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Pedaladas

El blog de Juan Gutiérrez

Vamos a hablar de ciclismo, pedalada a pedalada. De sus gestas y de sus miserias. Desde mi experiencia como periodista en treinta grandes vueltas y en otras múltiples batallas...

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lunes, 15 diciembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Sin reinas en el ciclismo

Este lunes se entregan los Premios AS en Madrid. Desde 2007, los lectores han elegido a los mejores del año. Con el nivel que ha exhibido últimamente el deporte en España, nunca han faltado candidatos. Tampoco en este 2014, a pesar de que se ha acotado la votación con una apuesta de excepción: todas las aspirantes han sido mujeres. Con esta fórmula se ha intentado rendir homenaje al deporte femenino español, que tan buenos resultados está dando. Es cierto que la novedad ha podido generar algún agravio con deportistas masculinos tan excelsos como Javier Gómez Noya o Javier Fernández. Pero también se hace justicia con las diferencias históricas que han tenido que sufrir las mujeres. Por ello, esta noche sólo habrá reinas en el Hotel Palace: Mireia Belmonte, Carolina Marín y el conjunto de gimnasia rítmica. Todas ellas, campeonas del mundo.

 

Mireia



En esta ocasión no ha habido ciclistas en las nominaciones. En el palmarés de los Premios AS figuran como ganadores Alberto Contador, en 2008, y el podio de la Vuelta a España 2012, con el propio Contador, Alejandro Valverde y Purito Rodríguez. También el año pasado, Federico Martín Bahamontes recibió el Premio Trayectoria de manos de Brian Cookson, que acudió a la Gala acompañado de José Luis López Cerrón. Esta vez no ha habido opción. El mejor resultado femenino ha sido una plata europea de Tania Calvo en pistaen un campeonato poco arraigado, donde las mejores aún no presentan su forma más óptima.


En esta ebullición de resultados femeninos para España es inevitable acordarse del esplendor de Joane SomarribaDori Ruano o Marga Fullana. No tuvieron continuidad, aunque asomaron ciclistas con buenas maneras como Gema Pascual, Eneritz Iturriaga o Leire Olaberria, quienes, a pesar del bronce olímpico de esta última, no han llegado a cuajar tanto como sus antecesoras. Y no tuvieron continuidad, porque realmente el ciclismo femenino ha sido siempre prácticamente inexistente. Somarriba, Ruano o Fullana fueron talentos espontáneos, pulidos con una preparación acorde a la época. Recuerdo que por aquel tiempo se trabajó en un proyecto de juntar a todas las españolas en un equipo femenino, pero no hubo forma de ponerlas de acuerdo. No se aprovechó la inercia de los éxitos. Y así estamos.

 

Joane


Las mujeres son una gran asignatura pendiente del ciclismo, y no sólo en España. El Tour y la Vuelta han puesto su granito de arena con la celebración de una carrera en su última jornada. La UCI anunció hace unos días un proyecto para desarrollar la competición femenina. También nos hemos enterado recientemente de que la Asociación de Ciclistas Profesionales (ACP) ha abierto sus puertas a ocho corredoras españolas, a las que no cobra cuota, porque no podrían pagarla, y ha encontrado una beca para Anna Sanchis. Son impulsos necesarios, pero insuficientes.

 

En España, apunto datos de 2013: tan sólo el 3,77% de las licencias son de mujeres en la RFEC. Únicamente las federaciones nacionales de caza (0,27%), billar (1,15%) y motociclismo (3,40%) muestran porcentajes con menos presencia femenina. Recientemente también hemos visto movilizaciones en la Copa de España de ciclocross en protesta por la enorme diferencia de premios entre ambos géneros: en Llodio, 2.585 euros se destinaron a hombres y 748 a mujeres. Y no estamos hablando de ciclismo profesional, ojo. Hay todavía mucho trabajo por hacer. Mucho, mucho. Y mientras que no se haga, las reinas del año seguirán sin ser ciclistas. 

 

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lunes, 08 diciembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Otro Belda en el dopaje

La primera vez que se oyó hablar de Cristóbal Belda Iniesta relacionado con el deporte fue a finales de 2008, cuando se encargó en el Hospital de La Paz del tratamiento del cáncer de Severiano Ballesteros, hasta la muerte del campeón de golf en mayo de 2011. Cristóbal Belda era (y es) un reputado oncólogo, un investigador de esta cruel enfermedad. “He visto morir a más gente que un soldado en la guerra”, se le ha oído decir.


Su trato con el genio de Pedreña le llevó a ocupar la dirección científica de la Fundación Seve Ballesteros y a relacionarse con gente del deporte, especialmente con el Comité Olímpico Español (COE) y con el doctor en Derecho Alberto Palomar. El dopaje no había formado nunca parte de su carrera, pero quizá por estos contactos, o por simple inquietud profesional, se le ocurrió que podía trasladar su experiencia de oncólogo a la lucha contra esta lacra. Cristóbal Belda está convencido de que la EPO, la IGF-1 o la hormona del crecimiento dejan un rastro en el comportamiento de las células.


El COE ha aplaudido esta idea desde el inicio y ha apoyado su proyecto al mediar para conseguir una financiación de más de un millón de euros procedente de un fondo para la investigación del Comité Olímpico Internacional (COI). Se trataría de un método de detección indirecta, como también lo es el pasaporte biológico… Un pasaporte que, por cierto, Cristóbal Belda ha cuestionado en varias ocasiones. Y ahí es donde empieza la otra cara de esta moneda.

 

Beldas

 

Paralelamente a que Belda recibe dinero del COI para combatir el dopaje, el actual director de la Escuela Nacional de Sanidad participa con informes científicos en la defensa de deportistas expedientados por presunto dopaje, en concreto por irregularidades en el pasaporte biológico. Belda firmó un estudio que sirvió para que la Federación Española de Atletismo exculpara a su exvicepresidenta Marta Domínguez. Y posteriormente ha participado en el dossier de defensa del ciclista checo Roman Kreuziger, quien permanece a la espera de la revisión de su caso en el TAS. En ambas ocasiones, Cristóbal Belda ha utilizado los mismos argumentos: el hipotiroidismo que sufren los dos deportistas es la causa de la alteración de sus valores hematológicos.


No seré yo quien debata las explicaciones de Belda, porque no dispongo de los conocimientos médicos precisos. Pero sí hay cosas que me chirrían del asunto. Por un lado, no se entiende que alguien que está luchando contra el dopaje (y cobrando por ello), paralelamente defienda con tanto ahínco a dos presuntos dopados (y suponemos que también cobrando). A nadie se le escapa tampoco que uno de los grandes valedores de su proyecto, Alejandro Blanco, ha apoyado públicamente a Marta Domínguez, igual que lo hizo en su día con Alberto Contador (compañero de Kreuziger). El presidente del COE ha expresado también sus dudas sobre el pasaporte biológico “porque tiene errores”, a pesar de que el propio COI (por normativa) o el propio Gobierno español (por ley) amparan este método, que ha sido refrendado en varios laudos del TAS.


El debate científico es muy sano, siempre que sirva para progresar y no esconda detrás otros intereses. Defender a deportistas expedientados también genera beneficios y hay médicos que se han convertido en auténticos especialistas, como es el caso de Douwe de Boer. A Cristóbal Belda le deseamos lo mejor en sus investigaciones, pero, con el mismo espíritu crítico que él profesa en sus informes contra el pasaporte biológico, nos va a permitir que nosotros también dudemos de los móviles que le han empujado a firmar estos estudios.


En el ciclismo hemos conocido antes a otros dos Belda. Uno, el más renombrado, es Vicente, que como corredor dio positivo en los años 80, lo que no fue óbice para que posteriormente dirigiera a un equipo, el Kelme-Comunitat Valenciana, que explotó en dos escándalos relacionados entre sí: el caso Manzano y la Operación Puerto. El otro, más modesto, es José, otro ciclista también sancionado por dopaje. Estos dos Beldas salieron rana. Esperamos que al doctor, una persona que tanto ha luchado por la vida, no le ocurra otro tanto.

 

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lunes, 01 diciembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Las locuras de esos benditos taraos

Hace unos días asistí como invitado a la presentación en el hotel AC Madrid Feria de la revista ‘Desde la cuneta’, una iniciativa de Jorge Matesanz y Daniel Mateos, que han decidido probar el camino a la inversa de lo que dictan las últimas tendencias: comenzar como un medio digital para ahora dar un salto al papel. Joaquín Cuevas, director general de Deporinter y organizador de la Vuelta a Andalucía, lo definió como “un toque de locura”. Pero su homólogo en Unipublic, Javier Guillén, fue más allá: “Directamente, estáis taraos. Comunicación, ciclismo… Os gusta ir a la contra. Saltáis al papel, cuando los demás hacen al revés. Y por si fuera poco, también vais a organizar eventos. Estáis para encerraros, pero sois intrépidos y os deseo que os vaya bien en esta carrera por etapas que habéis iniciado”.

 

Desde la Cuneta

 

Las cariñosas definiciones de Cuevas y Guillén ensalzan la valentía de este proyecto y de sus dos impulsores. La revista ha publicado su número 1 en noviembre, con una tirada de 2.000 ejemplares. Se puede adquirir por internet y se va a intentar llevarla también a algunas tiendas especializadas. Su carácter será bimestral, aunque el siguiente número no saldrá hasta el 1 de febrero, para poder incluir la presentación de la Vuelta a España 2015 y para iniciar una periodicidad en coincidencia con los grandes momentos de la temporada.

 

Esta “loca” iniciativa de DLC se añade a otras de una demencia similar que circulan en el ciclismo, como puede ser el caso de la editorial Cultura Ciclista. Bernat López comenzó en su día a traducir obras ya existentes, algunas de gran valor documental como ‘¡Viva la Vuelta!’, y ya ha dado el salto a editar sus propios libros. Si no me fallan las cuentas, ‘Por amor al ciclismo’, de Ainara Hernando, que también se presentó recientemente en Vitoria, ya es el cuarto de estas características.

 

Ainara-Indurain

 

Locura y ciclismo son casi sinónimos. Por eso no me extrañan locuras de esta índole, en un deporte cuya grandeza no existiría si a unos iluminados no se les hubiera ocurrido una vez dar la vuelta a Francia, rodar por tierra o por pavés, o cruzar los Alpes o los Pirineos. Como la mayoría ya somos mayorcitos, luego cada uno de nosotros elegiremos el libro, la revista o el formato que más nos apetezca. O quizá ni lo uno, ni lo otro. Pero eso no es óbice para que desde este blog aplaudamos a estos benditos taraos.

 

 

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jueves, 27 noviembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Va por ustedes

Hay una tendencia reciente de renunciar a condecoraciones si no estás de acuerdo con las ideas de quien te las concede. Respeto estas decisiones, por supuesto, pero a mí ni se me hubiera pasado por la cabeza. Sea cual sea el ideario de cada uno. Yo he recibido la medalla de bronce a la Real Orden del Mérito Deportivo con honor y con orgullo. Y con agradecimiento a quien me la otorga. Me la tomo, principalmente, como un premio al trabajo. Miro la medalla y en ella veo el esfuerzo de mis padres para que pudiera llegar más lejos, el cariño de mis hermanas, el apoyo de mi mujer en situaciones a veces muy complicadas… Veo a mis compañeros, profesionales mayúsculos… Pero veo sobre todo los rostros anónimos de muchos lectores, nuestra única razón de ser, no lo olvidemos.

 

Cuando bajaba las escaleras del Auditorio 400 del Museo Reina Sofía, con cierto nerviosismo, escuché que Jesús Álvarez anunciaba que las siguientes medallas las iba a entregar Pedro Delgado. Se me iluminó la cara, relajé el gesto. Cuando empecé a trabajar en AS hace casi 24 años, tuve que correr varias veces detrás de Perico en busca de sus declaraciones. El ciclismo ha sido una parte muy importante de mi carrera. Y en el rostro de Perico volví a ver mi adolescencia, mi juventud, mis sueños… A mis padres, a mi mujer, a mis hermanas, a mis compañeros y, sobre todo, a los lectores. Va por ustedes.

 

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lunes, 24 noviembre 2014

Por Juan Gutiérrez

El inevitable castigo al Astana

Hay una idea que arraiga con firmeza en los últimos tiempos, una idea que habla del “nuevo ciclismo” y del “viejo ciclismo”, y que da como hecho consumado que en la actualidad ya no hay dopaje, al menos dopaje generalizado, y sí una extendida concienciación en el pelotón en contra de la trampa y el fraude. Tengo que admitir que me creo en parte esa teoría. Que el ciclismo actual sea más limpio que en los años 90 y que en la primera década de este siglo, no resulta un avance complicado. Aun así, por mucho que se repitan machaconamente esos enunciados, no se van a convertir en una verdad absoluta, entre otras cosas porque al frente de muchos equipos siguen estando los mismos de siempre o sus discípulos. Alguno puede haber asumido sus errores y haber cruzado la frontera hacia el Bien. ¿Pero lo han hecho todos? Para que el ciclismo suelte realmente su lastre completo, más que en palabras, tiene que apoyarse en acciones contundentes. Sin ambigüedades.

 

  Astana

 

De ahí mi titular. No es que de repente me haya impregnado de dotes adivinatorias, sino que la suspensión al Astana me parece una solución inevitable si el ciclismo quiere continuar por esa publicitada vía de la limpieza. No se puede estar trabajando en una Comisión de la Verdad y la Reconciliación, y paralelamente dejar impune a una escuadra que ha acumulado cuatro positivos en una temporada. Brian Cookson ha venido reiterando su compromiso contra el dopaje desde que llegó a la presidencia. Astana es su primera patata caliente. Me consta extraoficialmente que la opción que maneja la UCI es dejar a los kazajos fuera del World Tour. No se entendería otra cosa. Las palabras solo funcionan cuando se transforman en hechos.

 

Es verdad que cada uno de los cuatro positivos del Astana en este 2014 puede tener una explicación que lo desligue de la dirección de la franquicia. Los hermanos Iglinskyi, Maxim y Valentin, pudieron tomar EPO por cuenta propia. Vale. Ilya Davidenok pertenecía al equipo continental y apenas tuvo un contacto efímero como stagiaire con la escuadra World Tour, por lo que pudo actuar lejos de los dominios del proteam. Y con más razón Viktor Okishev, que siempre estuvo en categoría continental. Pues también vale. Pero la suma de todo demuestra la falta de control interno que existe en un equipo que debería multiplicar su cautela, porque precisamente se trata de una formación manchada en su pasado por escándalos de dopaje.

 

  Kashe

 

El Astana ya nació torcido y no pudo correr el Tour de Francia 2006, porque fue el heredero del Liberty de Manolo Saiz, el mismo año que el técnico cántabro cayó en la Operación Puerto. Después, en plena edición de 2007, Alexandre Vinokourov dio positivo por autotransfusión, lo que supuso la expulsión del Astana de la carrera. Ese año también protagonizaron casos Kashechkin y Kessler. La principal consecuencia de aquello llegó en 2008, cuando el Tour dejó sin invitación al Astana, para desesperación del entonces vigente campeón, Alberto Contador, quien luego en 2010 daría su positivo precisamente en las filas del Astana. El año anterior, el madrileño había compartido filas con el reaparecido Lance Armstrong, de quien todos sabemos cómo ha terminado. Para solucionar este cúmulo de problemas, el Astana decidió poner al frente como mánager a Vinokourov, el mismo que había prendido la mecha en 2007, y que también tiene pendiente un juicio por amaño de una Lieja con Kolobnev, para sustituir nada menos que a Johan Bruyneel. Tanto monta.

 

El equipo kazajo ha hecho un esfuerzo por salir del fango. Al menos, aparentemente. Se inscribió en el Movimiento por un Ciclismo Creíble (MPCC), cuyo reglamento le ha obligado en este mismo 2014 a una primera autosuspensión durante la Vuelta a Pekín. Y fichó como líder a Vincenzo Nibali, un ciclista sin mancha. “Los patrones nos contrataron a Jakob Fuglsang, a Fabio Aru o a mí, precisamente con el objetivo de cambiar la imagen y ganar credibilidad”, decía recientemente el ‘Tiburón’ en una entrevista a AS, en la que insistía en la famosa teoría del nuevo ciclismo: “Es injusto dudar por dos que han pecado”. El problema es que la duda, esa gigantesca interrogante que sobrevuela por el pelotón, no ha nacido ahora, lleva muchos años implantada… Y solo acciones rotundas y rigurosas, no de maquillaje, podrán acabar con ella.

 

 

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lunes, 17 noviembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Don Diablo se ha escapado

Cuando Miguel Bosé era jovencito le cantaba a Linda, a Anna, a Superman y a Don Diablo. “Don Diablo se ha escapado, tú no sabes la que ha armado”, decía la canción. Un decenio después, otro Diablo seguía el estribillo al pie de la letra y las armaba bien gordas en el Giro y, sobre todo, en el Tour. Todavía hoy, cuando entrevistas a Miguel Indurain señala a Claudio Chiappucci como el rival más incómodo al que se ha tenido que enfrentar, el más difícil de controlar. Seguramente lo dice con aquella etapa de Sestriere de 1992 en el recuerdo, aquel ataque lejano, alentado por el público italiano, que terminó provocando una crisis al navarro. Eran otros tiempos y en las grandes vueltas siempre había dos contrarrelojes largas. Eso permitía a Indurain domar al indomable Diablo.

 

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En aquella época, en 1993, se vio por primera vez en las carreteras a otro famoso demonio: el alemán Dieter Senft, más conocido como Didi, que se autobautizó como ‘El Diablo’ (así, en español). En los últimos días, Didi ha anunciado su retirada de las carreras ciclistas a sus 62 años. Por un lado, por motivos de salud: en 2012 tuvo que ausentarse del Tour por la operación de un coágulo en el cerebro. Y por otro, por la falta de patrocinio para sostener sus viajes. Durante mucho tiempo, Luk fue una marca asociada a su imagen. Pero el ciclismo no está muy bien visto últimamente en Alemania debido a los escándalos de dopaje: el Telekom, Ullrich, Jaksche, Schumacher, Sinkewitz… Tras conocerse el positivo con testosterona de este último, las televisiones germanas abandonaron el Tour en 2007 y no han vuelto. De hecho, esta misma semana se ha debatido en el país germano una ley que aplicaría penas de cárcel para los consumidores de sustancias dopantes… Una ley para recuperar la credibilidad.

 

Durante estos últimos días he leído semblanzas de homenaje y despedida a Didi. En casi todas ellas se cita que su apodo de ‘El Diablo’ era en honor a Chiappucci… ¿Pero este dato es realmente así?

 

De repente me acordé de que yo le había entrevistado durante un Giro de Italia, no sabía en qué temporada, pero gracias a la siempre gran labor de Quique Melo y su departamento de Documentación de AS localizamos la información en la página 31 del 22 de mayo de 2001, fechada en Lucera (meta de la segunda etapa). Su lectura me refrescó la memoria. La belga Pascale Lora Schyns, a quien vuelvo a agradecer la gentileza a pesar de que el tiempo y los acontecimientos nos han separado tanto, se prestó a hacer de traductora. Pese a sus múltiples viajes, Senft solo habla alemán.

 

  Di1

 

Al releer la entrevista recordé a un Didi Senft muy bromista, que me vacilaba casi en cada respuesta. El titular fue: “En español sé decir venga, venga Indurain”. Y repetía esa expresión cada vez que citaba a un corredor: “Venga, venga Olano”, “venga, venga Freire”, “venga, venga Ullrich”… Durante la conservación me contó que había sido ciclista amateur, que antes de patear las carreras era chapista de coches, que esta habilidad le llevó a fabricar originales bicicletas que ya por entonces le sirvieron para establecer hasta 14 récords Guinness: “Tengo la bicicleta más alta, la más larga, la más pequeña, otras dos en forma de torre de Pisa y de torre Eiffel… Soy un artesano del metal”.

 

Una de mis primeras preguntas fue sobre Chiappucci: “¿Por qué se vistió de diablo? ¿Quizá en honor del ciclista italiano?”. A lo que Didi Senft respondió negativamente, para mi sorpresa: “No fue en honor a Chiappucci. Me visto así porque al triángulo rojo que marca el último kilómetro de la carrera lo llamamos diablo en Alemania”. Curioso, ¿no? Lo que vino a continuación fue una nueva vacilada de Didi. “¿Y conoce a Chiappucci?”, le requerí. “Pues claro. Los diablos nos solemos llevar bien entre nosotros”, me contestó entre risas.

 

Personajes así, que dan color y alegría, siempre son necesarios. Ahora que lo deja, me ha agradado mucho volver a leer aquella entrevista, que me ha refrescado la memoria y me ha rejuvenecido. Lo que no me hizo falta refrescar, porque lo he recordado siempre como si fuera ayer, es el intenso olor que desprendía… Tratándose del diablo, supongo que sería por el azufre.

 

 

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lunes, 10 noviembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Los aficionados al ciclismo pierden la fe en Fernando Alonso

"Echo de menos tus columnas de los lunes", me comentó hace unos días alguien muy vinculado al ciclismo. Después de un intenso verano, es cierto que el blog ha relajado su producción, pero me basta con que una sola persona añore su lectura para retomar la periodicidad y el hábito. Al menos, para intentarlo. Si aun así fallo algún lunes, no me lo tengáis en cuenta. Regresaré.


He manejado varios asuntos para este retorno a los lunes y al final me he decantado por Fernando Alonso. El 7 de octubre ya anticipé en AS que el doble campeón de Fórmula 1 no iba a sacar equipo ciclista en 2015. Algunos cuestionaron la veracidad de la noticia, otros se mostraron escépticos, pero no creo que nadie dude ya a estas alturas. Hasta Paolo Bettini lo ha confirmado: "El proyecto de Alonso está parado y no puedo explicarlo".


Aquella noticia surgió sólo unos días después de que Alonso anunciara un acuerdo con el grupo inversor Novo para potenciar el proyecto ciclista, lo que ayudó a aumentar la confusión. Más recientemente, el propio piloto insistió en que seguirá trabajando en la creación del equipo. Pero esas palabras que hace unos meses hubieran generado esperanza en el pelotón, ahora caen como palabras vacías entre los profesionales y, lo que es peor, entre los aficionados al ciclismo.

 

Alonso-Nairo


Alonso ya estudió en 2009 la formación de una escuadra con Alberto Contador, luego contraatacó en 2013 con la frustrada absorción del Euskaltel, y tras la ruptura con la franquicia vasca anunció que tendría una escuadra propia en 2015. El piloto ha trabajado en ello, como demuestra el fichaje de Bettini para la dirección deportiva, o las reuniones con la Vuelta, con el Tour en París o con el presidente de la UCI en la sede madrileña del CSD (un encuentro del que fui testigo). A mediados de año también contempló la posibilidad de fusionarse con otro equipo. Pero nada de ello fraguó. Tres intentonas al garete.

 

El problema es que nadie sabe por qué no ha funcionado el proyecto. Ni siquiera su colaborador Bettini. Y precisamente ese oscurantismo, esa desinformación, es lo que ha hecho perder la fe en Fernando Alonso a los aficionados del ciclismo. Su posible desembarco a un pelotón zarandeado por la crisis económica y por un pasado turbio fue recibido como la llegada del maná. Se agradecía que uno de los mejores deportistas del mundo entrara con ideas diferentes, ilusiones nuevas y dinero fresco. El ciclismo desplegó sus brazos ante su inminente aterrizaje, unos brazos que sus dirigentes todavía no han cerrado: "Tienes las puertas abiertas", le dijo Brian Cookson cuando ya dio su equipo por perdido.


Pero los aficionados son otra cosa... Los aficionados se han sentido engañados y minusvalorados. Hubiera bastado con una sencilla explicación de Alonso: "No saco equipo porque finalmente no he logrado el interés de los patrocinadores", "no saco el equipo porque he tenido que centrarme en mi futuro en la Fórmula 1", "no saco el equipo porque el ciclismo no es rentable", "no saco el equipo porque el reglamento de la UCI no me permite desarrollar mi proyecto"... Qué sé yo. Hay múltiples explicaciones posibles, pero todas se han diluido en un torrente de palabras huecas. Al aficionado a este deporte le hubiera bastado con un poco de cariño... Ese mismo cariño que Fernando Alonso dice siempre sentir por el ciclismo.

 

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lunes, 20 octubre 2014

Por Juan Gutiérrez

El ciclismo pierde una buena oportunidad si desoye a Tinkov

El equipo Tinkoff-Saxo ha pedido por escrito una reunión este miércoles en París con los organizadores de las tres grandes rondas para avanzar sobre el desafío lanzado por su patrón Oleg Tinkov a los cuatro principales líderes: Alberto Contador, Vincenzo Nibali, Chris Froome y Nairo Quintana. Dudo mucho que se celebre el encuentro. Al anfitrión, el Tour de Francia, no le interesa demasiado promocionar este reto. ¿Para qué? La Grande Boucle ya tiene asegurada la presencia de los cuatro. Y tendrá siempre a los mejores: el Tour es el Tour.

 

Tinkov es propenso a las bravuconadas, especialmente en Twitter. Pero esta vez su idea no era tan loca como pudiera aparentar. Al menos, merecía la pena que hubiera un debate en torno a la posibilidad de que los mejores ciclistas corran las mejores carreras, como ocurre en la mayoría de deportes: tenis, golf, motor… Sé que el nivel de exigencia no es el mismo, claro. Pero con una buena planificación, lograr tres picos de forma está al alcance. Son 63 días de competición.

 

  Tink

 

Eusebio Unzué, de naturaleza conservador, se ha expresado abierto a esta iniciativa. Dave Brailsford, de naturaleza innovador, también está por la labor. Hasta la fecha, tan sólo Vincenzo Nibali se ha mostrado públicamente en contra, aunque su equipo, el Astana, tiene ahora mismo problemas mayores que este desafío por culpa de tres casos acumulados de dopaje. Convencer a uno es más fácil que convencer a cuatro, de ahí la insistencia del Tinkoff. Pero si el Tour tampoco tiene mucho interés, las puertas dejarán de estar entornadas para cerrarse a cal y canto.

 

Al menos habrá quedado el debate sobre las conciencias. O eso espero. Hay una vieja idea de reducir días a la Vuelta o incluso al Giro. Una idea impulsada especialmente por las asociaciones ciclistas y que está presente en las mesas de trabajo por la reestructuración del ciclismo profesional que está planteando la UCI. Tanto a Javier Guillén como a su antecesor Víctor Cordero se les ha escuchado en varias ocasiones decirlo: “Si la Vuelta sacara algo a cambio, si eso sirviera para que estén los mejores corredores, se podría plantear”.

 

Quizá esa amputación del calendario sea el camino. Quizá. Pero entonces ya no podríamos hablar de las tres grandes, porque habría grandes menos grandes. El reto es correrlas con el formato actual. Con la expectación que se ha creado, me temo que se está perdiendo una gran oportunidad de que el ciclismo afronte otra de sus benditas locuras. Porque sin ese punto de demencia, el ciclismo que hoy conocemos no existiría.

 

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lunes, 29 septiembre 2014

Por Juan Gutiérrez

Valverde: podios de mucho mérito, pero sin gloria

El debate en torno a Alejandro Valverde es constante. ¿Sus resultados le alzan al Olimpo del ciclismo o, por el contrario, confirman que es un conformista coleccionista de podios? ¿Su carrera ha estado bien orientada? ¿Se ha obsesionado tanto con las grandes vueltas o con el maillot arcoíris que ha perdido su instinto de ganador? Todas esas preguntas nos las hemos hecho en infinidad de ocasiones. Con respuestas para todos los gustos.

 

A continuación voy a dar una opinión más sobre este asunto. Que no tiene por qué ser la definitiva, simplemente es mi opinión. Creo que en el origen del análisis estaremos todos de acuerdo: Valverde tiene un enorme talento natural para el ciclismo. Pero a partir de ahí, podemos entrar en diversas discrepancias.

 

  Kiato

 

Vamos a lo más reciente, que son sus seis medallas en los Mundiales: dos de plata y cuatro de bronce. Cuando le vimos subido al podio de Hamilton 2003 como subcampeón, todos celebramos su irrupción con solo 23 años, porque proyectaba un gran futuro. Le adivinábamos vestido algún día con el arcoíris, entre otras muchas gestas. Luego nos enteramos de que Paco Antequera le tiró de las orejillas porque con su ímpetu de juventud podría haber puesto en peligro el oro de Igor Astarloa. Precisamente ese ímpetu es lo que el murciano ha ido perdiendo con el tiempo. ¿Para bien? Pues no siempre.

 

A Valverde lo ‘domesticaron’ cuando llegó en 2005 al equipo de Eusebio Unzué. Y que conste que no voy a cuestionar la productividad de este equipo: ahí está su palmarés desde los tiempos de Reynolds. Sólo valoro lo que concierne al murciano. De repente se decidió que si quería ganar una gran vuelta tenía que poner freno a ese ímpetu original, a esa voracidad, a su hambre de campeón… Para ganar una grande hay que regular, guardar siempre algo para el día siguiente. Ese era el mensaje. Y así fue como Valverde conquistó la Vuelta a España de 2009: sin una sola victoria de etapa. Con un ciclismo absolutamente en contra de su naturaleza.

 

  Valverde

 

Es su único triunfo en una grande. Valverde tiene, además, otros cinco podios en la Vuelta. Y las seis medallas en los Mundiales. Y en el Tour de Francia ni siquiera se ha subido al cajón, su mejor clasificación ha sido el cuarto puesto de este mismo año. Todos estos resultados son muy meritorios, no lo vamos a negar. Pero no dan la gloria. Recuerdo a un exciclista que me dijo una vez: “El segundo clasificado es el primer perdedor”. Y lo comparto por completo.

 

Michael Kwiatkowski se enfundó el domingo el arcoíris porque jugó al todo o nada. Ahí es donde nos hubiera gustado ver más veces a Valverde. Con ese ímpetu que sirvió para que una vez Antequera le tirara de las orejillas… Siempre es mejor que coleccionar podios, por muy meritorios que sean. Este año, yo me quedo con la imagen de Valverde en la etapa de Cumbres Verdes y en esas jornadas iniciales de la Vuelta, en las que, desahogado por el liderazgo de Nairo Quintana, jugó a ser él mismo. Nos mostró su esencia. Se divirtió y nos divirtió.

 

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Por Juan Gutiérrez

Otro bronce para Valverde, su sexta medalla en un Mundial

El oro se volvió a resistir. Alejandro Valverde sumó su sexta medalla mundialista, cuarta de bronce, pero el maillot arcoíris reposará durante el próximo año en el cuerpo del polaco Michal Kwiatkowski, que obtuvo el premio a su picardía y atrevimiento finales sobre el trazado de 254,8 kilómetros de los Mundiales de ciclismo en ruta de Ponferrada 2014. La plata se la colgó el gran favorito: el australiano Simon Gerrans.


Valverde ya lo había anunciado el día anterior: “Todos sabemos dónde hay que atacar para ganar”. Efectivamente, todos los sabían. Ese punto era el último repecho, el Mirador, a falta de 5 kilómetros. Y así fue: Purito Rodríguez rompió el grupo de los nobles con una arrancada a la que luego dio continuidad Valverde. Y junto a él, varios de los grandes candidatos: Gerrans, los belgas Van Avermaet y Gilbert; el danés Breschel, el francés Gallopin…

 

Valve

El problema para ellos es que Kwiatkowski había decidido antes romper el guión. Como todos sabían dónde había que atacar, el polaco lo hizo un poco antes. Con sigilo. Kiato arrancó a 7 kilómetros de la meta, enlazó con los cuatro fugados (De Marchi, Gautier, Valgren Andersen y Kiryienka), tomó un poco de aire y se marchó en solitario. Había que tener buenas piernas para resistir el zarandeo final. Las tenía. Y también había que esperar que atrás surgieran los titubeos. Alguno hubo. Gilbert tiró a saco en favor de Van Avermaet, pero Kwiatkowski aguantó en cabeza y se coronó campeón del mundo con 24 años.

En la lucha por la plata, Gerrans batió al sprint a Valverde, que enlazó su tercer bronce consecutivo y aumenta su colección de medallas a seis: dos platas (2003 y 2005) y cuatro bronces (2006, 2012, 2013 y 2014). El oro se le resiste… A su 34 años y con los llanos recorridos de Richmond (EE UU, 2015) y Qatar (2016) por delante, quizá para siempre.

Kiato

 

La selección de Polonia había apostado por Kwiatkowski desde el principio. De hecho, fue el primer equipo que tomó la cabeza para neutralizar la escapada inicial de Quintero (Colombia), Kvasina (Croacia), Polivoda (Ucrania) y Savickas (Lituania). A 80 kilómetros cogió las riendas Italia con el primer movimiento táctico de interés: se produjo un primer corte con gente relevante, donde España metió a Purito y Jesús Herrada, en primer término, y después a Dani Navarro en otro grupo. Los desafiantes aventureros, con Tony Martin como principal gallo, no lograron abrir hueco, pero alertaron a los grandes equipos. Esto ya iba en serio.

La selección de Javier Mínguez no cogió la responsabilidad hasta la última vuelta. Ahí, sí.  De Marchi (Italia), Gautier (Francia), Valgren Andersen (Dinamarca) y Kiryienka (Bielorrusia) rodaban delante con una ventaja de unos 40 segundos. El equipo español puso en cabeza a la locomotora Jonathan Castroviejo y luego a Ion Izagirre, para reducir la diferencia prácticamente a la nada. Luego fue Dani Moreno quien dio un paso al frente para lanzar el ataque en cadena de Purito y Valverde. La fuga era historia. Aunque por allí, sigilosamente, se había colado un tal Michal Kwiatkowski. Nos costará deletrear el nombre: algunos ya le llamaban Kiato.

 

(Crónica del Mundial de Ponferrada publicada en as.com)

 

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