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Pedaladas

El blog de Juan Gutiérrez

Vamos a hablar de ciclismo, pedalada a pedalada. De sus gestas y de sus miserias. Desde mi experiencia como periodista en treinta grandes vueltas y en otras múltiples batallas...

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lunes, 28 julio 2014

Por Juan Gutiérrez

Nibali es un campeón con la grandeza del Tour

Hemos estado tan ocupados en narrar si Alejandro Valverde era capaz o no de subirse al podio de los Campos Elíseos, que quizá hemos ignorado en exceso la gesta que se estaba marcando Vincenzo Nibali. Una victoria que se está minusvalorando con los argumentos de que los dos grandes favoritos, Chris Froome y Alberto Contador, se habían caído, o de que otra gran figura, Nairo Quintana, ha estado ausente en este Tour de Francia. Quizá veríamos al Tiburón del Estrecho desde otro prisma si ensalzáramos, como es de justicia, que se ha convertido en el sexto corredor de la historia que logra el triplete Vuelta-Giro-Tour. Los otros cinco son Anquetil, Merckx, Gimondi, Hinault y el propio Contador. Casi nada. Froome, por ejemplo, estuvo dos veces en disposición de ganar la Vuelta, pero no lo hizo. Por decir.

 

También le veríamos con otros ojos si recordáramos que en la pasada temporada el arrollador Froome sólo perdió una carrera por etapas: la Tirreno-Adriático, precisamente ante Nibali. O si cogiéramos las clasificaciones del día que se cayó Contador y comprobáramos que el italiano ya le aventajaba en 2:34. Gran parte de esa diferencia la logró en la etapa de los adoquines, que también es ciclismo y que en su momento condicionó, por ejemplo, que el Movistar sacara a Quintana de la alineación del Tour. Es cierto que aún restaba la gran montaña y que el madrileño le hubiera podido apretar las clavijas. Su presencia hubiera aumentado el espectáculo, pero de ahí a afirmar que hubiera ganado es hablar de ciencia-ficción. Para mí, Nibali es un campeón grandioso, a la altura de la grandeza del Tour. Y se merece ese trato.

 

(COLUMNA PUBLICADA EN AS EL LUNES 28 DE JULIO)

 

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domingo, 27 julio 2014

Por Juan Gutiérrez

Una multitud eufórica frenó a Pélissier en París

Henri Pélissier nació en París (22-1-1889), igual que sus tres hermanos, también ciclistas: Jean, Francis y Charles. En París, Henri conquistó, en 1914, uno de sus diez triunfos de etapa, igual que haría Charles en 1930 y 1931. Y en París, por fin, el indomable Henri se coronó vencedor del Tour en 1923.


También París le impidió, quizá, ganar el Tour 1914. Pélissier llegó a esa etapa final a 1:50 del belga Philippe Thys. Henri atacó en la cota de Coeur-Volant: “Jamás di un demarraje como aquel”. Ya divisaba el Parque de los Príncipes cuando una multitud exaltada rodeó a su héroe. Así lo narra en La Légende des Pélissier, de Roger Bastide: “Las dos filas del público se cierran cada vez más, me dejan un pasillo estrecho. Tienden sus manos para coger las mías, con riesgo de tirarme. ‘¡Pélissier! ¡Pélissier!’. Ellos me animaban como si hubiera ganado, pero me estaban haciendo perder. En el puente de Saint Cloud, presionado por todos los sitios, me bajo de la bici. Grito desesperadamente, pero mi voz se pierde en el tumulto. Gesticulo de rabia, pero ellos creen que es de alegría. Cuando por fin arranco, ya no estoy solo. Brocco y Rossius están allí. Con Thys”.


Prometió volver en 1915, pero dos días después estalló la Gran Guerra, donde murió Jean, el único hermano que no corrió el Tour. Henri regresó en 1919 y lo ganó en 1923. Fue un ciclista carismático, que tuvo numerosos enfrentamientos con Henri Desgrange. De una famosa entrevista con Albert Londres, de Le Petit Parisien, salió la expresión “los forzados de la ruta”. Su vida fue agitada hasta el final. En 1933 se suicidó su mujer, Leonie. Y con la misma pistola le mató su posterior pareja, Camille, el 1 de mayo de 1935, tras una discusión familiar.

(LA RUTA DEL TOUR: Evry-París, 21ª etapa)

 

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sábado, 26 julio 2014

Por Juan Gutiérrez

Jacques Anquetil bautizó a su barco como ‘Silbidos’

Périgueux solo ha acogido una llegada antes que hoy. Fue en la 19ª etapa del Tour 1961, en una contrarreloj de 74,5 km que partió de Bergerac, en sentido inverso a la que después ganaría Miguel Indurain en 1994. El dominador fue otro histórico especialista: Jacques Anquetil.


Aquel 14 de julio, Fiesta Nacional de Francia, llovía mucho. Sólo un pinchazo a 10 km impidió a Anquetil doblar a Charly Gaul, su principal rival. Maitre Jacques, que rodó a 43,595 km/h, había salido tres minutos después, pero le tuvo a tiro. En un ataque de orgullo, el luxemburgués mantuvo el pulso para evitar la humillación hasta la misma meta, donde marcó un crono de 2:59 minutos peor que Anquetil o, lo que es igual, cruzó la meta un segundo delante.


Anquetil se había marcado un desafío en ese Tour: vestir el maillot amarillo de principio a fin. La etapa inicial tenía dos sectores. En el primero venció Darrigade, pero por la tarde Anquetil ganó la crono de Versalles y se enfundó la prenda que, como había anunciado, ya no soltó. Su dictadura irritó a Jacques Goddet, el patrón del Tour, que escribió el editorial Los enanos de la ruta, donde definía a sus rivales como “horribles enanos” y les acusaba de no atacar “o bien por impotencia, como Gaul, o bien por estar resignados o satisfechos de su mediocridad”.


El texto no sentó bien al normando, que logró en París el segundo de sus cinco Tours. Como cierre lanzó victoriosamente en el sprint a Cazala. “Demostró su grandeza”, dijo su compañero. No opinaba igual el público, que le silbó durante la vuelta de honor porque entendía que había bloqueado la carrera. Anquetil bautizó luego como Sifflets (Silbidos, en francés) el barco que pagó, en parte, con las ganancias. Un irónico desquite.

(LA RUTA DEL TOUR: Bergerac-Périgueux, 20ª etapa)

 

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viernes, 25 julio 2014

Por Juan Gutiérrez

El día que Indurain fue Tirano en la tierra de Cyrano

Las apuestas por el Tour estaban en Francia seis a cuatro a favor de Rominger en 1994. De nada servía que Miguel Indurain llevara tres victorias consecutivas. Aquel año había sucumbido en el Giro ante Eugeni Berzin y en el anterior, el suizo le había apretado en la Grande Boucle. Los pronosticadores auguraban el final de una era. Erraron.

 

El 11 de julio se disputaba  la 9ª etapa, una contrarreloj de 64 kilómetros entre Périgueux y Bergerac (la meta de hoy), a 40 grados. “El asfalto estaba derretido, las ruedas se agarraban en las curvas”, explicó Indurain tras vencer a 50,539 km/h, con grandes diferencias: 2:00 minutos a Toni Rominger; 4:22 a De las Cuevas; 5:33 a Riis... Y 6:23 a Armstrong, a quien dobló durante el recorrido, en una imagen que, con el tiempo, acrecentó su valor.

 

José Miguel Echávarri es amigo de los juegos de palabras. Cuando Indurain perdió la crono de Follonica en el Giro, el mánager del Banesto bromeó: “Nos han follonizado”. Pero en el Tour los follonizados fueron otros. “Indurain ha sido Tirano en la tierra de Cyrano, ha sido Tirano de Bergerac”, dijo el técnico. Y con ese apodo quedó marcada la gesta de Miguel en la localidad de Cyrano de Bergerac, un poeta coetáneo de Molière que a su vez inspiró el personaje de una obra teatral de Edmond Rostand, que José Ferrer (1950) y Gérard Depardieu (1990) interpretaron luego en el cine.

 

Dos días después se subía a Hautacam, igual que ayer. A siete kilómetros, Virenque dio el chivatazo a Indurain: “Rominger, mal”. Y el navarro atacó. Sólo resistió Luc Leblanc, que ganó la etapa. El suizo llegó a 2:19. En dos jornadas, el Tour quedaba sentenciado.

 

(LA RUTA DEL TOUR: Maubourguet-Bergerac, 19ª etapa)

 

 

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jueves, 24 julio 2014

Por Juan Gutiérrez

Ricardo animó a Javier en una curva de Hautacam

El 10 de julio de 2000 llovía en Dax, la salida de la 9ª etapa del Tour. Los partes no auguraban mejoría para los 205 kilómetros de recorrido hasta Hautacam. Se llegaba por tercera vez a esta estación de esquí de Lour­des. Hoy será la cuarta. En las dos primeras había tenido protagonismo Miguel Indurain. Allí noqueó en 1994 a Toni Rominger (el triunfo se lo llevó Luc Leblanc). Y allí fue noqueado en 1996 por Biarne Riis.


Aquel lluvioso 10 de julio, la dirección del Kelme mandó atacar a Javier Otxoa (30-8-1974, Barakaldo) para servir de enlace a un posterior demarraje de Escartín o Heras. Pero nadie enlazó. El vizcaíno saltó a 165 kilómetros. Coronó la tachuela de Barcus. Luego el Marie-Blanque, el Aubisque, el Soulor. Cuando llegó a pie de Hautacam tenía más de ocho minutos sobre los gallos. Lance Armstrong perseguía voraz con su clásico molinillo. A tres kilómetros de la cima, en una curva, le animaba Ricardo, su hermano gemelo y también ciclista del equipo alicantino. Javier le vio y apretó los dientes: “Pensé que me moría sobre la bicicleta”. Y venció con 42 segundos sobre el texano.


El 15 de febrero de 2001 hacía un día despejado en la carretera de Cártama (Málaga), cuando un coche arrolló a los gemelos durante el entrenamiento. Uno murió en el acto, pero al principio no se supo identificar de quién se trataba. Eran dos gotas de agua. Falleció Ricardo. Y Javier entró en coma. Despertó 62 días después, con graves fracturas y una lesión cerebral.  Al conductor le sancionaron con un año sin carnet y 1.800 euros de multa. Tras una larga rehabilitación, Otxoa participó en los Juegos Paralímpicos de Atenas 2004 y Pekín 2008: oro y plata en ambos. Y a menudo repite: “Yo gané en los Pirineos”.

(LA RUTA DEL TOUR: Pau-Hautacam, 18ª etapa)

 

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miércoles, 23 julio 2014

Por Juan Gutiérrez

La falsa abstinencia sexual de Jaskula

Antes de que Majka venciera el sábado en Risoul, sólo otro polaco había logrado un triunfo en el Tour: Zenon Jaskula (4-6-1962, Gorzów Wielkopolski), que ganó en 1993 la 16ª etapa, Andorra-Saint Lary, en la misma meta de hoy. Aquel año se aupó también al tercer peldaño del podio de París, junto a Indurain y Rominger. Fue su mes de gloria, no volvió a rendir a ese nivel.


Jaskula era un contrarrelojista. Con Polonia había ganado la plata olímpica en la crono por equipos de Seúl 1988. Pero su gran triunfo llegó en los Pirineos. Su imagen haciendo la goma se mantiene en las retinas, aunque aquel 21 de julio logró enlazar y batir a Rominger e Indurain.


En diciembre, la agencia EFE rebotó desde Varsovia una curiosa declaración de Jaskula en la Gazeta Wyborcza: “Si el ciclista de alto nivel quiere mantenerse en forma debe renunciar al sexo al menos tres semanas antes de una competición. Como al final de temporada hay muchas carreras, solo podría hacer el amor unas diez veces al año”.


En la salida de Salamanca de la 3ª etapa de la Vuelta 1994, AS entrevistó al polaco. Primera pregunta: “¿Su secreto para estar en forma es abstenerse de hacer el amor?”. A lo que Jaskula, enfadado, respondió: “Mucha gente me lo pregunta, pero aquello fue producto de la imaginación de un periodista loco. No sé cuántas veces hago el amor al año, no llevo la cuenta. ¿Usted la lleva? Usted es soltero, ¿no? Pues seguramente lo hago más veces que usted. ¡Claro que fornico con frecuencia! Estoy casado y hago el amor con mi mujer. La única diferencia es que soy ciclista y paso tiempo lejos de ella. Pero al final de la temporada lo hago como cualquiera. Es verdad que antes de una carrera no es muy aconsejable, pero hay mucho año”.

(LA RUTA DEL TOUR: Saint Gaudens-Saint Lary, 17ª etapa)

 

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martes, 22 julio 2014

Por Juan Gutiérrez

Salvador Cardona: un emigrante abrió el palmarés español

La pirenaica Bagnères de Luchon (o Luchon) es una de esas llegadas del Tour con magnetismo para los españoles. Como Pau o Luz Ardiden. En la meta de hoy han vencido Bernardo Ruiz (1949), Bahamontes (1958), Manzane­que (1967), Fuente (1971), Ocaña (1973)... Bahamontes y Fuente también repitieron en Superbagnères. Pero antes que todos ellos, en 1929, venció Salvador Cardona.

 

Este valenciano de nacimiento (Alfa­huir, 12-1-1901) y francés de adopción (vivió en Narbona y Pau, donde murió el 15-1-1985) pasó a los anales por ser el primer español en ganar una etapa del Tour. Y lo hizo sobre un gran recorrido, con el Aubisque y el Tourmalet. Su gesta sorprendió en España, donde se desconocía su presencia en la carrera.

 

Cardona emigró a Francia con 17 años y se hizo allí como ciclista. Su caso es similar al del cántabro Cipriano Elis (26-9-1907, Muriedes), que vivió en Carcasona (salida de hoy) desde los 3 años. Ambos coincidieron en el Tour 1928. Pero mientras Cipriano se retiró en la 5ª etapa, Cardona ya destacó. Apoyó en el Wolber al francés Victor Fontan. Y detrás de su líder fue segundo en la 7ª etapa en Burdeos, mejor puesto español hasta esa fecha. En la general acabó 15º.

 

En 1929 regresó, para hacer historia. El 9 de julio, en la 9ª etapa (Bayona-Luchon), coronó el Tourmalet a 3:47 de Fontan y De Waele. El belga pinchó en el descenso y el español enlazó con su líder. Ambos recorrieron juntos los últimos 50 kilómetros y se repartieron los honores en la meta: etapa para Cardona y liderato para su jefe de filas.

 

Fontan cedió el maillot en la siguiente jornada tras romper la horquilla de su bici. Abandonó con lágrimas en los ojos. Y con él se fue todo su equipo, menos Cardona, que acabó cuarto en París, a 57:46 minutos del vencedor: De Waele.

 

(LA RUTA DEL TOUR: Carcasona-Bagnères de Luchon, 16ª etapa)

 

 

 

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lunes, 21 julio 2014

Por Juan Gutiérrez

El oscuro caso de las truchas en mal estado

El francés Jean Stablinski, exminero en Arenberg, hijo de emigrantes polacos, gregario de Anquetil y vencedor de la Vuelta 1958, ganó en el velódromo de Carcasona (lugar de descanso de hoy) en el Tour 1962, el mismo año que se coronó campeón mundial. Pero su victoria quedó eclipsada por el caso del Pescado en mal estado, que supuso la retirada de 14 ciclistas, cuatro del Wiels-Groene Leeuwe.


Junkermann, séptimo de la general, había enfermado por la noche. Los técnicos del equipo belga pidieron retrasar diez minutos la salida de Luchon y el Tour accedió. Pero se descolgó pronto y abandonó junto a sus compañeros Desmet y Demulder, mientras De Middeleir llegó fuera de control. Se retiraron 14 corredores de nueve equipos con los mismos síntomas: vómitos, diarreas... Entre ellos también estaba Gastone Nencini, ganador del Tour 1960. Culparon de sus males a las truchas de la cena. No estaban frescas. Pero en el hotel del Groene Leeuwe negaron haberlas servido.


La sombra del dopaje sobrevoló por el pelotón. Así lo escribe Jacques Goddet, el patrón del Tour. Y así lo recoge en su parte el médico oficial, Pierre Dumas, que advierte sobre “los peligros de ciertas formas de preparación”. Los medios de comunicación se mofaron de la excusa del pescado. Existe una viñeta donde las raspas de las truchas son jeringuillas. Los ciclistas se indignan y amenazan con un plante. Jean Bobet, excorredor y luego periodista, intenta disuadir a Anquetil. En la salida, Geminiani informa de que los directores también protestan. Comparan sus textos, llegan a un pacto y la huega se anula.

(LA RUTA DEL TOUR: Descanso en Carcasona)

 

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domingo, 20 julio 2014

Por Juan Gutiérrez

Nimes recibió al Tour a pedradas en 1904

El primer gran escándalo llegó en el Tour de 1904, en el que Nimes, la meta de hoy, tuvo un violento protagonismo.


Los corredores idearon numerosas trampas. En la etapa inicial, París-Lyon, fue descalificado Chevalier por viajar por la noche en coche y se sancionó a Pothier por ir a rebufo del vehículo de su director, Delattre. Ese mismo día, a Aucouturier se le vio rodar detrás de un misterioso ciclista no inscrito. Y Pothier y Maurice Garin fueron atacados por cuatro enmascarados.


El forofismo local generó momentos muy tensos. En la 2ª etapa, Lyon-Marsella, André Fauré demarró en Saint Étienne. Tras su paso salieron unos doscientos partidarios que arremetieron con palos y piedras contra el resto de ciclistas. Giovanni Gerbi quedó insconciente. Los organizadores tuvieron que disparar al aire con sus pistolas para disuadir a los violentos.


La historia se repitió en la 3ª etapa: Marsella-Toulouse. Enfurecidos por la descalificación de Ferdinand Payan, por correr con una bici motorizada, aparecieron en Nimes “cerca de 150 personas gritando con el puño cerrado”, describió Géo Lefèvre, cofundador del Tour. Eran sus vecinos de Arlés armados con piedras. Algunos corredores tuvieron que huir disfrazados.


“Ganaré este Tour, a no ser que me asesinen antes de llegar a París”, auguró Garin. Acertó en parte. Se coronó por segundo año, pero cuatro meses después la Union Vélocipédique de France (UVF) descalificó a ocho ciclistas “por uso ilegal de coches”, entre ellos los cuatro primeros y todos los ganadores de etapa. Se designó vencedor a Henri Cornet, que vivió siempre con la amenaza de los simpatizantes de Garin. “El Tour muere de éxito”, profetizó Henri Desgrange. Se equivocaba.

(LA RUTA DEL TOUR: Tallard-Nimes, 15ª etapa)

 

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sábado, 19 julio 2014

Por Juan Gutiérrez

Eugène Christophe estrenó el amarillo entre burlas

El Tour no ha llegado nunca a Risoul, pero Grenoble sí rezuma leyenda. Incluso cuando albergó la salida, como lo hará hoy...


A las dos de la madrugada del 19 de julio de 1919, tras una jornada de reposo, arrancaba la 11ª etapa, Grenoble-Ginebra (325 km), con una importante novedad. El líder, Eugène Christophe (1885, Malakoff), portaba el primer maillot amarillo de la historia ante las chanzas de sus compañeros, que le llamaban Madame Cri Cri. En ese momento no dieron valor a esa prenda, con la que Christophe acabó pidiendo ser enterrado a su muerte en 1970.


Christophe dominaba la general desde la 4ª etapa en Les Sables d’Olonne. Un grupo atacó a Henri Pélissier mientras se ponía un impermeable y el líder cedió 34:52 minutos. Malhumorado, Pélissier y su hermano Charles se quejaron esa tarde del hotel y se retiraron. Siempre la tuvieron tiesas con Henri Desgrange, el director del Tour.


Los Pélissier eran los más conocidos por el público y la carrera se quedó sin sus referentes. Por ello, Desgrange se inventó un maillot amarillo, el color del periódico organizador L’Auto, para distinguir al líder. Otra versión sostiene que lo hizo porque casi todos vestían en tonos grisáceos. Ambas tesis son compatibles. Desgrange anunció la idea en Luchon en la salida de la 7ª etapa, pero el jersey no llegó hasta Grenoble.


Christophe disponía de 28 minutos, pero en el pavés de la penúltima etapa, Metz-Dunkerque, se le rompió la horquilla y cedió ante Firmin Lambot. La mala suerte siempre castigó al francés, que en 1913 ya tuvo que repararse su bici en una fragua de Sainte Marie de Campan tras una avería en el Tourmalet y en 1922 bajó el Galibier con una prestada por un cura.

(LA RUTA DEL TOUR: Grenoble-Risoul, 14ª etapa)

 

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