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Una vuelta rápida al mundo

El blog de Manuel Franco

El diario de viaje del enviado especial del Diario AS a los Grandes Premios de Fórmula 1.

Por MANUEL FRANCO

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martes, 27 noviembre 2012

Por Manuel Franco

Brasil. Esperar, de espera, de esperanza...

 

Es la una y diez de la madrugada en España, las diez y diez en Brasil, una hora indeterminada en algún lugar del cielo del Atlántico en el que me encuentro. No puedo dormir. No es novedad, suele ser una constante en mis viajes. Hay quien tiene facilidad para quedarse como un tronco en cualquier parte entre las que se incluye por supuesto la clase turista de toda aerolínea que existe. Yo no. En este caso es Iberia. Pero como si fuera otra. Pero además la gripe que arrastro desde hace varios días me hace toser como si mil ramas secas treparan por mi garganta, me duele la cabeza y a cada estornudo me arde de dolor la hernia que adorna mi ingle izquierda desde hace meses. Bonita manera de cerrar la temporada. Unos cuantos metros más adelante de mi asiento 19G, elegido a propósito claro, está Fernando Alonso con su novia rusa al lado, su fisio Borra y su manager García Abad, séquito de urgencia y gala, gente de confianza, ya saben, clan en el que sentirse admirado. Samurai. Filosofia. O algo así. Le supongo dormido.

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Unos cuantos asientos por detrás compartiendo los rigores de la turista, descansa Dani Clos en su último gran premio con HRT, la escudería española que ya no será y que puebla el avión, también van otros y otra gente a la que acompaña como un sombra un gesto de tristeza imperceptible a quien no la conoce, pero evidente para quien la aprecia. También ingenieros, mecánicos y ese cocineros que en tantos grandes premios nos ha hecho la comida. Y sus pinchos, de comunicados de prensa legendarios ¿verdad Nayra? El sueño de tener un equipo español en Fórmula 1 se desvanece, sin que ninguna institución haya hecho nada por remediarlo, sin que alguna empresa importante confíe en el proyecto, a pesar de la ayuda de la mayor parte de los medios de comunicación, a pesar del entusiasmo de tantos, del trabajo y de la lucha de los que ahora me rodean en este avión y otros que ni siquiera ya pudieron subirse a este último periplo de la temporada. Estados Unidos y Brasil.

Eran los países de la esperanza. Para un periodista es my bueno que su trabajo acabe en éxito. Verán, les seré sincero, una vez más, no es lo mismo llegar a la redacción con el Mundial en las manos que no hacerlo, los éxitos y fracasos del deportista de turno, por alguna extraña razón, se hacen tuyos y el recibimiento varia demasiado de llegar como campeón del mundo a hacerlo con la cantinela celebre, ‘no decías que era tan bueno tu amigo Alonso...’ Pues sí, muy bueno, el mejor.

Pero en determinados círculos queda mucho mejor decir que no, que bueno es, pero hay otro que ha sido mejor y por eso ha ganado y tal y tal y tal. A mi es que mi padre me enseñó a decir siempre la verdad. ¿qué quieren que les diga? Así que el asturiano ese que va delante, de novia rusa, fisio italiano y amigo madrileño es el mejor piloto de Fórmula 1 de la actualidad y uno de los mejores de la historia. Pero lleva dos títulos. Nada más. Y nada menos. 

Así son las cosas. Brasil volvió a ser gris esta vez. Suele ocurrir con cualquier país cuando llegas de Estados Unidos y sus tierra del espectáculo. La llegada a Sao Paulo desde Houston en un avión de la United Airlines en el que también venía Jenson Button, Sergio Pérez o Nico Hulkenberg estuvo a punto de no ser. ‘Está usted en lista de espera’, me dicen en la puerta de embarque. ‘Vera señora, es que este vuelo está comprado desde febrero de este mismo año y estamos en noviembre, ¿de qué espera me habla?’ Pues de la espera de esperar, la única que hay, la que me tuvo una hora y media sin saber si iba a volar ese día o tendría que esperar, de espera o esperanza, hasta la noche siguiente.

Finalmente la azafata se apiada de mi y mi cara de cordero mas ensayada y allá que entro en el avión más frío que nunca haya cogido. Resultado esperado, de esperar, primero constipado, después gripe, más tarde noches de fiebre y ahora tos y más tos en el vuelo de regreso a Madrid. ‘Qué frío’ decía Mika Salo en la fila del pasaporte ya en Sao Paulo, el finlandés también viene a Madrid acompañado de un F14, como mínimo, de carrocería rubia. Y yo tan ufano. ¿frío? ¿frío? No se yo no he sentido frío. Claro, siendo de Valdemorillo, la sierra y todo eso, ya se sabe. Pues no frío no, pero eso, noches de fiebre y falta de sueño. Y a las diez en la cama. En Brasil. Anda que no...

Clima-Sao-Paulo

Sao Paulo es una ciudad de contrastes, como suele en Brasil, aunque dicen que es la ciudad menos brasileña que existe, pero que si no conoces Sao Paulo no conoces este increíble país. Y es cierto. Pero si solo conoces Sao Paulo, tampoco. Es mi caso. Tengo unas amigas de Santander que ahora iban a Río de Janeiro en viaje de estudios. Claro, para conocer. Y ya que de conocer hablamos. En este viaje he tenido ocasión de conocer aún más a algunos a los que creía conocer tanto. Sorpresas positivas que se encuentra uno en el mundo, de risas y más risas. Por cierto que llevo un rato sin toser, ni me duele la cabeza, ni la hernia, ni nada de nada. Escribir, que me cura. 

Escribir para vosotros. Hace unos días hice una crónica previa a la carrera de Brasil, el día del milagro se titulaba. Y ahí intentaba hacer un homenaje a la afición española a la Fórmula 1 con los nombres de tantos que he ido conociendo en este año tan especial. Espero que os gustase. Porque escribo para vosotros.

Y como de eso se trata voy a intentar contar lo mejor y lo peor de Sao Paulo donde conviven espléndidos rascacielos en Morumbi con favelas en Interlagos, donde ahora cenar en una churrascaria de medio pelo sale por 80 euros por barba o sin barba igual, donde la delincuencia ha bajado en los últimos años y más en los alrededores del circuito de Fórmula 1 con Policía cada veinte metros, en cada esquina, donde los edificios parecen grises y donde está la tumba del más grande de siempre, en un cementerio que parece un prado en el que descansar después de un día de trabajo, después de un vida de lucha, ahí, donde siempre hay flores frescas que llegan cada mañana a ese trozo de piedra donde pone Ayrton Senna. Sólo por sentir la paz que rodea ese lugar merece la pena la visita paulista.

Así se llama, precisamente la avenida más grande de la ciudad, la que la parte en dos, en la que las garotas reciben miradas del mundo sin querer o queriendo, donde vive el espíritu de un país gigante que despierta al mundo. Allí vive a ratos mi amigo Pablo Rey, un auténtico figurasa, español de Montevideo, brasileño de vida libre capaz de hacerle una foto a Ronaldo que nunca olvidará o de aparecer empapado en la sala de prensa después de una carrera bajo la lluvia diciendo, ‘ya te dije yo que no llovería Franco y que Alonso no ganaba el Mundial, por poco, pero no ganaba’ después de tirarse tres días repitiendo como un mantra que esta vez sí, el asturiano regresaba a casa con el título. Eres grande pequeño. Y también tu furgoneta, vieja sí, pero nos lleva y nos trae. Eso sí hizo el Ferrari, rápido no mucho, pero llevar y traer como un tren de mercancías, menos cuando le embisten claro y se queda ahí atrapado entre sueños en Bélgica y Japón donde se perdió este Mundial que debió ser del muchacho de por ahí delante. Probablemente este Alonso que ahora intenta dormir iría dormido del todo, e incluso yo, quizá los dolores sólo sería de esos de después de una fiesta. Y es que el éxito cura. Como escribir. Último viaje. Regreso a casa. Lo que espero, de esperanza, sí que cura todo. Buenas noches. Gracias. 

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martes, 20 noviembre 2012

Por Manuel Franco

USA o la vida en una película

¿Who are you? Hizo un amago de irse, pero después lo debió pensar mejor y fue justo al darse la vuelta, sombrero tejano calado, gafas de sol Randolph, placa de sheriff... ¿De doooonde sois? ¿Españaaa? ¿Allí no hay límite de velocidad? Ahora estaís en Texas, en los Estados Unidos, en America... El conductor con las manos en el volante, cara imposible de ir a misa los domingos a escuchar al revedendo y el sí señor instalado en su voz mirando de reojo al Sheriff Mckenzie. Poco antes entrábamos en la carretera que da aceso al circuito de las Américas (COTA para los amigos) y entre bromas sobre jugadores antiguos, muy antiguos del Rayo aceleramos un poco, casi en torno a las sesenta millas cuando, como en una película americana, el sheriff se da la vuelta con su coche, pone las luces y nos hace parar en una cuenta. De película. 

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Porque visitar Estados Unidos, al menos el estado de Texas en el que se ha disputado por primera vez un gran premio de Fórmula 1 es vivir dentro de una película, seguro que ahora aún cuando escribo estas líneas a punto de viajar a Brasil ustedes están viéndome en una pantalla del cine, si es la 25 de Kinepolis perfecto, pero quizá para este viaje sea casi mejor verlo en los cines de la Plaza de los Cubos, ¿verdad Princesa? Pero sí, la película es cierta, porque estamos todos.

Nada más llegar a Chicago después de un viaje de nueve horas en Iberia y después de conseguir gracias a un ángel de la Embajada de Estados Unidos en Madrid un visado salvador, al bajar del avión, dos policias de aduanas (seguro que actores contratados) me cogen y me dicen que hay problemas con el pasaporte. Richard Kyenzoswky se llama uno de ellos. Y cuando ven el visado ya respiran. Y hablan de F-1. Alonso es el mejor, cantinela repetida en los cinco costados de este ancho mundo, pero en este caso la razón es que el asturiano es amigo de un polaco, el tal Kubica, que viene de la tierra de sus ancestros, aquellos que emigraron a este gran país después de la Segunda Guerra Mundial. Y me cuenta su historia, que queda para un próximo post. Si puedo.

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Seis hora de enlace en Chicago daban para una visita a MIchael Jordan. O a la estatua que le rinde homenaje en el United Center, la cancha de los Bulls. Impresiona estar ahí, y me acuerdo de algunos amigos de la época en la que sabía tanto de baloncesto NBA como después de política internacional y ahora de nada. El mejor de siempre estuvo aquí y siempre estará dice la placa debajo del monumento en el que se ve a Air Jordan volando en su famoso mate con el que ganó el concurso contra Dominique Wilkins. Qué tiempos... Allá me lleva un taxista de nombre David Do, más americano que George Bush, padre e hijo, pese a sus ojos achinados. Hablamos de todo. Empieza contándome que el mejor equipo de fútbol son los brancos y le gusta sobre todo Casillas, pero también los rojos, con Iniesta, el que marcó el gol... de nuestra vidas. (¿Cuanto le habrán pagado a este tipo por actuar en esta película?)

 

Me devuelve a la terminal de Chicago tras un atasco infernal y de ahí en un autobus de United, sí era un avión, pero tela... me encuentro con la bella negra que parece bailar cuando se mueve  (muy bien elegida por el director quien quiera que sea) y hablamos de España, ese país en el que la gente se está matando, me dice. Me cuesta rebatir sus argumentos, pero claro al final lo hago para contar que no estamos tan mal y le enseño el vídeo aquel que puso nuestro amigo Abad en Twitter donde se ve todo lo bueno que tenemos y más. Al final se quiere venir conmigo a España. Normal. Debe ser duro estar siempre actuando.

Lo que aún no entiendo es como no me había encontrado todavia con Jim Carrey... ¿será que esto es la segunda parte del Show de Truman? 

Austin aparece como una excepción en Texas. Bonita ciudad de calles donde vive la música. En la noche de este lugar la calle sexta es un crisol de luces, sonidos y actores secundarios. De repente sale sin control un camión de bomberos, después un par de policias a caballo, más allá el que dicen es el original Coyote Ugly con sus camareras bailando en la barra, en una esquina el Bikini, donde las camareras sirven en bikini, claro...por allí caminan grupos de negras que brillan en la oscuridad, inmensos osos cultivados en hamburguesas gigantes, un par de granjeros se citan al amanecer con los porteros de una discoteca hasta que la sangre llega al río y seis policias nos pueden con el más joven de ellos, una especie de Raikkonen tejano con su gorra de plato calada hasta la cintura...

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Mientras las bandas siguen tocando en cada garito de la calle sexta, una especie de Sta Catherine de Montreal venida a más o a menos, según se mire. Un mejicano enano toca un extraño instrumento que podría ser una guitarra hasta que le doy un dolar, mete su bandurria en un estuche, se pone otra cazadora y se va de allí. Claro, su papel era ese, el pobre no tiene ni frase en la peli.

En el circuito grupos de animadoras saltan entre la banda de mil personas que ocupan la parrilla, las hamburguesas y los nachos se mezclan con burritos y los mejicanos con los tejanos. Increíble lugar este. Al salir caminando hora y media con hernias que destrozan la existencia un cartel advierte que puede haber reptiles por ahí. Y por la vida. Está lleno. Pero nadie avisa. Cuidado, ya os lo digo yo. 

Pero son excepciones, la mayor parte de la gente es buena, aquí, en España y en cualquier película que vivamos, gracias a todos los que me dais un beso lejano mientras yo se lo doy a mi pequeña en su tercer cumpleaños. Estas son las pocas cosas malas de viajar por el mundo de enviado especial, que es un trabajo tan especial que a veces te pierdes las cosas más especiales. Pero volvamos a Estados Unidos que esto no estaba en el guión. 

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Austin está lleno de hoteles, pero en pocos se puede desayunar, otro aviso. Y en Panera, un Starbucks más a la americana si se puede uno toma un capuchino con crema de cacahuete mientras al lado las chicas con las camisetas de su High School llegan desde el autobus de película amarillo, claro. Y los obreros de la construcción se toman una cerveza con mil arneses colgado de sus pantalones, buenos actores. Y las chicas de oro están un poco más allá, junto a una mesa en la que Sean Connery les hace ojitos con licencia para matar, ahora un coche aparca haciendo metal con el asfalto, es un descapotable de los 60, un Mustang y, me froto los ojos, parece Brad Pitt con su Thelma y Louise. ¿ o no son ellos? ¿Tendremos presupuesto para tanto?

Estamos en la cancha de los Spurs, viaje a San Antonio, las luces se apagan, mano al pecho. Suena el himno americano. Qué país...donde vivir una bonita película. Espero que lo hayan pasado bien en el cine. Nos vamos a Brasil, hay que ganar un Mundial...

 

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martes, 06 noviembre 2012

Por Manuel Franco

Abu Dhabi o la mentira más real

A veces da la sensación de que el mundo no es real. ¿no les pasa? Y en esto de la Fórmula 1 si hay un gran premio en el que sucede es Abu Dhabi. Mujeres de esas que están sacadas de la sala de diseño de un mago, sí Newey podria valer también para esto quizá, coches de lujo de carrocerías excéntricas, un Bentley rosa la última adquisición de una niña árabe, un hotel que parece una nube de colores... y un circuito, un trazado increíble en el que suceden cosas extraordinarias. Esto es Abu Dhabi, un lugar remoto en mitad de un desierto en el que se crean islas de la nada para montar un universo irreal. Y verdadero. Porque aunque parezca mentira todo aquello es real, aunque uno crea estar en medio de un videojuego sobre el lujo de repente ves un botones del hotel Yas Viceroy que se desvanece y se lo llevan en volandas cinco de sus compañeros para intentar salvarle la vida. Por ejemplo. Abu Dhabi es, como Mónaco, una perfecta metáfora de la Fórmula 1, un mundo de cartón piedra en el que la verdad está en la pista, donde unos cuantos tipos se juegan la vida a cada décima. Como ese Alonso rozando el muro con un Red Bull acariciando su coche rojo... Por ejemplo.

 

Llegar a esta parada desde Madrid no es lo mismo que hacerlo desde India, en este caso el paso medio de la capital de nuestras España se agradece, primero por la intensidad del instante familiar, después porque el cambio no es tan brusco. Un vuelo de Emirates, mi aerolínea preferida, un buen libro, ese Nurakami que construye realidades paralelas en 1Q84, alguna película y siete horas después Dubai. Una hora y media esperando para pasar el control de pasaportes, otra más en taxi hasta Abu Dhabi y otra más esperando una habitación que no estaba.

 

A las cinco de la madrugada al fin pude irme a dormir, solo un rato antes de que la cadena SER llamara a mi teléfono. Y comenzará el jueves...

 

Hotel Al Raha Beach, una delicia árabe con una playa falsa, pero de arena y contrates de los emiratos, junto a impresionantes bellezas con biquinis minúsculos acompañando a ancianos de relojes de oro, otras mujeres sufren con varios niños y un burka negro en el calor de la piscina. No, no me gusta eso.

 

Ver como se maltrata a las mujeres de esa manera, aunque sea su cultura, no lo puedo soportar. Es indigno y más aún cuando se descubre su mirada en la ranura que deja ver sus ojos. Tristeza.

 

El hotel es uno de los mejores de allí, buen precio y habitaciones enormes de techos altos y camas para dos, una pena ser uno... Sólo la negativa total a un check out later deja mal sabor de allí, el resto casi la perfección. Amabilidad árabe, lujo árabe... Abu Dhabi. Parecía de mentira, pero era real. Un poco más allá está una de las mezquitas más grandes del planeta y aún más hacia el otro lado, junto al circuito un Ikea, aldea global. Y el parque Ferrari con su montaña rusa de sensaciones indescriptibles, de 0 1 240 km/h en dos segundos. Sí, es verdad.

 

Abu Dhabi nos regaló una carrera de sensaciones encontradas, casi todo lo que pasó pudo no ser verdad, parecía mentira, pero fue real, sí... Abu Dhabi, ese lugar de sensaciones encontradas.

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