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El mundo de roncero

El blog de Tomás Roncero

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martes, 12 julio 2016

Por Tomás Roncero

Cristiano y Messi: la cara y la cruz

Desde el pasado domingo, decenas de amigos y conocidos me han asaltado con la misma reflexión: “Tomás, vaya manera tan distinta de irse de vacaciones que han tenido Cristiano y Messi. ¡Quién lo iba a decir hace seis meses!”. Es evidente que los aficionados al fútbol han visto como el portugués ha sabido reaccionar con fiereza, orgullo, ambición y mucho fútbol a una temporada que para él y su equipo pintaba tenebrosa, y que ha terminado con fuegos artificiales y dos títulos de oro macizo: la Undécima y la primera Eurocopa para Portugal. Cristiano se marchó de vacaciones con su familia como un héroe con 11 millones de portugueses rendidos a sus doloridos pies y con el reconocimiento del mundo entero del fútbol por ese sufrimiento que padeció en la final de Paris, en la que Payet le retiró de mala manera del escenario, pero fracasando en el intento de dejarle en segundo plano. La foto que la gente se ha llevado a la playa y a la montaña ha sido la de un Cristiano exultante, levantando en el palco de Saint-Denis la Eurocopa…

 

Messi, al contrario, ha visto como el doblete se ha difuminado en dos plumazos y encima su fútbol y su talento le han abandonado en los momentos decisivos. Ya el fracaso de la Champions en el cruce de cuartos le dejó tocado. No olviden que en el decisivo partido del Calderón fue el futbolista que menos metros recorrió, superando tan solo a Ter Stegen…El Messi que en los grandes días empieza a dar síntomas de debilidad (sobre todo anímica) prolongó esas malas sensaciones en la Copa América con la albiceleste. Con Argentina, sufre un bloqueo emocional que contrasta llamativamente con la historia de pasión que su rival Cristiano disfruta con Portugal. Ese penalti lanzado a las nubes en la decisiva tanda de la final con Chile quedará marcado en las páginas más tristes para Leo. Pero lo peor no fue su fallo, que todos pueden cometer como ya le ha sucedido esta misma temporada al propio Cristiano. Lo terrible para él es haber reaccionado tan negativamente que anunció su adiós. Se retira de la albiceleste rendido con sólo 29 años. Mientras, Cristiano alcanza la gloria con su país con 31…Y encima, le llegó a Messi el varapalo de Hacienda. Ya sabemos que esos 21 meses de condena no le llevarán a la cárcel (ni lo deseo, eso no se desea a ningún ser humano), pero su imagen pública ha sufrido un daño irreparable más allá del balón. Y el Barça ha aumentado esa torpeza con una campaña que incluso ha soliviantado a muchos culés que sí están al día con Hacienda y que saben separar la idolatría futbolística del deber responsable de todos los ciudadanos. Ahora ya pocos discuten, ni siquiera Griezmann, que el Balón de Oro se lo merece Cristiano este año. Undécima, Eurocopa y encima está al día con Hacienda. Negarle sus logros en favor de Messi le hace un flaco favor al propio Leo…

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martes, 14 junio 2016

Por Tomás Roncero

La Real Eurocopa... a falta de Cristiano

Después de cinco días de competición y tras haberse disputado un total de 12 partidos, puede afirmarse con rotundidad que el equipo que ha brillado más a nivel de los clubes representados en su selecciones es el Real Madrid. No me dejo llevar por mis inequívocos sentimientos blancos ni he hecho un resumen partidista y superficial. Me baso en hechos irrefutables. Empecemos por Bale, que fue el héroe de Gales en el sufrido y meritorio triunfo de su selección ante Eslovaquia. En el primer partido de Gales en una Eurocopa, Bale tenía que ser el que firmase el histórico primer gol con una falta made in Gareth, que marcó el camino del triunfo final. Al día siguiente fue Luka Modric el que regaló a los aficionados al fútbol una exhibición con Croacia, en el partido ante Turquía, sólo comparable al que ofreció Iniesta antes los checos. Modric, a pesar de sus 30 años cumplidos, tiene una progresión imparable y ya algunos le postulan entre las cinco grandes estrellas del torneo que se está disputando en Francia.
 
Horas después le tocó el turno a Kroos, el auténtico motor de la medular de la poderosa Alemania de Löw. En el Madrid ha dado esta temporada un rendimiento aceptable, pero con los germanos juega como si fuese el líder de la sala de máquinas y todo circula en torno a él. Viendo al Kroos de la Eurocopa uno piensa que es difícil mejorar el centro del campo de ese Madrid campeón de Europa… por undécima vez. Pero sigamos con los madridistas. En el partido de España es obvio que los héroes fueron Piqué e Iniesta, pero no olvido que Sergio Ramos (que estrenaba capitanía en un torneo oficial) fue un muro atrás y sostuvo al equipo cuando había dudas antes de llegar el gol salvador del azulgrana. Pasemos a Hungría. Me dirán que ahí no hay internacionales madridistas. Para mí sí que hay uno: Szalai. Está formado en el Castilla y metió el gol que abrió el triunfo de Hungría ante la Austria de Alaba. Los magiares iban vestidos de blanco…
 
El único lunar del madridismo ‘eurocopero’ lo dibujó Portugal. Ni Cristiano ni Pepe pudieron aupar a una Portugal decepcionante que no pasó del empate ante la novata Islandia. Cristiano deberá enmendarse ante Austria y Hungría si no quiere quedar atrás ante sus compañeros, que hasta ahora han sacado sobresaliente en el primer parcial de la Eurocopa de Francia.

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jueves, 02 junio 2016

Por Tomás Roncero

Las lágrimas de San Siro

Llegué a San Siro muy temprano. Apenas pasaban unos minutos de la una del mediodía. Hasta la steward de seguridad, una italiana muy simpática que me terminó confesando que tifaba por el Inter (Mourinho es su ídolo), me preguntó extrañada qué hacía en el pupitre de prensa ¡a casi ocho horas de la final! No supe explicarle muy bien el porqué de mi decisión. Pero me vio la cara tan tensa y el gesto tan recio que imaginó el volcán de emociones que me tenían bloqueado. No era un día cualquiera. Era la final de la Champions. Y además contra el Atleti. Me había paseado a primeras horas de la mañana por la ciudad de Milán (el Duomo, la Scala…) y desde el taxi comprobé el ambiente festivo de ambas aficiones. Pero no quise bajarme en la Fan Zone del Madrid. Sabía que si lo hacía me dejaría llevar por el buen rollo de los vikingos desplazados hasta allí y me habría terminado liando con ellos hasta la cinco de la tarde, hora fijada para cerrarla por seguridad.

 

Me daba pánico imaginar que podía haber un problema con el  Metro o que dejase de haber taxis en la ciudad por la gran demanda existente. En Lisboa casi me pasó y me dije: “Tomás, hoy no puedes correr riesgos”. Así que la final empezó para mí en San Siro muchas horas antes. Miraba desde un silencio espectral sus majestuosas gradas vacías. Me congratuló ver que la afición del Madrid iba a ocupar la Curva Nord, la que ocupan habitualmente los tifosi más apasionados del Inter. Era una manera de empezar a ganar la final, porque los atléticos habían venerado la figura del Cholo como jugador neroazurri y al ver allí a la tropa vikinga, a más de un ‘indio’ se le rompieron los esquemas. Las finales también se ganan desde la grada…

 

Del partido no les voy a contar nada que ya no sepan a estas alturas. Eso sí, la tanda de penaltis casi me deja sin salud para los próximos meses. El hecho de que Ramos y Cristiano tirasen los lanzamientos claves me bloqueó. Recordé el calvario que mis dos grandes ídolos tuvieron que sufrir por fallar en la noche fatídica del Bayern en el Bernabéu y me temía un tsunami de palos al sevillano y al portugués si no veían puerta. Pero ellos me demostraron por qué son unos números uno. No les tembló el pulso al lanzar hacia la jaula de Oblak. Lloré de alegría. Como casi siempre. Aclaro a los que me llaman lacrimógeno que jamás he llorado por perder. En esos casos, mi orgullo me impide mostrar la herida. Pero una vez consumada la gloriosa Undécima, tengo que decirles que los planos que me daba el monitor de televisión en San Siro de Juanfran, de Fernando Torres y de muchos hinchas del Atleti, me dejaron pensativo. El fútbol es pasión. Y amor incondicional a unos colores. Yo era muy feliz por estar del lado de mi sagrado equipo blanco, que casi nunca me falla en los grandes días. Pero imaginaba el dolor de los atléticos al perder dos finales casi seguidas ante su eterno enemigo y en ambos casos en circunstancias crueles. No voy a negar la realidad. Si a mí me hubiera pasado al revés habría querido que me tragase la tierra. Y pensé en Mario, el hijo de sólo ocho añitos de un buen amigo mío atlético. Ese niño lloro mucho en Milán. Y no fue el único. Esos niños merecen un día saborear una Champions. Con o sin el Cholo. Soy del Madrid a muerte, pero mi madre me enseñó a ser sensible con el dolor ajeno. El primer año que el Madrid no juegue la final de la Champions… ¡que la gane el Atleti!

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martes, 24 mayo 2016

Por Tomás Roncero

Memorias de Lisboa

Recuerdo que la expedición del AS, formada por varios colegas de redacción acompañados de sus familias, estaba citada en la puerta del periódico a las 7 en punto de la mañana. El autobús alquilado por nuestra empresa nos llevaba por carretera a Lisboa el mismo día de la final en Da Luz. Fue un 24 de mayo soleado y caluroso, pero cuando tocó el despertador a las 5:30 horas mi mujer y mi pequeño Marcos casi me matan. Les animé diciendo que la victoria compensaría el esfuerzo. ¡Menos mal que no me equivoqué!  Allá que nos fuimos con toda la ilusión del mundo. De los 30 que íbamos en el bus calculo que íbamos repartidos más o menos al 50% entre indios y vikingos. La autovía de Extremadura iba despejada gracias al madrugón, aunque en la primera parada en una estación de servicio ya vimos la cantidad de aficionados que estaban desplazándose hasta la capital de Portugal. Ambientazo total entre ambas aficiones. Buen rollo y mucho respeto.

 

Llegamos a Lisboa a las 13:45 horas. Dejamos el autobús a dos kilómetros de Da Luz, nos pusimos en marcha y lo primero fue ir a buscar la acreditación de la final para quedarme tranquilo. A esa hora, mi mujer y mi hijo no tenían todavía entrada para el partido… Un amigo me dijo que tenía dos entradas y me tuve que ir con ellos a recogerlas hasta Belem, a 15 kilómetros de Lisboa. Allí, junto a ese famoso puente que recuerda al de San Francisco, pude comprar las entradas de Marcos y Luci. En una terraza espléndida comimos relajados, convencidos de que ya estaba todo encarrilado. A las 17:45 (quedaban tres horas para la final) le dije muy ufano al maitre: “Por favor, ¿podrían pedirnos un taxi?”. Su respuesta me heló la sangre: “No hay taxis desde hace una hora por culpa de la final”. Me vi de pronto en Belem, acreditado y con entradas pero viendo el Madrid-Atleti desde un bar de dicho pueblo. De locos. Cruzamos una autopista por un puente levadizo y vimos un hospital. Había parada de taxi. Pero al llegar… ¡estaba vacía! Los minutos pasaban y la ansiedad taponaba el flujo de las ideas. Mi mujer de los nervios, el niño desconcertado y yo sin soluciones. En esas, aparece un taxi con la luz apagada. Pero logramos detenerle. Le imploramos piedad. Se echó a un lado, hablé con él ¡y accedió!

 

Le di un abrazo como si fuera mi padre y le dije: “Amigo, vamos a Da Luz. ¡Viva Portugal!”. El tipo admiraba a Cristiano, lo que facilitó bastante la Operación Rescate.  Llegamos al estadio justo cuando el autobús del Madrid se acercaba a sus aledaños. Vimos pasar el espléndido autobús de color blanco y mi hijo gritó: “Mira papa, Cristiano ha saludado desde la ventanilla”. Lo vi como un buen augurio después de tanto agobio. En la puerta 5 nos despedimos. Era la que correspondía a las localidades que tenían ellos para ver la final. Yo me tenía que ir 40 metros más arriba a la puerta de entrada  de los medios de comunicación. Me despedí del peque muy triste por no poder compartir la final junto a  él. “Marcos, nos vemos aquí mismo a las 11 de la noche y verás como ya seremos campeones”.  Me fui a mi localidad en la Tribuna de Prensa y para mi sorpresa todos los pupitres con televisión estaban ocupados. Un steward me dijo que había dos filas más atrás quitadas a la zona de público para acomodar al sobrante de periodistas. Me puse en la Fila 1. Yo solo, pensando donde habrían acabado mi mujer y mi peque en un estadio tan grande...

 

A los tres minutos sufrí algo que parecía una alucinación pero que resultaba ser una bendita realidad. Mi mujer y el crío subían por las escaleras que daban acceso a mi tramo de grada. Grité alborozado al verlos y resulta que ellos tenían las entradas nueve filas más atrás. No pude unirme a ellos en la primera parte porque su zona estaba abarrotada de aficionados, pero en el descanso, con 0-1 en contra, vi dos sitios libres a mi lado en la franja de la Prensa. “Luci, Marcos, bajar aquí ahora mismo. Estos sitios son para vosotros”. El segundo tiempo lo vi junto a mi niño y jamás olvidaré cómo me abrazaba, cómo gritaba y cómo sufría con cada ocasión que fallaba Bale, Isco o Cristiano. El 0-1 persistía y el reloj corría como una liebre sin freno. En ese momento, Marcos me miró fijamente y me dijo algo que me sonó terrible: “Papi, desde que nací me hablas de la Décima y nunca llega…”. Me vi no sólo fracasado como madridista, sino como padre. Me quería morir. Le dije que seguro que en el descuento entraría el balón como fuera. Llegó el córner de la gloria y nos abrazamos cruzando los dedos: “Marcos, marcamos aunque sea con la mano”. Sacó Modric y al ver elevarse a Ramos como un águila imperial sobre el cielo de Lisboa y rematar de cabeza con esa fiereza, mi niño y yo saltamos de alegría. Goooooool. Se me encaramó al cuello y a gritos me dijo: “Papi, papi, ¡la Décima!”. Rompí a llorar con una sensación de felicidad interna difícil de explicar. Mi mujer, al vernos, tampoco pudo evitarlo. Nos abrazamos los tres y dijimos, “esto está hecho. En la prórroga les ganamos fijo”. Y así fue. Los goles de Bale, Marcelo y Cristiano redondearon el éxtasis.

 

Tras acabar con mis responsabilidades del curro (con el AS y mi entrada en El Chiringuito), a las 02:30 de la madrugada cogimos el autobús de vuelta. Cansados, sudados (no teníamos hotel y no pudimos cambiarnos en todo el día) pero con una paz interior difícil de explicar. Mi peque se quedó frito entre dos asientos (yo le llevé una almohadita imaginando la que se avecinaba) y mi mujer también. Yo no. Me bebía diez botellines de cerveza bien fría, uno por cada Copa de Europa ganada por el Madrid. A las siete de la mañana, 26 horas después de haberme levantado, caí roto. A las 12:30 llegamos a Madrid. Palizón de órdago, pero una experiencia única que quedará para siempre en nuestras memorias. Mi mujer, mi hijo y yo ya sabemos por qué el fútbol es mágico. Sólo por el fútbol se puede hacer semejante locura. Y encima, campeones. La vida es blanca y bella…

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lunes, 02 mayo 2016

Por Tomás Roncero

No son capaces de ganar contra once...

El Barça volvió a ganar un partido en esta Liga... ¡jugando contra diez! Empieza a resultar irritante para los aficionados al fútbol de este bendito país tener que aceptar que los azulgrana  reciben el comodín de los árbitros cada vez que se ven en apuros. Es curioso que Westermann recibiese dos amarillas casi seguidas, mientras que Piqué fue perdonado de una expulsión que se jugó por una entrada que parecía la última acción de Ralph Macchio en la película Karate Kid. Mis amigos culés, que los tengo, se defienden diciéndome que Piqué tocó primero la pelota. De acuerdo. Pero les dejo sin respuesta cuando les respondo recordando que el rayista Diego Llorente fue expulsado ante el Barça en Vallecas por una acción similar con Rakitic ¡y pese a que primero había tocado la pelota! Se trata de analizar cómo está la vara arbitral con el equipo de Luis Enrique y cómo está con el resto. Lo de los 19 penaltis ya ha sido comentado en todas las televisiones internacionales porque es récord en el fútbol europeo. Pero también empieza a batir registros lo de los 11 expulsados de los equipos rivales de los culés. Eso explica que el soniquete de moda en las tertulias de los bares y restaurantes de España sea "¡El Barça no es capaz de ganar contra once!".

 

Pensarán que esto es una rabieta de madridista al ver que la Liga no termina de caer de nuestro lado pese a las diez victorias consecutivas con el gran Zidane. Pero les recuerdo que en esta queja colectiva ya se han incorporado sin disimulo los atléticos. También ellos empiezan a ver que pueden perder la Liga por el descarado favoritismo arbitral a favor de los azulgrana. Hay cuestiones que van más allá de la pasión futbolística. Negar que el Barça tiene un mejor trato arbitral desde que está Sánchez Arminio al frente de ese colectivo es como negar que el Madrid es un equipo que viste de blanco. Nunca discutiré las cualidades del Barça y de su famoso tridente. Pero es llamativo que contra once hayan acumulado serios fracasos. Incluso contra diez. ¿Recuerdan cómo el Madrid ganó heroicamente en el Camp Nou tras la expulsión de Ramos? Se lo digo con el corazón. Si yo fuese culé no me iría a Canaletas a celebrar esta Liga. Un equipo grande tiene que asumir con entereza esta situación que deja en muy mal lugar la limpieza de la competición. Qué bonito es ganar una Liga por tus propios méritos y sin recibir ayudas de nadie...

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jueves, 14 abril 2016

Por Tomás Roncero

¿Del Triplete al Nadaplete?

En un mes, el presunto mejor equipo de todos los tiempos y el presunto mejor tridente ofensivo del fútbol mundial se han volatilizado. Tanto, que algunos ya aventuramos en el declive del Barça de Luis Enrique unas similitudes morbosísimas con aquel Madrid de Queiroz que al final se quedó en blanco y sin títulos en el año 2004. El Barça ha estado sobrevalorado mucho tiempo y, cuando los errores arbitrales han desaparecido y Messi ha bajado la guardia (¿tendrán algo que ver las noticias llegadas desde Panamá?), se han convertido en un equipo vulnerable. Previsible y muy monótono. Del triplete al Nadaplete hay sólo un paso. Claro que son favoritos aún para ganar la Liga, pero el desplome de Anoeta y del Calderón nos permite barruntar movida interna en un vestuario acostumbrado a vivir de las gracias de Piqué (¿dónde están ahora sus Periscopes?) y de los caprichos de Messi, al que se le ve mal físicamente y sin la energía necesaria para levantar a un equipo sin rumbo y saturado de tanto empacho umbilical de halagos y parabienes. La autocrítica no existe en el vocabulario del otro lado del Puente Aéreo…

Sin embargo, el Madrid de Zidane ha enamorado a la afición y se ha ganado el respeto de la calle por su humildad al entender el camino. Cristiano, al contrario que Messi, se ha puesto el mono de trabajo y ante el Wolfsburgo fue el líder que soñaba el Bernabéu. Dominó la escena y fue clave en el éxito de la remontada mucho más allá de sus goles. Con Cristiano on fire y Zidane con la ilusión de un niño con zapatos nuevos, creo que podemos vaticinar un final de temporada muy feliz para una afición que había estado atormentada durante los meses tenebrosos del despido de Ancelotti, la llegada de Benítez y el sainete de Cheryshev. El madridismo sonríe, el mundo culé duda y agacha la cabeza. Nos toca reír a nosotros. Ojalá se prolongue el sueño hasta el 28 de mayo. Milán, final de trayecto.

 

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domingo, 27 marzo 2016

Por Tomás Roncero

El Villarato nunca se fue...

Esta historia ya se la conocen todos ustedes de memoria. En el año 2004, el Madrid (a través de Florentino Pérez que por entonces ya presidía el club) apoyó la candidatura de Gerardo González para presidente de la Federación Española de Fútbol. Joan Laporta, aconsejado por Joan Gaspart, cambió ese mismo voto a 48 horas de la cita con las urnas y se alió con Angel María Villar. El eterno presidente federativo se salió con la suya y el Madrid quedó desamparado y con los azulgrana en posición de máximo privilegio ante Villar. Al Barça le fue muy bien. No olvidemos que entre el año 2000 y 2004 los culés no habían ganado una sola Liga (se las repartieron el Madrid, el Valencia y el Deportivo). Pero desde 2005, el Barça empezó de nuevo a ganar ligas (con la excepción del doblete del Madrid de Calderón: 2007 y 2008) y los errores arbitrales se fueron sucediendo reiteradamente a favor de los intereses del equipo del Camp Nou.

No olviden que la Liga de 2007 fue para el equipo de La Castellana gracias a que el Tamudazo dejó sin efecto un gol escandaloso metido por Messi al Espanyol (¡con la mano como si fuese un remate de voleibol!). Al árbitro Rodríguez Santiago le dieron de 'premio' la final de Copa de ese año (Sevilla-Getafe). Eso era el Villarato. No hace falta levantar el teléfono ni dar consignas. Los árbitros saben lo que gusta en la cúpula y lo que no. Sánchez Arminio preservó su puesto de trabajo gracias a la derrota de Gerardo González en las urnas y es evidente que la gente no olvida cuando ha visto peligrar su modus vivendi. Pasados los años, el propio Alfons Godall, vicepresidente del Barça en la etapa de Laporta, confesó en 2011, ya con Rosell de presidente, que a ellos les fue bien con Villar: "Yo empecé con Laporta con unas Elecciones a la Federación. Laporta lo tenía clarísimo. ¿A quién apoya Florentino? A Gerardo González. Pues entonces a nosotros nos interesa apoyar a Villar. Pasamos una buena época de buenas relaciones con la Federación, de buenas relaciones con las entidades donde se 'cuece'... Digamos los Comités de Árbitros, Competición, Liga de Fútbol... Laporta cultivó mucho y muy a fondo las nuevas relaciones con estas instituciones, así como UEFA, FIFA... Creo que eso nos ayudó". A eso se llama dar legitimidad absoluta al Villarato, basado como ven ustedes en hechos reales.

Este preámbulo era necesario para entender qué está pasando en esta Liga y en las precedentes, en las que los errores son casi unidireccionales y donde más se refleja es en el capítulo de los penaltis. El informe que ven en As.com es demoledor. El Barça ya ha alcanzado el registro histórico de la Liga en penaltis a favor, con 16, pero en ¡14 partidos menos que el Betis en 1987! Si Hernández Hernández, el árbitro del Clásico del 2 de abril, pita un penalti contra el Madrid, el Barça podrá presumir de otro récord histórico: 17 penaltis en una Liga. El Madrid, ese equipo presuntamente protegido por el Régimen desde tiempos inmemoriales, está a poco más de la mitad (9). Además, a los blancos les han pitado 4 en contra y a los de Luis Enrique sólo uno. Y en expulsiones, más sangrante: sólo un jugador del Barça expulsado y 4 del Madrid. Y 8 expulsados entre los rivales de los culés y sólo la mitad en los del Madrid. Cómo para pensar que el árbitro de Villarreal iba a tener valor para expulsar a Piqué sabiendo que de esa forma se hubiese perdido el Clásico... Aunque Gerard hubiese tenido un consuelo si en El Madrigal hubiese visto la Roja: se hubiese hinchado con su famoso Periscope. También le recuerdo que en la primera Liga de Ancelotti fue Undiano Mallenco el que pitó los dos Clásicos ligueros (algo casi sin precedentes) y en el Camp Nou dejó de pitar un penalti clamoroso de Mascherano a Cristiano y en el Bernabéu dio el vuelco al resultado (ganaba el Madrid 3-2) con un penalti y roja a Ramos por un roce leve con Neymar a lo que se añadió otro penalti señalado a Xabi Alonso. Undiano no volvió a pitar un Clásico...

Pues nada señores, que Villar vuelva a preparar su salto al césped del Camp Nou para entregar en mayo la Copa de la Liga a Iniesta. Las ligas del Madrid las entrega Villar protegido en el Palco del Bernabéu. Nunca se atreve a bajar al césped cuando ganan las fichas blancas. ¿Mala conciencia, presidente?

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jueves, 20 agosto 2015

Por Tomás Roncero

El cinismo del caso Piqué

Asisto perplejo a las nuevas argumentaciones evasivas que el Barça ha utilizado para defenderse de la última 'travesura' protagonizada por Piqué. Resulta que Velasco Carballo le estaba esperando, que Piqué no dijo lo que dijo, que además lo dijo en catalán y, como todo el mundo sabe, si insultas en catalán "suena más suave y tiene otro sentido". Piqué deja por mentiroso a Velasco Carballo, como si un linier y un árbitro tuviesen necesidad alguna de inventarse lo que todos sabemos que dijo. Piqué es multireincidente y cuando tu historial te delata es mejor taparse y tener la humildad de reconocer tu error. Seguro que Luis Enrique no es partícipe de toda la logística encubridora que ha movido el club al otro lado del puente aéreo para justificar la última salida de pata de banco de su internacional.


Lo que debe hacer el Barça es respetar sus famosos Valors y actuar con autocrítica y grandeza. Les recuerdo que el Real Madrid nunca ha negado la mayor cuando los suyos se han equivocado. ¿Recuerdan a Ramos el año pasado? Cuatro partidos por llamar "sinvergüenza" al árbitro. Pues en Madrid nadie reinventó sus palabras (en andaluz y en indonesio la palabra "sinverguenza" se entiende igual) y acató la sanción de cuatro partidos. Lo que ocurre es que en este Barça hay un empeño terco en distorsionar la realidad para intentar negar siempre la mayor. ¿Recuerdan lo de "mono" de Busquets a Marcelo en la Champions? Las imágenes de televisión eran evidentes, pero el Barça dijo que había dicho "morro". Nunca mejor dicho. El año pasado el mismo Busquets pisó la cabeza a Pepe y las fotografáis del AS eran todo un documento. Pues ellos de nuevo se pusieron la venda azulgrana en los ojos y sostenían que sólo había rozado "levemente" su cabeza con la bota y que había sido sin querer.


La osadía es un recurso en la vida para huir hacia adelante. Pero el cinismo que intenta tomar por bobos al resto de los mortales se convierte en un atropello al respeto y al sentido común. La justicia no entiende de colores. Si usted se acuerda de la madre del linier, le pide disculpas al trío arbitral y a tu propia afición al terminar el partido y te vas para casa. Pero lo fácil es buscar los enemigos en La Castellana, que díganme ustedes qué pintan cuando la Supercopa era con el Athletic de Bilbao, equipo que ganó con grandeza el título pero al que están ninguneando su gesta al insinuar que la decisión de Velasco Carballo condicionó el desenlace del trofeo. Recomiendo al Barça y a Luis Enrique que un día se replanteen la estrategia y se sienten a hablar seriamente con su particular 'Guillermo el Travieso'. Piqué es un grandioso futbolista y hasta dicen que es majo y simpático fuera del campo. Pero cuando tus comportamientos públicos se llenan de directivos escupidos, guardias urbanos humillados, bombas fétidas expandidas y cánticos provocadores hacia el enemigo cuando éste cae derrotado es que algo se te ha ido de las manos. Piqué debe madurar ya. Lo peor es que el famoso entorno sigue poniéndole cortinas de humo para negar lo que todo el mundo ve. Allá ellos...

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miércoles, 10 junio 2015

Por Tomás Roncero

Piqué, el rompetarimas del Barça

Si todavía estuviera en edad escolar, seguro que a Piqué le dirían los compañeros de clase antes de la entrada del profesor de Matemáticas: "Gerard, tírale tú la goma de borrar. Tú eres el más simpático y el más grande. Te queremos". Él se siente el gracioso de la clase y se nota. Si le meten 5-0 al Madrid en el Camp Nou, se pone a saludar a la grada con su manita bien alta para que sus compañeros del Madrid (y de la Selección) lo vean y se sientan más humillados tras la goleada. Si rompe su silencio hace tres años cuando el Madrid de Mourinho y Cristiano les iba a quitar con justicia y grandeza la Liga de los récords, sale diciendo en las portadas de los diarios deportivos de Barcelona que ya se sabe que históricamente los árbitros se equivocan a favor del Madrid. Si ganamos el Mundial, escupe a un directivo de la Federación en el autobús de los campeones (¡vaya ejemplo para los niños!). Además, le hemos visto hacer bailar al Camp Nou al grito de “boti, boti, boti, madridista el que no boti…”. Y si ganan el triplete (se les felicita, la vida sigue...), para no romper con su papel de tío majo y guay del Paraguay, se acuerda de Kevin Roldán y dice algo así como "gracias majete, porque contigo empezó todo".


Que todo eso lo hiciera un fisioterapeuta con ganas de ascender en la escala social del vestuario o un delegado de campo que fuera del perfil de Cristóbal Soria cuando estaba en el Sevilla, hasta se entendería como parte del personaje. Pero el problema es que lo dice Piqué, uno de los pesos pesados del Barça... y de la Selección. No puede ser que hace años saltasen todas las alarmas cuando Mou tensó la cuerda demasiado para lograr enfrentar a los internacionales del Madrid y del Barça (hasta el punto de poner en peligro a aquella selección hegemónica e irrepetible) y que ahora nos parezca una cuestión baladí que Piqué se mofe de los que ahora serán estos días sus compañeros de entrenamiento y de campo defendiendo el futuro del fútbol español en la Eurocopa. Ello incluirá, tanto en León como en Bielorrusia, escuchar ese himno nacional que hace dos semanas fue abucheado fieramente en Barcelona sin que haya escuchado aún a Piqué decir que eso está feo y que supone una falta de respeto para el sentimiento compartido de millones de personas.


Piqué tiene que madurar ya y olvidarse de ese papel de niño travieso que siempre da la nota en la fiesta para que todo el mundo te dé palmaditas al final diciendo qué estupendo eres. Piqué debe un respeto a sus compañeros de profesión, que el año pasado le dieron una lección guardando las formas y la compostura en la celebración de la Décima. Los jugadores del Madrid cantaron su precioso himno de la Décima y nadie se burló del Barça, hundido en su triste año en blanco. Nadie se acordó de la multa astronómica de Hacienda a Messi, de los problemas de Rosell y Bartomeu con la ley a costa del fichaje interminable de Neymar o de la salida por la puerta de atrás de Víctor Valdés, muy alejada de la que ha tenido Xavi este año. En la vida, se mide la grandeza de los individuos por saber estar en los días de vino y rosas. Si sabes ganar, seguro que sabes perder. Pero Piqué tiene suerte. Los madridistas son unos señores. Y callan. Algunos, hasta ponen la otra mejilla. Así nos va.

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jueves, 24 abril 2014

Por Tomás Roncero

La posesión y la verdad del fútbol

Ancelotti

En sólo una semana, el Madrid se ha llevado por delante al Barça y al Bayern. O sea, al tiqui-taca. No digo que no sea una fórmula de juego estética y atractiva (España ha sabido sublimarla hasta convertirla en la fórmula ganadora), pero hay mucho de sugestión colectiva y bastante de propaganda ideológica que convierte este sistema de juego en un cuadro perfecto para un museo de arte pero ineficaz para ganar un partido de fútbol de verdad, en los que el jugador sale a vida a muerte en busca de la victoria. La posesión es infernal y absurda si no tiene como único objetivo encontrar un cauce hacia el gol. Tocar, tocar y volver a tocar para morir en la orilla (el área del rival) sin ni siquiera tirar a gol, es un frustrante ejercicio de esterilidad futbolística. El Madrid toca cuando procede y cuando conviene. Pone pausa con Xabi y Modric si es preciso, hasta Isco duerme la pelota si lo exige el guión, pero cuando hay que derribar al enemigo busca una transición rápida, abre el juego por las bandas, rompe al rival en velocidad y encuentra a menudo el orgasmo del fútbol, el gol, con un remate fulminante que pone al estadio en pie. Esa es la gran verdad de fútbol. Lo de la posesión queda para las estadísticas y para los que buscan coartadas para justificar su inminente fracaso…

 

 

Guardiola decía tras el 1-0 del Bernabéu, para justificar la pifia de su equipo, que el Madrid tiene la mejor contra del mundo y grandes atletas. ¿Acaso son atletas Modric, Illarra, Coentrao o Isco? Lo que hizo Ancelotti fue darle un baño táctico y eso duele, querido Pep. Carlo supo jugar con todos los registros que ofrece el melón del fútbol. Abrirlo por un lado u otro depende de tu capacidad para analizar al rival y las condiciones del partido. Apostar por un estilo como único método de funcionamiento es un ejercicio de talibanismo inmovilista. Posesión o nada, parece el absurdo eslogan de Pep. Si en Múnich juega a eso el próximo martes, no irá a Lisboa. Si arriesga, sale al taque y el Bayen tiene alma y corazón, mi Madrid lo pasará mal. Ojalá Guardiola insista en su férrea defensa de su estilo, ese que le llevó a perder en 2012 ante el Madrid la Liga de los Récords (¿recuerdan a Cristiano silenciando el Camp Nou? Respeto todos los gustos, pero me fastidia que den a entender que lo del Madrid es sólo producto de musculatura y de gimnasio, y no de talento y de empeño profesional (que es lo que es). Hasta Beckenbauer y Kahn, ADN Bayern 100%, han cuestionado el sistema de Guardiola. El mundo entero empieza a abrir los ojos. Ir en dirección contraria por la autopista y empeñarte en decir que los demás son los equivocados es un error estratégico. Y de concepto. El fútbol es más sencillo que todo eso. Por eso me gusta el Madrid. Es la autenticidad con botas que justifica tantas horas de desvelo por una causa. Pep, reflexiona.

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