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El mundo de roncero

El blog de Tomás Roncero

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jueves, 08 junio 2017

Por Tomás Roncero

Cristiano y el Balón de Oro, unidos para siempre

Cristiano ganará su quinto Balón de Oro el próximo mes de diciembre. No es una profecía alocada. Es algo tan incuestionable que hasta el fan más fiel de Messi lo tiene asumido. El propio jugador argentino, en un acto que el honra, ha reconocido públicamente que es admirable la capacidad que tiene Cristiano para superarse cada año que pasa. El portugués ha firmado un final de temporada deslumbrante, con diez goles decisivos desde los cuartos de final de la Champions (cinco al Bayern de Neuer, tres al Atleti de Oblak y dos a la Juventus de Buffon) que han aupado a su equipo hasta la Duodécima. Ha sabido dosificarse con inteligencia, gracias al poder de persuasión de Zidane, y ahí ha obtenido los frutos en forma de títulos y prestigio. Champions y Liga, aparte del Mundial de Clubes de Japón (en el que fue Pichichi y MVP) y la Supercopa de Europa. Cristiano no sólo va a ganar un Balón de Oro más, sino que será el cuarto en los últimos cinco años, con lo que igualará a Messi (5 cada uno) y firmará una supremacía en el último lustro que nadie podrá ya negarle ni discutirle.

No es una cuestión de gustos futbolísticos. Muchos prefieren el estilo ‘gambeteador’ y de malabarista de Messi. Eso lo respeto. Lo que no soporto es que se diga desde el púlpito que es una aberración compararles porque Messi está en un nivel superior. Si así fuese, Messi habría aparecido ante el PSG y la Juve, o en las eliminatorias de Champions ante el Atleti en 2014 y 2016. No lo hizo. Basta repasar los números de ambos en Champions. Desde octavos hasta la final, Cristiano promedia casi un gol por partido. Messi, por su parte, no llega ni al 0,50… Cristiano es el ejemplo perfecto del hombre que se ha construido su biografía, sin ayuda de nadie. Competidos infatigable, ha aprendido a callar y a hablar en el campo. Desde hace dos años profetizan su “declive”. Absurdo., Este ha sido su mejor curso como profesional, aparte de haber superado los 400 goles oficiales con el Real Madrid. Que venga otro y lo mejore. Tranquilos, nadie lo hará…

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miércoles, 31 mayo 2017

Por Tomás Roncero

Un blanco abrazo al madridismo de Cataluña

Decenas y decenas de llamadas en las últimas 24 horas. Todas, procedentes de mis amigos madridistas de Cataluña. La mayoría, peñistas integrantes de las 103 peñas que tiene el mejor club del siglo XX (y del XXI, todo se andará…) en lo que ellos mismos llaman ‘Territorio Comanche’. Ser merengue en Cataluña no es tarea sencilla. Pero lo tienen asumido y han aprendido a convivir con ello. Pero lo que no tiene un pase es la tendenciosa promoción que ha hecho TV3 de la final de Cardiff. Imágenes triunfales de la Juventus, eslogan tan ‘bianconeros’ como unidireccionales: “Sólo hay 11 hombres capaces de evitar lo inevitable” o “11 hombres preparados para cambiar el destino y hacer vivir una noche negra al conjunto blanco”. Si todos estos mensajes fuesen emitidos por una cadena privada, allá ellos con su conciencia. Pero como me dice un amigo mío de las Peña de Viladecans: “Roncero, es una televisión pública y la pagamos todos los catalanes. ¿Ninguno de sus responsables se han parado a pensar el dolor que produce en nuestro orgullo ver que a nuestro Madrid lo tratan en nuestra tierra como si fuese un equipo extranjero?”.

No hay que olvidar que llueve sobre mojado. Ya hace tres o cuatro años en esta misma cadena pública catalana se emitió un vídeo comparando a los jugadores del Madrid con hienas. Muy fuerte.  Que TV3 se posiciona a favor del Barça no es nuevo y hasta es asumible entendiendo que hay una mayoría de culés en Cataluña. Pero lo que ofende al madridista de allí es la falta de respeto en una final de Champions en la que el Madrid es el único español representado y en el que el rival es, precisamente, el verdugo del Barça en los cuartos de final. Ni así ha conseguido el equipo de Zidane ganarse la indulgencia de mis compañeros audiovisuales de Cataluña. No olviden que hay más de un millón de madridistas en Cataluña, con lo que TV3 debería pensar la cantidad de clientela que puede perder por tener esa obsesión por sacudir al Madrid en cualquier circunstancia, en cualquier situación… Por eso mando un abrazo sentido y sincero a todos los madridistas de Cataluña, que sois legión. No estáis solos amigos. Nosotros, a ganar Champions, Ligas, Mundiales de Clubes y Supercopas de Europa. Otros, a ponerse un día la camiseta de la Juventus, otro la del Atleti, otro la del Celta, otro la del Málaga… ¡Vaya gazpacho!

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lunes, 13 febrero 2017

Por Tomás Roncero

¡Un solo penalti al Barça en 365 días!

Como quien no quiere la cosa, este martes se cumplirá un año exacto desde que al Barça le pitaron su último penalti en Liga. Esa tarde le sancionaron con un claro penalti en el Camp Nou cometido sobre el Celta que transformó el carismático Guidetti. Pero lo que es la vida, quién iba a decir que desde ese momento los árbitros de Villar y Sánchez Arminio no se iban a cortar un pelo hasta el punto de pasarse un año entero, con sus 365 días sin excepciones, sin señalarles un sólo penalti más. Y mira que los han hecho. Sin ir más lejos, podemos recordar los de Mascherano a Lucas Vázquez y a Cristiano en el último Clásico, los que hizo también el argentino en el Madrigal, en Mestalla y en Cornellà, o los de Umtiti en el Pizjuán y en Mestalla. Los de Mascherano merecen otro dato estadístico terrible para él. El último penalti sancionado al ‘Jefecito’ data del 20 de octubre de 2012, en un Depor-Barça, ¡camino de los cinco años!

Si siguiera tirando de la hemeroteca saldrían media docena de máximos castigos que se fueron al limbo. Esa es la suerte de tener alfrombra roja arbitral. Sabes que en acciones defensivas complicadas puedes empujar, cortar con la mano o hacer infracciones al límite sabiendo que el trencilla de turno va a silbar mirando para otro lado...

Así que es bueno recordar que este martes, el Día de los Enamorados, también se celebra el idilio entre el Barça y esos árbitros que le cuidan con tanto mimo. Hay otro dato más revelador todavía: en las últimas 66 jornadas de Liga, a los azulgrana sólo les han pitado el mencionado penalti de Guidetti. ¡Un penalti en 66 jornadas! Como se suele decir, un dato vale más que mil palabras. Como diría Piqué, "ya sabemos cómo funciona esto...".

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domingo, 04 diciembre 2016

Por Tomás Roncero

La Liga de Clos

Se cumplieron los peores presagios. Cuando hace tres semanas se conoció la designación de Clos Gómez para el Clásico del Camp Nou, decenas de madridistas me abrumaron el móvil con el mismo mensaje: "Roncero, parece que no quieren que rompamos la Liga antes de Navidad. El Barça jamás ha perdido un partido de Liga con Clos y a nosotros siempre nos ha frito a tarjetas rojas...". Recuerdo un partido en Pamplona en el que fue capaz de expulsar a Kaká (¡milagro!) y en otra ocasión al buenazo de Modric. Cuando en la primera parte, el árbitro aragonés miró para otro lado ante los dos penaltis claros hechos por Mascherano a Lucas Vázquez y Cristiano, me quedó claro que en las altas instancias no les interesaba que el Madrid abriese brecha en el campeonato dejando a los de Luis Enrique a nueve puntos...

 

Ya no me voy a detener en los 16 centímetros en los que estaba en fuera de juego Luis Suárez en el gol del uruguayo. Cierto que era difícil de ver para el linier, pero qué casualidad que en este tipo de jugadas dudosas la moneda siempre cae del lado del color azulgrana. Vamos, que con el Reglamento en la mano el resultado del pasado sábado debería haber sido 0-3 y no 1-1. Y no insistiré en recordar que el año pasado el Barça batió el Guinness del fútbol mundial al verse beneficiado por... ¡19 penaltis!. Me basta con recordar lo sucedido esta misma temporada. En Mestalla, el árbitro dio validez a un gol de Messi con Luis Suárez en claro fuera de juego, perdonó una roja clara a Busquets en la primera parte y pasó por alto dos penaltis incuestionables de Umtiti y Mascherano. En el Pizjuán, de nuevo el flotador arbitral salvó a los de Luis Enrique al no señalar en el último minuto un claro penalti de Umtiti en el área de Ter Stegen. Y todavía está fresca en la memoria de todos los seguidores de la Real Sociedad lo sucedido en Anoeta hace una semana con un gol clarísimo y legal de Juanmi que fue anulado por el linier evitando una nueva derrota barcelonista. Sumando todo eso y siendo benévolo con cualquier factor corrector que ustedes quieran aplicar, el Barça estaría ahora como mínimo a 10 puntos del Madrid. Esto no es llorar. Esto es decir lo que ha pasado olvidándose de colores. E insisto por enésima vez. Llueve sobre mojado. Si al final perdiese el Madrid la Liga por un punto, ¿a qué ventanilla podría reclamar cualquier aficionado del Bernabéu para exigir justicia?

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miércoles, 05 octubre 2016

Por Tomás Roncero

Cero penaltis a favor...

Prometo que este verano intenté convencerme a mí mismo de que el asunto arbitral había que aparcarlo de una vez y pensar, ingenuamente supongo, que los 19 penaltis a favor del Barça en la pasada Liga fueron sólo producto de un cúmulo de casualidades hasta hacer parecer verosímil lo que realmente no tiene precedentes en la historia del fútbol europeo. Tras siete jornadas disputadas del presente Campeonato me dio por mirar el pasado lunes la página 2 del AS, en la que se reflejan las clasificaciones en todos los apartados, incluido el disciplinario. Me llamó la atención que después de 630 minutos disputados, el Madrid de Zidane no haya tenido el beneficio de un solo penalti. Cero señalados a su favor. Recuerdo uno claro a Benzema en la noche del Villarreal, que sin ir más lejos nos hubiera dado el récord histórico de victorias consecutivas y nos permitiría aventajar ahora al Atleti en dos puntos y al Barça en cuatro. En cualquier caso, si vamos a este ritmo tan peculiar, el Madrid terminará como mucho esta Liga con cinco o seis penaltis a favor. También me fijé si nos pitaron alguno en contra y resulta que sí: 2 (uno lo paró Kiko Casilla a Osasuna en el Bernabéu). Llama la atención que un club como el Madrid con un gran arsenal ofensivo tenga balance deficitario en la suerte de los máximos castigos (0-2)… Por cierto, aparte de los blancos sólo hay cuatro equipos más en toda LaLiga sin penaltis a favor: Espanyol, Betis, Málaga y Alavés.

 

Por curiosidad, miré cómo llevaban el balance el Atlético de Madrid y el Barça. El actual líder (compartida la cabeza con el vigente campeón de Europa) ya ha gozado de cuatro penaltis a favor, aunque haya desperdiciado la mitad gracias a la pericia de Diego Alves en esta materia. En contra, a los del Cholo no le han pitado ni uno. Balance a su favor de 4-0. Me subo al puente aéreo y viajo a la Ciudad Condal, y veo que al Barça también le han pitado ya dos penaltis a favor… ¡y ninguno en contra! 2-0 para los culés. O sea, que de los tres grandes el Madrid es el único perjudicado en esta materia tan determinante para el desenlace de muchos partidos. Seguramente en sólo una simple casualidad, pero yo anoto el dato antes de que lleguen las grandes citas del derbi madrileño (19 de noviembre den el Calderón) y el Clásico del Camp Nou (3 de diciembre). Seguro que el Cholo no va a decir ahora aquello tan tribunero y demagogo que tanto daño hizo a mi equipo la temporada pasada: “Ya se sabe que esta Liga parece peligrosamente preparada para que la gane el Madrid…”. Y te quedaste tan ancho Simeone. Para profeta no tienes precio míster.

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viernes, 26 agosto 2016

Por Tomás Roncero

Por fin una Selección ‘madridista’

Lopetegui ha dado un puñetazo en la mesa en su primera lista como seleccionador nacional. Aparte de haber demostrado que no se casa con nadie al dejar fuera por primera vez en 16 años a una leyenda como Iker Casillas (tuvo la hombría de comunicárselo personalmente en Oporto el pasado miércoles), lo que más me ha gustado es que ha girado la cara hacia el Real Madrid, que llevaba varios años con un triste papel de actor secundario en las listas de España. De momento, ya hay cinco madridista seguros (Carvajal, Ramos, Lucas Vázquez, Asensio y Morata) y sabemos que Isco, que era uno de sus baluartes en la selección sub 21 que de la mano de Lopetegui ganó el Europeo en Israel en 2013, también será uno de los inquilinos fijos de la Roja cuando se recupere de su lesión de tobillo. Esto significa que en apenas un año el Madrid ha pasado de tener a veces a un sólo jugador con la Selección (cuando se lesionó carvajal, iba sólo Ramos) a tener a partir de ahora un precioso panorama con media docena de madridistas en el cartel. Y esa lista todavía se podría ampliar hasta siete u ocho dado que Nacho ya fue el central de confianza de Lopetegui en la sub 21 y Kiko Casilla ha dejado claro que puede ocupar perfectamente el papel que ahora desempeñará Adrian como tercer portero. 

 

Lopetegui tuvo pasado culé y pasado madridista, pero con esta lista ha evidenciado que para él es clave la meritocracia. Los jóvenes del Madrid vienen pegando fuerte y están sobrados de talento, por lo que esta lista es un acto de justicia. Julen es un soplo de aire fresco y además sabrá mantener lo mucho bueno que también demostró Del Bosque, especialmente en los años gloriosos con la consecución del Mundial de Sudáfrica y de la Eurocopa de Ucrania y Polonia. Lopetegui no viene como ave de paso, sino que llega con la intención de hacer parada y fonda en el equipo nacional. Me han gustado sus primeros pasos. Sólo falta que la suerte y los resultados le acompañen a partir de ahora...

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martes, 12 julio 2016

Por Tomás Roncero

Cristiano y Messi: la cara y la cruz

Desde el pasado domingo, decenas de amigos y conocidos me han asaltado con la misma reflexión: “Tomás, vaya manera tan distinta de irse de vacaciones que han tenido Cristiano y Messi. ¡Quién lo iba a decir hace seis meses!”. Es evidente que los aficionados al fútbol han visto como el portugués ha sabido reaccionar con fiereza, orgullo, ambición y mucho fútbol a una temporada que para él y su equipo pintaba tenebrosa, y que ha terminado con fuegos artificiales y dos títulos de oro macizo: la Undécima y la primera Eurocopa para Portugal. Cristiano se marchó de vacaciones con su familia como un héroe con 11 millones de portugueses rendidos a sus doloridos pies y con el reconocimiento del mundo entero del fútbol por ese sufrimiento que padeció en la final de Paris, en la que Payet le retiró de mala manera del escenario, pero fracasando en el intento de dejarle en segundo plano. La foto que la gente se ha llevado a la playa y a la montaña ha sido la de un Cristiano exultante, levantando en el palco de Saint-Denis la Eurocopa…

 

Messi, al contrario, ha visto como el doblete se ha difuminado en dos plumazos y encima su fútbol y su talento le han abandonado en los momentos decisivos. Ya el fracaso de la Champions en el cruce de cuartos le dejó tocado. No olviden que en el decisivo partido del Calderón fue el futbolista que menos metros recorrió, superando tan solo a Ter Stegen…El Messi que en los grandes días empieza a dar síntomas de debilidad (sobre todo anímica) prolongó esas malas sensaciones en la Copa América con la albiceleste. Con Argentina, sufre un bloqueo emocional que contrasta llamativamente con la historia de pasión que su rival Cristiano disfruta con Portugal. Ese penalti lanzado a las nubes en la decisiva tanda de la final con Chile quedará marcado en las páginas más tristes para Leo. Pero lo peor no fue su fallo, que todos pueden cometer como ya le ha sucedido esta misma temporada al propio Cristiano. Lo terrible para él es haber reaccionado tan negativamente que anunció su adiós. Se retira de la albiceleste rendido con sólo 29 años. Mientras, Cristiano alcanza la gloria con su país con 31…Y encima, le llegó a Messi el varapalo de Hacienda. Ya sabemos que esos 21 meses de condena no le llevarán a la cárcel (ni lo deseo, eso no se desea a ningún ser humano), pero su imagen pública ha sufrido un daño irreparable más allá del balón. Y el Barça ha aumentado esa torpeza con una campaña que incluso ha soliviantado a muchos culés que sí están al día con Hacienda y que saben separar la idolatría futbolística del deber responsable de todos los ciudadanos. Ahora ya pocos discuten, ni siquiera Griezmann, que el Balón de Oro se lo merece Cristiano este año. Undécima, Eurocopa y encima está al día con Hacienda. Negarle sus logros en favor de Messi le hace un flaco favor al propio Leo…

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martes, 14 junio 2016

Por Tomás Roncero

La Real Eurocopa... a falta de Cristiano

Después de cinco días de competición y tras haberse disputado un total de 12 partidos, puede afirmarse con rotundidad que el equipo que ha brillado más a nivel de los clubes representados en su selecciones es el Real Madrid. No me dejo llevar por mis inequívocos sentimientos blancos ni he hecho un resumen partidista y superficial. Me baso en hechos irrefutables. Empecemos por Bale, que fue el héroe de Gales en el sufrido y meritorio triunfo de su selección ante Eslovaquia. En el primer partido de Gales en una Eurocopa, Bale tenía que ser el que firmase el histórico primer gol con una falta made in Gareth, que marcó el camino del triunfo final. Al día siguiente fue Luka Modric el que regaló a los aficionados al fútbol una exhibición con Croacia, en el partido ante Turquía, sólo comparable al que ofreció Iniesta antes los checos. Modric, a pesar de sus 30 años cumplidos, tiene una progresión imparable y ya algunos le postulan entre las cinco grandes estrellas del torneo que se está disputando en Francia.
 
Horas después le tocó el turno a Kroos, el auténtico motor de la medular de la poderosa Alemania de Löw. En el Madrid ha dado esta temporada un rendimiento aceptable, pero con los germanos juega como si fuese el líder de la sala de máquinas y todo circula en torno a él. Viendo al Kroos de la Eurocopa uno piensa que es difícil mejorar el centro del campo de ese Madrid campeón de Europa… por undécima vez. Pero sigamos con los madridistas. En el partido de España es obvio que los héroes fueron Piqué e Iniesta, pero no olvido que Sergio Ramos (que estrenaba capitanía en un torneo oficial) fue un muro atrás y sostuvo al equipo cuando había dudas antes de llegar el gol salvador del azulgrana. Pasemos a Hungría. Me dirán que ahí no hay internacionales madridistas. Para mí sí que hay uno: Szalai. Está formado en el Castilla y metió el gol que abrió el triunfo de Hungría ante la Austria de Alaba. Los magiares iban vestidos de blanco…
 
El único lunar del madridismo ‘eurocopero’ lo dibujó Portugal. Ni Cristiano ni Pepe pudieron aupar a una Portugal decepcionante que no pasó del empate ante la novata Islandia. Cristiano deberá enmendarse ante Austria y Hungría si no quiere quedar atrás ante sus compañeros, que hasta ahora han sacado sobresaliente en el primer parcial de la Eurocopa de Francia.

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jueves, 02 junio 2016

Por Tomás Roncero

Las lágrimas de San Siro

Llegué a San Siro muy temprano. Apenas pasaban unos minutos de la una del mediodía. Hasta la steward de seguridad, una italiana muy simpática que me terminó confesando que tifaba por el Inter (Mourinho es su ídolo), me preguntó extrañada qué hacía en el pupitre de prensa ¡a casi ocho horas de la final! No supe explicarle muy bien el porqué de mi decisión. Pero me vio la cara tan tensa y el gesto tan recio que imaginó el volcán de emociones que me tenían bloqueado. No era un día cualquiera. Era la final de la Champions. Y además contra el Atleti. Me había paseado a primeras horas de la mañana por la ciudad de Milán (el Duomo, la Scala…) y desde el taxi comprobé el ambiente festivo de ambas aficiones. Pero no quise bajarme en la Fan Zone del Madrid. Sabía que si lo hacía me dejaría llevar por el buen rollo de los vikingos desplazados hasta allí y me habría terminado liando con ellos hasta la cinco de la tarde, hora fijada para cerrarla por seguridad.

 

Me daba pánico imaginar que podía haber un problema con el  Metro o que dejase de haber taxis en la ciudad por la gran demanda existente. En Lisboa casi me pasó y me dije: “Tomás, hoy no puedes correr riesgos”. Así que la final empezó para mí en San Siro muchas horas antes. Miraba desde un silencio espectral sus majestuosas gradas vacías. Me congratuló ver que la afición del Madrid iba a ocupar la Curva Nord, la que ocupan habitualmente los tifosi más apasionados del Inter. Era una manera de empezar a ganar la final, porque los atléticos habían venerado la figura del Cholo como jugador neroazurri y al ver allí a la tropa vikinga, a más de un ‘indio’ se le rompieron los esquemas. Las finales también se ganan desde la grada…

 

Del partido no les voy a contar nada que ya no sepan a estas alturas. Eso sí, la tanda de penaltis casi me deja sin salud para los próximos meses. El hecho de que Ramos y Cristiano tirasen los lanzamientos claves me bloqueó. Recordé el calvario que mis dos grandes ídolos tuvieron que sufrir por fallar en la noche fatídica del Bayern en el Bernabéu y me temía un tsunami de palos al sevillano y al portugués si no veían puerta. Pero ellos me demostraron por qué son unos números uno. No les tembló el pulso al lanzar hacia la jaula de Oblak. Lloré de alegría. Como casi siempre. Aclaro a los que me llaman lacrimógeno que jamás he llorado por perder. En esos casos, mi orgullo me impide mostrar la herida. Pero una vez consumada la gloriosa Undécima, tengo que decirles que los planos que me daba el monitor de televisión en San Siro de Juanfran, de Fernando Torres y de muchos hinchas del Atleti, me dejaron pensativo. El fútbol es pasión. Y amor incondicional a unos colores. Yo era muy feliz por estar del lado de mi sagrado equipo blanco, que casi nunca me falla en los grandes días. Pero imaginaba el dolor de los atléticos al perder dos finales casi seguidas ante su eterno enemigo y en ambos casos en circunstancias crueles. No voy a negar la realidad. Si a mí me hubiera pasado al revés habría querido que me tragase la tierra. Y pensé en Mario, el hijo de sólo ocho añitos de un buen amigo mío atlético. Ese niño lloro mucho en Milán. Y no fue el único. Esos niños merecen un día saborear una Champions. Con o sin el Cholo. Soy del Madrid a muerte, pero mi madre me enseñó a ser sensible con el dolor ajeno. El primer año que el Madrid no juegue la final de la Champions… ¡que la gane el Atleti!

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martes, 24 mayo 2016

Por Tomás Roncero

Memorias de Lisboa

Recuerdo que la expedición del AS, formada por varios colegas de redacción acompañados de sus familias, estaba citada en la puerta del periódico a las 7 en punto de la mañana. El autobús alquilado por nuestra empresa nos llevaba por carretera a Lisboa el mismo día de la final en Da Luz. Fue un 24 de mayo soleado y caluroso, pero cuando tocó el despertador a las 5:30 horas mi mujer y mi pequeño Marcos casi me matan. Les animé diciendo que la victoria compensaría el esfuerzo. ¡Menos mal que no me equivoqué!  Allá que nos fuimos con toda la ilusión del mundo. De los 30 que íbamos en el bus calculo que íbamos repartidos más o menos al 50% entre indios y vikingos. La autovía de Extremadura iba despejada gracias al madrugón, aunque en la primera parada en una estación de servicio ya vimos la cantidad de aficionados que estaban desplazándose hasta la capital de Portugal. Ambientazo total entre ambas aficiones. Buen rollo y mucho respeto.

 

Llegamos a Lisboa a las 13:45 horas. Dejamos el autobús a dos kilómetros de Da Luz, nos pusimos en marcha y lo primero fue ir a buscar la acreditación de la final para quedarme tranquilo. A esa hora, mi mujer y mi hijo no tenían todavía entrada para el partido… Un amigo me dijo que tenía dos entradas y me tuve que ir con ellos a recogerlas hasta Belem, a 15 kilómetros de Lisboa. Allí, junto a ese famoso puente que recuerda al de San Francisco, pude comprar las entradas de Marcos y Luci. En una terraza espléndida comimos relajados, convencidos de que ya estaba todo encarrilado. A las 17:45 (quedaban tres horas para la final) le dije muy ufano al maitre: “Por favor, ¿podrían pedirnos un taxi?”. Su respuesta me heló la sangre: “No hay taxis desde hace una hora por culpa de la final”. Me vi de pronto en Belem, acreditado y con entradas pero viendo el Madrid-Atleti desde un bar de dicho pueblo. De locos. Cruzamos una autopista por un puente levadizo y vimos un hospital. Había parada de taxi. Pero al llegar… ¡estaba vacía! Los minutos pasaban y la ansiedad taponaba el flujo de las ideas. Mi mujer de los nervios, el niño desconcertado y yo sin soluciones. En esas, aparece un taxi con la luz apagada. Pero logramos detenerle. Le imploramos piedad. Se echó a un lado, hablé con él ¡y accedió!

 

Le di un abrazo como si fuera mi padre y le dije: “Amigo, vamos a Da Luz. ¡Viva Portugal!”. El tipo admiraba a Cristiano, lo que facilitó bastante la Operación Rescate.  Llegamos al estadio justo cuando el autobús del Madrid se acercaba a sus aledaños. Vimos pasar el espléndido autobús de color blanco y mi hijo gritó: “Mira papa, Cristiano ha saludado desde la ventanilla”. Lo vi como un buen augurio después de tanto agobio. En la puerta 5 nos despedimos. Era la que correspondía a las localidades que tenían ellos para ver la final. Yo me tenía que ir 40 metros más arriba a la puerta de entrada  de los medios de comunicación. Me despedí del peque muy triste por no poder compartir la final junto a  él. “Marcos, nos vemos aquí mismo a las 11 de la noche y verás como ya seremos campeones”.  Me fui a mi localidad en la Tribuna de Prensa y para mi sorpresa todos los pupitres con televisión estaban ocupados. Un steward me dijo que había dos filas más atrás quitadas a la zona de público para acomodar al sobrante de periodistas. Me puse en la Fila 1. Yo solo, pensando donde habrían acabado mi mujer y mi peque en un estadio tan grande...

 

A los tres minutos sufrí algo que parecía una alucinación pero que resultaba ser una bendita realidad. Mi mujer y el crío subían por las escaleras que daban acceso a mi tramo de grada. Grité alborozado al verlos y resulta que ellos tenían las entradas nueve filas más atrás. No pude unirme a ellos en la primera parte porque su zona estaba abarrotada de aficionados, pero en el descanso, con 0-1 en contra, vi dos sitios libres a mi lado en la franja de la Prensa. “Luci, Marcos, bajar aquí ahora mismo. Estos sitios son para vosotros”. El segundo tiempo lo vi junto a mi niño y jamás olvidaré cómo me abrazaba, cómo gritaba y cómo sufría con cada ocasión que fallaba Bale, Isco o Cristiano. El 0-1 persistía y el reloj corría como una liebre sin freno. En ese momento, Marcos me miró fijamente y me dijo algo que me sonó terrible: “Papi, desde que nací me hablas de la Décima y nunca llega…”. Me vi no sólo fracasado como madridista, sino como padre. Me quería morir. Le dije que seguro que en el descuento entraría el balón como fuera. Llegó el córner de la gloria y nos abrazamos cruzando los dedos: “Marcos, marcamos aunque sea con la mano”. Sacó Modric y al ver elevarse a Ramos como un águila imperial sobre el cielo de Lisboa y rematar de cabeza con esa fiereza, mi niño y yo saltamos de alegría. Goooooool. Se me encaramó al cuello y a gritos me dijo: “Papi, papi, ¡la Décima!”. Rompí a llorar con una sensación de felicidad interna difícil de explicar. Mi mujer, al vernos, tampoco pudo evitarlo. Nos abrazamos los tres y dijimos, “esto está hecho. En la prórroga les ganamos fijo”. Y así fue. Los goles de Bale, Marcelo y Cristiano redondearon el éxtasis.

 

Tras acabar con mis responsabilidades del curro (con el AS y mi entrada en El Chiringuito), a las 02:30 de la madrugada cogimos el autobús de vuelta. Cansados, sudados (no teníamos hotel y no pudimos cambiarnos en todo el día) pero con una paz interior difícil de explicar. Mi peque se quedó frito entre dos asientos (yo le llevé una almohadita imaginando la que se avecinaba) y mi mujer también. Yo no. Me bebía diez botellines de cerveza bien fría, uno por cada Copa de Europa ganada por el Madrid. A las siete de la mañana, 26 horas después de haberme levantado, caí roto. A las 12:30 llegamos a Madrid. Palizón de órdago, pero una experiencia única que quedará para siempre en nuestras memorias. Mi mujer, mi hijo y yo ya sabemos por qué el fútbol es mágico. Sólo por el fútbol se puede hacer semejante locura. Y encima, campeones. La vida es blanca y bella…

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