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Una vuelta rápida al mundo

El blog de Manuel Franco

El diario de viaje del enviado especial del Diario AS a los Grandes Premios de Fórmula 1.

Por MANUEL FRANCO

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martes, 16 abril 2013

Por Manuel Franco

Cap 3. Shanghai, el futuro vive en China

Un día se levantó el gigante y tembló el mundo. El corazón del barbaro es Shanghai, la dama terriblemente bella de China, donde habita el futuro. Hace diez años esta ciudad tenía algo menos de siete millones de habitantes, hoy cuenta con veinticinco. "Es más que media España, jaja", sonríe ante su patriótica broma Neil, uno de los directivos de un hotel de lujo de la ciudad. Y es cierto. Esta ciudad es una auténtica paradoja de lo que puede ser el porvenir, de cómo ha cambiado el planeta. 

En Shaghai se hace real el tópico mil veces escrito de que tiene lo mejor y lo peor del mundo. En eso también ha girado unos cuantos grados China. Estamos ante la capital económica de Asia y una de las más importantes de la Tierra, la Bolsa de esta city es la segunda en importancia por detrás de Wall Street, pero sólo participan empresas chinas. En Shanghai no les interesa la política. "Aquí lo primero es la familia, que la familia está bien y cómo las cosas van bien, pues estamos contentos", explica Neil con orgullo. 

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Y es cierto. Aunque ahora se ven mendigos por las calles, menos que en otras ciudades, lo cierto es que es fácil encontrar trabajo en China y esta es una de las ciudades más internacionales que existen, en los últimos cinco años ha aumentado un 300% el número de expatriados que viven aquí. 

Las empresas internacionales tienen su base de operaciones de toda Asia en esta enigmática ciudad. Y aquí están algunos de los mejores hoteles de lujo que existen. 

Hoteles del mundo. HYATT ON THE BUND (Shanghai)

Estamos ante el mejor hotel en relación calidad-precio de Shanghai, es un auténtico hotel de lujo con más de seiscientas habitaciones y posee el mejor bar de la ciudad donde se puede mirar al futuro a los ojos, el VUE. Desde su terraza donde se cita lo mejor de la nueva clase alta china se puede ver mejor que desde ningún otro sitio los increíbles rascacielos de Pudong, el nuevo barrio que simboliza la nueva China que emerge más allá del comunismo.

Y es que, de momento, al menos en Shanghai, este sistema mixto que se han inventado las autoridades capitalismo económico, comunismo político no disgusta al pueblo, aunque según cuentan en Pekín las cosas son distintas. O en el Tibet. Por ejemplo...

Pero sigamos en el Hyatt, esta hotel en el que se hospedan visitantes ilustes como Richard Branson, Nicolas Sarkozy o Juan Antonio Samaranch tiene uno de los mejores spa chinos, piscina cubierta de más de veinte metros y sobre todo un personal capaz de hacerte sentir casi tan bien como en casa. 

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Neil es la estrella del staff del Hyatt on the Bund. Habla español perfectamente, entre otros cinco idiomas, y es capaz de montar una fiesta sorpresa para que un joven chino le pida matrimonio a su novia con una pancarta que se vea desde todo el Bund o llevar de compras a la señora Branson o conseguir contar la historia de los últimos 20 años de China en cinco minutos. 

En sus restaurantes organizan cada mes distintas jornadas gastronómicas, estos días tienen la de España y se enorgullecen de decir que tienen Jamón Joselito "el mejor del mundo...". 

Desde sus habitaciones las vistas son increíbles. Esto es una parte de lo que ofrece Shanghai y su Hyatt on the Bund. Os seguiré contando...

PD. En esta nueva sección hablaremos de distintos hoteles en los que haya estado. 

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martes, 27 noviembre 2012

Por Manuel Franco

Brasil. Esperar, de espera, de esperanza...

 

Es la una y diez de la madrugada en España, las diez y diez en Brasil, una hora indeterminada en algún lugar del cielo del Atlántico en el que me encuentro. No puedo dormir. No es novedad, suele ser una constante en mis viajes. Hay quien tiene facilidad para quedarse como un tronco en cualquier parte entre las que se incluye por supuesto la clase turista de toda aerolínea que existe. Yo no. En este caso es Iberia. Pero como si fuera otra. Pero además la gripe que arrastro desde hace varios días me hace toser como si mil ramas secas treparan por mi garganta, me duele la cabeza y a cada estornudo me arde de dolor la hernia que adorna mi ingle izquierda desde hace meses. Bonita manera de cerrar la temporada. Unos cuantos metros más adelante de mi asiento 19G, elegido a propósito claro, está Fernando Alonso con su novia rusa al lado, su fisio Borra y su manager García Abad, séquito de urgencia y gala, gente de confianza, ya saben, clan en el que sentirse admirado. Samurai. Filosofia. O algo así. Le supongo dormido.

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Unos cuantos asientos por detrás compartiendo los rigores de la turista, descansa Dani Clos en su último gran premio con HRT, la escudería española que ya no será y que puebla el avión, también van otros y otra gente a la que acompaña como un sombra un gesto de tristeza imperceptible a quien no la conoce, pero evidente para quien la aprecia. También ingenieros, mecánicos y ese cocineros que en tantos grandes premios nos ha hecho la comida. Y sus pinchos, de comunicados de prensa legendarios ¿verdad Nayra? El sueño de tener un equipo español en Fórmula 1 se desvanece, sin que ninguna institución haya hecho nada por remediarlo, sin que alguna empresa importante confíe en el proyecto, a pesar de la ayuda de la mayor parte de los medios de comunicación, a pesar del entusiasmo de tantos, del trabajo y de la lucha de los que ahora me rodean en este avión y otros que ni siquiera ya pudieron subirse a este último periplo de la temporada. Estados Unidos y Brasil.

Eran los países de la esperanza. Para un periodista es my bueno que su trabajo acabe en éxito. Verán, les seré sincero, una vez más, no es lo mismo llegar a la redacción con el Mundial en las manos que no hacerlo, los éxitos y fracasos del deportista de turno, por alguna extraña razón, se hacen tuyos y el recibimiento varia demasiado de llegar como campeón del mundo a hacerlo con la cantinela celebre, ‘no decías que era tan bueno tu amigo Alonso...’ Pues sí, muy bueno, el mejor.

Pero en determinados círculos queda mucho mejor decir que no, que bueno es, pero hay otro que ha sido mejor y por eso ha ganado y tal y tal y tal. A mi es que mi padre me enseñó a decir siempre la verdad. ¿qué quieren que les diga? Así que el asturiano ese que va delante, de novia rusa, fisio italiano y amigo madrileño es el mejor piloto de Fórmula 1 de la actualidad y uno de los mejores de la historia. Pero lleva dos títulos. Nada más. Y nada menos. 

Así son las cosas. Brasil volvió a ser gris esta vez. Suele ocurrir con cualquier país cuando llegas de Estados Unidos y sus tierra del espectáculo. La llegada a Sao Paulo desde Houston en un avión de la United Airlines en el que también venía Jenson Button, Sergio Pérez o Nico Hulkenberg estuvo a punto de no ser. ‘Está usted en lista de espera’, me dicen en la puerta de embarque. ‘Vera señora, es que este vuelo está comprado desde febrero de este mismo año y estamos en noviembre, ¿de qué espera me habla?’ Pues de la espera de esperar, la única que hay, la que me tuvo una hora y media sin saber si iba a volar ese día o tendría que esperar, de espera o esperanza, hasta la noche siguiente.

Finalmente la azafata se apiada de mi y mi cara de cordero mas ensayada y allá que entro en el avión más frío que nunca haya cogido. Resultado esperado, de esperar, primero constipado, después gripe, más tarde noches de fiebre y ahora tos y más tos en el vuelo de regreso a Madrid. ‘Qué frío’ decía Mika Salo en la fila del pasaporte ya en Sao Paulo, el finlandés también viene a Madrid acompañado de un F14, como mínimo, de carrocería rubia. Y yo tan ufano. ¿frío? ¿frío? No se yo no he sentido frío. Claro, siendo de Valdemorillo, la sierra y todo eso, ya se sabe. Pues no frío no, pero eso, noches de fiebre y falta de sueño. Y a las diez en la cama. En Brasil. Anda que no...

Clima-Sao-Paulo

Sao Paulo es una ciudad de contrastes, como suele en Brasil, aunque dicen que es la ciudad menos brasileña que existe, pero que si no conoces Sao Paulo no conoces este increíble país. Y es cierto. Pero si solo conoces Sao Paulo, tampoco. Es mi caso. Tengo unas amigas de Santander que ahora iban a Río de Janeiro en viaje de estudios. Claro, para conocer. Y ya que de conocer hablamos. En este viaje he tenido ocasión de conocer aún más a algunos a los que creía conocer tanto. Sorpresas positivas que se encuentra uno en el mundo, de risas y más risas. Por cierto que llevo un rato sin toser, ni me duele la cabeza, ni la hernia, ni nada de nada. Escribir, que me cura. 

Escribir para vosotros. Hace unos días hice una crónica previa a la carrera de Brasil, el día del milagro se titulaba. Y ahí intentaba hacer un homenaje a la afición española a la Fórmula 1 con los nombres de tantos que he ido conociendo en este año tan especial. Espero que os gustase. Porque escribo para vosotros.

Y como de eso se trata voy a intentar contar lo mejor y lo peor de Sao Paulo donde conviven espléndidos rascacielos en Morumbi con favelas en Interlagos, donde ahora cenar en una churrascaria de medio pelo sale por 80 euros por barba o sin barba igual, donde la delincuencia ha bajado en los últimos años y más en los alrededores del circuito de Fórmula 1 con Policía cada veinte metros, en cada esquina, donde los edificios parecen grises y donde está la tumba del más grande de siempre, en un cementerio que parece un prado en el que descansar después de un día de trabajo, después de un vida de lucha, ahí, donde siempre hay flores frescas que llegan cada mañana a ese trozo de piedra donde pone Ayrton Senna. Sólo por sentir la paz que rodea ese lugar merece la pena la visita paulista.

Así se llama, precisamente la avenida más grande de la ciudad, la que la parte en dos, en la que las garotas reciben miradas del mundo sin querer o queriendo, donde vive el espíritu de un país gigante que despierta al mundo. Allí vive a ratos mi amigo Pablo Rey, un auténtico figurasa, español de Montevideo, brasileño de vida libre capaz de hacerle una foto a Ronaldo que nunca olvidará o de aparecer empapado en la sala de prensa después de una carrera bajo la lluvia diciendo, ‘ya te dije yo que no llovería Franco y que Alonso no ganaba el Mundial, por poco, pero no ganaba’ después de tirarse tres días repitiendo como un mantra que esta vez sí, el asturiano regresaba a casa con el título. Eres grande pequeño. Y también tu furgoneta, vieja sí, pero nos lleva y nos trae. Eso sí hizo el Ferrari, rápido no mucho, pero llevar y traer como un tren de mercancías, menos cuando le embisten claro y se queda ahí atrapado entre sueños en Bélgica y Japón donde se perdió este Mundial que debió ser del muchacho de por ahí delante. Probablemente este Alonso que ahora intenta dormir iría dormido del todo, e incluso yo, quizá los dolores sólo sería de esos de después de una fiesta. Y es que el éxito cura. Como escribir. Último viaje. Regreso a casa. Lo que espero, de esperanza, sí que cura todo. Buenas noches. Gracias. 

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martes, 20 noviembre 2012

Por Manuel Franco

USA o la vida en una película

¿Who are you? Hizo un amago de irse, pero después lo debió pensar mejor y fue justo al darse la vuelta, sombrero tejano calado, gafas de sol Randolph, placa de sheriff... ¿De doooonde sois? ¿Españaaa? ¿Allí no hay límite de velocidad? Ahora estaís en Texas, en los Estados Unidos, en America... El conductor con las manos en el volante, cara imposible de ir a misa los domingos a escuchar al revedendo y el sí señor instalado en su voz mirando de reojo al Sheriff Mckenzie. Poco antes entrábamos en la carretera que da aceso al circuito de las Américas (COTA para los amigos) y entre bromas sobre jugadores antiguos, muy antiguos del Rayo aceleramos un poco, casi en torno a las sesenta millas cuando, como en una película americana, el sheriff se da la vuelta con su coche, pone las luces y nos hace parar en una cuenta. De película. 

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Porque visitar Estados Unidos, al menos el estado de Texas en el que se ha disputado por primera vez un gran premio de Fórmula 1 es vivir dentro de una película, seguro que ahora aún cuando escribo estas líneas a punto de viajar a Brasil ustedes están viéndome en una pantalla del cine, si es la 25 de Kinepolis perfecto, pero quizá para este viaje sea casi mejor verlo en los cines de la Plaza de los Cubos, ¿verdad Princesa? Pero sí, la película es cierta, porque estamos todos.

Nada más llegar a Chicago después de un viaje de nueve horas en Iberia y después de conseguir gracias a un ángel de la Embajada de Estados Unidos en Madrid un visado salvador, al bajar del avión, dos policias de aduanas (seguro que actores contratados) me cogen y me dicen que hay problemas con el pasaporte. Richard Kyenzoswky se llama uno de ellos. Y cuando ven el visado ya respiran. Y hablan de F-1. Alonso es el mejor, cantinela repetida en los cinco costados de este ancho mundo, pero en este caso la razón es que el asturiano es amigo de un polaco, el tal Kubica, que viene de la tierra de sus ancestros, aquellos que emigraron a este gran país después de la Segunda Guerra Mundial. Y me cuenta su historia, que queda para un próximo post. Si puedo.

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Seis hora de enlace en Chicago daban para una visita a MIchael Jordan. O a la estatua que le rinde homenaje en el United Center, la cancha de los Bulls. Impresiona estar ahí, y me acuerdo de algunos amigos de la época en la que sabía tanto de baloncesto NBA como después de política internacional y ahora de nada. El mejor de siempre estuvo aquí y siempre estará dice la placa debajo del monumento en el que se ve a Air Jordan volando en su famoso mate con el que ganó el concurso contra Dominique Wilkins. Qué tiempos... Allá me lleva un taxista de nombre David Do, más americano que George Bush, padre e hijo, pese a sus ojos achinados. Hablamos de todo. Empieza contándome que el mejor equipo de fútbol son los brancos y le gusta sobre todo Casillas, pero también los rojos, con Iniesta, el que marcó el gol... de nuestra vidas. (¿Cuanto le habrán pagado a este tipo por actuar en esta película?)

 

Me devuelve a la terminal de Chicago tras un atasco infernal y de ahí en un autobus de United, sí era un avión, pero tela... me encuentro con la bella negra que parece bailar cuando se mueve  (muy bien elegida por el director quien quiera que sea) y hablamos de España, ese país en el que la gente se está matando, me dice. Me cuesta rebatir sus argumentos, pero claro al final lo hago para contar que no estamos tan mal y le enseño el vídeo aquel que puso nuestro amigo Abad en Twitter donde se ve todo lo bueno que tenemos y más. Al final se quiere venir conmigo a España. Normal. Debe ser duro estar siempre actuando.

Lo que aún no entiendo es como no me había encontrado todavia con Jim Carrey... ¿será que esto es la segunda parte del Show de Truman? 

Austin aparece como una excepción en Texas. Bonita ciudad de calles donde vive la música. En la noche de este lugar la calle sexta es un crisol de luces, sonidos y actores secundarios. De repente sale sin control un camión de bomberos, después un par de policias a caballo, más allá el que dicen es el original Coyote Ugly con sus camareras bailando en la barra, en una esquina el Bikini, donde las camareras sirven en bikini, claro...por allí caminan grupos de negras que brillan en la oscuridad, inmensos osos cultivados en hamburguesas gigantes, un par de granjeros se citan al amanecer con los porteros de una discoteca hasta que la sangre llega al río y seis policias nos pueden con el más joven de ellos, una especie de Raikkonen tejano con su gorra de plato calada hasta la cintura...

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Mientras las bandas siguen tocando en cada garito de la calle sexta, una especie de Sta Catherine de Montreal venida a más o a menos, según se mire. Un mejicano enano toca un extraño instrumento que podría ser una guitarra hasta que le doy un dolar, mete su bandurria en un estuche, se pone otra cazadora y se va de allí. Claro, su papel era ese, el pobre no tiene ni frase en la peli.

En el circuito grupos de animadoras saltan entre la banda de mil personas que ocupan la parrilla, las hamburguesas y los nachos se mezclan con burritos y los mejicanos con los tejanos. Increíble lugar este. Al salir caminando hora y media con hernias que destrozan la existencia un cartel advierte que puede haber reptiles por ahí. Y por la vida. Está lleno. Pero nadie avisa. Cuidado, ya os lo digo yo. 

Pero son excepciones, la mayor parte de la gente es buena, aquí, en España y en cualquier película que vivamos, gracias a todos los que me dais un beso lejano mientras yo se lo doy a mi pequeña en su tercer cumpleaños. Estas son las pocas cosas malas de viajar por el mundo de enviado especial, que es un trabajo tan especial que a veces te pierdes las cosas más especiales. Pero volvamos a Estados Unidos que esto no estaba en el guión. 

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Austin está lleno de hoteles, pero en pocos se puede desayunar, otro aviso. Y en Panera, un Starbucks más a la americana si se puede uno toma un capuchino con crema de cacahuete mientras al lado las chicas con las camisetas de su High School llegan desde el autobus de película amarillo, claro. Y los obreros de la construcción se toman una cerveza con mil arneses colgado de sus pantalones, buenos actores. Y las chicas de oro están un poco más allá, junto a una mesa en la que Sean Connery les hace ojitos con licencia para matar, ahora un coche aparca haciendo metal con el asfalto, es un descapotable de los 60, un Mustang y, me froto los ojos, parece Brad Pitt con su Thelma y Louise. ¿ o no son ellos? ¿Tendremos presupuesto para tanto?

Estamos en la cancha de los Spurs, viaje a San Antonio, las luces se apagan, mano al pecho. Suena el himno americano. Qué país...donde vivir una bonita película. Espero que lo hayan pasado bien en el cine. Nos vamos a Brasil, hay que ganar un Mundial...

 

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martes, 06 noviembre 2012

Por Manuel Franco

Abu Dhabi o la mentira más real

A veces da la sensación de que el mundo no es real. ¿no les pasa? Y en esto de la Fórmula 1 si hay un gran premio en el que sucede es Abu Dhabi. Mujeres de esas que están sacadas de la sala de diseño de un mago, sí Newey podria valer también para esto quizá, coches de lujo de carrocerías excéntricas, un Bentley rosa la última adquisición de una niña árabe, un hotel que parece una nube de colores... y un circuito, un trazado increíble en el que suceden cosas extraordinarias. Esto es Abu Dhabi, un lugar remoto en mitad de un desierto en el que se crean islas de la nada para montar un universo irreal. Y verdadero. Porque aunque parezca mentira todo aquello es real, aunque uno crea estar en medio de un videojuego sobre el lujo de repente ves un botones del hotel Yas Viceroy que se desvanece y se lo llevan en volandas cinco de sus compañeros para intentar salvarle la vida. Por ejemplo. Abu Dhabi es, como Mónaco, una perfecta metáfora de la Fórmula 1, un mundo de cartón piedra en el que la verdad está en la pista, donde unos cuantos tipos se juegan la vida a cada décima. Como ese Alonso rozando el muro con un Red Bull acariciando su coche rojo... Por ejemplo.

 

Llegar a esta parada desde Madrid no es lo mismo que hacerlo desde India, en este caso el paso medio de la capital de nuestras España se agradece, primero por la intensidad del instante familiar, después porque el cambio no es tan brusco. Un vuelo de Emirates, mi aerolínea preferida, un buen libro, ese Nurakami que construye realidades paralelas en 1Q84, alguna película y siete horas después Dubai. Una hora y media esperando para pasar el control de pasaportes, otra más en taxi hasta Abu Dhabi y otra más esperando una habitación que no estaba.

 

A las cinco de la madrugada al fin pude irme a dormir, solo un rato antes de que la cadena SER llamara a mi teléfono. Y comenzará el jueves...

 

Hotel Al Raha Beach, una delicia árabe con una playa falsa, pero de arena y contrates de los emiratos, junto a impresionantes bellezas con biquinis minúsculos acompañando a ancianos de relojes de oro, otras mujeres sufren con varios niños y un burka negro en el calor de la piscina. No, no me gusta eso.

 

Ver como se maltrata a las mujeres de esa manera, aunque sea su cultura, no lo puedo soportar. Es indigno y más aún cuando se descubre su mirada en la ranura que deja ver sus ojos. Tristeza.

 

El hotel es uno de los mejores de allí, buen precio y habitaciones enormes de techos altos y camas para dos, una pena ser uno... Sólo la negativa total a un check out later deja mal sabor de allí, el resto casi la perfección. Amabilidad árabe, lujo árabe... Abu Dhabi. Parecía de mentira, pero era real. Un poco más allá está una de las mezquitas más grandes del planeta y aún más hacia el otro lado, junto al circuito un Ikea, aldea global. Y el parque Ferrari con su montaña rusa de sensaciones indescriptibles, de 0 1 240 km/h en dos segundos. Sí, es verdad.

 

Abu Dhabi nos regaló una carrera de sensaciones encontradas, casi todo lo que pasó pudo no ser verdad, parecía mentira, pero fue real, sí... Abu Dhabi, ese lugar de sensaciones encontradas.

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martes, 30 octubre 2012

Por Manuel Franco

"Hola, hola Loca Cola"

VUELTA RÁPIDA EL MUNDO. PARADA EN INDIA

 

Tuk, tuk, tuk, tuk, el pequeño aparato amarillo de tres ruedas vuela por las calles de Nueva Delhi con su música de pitidos infernales, motores rotos, gritos y pisadas que retumban como un recuerdo. El conductor del Tuk, Tuk, se da la vuelta y ante el asombro del cliente europeo dicen, tranquilo, tranquilo, esto es India, ¿eres español no? Todo esto, les prometo, en perfecto uso de la parla de Cervantes, para concluir con varios dichos de nuestro país y otros inventados y terminar con una "hola, hola Loca Cola". Ahí le tienen. Ese mismo conductor les puede llevar entre patadas a vacas sagradas y silbidos a niños que piden sin que se les pueda tocar a una tienda de pasminas en la que puedes comprar tantas y tantas cosas que ni siquiera sabías que existían y menos aún que necesitabas. Hola, hola Loca Cola... Esto es India.

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Al llegar a Nueva Delhi lo que más sorprende es el olor, para unos incienso, para otros mierda, el cielo, para unos una preciosa niebla dorada, para otros basura en suspensión, sus gentes, para unos amables indios dispuestos a echar una mano en lo que haga falta y hacer la vida mejor al viajero, para otros jetas infames con ganas de llevarse en una hora el suelo del un mes, sus monumentos, para unos preciosos templos, enormes jardines y animales exóticos, para otros piedras y más piedras, arbustos llenos de ratas y vacas por todas partes... y todo eso es verdad. Y más. India, ese país.

Como siempre he querido ser periodista para contar cómo vive la gente en países lejanos a donde pocos llegan a mi me gusta India, me parece un lugar interesante, rico en cultura que hay que conocer y saber apreciar. No es fácil. Después de estar dos veces en India ahora ya se porqué es la cuna del yoga, claro, de no hacer estos ejercicios estarían todo el día de los nervios. Y es que India es sinónimo de caos, total y absoluto. Sobre todo el tráfico, allí no existen conceptos como carriles separados, lo suyo es ir por entre las líneas, y distancia de seguridad, cuanto más te pegues al de detrás mucho mejor, sin duda. Es un auténtico infierno. Más aún cuando el chófer (no se confundan aquí a los extranjeros no les dejan coger coches) se da la vuelta con una sonrisa y en perfecto inglés pregunta, ¿verdad que conduzco bien? ¿estará contento? Y claro uno le devuelve la sonrisa y piensa en cosas bonitas para alejar tentaciones insanas. El mío, en cualquier caso, era bueno, se llama Sonu y se lo recomiendo si alguna vez van por allí, es un conseguidos, te puede llevar a cualquier parte y habla bien en el idioma del invasor. En ese sentido tuve suerte, varios compañeros y equipos cogieron a algunos de esos que solo hablan en su lengua y para decir sí, no y todo lo contrario hacen un gesto como un ocho con la cabeza. Fueron muchos sí, los que perdieron los nervios. Yoga, ya les digo.

Elefanteando

Pero sí, India es un país que hay que conocer. Sobre todo por sus contrastes. Y porque puedes ver cosas que no existen en ningún otro lugar del planeta. Creo... Ver un elefante en mitad de una autopista de seis carriles o un rebaño de vacas, que una señora de repente en mita de la calle abra una pequeña sábana y se eche en el suelo a dormir la siesta o lo que Dios quiera que hagan, monos por las calles, los tuk tuk, los carritos de bicicletas que llevan a la gente por la ciudad. O más allá... Incredible India. No hubo eslogán más certero.

Pero también hay lugares para la paz. En el Gandhi Memorial se encuentra la paz. Allí donde asesinaron al Mahatma un 30 de enero de 1948 se pueden seguir sus pasos, ver la cama donde pasó sus últimos dias y respirar un aire que es de esperanza. Es India, lugar de contrastes. Esto sólo es la primera parte. Mañana en al avión camino de Dubai habrá más, espero... mientras les dejo un poco de India, sólo un poco, el lugar donde les pueden decir en un castellano mejor que el mío, un sonriente Hola, hola Loca Cola... loca sí...

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martes, 16 octubre 2012

Por Manuel Franco

Corea y la imaginación

     Son las cuatro de la madrugada en el cielo, el piano toca notas cadenciosas, a mi lado dos coreanas duermen como si jamás lo hubiera hecho y el avión baila entre las nubes en la noche. Me gusta escuchar a Norah Jones susurras a los corazones heridos mientras escribo en un viaje interminable que está llegando al hogar de su camino, incluso ahora que estas dos ancianas apenas me dejan sitio para moverme en el minúsculo espacio de la clase turista. Regreso a casa. Después de quince días dando tumbos por el otro lado del mundo al fin voy a poder abrazar de verdad, besar, amar... En este oficio de periodista, tan denostado por muchos y tan necesario en nuestro mundo, aún sobrevivimos algunos privilegiados que gracias a una pizca de talento, a la confianza de algunos y a toneladas de suerte podemos seguir contando las cosas que suceden en otros universos. Os seré sincero, una vez más, este rato de escribir para vosotros lo que me encuentro en los viajes, de contar cómo son otras vidas, me hace respirar. 

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¿Qué sería de nosotros sin el aire? Y no me refiero a ese que nos rodea sin remedio sino al que realmente nos hace vivir. Sucede en el trabajo, en la amistad, en el amor, sobre todo y ante todo. A veces alguien me cuenta que está con otra persona porque es bueno o buena o porque me trata bien, o por su belleza, o su inteligencia o quizá porque está dotada de alguna cualidad agradable, atractiva o interesante, pero nada de eso es la verdad que hace vibrar el alma. Cuando alguien es tu aire, entonces sí, has encontrado el verdadero amor. ¿Será el cansancio que me hace hablar de sentimientos? ¿O quizá un viaje complicado en el que he descubierto aún más de lo que ya sospechaba sobre el mundo de la Fórmula 1? Una vez un amigo, que a veces me pregunto si realmente lo es, me dijo que este deporte es cartón piedra, que todo es una máscara que se derriba fácilmente y detrás está la realidad. Cada día que paso en esta especie de gran hermano de mentira me dio cuenta de cuanta razón tiene. Encontrar una mano tendida en este lugar de hipocresía y discursos dobles es una utopía, por eso aún aprecio más a los amigos que tengo aquí, algunos de ellos capaces de aguantar mi mal humor, de hacer reír ante un café, de poner una tarjeta de crédito cuando hace falta, de escuchar explicaciones vanas, de preguntar a la cara ¿qué es eso que has escrito hoy, estás loco?, de enviar un mensaje por la mañana de esos qué preguntan, ¿cómo vas hoy?, o de enfadarse como una loc@ y aceptar el perdón, . Sí, en este mundo de la F-1 hay gente así, algún día os contaré quienes son... porque son pocos. La generalidad se lame sus heridas, critica sin compasión o destroza argumentos solo porque no son los suyos como si les fuera la vida en ello. Funciona mucho también el primer impulso, en este viaje he tenido que escuchar broncas y reproches hasta del señor que abría la puerta de los circuitos... así son las cosas de la vida. A veces, cuando me pasan cosas así, me preguntó si la culpa será mía, porque veo que a otros no les pasa, será que soy yo la mala persona, será que soy yo quien no hace las cosas como debe, quizá... pero intento que no.

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En estas estoy cuando las señoras se despiertan e intentan hablarme en coreano. Me viene bien cómo metáfora, ¿acaso no está bien claro que no tengo rasgos orientales? Confusiones... Es muy fácil confundirse en la F-1, lo realmente complicado es darse cuenta del error. Y eso vale también para los periodistas. 

Escribir una noticia con fuentes de toda solvencia, pero no poder citarlas en ocasiones puede hacer que lluevan los problemas. Pero son cosas del oficio y de escribir en un periódico con medio siglo de historia reconocido y apreciado en todo el mundo, como he tenido ocasión de comprobar. No es lo mismo escribir que el cielo está enladrillado en el AS que en la Gaceta de Fresnedillas. No es lo mismo. Ni siquiera es lo mismo escribir en el AS que hablar en una radio o una televisión, las voces se las lleva el viento, lo escrito, escrito queda. Y el prestigio hay que cuidarlo, ahora a mi tras un episodio complicado me va a tocar trabajar duro para recuperarlo, a veces se entiende lo que se quiere entender. Y más en la F-1. Y es que en este deporte tan intenso y difícil en el mundo del periodismo influyen a veces tantos factores como en una carrera. Para ganar tiene que estar todo en su sitio, todo perfecto, unas veces se consigue, las más. Otros no. 

Empiezo a despertarme, así que al fin os dejo de filosofía barata sobre el mundo de la F-1, es un poco del inaccesible mundo del paddock, donde habitan bellas y bestias. Y al que dejo, al menos por una semana, hasta que deba viajar a India...

 

Será otra aventura, como la de Japón y Corea. Sobre el sol naciente ya os conté en Tokio Blues.... ahora me despido de Corea del Sur, una especie de España oriental de los años setenta salpicada de algunos elementos del futuro, como el aeropuerto Incheon en Seúl, de los mejores del mundo sino fuera porque a las nueve y media de la noche cierran casi todo de manera precipitada como si hubiera un simulacro de incendio. Pero no es en la capital donde se celebra el gran premio sino en un inesperado lugar llamado Mokpo. Es la ciudad más cercana al circuito de Yeongam donde brilla en la imaginación los edificios que jamás se construyeron. La maqueta original del circuito estaba rodeada de rascacielos, hoteles de lujo, casinos y el mar junto a la ultima curva, ahora hay un trazado con una parte de pista convencional y otra de urbano, sin casas... contrastes coreanos. 

Llegar a Corea desde Tokio es bajar el nivel, así hay que decirlo, sobre todo porque Seúl es un espejismo en este país de Hyundai, KIA, Samsung o LG, empresas que por otra parte ya quisiéramos para nosotros. Y Lotte, menos conocida en el resto del mundo, pero omnipresente en todo el país. Desde el aeropuerto de la capital hay casi cuatro horas en tren (menos bala que el japonés) a precio asequible hasta Mokpo. Una vez allí descubrimos una ciudad portuaria que parece Algeciras, pero no lo es. Rodeada de moteles (http://www.as.com/motor/articulo/formula-amor-da-cita-mokpo/20101024dasdaimot_5/Tes)  por todas partes, es una ciudad que parece sacada de un documental sobre la vida nocturna, en el par de plazas por donde están casi toda la F-1 alojada, salvo el hotel Hyundai donde suelen estar los pilotos, ha cientos de restaurantes, karaokes, moteles, cafés, bares, pubs, discotecas y luces de colores por todos lados. Junto al mar...

Un mar desde el que se puede ver uno de los más bonitos atardeceres del mundo, es en ese instante alredeor de las seis de la tarde donde se concentra la mayor parte de la belleza que en este extraño lugar se pueda encontrar. Y donde uno puede seguir pensando y sintiendo, por ejemplo que no es lo mismo viajar con una hernia inguinal y una tendinitis que hacerlo pleno, que cuando el cansancio aprieta todo es más difícil y que es, en esos momentos, cuando se ve lo que realmente merece la pena. Como escribir sobre el país del ying y el yang, un lugar de contrastes donde echa a andar la imaginación...

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viernes, 12 octubre 2012

Por Manuel Franco

Tokio Blues... in translation

Brillan como luciernagas las luces de la ciudad mientras la magia del libro va dejando su rastro en la habitación 3320 del Cerulean de Tokio. ¿Donde estaba? ¿Qué sitio era aquel? A veces la realidad se estremece en lugares que parecen arrancados de una imaginación interminable. Tokio Blues en Tokio y Murakami desapareciendo entre mis manos...en una madrugada de una de las ciudades más bellas, enigmáticas, misteriosas y meláncolicas del planeta. Tokio, donde habitan historias unicas. 

A veces, cuando los problemas crecen, la salud se resiente y hasta las estrellas envian mensajes en una botella las dudas preguntan y hacen sufrir, pero los privilegios siempre pueden con el lados oscuro. Viajar, sentir, conocer, descubrir el mundo y dejar que escriba en tu alma como cicatrices de la vida. Son las cosas de tener un trabajo por el que tanto soñé. Ve, descubre y cuéntalo, sintesis, resumen del periodismo, ese oficio denostado y destrozado en estos tiempos inciertos sin el que nada sería posible, ni el mundo en qué vivimos, ni el universo en qué viven otros. Entre protagonistas y los que narran sus hazañas se establece una relación de mutua gratitud. O así debería ser. Nosotros no tendríamos tantas cosas sin ellos, ellos poco serían sin nosotros, sin alguien que haga saber al resto de lo que son capaces, que hay unas personas que disponen de un talento sobrenatural para hacer ciertas cosas y llevar la felicidad a otros. Magia...

Magia, palabra que vibra en Tokio. Japón es un país imprescindible, rico en todos sus extremos, con una cultura digna para acercarse y quedarse, con una historia, con unas gentes... Allí aún perviven valores olvidados en occidente. Recuerdo en mi primera visita, en el tren que lleva de Nagoya a Suzuka me perdí y aparecí en la ciudad de Tsu. Unas chicas se empeñaron en ayudarme y hasta que no me dejaron en la puerta de mi hotel no se volvieron. Valores olvidados. 

La carrera de Japón permite descubrir el amor que sienten por España en este país, los restaurantes españoles, como El Sol o Manolito de Suzuka donde una torrija es una tostada francesa, crecen como setas en el bosque, incluso han montado un parque temático dedicado a nuestro país, cuando dices que eres español se les ilumina la cara. Y al contrario que ocurre en otros países, aquí dan ánimo. Si en otros sitios dicen 'qué mal estáis, eh, de esta va a ser dificil que salgáis' los japoneses, al contrario, '¿qué estáis mal? bueno, pronto saldreis, sois España...' Gracias.

Volvamos a Tokio, allí la F-1 descansa, o no, un par de días, después de la carrera de Suzuka y antes de la de Corea. Es mi segunda visita y todo impresiona, pero la primera vez, ay la primera vez, estremece. Este año tenía cama en el hotel Cerulean Tower en Shibuya, a dos minutos andando del cruce más famoso del mundo, el cruce de Shibuya en el que cientos de personas se mezclan a la vez en mitad de la carretera rodeados de luminosos en los edificios que enmarcan la escena. Increíble. Y junto a Hachiko, el perro fiel que volvía a la estación de tren a buscar a su dueño, un profesor universitario que ya se había ido de este mundo. Los japoneses han hecho una estatua a ese perro. Detalles...

Hay que visitar Shibuya, pero también conviene descubrir la nueva zona de rascacielos de Shinjuku, donde uno puede comer el mejor tepan yaki o el Mercado de Pescado, hay que madrugar mucho, donde según cuentan está el mejor shushi que se puede encontrar. Entre un lugar y otro, para descansar del caos, la paz del parque Yoyogi, un bosque en la ciudad donde sentarse a escuchar a una mujer tocar la trompeta o encontrarse con el grupo Jaja enseñando Jazz o ver un grupo de chicas bailando funky. Después se puede comprar en la zona de Ginza, donde las marcas tienen tiendas que son edificios, Gucci, Armani, con sus bombones del amor, la Apple Store con sus flores por el aniversario de Jobs o el increíble Sony Building donde en la planta sexta se puede encontrar la que dicen es la mejor pasta de Tokio en Al Dente. Después cena en el Gopanchi, el restaurante donde un cubano-japonés os guiará por tapas de comida japonesa hasta que os encontréis con la cuenta... ohhh. Y finalizar el día en uno de los locales de Roponggi como se quiera. Después caminar hasta la Torre de Tokio y ver el amanecer sentado frente a la bahia. O leyendo a Murakami. Y al día siguiente pasear y pasear y pasear viendo a Midori en una esquina o a Toru y Naoko pasear por las calles... No poder dormir y salir a la calle escuchando blues e imaginarque encuentras a Scarlett bailando con Bill in translation. O regresar a la realidad, escribir, mirar a la mesa de al lado y encontrar una rubia que quiere invadir tus recuerdos, pero en verdad echar tanto de menos a la familia como cuando se descubre la belleza, como quisiera que estuvieras conmigo en estos momentos amor, incluso llorar en la emoción del diez del diez cuando te fuiste Pa, o contar las estrellas que se unen con las luces de los edificios de la ciudad de Tokio, como luciernagas que brillan en la noche... Tokio. ¿donde estoy? ¿donde estaba?

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viernes, 28 septiembre 2012

Por Manuel Franco

Viviendo de noche en el futuro

Italiagp2012 002Uno espera ver en Singapur un avión interestelar de la Guerra de las Galaxias y que las carreras sean entre esos aparatos del futuro imaginario y no con coches... no puede ser lo mismo aquí que en Spa, por ejemplo. Pero si después de Bélgica decíamos que había que ir una vez en la vida, a Singapur hay que venir aún rompiendo todas las huchas de cerditos que nos regalaron cuando la Primera Comunión. Con escala en Dubai en la maravillosa Emirates se tarda unas dieciséis horas en llegar al aeropuerto Changi de la ciudad-estado asiática y a partir de ahí comienza la aventura de vivir de noche en el futuro...

Así conté en AS en una intrahistoria como viven los pilotos este gran premio único en el calendario:

"Las luces del Marina Bay Sands, el hotel con forma de menhir prehistórico con una piscina en el cielo que reina sobre Singapur, ya se han apagado, pero la lengua brillante del circuito permanece, como hará toda la noche. Son las cuatro de la madrugada y el universo de la F-1 va abandonando el circuito con dirección a sus hoteles. O a cenar en uno de los pocos sitios abiertos a esa hora: el restaurante del hotel Conrad es uno de ellos, su hamburguesa Oscar's es un clásico en la madrugada. Allí, Jenson Button se entrena en el gimnasio antes de irse a dormir a las cinco. En el Park Royal, Paul di Resta abandona la piscina junto a su entrenador después de unos largos y una hora de pesas y carrera. Fernando Alonso hace lo mismo en un hotel cercano. Madrugada en Singapur cuando cae la noche en Europa. Este gran premio de horario español en Asia es el único de todo el calendario en el que los pilotos se entrenan físicamente también durante los días de la prueba. Normalmente, la actividad física acaba para ellos el día antes de llegar al lugar donde se va a celebrar la carrera. Aquí no. "En esta cita se dan dos particularidades que la hacen especial desde el punto de vista físico. La primera es el horario, hay que mantener la vida a las mismas horas que en España pero en Asia; es decir, hay que hacer de noche lo que se hace de día y eso, aunque puede parecer fácil, es complicado porque el cuerpo es sabio y te indica todo lo contrario, sin luz hay que descansar. La segunda es el calor y la humedad", explica Edo Bendinelli, fisioterapeuta y amigo de Alonso. Éste es el gran premio más intenso y exigente con el cuerpo y la mente de los pilotos, si en una carrera normal pueden perder un kilo y medio o dos como mucho, aquí puede llegar hasta cinco y cuando terminan tienen fiebre. Fernando lo contaba ayer: "Es muy duro, aquí se exige mucho a los coches y a los pilotos, después de los libres medimos mi temperatura corporal y tenía más de cuarenta de fiebre". Pero al fin, después de la carrera llega el descanso. Obligatorio. "No hay buen entrenamiento sin descanso y cuando concluye este gran premio el lunes hay que descansar mucho, lo que pida el cuerpo porque esta carrera es como hacer un triatlón, muy dura", argumenta Edo. Y lo seguirá siendo, porque la organización ha renovado su contrato hasta 2017. No es de extrañar, en los cinco años que lleva el gran premio los turistas que han visitado esta ciudad-estado se han dejado más de 400 millones de euros, aquí las entradas de 120 a 3.500 euros se han vendido hace ya meses. Así que el año que viene volveremos a vivir de noche, despertar a la una, desayunar a las dos, comer a las ocho de la tarde y cenar a las tres de la madrugada para ir a la cama a las cinco. O eso, al menos, harán los pilotos..."

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Y es que vivir de noche es lo más representativo de un gran premio en el que los horarios te vuelven loco, absolutamente loco. Y en el que las tertulias del Conrad, el único sitio civilizado en el que se puede cenar a las cuatro de la madrugada mientras los camareros preparan el desayuno, una leyenda... (CONTINUARÁ...)

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martes, 11 septiembre 2012

Por Manuel Franco

Monza o el espíritu del cavallino...

Cierras los ojos, rodeado de gente por todas partes y de repente el mundo desaparece... las hojas secas de los árboles del parque de Monza vuelan por al aire y de la lejanía llega un ruido, primero tenue como un silbido, después rotundo como un trueno buuuohhheeeeeeeiiiiiiiiinnnn las hojas regresan al suelo lentamente y el silencio regresa mientras Enzo Ferrari llega con sus caminar de leyenda para saludar a un piloto que baja del coche después de echar su vida a los dados del destino en un ovalo interminable, quizá sea el fantasma de Alberto Ascari que dejó aquí su corazón para siempre probando un Ferrari en 1955, quizá...Italiagp2012 001

De repente el mundo regresa y el tumulto de entrada al circuito de Monza se hace real. La pista está en el famoso Parco di Monza, un enorme parque en el que hay coches y palacios reales y el atasco para entrar es interminable como la historia. Hay un momento en el que los pilotos se mezclan con el público porque llegan con sus coches por el mismo sitio que los aficionados eligen para situarse en su grada correspondiente. Y ahí pude ver como Hamilton, el que después de la carrera era abucheado en el podio, volvía locos a los tifossi antes de empezar, aunque vistiesen de rojo Ferrari. En el túnel de acceso al paddock el enorme Mercedes del inglés, cascos de última generación en las orejas, era abordado por cientos de aficionados que apenas podían caminar por allí, detrás este periodista y nuestro amigo Víctor Seara, y el coche siguiente el de un sonriente Andrian Newey como pasajero de un Infiniti. Media hora para apenas cien metros...Italiagp2012 004

La afición en Italia es muy especial, y además hay muchos españoles que viajan hasta el circuito de los alrededores de Milán, menos esta vez por la maldita crisis, palabra a evitar si se puede, situación de la que huir, si se quiere... después del gran premio la pista se llena de aficionados que quieren jalear, o no, a los ganadores. Por ejemplo.

Monza es uno de esos sitios que si no tienes el hotel en el sitio indicado no podrás conocer como enviado especial a los grandes premios, no hay apenas tiempo y sólo si duermes en el centro histórico podrás admirar un río sin agua, calles estrechas, iglesias de portal inmenso y escaso fondo o plazas repletas de Trattorias en las que comer un tiramisú para recordar. La recomendación de esta vez es La Villeta, en la calle principal que termina en el parco de Villa Reale, un lugar en el que puedes encontrar a Horner, Brawn o Schumacher entre las mesas. ¿Caro? Un poco, pero poco. Allí estuvimos con dos aficionados a la F.1 de esos que llevan años y años viendo carreras, mucho más que yo por supuesto. Para no ir, o ir con cuidado, una pizzeria que parece un garaje donde suelen robar bandas de napolitanos con pocos escrúpulos y muy mala leche.

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En Monza termina Europa, ya no veremos más filas de aficionados con la sonrisa del que va a ser feliz caminando kilómetros, o extraños personajes vendiendo entradas a los que no tienen, este año había menos también al tiempo que más blancos en las gradas, en Monza termina el momento de los más ricos del Viejo Continente. Allí había varios y me hizo mucha ilusión ver como se hacían fotos con Pau Gasol como niños a los que acabaran de regalar un muñeco de peluche. Monza, un lugar donde hay que viajar, al menos dos o tres veces en la vida. O más. Para cerrar los ojos y escuchar el sonido de un Ferrari y los gritos del Comendattore, y los árboles silbando y ..., perdón, tengo que dejaros, voy a limpiar mi bolsa, está llena de hojas secas.

 

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martes, 04 septiembre 2012

Por Manuel Franco

Spa, al menos una vez en la vida

Hay otros sitios, pero no te erizan la piel al ver una curva donde los héroes se juegan la vida, ni tiene cientos de miles de inmensos pinos alrededor, ni se pueden ver peregrinaciones de aficionados como si fuera la tierra prometida, ni hay una leyenda mirando el lugar donde hablaba con Dios, ni llueve en una parte y hace sol en la otra, ni hay agua roja corriendo debajo del asfalto, hay otros sitios sí, pero no son Spa Francorchamps, el circuito al que los verdaderos aficionados deberían ir al menos una vez en la vida. 

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Y es que Spa es diferente. Recordemos lo que escribí hace unos días sobre lo que os podéis encontrar al llegar al pueblo de Francorchamps, donde de verdad está el circuito, un pueblo que adora la Fórmula 1...

Hubo un tiempo en el que Stavelot fue un estado independiente gobernado por un obispo al que pertenecía el pequeño pueblo de Francorchamps, hoy aquí reina la Fórmula 1. Y es que este lugar de apenas 6.000 habitantes se convierte una vez al año en la centro de peregrinación de una afición capaz de aguantar horas bajo la lluvia para ver apenas unas vueltas a los pilotos en el circuito más imponente del calendario. Los hay con mejores instalaciones, China, Abu Dhabi..., incluso con más leyenda, Monza, Mónaco, pero sólo en Spa se viven sensaciones únicas. 

Desde el hotel Val de la Cascade, en la aldea de Coo, se llega de repente a Francorchamps que aparece como una visión desde carreteras estrechas entre árboles centenarios, vacas pastando y caballos que enmarcan la postal de Instagram. Y Francorchamps, a pocos kilómetros de Spa, es Fórmula 1. Aquí la mayor parte de los bares y hoteles hacen referencia a esta deporte. Podemos ver el Hotel Pit Lane, casi lo primero que se descubre al llegar a esta ciudad, enfrente en una esquina está la Pizzeria Aqua Rossa, con fotos de pilotos por todas las paredes y televisiones que muestran duelos entre Prost y Senna nunca olvidados. Bajando por esa carretera, el Racing Hotel y al lado el Bar Fórmula Uno, así con letras. Encima ya surgen las tiendas de campaña de los campings improvisados o no, la fila para comprar las entradas en una casa del pueblo y un sonido... Junto a mi Polo de alquiler pasa un Ferrari. Amarillo. Nadie es perfecto...

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Eso son cosas que pasan en Francorchamps, pero este lugar mágico está repleto de atractivos.

Por ejemplo en el cercano pueblo de Stavelot, que da nombre a toda la comarca, está una de las más hermosas Abadías de toda Bélgica y en los sotanos de ese templo religioso hay un museo de coches y motos históricos que no podéis dejar de descubrir.

Una recomendación para cena, la Table du terroir, en Waimess, gestionado por una dominicana que olvidó el español, su marido y una camarera experta en perfumes. Un sitio bonito y perfecto para una cena entre amigos, como la nuestra el viernes. El sábado fue en McLaren, ooohhh, como dice un amigo periodista, ese es el equipo.  

Si queréis descubrir un sitio donde el tiempo pasa lento y los coches vuelan ese es Spa. Cerca del trazado, apenas a 15 minutos está la aldea de Coo donde esta vez tenía mi hotel, un tres estrellas familiar donde lo mejor estaba fuera, el Val de la Cascade tenía la famosa cascada de Coo, que los monjes de la abadia de Stavelot construyeron para defender la aldea y allí puedes pasear durante horas, miran el río, observar com la luna se baña y soñar con cosas que se deben hacer... al menos una vez en la vida.  

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