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El retrovisor

El retrovisor

Una mirada diferente del mundo del motor. Mi visión particular del sector del automóvil y la moto, las tecnologías de vanguardia, el tráfico, la seguridad vial y el respeto medioambiental. Si te gusta conducir, éste será un espacio que podremos compartir.

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viernes, 03 mayo 2013

Por Raúl Romojaro

Nunca es tarde para aprender…

Me temo que todos pensamos que conducimos muy bien. Por lo general, mejor de lo que en realidad lo hacemos… Sólo hace falta sentarse a la derecha de alguien que de verdad maneje para darse cuenta de las enormes lagunas que sufrimos al volante (o al manillar en el caso de los motoristas). La ignorancia es muy atrevida y por eso la formación es el mejor remedio para desterrar una actitud que sólo nos puede crear problemas y traer disgustos. Pensar que ya se sabe todo como conductor es un error de dimensiones faraónicas que en raras ocasiones estamos dispuestos a solventar. Con lo fácil que es…

Audi

Para salir de la penumbra del desconocimiento tan sólo hay que asumir que es necesario hacerlo y ponernos manos a la obra con ello. Todos sabemos que en las autoescuelas (por lo general y salvo honrosas excepciones) nos enseñan a circular y a superar un examen, que poco tiene que ver con lo que es conducir. Y no se trata ésta de una crítica hacia los profesionales del sector, simplemente hacen lo que pueden en el tiempo del que disponen. Si ya hace falta pedir un crédito para sacarse el carné, no quiero ni imaginar lo que costaría la formación si fuera tan completa como debiera. Por fortuna, ése no es un camino sin retorno. Tiremos de topicazo para recordar que nunca es tarde para aprender y en estos momentos son tantas las opciones de las que disfrutamos que no aprovecharlas es simplemente una cuestión de actitud, de superar el pasotismo ante nuestras lagunas.

Drivex

Hay que dejar atrás prejuicios y prepotencias, tener ganas de aprender y mejorar, disponer de algo de dinero (casi siempre menos de lo que podríamos pensar) y elegir la formación que mejor se adapte a nuestras necesidades. Hay cursos de conducción impartidos por las marcas, otros específicos para condiciones especiales como la nieve o el fuera de carretera, de carácter deportivo, incluso algunos para ser más eficientes y ahorrar combustible al mismo tiempo que contaminamos menos… En fin, una amplísima oferta gestionada por cualificados profesionales que nos ayudarán a dar un salto cualitativo tan significativo que apenas podremos creerlo una vez completado el cursillo en cuestión.

Alicia

He pensado en todo esto porque he estado a punto de caer en la misma trampa que lo hace mayoría. Me explico. Alicia Sornosa, nuestra viajera que se ha convertido en la primera española capaz de dar la vuelta al mundo en moto y en solitario, ha decidido poner su experiencia acumulada en esos meses de periplo por todo el planeta al servicio de aquellos motoristas deseosos por mejorar el manejo de una moto trail, con todos los condicionantes que ello supone. Y, claro, al conocer su iniciativa mi primera reacción fue pensar que aquello no era para mí… ¿Qué iba a aprender después de más de treinta años subido en motos de todo tipo? Error, desde luego. Claro que tengo que aprende… y mucho. He podido participar, por motivos laborales, en más de una treintena de actividades de estas características, de coches y de motos, y después de cada una de ellas me queda la sensación de que algo (o mucho) hago mejor que antes.

Cartel

Lo que Alicia nos propone, en unas instalaciones especialmente adaptadas para esta formación y muy cerquita de Madrid, es intentar controlar con más soltura una moto alta y pesada en las más variadas circunstancias, dentro y fuera de la carretera, sobre arena o barro, bajando o subiendo, en marcha o en parado… Es decir, todo lo que podremos necesitar en el uso real del vehículo pero siempre bajo el control y la supervisión de especialistas en la materia. Así que pensando en todo esto he decidido que me apetecía compartir con vosotros la propuesta… además de apuntarme al primer curso que pueda. Ya os contaré cómo me va pero os hago un avance: seguro que bien. Tengo tantas ganas de seguir aprendiendo…

Por cierto, casi se me olvida, si os interesa recibir más información sobre el ‘Curso Trail para Viajeros’ de Alicia Sornosa, podéis hacerlo a través del mail vueltalmundo.alicia@gmail.com.

 

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lunes, 01 abril 2013

Por Raúl Romojaro

Mis personajes favoritos (2): Charly Sinewan

Casi todos tenemos un sueño. Y también casi siempre, adherido a él como un imán de frigorífico de esos que compramos cuando hacemos turismo, un montón de excusas para convencernos de que es sólo eso, un deseo inalcanzable. El trabajo, las responsabilidades, la familia, la hipoteca, la falta de tiempo… Mil argumentos para mantenernos en nuestra zona de seguridad, para evitar afrontar un desafío con el convencimiento de que nuestras ambiciones pueden concretarse si realmente lo deseamos y lo perseguimos. Nos acomodamos en nuestra cotidianidad y pensamos que los grandes retos son para otros, no para nosotros… Sin embargo, de vez en cuando nos encontramos con tipos capaces de hacer tambalearse esta triste teoría de que la vida debe seguir siendo como es, dinamitando con su vitalidad que no existen alternativas que nos permitan ser un poquito más felices. Es el caso que acerco ahora a este blog como uno de mis personajes favoritos…

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Se llama Carlos, aunque son mayoría ya los que le conocen como Charly. Y como apellido de guerra, Sinewan. Y es que nuestro Charly, el que vive en el madrileño barrio de La Latina, decidió en 2009 dar un golpe de timón a su existencia y lanzarse a la aventura de intentar recorrer el mundo al manillar de una moto. Seguía en cierto modo los pasos de otro Charlye, éste más popular y apellidado Boorman, sólo que en su caso lo haría sin Ewan McGregor, el famoso actor que coprotagonizó ese documental de culto para muchos viajeros que es ‘Long Way Round’. Así que Carlos pasó a ser Charly Sinewan, en una especie de bautismo iniciático que la daba una nueva identidad para afrontar la que, posiblemente, sería la experiencia de su vida.

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Charly viaja como otros tantos apasionados de las motos, nómadas del siglo XXI que piensan que la felicidad, con mayúsculas, se encuentra mucho más allá de las fronteras que nosotros mismos nos marcamos casi sin darnos cuenta. Pero quizá lo que más distingue a su planteamiento es que no supone una ruptura con su anterior vida, camina en un delicado equilibrio entre dos realidades: la de sus sueños de viajero y la del trabajador que debe hacer frente cada mes a esas facturas que a todos nos agobian y que le exigen mantener su actividad profesional para seguir adelante. Un montaje más realista que el de otros, más accesible para muchos y que confirma que no siempre las trabas vienen de fuera, sino que son las propias que no conseguimos doblegar.

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De ese modo, su periplo está organizado por etapas. Los tramos los marcan sus posibilidades económicas y financieras. Sinewan trabaja, ahorra y acumula un valioso tiempo que a continuación dedica a sus fascinantes viajes. El primero fue desde Madrid a Sídney; a continuación completó un Madrid-Ciudad del Cabo y dentro de sólo unas semanas traerá de vuelta su BMW F 800 GS desde Suráfrica hasta España. Y todavía le quedarán dos atracones más, que deben permitirle recorrer Europa y Asia rumbo a Alaska, para desde allí, atravesar de norte a sur todo el continente americano. Entonces, su vuelta al mundo sí que será un hecho incontestable…

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Pero la cercanía de Sinewan va más allá de que se plantea este modo de vida como podrían hacerlo otros muchos, trabajando para poder disfrutar a continuación. Es un tipo sensacional, simpático y ocurrente, honesto y sincero, que ha decidido hacer llegar sus experiencias a todos aquéllos que quieran compartirlas con él  a través de su web (www.sinewan.com) y las redes sociales. Gracias a las posibilidades de estas poderosas herramientas, nos acerca relatos cargados de vivencias y emociones, además de videos ingeniosos y divertidos. Nos invita a viajar a su lado con una generosidad que sus muchos seguidores le agradecen, recordándonos con cada uno de ellos que podemos llegar mucho más lejos de lo que pensamos si realmente nos empeñamos. Charly no es un empresario forrado, ni heredero de una gran fortuna, ni tampoco le ha tocado la BonoLoto o ha pegado uno de esos pelotazos inexplicables que han contribuido a la ruina de este país...

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Es un tipo como cualquier otro pero cansado de que las limitaciones impuestas le impidieran seguir adelante. Y ha sido así como ha descubierto de todo lo que es capaz, ha aprendido que con esfuerzo, dedicación, algunos sinsabores pero muchas satisfacciones la vida puede llegar a ser más gratificante de lo que tantos están empeñados en hacernos creer. Y todo, sin Ewan McGregor a su lado… Por eso le envidio.

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miércoles, 06 marzo 2013

Por Raúl Romojaro

En busca del sol de Florida desde el invierno madrileño

El invierno me deprime. Días cortos, con frío y lluvia, puedo salir en moto menos de lo que me apetece y, por si fuera poco, tampoco hay carreras. Por eso siempre que el trabajo y la economía lo permiten, intento hacerme una escapada en esta época en busca del calorcito y alguna carretera en condiciones para rodar. Y este año, aprovechando una estupenda oferta de Iberia (aunque esquivé su huelga por muy poquito), decidí regresar a Florida, donde ya había estado unos años atrás también en pleno invierno. Así que salí de un triste y gélido aeropuerto de Barajas para aterrizar en una soleada Miami, con 25 grados de temperatura media y una Harley esperando para recorrer esta península, auténtico paraíso de los jubilados estadounidenses.

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Y como en anteriores ocasiones, he pensado que podía ser útil e incluso interesante ofreceros algunas de las claves para un viaje de estas características. No desde luego como experto conocedor de Florida, porque no lo soy, sino con los ojos de un recién llegado que va descubriendo lo que la ruta y un país como Estados Unidos puede ofrecernos, que es mucho. No pretendo, por tanto, que estas líneas supongan una guía turística (que ya las hay y muy buenas, como la editada por El País-Aguilar que yo he utilizado), tan sólo trasladaros algunas pinceladas que os puedan resultar prácticas.

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Para empezar, las mejores épocas del año para viajar hasta un estado de la Unión con climatología prácticamente caribeña son la primavera y el otoño. En invierno podemos enfrentarnos a la época de lluvias y el verano es demasiado caluroso. Éste es un detalle importante para poder disfrutar del clima de Florida, sobre todo si, como en mi caso, en viaje es en moto. Y ya que hablamos de motos, para el alquiler os recomiendo de nuevo los servicios de EagleRider, empresa líder en su sector. Por supuesto que existen otras que ofrecen el servicio, incluyendo la mayoría de los concesionarios de Harley, pero Eaglerider me parece la más aconsejable por su variedad de oferta y el estado de sus motos. Como muestra, la magnífica Harley-Davidson Electra Ultra Limited que me correspondió en esta ocasión, en perfectas condiciones como era previsible a sus apenas 9.000 millas de uso. Además, si el alquiler lo hacéis en el distribuidor de Miami, os diría que contactarais con Jorge Fuentes, que os dispensará un trato exquisito y con las ventajas de poder realizar las gestiones en castellano.

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También en anteriores ocasiones os he hablado de mi idilio con los navegadores para este tipo de viajes. Sé que muchos románticos se mantienen fieles al mapa (que tampoco falta nunca en mi equipaje) y a su sentido de la orientación, pero yo reconozco que ya sería incapaz de moverme por la compleja red viaria de Estados Unidos sin mi inseparable TomTom Rider 2 con cartografía del país. Recorrer en una jornada más de 300 millas y llegar sin dificultades a mi hotel me sigue pareciendo un milagro diario, será que me estoy haciendo mayor… Así que os diría que el GPS me parece un elemento indispensable para poder disfrutar del viaje sin preocupaciones innecesarias: prefiero dedicar mi tiempo a una visita turística o a la playa que a dar vueltas desesperado por una ciudad del tamaño de la Comunidad de Madrid.

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Respecto al recorrido, las posibilidades son tantas como nuestras preferencias. En mi caso, como ya conocía el sur de la península de Florida, los famosos Cayos, di prioridad al norte para poder conocer lugares como Fort Lauderdale, Palm City, Vero Beach, Cabo Cañaveral y la mítica Daytona. Continuar ascendiendo por la costa hubiera supuesto disponer de un tiempo del que carecíamos, así que después de pasar unas horas disfrutando del ambiente de las 500 Millas de la Nascar, puse rumbo hacia el oeste para recalar en Orlando.

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Orlando es un excelente lugar de parada y fonda, descansar una jornada y poder disfrutar así de esta ciudad diseñada para la diversión que ofrecen sus incontables parques temáticos, incluyendo quizá el más famoso del mundo, Disneyworld. Desde allí la brújula seguía apuntando hacia el oeste, para alcanzar la otra costa peninsular y visitar destinos como Tampa, St. Petersburg, Sarasota, Ford Myers, Cape Coral y Naples. Todos al borde del mar, con sensacionales playas, plagados de lujosas urbanizaciones y carreteras un tanto aburridas pero que propician un rodar relajado que permite disfrutar de un ambiente próximo a lo idílico.

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Naples marca el cambio de rumbo para dirigirnos de nuevo hace el este, en concreto a través de la carretera 41 que atraviesa la reserva nacional del Big Cypres y los famosos Everglades, otro lugar de visita obligada para quienes no lo conozcan. La experiencia de recorrerlos en sus típicos airboats (las lanchas con un enorme ventilador) es muy aconsejable… Esta carretera termina en Tamiami y desde allí lo ideal es girar hacia el sur para, desde Homestead, tomar la carretera de los Cayos, con los destinos de Key Largo y Key West, este último el punto más meridional de Estados Unidos y a tan solo 90 millas de la costa de Cuba (por tanto, puerta de entrada de los inmigrantes que pueblan toda Florida).

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En total, el periplo supone recorrer entre 1.200 y 1.500 millas, dependiendo de los rodeos que decidamos dar, y se puede completar a buen ritmo en una semana, aunque contar con un par de días más nos permitirá ir algo más tranquilos y saboreando cuanto encontremos a nuestro paso. Eso sí, tened en cuenta que Florida es un estado eminentemente turístico por lo que aunque la oferta hotelera es vastísima, los precios no son precisamente bajos casi en ninguna época del año. A cambio, llenar el depósito es un auténtico gustazo cuando la gasolina se paga a poco más de medio euro el litro…

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En fin, que supongo que os tendré ya un poco aburridos con el viajecito de marras… si es que habéis llegado hasta aquí, claro. Podría seguir con algunos otros detalles o truquillos pero no quiero que nadie me aborrezca, así que sólo quedo a vuestra disposición si necesitáis algún tipo de información añadida o resolver cualquier duda. A mí me vendrá muy bien para recordar un viaje de ensueño… e intentar así superar la depresión postvacacional en este crudo invierno.

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jueves, 31 enero 2013

Por Raúl Romojaro

La mejor manera de descubrir y disfrutar la legendaria Ruta 66

¡Hola de nuevo a todos!

Quienes tenéis la generosidad de seguirme en este espacio con cierta frecuencia (costumbre que os agradezco infinitamente por la atención que me dispensáis), sabéis que soy un enamorado de los viajes, especialmente en moto y con manifiesta devoción por los Estados Unidos. Me parece un fantástico país con vocación de continente, ideal para encontrar todo aquello que busquemos durante nuestro periplo, además de inmejorable para rodar sin ningún tipo de problemas (no diría que riesgos, porque éstos siempre existen). Estas preferencias me han llevado a recorrer en varias ocasiones las interminables carreteras de los States, incluyendo la legendaria Ruta 66, un sueño para muchos motoristas entre los que me encontraba.

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Son casi cuatro mil kilómetros de costa a costa, desde Chicago a Los Angeles y atravesando ocho estados de la Unión. Y afrontar un viaje tan ambicioso requiere estar bien documentado para hacerlo con plenas garantías y disfrutarlo a tope. En anteriores ocasiones os he hablado de los tours organizados de empresas del prestigio reconocido de EagleRider o Route 66 Experiencie, pero también es cierto que son muchos los que saborean los matices de esa cierta aventura que aporta hacerlo por libre, en solitario o en compañía de otros viajeros pero sin el corsé de una planificación previa.

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Pues para unos y otros, para todos aquéllos que se propongan recorrer algún día (e incluso quienes lo hayan hecho ya, porque siempre resulta gratificante alimentar la nostalgia) acaba de publicarse una guía que considero imprescindible. Su título es ‘Route 66, mi sueño y pasión’ y su autor Víctor Muntané, uno de los grandes expertos en la también denominada ‘madre de todas las carreteras’. Y me permito recomendar la obra de Víctor porque le conozco personalmente, he tenido la oportunidad de viajar con él por Estados Unidos en varias ocasiones y os puedo asegurar que nadie como él para hacernos llegar cada detalle imprescindible de la 66. Veinte años de experiencia le avalan…

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La guía, a mi modesto entender, tiene un diseño agradable y dinámico, con toda la información perfectamente estructurada, cuenta con magníficas imágenes e ilustraciones, y recoge las claves para que nuestro viaje por la 66 sea una experiencia inolvidable. Es importante recordar que buena parte del trazado original de este grandioso trazado ha sido eclipsado por la moderna red viaria estadounidense, por lo que sólo de la mano de un especialista como Muntané podremos seguir el rumbo con la mayor precisión posible, huyendo incluso en ocasiones de las propuestas más convencionales de las empresas turísticas (que a menudo recurren a autovías para evitar complicaciones).

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Personalmente, como ya he tenido la suerte de completar la 66, he disfrutado mucho con la lectura de este libro, rememorando los lugares que entonces pude conocer y suspirando con volver a visitarlos algún día. Es mucho más que la mera descripción de un viaje; es historia, cultura, anécdotas, gastronomía, diversión, ocio, paisajes, tradiciones… En fin, todos y cada uno de los matices de un viaje extraordinario que todo aficionado al buen rodar en moto debería intentar hacer al menos una vez en la vida. Y sí, como sé que no es el mejor momento para afrontar dispendios excesivos, os aseguro que un libro como éste no puede ayudar a hacer más llevadera la espera hacia un tiempo mejor… que seguro llegará.

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Si estáis interesados en ‘Route 66, mi sueño y pasión’, lo podréis encontrar en las mejores librerías y grandes almacenes por un precio de sólo 18 euros. Yo que vosotros no lo dudaría, es una buena inversión...

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viernes, 18 enero 2013

Por Raúl Romojaro

Gorilas en la niebla

Llevamos ya unas semanas inmersos en pleno invierno, con los matices lógicos de cada latitud del país pero padeciendo las inclemencias climatológicas propias de la estación más fría del año. Unas condiciones que influyen de forma significativa en la circulación, puesto que todos sabemos que las bajas temperaturas, la lluvia, la niebla, la poca luz solar, el hielo o la nieve condicionan la conducción. ¿O no lo sabemos? Porque la verdad que llevo ya un tiempo bastante irritado con lo que me encuentro por la carretera, actitudes absolutamente irrespetuosas con el resto de los conductores y, por supuesto, de una patente peligrosidad. Son aquéllos que he decidido a bautizar como ‘gorilas en la niebla’, porque me da la impresión que este avanzado primate tiene más capacidad de raciocinio que tales personajes sobre ruedas.

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Una de las  actitudes que más me sorprende es lo que nos cuesta hacer un uso lógico de la iluminación del vehículo. Es como si pensáramos que su consumo energético nos repercute en el recibo de la luz de casa, porque de otro modo no puedo entenderlo. Un sencillo gesto de girar una ruedecita sirve para ver y ser vistos, incrementar nuestra seguridad y la de quienes nos rodean, conducir con más confort… pues nada, que no hay manera. Puede ser el amanecer o el ocaso, estar nublado o lloviendo, que un buen número de motos, coches o furgonetas van a su aire con todas las ópticas apagadas. Total, si nosotros vemos bien, ¿qué más da lo que pase a nuestro alrededor?

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El de los antiniebla es otro misterio propio de ‘Expediente X’ para mí. Un caso similar al anterior pero con el agravante de que la visibilidad suele ser en estas condiciones incluso inferior. Podemos ver menos que un gato de escayola, tener un margen realmente escaso para reaccionar, estar preocupados por lo cruda que se pone la cosa pero también pasamos por encima de lo más básico: ¡enciende los dichosos antiniebla! Aunque, claro, para hacer eso deberíamos estar pendientes de lo que hacemos y no de la emisora de radio, de la conversación con quienes nos acompañan o del teléfono móvil. La atención y la concentración mejor la dejamos para los radiantes días de verano, que igual nos hace más falta… Eso sí, si acertamos a ponerlos, mejor ya los dejamos todo el día y nos ahorramos tener que quitarlos, que tampoco deslumbra tanto…

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Y es que eso de ver y ser visto debe ser algo que pasamos todos por alto en la autoescuela y, desde luego, parece ajeno al sentido común. Las luces se encienden por la noche… y punto. Lo de tener las de posición, las cortas, las largas y las antiniebla debe ser un capricho de los fabricantes para cobrarnos más, porque tampoco nos hacen falta tantas, ¿verdad? Por no hablar ya de los que ni siquiera las tienen, porque están fuera de uso, o de los que consideran innecesario evitar convertirse en un bulto sospechoso en medio del tráfico. Entre esta última tipología incluyo a algunos ciclistas. Hace sólo unos días, de esos de cerrada niebla que hemos sufrido en la Comunidad de Madrid, adelanté a dos chavales sobre sus bicis de carretera, sin ningún tipo de equipamiento que permitiera adivinar su presencia. Pues bien, casualmente nos detuvimos juntos en la siguiente rotonda y, recordando tantas tragedias de los ciclistas en nuestras carreteras, decidí ser yo quien diera un paso al frente; bajé la ventanilla y, con toda la amabilidad del mundo, les dije: “Hola. Estaría bien que llevarais alguna luz o chaleco reflectante, ¿no os parece?”. Pensé que ni siquiera se molestarían en responderme, que quién era yo para darles consejos. Me equivoqué, sí me respondieron, abajo queda su educada contestación a mi interés por su integridad física. Quién me manda a mí meterme donde no me llaman.

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miércoles, 09 enero 2013

Por Raúl Romojaro

Sobre cómo las referencias van cambiado con el paso del tiempo

Durante unos días, he tenido la oportunidad de probar el nuevo Seat León. La tercera generación de un modelo esencial en la gama de la marca española y que representa un significativo paso adelante respecto a su predecesor, además de definir nuevos estándares en cuanto a ingeniería, calidad, eficiencia y seguridad dentro de su segmento. Y precisamente conducir este nuevo León me llevaba a la reflexión de cómo van cambiando nuestras referencias con el paso del tiempo. Las generales, las que nos mueven cada día, pero también las particulares que tienen que ver con este mundo nuestro de los coches y los motores. Sobre todo para los que tenemos ya cierta edad y, con ello, una perspectiva más amplia.

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Durante las últimas dos décadas (es algo más, pero por redondear) he venido probando a fondo vehículos para la Sección de Motor del AS. De todo tipo, condición, tamaño, potencia y filosofía. Algo así como uno por semana, porque dejamos de lado los contactos esporádicos que la Prensa especializada realiza con los nuevos modelos en las presentaciones de las marcas. Si los cálculos no me fallan, y redondeando también, ese promedio me lleva a que sean un millar de automóviles (y unas cuantas motos también) los que han pasado por mis manos en todo esto tiempo. Y con cada uno de ellos vengo a completar en torno a mil kilómetros, para alcanzar así una cifra redonda que supera, sin duda, el millón de kilómetros en estos veinte años. Ahí es nada…

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No es que pretenda hacer yo con esto alardes de ningún tipo, desde luego… Es algo absolutamente circunstancial de mi trabajo y muchos de mis compañeros de profesión me superan en experiencia, kilómetros y conocimientos. Dicho esto, por tanto, desde la humildad, tan sólo nos sirve para posicionarnos respecto a la generosa panorámica que puedo llegar a tener del sector del automóvil, su realidad y su progresión. Y es aquí (me voy por las ramas) cuando volvemos a la clave de la cuestión que nos ocupa, que no es otra que la evolución de los diferentes segmentos hasta llegar a los excelentes productos que en la actualidad conocemos. Prácticamente sin excepciones, desde los más sencillos utilitarios a las berlinas de lujo.

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Me provocaba estos pensamientos el León porque es todo un cochazo. Los modelos denominados compactos, como éste nuevo Seat, son los que más se venden en el mercado español y con diferencia. Así que podríamos decir que se trata de un coche popular, porque también su precio se antoja accesible para un grupo de compradores que necesiten un vehículo de estas características. Sin embargo, esta popularidad queda a años luz de la mediocridad, porque el nuevo León disfruta de soluciones que hasta hace muy poco parecían reservadas a productos de planteamiento mucho más ambiciosos y, por supuesto, caros. Y me refiero a este Seat porque ha sido el último vehículo realmente novedoso que he probado, pero la tendencia es aplicable a todas las grandes marcas del sector, diría que sin excepción.

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Todo esto quizá pueda sonar a perogrullo, porque probablemente lo sea. Justo éste es el motivo que me ha invitado a compartir con vosotros tal percepción, ya que me da la impresión de que damos por asumidos ciertos aspectos que en realidad deberían reclamar de nuestro interés y reconocimiento. Quiero decir que la industria de la automoción es una de las más dinámicas, innovadoras y avanzadas del mundo, pocas otras podrían plantarle cara en estos términos (quizá la tecnología informática y electrónica). Lo mejor del asunto es que de esta actitud nos beneficiamos todos, seamos conductores, pasajeros o incluso peatones.

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Coches cada día más cómodos, más seguros, más eficientes, más reciclables, más bonitos, más fáciles de mantener, más funcionales, incluso más baratos… La tecnología y la ingeniería han democratizado ventajas y cualidades que ya no son patrimonio de los segmentos superiores, de lujo e inaccesibles para la mayoría. Porque para conducir un coche estupendo sólo hace falta comprarse uno como el nuevo Seat León... que además se fabrica en España. Así que algo bueno sabemos hacer, mal que les pese a algunos.

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miércoles, 19 diciembre 2012

Por Raúl Romojaro

Una convivencia abocada al fracaso y a la tragedia

Me apasiona casi cualquier artefacto con ruedas. Entre ellos, me encantan las bicicletas. Salgo a pedalear por la montaña siempre que tengo oportunidad de hacerlo (menos de las que me gustaría) y también me atraen mucho las sensaciones de las bicis de carretera, casi auténticos Fórmula 1 a pedales. Sin embargo, aunque me he sentido tentado en multitud de ocasiones de hacerlo, jamás seré un ciclista de asfalto. ¿El motivo? Fácil de adivinar: me aterra compartir espacio con los vehículos a motor.

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Con demasiada y dramática frecuencia me horrorizo al conocer la muerte de un ciclista en la carretera, sea un aficionado anónimo o un deportista afamado, como el reciente caso de Iñaki Lejarreta. En principio, fruto de la conmoción de la tragedia, soy incapaz de comprender cómo puede ocurrir algo así; sin embargo, poco después, con más perspectiva y digerido siquiera el disgusto, lo entiendo de inmediato y obtengo una respuesta descorazonadora: la convivencia entre bicis y coches es, sencillamente, imposible.

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Conozco a cantidad de ciclistas prudentes y respetuosos, pero cada fin de semana también me escandalizo con las locuras de algunos de ellos por la carretera. Estoy plenamente convencido de que hay millones de automovilistas concienciados con la fragilidad de una bicicleta en el trafico rodado, igualmente que existen otros miles insensibles a esta realidad, capaces de poner en peligro la vida de una persona por ganar treinta segundos en su desplazamiento o por despistarse cambiando de emisora de radio.

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No quiero entrar aquí en el debate de quiénes son los principales responsables de esta sangría que hay que detener. Resulta tan evidente como indiscutible que la amenaza letal lleva motor y que el fuerte debería velar por el débil. Pero eso sólo ocurre en el país de la maravillas, porque en las carreteras españolas la realidad es radicalmente distinta y demasiado a menudo somos testigos de clamorosas infracciones y faltas de respeto amenazantes para el resto del tráfico rodado. El matiz en lo que nos ocupa es que tales actitudes pueden costar una vida. Ni más, ni menos…

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Creo que un debate serio, sosegado y profundo es obligado para conseguir que cada poco no debamos lamentarnos de estas desgracias. Pero en mi opinión, insisto, el único planteamiento para intentar encontrar soluciones es asumir que esa convivencia jamás sera posible, siempre habrá quien, desde un lado u otro, olvide unos principios básicos que son necesarios para mantener un equilibrio tan inestable. No seré yo quien pretenda tener la panacea del asunto, me parecía complicadísimo de resolver y quizá sólo medidas tajantes resulten efectivas. Pero más traumático y tremendo me parece que dentro de poco nos encontremos con otro cadáver de un ciclista sobre el asfalto. Seguir lamentándose sin afrontar la situación no es lo que la sociedad reclama, es mucho lo que está en juego para hacernos los remolones como hasta ahora. O se abre ese debate profundo o quienes deben hacerlo sin cumplir con su obligación tendrán las manos manchadas de sangre de inocentes.  

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viernes, 23 noviembre 2012

Por Raúl Romojaro

Viajar en buenas manos con el ‘gordito’ de Michelin

Siempre he sido bastante improvisador en mis viajes. Coger la moto o el coche, elegir una buena compañía, fijarse un destino más o menos definido y en marcha. Una pequeña dosis de aventura e incertidumbre que aderece el desplazamiento, siempre con tanto por descubrir… pero en ocasiones también con situaciones que evitar. Me refiero con esto último a las decepciones que puede acarrear lo de ir a salto de mata: parar en un lugar sin apenas interés turístico, comer mal y caro o dormir donde no toca. Y sí, ya digo que la aventura es la aventura, pero llega uno a una edad en la que lo que apetece es meter la pata lo menos posible, sobre todo cuando son contadas las excepciones en las que podemos disfrutar de nuestro tiempo libre como para estropearlas con una elección equivocada.

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Así que, hace ya algún tiempo, me decidí a hacer caso a las recomendaciones de mi buen amigo Ángel Pardo. Como responsable de Comunicación de Michelin, pero sobre todo interesándose por garantizar mis andanzas por carretera, durante muchos años me habló de las bonanzas de sus Guías Rojas, más concretamente la de España y Portugal que es la que yo más podría utilizar. A mí me parecía que eso de las estrellas Michelin y las recomendaciones de sus anónimos inspectores eran para sibaritas de la cocina o gente con posibles, no para los nos poníamos en marcha con la intención de pasarlo lo mejor posible pero con un presupuesto ajustado, por decirlo de algún modo. Sin embargo ante la asistencia de Ángel y tras algunos tropiezos clamorosos en mis elecciones (comer mal siempre es una faena, pero encima hacerlo pagando en exceso ya suena a chiste) me decidí a probar las recomendaciones de la Guía Roja Michelin… y fue una gratísima sorpresa.

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Desde luego que en su numerosa selección de establecimientos (2.049 hoteles, 296 casas de turismo rural, 1.683 restaurantes y 131 bares de tapas en su edición 2012, que acaba de ponerse a la venta) encontramos los más selectos del país, con sus famosas estrellas y que son de visita obligada para los amantes de la buena mesa y la buena vida. Cierto que todos perteneceríamos a ese privilegiado grupo si nos lo pudiéramos permitir, pero como no es así, tampoco las Guías Michelin se olvidan de nosotros, ciudadanos dependientes de nuestra nómina y de una hipoteca que da buena cuenta de ella. En esta misma última edición encontramos los negocios catalogados como ‘Bin Gourmand’, con más de doscientos restaurantes para comer por menos de 35 euros y otro montón de buenos hoteles para que pernoctar no nos cueste más de 55 euros.

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Es evidente que para localizar este tipo de establecimientos no necesitamos forzosamente una buena guía de viajes y que ahora en Internet existe información ingente al respecto y enormes posibilidades de hacer reservar a precios muy ajustados. Sin embargo, para mí la clave de las Guías Michelin radica en el valor añadido de su calidad, experiencia, rigor y garantías de acierto, algo que sólo pueden ofrecernos quienes llevan más de un siglo dedicados a esa tarea de aconsejar a viajeros de todo el mundo. Por supuesto que todos podemos opinar sobre un determinado establecimiento, basándonos en nuestra experiencia personal y muy a menudo puntual, que no digo que no sea válida pero sí menos metódica y estricta que la de los auténticos profesionales de la restauración.

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Al menos mi experiencia personal es altamente positiva; todavía me la juego en ocasiones, le lanzo al vacío y pruebo el primer restaurante que reclama mi atención al borde de una carretera o en el centro de una ciudad. Los resultados siguen siendo variados, como siempre, desde descubrimientos entusiasmantes a decepciones galopantes. Pero lo que tengo claro es que en la guantera del coche nunca falta ya un ejemplar de la Guía Roja (cuesta 23,90 euros la de este año) y cuando se trata de acertar a la primera, sin riesgos y con el éxito garantizado, disfruto del placer de ojearla para buscar ese lugar que suponga la guinda a mi viaje. Y prometo que el día que me lleve una decepción lo contaré con la misma sinceridad que ahora reconozco sus aciertos. Pero ya con mi experiencia creo que ese caso tardará en llegar…

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lunes, 12 noviembre 2012

Por Raúl Romojaro

Mis personajes favoritos: Gustavo Cuervo

¡Hola a todos! Me he dado cuenta de que a menudo os hablo en este espacio sobre algunos de mis amigos y conocidos. Puede que quizá no os interese demasiado a muchos de vosotros (puede incluso que a una mayoría), pero si lo hago es porque creo que se trata de personajes especiales, dignos de mención y que me parece deben ser conocidos por interés general, casi como los partidos de fútbol de la Selección… Es por eso que me he decidido a inaugurar esta especie de serial (prometo no dar demasiado la lata) dedicado a algunas de esas personas que me he ido encontrando a lo largo de mi vida y que se salen tanto de lo común como para reclamar nuestra atención. Seres extraordinarios, diría yo…

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Justo a esta categoría pertenece Gustavo Cuervo. Es posible que muchos de vosotros le conozcáis sobradamente, es un tío importante en esto de las motos. A mí al menos me lo parece, porque así creo que se debe catalogar a todos los que han sido precursores en una actividad que, con el tiempo, ha llegado a calar muy hondo en ciertos colectivos. Porque los comienzos son lo más difícil y lo que hoy puede parecer un juego de críos hace muchos años era un desafío monumental. Gustavo es, básicamente, un viajero, un aventurero… De haber vivido hace un par de siglos quizá hubiera recorrido el mundo a la grupa de un caballo, pero como además le apasionan las motos, qué mejor manera de hacerlo que sobre dos ruedas.

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Aunque Gustavo lo ignore, yo le envidio desde hace mucho tiempo, lo confieso aquí y ahora. Es algo mayor que yo (poco y además está hecho un chaval) y llegamos a ser vecinos de barrio en Madrid. No nos conocíamos entonces, pero yo contemplaba con admiración a los componentes de la legendaria escudería ‘Los Hierros’ pasando por la Avenida de Valladolid o la Ribera del Manzanares con sus imponentes motos, incluyendo una BMW de llamativo color amarillo que me parecía lo más bonito que había visto en mi vida. Yo era un adolescente y sólo tenía las motos en mi cabeza (lo de las chicas lo dejamos para un momento mejor, creo…), así que esos motones por el barrio suponían el no va más para mis sueños de interminables viajes al manillar de una de aquéllas máquinas únicas…

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Con el paso del tiempo, Gustavo se convirtió, ya digo, en uno de los pioneros españoles de las grandes rutas. Y además, también de los primeros que los contó en un medio de comunicación. Desde las páginas de la revista ‘Motociclismo’ nos acercaba cada semana sus periplos hacia los más variados destinos, desde rutillas por España que se nos antojaban accesibles a viajes mucho más ambiciosos por cualquier recóndito lugar del planeta, de esos que ya sonaban a aventura con mayúsculas. Gustavo fue capaz de hacer de su pasión su forma de vida y ya sólo por eso me parece uno de estos personajes dignos de admiración que os comentaba al principio.

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Poco a poco, Gustavo ha ido diversificando el rendimiento de esa pasión, así que nos le podemos encontrar desde conduciendo una moto de la tele en unos Juegos Olímpicos a organizando aventuras en China, sin olvidar su didáctica faceta de escritor de viajes (absolutamente recomendables todos sus libros, que van desde guías por la comunidad a Madrid a Europa entera). Además, considero de especial valor que haya sabido mantenerse firme en sus planteamientos en estos tiempos de tantos cambios, fiel a los mismos principios que le llevaron quizá a ponerse por primera vez en ruta tanto tiempo atrás: disfruta de la moto, de la carretera, de los paisajes, de las personas y de la experiencia de libertad que todo ello representa. Y por si fuera poco, con un talante que me resulta tranquilizador, por decirlo de algún modo; es uno de esos tipos con los que te irías al fin del mundo (y nunca mejor dicho) porque transmite tranquilidad, control, seguridad y experiencia. Rompe en cierta medida con el prototipo de gran viajero que tan de moda se ha puesto en los últimos tiempos, sus experiencias son mucho más íntimas, no tan públicas o difundidas, pero no por ello menos válidas y valiosas.

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De hecho, Gustavo Cuervo tampoco renuncia, ni mucho menos, a compartir con quienes así lo deseen todas esas experiencias. Lo lleva haciendo desde hace décadas en publicaciones especializadas, también con su bibliografía y, más recientemente, en una páginas web (www.gustavocuervo.es) que os invito a visitar si os interesan las motos, los viajes o cualquier tipo de experiencia vital enriquecedora. Si no os convencen, aquí me tenéis para daros explicaciones… Ya me contaréis.

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martes, 30 octubre 2012

Por Raúl Romojaro

La oportunidad de revivir la genuina aventura de 'Easy Rider'

¡Hola a todos!

De nuevo por aquí y con ánimos renovados. Después de mi último y lacrimógeno post (lo reconozco, aunque completamente realista y justificado, por desgracia), he decidido dar un golpe de timón, olvidarme de tantas desgracias como nos rodean (ya nos las recuerdan por todas partes como para hacerlo yo también aquí) y compartir con vosotros un planazo en moto, aunque sólo sea para soñar con un futuro algo mejor en el que llegue a ser posible hacerlo realidad. Se trata de la última propuesta de los especialistas de EagleRider, ya sabéis, la empresa estadounidense líder en alquiler de motos que además organiza viajes tan impresionantes como el último que se les acaba de ocurrir: el Tour Easy Rider.

Cartel

Muchos ya os podréis imaginar de qué va la cosa, pero para los más jóvenes o los que no conozcan esta obra cinematográfica de referencia os pongo rápidamente en antecedentes. ‘Easy Rider’ es una película estrenada en 1969, presentada como ‘Buscando mi destino’ en los cines españoles, dirigida y protagonizada por Dennis Hopper junto a Peter Fonda y Jack Nicholson, que refleja un estilo de vida sobre dos ruedas, la búsqueda de la libertad sin concesiones, la experiencia única de viajar en moto y vivir con intensidad cada instante como si fuera el último… porque quizá lo sea. La acción se basa en el periplo de dos jóvenes, Billy y Wyatt, desde Los Ángeles hasta Nueva Orleans, y con el paso del tiempo se ha convertido en una obra de culto para muchos motoristas.

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Y como tal, ha servido de inspiración para que EagleRider organice un viaje siguiendo los pasos de estos dos personajes tan particulares a lo largo de cinco estados del país. Para ofrecer una experiencia realmente inolvidable han trabajado en colaboración con los especialistas de Sony Pictures (la productora que además ha licenciado oficialmente el viaje) para que el recorrido sea lo más similar posible al que cubrieron Billy y ‘Capitán América’ en sus fabulosas choppers. Un periplo genuino por las autopistas del sur de California, atravesando el Valle de la Muerte, tramos de la legendaria Ruta 66, para acabar en el estado del blues y el jazz, en Nueva Orleans.

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El programa del viaje no puede ser más completo, ya que además de rodar más de 4.300 de kilómetros en Harley, los guías de la empresa llevarán a los participantes hasta los escenarios reales donde se rodaron algunas de las escenas inolvidables de la peli, les descubrirán sus secretos y curiosidades… e incluso se podrá completar una jornada de carretera al manillar de una chopper réplica de la famosa utilizada por ‘Capitán América’. Todo en un programa de quince días (catorce noches) y hospedaje en lugares tan legendarios como Death Valley, Barstow, Monument Valley, Amarillo o Nueva Orelans.

Moto

En definitiva, una propuesta tan llamativa como original, con todas las garantías de la organización de una empresa líder en su sector y que, sin duda, resultará tremendamente atractiva para cualquier apasionado a los viajes en moto. En EagleRider saben bien que hay vida más allá de otras rutas clásicas por Estados Unidos y por eso se han decidido a lanzar un tour muy especial que, obviamente, sólo tiene un inconveniente: el precio. Para una pareja, compartiendo moto y habitación, tiene un precio de 8.400 dólares. Una pasta, sin duda, y más en los tiempos que corren, pero que incluye desde el alquiler de la moto a los hoteles, pasando por la gasolina, un chaqueta custom y un casco réplica del ‘Capitán América’, con sus inconfundibles barras y estrellas… Así, quedan fuera de este presupuesto tan sólo el desplazamiento aéreo y los gastos personales durante la estancia. Creo que pronto hay un sorteo de esos multimillonarios de la ONCE… me voy corriendo a comprar un número. A ver si hay suerte, porque esto yo no me lo quiero perder.

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