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El retrovisor

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Una mirada diferente del mundo del motor. Mi visión particular del sector del automóvil y la moto, las tecnologías de vanguardia, el tráfico, la seguridad vial y el respeto medioambiental. Si te gusta conducir, éste será un espacio que podremos compartir.

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viernes, 25 mayo 2012

Por Raúl Romojaro

Lo que no puede ser…

Acabo de regresar del Salón del Automóvil de Madrid y lo hago, la verdad, bastante decepcionado, por no decir algo deprimido. Uno, que ha vivido el esplendor del sector en este país, sólo puede venirse abajo al comprobar en qué han quedado los fastos de antaño, esas demostraciones de poderío de las marcas a base de stands faraónicos, canapés de diseño, cava a espuertas y azafatas dignas de la mansión Playboy. La crisis es como un tsunami que arrasa a su paso cualquier ostentación y ha dejado la convocatoria de IFEMA en poco más que un escaparate de un gran concesionario…

Salon01

Y es que lo que no puede ser, no puede ser… y además es imposible. El chascarrillo viene que ni pintado
para este Salón de Madrid descafeinado, porque los organizadores han intentado, sin duda con la mejor voluntad, sacar adelante un proyecto inviable a día de hoy. Vestir como certamen ‘Premium’ (ese palabro tan de moda para darle más glamour al lujo) la reunión de media docena de marcas (algunas de poco relumbrón, dicho sea de paso), los chiringuitos de algunas revistas especializadas y una exposición de superdeportivos rescatada de la que ya se instaló en IFEMA hace unos meses es una solución nada convincente. Y bien que lamento esta crítica, porque lo que me pide el cuerpo sería estar contando ahora el pedazo salón del automóvil que tenemos en Madrid, porque la ciudad bien lo merece.

Salon05

Yo podría invitar a mis amigos a la gran fiesta del verano, al saraó definitivo desde la noche de los tiempos... Pero les estaría engañando y seguramente no les haría demasiada gracia. Porque en mi pequeña terraza no cabríamos más de media docena, la música sería la de mi reproductor MP3 y no la del DJ de moda (ni siquiera con un buen descuento de Fonsi Nieto me daría el presupuesto), el catering no vendría de uno de esos cocineros de moda que con tanto éxito venden nuestra modernidad culinaria por el mundo y el Moet se quedaría en nuestra patriótica y refrescante sangría. Así que como es mejor no vender burras que nadie quiere comprar, pienso yo, pues les convocaré a una barbacoa de amiguetes y dejaré las exhibiciones a quienes se las pueden permitir. Pero todos acabaremos tan contentos, ellos sin la sensación de que les he tomado el pelo…

Salon02

Este ejemplo simplón es una reproducción a escala de lo que ha pasado en IFEMA. Si las marcas no tenían dinero para exponer y las arcas públicas tampoco están para incentivar su presencia, creo que lo mejor habría sido dejarlo correr, esperar una coyuntura más propicia y no proponer un salón impropio de una ciudad como la capital de este país, por mucho que andemos de capa caída. Lo que nos encontramos en el recinto ferial Juan Carlos I ni convencerá a los visitantes, ni beneficia a la imagen de las marcas, ni tendrá resultados comerciales… carece de sentido alguno, en definitiva.

Salon03

Eso sí, entrar a visitar el Salón de Madrid sólo cuesta cinco euros (para los menores de doce años ni eso, es gratis), así que la decepción tampoco nos saldrá demasiado cara y algún coche curioso encontraremos. Pero insisto en que, si se me permite la personalización del asunto que para algo estamos en mi blog, un montaje así no es lo que deseo para mi ciudad, para el sector con el que me relaciono profesionalmente o para mis conocidos de las marcas que agachan la cabeza ante lo que tienen que aguantar. Siento ser tan severo en mi punto de vista, pero es lo que hay. Y desde luego, no puedo recomendar a mis amigos (entre los que se encuentran quienes pasáis por este humilde espacio) que malgasten una mañana en pasarse por este salón del quiero y no puedo...

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martes, 15 mayo 2012

Por Raúl Romojaro

Un fin de semana de ‘Harleyterapia’

Maki

La crisis se acabó en España. Fue, eso sí, durante sólo tres días y para unos pocos afortunados, algo más de trescientos (como en la peli…). Y en el receso de este desastre nada tuvieron que ver Rajoy, Angela Merkel, el IBEX o la dichosa prima de riesgo. Un oasis de felicidad en pleno ojo del huracán, un respiro para tomar aire y seguir adelante. Justo en eso se convirtió ‘Kilómetro 0’, la gran concentración de Harley-Davidson que desde hace diez años viene organizando el Madrid Chapter, el club de propietarios de estas motos que depende de Makinostra, el primer concesionario de la marca en la capital. El evento resultó todo un éxito, empezando por la participación (se agotaron las inscripciones) y terminando por la cantidad de actividades de las que disfrutaron los harlistas, previo pago de sólo poco más de cien euros (no entiendo cómo ese dinero les pudo dar tanto de sí a la directiva del Madrid Chapter).

RR

Tuve la suerte de asistir a la mayoría de las actividades de la concentración (acabó justo para poder ver a Fernando Alonso haciéndonos soñar con el GP de España) y la verdad es que disfruté a tope. Y no sólo con lo mucho y bueno que nos propusieron los organizadores, que también, sino especialmente viendo a tanta gente feliz, despojada de sus preocupaciones cotidianas, esquivando los temores que a todos nos asaltan en estos tiempos convulsos, mirando incluso al futuro con optimismo porque ese mañana mejor les permitirá seguir disfrutando de su gran pasión por la moto.

Desfile

Es un fenómeno conocido, pero no por ello deja de sorprenderme con frecuencia. Las motos en general y las Harley-Davidson en particular nos animan a tener una perspectiva diferente de la realidad, más positiva y valiente, más próxima a lo que nos gustaría ser que a lo que en ocasiones somos. Sonrisas, abrazos, algunos besos (ellas también son esenciales, se sienten en el asiento de la moto que se sienten), música, el viento en la cara, curvas, amigos, pasión, diversión, solidaridad, libertad... Quizá así la crisis pasó de largo por ‘Kilómetro 0’, porque nada de eso se compra con dinero y disfrutarlo es privilegio casi exclusivo de quienes se ponen al manillar de una moto y se lanzan a compartir carretera y experiencias con otros que les son afines.

Chica

Lo pasamos en grande… pero porque deseábamos hacerlo. No sé si el concepto, el término, ya existía pero he bautizado el fenómeno como ‘Harleyterapia’, esa capacidad de una marca legendaria como la de Milwaukee de crear una empatía única con sus usuarios que va mucho más allá de una relación comercial, de una simple transacción que termina con la venta de una moto. Podríamos hablar incluso de un estilo de vida, pero sin llegar a disquisiciones tan profundas, lo obvio e indiscutible es que disfrutar de una Harley provoca sensaciones difícilmente comparables y que sólo aquéllos que lo han probado pueden entender…

Alcala
Es así como, de todo lo bueno que hubo en un estupendo fin de semana, me quedo con esa gente disfrutando de algo tan sencillo como rodar en moto con amigos. Quizá no necesitemos tanto para ser felices, quizá nuestros problemas serían muy diferentes si supiéramos valorar lo realmente importante, quizá nuestra sociedad, nuestro país y nuestro mundo serían mejores con menos ambiciones y más ilusiones. Yo siempre lo he tenido bastante claro (aunque no siempre haya sido capaz de conducir mi vida por los derroteros que pretendía), pero durante los tres días de ‘Kilómetro 0’  sólo he podido refrendarlo y saborearlo. Gracias por hacerlo posible, amigos…

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jueves, 03 mayo 2012

Por Raúl Romojaro

Una lanza en favor del ‘downsizing’

No corren buenos tiempos para la pasión por el automóvil. La crisis, el precio de los combustibles, el acoso a la velocidad, la protección medioambiental y la tendencia que todo ello crea en los fabricantes provocan que los coches deportivos, potentes y emocionales parezcan casi una especie en vías de extinción. Están ahí pero cada día sufriendo más condicionantes y limitaciones, además de no ser demasiado bien vistos por una sociedad que apuesta, por lo general, por soluciones más llamativas que efectivas. Así que la moda ahora apunta a cochecitos utilitarios y lógicos, que gasten y contaminen poco, que pasen desapercibidos y que cumplan con la función de transportarnos sin muchas más consideraciones. Vamos, un auténtico suplicio para quienes aspiran a disfrutar al volante en cada kilómetro que recorren…

Panamera

Yo, como tantos, me rebelo ante esta dictadura del raciocinio porque soy, también como muchos, de los que entienden que conducir es mucho más que ir de un sitio a otro. Sin embargo, la evidencia nos dice que esto es lo que hay, que deberemos acostumbrarnos a ello y que cuando antes lo hagamos, menos sinsabores nos llevaremos. Y dentro de tal proceso de resignación, en las últimas semanas he sentido cierto alivio tras probar dos nuevos modelos que se ajustan a la perfección al fenómeno que la industria ya denomina como ‘downsizing’. Se trata de un concepto muy utilizado en los ajustes de personal en las empresas por los especialistas en recursos humanos y que el sector del automóvil ha adoptado para definir a esta disminución de talla.

Up

La propuesta es sencilla. Los fabricantes que apuestan por esta línea de desarrollo, y que son ya la mayoría, creen que podrán obtener resultados convincentes en términos de rendimiento con propulsores de cubicaje y número de cilindros inferiores, lo que se traducirá en consumos y emisiones contaminantes más ajustados. Contado así puede parecer sencillo pero obviamente no lo es en absoluto y supone todo un desafío para los ingenieros… que están resolviendo con su habitual maestría. Así lo he comprobado conduciendo tanto el nuevo Volkswagen Up! como la última generación del Nissan Micra. Son dos utilitarios urbanos, pequeñitos y prácticos, que han apostado por sendos motores de gasolina de sólo tres cilindros y baja cilindrada. Su potencia ronda los 70 CV, son capaces de llegar a los 170 km/h de velocidad punta y su consumo está en torno a los cinco litros de gasolina a los cien, igualmente con emisiones de CO2 muy reducidas.

Micra

Pero más allá de cifras (no es éste el espacio para referirme a ellas, para eso está nuestra sección de producto tanto en AS como en AS.com), me gustaría referirme a sensaciones. Insisto para no llevar a nadie a errores, que nos despojamos de todo apasionamiento para ceñirnos a la funcionalidad de un vehículo. Y en ese sentido los dos modelos en cuestión, aunque hay bastantes más, me han sorprendido muy gratamente. Son coches pequeños y por tanto no muy pesados, así que con esos 70/75 CV se mueven con soltura; sus chasis están bien resueltos, se muestran ágiles y con aplomo suficiente, van razonablemente bien por carretera e incluso por autovía y todo ello gastando realmente muy poco combustible. Utilizarlos no me provocaba ningún tipo de disgusto o depresión, todo lo contrario; me han parecido agradables e incluso divertidos, ideales para cumplir con las exigencias de un buen utilitario sin que ello nos suponga un trauma insuperable. Es más, usándolos pensaba cuánto me habría gustado a mí tener un coche tan solvente en mis primeros tiempos como conductor. Aunque, tampoco hay que ocultarlo, lo cierto es que sus precios no son de saldo, puesto que para conseguir resultados tan convincentes la tecnología es avanzada… y cara.

Volante

Así que la reflexión que nos podemos hacer es que el futuro puede llegar a ser menos sombrío de lo que pensábamos… incluso aunque debamos convivir con el dichoso ‘downsizing’. Lo que se avanza con estos utilitarios se podrá aplicar a otros segmentos con propulsores más ambiciosos, que gastarán menos, cuidarán de nuestro planeta… y nos permitirán seguir disfrutando al volante como nos gusta. Ojalá siempre existan los V8, pero poniéndonos en lo peor y que no sea así (como mucho me temo) al menos confiemos en que habrá vida más allá de su bramido…

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