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LeBron James es Darth Vader

Lebron1

Hace un año escribí esto sobre LeBron James:

A mí no me engañas, LeBron. Sé que funcionará con otros, siempre sucede. Darth Vader convenció a incautos suficientes como para construir la Estrella de la Muerte y el pardillo de Luke a punto estuvo de abrazarle, gimoteando ante el reencuentro familiar, aunque después se diera aires de jedi rebelde; siempre fue un flojo: Han disparo primero y él lo sabe. De Magneto rehabilitado y liderando la Patrulla X, mejor ni hablamos. La cosa acabó en desastre, claro: la cabra tira al monte. Así que no me engañas. Mientras el pueblo se arrodilla a tus pies, loando tu madurez y tu grandeza, preparando tu ascensión definitiva a los cielos con un segundo anillo, yo sé que sigues siendo el mismo, el tipo que lleva tatuado ‘El Elegido’ de lado a lado de esa espalda en la que se podrían escribir más palabras de las que maneja con soltura el político español medio. Lo sé, Lebron, sé que eres el mal. Y por eso te odio.

 

En pleno descenso a los infiernos de la insípida corrección política, se ha puesto de moda afirmar, con el soniquete curil del buenismo, que en el deporte no hay que ser anti nada, que sólo genera violencia. La gilipollez es de talla XXL. La violencia es un problema de educación e inteligencia, no de gustos y afinidades. En la vida diaria uno ya debería ser anti millones de cosas, desde antifascista a antichándal (sobre todo antichándal), pero en el deporte es obligado. Es la naturaleza de la bestia: hay un enfrentamiento y un marcador, quieres que unos ganen y, por lógica, que otros pierdan. De eso se trata, por más que tanto intelectual de pastel se empeñe en reinventar la competición como una ópera neutra a la que se acude a disfrutar y a aplaudir a los protagonistas. A todos. Ya. Conmigo que no cuenten. Tanto como agradezco los héroes, necesito villanos. Cuanto más poderosos, mejor. Y quiero que pierdan. Siempre.

Larrybird

En la gran rivalidad deportiva de mi existencia nadie se molestó en ocultar su obsesión por el enemigo.  Magic explicó que nada más publicarse el calendario de cada temporada marcaba con rotulador los dos partidos contra Boston: “Para mí, la liga eran Los Dos y 80 más”.  Bird no era diferente: “Lo primero que hacía cada mañana era mirar las estadísticas en el periódico para ver qué había hecho Magic; no me importaba nada más”. Aquellos partidos no eran duros, eran violentos; estrellas millonarias transformadas en estibadores borrachos. Se odiaban a muerte y no titubeaban al demostrarlo. Si se disputasen hoy, se suspenderían antes del descanso y generarían una oleada de escandalizada repulsa. Así nos va, dando premios a Casillas y Xavi porque se llamaron por teléfono para impedir que los Madrid-Barça fueran lo que deben ser. Y no me hablen de dar ejemplo.  El día después de saber que Magic tenía el VIH, los Celtics se enfrentaban a Atlanta: “Por primera vez en mi vida no me interesaba el baloncesto, me sentía enfermo, nada tenía sentido”, reconoció Bird. Boston perdió y Larry falló hasta tiros libres, no eran palabras vacías. Como no lo fueron las de Magic  años después, en la ceremonia de retirada de su némesis: “Sólo me mentiste una vez. Me dijiste que habría otro Larry Bird. Larry, nunca, nunca jamás, habrá otro Larry Bird”. ¿Dos amigos deseando destrozarse? ¿Dos enemigos incapaces de vivir sin el otro? Ambas cosas. Deporte.

 

Lo que nos lleva de nuevo a LeBron James, el espécimen más perfecto jamás creado para la práctica del baloncesto. Un prodigio que está reinventando el juego, condicionando a los otros 29 equipos de la NBA a cambiar sus filosofías sólo para intentar amoldarse a él. Y han fracasado, por supuesto. ¿Cómo se frena a un rinoceronte que se mueve como un guepardo? ¿Quién derrota  a un tipo que reúne cualidades de base, alero y pívot en el cuerpo de un defensive end de la NFL? ¿Cuál es la salida ante un portento capaz de defender mejor que nadie a cualquiera de tus jugadores, mida 1’80 o 2’15? En serio, es tan perfecto que cuando en un partido reciente no jugó el último cuarto por algo tan vulgar como unos calambres pensé que era una broma.  ¿Calambres? ¿El Elegido que hace temblar la cancha cuando se desplaza? ¿Se creen que soy tonto?

 

Y luego está LeBron, la persona. Tocó fondo tras el fiasco de La Decisión, su mal medido show para anunciar que abandonaba a los Cavaliers (el equipo de su frío e industrial Ohio natal) rumbo a las playas, el sol y el glamour grimoso de Miami. Los que le estábamos esperando nos vinimos arriba: era un traidor sin respeto por sus hinchas, un perdedor que prefería unirse a su mayor enemigo (Wade) en lugar de vencerle como hubieran hecho Jordan, Bird y Magic, un superdotado mimado que jamás alcanzaría la grandeza a la que parecía predestinado. Tras perder contra Dallas la final de 2011, se le veía tan derrotado que hasta me sorprendí simpatizando levemente con él. ¿Qué sentido tiene desear que pierda el que nunca gana?

  Chiosen

Casi me engaña: Michael  Corleone fingiendo perdonar a Fredo en el funeral del su madre antes de enviarle a pescar al fondo del lago Tahoe. Mientras le imaginábamos aprovechando el lockout para lucirse de fiesta en fiesta y hacer caja con otro millar de anuncios, él se dedicó a mejorar. Regresó a las canchas decidido a ser el que su maquinaria propagandística aseguraba que ya era y él mismo sabía que todavía no. Aprendió a aprovechar su abusiva superioridad al poste bajo, al fin se atrevió a asumir el liderazgo que tanto miedo le daba arrebatarle a Wade y todo estalló en el sexto partido de la Final de Este de 2012 ante Boston, 3-2 abajo en cancha contraria, a una derrota de que su fama de no rendir bajo presión se le quedase tatuada en esa frente cada vez más amplia, por mucha cinta enorme que se ponga. Fue una demolición: 45 puntos y 15 rebotes, los orgullosos Celtics nunca tuvieron opción. Tampoco en el séptimo partido, ni Oklahoma City en la final: LeBron había despegado.

 

Su plan de dominación mundial ha sido un éxito y por el camino ha seducido gente cual Michelle Pfeiffer disfrazada de Catwoman en un salón del cómic. Cada día más acólitos predican que los días de la Santísima Trinidad Russell-Magic-Jordan están contados, que le van a faltar dedos para tanto anillo, que es un deportista ejemplar (lo es), que El Elegido ha llegado. No hay duda de que funciona como ídolo de masas pero… Pero en el deporte es mucho más sencillo fabricar héroes que un villano de primer orden. Uno tan poderoso e indestructible que hasta cuando estás bajo su bota no puedas evitar admirarle un poco, uno tan descomunal que el reto de vencerle sea capaz de definir carreras enteras: Buster Douglas noqueando a Mike Tyson, Notre Dame acabando con la racha de 88 victorias de UCLA,el Maracanazo… Nada crea más héroes que un enemigo fabuloso. Por eso, LeBron, a mí no me engañas. Sé que eres el mal. Y por eso te quiero.

 

Hace un año escribí eso. Hoy empiezo a pensar que esta batalla está perdida.

 

 

PD: Bienvenidos a este blog que tratará principalmente de NBA, pero no sólo de NBA. La idea es actualizarlo un par de veces por semana, pero como mi fiabilidad es similar a la de J. R. Smith, cualquier cosa puede pasar. Casi todas malas.

Comentarios

Vaya vaya

Excelente!!!
Siempre da más sabor ganarle a tu enemigo, cuando este es cada vez más innaccesible

Muy buen articulo!!!

Pues si, a mi también me gusta ver perder a Miami. Espero que Indiana este año haga morder el polvo a la troupe de James, Wade, bosh o Chalmers.

Tampoco soporto ver ganar a Inglaterra en el VI naciones,
No es nada personal: sólo deporte

animo y suerte,y si de refilon tocas algun tema de nfl encantado,aunque superar a mariano y dani esta complicado

Gran artículo!!!
Lebron James y en la NBA y Hamilton en la F1 son los malos oficiales en el mundo del deporte.

Grande Iñako. Se te echaba de menos.

Aquí otro hater de Miami pero, y ya hace bastante tiempo, que no de James. El tío me ha convertido, sin más. Rendido a sus pies que estoy. No hay nada que hacer ante semejante portento.

Quizás este año no gane el MVP, aunque actuaciones como la de los 61 puntos contra los Bobcats sugieran todo lo contrario, quizás lo gane Durant, otro "elegido" para esto, pero James entrará en la leyenda y será recordado durante décadas.

Se me han puestos los pelos de punta al recordarme las palabras de Magic a Bird en su despedida. Genial el artículo, mis felicitaciones.

Genial artículo... Excelente la introducción sobre los "anti" y la soberana gilipollez de algunos...

Hola Iñako. Uno echa de menos el apodo de LeChón. Me hacía gracia (y eso que yo soy simpatizante de James). Por cierto, sobre el párrafo de LeBron y la persona, es muy recomendable leer el serial de Gonzalo Vázquez "Riqueza y Miseria". Es antológico e ilustrativo de lo que es LeBron y lo que se empeñan en vender desde algunos sectores de la prensa americana. Un saludo.

Calité!! No me ha gustado, me ha encantado!! Me gusta tu estilo, me gustan tus historias, pero sin ánimo de lucro ehhhh no me seas pirata ;) jajajajaja. Ahora en serio la persona que ha competido en cualquier deporte (amateur, semi profesional o profesional) sabe que para superarse tienes que enfrentarte a ese "Darth Vader" que cuenta Iñako y si le ganas de mala manera mejor jajajajaja. Un cordial saludo y a esperar la siguiente entrada.

Gran artículo!
Me recuerda a un genial anuncio de Vodafone con Hamilton hablando sobre el lobo feroz, la bruja mala...

Muy bueno!! me ha gustado mucho! La vida es muy aburrida sin malos malísimos...

Muy buen artículo.
Con un enfoque anti para hacer una loa al jugador. Como contraste puede que funcione pero desde mi punto de vista es equivocado. Larry y Magic se fijaban en el otro para mejorar ellos y superar al otro.
Siempre querían derrotar al otro pero lo que ahora hacen muchos imbeciles fracasados de "ya que yo no puedo ganar por lo menos que mi máximo rival pierda contra otro" es no es ser anti nada es ser tonto del culo. Y defender esa filosofía atacando la "correccion política" de jugar limpio y fomentando el cainismo creo que es un lamentable error que ensucia el por otra parte como dije al principio muy buen artículo.

Enorme Iñako. Aunque la batalla con Lebron no está perdida y sino veremos a final de temporada.

me acabo de leer ahora en un ratin todos tus articulos. Enhorabuena, da gusto leer a alguien asi

Pues a mí me pareces un subnormal, y aparte un "Attention Whore"

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