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jueves, 15 junio 2017

Por Alfredo Relaño

Real Madrid contra la selección española

El 21 de diciembre de 1960 se enfrentaron en un amistoso que homenajeaba al club blanco como campeón de la Intercontinental

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En septiembre de 1960, el Madrid ganó 5-1 al Peñarol, campeón americano ganando así la Copa Intercontinental en su primera edición tras haber encadenado las cinco primeras copas de Europa. En una España empobrecida y sometida al anacronismo oprobioso de una dictadura que había sobrevivido a las de Hitler y Mussolini, se convirtió en un símbolo de modernidad, audacia y calidad. En timbre de orgullo.


Y se decidió organizarle un gran homenaje nacional.

La primera idea fue enfrentarle a una Selección Europea, un Real Madrid-Resto de Europa, pero entonces surgieron voces de París, de que mejor hacerlo allí. Parecía más propio, dado que era Europa quien se lo rendía y París la cuna de la Copa de Europa. Pero el Régimen quería aquel acto para sí, y se insistió en que fuera en Madrid. El Boletín del Madrid del mes enero de 1961, que recoge la información del partido, se queja crípticamente de que “increíbles tibiezas e inexplicables manejos por parte de aquí junto a no menos increíbles e inexplicables rigideces y puntillos de ridículos celos por parte de allá” hicieran imposible el partido contra una Selección Europea.

Así que sería en Madrid y contra una selección de nuestra liga, con los mejores jugadores posibles, españoles o no. La organización correspondió a la Asociación de la Prensa. Pero uno de sus miembros, Pedro Escartín, fue justo entonces nombrado Seleccionador Nacional con vistas a la clasificación para el Mundial Chile-62. Escartín prefirió, y sus compañeros estuvieron de acuerdo, que el partido sirviera para ir formando el equipo de Chile. Sin los del Madrid, claro, pero sin extranjeros.

Mientras, se produjo un suceso. En la primera eliminatoria de la sexta Copa de Europa, se enfrentaron el Madrid y el Barça, y el Barça eliminó al Madrid. Si un equipo de la época podía compararse al Madrid, ése era el Barça, que había ganado las dos últimas Ligas. Pero las circunstancias en que se produjo la eliminación fueron irregulares. Al Madrid, que ya se quejó del arbitraje de Míster Ellis en el partido de ida, le anuló Míster Leafe cuatro goles en el de vuelta. Cayó por sólo uno de diferencia. Desde Madrid se interpretó que la UEFA quiso apartar al club que estaba monopolizando la Copa.

El homenaje, fijado para el 21 de diciembre, sólo 40 días después de aquello, pasó de golpe a tener un sentido equívoco para según quiénes: ¿homenaje al Madrid por sus éxitos o desagravio por las circunstancias de su eliminación?

Para demostrar que no se trataba de lo segundo y para reforzar la taquilla, Escartín metió como excepción una figura extranjera, el brasileño Evaristo. Justo el que había marcado el gol decisivo en el Camp Nou. Un cabezazo en plancha perfectamente recogido por dos fotógrafos, Pérez de Rozas y Nicolás. Aquella foto de Evaristo y Vicente volando el uno hacia el otro y el balón en medio, dio la vuelta al mundo. Aún se ve con frecuencia.

Evaristo era sólo uno de los cuatro barcelonistas convocados. Los otros fueron Ramallets, Garay y Kubala, internacionales habituales con España. Además, se decidió que en el banquete tras el homenaje se les impondría a Di Stéfano, Ramallets y Garay la Gran Cruz de Isabel la Católica. Lo del primero pegaba, cono ‘factótum’ de las proezas de aquel Madrid. Los otros dos tenían méritos, desde luego: Ramallets fue portero de la Selección casi inamovible en todos los 50, y Garay, que acababa de pasar al Barça tras diez años en el Athletic, era otro internacional ejemplar. Pero aun así…

La taquilla se dedicó a la Campaña Pro-Vivienda del Necesitado, cuya cara era Carmen Polo, esposa de Franco, presidenta de la Fundación del mismo nombre. Como un atractivo más, el Madrid trajo a Kopa, que año y medio antes se había vuelto al Stade de Reims. Se anunció que jugaría con el ‘9’, su número en el Stade de Reimes antes y después de sus tres años en el Madrid, en los que llevó el ‘7’. Esta vez Di Stéfano se lo cedía, para exiliarse él mismo voluntariamente al extremo.

Kubala hizo un esfuerzo por jugar el partido. Cuatro días antes había jugado en Chile, con el Universidad Católica contra el River Plate. Fue la estrella invitada para un partido de recaudación de fondos para reparar los destrozos de un tremendo terremoto, que obligó a Chile a un doble esfuerzo cara a su Mundial.

El partido se jugó a las 20.30 y para darle más solemnidad acudió Franco. Contra lo que a veces se ha dicho, no era habitual del fútbol. Sólo iba a las finales de Copa (y eso a partir de 1948) y a los partidos de la Selección en el Bernabéu. No iba a los partidos del Madrid de Liga ni de Copa de Europa, con la excepción de la final de la segunda, que se jugó en el Bernabéu y acudió como Jefe de Estado para dar la copa.

España salió de azul y con el escudo. Jugaron: Araquistain; Juan Manuel, Garay, Reija; Mauri, Maguregui; Odriozola, Kubala, Jones, Evaristo y Collar. Araquistain tuvo su oportunidad por la baja de última hora de Ramallets, con gripe. El Madrid le tenía ya echado el ojo y pronto le incorporaría. Tras el descanso salieron Etura por Juan Manuel y Ruiz Sosa por Mauri.

En el Madrid jugaron: Domínguez (Vicente); Marquitos, Santamaría, Pachín (Casado); Vidal, Zárraga (Pachín); Di Stéfano, Del Sol, Kopa, Puskas y Gento (Canario). Domínguez, Marquitos y Zárraga ya no eran titulares, pero figuraron en la foto inicial en atención a sus servicios en pasadas copas de Europa.

El Bernabéu estuvo casi repleto, a pesar de que los socios pagaban. En la víspera, los jugadores firmaron autógrafos a aficionados que acudieran con la entrada… pero en otro papel. El reverso de la entrada llevaba un espacio para que cada cual eligiera el mejor de cada equipo y al salir se echaba en una urna. A los ganadores se les daría un Balón de Plata.

El Madrid iba ese año embalado. Acababa de ganar 0-5 al Betis. La salida anterior fue un 3-5 al Barça, revancha de la eliminación. En catorce jornadas lleva una derrota, dos empates y once victorias, y en cierto modo abusó de un equipo nada conjuntado y que era España… sin los del Madrid, que entonces pesaban lo suyo en ella. El partido acabó 4-0, dos en cada tiempo, Di Stéfano jugó magníficamente de extremo. El día siguiente, su marcador, Reija, declararía que le había sorprendido: “Es igual de bueno en todas partes”. Marcaron Puskas, Del Sol, Di Stéfano y Canario.

La votación del Balón de Plata la ganaron Di Stéfano y Kubala, pero se dijo que Gento y Araquistain obtuvieron tantos votos que se les dio también. Alguien comentó maliciosamente que habían ganado estos dos, pero que convenía dárselo a Di Stéfano y Kubala. Sobre todo visto que éste había hecho 7.000 kilómetros para estar.

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