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Una vuelta rápida al mundo

El blog de Manuel Franco

El diario de viaje del enviado especial del Diario AS a los Grandes Premios de Fórmula 1.

Por MANUEL FRANCO

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martes, 30 octubre 2012

Por Manuel Franco

"Hola, hola Loca Cola"

VUELTA RÁPIDA EL MUNDO. PARADA EN INDIA

 

Tuk, tuk, tuk, tuk, el pequeño aparato amarillo de tres ruedas vuela por las calles de Nueva Delhi con su música de pitidos infernales, motores rotos, gritos y pisadas que retumban como un recuerdo. El conductor del Tuk, Tuk, se da la vuelta y ante el asombro del cliente europeo dicen, tranquilo, tranquilo, esto es India, ¿eres español no? Todo esto, les prometo, en perfecto uso de la parla de Cervantes, para concluir con varios dichos de nuestro país y otros inventados y terminar con una "hola, hola Loca Cola". Ahí le tienen. Ese mismo conductor les puede llevar entre patadas a vacas sagradas y silbidos a niños que piden sin que se les pueda tocar a una tienda de pasminas en la que puedes comprar tantas y tantas cosas que ni siquiera sabías que existían y menos aún que necesitabas. Hola, hola Loca Cola... Esto es India.

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Al llegar a Nueva Delhi lo que más sorprende es el olor, para unos incienso, para otros mierda, el cielo, para unos una preciosa niebla dorada, para otros basura en suspensión, sus gentes, para unos amables indios dispuestos a echar una mano en lo que haga falta y hacer la vida mejor al viajero, para otros jetas infames con ganas de llevarse en una hora el suelo del un mes, sus monumentos, para unos preciosos templos, enormes jardines y animales exóticos, para otros piedras y más piedras, arbustos llenos de ratas y vacas por todas partes... y todo eso es verdad. Y más. India, ese país.

Como siempre he querido ser periodista para contar cómo vive la gente en países lejanos a donde pocos llegan a mi me gusta India, me parece un lugar interesante, rico en cultura que hay que conocer y saber apreciar. No es fácil. Después de estar dos veces en India ahora ya se porqué es la cuna del yoga, claro, de no hacer estos ejercicios estarían todo el día de los nervios. Y es que India es sinónimo de caos, total y absoluto. Sobre todo el tráfico, allí no existen conceptos como carriles separados, lo suyo es ir por entre las líneas, y distancia de seguridad, cuanto más te pegues al de detrás mucho mejor, sin duda. Es un auténtico infierno. Más aún cuando el chófer (no se confundan aquí a los extranjeros no les dejan coger coches) se da la vuelta con una sonrisa y en perfecto inglés pregunta, ¿verdad que conduzco bien? ¿estará contento? Y claro uno le devuelve la sonrisa y piensa en cosas bonitas para alejar tentaciones insanas. El mío, en cualquier caso, era bueno, se llama Sonu y se lo recomiendo si alguna vez van por allí, es un conseguidos, te puede llevar a cualquier parte y habla bien en el idioma del invasor. En ese sentido tuve suerte, varios compañeros y equipos cogieron a algunos de esos que solo hablan en su lengua y para decir sí, no y todo lo contrario hacen un gesto como un ocho con la cabeza. Fueron muchos sí, los que perdieron los nervios. Yoga, ya les digo.

Elefanteando

Pero sí, India es un país que hay que conocer. Sobre todo por sus contrastes. Y porque puedes ver cosas que no existen en ningún otro lugar del planeta. Creo... Ver un elefante en mitad de una autopista de seis carriles o un rebaño de vacas, que una señora de repente en mita de la calle abra una pequeña sábana y se eche en el suelo a dormir la siesta o lo que Dios quiera que hagan, monos por las calles, los tuk tuk, los carritos de bicicletas que llevan a la gente por la ciudad. O más allá... Incredible India. No hubo eslogán más certero.

Pero también hay lugares para la paz. En el Gandhi Memorial se encuentra la paz. Allí donde asesinaron al Mahatma un 30 de enero de 1948 se pueden seguir sus pasos, ver la cama donde pasó sus últimos dias y respirar un aire que es de esperanza. Es India, lugar de contrastes. Esto sólo es la primera parte. Mañana en al avión camino de Dubai habrá más, espero... mientras les dejo un poco de India, sólo un poco, el lugar donde les pueden decir en un castellano mejor que el mío, un sonriente Hola, hola Loca Cola... loca sí...

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martes, 16 octubre 2012

Por Manuel Franco

Corea y la imaginación

     Son las cuatro de la madrugada en el cielo, el piano toca notas cadenciosas, a mi lado dos coreanas duermen como si jamás lo hubiera hecho y el avión baila entre las nubes en la noche. Me gusta escuchar a Norah Jones susurras a los corazones heridos mientras escribo en un viaje interminable que está llegando al hogar de su camino, incluso ahora que estas dos ancianas apenas me dejan sitio para moverme en el minúsculo espacio de la clase turista. Regreso a casa. Después de quince días dando tumbos por el otro lado del mundo al fin voy a poder abrazar de verdad, besar, amar... En este oficio de periodista, tan denostado por muchos y tan necesario en nuestro mundo, aún sobrevivimos algunos privilegiados que gracias a una pizca de talento, a la confianza de algunos y a toneladas de suerte podemos seguir contando las cosas que suceden en otros universos. Os seré sincero, una vez más, este rato de escribir para vosotros lo que me encuentro en los viajes, de contar cómo son otras vidas, me hace respirar. 

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¿Qué sería de nosotros sin el aire? Y no me refiero a ese que nos rodea sin remedio sino al que realmente nos hace vivir. Sucede en el trabajo, en la amistad, en el amor, sobre todo y ante todo. A veces alguien me cuenta que está con otra persona porque es bueno o buena o porque me trata bien, o por su belleza, o su inteligencia o quizá porque está dotada de alguna cualidad agradable, atractiva o interesante, pero nada de eso es la verdad que hace vibrar el alma. Cuando alguien es tu aire, entonces sí, has encontrado el verdadero amor. ¿Será el cansancio que me hace hablar de sentimientos? ¿O quizá un viaje complicado en el que he descubierto aún más de lo que ya sospechaba sobre el mundo de la Fórmula 1? Una vez un amigo, que a veces me pregunto si realmente lo es, me dijo que este deporte es cartón piedra, que todo es una máscara que se derriba fácilmente y detrás está la realidad. Cada día que paso en esta especie de gran hermano de mentira me dio cuenta de cuanta razón tiene. Encontrar una mano tendida en este lugar de hipocresía y discursos dobles es una utopía, por eso aún aprecio más a los amigos que tengo aquí, algunos de ellos capaces de aguantar mi mal humor, de hacer reír ante un café, de poner una tarjeta de crédito cuando hace falta, de escuchar explicaciones vanas, de preguntar a la cara ¿qué es eso que has escrito hoy, estás loco?, de enviar un mensaje por la mañana de esos qué preguntan, ¿cómo vas hoy?, o de enfadarse como una loc@ y aceptar el perdón, . Sí, en este mundo de la F-1 hay gente así, algún día os contaré quienes son... porque son pocos. La generalidad se lame sus heridas, critica sin compasión o destroza argumentos solo porque no son los suyos como si les fuera la vida en ello. Funciona mucho también el primer impulso, en este viaje he tenido que escuchar broncas y reproches hasta del señor que abría la puerta de los circuitos... así son las cosas de la vida. A veces, cuando me pasan cosas así, me preguntó si la culpa será mía, porque veo que a otros no les pasa, será que soy yo la mala persona, será que soy yo quien no hace las cosas como debe, quizá... pero intento que no.

Images

En estas estoy cuando las señoras se despiertan e intentan hablarme en coreano. Me viene bien cómo metáfora, ¿acaso no está bien claro que no tengo rasgos orientales? Confusiones... Es muy fácil confundirse en la F-1, lo realmente complicado es darse cuenta del error. Y eso vale también para los periodistas. 

Escribir una noticia con fuentes de toda solvencia, pero no poder citarlas en ocasiones puede hacer que lluevan los problemas. Pero son cosas del oficio y de escribir en un periódico con medio siglo de historia reconocido y apreciado en todo el mundo, como he tenido ocasión de comprobar. No es lo mismo escribir que el cielo está enladrillado en el AS que en la Gaceta de Fresnedillas. No es lo mismo. Ni siquiera es lo mismo escribir en el AS que hablar en una radio o una televisión, las voces se las lleva el viento, lo escrito, escrito queda. Y el prestigio hay que cuidarlo, ahora a mi tras un episodio complicado me va a tocar trabajar duro para recuperarlo, a veces se entiende lo que se quiere entender. Y más en la F-1. Y es que en este deporte tan intenso y difícil en el mundo del periodismo influyen a veces tantos factores como en una carrera. Para ganar tiene que estar todo en su sitio, todo perfecto, unas veces se consigue, las más. Otros no. 

Empiezo a despertarme, así que al fin os dejo de filosofía barata sobre el mundo de la F-1, es un poco del inaccesible mundo del paddock, donde habitan bellas y bestias. Y al que dejo, al menos por una semana, hasta que deba viajar a India...

 

Será otra aventura, como la de Japón y Corea. Sobre el sol naciente ya os conté en Tokio Blues.... ahora me despido de Corea del Sur, una especie de España oriental de los años setenta salpicada de algunos elementos del futuro, como el aeropuerto Incheon en Seúl, de los mejores del mundo sino fuera porque a las nueve y media de la noche cierran casi todo de manera precipitada como si hubiera un simulacro de incendio. Pero no es en la capital donde se celebra el gran premio sino en un inesperado lugar llamado Mokpo. Es la ciudad más cercana al circuito de Yeongam donde brilla en la imaginación los edificios que jamás se construyeron. La maqueta original del circuito estaba rodeada de rascacielos, hoteles de lujo, casinos y el mar junto a la ultima curva, ahora hay un trazado con una parte de pista convencional y otra de urbano, sin casas... contrastes coreanos. 

Llegar a Corea desde Tokio es bajar el nivel, así hay que decirlo, sobre todo porque Seúl es un espejismo en este país de Hyundai, KIA, Samsung o LG, empresas que por otra parte ya quisiéramos para nosotros. Y Lotte, menos conocida en el resto del mundo, pero omnipresente en todo el país. Desde el aeropuerto de la capital hay casi cuatro horas en tren (menos bala que el japonés) a precio asequible hasta Mokpo. Una vez allí descubrimos una ciudad portuaria que parece Algeciras, pero no lo es. Rodeada de moteles (http://www.as.com/motor/articulo/formula-amor-da-cita-mokpo/20101024dasdaimot_5/Tes)  por todas partes, es una ciudad que parece sacada de un documental sobre la vida nocturna, en el par de plazas por donde están casi toda la F-1 alojada, salvo el hotel Hyundai donde suelen estar los pilotos, ha cientos de restaurantes, karaokes, moteles, cafés, bares, pubs, discotecas y luces de colores por todos lados. Junto al mar...

Un mar desde el que se puede ver uno de los más bonitos atardeceres del mundo, es en ese instante alredeor de las seis de la tarde donde se concentra la mayor parte de la belleza que en este extraño lugar se pueda encontrar. Y donde uno puede seguir pensando y sintiendo, por ejemplo que no es lo mismo viajar con una hernia inguinal y una tendinitis que hacerlo pleno, que cuando el cansancio aprieta todo es más difícil y que es, en esos momentos, cuando se ve lo que realmente merece la pena. Como escribir sobre el país del ying y el yang, un lugar de contrastes donde echa a andar la imaginación...

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viernes, 12 octubre 2012

Por Manuel Franco

Tokio Blues... in translation

Brillan como luciernagas las luces de la ciudad mientras la magia del libro va dejando su rastro en la habitación 3320 del Cerulean de Tokio. ¿Donde estaba? ¿Qué sitio era aquel? A veces la realidad se estremece en lugares que parecen arrancados de una imaginación interminable. Tokio Blues en Tokio y Murakami desapareciendo entre mis manos...en una madrugada de una de las ciudades más bellas, enigmáticas, misteriosas y meláncolicas del planeta. Tokio, donde habitan historias unicas. 

A veces, cuando los problemas crecen, la salud se resiente y hasta las estrellas envian mensajes en una botella las dudas preguntan y hacen sufrir, pero los privilegios siempre pueden con el lados oscuro. Viajar, sentir, conocer, descubrir el mundo y dejar que escriba en tu alma como cicatrices de la vida. Son las cosas de tener un trabajo por el que tanto soñé. Ve, descubre y cuéntalo, sintesis, resumen del periodismo, ese oficio denostado y destrozado en estos tiempos inciertos sin el que nada sería posible, ni el mundo en qué vivimos, ni el universo en qué viven otros. Entre protagonistas y los que narran sus hazañas se establece una relación de mutua gratitud. O así debería ser. Nosotros no tendríamos tantas cosas sin ellos, ellos poco serían sin nosotros, sin alguien que haga saber al resto de lo que son capaces, que hay unas personas que disponen de un talento sobrenatural para hacer ciertas cosas y llevar la felicidad a otros. Magia...

Magia, palabra que vibra en Tokio. Japón es un país imprescindible, rico en todos sus extremos, con una cultura digna para acercarse y quedarse, con una historia, con unas gentes... Allí aún perviven valores olvidados en occidente. Recuerdo en mi primera visita, en el tren que lleva de Nagoya a Suzuka me perdí y aparecí en la ciudad de Tsu. Unas chicas se empeñaron en ayudarme y hasta que no me dejaron en la puerta de mi hotel no se volvieron. Valores olvidados. 

La carrera de Japón permite descubrir el amor que sienten por España en este país, los restaurantes españoles, como El Sol o Manolito de Suzuka donde una torrija es una tostada francesa, crecen como setas en el bosque, incluso han montado un parque temático dedicado a nuestro país, cuando dices que eres español se les ilumina la cara. Y al contrario que ocurre en otros países, aquí dan ánimo. Si en otros sitios dicen 'qué mal estáis, eh, de esta va a ser dificil que salgáis' los japoneses, al contrario, '¿qué estáis mal? bueno, pronto saldreis, sois España...' Gracias.

Volvamos a Tokio, allí la F-1 descansa, o no, un par de días, después de la carrera de Suzuka y antes de la de Corea. Es mi segunda visita y todo impresiona, pero la primera vez, ay la primera vez, estremece. Este año tenía cama en el hotel Cerulean Tower en Shibuya, a dos minutos andando del cruce más famoso del mundo, el cruce de Shibuya en el que cientos de personas se mezclan a la vez en mitad de la carretera rodeados de luminosos en los edificios que enmarcan la escena. Increíble. Y junto a Hachiko, el perro fiel que volvía a la estación de tren a buscar a su dueño, un profesor universitario que ya se había ido de este mundo. Los japoneses han hecho una estatua a ese perro. Detalles...

Hay que visitar Shibuya, pero también conviene descubrir la nueva zona de rascacielos de Shinjuku, donde uno puede comer el mejor tepan yaki o el Mercado de Pescado, hay que madrugar mucho, donde según cuentan está el mejor shushi que se puede encontrar. Entre un lugar y otro, para descansar del caos, la paz del parque Yoyogi, un bosque en la ciudad donde sentarse a escuchar a una mujer tocar la trompeta o encontrarse con el grupo Jaja enseñando Jazz o ver un grupo de chicas bailando funky. Después se puede comprar en la zona de Ginza, donde las marcas tienen tiendas que son edificios, Gucci, Armani, con sus bombones del amor, la Apple Store con sus flores por el aniversario de Jobs o el increíble Sony Building donde en la planta sexta se puede encontrar la que dicen es la mejor pasta de Tokio en Al Dente. Después cena en el Gopanchi, el restaurante donde un cubano-japonés os guiará por tapas de comida japonesa hasta que os encontréis con la cuenta... ohhh. Y finalizar el día en uno de los locales de Roponggi como se quiera. Después caminar hasta la Torre de Tokio y ver el amanecer sentado frente a la bahia. O leyendo a Murakami. Y al día siguiente pasear y pasear y pasear viendo a Midori en una esquina o a Toru y Naoko pasear por las calles... No poder dormir y salir a la calle escuchando blues e imaginarque encuentras a Scarlett bailando con Bill in translation. O regresar a la realidad, escribir, mirar a la mesa de al lado y encontrar una rubia que quiere invadir tus recuerdos, pero en verdad echar tanto de menos a la familia como cuando se descubre la belleza, como quisiera que estuvieras conmigo en estos momentos amor, incluso llorar en la emoción del diez del diez cuando te fuiste Pa, o contar las estrellas que se unen con las luces de los edificios de la ciudad de Tokio, como luciernagas que brillan en la noche... Tokio. ¿donde estoy? ¿donde estaba?

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