Virutas de goma

Visita pastoral

PapamovilF1

Podría ser la sala de juntas de una aseguradora, una academia de idiomas o un claustro de profesores de un perdido instituto de provincias. Paredes lisas, ni un solo detalle ornamental. Ni fotos, ni trofeos, ni nada, tan solo una mesa ovalada de color negro, una decena de asientos tan prácticos como impersonales a su alrededor, una pantalla de televisión y dos pizarras, una de vinilo blanco sobre la que pintar con un rotulador y otra de papel con enormes hojas. Así es la sala de debriefings de la escudería. Ni un sólo elemento que permita desviar las miradas y desconcentrar a los allí reunidos. Un único cable de red sale del centro de la mesa para poder conectar portátiles.


—Aquí va todo por Wifi, ¿no? Pregunto con ingenuidad. El que me acompaña sonríe y me indica con su gesto que no sé cómo se las gastan en la Formula 1. No hay wifi en todo el recinto, nada de señales que floten en el aire con destino desconocido. El enemigo tiene un enorme cazamariposas con el que puede atrapar costosos secretos. Todo pasa por cables y no todos los ordenadores están conectados a Internet. La información se aloja en servidores internos y está encriptados. El uso de memorias USB no está prohibidas pero tienes que utilizar exclusivamente las que te da el equipo, que también están encriptadas. Si la pierdes, nadie podrá leer su contenido.

Taca-taca-taca-taca-taca, Clunc-clunc-clunc, ¡¡¡¡CRASH!!!!! y el suelo tiembla.
—(¿Que ha sido eso? Porque ha sonado como un accidente)
—Si, es que esta pared (y señala con el índice) nos separa del simulador. Se han salido de pista.
El simulador es tan real que las sensaciones que transmiten no sólo las percibe el usuario sino los que hay alrededor. El tactactac fue el paso de la rueda virtual por un piano hecho de luz, el clunclunclunc los golpes de un monoplaza binario saltando descontrolado sobre la gravilla, y el crash final es el leñazo contra las barreras de protección. A una pared de distancia el efecto percibido es exactamente el mismo que se adquiere en el circuito; si cierras los ojos solo te falta el olor y la polvareda que siempre se levanta después de un talegazo.
Me permiten ver el simulador en acción durante un instante y noto que en la sala hace un frío de pelotas.
—Oye, el piloto se debe estar helando, ¿no?
—No te creas. A veces, cuando se bajan, algunos se van a la ducha. Una hora de sim es físicamente casi lo mismo que una hora de coche en pista. Se hinchan de sudar y nos piden agua. Algunos no soportan el traqueteo del cockpit y tenemos que bajarles el grado de incidencia del movimiento.
—¿Se marean?
—Alguno hasta ha vomitado.
—¿Dentro?
No, no, afortunamente fuera. Se empiezan a sentir mal y nos piden parar. Algunos se ponen verdaderamente malos.

La escudería acaba de mandarlo todo a Austria pero el grado de actividad es prácticamente el mismo que cuando no hay carreras. Secretarias con faldas de tubo y tacones que caminan en silencio por los pasillos con papeles en las manos, tipos sin distintivo alguno del equipo con portátiles bajo el brazo, te saluda el propietario de alguna cara popularizada a nivel global gracias a las retransmisiones de televisión, pero pocos hablan y rara vez se mueven en grupo.
—¿Y cuántas nacionalidades tenéis aquí?
—Casi veinte.
—¿Esto crea problemas?
—A veces si, pero no tanto desde el punto de vista laboral ni profesional, sino más bien de la propia cultura del trabajo en si. A los ingleses y alemanes les llega la hora y sencillamente paran, recogen lo que tengan a mano y se marchan. Los mediterráneos son distintos. Los franceses son muy trabajadores y se quedan el tiempo que haga falta; italianos y españoles también, pero quieren hacer saber que están haciendo algo especial, que se reconozca el esfuerzo extra.
—He visto algún japonés.
—Muy pocos. Cuando trabajábamos con Bridgestone era muy divertido. Muy serios, muy comprometidos pero en general su nivel de inglés es bajísimo. Nunca te dicen que no y a veces esto es un problema porque no puedes fiarte de ellos. Aquí teníamos un ingeniero muy socarrón que les tomaba el pelo y nos descojonábamos todos. Les decía cualquier cosa técnica y los japoneses asentían con la cabeza, tomaban nota de todo y no cambiaban en gesto. Luego les decía justo lo contrario, como para ponerles a prueba, y el japonés en cuestión asentía con la cabeza, tomaba nota de todo y no cambiaba el gesto. Al final, o en otro momento les decía alguna cosa soez relacionada con la anatomía de su hermana o su madre.
—¿Y qué pasaba?
—El japonés asentía con la cabeza, tomaba nota de todo y no cambiaba el gesto ( risas)
—¿Crees que es ese el problema de Honda?
—Uno de ellos. En la cultura nipona no existe el despido, y la degradación está muy mal vista; es un fracaso no del tío sino de la propia compañía. Al tipo que no funciona se le desplaza o se le otorgan otras atribuciones, pero muy rara vez se le echa. Esto crea una estructura viciada. Honda aporta lo mejor que tiene Honda, y son muy buenos, pero necesitan cambiar esto ya que no es suficiente en este entorno. Los chinos son más pragmáticos. Tenemos proveedores chinos y cuando llamamos hablamos con occidentales. Es muy frecuente que el de arriba y los de abajo sean chinos, pero el mánager medio sea europeo o americano. En Japón no se ve esto, son muy cerrados.

Bajamos a las zonas de trabajo y ves alineados, como en los noticieros de la tele y en los aeropuertos, una retahíla de relojes de pared con una decena de usos horarios. No tienen debajo nombres de países, sino de circuitos. No es el único sitio donde están dispuestos así.
Las puertas se van abriendo a nuestro paso una vez chequeada la tarjeta identificativa que todos llevan colgada al cuello, o pilladas al cinturón a modo de llavero. La de mi guía tiene libre acceso a casi todas las áreas de la factoría y son muy pocos los que lo tienen. Cuenta la leyenda que Ron Dennis, emperador de Woking, pide permiso por escrito para visitar algunas zonas de su propio edificio. Conociéndole, créetela.

Arrancan un motor y el sonido ahogado llega a todas las dependencias.
—Es un motor ya usado, es para probar algo —Me explica.
—Antes era peor, los V8 sonaban como un trueno. Los técnicos sonreíamos; nos gusta escuchar los motores, pero las secretarías se volvían locas. Aquí está bastante conseguido el tema de aislamiento pero trabajé en otro equipo que cada vez que los arrancaban, las charlas por teléfono se paraban casi de inmediato "luego te llamo, es que..." Él 'es que' era que no se oía nada.
Pocas cosas sobre las mesas. Alguna herramienta, muchos manuales de utillaje y procedimientos cogidos con una espiral, mandos a distancia de las televisiones que colgadas de las paredes, y algunos pequeños recuerdos en formas de pistón, un pedazo de deriva, un cochecito a escala… En casi todas las zonas de trabajo hay fotos de gente feliz. Pocos pódiums; más bien fotos de camaradería, de amistad, de buenos momentos. Muchas de ellas firmadas por los pilotos que salen en ellas. Son fotos nada profesionales, de aspecto familiar como las que ponemos en Facebook, hechas con teléfonos algunas, o por un aficionado que pasaba por allí. Esas son las que más se valoran en el seno de las escuderías precisamente por la naturalidad de lo espontáneo, de momentos íntimos dentro de la vida menos vista de los equipos.
—¿Y qué pasa cuando las cosas salen mal?
—Se baja la cabeza, todo es más tenso, menos fluido, te encierras en el trabajo. Lo más importante es pasar página, olvidarte lo antes posible y pensar en cómo mejorar todo esto para que no vuelva a pasar.
—¿Los jefes pegan voces por los pasillos o departamentos?
—No, esas cosas pasan en los despachos pero cuando las cosas no van bien se nota en el ambiente.
—¿Pagar mejor crea un ambiente mejor?
—Uno de los problemas de los equipos actuales es que algunos tienen mucho vaivén de técnicos. ¿Sabes porqué Red Bull funciona tan bien? Porque de allí se van muy pocos. El equipo no sólo paga bien y la gente está contenta, sino que el equipo asume en muchos casos la formación de sus ingenieros. Los pillan aún en la universidad, apuestan por ellos, y se crea un enlace persona-empresa que va mucho más allá del sueldo. Date cuenta de que los ingenieros recién licenciados son gente joven, quieren experimentar, y no se plantean estar en la F1 como un fin, sino como un escalón más en sus carreras, una cruz en una lista de cosas que quieres hacer. Muchos están un año y se marchan cuando ven la intensidad de la tarea.
En la próximas cinco semanas se disputarán cuatro Grandes Premios y muchos integrantes no volverán por casa en más de un mes. Esto resulta demoledor para la vida familiar y muchos no aguantan. Se marchan a la industria automovilística, aeronáutica. Hay muchas puertas abiertas.
—Es paradójico, porque los que están fuera están fritos por entrar, pero muchos de los que viven dentro, lo que están es fritos por dejarlo.
—Bueno, ¿hablamos de aquello?
—Venga. —Y pasamos a un despacho.

 

Comentarios

¿Y de que hablasteis en el despacho?

¿Y que equipo es? No lo has puesto

Ni lo voy a poner. Sólo me pusieron esa condición, que no lo dijera, aunque si podría comentar cosas sobre lo que viese si no les citaba. No era una visita colectiva organizada, sino algo más entre este señor y yo, que estaba allí. Es amigo desde hace años, y él me lo arregló todo. No estuve mucho tiempo, de hecho tenía mucho interés en comer en la cantina y lo hice fuera, en un sitio muy popular entre la gente de la F1.

Ah, de lo que hablamos en el despacho lo leerás en el futuro, pero no fueron cosas de actualidad. Es para un proyecto en el que trabajo hace tiempo.

Estimado Viru, como siempre, hermosa nota.
Sobre tus párrafo final: "Es la famosa jaula de oro. Los que están afuera quieren entrar, y los que están adentro quieren salir". Durante los 20 años (¨80-¨90) en que me dediqué a la Ingeniería de sonido e iluminación profesional, decíamos lo mismo de las cabinas de Disc-Jockey en las discotecas.
Y finalmente nos dejas con la curiosidad y el deseo de entrar en la intimidad del despacho. Pero imagino que no es una jaula de oro... finalmente habrías salido en lugar de permanecer en el medio por tantos años y con tanta creatividad y pasión. Abrazo!

Otra desde el estribo: Gracias por tu comentario previo. Y me quedé con la intriga y una lupa mirando la foto de la portada. No encontré aquello que se vincula con la F1. Tal vez sea la esperanza y la fe que tenemos en que no se pierda su esencia. Otro abrazo!

Me encanta como lo cuentas. Creo que te equivocas, virutas, deberías estar escribiendo novela.

Lo describes todo de una manera, que mientras iba leyendo, me iba imaginando como sería la factoría por dentro, como si estuviese allí. Me he quedado con ganas de seguir un rato más con este "paseo"!! :)

jejeje, me encanta la idea de misterio y de intentar adivinar de que escudería se trataba. Por lo de lo potente que era el simulador, y por el hecho de hablar de algunas escuderías que a lo mejor sirven para descartarlas, si alguna vez nos dices cual es la escudería, yo apuesto por 1º Renault o 2ºMercedes. :-)

Creo a todos tus lectores nos dejaste inquietos. Y si la condición es no revelar dato alguno de la escudería que visitaste, pues que así sea. Lo reitero, excelentísimo artículo. Saludos desde Guatemala.

dinos al menos que piloto era el que estaba en el simulador

Jajaja... pasan los días y seguimos picados por la curiosidad... volvemos a mirar... y volvemos a buscar alguna pista.
Esperaremos la viruta correspondiente, imagino. Abrazo!

Qué intriga!!!!
lo que que trabajaron con Bridgestone, ya es una pista, no quedan muchas escuderías de esos años y el hecho de que quisieras comer en su cantina,.....mmmmm.....siempre alabas las fresas con nata de alguna escudería,......

Viru, no te fustigues más, fallaste con lo de Checo y Ferrari, pero no por eso hemos de pagarlo nosotros. Queremos más virutas, que me está faltando mi lectura semanal!!! :-)

VIru!!! ya ha pasado un mes, queremos nuevas virutas!!! :-)

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