El retrovisor
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Una mirada diferente del mundo del motor. Mi visión particular del sector del automóvil y la moto, las tecnologías de vanguardia, el tráfico, la seguridad vial y el respeto medioambiental. Si te gusta conducir, éste será un espacio que podremos compartir.
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viernes, 23 noviembre 2012
Por Raúl Romojaro
Viajar en buenas manos con el ‘gordito’ de Michelin
Siempre he sido bastante improvisador en mis viajes. Coger la moto o el coche, elegir una buena compañía, fijarse un destino más o menos definido y en marcha. Una pequeña dosis de aventura e incertidumbre que aderece el desplazamiento, siempre con tanto por descubrir… pero en ocasiones también con situaciones que evitar. Me refiero con esto último a las decepciones que puede acarrear lo de ir a salto de mata: parar en un lugar sin apenas interés turístico, comer mal y caro o dormir donde no toca. Y sí, ya digo que la aventura es la aventura, pero llega uno a una edad en la que lo que apetece es meter la pata lo menos posible, sobre todo cuando son contadas las excepciones en las que podemos disfrutar de nuestro tiempo libre como para estropearlas con una elección equivocada.
Así que, hace ya algún tiempo, me decidí a hacer caso a las recomendaciones de mi buen amigo Ángel Pardo. Como responsable de Comunicación de Michelin, pero sobre todo interesándose por garantizar mis andanzas por carretera, durante muchos años me habló de las bonanzas de sus Guías Rojas, más concretamente la de España y Portugal que es la que yo más podría utilizar. A mí me parecía que eso de las estrellas Michelin y las recomendaciones de sus anónimos inspectores eran para sibaritas de la cocina o gente con posibles, no para los nos poníamos en marcha con la intención de pasarlo lo mejor posible pero con un presupuesto ajustado, por decirlo de algún modo. Sin embargo ante la asistencia de Ángel y tras algunos tropiezos clamorosos en mis elecciones (comer mal siempre es una faena, pero encima hacerlo pagando en exceso ya suena a chiste) me decidí a probar las recomendaciones de la Guía Roja Michelin… y fue una gratísima sorpresa.
Desde luego que en su numerosa selección de establecimientos (2.049 hoteles, 296 casas de turismo rural, 1.683 restaurantes y 131 bares de tapas en su edición 2012, que acaba de ponerse a la venta) encontramos los más selectos del país, con sus famosas estrellas y que son de visita obligada para los amantes de la buena mesa y la buena vida. Cierto que todos perteneceríamos a ese privilegiado grupo si nos lo pudiéramos permitir, pero como no es así, tampoco las Guías Michelin se olvidan de nosotros, ciudadanos dependientes de nuestra nómina y de una hipoteca que da buena cuenta de ella. En esta misma última edición encontramos los negocios catalogados como ‘Bin Gourmand’, con más de doscientos restaurantes para comer por menos de 35 euros y otro montón de buenos hoteles para que pernoctar no nos cueste más de 55 euros.
Es evidente que para localizar este tipo de establecimientos no necesitamos forzosamente una buena guía de viajes y que ahora en Internet existe información ingente al respecto y enormes posibilidades de hacer reservar a precios muy ajustados. Sin embargo, para mí la clave de las Guías Michelin radica en el valor añadido de su calidad, experiencia, rigor y garantías de acierto, algo que sólo pueden ofrecernos quienes llevan más de un siglo dedicados a esa tarea de aconsejar a viajeros de todo el mundo. Por supuesto que todos podemos opinar sobre un determinado establecimiento, basándonos en nuestra experiencia personal y muy a menudo puntual, que no digo que no sea válida pero sí menos metódica y estricta que la de los auténticos profesionales de la restauración.
Al menos mi experiencia personal es altamente positiva; todavía me la juego en ocasiones, le lanzo al vacío y pruebo el primer restaurante que reclama mi atención al borde de una carretera o en el centro de una ciudad. Los resultados siguen siendo variados, como siempre, desde descubrimientos entusiasmantes a decepciones galopantes. Pero lo que tengo claro es que en la guantera del coche nunca falta ya un ejemplar de la Guía Roja (cuesta 23,90 euros la de este año) y cuando se trata de acertar a la primera, sin riesgos y con el éxito garantizado, disfruto del placer de ojearla para buscar ese lugar que suponga la guinda a mi viaje. Y prometo que el día que me lleve una decepción lo contaré con la misma sinceridad que ahora reconozco sus aciertos. Pero ya con mi experiencia creo que ese caso tardará en llegar…

Me parece genial, creo que es un producto conocido por muchos pero poco utilizado. Es verdad que con la edad gusta de acertar en esos sitios que te producen un grato placer en un viaje y no salir defraudado. Habrá que tirar de ella.
Saludos
Publicado por: Doctor24 | 23/11/2012 20:44:24
Yo tambien quiero quejarme de los que ponen los antinieblas en cuanto caen 3 gotas. Decirles a estos "señores/as" que no son luces antilluvia. Solo se ponen cuando la visibilidad es reducida, por niebla o por lluvia, pero no cuando llueve un poco y se ve perfectamente. Porque las antinieblas traseras deslumbran para el que no lo sepa.
Publicado por: sohbet | 20/03/2013 22:53:21
stos "señores/as" que no son luces antilluvia. Solo se ponen cuando la visibilidad es reducida, por niebla o por lluvia, pero no cuando llueve un poco y se ve perfectamente. Porque las antinieblas traseras deslumbran para el que no lo sepa.
Publicado por: sohbet odaları | 20/03/2013 22:53:30