 2005: 49,700 km. El alemán es un ciclista carismático, un tremendo rodador muy respetado en el pelotón, que se ha regalado un récord mundial un día después de su cumpleaños y en el día de su jubilación. Cuando ha completado los 60 minutos, Voigt ha colgado literalmente su bicicleta Trek. Hasta aquí hemos llegado.


Voigt sabe que su nuevo récord es carne de cañón. Y esos cañones se llaman Fabian Cancellara, Bradley Wiggins, Tony Martin o incluso Tylor Phinney. La importancia de lo que ha ocurrido hoy en Grenchen no es tanto la marca del alemán, muy previsible, sino el horizonte que se abre en una especialidad con mucho atractivo. Probablemente estemos en las puertas de una nueva era y de desafíos a la altura de aquellas confrontaciones Obree-Boardman-Indurain-Rominger de los años 90.

 

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lunes, 15 septiembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Y ahora, con Nibali y Quintana

Cuando Vincenzo Nibali ganó el Tour de Francia, muchas voces minusvaloraron su victoria porque Alberto Contador y Chris Froome, accidentados en la batalla, no habían rivalizado con el Tiburón del Estrecho. En esta Vuelta a España se cayó Nairo Quintana cuando vestía el maillot rojo, pero no tendré la malicia de agarrarme a esa excusa para justificar que el madrileño ha ganado porque no estaba el colombiano. Las caídas forman parte de la competición. Lo que sí nos dejó el Tour fue unas ganas enormes de ver a Contador contra Froome. Y eso sí que lo hemos disfrutado en la Vuelta. Siempre nos quedarán dudas sobre si la recuperación de uno no fue tan buena como la del otro, si este o aquel llegó más mermado que el contrario. Pero el escenario y la situación eran los que eran, y ahí el Pistolero de Pinto se ha llevado el triunfo porque es un corredor como la copa de un pino y porque ha sido el mejor. Simple.

Eso sí, yo no me tomaría este duelo Contador-Froome como una especie de eliminatoria para designar al mejor ciclista de grandes rondas del mundo. Este año, Contador ha ganado la Vuelta, pero Nibali ha conquistado el Tour y Quintana, el Giro. Froome no ha mojado en ninguna grande, pero en España ha vuelto a demostrar su competitividad. Esa eliminatoria está aún pendiente y no será entre dos, sino entre cuatro. A mí esta Vuelta me deja un buen sabor de boca, pero también me ha abierto el apetito: Contador, Froome, Nibali y Quintana, en plenitud. Quizá el año próximo, quizá en el Tour.  ¡Qué ganas!

 

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domingo, 14 septiembre 2014

Por Juan Gutiérrez

El recuerdo de Fignon acechó a Rominger

La última vez que la Vuelta a España no terminó en Madrid fue precisamente con una contrarreloj en Santiago de Compostela, igual que hoy, aunque aquella de 1993 partió de Padrón y tuvo un recorrido bastante más largo: 44,6 kilómetros.

 

Cuando se dieron las primeras referencias, “19 segundos  de Alex Zülle sobre Toni Rominger en el kilómetro 15”, la Sala de Prensa fue un clamor: “¡Otra vez como el día de LeMond y Fignon!”. Los teclados dejaron de sonar. Algunos de aquellos periodistas habían tenido que tirar sus crónicas a la papelera en el Tour 1989. Cuatro años después, una nueva remontada al acecho: “En el km 37, la ventaja es de 50 segundos”.

 

Rominger había partido con 1:17 de renta sobre Zülle. La diferencia tenía que ser suficiente para un especialista como él, a pesar de que en esa edición no había ganado ninguna crono: Zülle le batió en Navacerrada y Melcior Mauri en Zaragoza.

 

Pero la noche anterior a aquel 16 de mayo, Rominger no pudo dormir, con problemas gastrointestinales. Por la mañana se levantó cariacontecido y revisó el trazado, plagado de repechos. Llovía en Galicia. El desá­nimo invadía al suizo del Clas. “Sus piernas están vacías”, le dijo el masajista Marcelino Torróntegui a su director, Juan Fernández. Pero cuando le dieron esa referencia de 50”, justo cuando dejó de llover, Rominger exprimió sus fuerzas y salvó el maillot amarillo por 29”. Era el segundo de sus tres triunfos consecutivos en la Vuelta.

 

(LA RUTA DE LA VUELTA: Contrarreloj de Santiago de Compostela, 21ª etapa)

 

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