El blog de Tomás Roncero
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04 enero 2012
por Tomás RonceroRedacción AS.com
Ya sé que para la votación del Balón de Oro del año 2012 no llega a tiempo. El próximo lunes está cantado que le darán a Messi su galardón en la Gala de Zúrich, pero si el premio llega a retrasarse un par de meses más me da que Benzema le hubiera roto la quiniela a más de uno. Lo de la explosión futbolística del delantero francés es digno de estudio. Siempre supimos de su talento y de su calidad técnica exquisita, pero lo importante es que ahora ha adquirido una confianza en sí mismo que le permite intentarlo todo con un descaro y un atrevimiento que es contagioso para sus compañeros. Hasta Higuaín parece disfrutar más del juego cuando al lado tiene a Karim, del que encima se ha hecho amigo personal (al fin y al cabo son franceses los dos, porque el Pipita nació en Brest). Los dos han fabricado una sociedad diabólica que aterroriza a los porteros rivales.
Benzema está a nivel de Balón de Oro, con todos mis respetos para Messi y Cristiano. Karim se asocia, improvisa paredes, tira caños, desmarques de espaldas a la defensa, controles orientados, sombreros y, si es necesario, suelta unos latigazos a la pelota que recuerdan al mejor Ronaldo Nazario, jugador que para Benzema fue ídolo en su niñez en los suburbios de Lyon. El 9 del Madrid se ha ganado el afecto y el respeto del Bernabéu, el de Mourinho y el de sus compañeros. De aquel lindo gatito sólo quedan las pestañas y las uñas afiladas. Ahora vemos un león que salta al campo con la fuerza de una manada. Su salida al campo ante el Málaga constituyó una revolución que dio pie a la ‘extásica’ remontada. El francés se divierte y eso se nota. Arriesga porque está seguro de salirse con la suya, sonríe cuando celebra sus goles y los de los compañeros, es un alma libre y un talento desatado que crece cada día que pasa. Que sí, señores, Que no me he vuelto loco. Que les insisto en que si sigue en esta progresión, en la Gala de Zúrich del año 2013 hay un montón de oro concentrado en un balón que tiene destinatario: KARIM BENZEMA.
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02 diciembre 2011
por Tomás RonceroRedacción AS.com
Villar and company, habéis caído en vuestra propia trampa. Se puede ser torpe, pero lo del fallo del Comité de Competición de la Federación con el caso Pique ha derivado en el desahogo más absoluto. Hasta la prensa de Barcelona había crucificado a Piqué por haber sido tan descuidado (o descarado) en esa acción premeditada, con alevosía y nocturnidad, que permitió el sainete con Pérez Lasa, uno de los dos árbitros de cabecera del Villarato junto a Iturralde (¡qué casualidad, el que pita al Madrid en El Molinón!). Villar y su gente cada vez se cortan menos y no les importa estar por encima de la ética, la limpieza moral de la competición y el justo equilibrio de las cosas bien hechas. Resulta que la acción torpe de Piqué (con la complicidad del risueño Pérez Lasa) contó con el reproché de Guardiola y el propio delegado del Barça. Hasta mi amigo Lluís Mascaró, subdirector del Sport y culé confeso, le recriminó al internacional catalán haber sido tan “tonto” (palabra textual pronunciada por mi compañero) en una acción que desde este verano está desaconsejada por conllevar un segundo partido de sanción añadido.
El Villarato es así. Sólo concibe hacer llevadera la vida al Barça y complicársela al Madrid siempre que el guión lo necesite. Y éste era el caso. Piqué, aunque lleve una mala temporada, es un bastión de la defensa del Barça en el sistema de Guardiola. Su baja en el Clásico del Bernabéu podía haber pasado factura al equipo que cae más simpático al Régimen. Por eso, y para evitar líos, nada de intervenir de oficio (como sí hicieron con el dedo de Mourinho). Mejor respetar el acta del amigo Pérez Lasa y así todos contentos. Nos lavamos las manos como Pilatos y decimos que el acta es sagrada (menos cuando no les interesa). El Villarato está instaurado, como bien dijo Guardiola, y con el caso Piqué se ha puesto a prueba, como ya avisó Alfredo Relaño en su editorial del pasado jueves. Se veía venir. Villar y su gente se sienten tan fortalecidos en el poder que no les importa quedar señalados con el dedo (no me refiero al de Mou) ni en evidencia ante la opinión pública. Directamente, les importa un pepino lo que piense la gente. El Villarato es como los pilotos automáticos de los aviones. Va a piñón fijo y nada mi nadie le desviará de su ruta. El Barça puede seguir durmiendo feliz. La Federación sigue en buenas manos…
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15 septiembre 2011
por Tomás RonceroRedacción AS.com
El asunto es muy sencillo. Si Pepe entra en plancha a Alves, sin existir contacto físico, se le saca tarjeta roja y condicionas el resultado de una semifinal de Champions sin que se sonrojen por ello los árbitros de Platini y de Villar. Si la misma entrada la realiza un tal Leko y la víctima es Cristiano, y si encima le clava un taco y le deja la media encharcada en sangre, entonces el árbitro se crece y decide que eso no es ni falta. Hasta el Dinamo de Zagreb tiene más poder que los míos en la UEFA. Esa organización con doble moral, con doble rasero, con doble código penal… Si eres del Madrid, pasas a ser sospechoso y los árbitros se ceban con ellos. Da lo mismo que vistan de blanco o de rojo. Se ensañan igual. Y si encima el árbitro es paisano de Ovrebo, entonces ya sabes que eso va a ser una masacre. El expolio de Zagreb no fue más porque el Madrid sacó los tres puntos, tantos como recibió Cristiano en su maltrecho tobillo.
La afición del Madrid empieza a estar muy harta. Y harta también de que la llamen llorona. Que yo sepa, nadie ha dicho en los libros de historia que los franceses que tomaron la Bastilla fuesen unos llorones. Al contrario, se les tilda de héroes por luchar por la libertad y la justicia. Y ese es mi sueño. Que todo el madridismo se una y decida tomar cartas en el asunto. Aconsejo a los aficionados blancos que llenen de cartas el correo de la UEFA en Suiza, que pongan pancartas de protesta cada vez que aparezca por aquí Platini, que sonrojen a Villar por sus árbitros de pacotilla que tanto disfrutan haciendo sufrir a todo lo que huela a blanco. Llega la hora de dejar de mirar para otro lado y de poner la otra mejilla. El arbitraje de Zagreb debe marcar un antes y un después. Que expulsen a Marcelo a pesar de que le hacen un claro penalti y le acusen de fingimiento cuando Pedro, Busquets y Alves se fueron de rositas en el Bernabéu por dar un cursillo acelerado de interpretación, me parece que es la gota que colma el vaso. Señores Villar y Platini, ya está bien de burlarse del Mejor Club del Siglo XX. Por más que les duela, eso ya no lo cambiará nadie. El equipo de Mourinho tiene fútbol, coraje y calidad por arrobas para llegar a la final del 19 de mayo en Múnich, pero sé que le pondrán mil trabas y cepos para evitarlo. Villar y Platini, pasarán ustedes a la historia por haber hecho un daño irreparable al mejor equipo de fútbol de todos los tiempos. Irá en su debe y será una carga insoportable en sus castigadas conciencias. Más que nunca, los madridistas están orgullos de serlo. Contra más duro sea el castigo, más enérgica será la respuesta. Y lo haremos con educación y respeto, justo lo que ustedes han dejado de hacer con el Madrid desde hace mucho tiempo…
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17 junio 2011
por Tomás RonceroRedacción AS.com
Sandro Rosell fue prisionero de una implacable presión del famoso entorno culé y el pasado jueves plasmó todos sus miedos y prejuicios con una comparecencia con la prensa de la que, a estas horas, debe estar totalmente arrepentido. Cuando un presidente del Barça se pone la camiseta de forofo para contentar a la parte más radical de la ‘cla’ azulgrana, es que ha perdido su independencia y ya se limita a mover los labios y los brazos como si fuese un guiñol en manos del cuarto poder. Se puede entender que Rosell no invite a tomar cañas a Mourinho y que le duela lo que dijo el portugués en la famosa rueda de prensa del ¿por qué?, ¿por qué? (por cierto, ninguna de las cosas que dijo era mentira y ni siquiera en el castigo de la UEFA le han podido acusar de faltar a la verdad). Lo que no es de recibo es que Rosell llevara dos meses amenazando con una ‘rajada’ que al final se ha quedado en una simple demostración de fuegos artificiales, sin continente ni contenido. Basar toda tu argumentación en tu crítica unidireccional hacia Mourinho, demuestra que no tienes otro clavo ardiendo al que agarrarte. Sin embargo, Rosell tuvo un ataque de amnesia y se le olvidó recordar que tres de sus jugadores fingieron agresiones hasta provocar el sonrojo del Walll Street Journal, o se olvidó del pelotazo inadmisible de Messi a un jubilado del Madrid al que casi le revienta la cara, o se le olvidó la actitud racista de Busquets llamándole mono a Marcelo, o se le olvidó la deleznable campaña publicitaria del autobús urbano tuneado con cinco jugadores de Barça burlándose con la manita, o se le olvidó las provocaciones de Piqué en el túnel de vestuarios del Bernabéu antes de la final de Copa, o, ¡qué diantre!, se le olvido que él mismo se comportó de manera bravucona profetizando un 5-0 para el partido de Mestalla, que luego le salió rana, en un castigo del destino que veo que no le ha servido para aprender la lección.
Por todo eso y muchas cosas más que no me caben en este post, creo que está más que justificado que el madridismo esté pidiendo a gritos a Florentino Pérez que responda con contundencia y corte en seco la amenaza de Rosell, adelantándose a la jugada y anunciando públicamente que el Madrid rompe relaciones con el Barça. Total, lo único que se va a perder es que no coman juntos los directivos en los clásicos venideros. Mejor así, cada uno en su casa y Dios en la de todos. Adeu, Sandro.
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25 mayo 2011
por Tomás RonceroRedacción AS.com
Hace dos meses, mis amigos del Barça (los tengo, no se crean) me hinchaban la cabeza con este mensaje cargado de prepotencia y escaso de análisis: “Verás tras los cuatros Clásicos. Messi se va a merendar a Cristiano y encima va a ganar el Pichichi y la Bota de Oro”. Yo, humilde, callaba y les decía: “Vamos a ver quién ríe el último”. Frase que utilizó el propio Cristiano tras un partido de Liga cuando los agoreros le criticaban por su frenazo en la lista de goleadores. El portugués trabajó en silencio, tiró de orgullo y en Mestalla fue el verdugo del Barça en la final de Copa con un cabezazo que todavía ocupa la pesadilla de muchos culés, empezando por Pinto, el portero que silbaba a los rivales... Messi, en esa final fue un cero patatero. Y en los otros Clásicos, ídem de ídem. Marcó tres goles, pero todos cuando el Madrid estaba con uno menos en el campo. Once contra once, a Messi sólo el vimos tirando un balonazo a la grada del Bernabéu, actitud reprochable e indigna de un Balón de Oro. Si eso lo llega a hacer Cristiano, le habrían obligado a exiliarse de España…
Al final, Cristiano ha llegado a los 40 goles, registro histórico que pulverizó el récord de Hugo y Zarra. Si eso lo llega a hacer Messi, en Canaletas paralizan el tráfico para festejarlo. Pero claro, Messi se ha quedado muy atrás (31) y ahora toda la propaganda culé (la ‘butifarra mediática’ le llamo yo) se está encargando de recordar que Messi “es un jugador de equipo al que le interesan sólo los logros colectivos”. Claro, por eso el día que le dieron el Balón de Oro de forma injusta y lamentable ni se dignó a mirar a la cara a Xavi e Iniesta, que lo habían merecido mil veces antes que él. La realidad es la que es. Cristiano ha hecho historia y ha terminado la temporada como un ciclón. Y es el sexto jugador de la temporada en número de asistencias. ¿No era tan egoísta? Este chico es de oro y su comportamiento ha mejorado tanto este año que ya ni sus mayores enemigos se atreven a discutir su profesionalidad y su actitud intachable en el campo. Se me ocurre un cántico para cerrar este blog. ¡ESE PORTUGUÉS, QUÉ BUENO ES!
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26 abril 2011
por Tomás RonceroRedacción AS.com
Cuando Sergio Ramos se despistó y dejó caer la Copa del Rey en Cibeles a las cuatro de la madrugada, pensé: “Hombre, el Madrid tiene tantas copas históricamente, que se le caen de las manos”. Sé que es un chiste fácil, pero el trasfondo revela que el mejor club de todos los tiempos ha abandonado sus tres años de excedencia y ha vuelto por donde solía. Título, alirón de campeones y ruta hacia Cibeles. La Copa de Mestalla no fue una más. Ganarla al mejor Barça de todos los tiempos y con las casas de apuestas ninguneando al equipo de Mourinho, vencer y encima en la prórroga, supo a jarabe afrodisíaco. Los 22.000 madridistas presentes en Mestalla se frotaban la cara orgullosos ante la lección, táctica y física, que dio su equipo.
El Barça se redujo a Messi, que por muy bueno que sea es humano y no fue capaz de salvar la defensa de ayudas que le preparó Mou con la sabiduría propia del mejor entrenador del mundo. Messi llegó a pelearse él solo contra todo el Madrid, en vista de que Xavi no aparecía, Alves estaba taponado por el enorme Di María y Villa estaba desaparecido en combat (¿de verdad valía el guaje 40 millones de euros el pasado verano?). El Madrid emergió como un coloso ganando un título que se resistía desde antes de Raúl, que ya es decir. Casillas levanto orgulloso la Copa ante los Reyes y con su bandera de España atada a la cintura. Un gesto que demuestra la universalidad del Madrid, que es el equipo de (casi) todos y a mucha honra. Por eso, ahora hay que culminar la faena en la Champions. El Barça es un león herido y dará mucha guerra. En el Bernabéu y en el Camp Nou, donde tendrá a 90.000 de su parte buscando vengarse de la humillación de Valencia. Pero el Madrid llega preparado para este enorme reto y Mourinho, más. Seis meses aguantando manitas de Piqué, profecías de Rossell, bromitas de autobús, cantadas de Valdés en los estudios de televisión, insinuaciones arbitrales de Guardiola… Demasiadas vejaciones que el madridismo ha ido apuntando y ha sabido encajar con señorío para responder en el campo. Así lo hizo en Mestalla y así lo hará en la Copa de Europa. Su feudo natural. El Madrid ha vuelto. Para siempre…
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06 abril 2011
por Tomás RonceroRedacción AS.com
Pasan las horas y no se me quita la sonrisa. El Bernabéu levitó ante el Tottenham en una noche para recordar. El 4-0 fue el postre perfecto para un partidazo que reivindicó al Madrid ante toda la jet europea. Los ingleses se fueron del Bernabéu hundidos y sin entender qué demonios les había pasados. Hasta sus 4.000 hinchas acabaron tocados y hundidos. La expulsión de Crouch, merecida por ingenuo y por bruto, no es excusa. El Madrid le hubiera pasado por encima igual. La comunión entre el equipo y la grada fue total. Recordó al ambiente de las grandes remontadas de los años 80. Todo fue perfecto. Hasta Adebayor se sumó a la fiesta con dos cabezazos que justifican con creces la apuesta hecha por él en invierno. Pocos imaginaban lo que iba a suceder tras el palo del Sporting. Pero es que el Madrid es así. Nunca puedes darle por muerto y menos cuando se pone la piel de la Copa de Europa, su gran amor.
Un amor en el que siempre tendrá su sitio Raúl González Blanco, The Legend. El eterno capitán está sombrando a todo el mundo del fútbol con su pundonor y su capacidad para seguir escribiendo la historia. Lo del Schalke en San Siro es algo que se recordará durante años. Que al actual campeón de Europa y del Mundial de Clubes le metan cinco goles en su casa es algo sin precedentes. Y Raúl tiene mucho que ver en eso. Su gol número 71 en competiciones europeas (¡nadie tiene más!) le reivindica como un jugador tridimensional, alguien que con 33 años juega con el entusiasmo y el ardor de un crío de 20. Es insaciable, no se cansa nunca, se cuida como nadie y ha hecho del Schalke un grande de Europa. De hecho, el madridismo ya sueña con una final Madrid-Schalke en Wembley el 28 de mayo. Sería el no va más. Firmo un 3-2 para el Madrid, pero los dos goles de los alemanes con la firma de nuestro capitán. Raúl sigue siendo un brazo extensor del Madrid. En realidad no se ha ido. Sigue latiendo su sombra en el corazón del Bernabéu. Y si el Madrid queda fuera de la final, que llegue el Schalke y gane el título. ¿Se imaginan que un gol suyo le arrebata la Champions al Barça? Habría en Cibeles casi tanta gente que si gana el Madrid. La Champions está blanqueando su espíritu.
Y mientras, el Barça está de bronca en bronca, con Guardiola mosqueado y Rosell pidiendo perdón por sus bravatas. Cosas que pasan…
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por Tomás RonceroRedacción AS.com
Pasan las horas y no se me quita la sonrisa. El Bernabéu levitó ante el Tottenham en una noche para recordar. El 4-0 fue el postre perfecto para un partidazo que reivindicó al Madrid ante toda la jet europea. Los ingleses se fueron del Bernabéu hundidos y sin entender qué demonios les había pasados. Hasta sus 4.000 hinchas acabaron tocados y hundidos. La expulsión de Crouch, merecida por ingenuo y por bruto, no es excusa. El Madrid le hubiera pasado por encima igual. La comunión entre el equipo y la grada fue total. Recordó al ambiente de las grandes remontadas de los años 80. Todo fue perfecto. Hasta Adebayor se sumó a la fiesta con dos cabezazos que justifican con creces la apuesta hecha por él en invierno. Pocos imaginaban lo que iba a suceder tras el palo del Sporting. Pero es que el Madrid es así. Nunca puedes darle por muerto y menos cuando se pone la piel de la Copa de Europa, su gran amor.
Un amor en el que siempre tendrá su sitio Raúl González Blanco, The Legend. El eterno capitán está sombrando a todo el mundo del fútbol con su pundonor y su capacidad para seguir escribiendo la historia. Lo del Schalke en San Siro es algo que se recordará durante años. Que al actual campeón de Europa y del Mundial de Clubes le metan cinco goles en su casa es algo sin precedentes. Y Raúl tiene mucho que ver en eso. Su gol número 71 en competiciones europeas (¡nadie tiene más!) le reivindica como un jugador tridimensional, alguien que con 33 años juega con el entusiasmo y el ardor de un crío de 20. Es insaciable, no se cansa nunca, se cuida como nadie y ha hecho del Schalke un grande de Europa. De hecho, el madridismo ya sueña con una final Madrid-Schalke en Wembley el 28 de mayo. Sería el no va más. Firmo un 3-2 para el Madrid, pero los dos goles de los alemanes con la firma de nuestro capitán. Raúl sigue siendo un brazo extensor del Madrid. En realidad no se ha ido. Sigue latiendo su sombra en el corazón del Bernabéu. Y si el Madrid queda fuera de la final, que llegue el Schalke y gane el título. ¿Se imaginan que un gol suyo le arrebata la Champions al Barça? Habría en Cibeles casi tanta gente que si gana el Madrid. La Champions está blanqueando su espíritu.
Y mientras, el Barça está de bronca en bronca, con Guardiola mosqueado y Rosell pidiendo perdón por sus bravatas. Cosas que pasan…
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18 marzo 2011
por Tomás RonceroRedacción AS.com
Me gustó mucho el sorteo. Más de lo que imaginan. En la víspera dije a mis amigos que quería al Tottenham. El rival idóneo. Londres. Buena plaza para ir calentando motores para la final de Wembley. El rival es bueno, pero no es un ‘team killer’, que diría Mourinho. Tiene un crack, Gareth Bale, y a gente muy válida como Van der Vaart (grande Rafael) y Crouch, un gigantón que ante Pepe y Carvalho tiene poco que hacer. Jugar primero en el Bernabéu puede parecer una faena, pero apretando lo mismo sale la eliminatoria resuelta y en la vuelta se puede reservar a varios titulares para el Madrid-Barça de Liga del 16 de abril, que se juega tres días después del partido de White Hart Lane. Creo que será una eliminatoria que no dejará daños colaterales y eso es lo más importante. Ya eliminamos al Tottenham en una de aquellas UEFAS históricas de los 80 y ahora no veo motivo para que no se repita la historia. Bien, bien, bien.
En cuanto a Raúl, yo era de los raulianos que no quería el cruce con el Schalke. Ver a Raúl con otra camiseta en el Bernabéu suponía un fuerte shock emocional y si se podía evitar, mejor. De hecho, no descarto una final Real Madrid-Schalke el 28 de mayo. Eso sí que sería grandioso. Tampoco me disgusta una semifinal con el Barça, dado que en la final los corazones se hubieran puesto demasiado en peligro. La última semifinal con ellos me lleva a la vaselina memorable de Zidane a Bonano que silenció el Camp Nou (menos a los 5.000 madridistas que había en las gradas) y el golazo de Raúl en la vuelta del Bernabéu con un chutazo desde treinta metros que hizo temblar la portería del Fondo Sur. Seamos claros, un madridista jamás temerá al Barça en Europa. Lo dice nuestra historia y lo dice el sentido de la justicia. Tengo la sensación de que de la mano de Mourinho vamos a llegar muy lejos. Esto de la Champions se le da como un guante hecho a mano y seguro que no nos va a fallar. Y ojo al Barça, que ante la tropa de Chingrinsky va a sufrir. La vuelta en Ucrania le hará pasarlas canutas. Ahora entenderán lo que es dejar de tener suerte en los sorteos. Eso sí, el Barça ha evitado un cruce con el Chelsea que le hubiera supuesto una pasta en su Tesorería para costear el homenaje a Obrevo que hubieran tenido que hacerle para conmemorar el expolio de haca dos años. Señoras, señores, con ustedes la Champions más morbosa de la historia. Yo no me lo pierdo. Ni mi Raulito tampoco. Nos vemos en Wembley, chaval.
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15 febrero 2011
por Tomás RonceroRedacción AS.com
Recuerdo cuando mi abuela Sagrario me cantaba aquello de “cinco lobitos tiene la loba…”. Viene a cuento porque todavía rechina en las retinas del madridismo aquella celebración excesiva y waka-wakesca de Piqué con la manita para regocijarse ante el Camp Nou del 5-0 de noviembre. El barcelonismo se las prometía muy felices y tras el 1-0 de Pamplona dio por hecho que el Madrid ya había perdido la Liga. Mal hecho. Con la camiseta blanca no se juega y darles por muertos es un error que suele pagarse caro. Que se lo digan a Rijkaard con la famosa Liga de Capello y la Liga del Clavo Ardiendo. El problema es que los culés ya celebraron la Liga hace dos semanas (recuerdo una portada de los colegas de Sport diciendo “Se rinden”) y claro ahora resulta engorroso imaginarse empezar la lucha de nuevo y tener la perspectiva de un Madrid lanzado que pueda quitarles el título cuando ya lo tenían todo en la boca para devorar el pastel.
Sólo Guardiola y Rosell han sabido valorar en todo momento el mérito de un Madrid que jamás se da por vencido. Sólo el Madrid puede perder al portero en el minuto 1 y sobreponerse a ello con un partidazo para enmarcar que tardarán tiempo en olvidar en Cornellà los amigos pericos del Espanyol del gran Pochettino. Esas victorias son de las que hacen mucha pupa en Can Barça, porque les hace mirarse a los ojos y decirse entre ellos: “¡Pero por qué insisten y no aceptan que somos mejores!”. Hasta Cristiano ha solidarizado su fútbol y se encuentra en una fase de líder del equipo que resulta de admirar. Ya da igual que marque o no goles. Adebayor, Ozil y el gran Marcelo bailan a su alrededor formando sociedades en el campo que resultan diabólicas. Este Madrid de Mourinho es una apisonadora que ya huele la llegada de la Champions. Y eso le hace doblemente temible. Con Mou se va a acabar lo de caer en octavos. Empieza otra era con mejores perspectiva y todo por descubrir. Y por ganar. Ni siquiera el triplete es una quimera. El Barça tiene motivos para estar preocupado. Ha bastado que el Sporting se ponga las pilas y jugase a todo trapo para que se qeudasen al desnudo sus limitaciones. Con Mascherano y Afellay se vive peor… Señores, empieza otra Liga. La definitiva. Les seguiremos informando…
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