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El retrovisor

El retrovisor

Una mirada diferente del mundo del motor. Mi visión particular del sector del automóvil y la moto, las tecnologías de vanguardia, el tráfico, la seguridad vial y el respeto medioambiental. Si te gusta conducir, éste será un espacio que podremos compartir.

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viernes, 28 marzo 2014

Por Raúl Romojaro

Una Harley para quienes no saben lo que es una Harley

La descubrí, como todos, en el pasado Salón de Milán pero por fin he podido probarla. La Street 750 supone una auténtica revolución para Harley-Davidson y, como tal, está resultando bastante controvertida incluso antes de su lanzamiento, que se producirá a finales del próximo mes de abril. Mis impresiones sobre la moto ya las he ofrecido en la web Motormercado de AS.com, así que en estas líneas quería referirme a la filosofía del producto, con un planteamiento radicalmente diferente respecto a lo que hasta el momento habíamos conocido en la marca estadounidense.

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Para dejarlo claro desde el comienzo, ésta es una Harley para quienes no saben lo que es una Harley. Si eres apasionado de la leyenda de Milwaukee, si ya conduces una de sus motos o si lo has hecho antes… olvídate de la Street. Simplemente no está concebida ni pensada para ese perfil de cliente sino justo el opuesto: una puerta de acceso a la marca para aquéllos que de otro modo no se plantearían por cuestiones como su tamaño y, por supuesto, su precio. Harley-Davidson necesita nuevos clientes, rejuvenecer su perfil e introducirse en lo que ahora se llaman mercados emergentes, principalmente en el sureste asiático. Un planteamiento empresarial lícito y predecible, las compañías deben redefinir su negocio de manera casi permanente, adaptándolo a la coyuntura como premisa de su supervivencia.

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Por eso la Street es la primera Harley de bajo coste que se concibe bajo tal pliego de condiciones. La familia Sportster, mítica desde los años 50, es la básica en su oferta y con unos precios que se pueden considerar accesibles, pero en modo alguno tiene el planteamiento de la recién llegada. La Street 750 recurre sin pudor a soluciones que permiten abaratar su precio incluso sacrificando cualidades que hasta ahora se consideraban irrenunciables para H-D. La calidad de determinados componentes y de ciertos acabados dista mucho del estándar en el resto de sus modelos, a simple vista se aprecia que esta Harley tiene poco que ver en ese sentido con lo ya conocido…

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Y es así como se llega a una de las claves del debate: ¿quién puede apreciar tales detalles que la diferencian y condicionan? Pues lógicamente quienes dispongan de una referencia anterior, todos aquéllos que ya sepan lo que es una auténtica Harley y valoren ese acero de Milwaukee que ninguna marca ha sido capaz de imitar. Justo los clientes a los que no va dirigida la Street, una moto urbana que deberá cimentar su éxito comercial en jóvenes motorista sin experiencia previa en el mundo Harley, en un público femenino que valore virtudes como la ligereza o la manejabilidad y, por supuesto, en nuevos usuarios de India, China, Malaisia, Tailandia, Singapur…

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Para acceder a esos mercados vitales estratégicamente para la supervivencia de la marca (una mínima penetración en cualquiera de ellos supone prácticamente superar las ventas casi de toda Europa), en Harley-Davidson se han visto abocados a fabricar una moto que seguramente ni ellos mismos hubieran imaginado hace unos pocos años. Y están en su derecho de hacerlo. Porque para que todos sus incondicionales puedan seguir disfrutando durante mucho tiempo de esas legendarias motos americanas, lo primero es garantizar que la compañía tiene viabilidad en un contexto cada día más globalizado y dependiente de ese crecimiento internacional. Llegados a este punto, parece obvio que sería difícil vender en India o Tailandia las espectaculares Touring de más de 25.000 euros.

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La llegada de esta Harley ‘low cost’ se interpreta como una amenaza por muchos de los apasionados de este mito sobre dos rueda, casi un ataque frontal que hace tambalearse una tradición de 110 años fabricando motos extraordinarias. No debería ser, creo, ésa la lectura. Harley seguirá produciendo esas máquinas especiales y únicas, atendiendo a sus clientes desde el convencimiento de que son su principal activo y desarrollando innovadores proyectos para satisfacer sus exigencias (la muestra más reciente la tenemos en el Rushmore). Pero de forma paralela asumen el reto de ser capaces de hacer crecer ese mercado global, convertir a la Street en el trampolín desde el que muchos profanos puedan saltar a continuación a otros modelos de su gama, además de disfrutar de la experiencia de conducir una Harley sin necesidad de realizar un desembolso inviable para muchos y en tantos lugares del planeta.

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Son dos líneas de producto bien diferenciadas y que deberían ser capaces de convivir en armonía. Confío en la capacidad de una marca de indudable maestría en el marketing para gestionar este nuevo escenario con acierto, porque también pienso que existen ciertos riesgos a los que deben permanecer muy atentos (¿qué ocurriría si Rolex decidiera fabricar relojes de plástico de 100 euros, aunque mantuviera sus joyas artesanales de 15.000?). Desde luego que el planteamiento de una Harley para cada cliente es respetable y asumible, pero siempre teniendo muy presente cuál es la esencia y el fundamento de su éxito, un fenómeno sin prácticamente paragón en la industria de la automoción. No perder de vista este horizonte será la única forma de que Harley-Davidson continúe siendo una marca de culto durante otro siglo más…

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martes, 04 marzo 2014

Por Raúl Romojaro

Marruecos, todo un paraíso del todoterreno (y 2)

Lo prometido es deuda, así que aquí tenéis la segunda parte de lo que podríamos llamar ‘Marruecos para Dummies’… Convierto la experiencia de mi reciente viaje en una guía para novatos como yo, con el único objetivo de que alguno de mis consejos os puedab ser de utilidad si pensáis en disfrutar en algún momento de unas vacaciones tan interesantes como las mías. Con eso ya me daría por satisfecho…
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Nos habíamos quedado circulando por las particulares carreteras marroquís (por cierto, muy recomendable para recorrerlas un buen navegador, yo descargué en mi móvil el que ofrece TomTom por menos de 50 euros y funciona a la perfección) pero ya sabemos que el país da para mucho más para los aficionados al mundo del motor, nos encontramos sin duda en un auténtico paraíso para los amantes del todoterreno, sea en coche o en moto. En cualquier lugar aparecen ante nosotros pistas interminables que son una auténtica invitación a la aventura, a sentirnos un poco dakarianos dentro de nuestra modestia y limitaciones. Es un plan ineludible adentrarse en ellas pero conviene estar preparados para hacerlo. No se trata de correr riesgos innecesarios y, de hecho, no nos enfrentaremos a ellos si respetamos unas mínimas normas de prudencia que no van más allá del sentido común.
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Lo más evidente es estar preparados para el desafío que pretendamos afrontar, que puede tener muchos matices. Lo básico es que nuestro vehículo sea acorde para el mismo, un todoterreno con tracción integral o una moto trail o de enduro en buenas condiciones y con fiabilidad mecánica. A partir de ahí, la preparación deberá incrementarse de forma paralela a nuestras ambiciones: desde la autonomía de su depósito a sus sistemas de tracción (reductoras, bloqueos de diferencial, programas de gestión…), pasando por accesorios como planchas para la arena, ruedas de repuesto, herramienta, sistemas de arrastre… Todo un mundo que los especialistas conocen bien y sobre el que deberemos informarnos para esquivar complicaciones. El desierto no es peligroso por definición, pero tampoco un juego intrascendental…

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Otra opción que podemos valorar es la de recurrir a los servicios de un guía. Obviamente es más gravosa para nuestro bolsillo pero si no tenemos claro de lo que somos capaces no debemos descartarla de antemano. Acompañados por un buen conocedor de la zona y además experto en la conducción 4x4 las cosas resultan más sencillas y agradables, además de permitirnos descubrir lugares que quizá de otro modo nos serían inaccesibles. El turismo se ha convertido en uno de los pilares económicos de Marruecos y es sencillo acceder a este tipo de servicios, además a precios menos altos de lo que podríamos imaginar.

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En nuestro caso tuvimos la inmensa fortuna de poder acompañar a Juan Antonio Muñoz durante unas jornadas de la preparación de su próximo proyecto, la Explorers Cup. Se trata de un perfecto conocedor de Marruecos, que lleva viviendo en el país más de una década y que ha recorrido con su todoterreno de punta a punta. A su lado todo fue fácil pero también emocionante, nos adentramos en parajes inmensos y majestuosos, alejados cientos de kilómetros de cualquier núcleo de población pero siempre con la tranquilidad de saber que podríamos salir de cualquier apuro con cierta facilidad.

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En este sentido, señalar que nuestro Hyundai Santa Fe ofreció un rendimiento y comportamiento sorprendentes. No es, obviamente, un todoterreno puro sino un todocamino confortable e incluso lujoso, en el que los kilómetros por carretera caen sin apenas darte cuenta. En contrapartida, fuera del asfalto se encuentra más limitado, pero con su sistema de tracción integral y con ciertas precauciones fuimos capaces de llegar hasta donde lo hizo el preparadísimo Land Rover Discovery de Juan Antonio. Los neumáticos tampoco eran los ideales para el recorrido, aunque con unas presiones adecuadas y cierta habilidad el Santa Fe es capaz de superar obstáculos inimaginables para algunos, incluyendo largos tramos de fina arena. Por supuesto que cuanto más preparado esté nuestro coche (o moto) menos problemas tendremos pero no es menos cierto que no necesitamos un vehículo especializadísimo para poder disfrutar a tope en Marruecos. Eso sí, insisto, siempre siendo conscientes de habilidades y condicionantes, tanto propias como del coche.

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Como ya he anticipado no pretendo convertir estas pocas líneas en una guía turística de Marruecos, pero sí que me voy a permitir una recomendación muy especial que tiene que ver con quien fue nuestro anfitrión durante una maravillosa semana. Juan Antonio Muñoz, además de aventurero empedernido y fotógrafo excepcional, regenta tres establecimientos hoteleros únicos por su ubicación, planteamiento y servicios. Podéis encontrar información detallada del Dar Kamar, Hara Oasis y Casa Juan en su página web, pero os garantizo que la visita a cualquiera de ellos (y por supuesto a los tres en lo que conforma un sensacional periplo por el sur del país) no os defraudará. Todo un lujo para los sentidos, una experiencia singular fuera de los circuitos habituales del país y con las ventajas que ofrece que alguien tan cercano y experto como su propietario nos atienda.

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miércoles, 26 febrero 2014

Por Raúl Romojaro

Marruecos: siempre tan cercano y también tan diferente (I)

Ya estamos de vuelta. Lo bueno pasa rápido, así que mi viaje por Marruecos ha sido como un suspiro, intenso pero breve. Cuatro mil kilómetros de viaje al volante de un Hyundai Santa Fe que han sabido a poco, toda una invitación para empezar a pensar hoy mismo cuándo regresar. Y como os anticipé antes de iniciar la ruta, os contaré alguna de los aspectos que considero claves para viajar por ese país tan cercano y tan diferente al nuestro. No pretendo convertir estas líneas en una guía turística, de ésas hay muchas y excelentes, tan sólo acercaros algo de información práctica por si pudiera resultar de vuestro interés, centralizada principalmente en un desplazamiento en coche o en moto, que en definitiva es el argumento de este blog…

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El primer aspecto que se debe plantear ante un viaje a Marruecos con vehículo propio es el de la documentación necesaria. Nada especial pero que hay que tener en cuenta para evitar complicaciones: originales del permiso de circulación y la ficha técnica, el seguro al día con la carta verde de cobertura internacional, por supuesto el carné de conducir y el pasaporte vigentes. Además, no está de más contar con un segundo juego de llaves que nos permita seguir adelante en caso de extravío del primero.

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Para cruzar el Estrecho, ese paso marítimo de Europa a África, existen diferentes opciones de rutas y compañías de ferry. En Internet se pueden consultar horarios y tarifas, siendo aconsejable hacer un estudio minucioso puesto que encontraremos diferencias significativas entre ellas. En nuestro caso, elegimos la compañía marroquí Inter Shipping y el trayecto Tarifa-Tanger. Buena frecuencia en sus servicios, una duración de la travesía que no llega a la hora incluyendo el embarque y un servicio aceptable a buen precio.

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Los trámites aduaneros no son complicados en las temporadas bajas de turismo, aunque pueden alargarse hasta la desesperación si decidimos viajar en épocas típicas de vacaciones, como Semana Santa o verano, cuando también son muchos los marroquíes emigrados a toda Europa que regresen a su país. En el propio ferry se pueden realizar las gestiones correspondientes a los viajeros, mientras que las propias del vehículo deben completarse en el puerto, donde comprobarán la documentación del mismo.

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Pues ya estamos en suelo marroquí… y entonces todo cambia. Circular por las calles de sus ciudades, en sus carreteras y autopistas requiere un proceso de adaptación, que puede ser más o menos largo dependiendo de la pericia o la paciencia de cada conductor. Debemos dejar atrás todos nuestros hábitos de conducción europeos, en Marruecos impera el caos, el tráfico es desordenado, imprevisible y las sorpresas se suceden una tras otra. No debemos alarmarnos, sólo ser especialmente prudentes y extremar nuestra atención: los coches, los carros, los burros, los ciclomotores, los peatones, las bicis, los camiones o los autobuses llegan desde cualquier lugar y sin ningún tipo de preferencia establecida. Ante la duda, mejor ceder y esperar a que la situación se normalice, un simple incidente puede convertirse ser algo desagradable que complique nuestras vacaciones (sobre todo si viajamos en moto).

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Otra particularidad a tener muy en cuenta mientras circulamos es que en Marruecos además de reinar Mohamed VI lo hacen… los radares. Mucha atención a la velocidad en todo momento, especialmente en las vías de acceso a las grandes ciudades y en las autopistas. Hay radares fijos en los laterales, otros móviles en coches, policías apostados en puentes o en los lugares más inverosímiles, camuflados entre la maleza y al acecho del turista despistado. Otra situación desagradable que debemos evitar, no sólo por lo gravoso para nuestro bolsillo sino también porque es fácil topar con un policía avispado que nos lleve a resolver el conflicto bajo cuerda, algo incómodo por inhabitual para nosotros. En este sentido, considero valioso recurrir a algunas de las ayudas que ofrecen la mayoría de los coches actuales, como el control de velocidad de crucero o de límite de velocidad, muy útiles en las interminables autopistas para no sobrepasar los 120 Km/h permitidos.

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Las autopistas de peaje (con precios muy inferiores a las españolas) y autovías se encuentran en buen estado, aunque no por ello debemos relajarnos: en cualquier momento aparecerá un paisano cruzando sin ningún tipo de apuro e incluso no es extraña la presencia de animales en la calzada. La red secundaria es bastante menos convincente: carreteras estrechas, de señalización escasa y pobladas de obstáculos de lo más variopinto. Suelen estar muy concurridas en las proximidades de los núcleos de población (con muchos colegios en sus laterales y cientos de críos circulando por ellas a pie o en bici, mucha atención a esta circunstancia) y bastante menos al alejarnos de ellos.

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El combustible es más barato que en Europa, con el diésel a unos 0,9 euros el litro. Es fácil encontrar gasóleo en cualquier estación de servicio y también gasolina con plomo, pero la sin plomo no siempre está disponible, así que es un buen hábito en este último caso llenar el depósito cada vez que nos sea posible para evitar apreturas de autonomía. El pago con tarjeta de crédito es habitual en las gasolineras de grupos importantes, algo menos en otras pequeñas o en lugares más remotos.

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Bueno… Esto se me está yendo de las manos, os tendré seguramente ya aburridos y todavía me quedan algunos detalles importantes por contaros. Así que lo dejamos aquí y os amenazo con un segundo capítulo con la pretensión única de que vuestro viaje en coche o moto por Marruecos pueda resultar un poco más sencillo a través de mi experiencia. Será muy pronto, prometido. ¡Y gracias si has llegado hasta aquí!

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viernes, 14 febrero 2014

Por Raúl Romojaro

Próximo destino: Marruecos

Cada año, siempre que las circunstancias y la economía lo permiten, agoto mis vacaciones con un paréntesis laboral previo al inicio de la temporada de competición. En marzo arrancan los mundiales de Fórmula 1 y MotoGP, así que en el AS las cosas se complican y hasta que finalizan en noviembre la exigencia se multiplica exponencialmente. Por eso intento recargar las pilas con algún viaje que me permita desconectar realmente y este año he elegido Marruecos como destino… pero siempre motorizado, por supuesto.

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Me fascina nuestro vecino país del norte de África, que he tenido oportunidad de visitar en varias ocasiones por motivos de trabajo o de ocio. No por ello soy, ni muchísimo menos, un especialista en su realidad, me queda tanto por descubrir que ha sido lo que me ha animado a poner rumbo hacia allí al volante de un automóvil. Será una semana en la que espero recorrer más de cinco mil kilómetros, todos en Marruecos excepto el obligatorio desplazamiento hasta Tarifa, puerto de embarque para atravesar el Estrecho. Mi pequeña aventura particular, sin más ambición que la señalada de descansar, es posible gracias a la cortesía de Hyundai España, que me ha cedido un magnífico Santa Fe para la ocasión. No se trata de un todoterreno puro, su planteamiento está más próximo al de un todocamino, pero tiene cualidades sobradas para un reto como el que me planteo, sin olvidar su confort y prestaciones (roza los 200 CV de potencia) en carretera, que será parte importante del desplazamiento.

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No pretendo dar, faltaría más, ningún carácter épico o extraordinario a un simple viaje de turismo. Sin embargo, son bastantes los que a menudo me han preguntado sobre este tipo de aventurillas, tanto en coche como en moto, así que a mi regreso os contaré cómo ha ido todo, por si pudiera resultar del interés de aquéllos que puedan estar planificando algo similar. Especialmente porque voy a contar con la ayuda de un anfitrión que sí es un auténtico experto en el país, en grandes aventuras y en la práctica del todoterreno, sobre dos y cuatro ruedas: Juan Antonio Muñoz. Lleva treinta años viajando por todo el mundo y su pasión por África le llevó a afincarse en Marruecos, donde regenta unos establecimientos hoteleros muy especiales (altamente recomendables, si me permitís el consejo) y sigue organizando pruebas de orientación, como este año la Explorers Cup. Sin duda, más por su valiosa aportación que por la modesta que pueda hacer yo creo que mi experiencia de estos días puede servir de ayuda para algunos de vosotros.

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Así que aquí tendréis esas andanzas a mi regreso…

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lunes, 20 enero 2014

Por Raúl Romojaro

No olvidemos que las marcas 'premium' lo siguen siendo

Sí, admito que el titular que encabeza estas líneas puede parecer una perogrullada. Pero permitidme que me explique un poco más… La evolución en la calidad de las marcas generalistas del sector del automóvil es una evidencia indiscutible, además de una magnífica noticia para los compradores. Por cantidades razonables, propias de modelos medios, hoy es posible disfrutar de un nivel general que hasta hace no demasiado era exclusivo de segmentos muy superiores. Equipamientos, acabados y materiales han mejorado tanto que resulta gratificante para el automovilista ponerse al volante de coches que podríamos definir como populares, tanto por el posicionamiento de la marca como del propio modelo.

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Sin embargo, esto no significa que las marcas de representación, las que denominamos premium se hayan quedado a verlas venir, dormidas en los laureles y regocijándose en su propio prestigio. Más bien todo lo contrario. En los últimos meses he tenido la oportunidad de realizar pruebas para la sección de producto de AS de varios modelos de tan noble cuna. Y lo cierto es que las sensaciones que transmiten siguen estando un paso por delante de las que encontramos en la mayoría de los modelos. Quiero decir que ahora desde Hyundai hasta Peugeot, pasando por Renault, Seat, Toyota o Fiat fabrican excelentes automóviles a los que resulta difícil ponerles un pero, sin embargo los nombres que a todos se nos vienen a la cabeza al pensar en coches de alta gama (Audi, Mercedes-Benz, BMW, Jaguar, Lexus…) mantienen un posicionamiento superior en términos de calidad… aunque también de precio, por supuesto.

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La brecha entre uno y otro planteamiento se ha reducido indudablemente. No hay que ser millonario para acceder a soluciones tecnológicas que antes sí parecían reservadas a unos pocos. Pero el sobreprecio con el que se ven gravados la mayoría de los modelos de las marcas premium se encuentra plenamente justificado en términos de calidad percibida. En ocasiones son detalles evidentes y otras de matices casi intangibles, mucho más sutiles pero por ello no menos importantes: el tacto de un tejido, el remate de una pieza, el sonido de una puerta, la comodidad de un asiento…

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Personalmente, cada año tengo la oportunidad, el placer diría, de conducir unos setenta automóviles diferentes (entre pruebas de larga duración, de un millar de kilómetros, y contactos más breves en presentaciones). Y es precisamente en ese proceso comparativo cuando mejor aprecio las diferencias a las que me refiero, que no siempre aparecen a simple vista. La industria del automóvil es una de las más dinámicas que podemos encontrar (quizá sólo superada por la informática) y esa progresión permanente en todos los segmentos no ha sido ajena a los superiores. Si lo que antes era bueno ahora es mejor, el lujo previo se ha transformado en excelencia. Algo que puedo verificar cada vez que me muevo con uno de estos coches superlartivos, de esos que la mayoría de nosotros jamás se podrá comprar pero que existen para satisfacción de quienes sí pueden hacerlo.

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lunes, 06 enero 2014

Por Raúl Romojaro

¡Cuánto cinismo y demagogia sobre la moto de campo!

Es una reflexión recurrente en mí, pero que casi alcanza la categoría de obsesión durante estos días, cuando tanto disfruto siguiendo el Dakar (como aficionado y periodista). La Prensa se hace eco del desarrollo de la competición, los aficionados esperamos ilusionados los triunfos de nuestros ídolos y muchos confían en que lleguen para poder celebrarlos con ellos, salir en la foto, apuntarse el tanto, presumir de lo bien que va el deporte en España… Sí, me refiero a los políticos, a las autoridades (aunque quizá este término habría que reconsiderarlo visto lo visto), ministros, secretarios de Estado, presidentes de autonomías o alcaldes. Los mismos, todos ellos y cada uno en lo que le toca, que durante el resto del año prohíben a esos deportistas practicar la actividad de la que tanto se felicitan a continuación. Paradójico…

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La persecución que la moto de campo sigue sufriendo en este país es un sinsentido mayúsculo, pero más aún que sus responsables acto seguido se jacten de lo estupendos que son estos chicos, de lo mucho que hacen por esa ‘Marca España’ que nadie sabe muy bien de qué va. Porque Marc Coma, Laia Sanz, Joan Barreda, incluso Nani Roma o Carlos Sainz con sus coches, en realidad son delincuentes a los ojos de una legislación tan ridícula como anacrónica. Si cualquiera de ellos abandona el asfalto para pisar una brizna de hierba o la tierra de un camino, automáticamente se convertirá en un forajido, en un fuera de la ley que se arriesga a ser perseguido, detenido y sancionado. Eso sí, después, cuando gane el Dakar (o un título mundial de enduro o trial), aparecerá algún oportunista dispuesto a felicitarle, sin preguntarse cómo demonios puede ese campeón tan lustroso entrenarse para llegar a ser tan bueno…

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En mi opinión, ésta es una de las expresiones más clamorosas de la demagogia con la que nos podemos encontrar. Porque se trata de prohibir por prohibir, de apostar por la solución rápida y sencilla, sin plantearse otras que deben encontrarse con trabajo, diálogo, ingenio y sentido común. Nadie discute, empezando por los propios deportistas, que el medio natural exige una regulación que evite tropelías y las sancione cuando se produzcan. Pero de ahí a limitarse a dinamitar directamente cualquier posibilidad de practicar estas modalidades, media un abismo. Un colectivo que lleva décadas reclamando atención y compresión, dispuesto a colaborar para alcanzar acuerdos beneficiosos para todos y que, sin embargo, una vez tras otra es ninguneado por las autoridades correspondientes.

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Este desprecio hacia ciudadanos respetables, hacia contribuyentes que son tratados como delincuentes, incluso lo tengo ya asumido, he aprendido a convivir con ello. Sin embargo, lo que me enerva, lo que me saca de mis casillas y me impulsa a escribir estas líneas es que, además, tenga tan poca dignidad como para subirse al carro de los éxitos de aquéllos a los que desprecian de manera vergonzosa. Por desgracia, nuestra capacidad de asombro con estos personajes es cada día menor, podemos esperar cualquier cosa de ellos…

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miércoles, 18 diciembre 2013

Por Raúl Romojaro

Cuando un buen servicio deja de ser algo extraordinario

Desconozco si como consecuencia de la crisis o por el simple deterioro de la especie humana, la atención al cliente se ha convertido en una de las grandes carencias para una buena parte de las empresas de cualquier sector. Lo sufrimos los usuarios, que nos lamentamos y  protestamos, pero casi siempre terminamos por resignarnos, asumiendo que ese pésimo servicio es lo habitual, lo inevitable, que no nos queda otra, vamos…

A nadie parece importarle demasiado tanta decepción de los clientes. Ni a las propias empresas que deberían cuidar de ellos como su bien más valioso, ni a las organismos públicos que tendrían que encargarse de la defensa de los ciudadanos. Se cometen auténticas tropelías con absoluta impunidad, todos conocemos casos escandalosos que se quedan sin resolver y es el cliente quien debe pasar por el aro cuando, en la mayoría de los casos, ya se ha cansado de perder su tiempo e incluso su dinero para hacer valer sus derechos.

De este modo, encontrar una empresa que nos trate no ya con excelencia sino simplemente con normalidad y correción se ha convertido en algo extraordinario, casi en una misión imposible. Y es por eso que quiero compartir mi experiencia con una compañía aseguradora con la estoy disfrutando de un magnífico servicio. No es que pretenda convencer a nadie al respecto, ni siquiera recomendarla (aunque si me preguntan, lo haré) porque cada uno es muy libre de hacer lo que considere oportuno, pero sí que su planteamiento me ha llevado al origen de esta reflexión: ¿tan difícil es que sea siempre así?

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Se llama Pont Grup, es una empresa española y su actividad se centra en la correduría de seguros. Necesitaba una nueva póliza para un vehículo y para empezar, sus precios se encontraban entre los más ventajosos. A este importante aspecto se unía que sus servicios complementarios aparecen entre los más completos del mercado (desde el adelanto de indemnizaciones a un cambio a aceite anual, pasando por la cobertura de los neumáticos o el equipamiento de los motoristas), pero sobre todo me decanté por su oferta por el servicio que me ofrecieron desde el primer contacto con la compañía.

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Encontré al instante, sin largas esperas con musiquita de fondo, a una operadora al otro lado del teléfono, profesional y entendida, que me hablaba educadamente, en un castellano comprensible y con una clara intención de satisfacer mis necesidades de información y servicio. Así lo hicieron, con presteza y eficacia, respondieron a mis inquietudes y con todo tipo de facilidades. Cuando colgué el teléfono, me tuve que frotar los ojos unos segundos. ¿Aquello había ocurrido? ¿De verdad que yo le importaba a esa empresa más allá de cobrarme el recibo? ¿Seguiría siendo así con el paso del tiempo?

Pues hasta ahora todas mis preguntas tienen respuesta afirmativa, así que estoy encantado con mi seguro… aunque sigo sin entender porque lo normal se ha convertido en extraordinario. Cuando se olvida algo tan básico como que tus clientes deben ser lo más importante, la base de tu negocio, mala pinta tiene la cosa… A ver si lo próximo que encuentro es un operador de telefonía que piense como Pont Grup.

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martes, 26 noviembre 2013

Por Raúl Romojaro

El problema se llama velocidad inadecuada

La velocidad es un debate eterno en materia de tráfico y seguridad vial. Opiniones y argumentos para todos los gustos, desde la posición más oficialista, que suele abogar por una tendencia restrictiva, a la libertaria de pasarse los límites por el arco del triunfo. Sin embargo, y como casi todo en la vida, creo que es una cuestión de equilibrio, de sentido común, de evidencias… En mi opinión no se trata tanto de cuánto se corre sino de cómo, cuándo y dónde se corre.

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Una afirmación esta última que suena a perogrullada pero que, sin embargo, se olvida casi siempre en este asunto, especialmente desde la Dirección General de Tráfico. Vengo reflexionando al respecto con más insistencia durante los últimos días, cuando el otoño está arreciando en España y volvemos a encontrar en nuestras carreteras dificultades que condicionan la conducción: lluvia, niebla, hielo e incluso nieve ya en algunas zonas de nuestra geografía. Pues bien, en esas circunstancias adversas son mayoría los automovilistas que mantienen invariada su velocidad, ignorando la influencia indiscutible que tales elementos tienen en la seguridad vial.

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Quiero decir con esto que a mí no me valen las generalidades. Es menos peligroso circular a 150 km/h por una autovía en perfectas condiciones en un Audi A6 en magnífico estado que hacerlo a 70 por hora en una carretera secundaria mojada y con un coche de veinte años de antigüedad (de esos que cada día se ven más en este país azotado por la crisis). Pues algo tan simple como esto carece de importancia para quienes deben legislar. El problema no es la velocidad, el verdadero riesgo llega con la velocidad inadecuada.

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Unos límites variables son los únicos que realmente tienen sentido para incrementar la seguridad en la medida de lo posible. Adaptar la velocidad de la vía a las condiciones puntuales de la misma, ya que lo que sí resulta más complicado es hacerlo al estado del vehículo (aunque desde luego que tampoco imposible). En otros países de nuestro entorno es una práctica habitual y facilita conseguir el objetivo de una menor siniestralidad sin una política tan restrictiva, que llega a ser ridícula en muchos casos.

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Pero claro, articular un sistema de velocidad variable requeriría de esfuerzo, ingenio, investigación, análisis, dedicación y, por supuesto, inversión… Así que es mucho más fácil tirar por la calle del medio y prohibir por prohibir. Que paguen el pato los de siempre, que nadie vaya deprisa porque eso no está bien, amparándose en unos límites que así, en abstracto y desde la generalización, carecen de sentido en sí mismos. Aunque visto así, quizá lo mejor sería prohibir los coches directamente y que todos nos desplazáramos en transporte público… Ah, no. Me olvidaba de que debemos seguir pagando impuestos para que puedan continuar diciéndonos lo que tenemos que hacer, sea o no lo razonable. En fin...

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viernes, 08 noviembre 2013

Por Raúl Romojaro

Nuevas tendencias de viajes en moto por Estados Unidos

Viajar en moto es una de mis grandes pasiones y hacerlo por Estados Unidos, una de mis preferencias. Un país que en realidad es un continente ofrece enormes posibilidades, carreteras interminables para descubrir todo cuanto el estilo de vida americano y su prodigiosa naturaleza nos pueden mostrar. Un destino altamente recomendable y que cuenta con nuevas opciones para que esas vacaciones de ensueño se adapten a nuestras preferencias y exigencias en la mayor medida posible.

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A menudo, por mis experiencias previas, me preguntan sobre las empresas que se dedican a este tipo de actividades. Y mi respuesta sólo puede ser una e indiscutible: EagleRider. Si se trata de contratar un viaje en grupo organizado o del alquiler individual de una moto, esta compañía es líder en su sector y tal posicionamiento se traduce en una serie de servicios y garantías que difícilmente podremos encontrar en otras.

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Su catálogo de tours es amplísimo y también la oferta de motocicletas disponibles en alquiler. Personalmente, una opinión muy subjetiva desde luego, creo que un viaje por Estados Unidos resulta mucho más auténtico al manillar de una motor Made in USA. Recorrer la legendaria Ruta 66, dejarse atrapar por lugares emblemáticos como Monument Valley o Yosemite y visitar ciudades como Chicago, Las Vegas, Nueva York o Los Ángeles sobre una Harley-Davidson se antoja como la combinación ideal para que la experiencia sea más completa y gratificante.

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Pero a partir de ahora, fieles al compromiso con sus clientes, en EagleRider será posible acceder también a los productos de la otra gran marca americana: Indian. El acuerdo entre ambas empresas ya es un hecho y próximamente sus tres nuevos modelos Chief estarán disponible en la oferta de la empresa. Una opción muy interesante y atractiva, puesto que se trata de motos perfectamente adaptadas a los grandes viajes y que mantienen ese espíritu genuino que hace tan especial su conducción en Estados Unidos. Los incondicionales de la marca, que los hay y muchos, agradecerán esta opción y los que no lo son, los harlistas más apasionados, podrán tener así la posibilidad de adentrarse en un nuevo mundo de sensaciones, vivir nuevas experiencias y probar unas motos que pueden ser tan parecidas (o tan diferentes) a las suyas.

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Además de este importante acuerdo con Indian, EagleRider también ha puesto en marcha una nueva línea de viajes que difiere significativamente de su oferta habitual y en colaboración con los especialistas de ‘The Roadery’. Se distancia de las grandes rutas, de los desplazamientos ambiciosos en kilometraje y de las motos viajeras para dirigirse a un público más joven, activo y urbanita, con otras preferencias de diversión y una forma distinta de entender unas vacaciones en moto. Para ellos disponen de modelos ligeros y ágiles, de marcas como Triumph, con los que realizar viajes más cortos, próximos a las grandes ciudades y en los que se combina el placer de la conducción con el ocio, la cultura y el entretenimiento.

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Es una propuesta ideal, por tanto, para quienes no priorizan el viaje en moto por sí mismo sino que aspiran a tener una relación, un contacto, más personal y puede que intenso con los lugares que visitan. Por supuesto que la empresa prevé satisfacer todas las necesidades de estos viajeros más jóvenes y desenfadados, incluyendo el transporte de sus equipajes en las ocasiones que sea necesario (las motos que se usan en este caso no están concebidas para grandes cargas).

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Me parece acertada la diversificación que afronta EagleRider (como en su momento hizo con la incorporación de modelos trail, trikes o motos japonesa a su oferta), porque permitirá que cada cliente pueda diseñar de forma más personalizada el viaje de sus sueños. Por eso digo que, sin duda alguna, en mi opinión se trata de la alternativa más aconsejable si estás pensando en ponerte manos a la obra para disfrutar de una experiencia única. Yo ya he empezado a ahorrar para el verano que viene…

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miércoles, 23 octubre 2013

Por Raúl Romojaro

¿Por qué ningunean de este modo al sector de la moto?

Lo mío contra los políticos no es algo reciente. Mi desencuentro con estos personajes que tienen nuestro destino en sus manos viene de largo. Nunca he creído en su honestidad, ni en su capacidad, mi decepción con su gestión se remonta largo tiempo atrás, mucho antes de que ni siquiera esta crisis brutal nos golpeara a todos con fiereza inusitada. Por eso evito hablar del asunto, entablar debates políticos, polemizar con sus desafortunadas decisiones… Para qué. Su impunidad es clamorosa, su descaro vergonzoso; han tomado la medida a la ciudadanía y pueden campar a sus anchas sin que realmente ocurra nada.

Honda

Pero ni siquiera desde esa desilusión soy capaz de entender en ocasiones muchas de las tropelías que comenten quienes nos gobiernan. Por ejemplo, y concreto en el tema que nos ocupa, que tengan el descaro de maltratar una y otra vez al sector de la moto, discriminándolo sin ningún pudor frente al del automóvil. Ninguno de estos sesudos políticos, o alguno de sus cientos de asesores, ha tenido ni siquiera el detalle de explicarnos las razones por las que las motos quedan fuera, de forma recurrente, de los planes de incentivación de las ventas, los ya famosos PIVE. Su eficacia ha quedado probada con cierta reactivación de las matriculaciones de coches y, sin embargo, a nadie parece preocuparle cómo está sufriendo la industria y el comercio de las dos ruedas.

Yamaha

Es evidente que no lo explican porque no tienen argumentos para hacerlo. Simplemente pasan del asunto. No les inquieta lo que consideran un problema menor y ningunean a las marcas, a los concesionarios, a la industria auxiliar y, por supuesto, a los usuarios. La presión que el sector de la moto ejerce históricamente en la sociedad española roza lo ridículo… y así nos va. Hablan de modernizar el parque móvil, de reducir la contaminación, de seguridad y de lo mucho que aporta el sector del automóvil a nuestro país, al mismo tiempo que exhiben un menosprecio irritante por las motos, que sencillamente no existen para esta gente que debería, se supone, mostrar sensibilidad por las necesidades y exigencias de quienes les han colocado en esa poltrona que les permite vivir del cuento…

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Las fábricas de motos están desapareciendo de España, los concesionarios cierran o las pasan canutas para sobrevivir, cada día se venden menos cascos, chaquetas o guantes, los mecánicos apenas cubren sus gastos, de la Prensa del sector mejor ni hablamos… Pero todo eso da igual. Políticamente lo que tiene trascendencia, lo que queda bien es decir que por fin se venden más coches, así que lo que pase con las motos ¿a quién le importa? Pues nos importa a muchos y no sólo a los que directamente basan su supervivencia en este sector. Yo, como ciudadano, también me siento marginado y vapuleado, el dinero de mis impuestos (del que salen las ayudas para la compra de coches) debería servir igualmente para que cambiar de moto fuera algo más fácil, para que muchos se plantearan esta forma de movilidad como alternativa a otras más costosas y contaminantes.

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En fin, tampoco nada que me sorprenda. Por eso desde hace tanto tiempo esta clase política (de uno u otro color, me resulta indiferente) no cuenta con mi confianza y me temo que así seguirá siendo. Os pido disculpas por la pataleta, pero me enerva que nos tomen el pelo de esta manera…

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